Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.

Mario Benedetti


Sueños

POV Edward

Sentí que las palmas me temblaron en cuanto los vi salir de la oficina. Ese imbécil se la había llevado para poder tener una oportunidad más en el juego. Me enfurecí y el estómago se me revolvió del solo pensar que aprovecharía cualquier oportunidad para seducirla y tenerla a su lado. En cuanto salieron cerré los ojos para controlar la rabia pero sabía que no era capaz de soportar por mucho tiempo.

Minutos después cuando creí que la tempestad había disminuido me asomé por la ventana para poder verlos partir. Abrí la cortina que daba al exterior y vislumbre su suave figura a pesar de estar algunos pisos abajo.

Notó mi mirada pero no me pudo ver con claridad y Jasper abría la puerta para que entrara al auto y poder marcharse. Bella dio un última vistazo alrededor y entró sin ver atrás mientras el idiota de Harris sonría sardónico por su pequeña victoria pero sabía que él me había visto, estaba consiente de mi furia y se regocijó en mi enojo.

No pude aguantarlo más, la rabia sobrepasaba mis sentidos, mi cuerpo, mi mente. Camine a zancadas por el lugar y llegué al pequeño bar que había en la oficina. Me serví un trago de Whisky y me lo bebí de un golpe. La sed no se calmó ni un instante y volví a verter más alcohol en el vaso. Desesperado deje todo al desvarió y camine violentamente hacía mi escritorio donde se encontraba las rosas rojas que había comprado para Bella y Alice había colocado en un florero de cristal. Tenía pensado dárselas para invitarla a comer pero no sabía cómo hacerlo ya que nunca había sido detallista con ninguna mujer más que con mi madre y era evidente que en el caso estaba perdido, más que perdido. Tomé el florero entre las manos y se empezaron a convulsionar por la rabia que me corroía.

-¡Hijo de puta!- grité y estampe el florero por la pared.

Sentí liberar mi tensión por lo más mínimo que fuese pero no me basto. La oficina me mantenía como un león enjaulado porque ya ni siquiera se me sentía capaz de seguir trabajando ni de pensar en algo más que no fuera Isabella Swan. Tomé mi saco rápidamente y antes de abrir la puerta mi secretaría apareció asustada por el estruendo del cristal.

-¿Estás bien?-.

-Sí- dije sin ánimo- pero me voy-.

-Pero…-.

-Alice, no comencemos por favor ¿quieres?-.

-Está bien, ¿qué digo si alguien viene?-.

-Que no me encuentro bien, me siento asqueado hoy-.

-Está bien-.

-No me llames y aplaza las citas ¿ok? Me largo-.

-Por supuesto-.

Camine sin vacilar por el pasillo y baje por el elevador sin esperar a responder saludos de ningún tipo. Por supuesto que la recepcionista animosa me saludo para llamar mi atención pero yo la ignore por completo.

-Bonjour M. Cullen dès que vous? (Buena tarde señor Cullen ¿tan pronto se va?)-.

Camine fuera de la empresa y me dirigí hacia el estacionamiento en donde tenía algunos autos de mi propiedad. No tenía ni la más mínima intención de esperar a Armando y tener que entablar una conversación absurda, de verdad que no lo necesitaba. Bajé presurosamente y arranque el motor sin rumbo y sin noción de la velocidad a la que iba.

Mis manos se aferraron fuertemente al volante, sentí como los dientes me crujían de la violenta furia que me calcinaba las venas. Me dirigí al Río Sena que quedaba cerca de la casa y me estacione cerca de la torre Eiffel donde decidí bajarme y tomar un poco de aire fresco.

-Tranquilízate Cullen- dije para mí mismo- ella no es nada tuyo, ni siquiera la haz tocado más allá de las manos ¡Mierda! ¿Por qué te sientes así?-.

Y era verdad, no entendía los malditos arranques de irá que mi cuerpo destilaba, ella era solo un juego entre Harris y yo y ni siquiera me había tomado la molestia de entablar una conversación acerca de sus intereses profesionales. Toda plática tenía un fin sexual, sin excepción. Desde que la había conocido hasta este día no hacía más que pensar eróticamente en Bella. Aún recordaba la primera noche en que dormimos juntos en la casa de París… La primera noche que mis sueños se humedecieron con Isabella Swan.

Había llegado tarde a casa de Paris y todo estaba completamente callado y silencioso. Deje mi saco en el perchero de la entrada y me dirigí al bar de mi despacho a tomar un trago antes de subir a la habitación donde sabía que Swan se encontraba. Revise las correspondencia y noté que estaba de más plagado de invitaciones formales de comidas, cenas y bailes. Estaba más que claro que no me interesaban y deseche todo menos las cuentas del banco de mí tarjeta entre otras de la misma índole.

