Capítulo 11: "Prueba de Amor Verdadero"

Cuando despertó, sintió las orejas sobre su cabeza que se movían sensibles ante la vibración extraña que lo alertó. Cuando se incorporó en la cama, vio de inmediato su cabello color de plata que descansaba en la almohada, sus manos hechas garras y al pasar la lengua por sus labios resecos, los colmillos siniestros que lo delataban como el semi demonio que era. Arrugó el ceño sintiendo nuevamente latir el corazón aprisa al pensar en el peligro que eso significaba. Aferró las garras a las sábanas y masculló:

- Maldición...

Kagome entreabrió lentamente los ojos y entre la nubosidad de su mirada lo observó quietamente. Él no se dio cuenta que ella había despertado, Inuyasha seguía mirando el cabello plateado, consternado, el rostro asustado y casi desfigurado, como si estuviera pensando cosas horrorosas. Ella estaba recostada boca abajo y la cabeza ladeada, observándolo quietamente, sin sorprenderse de su forma medio demoníaca que en la penumbra de la habitación lucía escalofriantemente peligrosa.

- Inuyasha...- Susurró.

El hanyou alzó la mirada a ella, los ojos casi rojos se aclararon de inmediato cuando se encontraron con sus pupilas, el aura casi negra se volvió de un amarillo pálido casi blanco, Kagome frunció el ceño, confundida ¿había visto... su aura? Se incorporó aferrando la sábana al pecho desnudo mientras pensaba que aun debía estar medio somnolienta.

- Te desperté...- Musitó él, dolido y estirando su mano a la mejilla de ella-... lo siento...

- No me despertaste...- Respondió, mirándolo con atención. Kagome posó su mano sobre la de él, de pronto sentía que el pecho se le oprimía al verlo en ese estado, como si su dolor fuera su propio dolor, se estremeció involuntariamente- ¿Qué sucede? ¿por qué estas tan... preocupado?

El hanyou intentó sonreír y aunque quiso brindarle una sonrisa calma, sabía que ella no se la creería.

- Me encuentro perfectamente.

- Mentiroso.

Él rió suavemente pero aun así, aunque su risa fue casi tranquilizadora, Kagome siguió sintiendo que el pecho se le oprimía de angustia. Inuyasha tomó su mano que estaba sobre la suya y se la llevó a los labios, besando sus nudillos sutilmente.

- No quiero preocuparte...- Murmuró apenas.

- ¿Por qué?

Inuyasha alzó la vista y la miró fijamente ¿bromeaba? Suspiró luego pesadamente.

- ¿No te das cuenta como estoy ahora?

- Ahh...- Ella frunció el ceño y lo miró de arriba abajo-... estas todo un hanyou... – Sonrió luego-... extrañaba esa forma...

Él sonrió y después negó con su cabeza, suspirando.

- Pero no esta bien... no debería estar así... – Ladeó la cabeza y miró la ventana que tenía las cortinas abiertas y mostraba un paisaje oscuro y tranquilo.-... la luna... debo...

- No...- Ella lo detuvo de la mano e Inuyasha la miró levemente sorprendido, Kagome le sonrió, acercándose más a él-... no, quédate así... por favor... – Suplicó sonriendo traviesamente-... me gusta tu forma de hanyou...

Inuyasha sonrió de forma seductora y la abrazó obligándola a recostarse nuevamente en la cama. Ella se cobijó a su lado y enredó sus piernas con las suyas bajo las sábanas.

- Creo que eres una chica bien extraña...

La muchacha se rió por lo bajo, escondiendo la cabeza en su pecho y depositando un beso suave en la piel desnuda de él.

- Tonto... creo que... el extraño es otro... – Y alzó sus manos acariciando las orejas de perro suaves, casi satinadas, que se alzaban sobre su cabeza, provocando que se estremecieran al contacto de sus dedos y no sólo eso, sino también el jadeo ronco y apasionado de Inuyasha quien la besó con fiereza despertando en ambos el deseo que por momentos se había dormido.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Yuka la observó con detenimiento mientras tenía un montón de preguntas que deseaba formular pero que encontraba poco prudente decirlas en frente de sus amigos, en realidad pensaba en el pobre de Houyo que comprensiblemente hoy en día lucía bastante irritado y de mal humor y no paraba de mirar con la frente arrugada a Kagome. En cambio su amiga lucía bastante sonriente y tranquila, a veces algo distraída o pensativa en realidad, aun tenía el cabello húmedo y no llevaba ni una pizca de maquillaje y lo peor de todo, llevaba la misma ropa del día anterior...

