CAPÍTULO 11
AZUL OCÉANO
"Qué bonita estás, cada día más...
Tanto que decir, tanto que reír para no llorar"
Semana y media después de la terrible tormenta que azotó Vermont, Regina y Azul habían salido a correr un domingo por la mañana, el hada había insistido a la morena para que la acompañara, según ella el estar mucho tiempo sentada en la oficina, le había hecho subir unas cuantas libras. La morena se negó al principio, el madrugar un domingo por la mañana no era nada placentero. Pero bien, ahí estaba ella, corriendo al lado de su amiga alrededor del lago Champlain, ambas vistiendo ropa de deporte.
- Azul, tú fuiste, la que quiso esto, ahora no te quejes y corre.
- Es que - Re - gi - na - no - puedo más - tengo - el - Cora - zón - en la - gar - ganta - dijo el hada agitadamente y se acostó sobre la hierba verde.
- ¡Eres una exagerada! - dijo la morena, alcanzando una botella de agua a su amiga.
- Te odio - dijo el hada aún agitada y con la respiración entrecortada.
- ¿Y ahora que hice, se puede saber?
- ¿cómo haces para verte así?
- ¿así, cómo? Explícate - dijo cruzando los brazos, y observándose.
- Así de Guapa siempre... Te envidio Regina - la morena soltó una carcajada.
- No te burles Regina. Y ya dime ¿cómo haces?
La reina no paraba de reír y entre risas contestó.
- Sabes que no hago nada Azul, ¡así soy!
- Eres muy humilde, ¿lo sabes? - dijo el hada riendo también.
- Hey, Buenos días - ambas mujeres aun sonriendo voltearon hacia donde venía la voz.
¿Cuánto daría por ver esa sonrisa todas las mañanas? Se preguntó él. En definitiva la sonrisa de ella, sería capaz de iluminar no solo un día, sino su vida entera.
- Hola David - saludó la morena, despertándolo de sus pensamientos.
- Sigamos corriendo, Regina - dijo el hada poniéndose de pie.
- Buenos días para ti también Azul.
- Hola David - contestó y luego bebió un poco de agua de su botella.
- ¿Cómo estás?, no he sabido nada de ti desde la última vez...
- Estoy bien - dijo sonriendo, Gracias por preguntar.
Nunca la había visto en ropa de deporte, era la primera vez, ese leggin deportivo y top ajustados la hacían ver espectacular y juvenil. La mirada del príncipe recorrió cada curva y por más que intentó disimular no lo logró.
- Te ves muy bien - fue lo que sólo atinó a comentar, la morena se sonrojó y Azul rodó los ojos.
- Gracias.
"…Sé que puedo controlar mis pensamientos...Pero es imposible callarme lo que siento…"
- ¿Han desayunado? Las invito, aquí cerca hay un lugar pequeño… pero…
- Regina, Alex debe estar esperándote en casa - interrumpió Azul.
La reina miró a David cómo diciendo "lo siento" y él entendió su mirada.
- Gracias por la invitación, pero Alex me está esperando. Tal vez otro día... - Azul frunció el ceño mientras los amigos sonreían mutuamente.
- Otro día entonces - contestó el príncipe - Nos vemos - él colocó las manos en los bolsillos, se acercó para besar la mejilla de la reina y se retiró, no sin antes echar un último vistazo a las facciones coloradas de la morena, que hicieron a su corazón dar un brinco.
- Nos vemos, David - susurró la morena mientras lo veía alejarse.
- ¿En serio planeas verlo de nuevo? - preguntó Azul, extrañada.
- Quizá.
- Regina, no quiero verte lastimada - la morena meditó las palabras de su amiga, pero se defendió al instante
- ¿Qué- que quieres decir con eso? No te entiendo... ¿Por qué resultaría lastimada?
- ¡Regina! Sabes muy bien lo que quiero decir...
- Podemos vernos como amigos Azul, estoy saliendo con Alex. Y David, David es sólo un amigo. Vamos de una vez - espetó la morena culminando la charla con su amiga y volviendo a correr en dirección a la ciudad. El hada no tuvo más remedio que seguirle el paso.
La voz de Vasco Rossi y el respiro de la morena eran todo lo que se oía en el departamento de Alex, mientras él observaba a su Bella Beatríz, dormir en sus brazos. Habían pasado la mañana juntos, abrazados, compartiendo algunos besos y caricias traviesas mientras miraban una serie italiana titulada Braccialetti Rossi, después de ello el moreno la había hecho reír hablando en italiano y contándole anécdotas graciosas vividas en La Cita Eterna, Roma. Él había preparado para ella una de sus especialidades y Regina no podía estar más feliz. Finalmente, luego del almuerzo ambos decidieron descansar un poco mientras Alex le traducía cada una de las canciones que escuchaban, hasta que la morena se quedó dormida en sus brazos.