Me senté perezosamente en mi silla de trabajo y después de un rato me decidí a subir a descansar. Al salir de la habitación noté que una pequeña mesita con un mantel blanco estaba situada en el balcón que daba vista a la torre en dónde, sobre ella se encontraba repletos de frutas dulces y exóticas embardunadas de chocolates y betunes.

Sonreí por ello y no pude evitar tomar una fresa y un poco de natilla de vainilla para olerla y después morder un bocado para saborearlo lentamente. Olía a Bella, al perfume de ella sin lugar a dudas. Sin dudarlo dos veces me terminé la frutilla y abrí los ojos de golpe sabiendo que la sangre la comenzaba a hervir por del libido. No había notado que junto a las fresas se encontraba una pequeña nota que estaba escrita delicadamente con una caligrafía femenina.


Edward:

Sé que no has podido evitar comer fresas con vainilla a pesar de que lo más razonable era comer chocolate. Pero está de más decirte el por qué, sé que quieres comerlas, sé que lo deseas con todo tu ser y tú cuerpo no me miente. Te propongo algo, si tantas ganas son de comer frutillas embardunadas de vainilla ¿por qué no las comes de mi cuerpo?


Gruñí de la excitación por la frase "¿Por qué no las comes de mi cuerpo?" No hacía falta que lo dijera, su cuerpo destilaba ese sabor, ese olor tan deseable.

Ni pensarlo dos veces, subí por las escaleras lentamente aflojando la corbata y dejando caer mis prendas en el camino. Primer las corbata, luego la camisa, los zapatos, el cinturón… Llegué a la entrada de la habitación a sabiendas que estaría cerrada. Tomé la perilla que daba paso a lo que me hacía antesala y la abrí lentamente.

Cuando entré la habitación estaba a media obscuridad mientras la cama era alumbrada por la luna de Francia. Noté que estaba adornada con pavoroso dosel de seda y había rosas rojas por todo el lugar que hacía que el lugar se compenetrara en un olor exquisito, pero no más afrodisiaco que el perfume de fresas y vainilla.

Cerré los ojos agradecido y me mordí los labios excitado por el olor mientras los músculos de mi espalda se ensanchaban haciendo que mi cuerpo se tornara más osco por la agitada respiración de mis pulmones.

Camine un poco más aún sin ver intentando concentrarme más en la fragancia y llenar mi cuerpo de ella.

-Te estaba esperando- dijo su voz en la obscuridad.

-¿Qué tanto tiempo?-.

-El suficiente como para que tengas que comerte todas estás fresas- contestó.

La vi, estaba recostada en la cama con las piernas largas y delgadas estiradas. Vestía un pequeño camisón negro con detalles rosados que la hacían ver más sensual de lo que recordaba. Su sonrisa estaba impaciente y sus labios se tornaron carmín al morderlos y soltarlos. El cabello estaba ondulado mientras le caía por los pechos y la espalda.

-¿Quieres comer?- pregunto seductoramente y alcé una ceja sorprendido por su pregunta.

-Claro-.

-Entonces, come- me invito.

Tomó una pequeña cantidad de natilla de vainilla y la vertió sobre sus senos mientras que con una mano tomaba una fresa y la pasaba por arriba del lugar. Pase saliva ruidosamente porque de solo verla me excite y se me hizo agua la boca. Camine lo que me restaba de camino hacía el lecho y levante el dosel para entrar. Al encontrarme cerca de ahí me sonrió y puso la fresa sobre mi boca para que la mordiera.

Lentamente abrí la boca y di un pequeño mordisco a la frutilla que perfeccionaba los sabores de fresa, natilla y Bella.

-Esta exquisita- dije al tragar el bocado.

-No has comenzado a comer como es debido- replicó- te falta aquí- dijo señalando su senos.

-Mea culpa- dije sonriendo.

Me encamine sobre la cama y de rodillas me acerque a ella mientras coquetamente me sonreía. Tomé un tirante que le caía por el hombro y se lo baje aún más sin dejar al descubierto su pezón.

Mi acción le brindó un placentero escalofrío que al presentarse en su piel cerró los ojos lentamente y abrió la boca para dejar escapar su aliento cálido.

Sonreí morbosamente y me mordí los labios por su gesto.

-Bella…- dije gruñendo cerca de sus labios.

Y baje hasta sus senos para pasar mi lengua degustando la vainilla que había en ellos.

-Ahhh Edward, mmmm no te detengas-.

No tenía la intención de detenerme, su piel era dulce fuera de la natilla. Era adictiva y ardiente, desprendía lujuria y todos los 7 capitales completos están resumidos en ella.

-Ahhh mmm- gimió.

Mi erección se elevó más por el sonido de su voz y de un golpe baje la tela que tapaba su pezón y comencé a succionarlo. Subí la vista mientras mi boca se ocupaba de sus pechos y vi cómo se mordía los labios fuertemente. Desesperado la tome de la cintura y quite el camisón de su pecho de un golpe desgarrándolo y tirándolo al suelo

-¡Ahh Edward!- dijo sonriente.