- Bueno, me marcho a clases... - Dijo de pronto Eri recolectando los libros que estaban en la mesa y guardándolos en la mochila-... O si no llegaré tarde ¿me acompañas Houyo?- Agregó, mirando y adornando con una amplia sonrisa su rosto al muchacho, que pareció dudar un segundo pero que finalmente aceptó.

- Esta muy enojado...- Musitó Yuka afirmando la mejilla en su mano y observando a la pareja marcharse-... y no lo disimula...

- ¿Houyo? ¿por qué?- Preguntó Kagome sorprendida. La otra se rió por lo bajo.

- ¿Como que por qué? Porque OBVIAMENTE le salió competencia y sin siquiera darse cuenta en qué momento pasó, por eso.

Kagome hizo una mueca y se recostó casi en la silla suspirando y recordando aquel momento en que estando con Inuyasha, Houyo los espiaba.

- Buenoooo... lo lamento por él... pero nunca... nunca le di esperanzas...- Respondió al fin, sintiéndose dolida por la situación.

Realmente no quería dañar a su amigo, jamás lo había querido pero le dolía mucho el que sufriera por... ¿su culpa? Era su culpa, sin duda.

Yuka la miró un instante en silencio y luego sonrió, se acercó dándole de palmaditas en la mano, ansiosa por interrogarla.

- Bien, no importa, tendrá que aceptarlo, ahora a lo nuestro ¿desde cuando conoces a ese muchacho tan guapo?? Eres una mentirosa, me dijiste que no lo conocías y resulta que están saliendo ¿desde cuando lo hacen? No puedo creerlo, eres la envidia de todas realmente.

Kagome levantó ambas cejas ¿la envidia de todas? Ahh, claro, por supuesto, su Inuyasha era demasiado guapo, era obvio que debía tener quizás cuantas admiradoras... vaya... pero era "suyo". Eso la hizo sonreír con picardía. Inuyasha, uno de los chicos más asediados en la Universidad, estaba enamorado de ella, solo de ella y nadie más... había pasado siglos esperándola, la había cuidado desde que era un bebé... y ahora estaba a su lado... más unidos que nunca.

- Estee... yo no te mentí cuando dije que no lo conocía... en realidad...- Comenzó a juguetear con una servilleta de papel-... en realidad lo había olvidado, sí lo conocía... aunque hacía mucho tiempo no lo veía y bueno... el otro día lo vi y recordé...

- ¿Cómo que lo conocías pero no te acordabas? ¡Alguien como él no se olvida, Kagome!

La muchacha sonrió apenas, casi sentía que le temblaba el labio superior ¿qué iba a decirle a su amiga? Sólo podía contarle una verdad "a medias".

- Jeje... es que... esta algo... cambiado desde la última vez...- Pensaba en el Inuyasha aquel del Sengoku clavado al árbol sagrado, sus primeros momentos con él, lo agresivo y desconfiado que era, lo infantil que se comportaba, lo sanguinario que a veces se resultaba.

Yuka la miró quietamente y luego suspiró, recostándose en la silla pero sin apartar la mirada de su amiga.

- Supongo que por eso soñabas con el chico de ojos color miel...- Sonrió suavemente-... siempre lo añoraste...

- Supongo que sí- Respondió en voz baja, algo avergonzada, mientras se pasaba un mechón tras la oreja y sentía las mejillas enardecer.

Se produjo un silencio el cual permitió a Kagome rememorar los momentos vividos junto a Inuyasha. Infló el pecho satisfecha y demasiado enamorada, no permitiría que nada malo esta vez sucediera, nada, no dejaría que nada se interpusiese entre ellos dos, nunca. Y de pronto, recordó lo que pasó entre Kikyou y él... un malentendido... se amaban pero todo había terminado en un malentendido... no, eso no debió ser amor, amor verdadero, así como el de ellos ahora no.

- Me alegro mucho por ti, Kagome...- Dijo al fin su amiga, poniendo una mano sobre la suya y levantándose de su silla-... en serio... nunca te había visto tan feliz y satisfecha como ahora, supongo que es por él...

- Lo es- Respondió sincera.

Su amiga sonrió, miró el reloj de pulsera y arrugó el ceño.

- Me marcho, ya estoy media atrasada...- Se puso la mochila al hombro y dio un paso, pero antes de seguir miró con atención a la muchacha- Y ni creas que te has liberado de mi, aun hay mil cosas que debes contarme... como por ejemplo... ¿por qué traes la misma ropa de ayer?