-Te deseo-.

-Yo a ti- dijo excitada.

La alcé sobre mis piernas a modo de sentarla y al acomodarla noté que llevaba puesto unas pequeñas bragas tipo bóxer similares a los que usaba el día en que dormidos en la pensión.

-¿Te pusiste eso para mí?- pregunté mientras le besaba el cuello.

-Ahhh, lo único que esperaba era que me la arrancaras-.

-¿Tengo que suplicar?- preguntó tomando mi cabello.

-Inténtalo- la reté.

Se despegó de mí levemente mientras me veía a los ojos y una sonrisa seductora relampagueo en su sensual rostro.

Se comenzó a tocar en su centro y mordió los labios persuasivamente mientras cerraba los ojos.

-Ahhh Edward por favor tócame-.

-No lo haré- ronronee tocándome solo.

-Hazlo…- gimió.

-Aaa Bella-.

-Hazme tuya Edward- dijo mientras sus dedos aceleraban la velocidad de los movimientos.

Me toqué solo mientras ella se masturbaba, comencé a sudar caliente y mis manos abrieron mis pantalones para liberar la acorralada erección. Sentí un alivio cuando mi miembro fue liberado e hice la cabeza para atrás por el placer que me daba solo pero su voz atrajo mi atención.

-Aaaa Edward mmmmm aaah ¿Por qué dejas que… aaa... Me toque sola?-.

-Suplícame más Bella- gruñí.

-Te necesito- dijo arqueando su cuerpo de placer- ahora ahhh de-entro de mí-ii-.

No pude más, no pude ni yo mismo resistirme a sus súplicas. Quise hacerla rogar más pero mi mismo cuerpo no me lo permitió. Mi miembro la reclamaba, clamaba estar dentro de ella de una vez por toda y embestirla hasta que de nuevo me suplicara que me detuviera. Quería oírla gemir de placer, que gritara mi nombre y obligarla a decir que era mía, solo mía.

-Haz despertado al león- gruñí.

Mordió deliberadamente sus labios y dejo de tocarse sola.

La tome de las piernas y con los dientes arranque el pedazo maldito de tela que cubría sus caderas. Mis ojos estaban inyectados en lujuria y me quite de golpe los pantalones para quedar en ropa interior. Su cuerpo estaba recostado frente a mí mientras mordía su índice derecho y me miraba atenta. Alce sus pantorrillas en mis hombros y me agache para poder pasar la lengua entre sus pliegues.

-AHHH AHHHH AHHHH EDD-WWARDD- gritó al contacto de mi lengua con su sensible piel.

No sé si fue su error o fortuna pero solo conseguía que mi lengua arremetiera con más fuerza entre sus pliegues al sonido de su voz.

-AAAHHHH AHHHH AHHHHHH NO-OO PAA-REE-ES- gimió.

Mi boca siguió su trabajo y gustoso comencé a besar y a mordisquear su impresionable piel. Mi cuerpo comenzó a sudar y mis músculos se irguieron por la fuerza que estaba conteniendo dentro mi propio organismo, si no hacía algo me volvería loco en ese instante.

-Te tengo que hacer mía- dije decidido mientras me paraba para quitarme la única prenda que nos separaba.

-Hazlo, hazme tuya. Ahora…- dijo jadeante.

Me subí al nivel de su cuello y comencé a besarlo lentamente mientras pasaba la lengua por su piel y me dirigía a su oído.

-¿Quieres que te haga mía?-.

-Sí-ii por favor-.

-Ruega más-.

-Házmelo, házmelo, házmelo- dijo jadeante.

-Tú lo has querido preciosa-.

Y sin pensarlo abrí sus piernas con las mías y me deje entrar sin aviso ni rodeos. Apreté los ojos y la nariz por la fuerza que había usado para estar dentro de ella y jadee por la boca sabiendo que ya me encontraba adentro. Tan estrecha, tan cálida… Tan mía.

-¡AAHHH!- gritó abriendo de golpe los ojos para después apuñarlos por un momento.

Me sentí verdaderamente culpable por ello y decidí que no debía moverme… No aún.

-¿Estás bien?-.

-Sí-i- dijo titubeando desconcertada por mi pregunta.

No lo entendí, no comprendía porque me preguntaba qué tipo de moderaciones debería tener con esta mujer. Era totalmente estúpido ya que, nunca me había preocupado pero decidí ignorar ese pensamiento.

Comencé a balancearme lentamente dentro de ella para que se acostumbrara a mi tamaño y no le doliera tanto. Mi vaivén incremento en cuanto me di cuenta de que la libertad era mayor y ella comenzaba a gemir de placer no de dolor.

Al darme cuenta de esto acelere más el golpe de nuestros cuerpos y comencé a sudar más, sentí como entraba y salía de ella, sentí sus paredes contraerse contra mí piel, sentí vibrar su cuerpo debajo del mío y como buscaba de todas las maneras estar más cerca cuando engancho sus piernas a mis caderas.

-Ahhh Edward- dijo mordiéndose los labios.

-¿Te gusta?-.

-No tienes idea-.

-Muévete para mí Bella- dije dándole besos a sus senos.

Obedeció sin reparos mientras yo echaba mi cabeza para atrás y gruñía por el placer que le estaba dando con los nuevos movimientos.

-Bella… Estás tan húmeda cariño-.

-Ahhh Edward… Ahhh-.

-Eso hermosa- dije jadeando- di mi nombre, clámame-.

-Edward…. Ed-wwaa-r-.

Su frente se llenó de sudor mientras los cabellos castaños le cubrían ligeramente la cara.

-Ahhh aggg- comencé a decir cuando la sentí resbalar entre mis manos por lo caliente de su cuerpo.

-Di que eres mía- ordene.

-Soy tuya-aa, tuy-aa-.

Sus palabras accionaron automáticamente mi cuerpo y como tal recibió fuertes estocadas dándome más acceso dentro del cuerpo de Bella.

-¡AHHHHHHH AHHA AHHHA AHHHAA AHAHAHA!- gritó de placer.

Separé más sus piernas y las posiciones en mis hombros de nuevo. Me salí de ella para acomodarla mientras arqueaba su cuerpo y volví a entrar de golpe mientras abría los labios para dejar salir un escultural gemido.

-Ahhhh ahhh más, más-.

-Aggg Bella- gruñí.

No sé qué ocurrió dentro de mi cabeza que todo, mi cuerpo, mi mente y mi alma se desconectaron para poder besarle los labios. Nunca, jamás había besado a una mujer mientras la follaba. No era de mi agrado, no me gustaba por qué significaba que me importaba y jamás nadie me había importado. Sus labios carnosos y rosados me aclamaban más y mientras la penetraba haló mí nuca para poder besarme con pasión y desenfreno.

Su lengua jugó dentro de mi boca haciendo que sus besos me llevaran a un nivel del éxtasis que jamás había probado. Adictiva y hermosa, estrecha y húmeda me entregaba su cuerpo en total desenfreno y sin miedos. Era mía, lo sentía, lo veía, la tocaba.

-Bella… Ahhhh te deseo… Ahhh dime que eres mía…- gemí.

-Soy tuya Edward- dijo claramente.

-No quiero que nadie te toque ahhh Merda! Che sensazione più potente! (¡Mierda! ¡Que sanciones más potentes)- gemí.

-Ahhh Edward ahhh me excita más aahhh ¡Dios! Ahhh mmmm cuando hablas en Italiano- gimió.

-¿Te gusta?- dije moviéndome y poniendo mis manos sobre sus caderas.

-Sí-ii-.

-Quindi ... Diciamo che sei mia, sei mia di Bella (Entonces... Di que eres mía, di que eres mía Bella)-.

-Ohh Dios- dijo jadeando- ahhhh no pares por favor-.

-¡Di que eres mía!-.

-Ahhhhh ¡AAAAAHHHHH OHHH DIOS! ¡AHHH EDWARD CULLEN SOY TUYA!-.

-Aggg ahhh- comencé a gemir y apreté las manos entorno a su cintura mientras la volvía a besar fuerte en los labios.

-Tu sei mia! (¡Eres mía!)- grité- Nadie más que yo puede tocarte Isabella ahhh ¡Aggg! Lo has dicho, me perteneces nada más a mí -.

Me agarré fuerte de la cabecera de la cama y sus piernas se engancharon a mi cintura para poder darme acceso a su cuerpo.

-Mia!- grité.

-Ahhhh Edward ¡EDWARD!-.

Y sentí como su cuerpo comenzó a vibrar con el mío cuando un sorprendente orgasmo nos envolvía a los dos.

Con la respiración agitada y los cuerpos calientes y sudados terminamos abrazados aún si dejar de ser uno mismo. La besé en los labios con necesidad y con tanta pasión que pensé que si no lo hacía podía morir.

Después de un rato de estar así, Bella rompió el silencio.

-¿Por qué me besaste?-.

-Sentí la necesidad-.

-¿Te importo?-.

-No… Lo sé- dije confundido.

-Dime la verdad-.

-No lo sé Bella, estoy confundido-.

Se paró sobre su codo para acomodarse sobre mi pecho y poner sus dos palmas bajo su quijada. Sus ojos chocolate me envolvieron y me llevaron a un lugar donde jamás había ido, donde me sentía tranquilo y en paz conmigo mismo.

-Contéstame algo con honestidad-.

-Claro-.

-¿Me amas o me deseas?-.

Y desperté.

Después de esa noche me sentía diferente conmigo mismo. Por alguna extraña razón el estúpido juego que había propuesto Harris me tenía más que enloquecido y sobre todo distraído. No hacía otra cosa que querer consentir a Bella sin dejar de lado claro las ganas de tenerla en mi cama.