Kagome enrojeció levemente y se turbó. La otra chica rió con malicia y se marchó con rapidez haciendo una seña con la mano. La joven se quedó sonriendo. Cómo le agradaba el día de hoy, todo parecía estar saliendo bien, en realidad, desde que había vuelto a ver a Inuyasha todo parecía andar bien... como que ahora la vida tenía sentido y propósito. Se rió para sí misma. Quizás estaba exagerando pero... en verdad todo parecía demasiado bello desde que Inuyasha estaba en su vida.

Cuando salió de la facultad, decidida a encontrarse con su querido hanyou, estaba ya atardeciendo y comenzaba a refrescar el aire. Bajó las escalinatas y se detuvo de súbito al ver a Houyo afirmado contra el tronco de un árbol cercano, mirándola seriamente, como si la hubiera estado esperando por horas. Ella lo miró dudando de sus intenciones... quizás... esperaba a alguien más... aferró su mano fuertemente a la mochila y avanzó un par de pasos, él se apartó del tronco y salió a su encuentro. Ella sintió como le latía el corazón cuando el muchacho le impidió seguir adelante.

- Necesito hablar contigo- Dijo serio, tan serio que incluso parecía enojado. Era otro Houyo, pensó Kagome.

- ¿Ahora?- Musitó con un leve temblor en el tono de su voz. Casi podía ver las chispas de enfado en los oscuros ojos de él.

- Ahora- Afirmó, avanzando hacia ella y tomándola de un brazo, arrastrándola casi hasta un lado del edificio, un lugar medio solitario lleno de árboles y arbustos que parecía ocultarlos de las miradas de todos.

Kagome gimió al sentir el dolor en su muñeca, miró asustada al muchacho pero luego tuvo la fuerza para soltarse de él y enfrentarlo. Pensó que quizás estaba poseso o algo así, ese Houyo era muy, pero muy raro ¿en donde estaba el amable y comprensivo amigo que conocía desde la secundaria? Lo miró expectante.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué te comportas así?

El muchacho quiso besarla pero ella se apartó de inmediato, lo abofeteó por su osadía. Houyo lucía malvado ahora, tenía el cabello revuelto, la mirada fiera, el rostro endurecido.

- ¿Por qué? ¿por qué me rechazas?

- No te quiero, lo sabes- Masculló incómoda y ofendida.

- Pero prefieres al otro... – Alzó la barbilla con desdén-... a ese "aparecido"... – Masculló, apretando los puños de sus manos, luego, al ver a la joven turbada, intentó entender el porqué de su predilección por el otro, no podía ser, porque él siempre estuvo ahí para ella ¿y ese? ¿quién podría ser ese que le había arrebatado su corazón y se había adueñado de él en tan poco tiempo? ¿sin que nadie se hubiera dado cuenta?-... ¿Por qué, Kagome? ¿por qué?

La joven no sabía qué decir, así que tragó con dolor y apartó la mirada insistente de la suya. Esto le estaba doliendo demasiado.

- Al corazón no se manda, Houyo...

- ¡Basta!

La muchacha lo miró sorprendida por su inesperado arrebato, él se acercó otra vez y la tomó de un brazo con fuerza.

- ¡Suéltame! ¿qué haces? ¡Houyo!

La besó a la fuerza, con brutalidad y casi bestialidad, a la joven le fue imposible soltarse de su agarre que era fiero y doloroso, parecía enajenado, era otro, sin duda parecía otro Houyo.

Cuando se apartó al fin se quedaron mirando, ella atónita, él a punto de cometer otra locura, pero entonces, Houyo ladeó el rostro y vio a su rival, de pie un par de metros de donde estaban, mirándolos fijamente, serio, impasible, con la mandíbula endurecida, la Manzana de Adán moviéndose inquieta, los ojos como el fuego fijos en Kagome, no en él, las manos en puño. La muchacha ladeó el rostro y casi gimió al verlo. Se apartó un paso atrás horrorizada. La imagen de una sacerdotisa furibunda intentando matar a Inuyasha por creer que la había engañado, Inuyasha maldiciendo a la que una vez había amado... un malentendido... una confusión... no había sido amor verdadero... ninguno había confiado en el otro... ¡Oh! Kami sama... ¿Inuyasha? Por favor, que Inuyasha confiara en ella...

- Suéltala...- Masculló al fin, como una fiera herida.

La muchacha sintió como los dedos de Houyo se aflojaban de inmediato. Tenía que detenerlo, veía casi la chispa rojiza en sus ojos y las hebras de plata de su forma medio demoníaca... ¿y si él se transformaba en Youkai sin raciocinio ni fuerza de voluntad? ¿si perdía toda su esencia humana y se transforma en una bestia feroz que ansiaba venganza?