Por una parte sentía que era una sosa obsesión mucho más fuerte que la que había tenido con Tanya en los tiempos en que éramos novios, pero decidí dejarlo bien guardado y bajo llave aquel mentecato recuerdo de sentimentalismo.

Decidí regresar a la casa ya que me sentía más que relajado ahora que mi mente se encontraba distraída de todo enojo. Me subí al auto y viaje a una velocidad moderada para evitar estamparme contra alguna pared. Deje el auto aparcado fuera de la residencia y metí la llave para poder entrar a la casa. Noté que estaba solo y busqué un trago en el bar de mi despacho para poder tomármelo en mi habitación.

Cuando entré me sentí solitario y vació. Era extraño pero también melancólico.

Me senté al borde la cama mientras bebía lentamente el alcohol y noté que el camisón negro de Bella estaba colocado encima de una silla. Me acerqué para tomarlo entre mis manos y la suave seda me trajo recuerdos muy gratos. No pude evitarlo pero busqué entre sus cosas su perfume y esparcí un poco en la habitación para que mi mente deambulara en aquel sueño mientras cerraba mis ojos y llenaba mis pulmones de Bella.

Escuche que un auto se estacionaba fuera de la casa y mi socio salía para abrir la puerta ¿qué hacía Harris aquí? Bella salió del asiento del copiloto mientras tomaba su mano para ayudarse a salir. Caminaron un poco hacía la entrada y noté como el imbécil ese le besaba la mano mientras le guiñaba un ojo.

Mi cuerpo se convulsiono de rabia mientras apretaba la seda en una mano y mi trago se colocaba en la otra.

-Hijo de puta-.

Bella le sonrió amablemente y Jasper le entregaba una pequeña tarjeta que supuse era su número telefónico. Me sentía como un maldito animal, quería arrancarle la cabeza a Harris y ponerla como advertencia a las fueras de la casa como señal de advertencia para aquellos que se atrevieran a acercarse a Bella.

La perdí de vista y mi socio se retiró sonriente. No deje de mirar por la ventana hasta que perdió el camino y no lo vi más.

Mis pensamientos asesinos comenzaron a cobrar más vida al recordar que ese hijo de puta la quería tener en su cama, para hacerla suya… Para alejarla de mí.

-¡NO! ¡ELLA ES MÍA!- dije furioso.

Escuche los golpes de unos pasos que se apresuraban a la habitación pero supuse que era la empleada de limpieza y no me digne a voltear.

La puerta se abrió en un casi audible movimiento mientras alguien avanzaba lentamente en mi dirección.

-¿Edward estás bien?- preguntó la voz conocida y me giré para encararla.

Se veía hermosa, muy hermosa y eso hiso que mi rabia aumentara más por saber que Jasper había disfrutado de su compañía y candor. Camino vacilante al darse cuenta de que la habitación olía a su perfume y que la prenda de mi mano era suya.

-¿Qué haces con mi ropa y perfume?- pregunto sin aliento.

-¿Qué haces tú con Jasper Harris dejándole besar tu mano?- dije sin pensarlo.

Sus ojos se abrieron de par en par por mi pregunta sorpresiva pero no pude evitar hacerlo ahora que la rabia me calcinaba los huesos.

-¿Nos has visto?-.

-Lo he visto todo-.

-¿Qué hay de malo con que el señor Harris tenga atenciones conmigo?-.

No tenía lo más mínimo de malo pero su cercanía me enfermaba de un modo casi suicida.

-No tiene nada de malo pero las relaciones de trabajo no se mezclan con las personales-.

-No estoy mezclando nada- dijo cruzándose de brazos- además no me has contestado ¿qué haces con mi ropa y mi perfume?-.

Me queden en ceros por su pregunta y pase saliva ruidosamente. Contesté lo primero que se me vino a la mente.

-Lo he tomado para… Para… Mi madre. Si es que me ha gustado el perfume y creí que sería un lindo regalo- dije inseguro.

-¿Tu madre ah? ¿Y el camisón?-.

¡Demonios! Me estaba acorralando.

-Fácil- dije aclarando la voz- lo levante porque se cayó de la silla-.

Se quedó pensativa por mis palabras y suspiró aceptando mis explicaciones.

-Te creo-.

-No digo más que la verdad- mentí.

-Pero hay algo que no me queda del todo claro-.

-Dime- dije soltando su ropa y bebiendo nerviosamente de mí trago.

-¿Por qué te comportas tan violento con todo el rollo de Jasper y yo?-.

Me pilló con la guardia baja… De nuevo.

-No me gusta que en mi empresa haya relaciones de ningún tipo-.

-Qué raro…-.

-¿Qué raro de qué?-.

-Dices que no te gustan las relaciones de ningún tipo en la empresa y me pediste que fuéramos amigos-.

-¡Por qué está mujer es tan astuta!- pensé.

-Es diferente Bella, ni yo mismo lo entiendo pero por favor… No me preguntes más-.

-Está bien- dijo suspirando.

-¿Estás bien?-.

-Si ¿tú lo estás? Me dijo tu secretaria que te fuiste porque no te sentiste bien-.

-Sí, no me siento del todo bien-.

-¿Haz comido?-.

-No-.

-¿Y ya sabes porque te sientes mal?-.

-No es nada-.

-Anda acomódate que te traeré algo de la cocina y no quiero reparos de que eres el anfitrión. Con razón te sientes mal, estás en ayunas prácticamente, vuelvo enseguida-.

-Bella, no es necesario-.

-Déjame hacer esto. Haz hecho mucho por mí y debo compensártelo- dijo sonriente y sus ojos chocolates brillaron.

-Está bien- dije sonriendo y se retiró escaleras abajo.

Suspiré aliviado después de la situación peligrosa en la que me había puesto Bella, quizás por alguna razón tenía razón al sentirme mal ya que mi cuerpo solo contenía alcohol y deseo. Me quite los zapatos sacando el aire de mis pulmones y cerré mis ojos lentamente dormitando levemente y me quedé inerme sobre la cama.

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No sé cuánto tiempo paso, pero mi sueño fue interrumpido por un suave tacto que me inquieto levemente. Unas manos suaves acariciaban mi cabello y mi frente de abajo a arriba con mucha delicadeza. Me sentí tranquilo, me sentí en paz conmigo mismo. No quise abrir los ojos, no quise despertar si esto era un sueño no podía permitírmelo pero mi cuerpo traicionero me dejó al descubierto cuando mi estómago gruñó hambriento. La mano suave se alejó de mí y el olor a vainilla se perdió de mi cercanía.

-Lo siento-.

Abrí los ojos levemente y me encontré con su figura sentada cerca de la cama.

-¿Bella?-.

-Te traje de comer ammm pero te quedaste dormido, te veías cansado-.

-Lo estoy, pero ahora estoy hambriento-.

-Sí, lo escuché- contestó apenada.

-Parece que es hora de comer para los humanos-.

-Sí, de hecho te preparé algo-.

-¿Sí?-.

-Es lasaña, mamá me enseño a hacerla… Ante de morir, ella me enseñaba cosas y hacía mucho tiempo que no lo hacía-.

-¿Por qué ahora decidiste hacerlo ahora?-.

-Me pareció el momento indicado… Creo-.

-¿Indicado?-.

-No sé, creo que me entiendo sola-.

Sonreía por su gesto y tomé el plato con la porción de comida que me había servido. Estaba deliciosa sin lugar a dudas y devoré completamente el plato repitiendo más de 1 vez.

-Estuvo exquisito- dije satisfecho.

-Me alegra que te haya gustado ¿ves? Deberías dejarme cocinas de vez en cuando-.

-Creo que te tomaré la palabra-.

-Oye Edward…-.

-Dime-.

-Te quería hacer una pregunta-.

-Hazla- la anime.

Movió sus manos nerviosamente y se mordió los labios tiernamente mientras sus mejillas se chapearon ligeramente. Se acomodó muy derecha y cruzó las piernas tentadoramente.

El león rugió internamente hambriento de su piel.

-¿Qué pasa?- pregunte nervioso.

-¿Recuerdas la primera mañana en esta casa cuando tu secretaria no interrumpió?-.

-¿Cómo olvidarlo? Si ese día soñé deliciosamente contigo- pensé.

-Claro ¿qué ocurre?-.

-Mmm lo que pasa es que… Despertaste raro-.

-¿Raro?-.

-Sí, bueno… Tú…-.

-Bella por favor, suéltalo de una vez por todas-.

-Bien pues tú… Me estabas… Abrazando al despertar-.

Sentí fríos los pies, la espalda se me tensó y las aletas de mi nariz se ensancharon notablemente. El cuerpo se me quedó estático, las palabras se me quedaron atoradas en la garganta y sentí como la sangre ya no me corría por la venas.

¿¡LA HABÍA ABRAZADO?! No era para menos con semejante sueño que había tenido y siendo Bella a quien tenía entre mis brazos era lógico que sintiera tan real aquella fantasía erótica. ¿Qué más había hecho? O peor ¿qué había dicho? La miré a la cara y sus ojos chocolate me vieron de soslayo, se sentía apenada, la ponía nerviosa porque de verdad algo había ocurrido.

-¿Hice algo más?- pregunté con seguridad pero internamente nervioso.

-Bueno… Dijiste mi nombre-.

-¡Menuda suerte la mía! A buena hora se me ocurre hablar dormido- pensé.

-¿Solo eso?-.

Asintió con la cabeza pero supuse que hubo algo más y que no se atrevió a decirme pero no quise presionarla.

-Lo lamento Bella-.