- Ya entiendes... ¿verdad?- Dijo Houyo, con sarcasmo, Kagome ladeó el rostro y lo miró horrorizada, jamás lo había escuchado hablar así- Eres un ciego idiota... ella no te quiere... sólo estaba contigo por la Perla de Shikon...

La muchacha entreabrió los labios, sorprendida ¿Houyo hablando de la perla? No... ese no era Houyo... no lo era ¡no podía ser! ¡Había un aura maligna a su alrededor! ¡lo veía claramente! Inuyasha debía saberlo, debía entender que algo estaba mal aquí...

Pero el hanyou parecía enceguecido, a punto de lanzarse a la yugular de su presa, Kagome tomó a Inuyasha del brazo y rogó para que se tranquilizase.

- Por favor... Inuyasha... no le hagas caso... no le creas... ese no es él... no lo escuches...- Musitó, mirándolo con súplica, pero sentía la tensión de su cuerpo fiero, los músculos de acero que no se movieron ni una sola vez-... por favor, no le creas... no lo escuches... nos esta engañando... por favor...

Casi sentía chispas en el aire debido al aura de aquellos dos cuerpos, ella sudó, le temblaron las rodillas ya sin saber qué hacer, el hanyou se estaba convirtiendo, veía ya las marcas rojizas en las mejillas, los colmillos crecer y sobresalir en sus varoniles labios... el fin se acercaba... Lo rodeó rápidamente y lo besó en los labios. Fue lo único que se le ocurrió y aunque sintió las garras de él casi perforar los antebrazos no se apartó. Su Inuyasha no debía desconfiar de ella, no debía dudar como lo hizo con Kikyou...

El hanyou cedió poco a poco tranquilizándose, sus colmillos regresaron al tamaño normal, las garras se volvieron retractiles, las manchas de sus mejillas desaparecieron bajo la piel bronceada, el cabello dejó de agitarse ante la inexistente brisa volviéndose negro, humano, los ojos se aclararon y se entrecerraron al beso, calmándose, llenando de una paz que hacía siglos no sentía... una paz parecida al atardecer frente a un quieto mar, silencioso, profundo, refrescantemente sutil.

Cuando se apartó de su boca observó a Kagome un largo instante. La muchacha lo contemplaba angustiada, temerosa y aun aterrada.

- Todo fue una confusión...

- Lo sé...- Murmuró él con voz aterciopelada y abrazándola fuertemente-... lo sé... no desconfiaría de ti, jamás... jamás...

Kagome casi lloró, lo abrazó muy fuerte sintiendo un nudo en la garganta.

- Fue una prueba... lo sé... lo presiento... – Negó con la cabeza y se estremeció al sentir escalofríos de terror-... el mal esta cerca... otra vez, Inuyasha... otra vez...

- Lo sé... Naraku es el culpable...- Declaró y la sintió estremecer entre sus brazos-... quiso hacerme una jugarreta otra vez... quiso...- Alzó el rostro y vio a Houyo desmayado sobre la hierba, Kagome apartó el rostro y miró en su dirección, de inmediato supo que su cuerpo había sido "liberado", que ahí estaba el verdadero Houyo, semi inconsciente, con su aura pura y limpia de siempre...

Miró a Inuyasha quien observaba el cuerpo desmayado del muchacho con fijeza. Luego él apartó la mirada y la concentró en Kagome, tragó con fuerza y la volvió a abrazar, besando su frente suavemente e intentando tranquilizarla.

¿Qué iban a hacer? Naraku estaba en este mundo... eso ya... estaba confirmado...

Continuará...


N/A: Gracias a todos por sus mensajes, gracias por leer. El próximo capítulo es el fin, gomen u.u

Quise poner énfasis en esto de la confianza, porque siempre me llamó mucho la atención la forma absurda en que Inuyasha y Kikyou desconfiaron el uno del otro, siempre he pensado que, si se hubiesen amado de verdad, hubieran confiado en el otro ciegamente y nada malo les hubiese pasado (aunque para nosotras las fans de Inu y Kagome eso fue lo mejor que pudo pasar jeje, qué mala), quizás se amaban pero no era una relación fuerte. Es imposible que entre Inuyasha y Kagome pase algo así, todos lo vemos en el animé y manga, ambos confían ciegamente en el otro... eso sí es otra clase de relación, tiene bases fuertes, sólidas, amor verdadero n.n

Bueno me voy a dormir que mañana madrugo, gracias por leer hasta aquí, por todo su apoyo y sus mensajes, no se preocupen, leo todos los reviews que ustedes me envían y se los agradezco de corazón.

Cuídense mucho y nos vemos.

Lady Sakura Lee.-