-No impor..-.

-Claro que si-.

-Edward…-.

-Estoy rompiendo tu petición… No era parte del "trato"- dije haciendo las comillas con las manos- robarte tu espacio vital-.

-¿Trato?-.

-Ya sabes… Lo que me pediste- contesté.

-Sí, bueno ya pasó-.

-Supongo que querrás que me vaya de aquí-.

Hizo una mueca que no pude entender completamente y enarqué una ceja esperando a que me contestara su opinión.

-Bueno… Creo que ya habíamos hablado de ello-.

-Sí pero no quiero molestarte de nuevo-.

-Ya te dije que no importa mientras… No se… Vuelva a repetir-.

Suspiramos al mismo tiempo hasta que ella se paró del asiento tomando los vasos y utensilios que había usado.

-Bella ¿podrías quedarte un poco más?- dije sin pensar.

-¿Para qué?-.

-Solo, hazlo. Quiero preguntarte algunas cosas-.

Pasó saliva ruidosamente y volvió a ocupar su lugar mientras yo me sentaba más apropiadamente para hablarle.

-¿Qué pasa?-.

-Quería saber ¿qué hay entre Harris y tú?-.

-Te dije que nada-.

-Se honesta-.

-Lo soy, él se comporta como un buen amigo solo que a veces…-.

-Que a veces ¿qué?-.

-Bueno, a veces pienso que trama algo más-.

-¿Cómo salir contigo en una cita?-.

Asintió.

-¿Te interesa?-.

-¿Eso importa?-.

-A mí sí-.

-Importa si lo es para ti-.

-Creo que es un buen amigo-.

Fruncí mi ceño furioso por su contestación, en su respuesta notaba algo de interés y me enfurecí de solo pensar en el imbécil de Jasper.

-No me gusta- dije sin pensar.

-¿Qué?-.

No podía ocultarlo, las malditas sensaciones de enojo eran más frecuentes cada día provocadas siempre por Bella aunque ella no lo supiera. No podía permitir que estás sensaciones me dominaran. No iba conmigo y mucho menos estás nuevas actitudes que estaba tomando.

-Debo darme una ducha-.

Bella me miró inexpresiva y bajó la mirada mientras se paraba para marcharse y dejarme solo en la habitación.

Me metí a la ducha para refrescar mi cabeza que hervía febril por la rabia y salí en unos pantalones con una camiseta ligera. El celular de Bella comenzó a sonar insistente mientras yo caminaba para poner un poco de loción en mi grueso cuerpo.

Asqueado me decidí a contestar después de tanta insitencia.

- Bonne nuit, Bella Swan mobiles (Buena noche, móvil de Bella Swan)-.

-¿Quién eres?-.

-¡Ahh! Habla inglés, mi nombre es Edward Cullen ¿con quién tengo el gusto?-.

-¿Dónde está Bella?-.

-Ella no se encuentra ahora-.

-¿Por qué contestaste tú?-.

-Le acabo de decir porque-.

-Mmm ¿en qué ciudad está ahora? ¿Podría decírmelo?-.

-Sí, bueno estamos en París-.

-¡¿PARÍS?!-.

-Sí-.

-Ella me dijo que se iba a Londres-.

-Pues ya no está ahí-.

-Ok-.

-¿Quiere dejarle un recado?-.

-No, después la llamaré cuando se desocupe o más bien que ella me marque de nuevo-.

-¿Quién le digo que llamó?-.

-Dígale que llamó… Bueno solo dígale que Jake la está buscando-.

-Jake… Está bien yo le diré-.

-Gracias-.

Y colgó.

Apunté en un papel el recado que me había dado y deje el celular sobre la mesa. Minutos después, Bella entró y me miró.

-¿Pasa algo?-.

-Te llamaron y contesté espero no te importe-.

-En lo absoluto ¿quién era?-.

-Un tal- tomé la hoja para leer el nombre- Jake-.

Su mirada se turbo y se puso roja.

-¿Jake me buscaba?-.

-Sí-.

-¿Qué quería?- preguntó caminando hacia mí.

-Dijo que quería localizarte y que le llamaras ¿es algo tuyo?-.

-Es mi hermano-.

-Pensé que eras hija única-.

-Lo soy pero, Jacob es mi hermano de crianza-.

-Aah ya veo-.

-Sí pero pensé que ya no quería saber de mí-.

Por primera vez me intereso saber el porqué de sus palabras pero no me anime a preguntar.

-Te dejaré a solas para que hables ¿está bien?-.

-Gracias- dijo mientras me sonreía.

Me salí de la habitación y me recargue en la puerta curioso de saber que pasaba en la habitación y me decidí escuchar un poco del tal Jake.

-Hola-.

-Hola Bella-.

-Pensé que ya no querías saber nada de mí-.

-Sabes que soy un imbécil, perdóname-.

-La vida no se basa en estar pidiendo perdón por cada idiotez que uno hace-.

-Lo sé pero estaba ebrio-.

-¿Y esa es tu excusa?-.

-Es una explicación-.

-No es suficiente-.

-Para ti nada lo es-.

-No comiences por favor-.

-Bella te amo-.

-Jake basta-.

-No me pidas que me detenga, esto es difícil para mí y mejor dime ¿quién es ese que me ha contestado en quién sabe qué idioma?-.

-Es Edward-.

-¿Y por qué contesta tu celular? ¿Ya tienes asistente?-.

-No es eso, es mi socio pero a decir verdad trabajo para él-.

-¿Estás en el trabajo ahora?-.

-No-.

-¿Entonces?-.

-Estoy en mi casa-.

-Vale ¿trabajando?-.

-No-.

¿Y qué hacía ese ahí?-.

-Deja de cuestionarme por todo-.

-Contéstame Bella-.

-Él vive aquí también-.

-Dime que es una broma-.

-No lo es-.

-¡Mierda! ¿Cómo diablos puedes decirme eso Isabella? Te quiero, ¿no ves que me muero de celos el pensar que otro hombre está contigo?-.

-Solo somos compañeros-.

-Me importa poco. Quiero que seas mía nada más-.

-Jake…-.

-No puedes evitar que te ame-.

-Yo sé que no pero no puedo corresponderte, lo sabes-.

-Me enfurece que un idiota pueda estar contigo y no yo-.

Mi cuerpo comenzó a temblar, este hermano suyo no me agradaba en lo más mínimo si quería pretender a Bella de tal modo enfermizo e incestuoso y mucho menos que me llamará idiota solo porque estuviese celoso. Aunque extrañamente lo entendía porque yo hubiese reaccionado inclusive más violento… Pero no eran celos, yo no estaba celoso de Bella… Eso no era posible.

-No te pongas violento conmigo y no me llames más si es para recriminarme-.

-Voy a ir a buscarte e ir por ti si es preciso si no me contestas-.

-No sabes dónde estoy-.

-Sé que estás en París, tu "amiguito" me lo dijo-.

-Déjame en paz por favor, haz tu vida y regresa con Renee y Charlie-.

-Serás mía Bella, quieras o no-.

Y todo se envolvió en silencio suponiendo que el imbécil ese había colgado.

Suspire cerrando los ojos por la amenaza de ese animal inmundo le había dado a Bella y baje lentamente por las escaleras para irme al balcón tan cómodo que daba a la calle. Me quedé cavilando sobre las palabras del idiota ese y no pude evitar recordar que de alguna manera yo también la quería para mí pero ¿por qué? ¿Acaso estaba obsesionado con ella? ¿O había algo más posible que corrompiera la palabra Obsesión?

Mi cabeza era un lío, además de aguantar al idiota de Harris ahora tendría que soportar al imbécil hermano de Bella y sabía que no soportaría la furia y terminaría por golpearlos.

- "¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son."-.

Me voltee para verla y me sonrió mientras caminaba lenta hacía mí y al llegar sus codos se recargaron en el barandal de concreto.

-Pedro Calderón de la Barca, lindo proverbio-.

-Los sueños, sueños son ¿no? ¿Jamás se cumplirán?-.

-¿Pasa algo?-.

-Estoy exhausta-.

-De soñar-.

-No, de vivir sin sentido-.

Sus palabras me tomaron con la guardia baja y me sentí levemente incómodo por hablar de sentimentalismos.

-Ehh-.

-Veo que te incómoda-.

-Un poco-.

-No te preocupa, igual ya me voy-.

-Espera- dije tomándola de la mano- dímelo-.

-No quiero…-.

-Hablarlo te servirá un poco- dije sonriente.

Suspiró resignada.

-Es solo que… Jake pretende entregarme su vida como algo más que un hermano. Dice que vive por mí pero ¿yo por quién vivo?-.

Sus palabras me golpearon repentinamente y no pude evitar tomarla de la cintura para acercar mi cara a la suya.

-Tal vez no has encontrado algo digno de ti-.

-¿Edward?- dijo viendo sonrojada por la forma en que la tenía entre mis brazos y no me importo.

-Bella, no te aflijas por algo así- y la acerque más- tal vez con quien menos te imagines tenga sentido tu vida-.

-¿A qué te refieres?- preguntó nerviosa.

Acorte la distancia entre nuestras bocas y tomé su barbilla para susurrar sobre sus labios.

-No lo sé, quizás los sueños se cumplan con alguien que mañana conocerás o que ya conoces… Quizás… Solo quizás… Lo sueños se cumplan conmigo-.


Me encanto, simplemente lo amé ¿ustedes qué piensan? Edward está sacando el lado romántico que ninguna mujer en mucho tiempo había logrado sacar aunque diga que solo es deseo.

Agradezco enormemente por los comentarios, seguidores y favoritos.

MIL GRACIAS

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