Su teléfono vibró en su bolsillo, levantó a Regina un poco, tomó el celular y miró la pantalla. El sólo ver el nombre del emisor del mensaje, lo preocupó, volvió a mirar a Regina que dormía profundamente, con cuidado la acostó en el mueble y se puso de pie para leer el mensaje. Lo que leyó en él no hizo más que confirmar su sospecha. Tendría que viajar con urgencia a Boston, nuevamente.
Maldición, ¿Por qué había tenido que volver, cuándo todo estaba bien entre él y Regina? ¿Por qué?... La vida era tan cruel a veces.
- ¿Alex? - dijo la morena aún adormitada levantando el rostro del mueble.
- ¡Bella! - contestó con una sonrisa fingida.
- ¿Pasa algo?, te ves preocupado.
- ¡Oh no!, claro que no! - contestó guardando su teléfono en el bolsillo del pantalón y se dirigió a sentar junto a ella - ¿Qué te parece si salimos a caminar? - acomodó su cabello que estaba ligeramente alborotado y depositó un tierno beso en sus labios.
No muy convencida de la respuesta del moreno, ella asintió y correspondió el beso.
"…Ya me enteré...Que hay alguien nuevo acariciando tu piel...
Aquel el idiota al que quieres convencer... Que tú y yo somos pasado..."
Desde aquella noche de tormenta, en donde había estado más cerca de ella que nunca, sus pensamientos iban dirigidos a la morena cada vez que ponía un pie en su recámara, parecía que su dulce perfume se había quedado impregnado en cada rincón de su habitación. Obviamente no era la primera vez que dormía junto a la morena... Pero la primera vez fue en otras circunstancias y con unas cuantas copas de más y no se sintió como se sentía en estos momentos; atraído por ella, hasta el tuétano.
"...Y no dejaré de Amarte, Aunque estés con él..."
Era una tarde soleada, el sol brillaba fuertemente en el firmamento, se podía escuchar el canto de algunas aves, la ciudad estaba en pleno movimiento, algunos niños regresaban de la escuela junto a sus madres, y los más grandes iban en bicicleta. Algunos turistas recorrían la ciudad con sus modernas cámaras fotográficas, capturando paisajes y momentos para el recuerdo.
- Alex, ¿otra vez a Boston? ¿Qué está pasando? - preguntó preocupada, mientras cruzaba los brazos.
- Nada Bella, nada! Sólo debo terminar con lo que quedó a medias aquel día de la tormenta - respondió el moreno acariciando sus brazos.
- Pero...
- Pero Nada Regina, no te preocupes ¿sí? Estaré de vuelta a penas termine con todos los pendientes. Discúlpame que no te lleve al estudio hoy, pero debo salir de inmediato.
- No hay problema, caminaré... Y respecto a tu viaje... Llámame en cuanto llegues.
- Lo haré - dijo sonriendo cariñosamente. La besó en la frente y luego en los labios - Te amo - subió a su auto y se fue.
Ojalá ella pudiera decirle que también lo amaba, suspiró resignada. Si bien, sentimientos de amor no existían por el moreno de ojos verdes, gran cariño y gratitud sí. Estaba preocupada por él, últimamente lo había visto algo inquieto y tensionado, todas sus atenciones eran para ella, pero a pesar de eso ella lo había notado y no se sacaba de la cabeza de que algo le ocultaba. Pero... ¿Quién era ella para molestarse por estar ocultándole algo?. Al fin y al cabo ella hacía lo mismo con el asunto de David, su bebé y su vida. Tal vez ya iba siendo hora de que le contara lo ocurrido hace algunos meses atrás. No sólo por el hecho de que él le dijera que le pasaba, sino también porque él se merecía saberlo. Era un muy buen amigo, formaba parte importante de su vida y ocupaba un lugar especial en su negro corazón.
Subió a su departamento, tomó su bolsa que se encontraba en el mueble, sus llaves, su teléfono que se encontraba cargando y volvió a salir. Ni bien puso un pie en la calle, se topó con un par de ojos azules.
- ¡Hey Regina!
- ¡Hola David! - no sabía si detenerse a conversar con él o simplemente seguir su camino al estudio, era la segunda vez que se encontraba con él en la semana y no quería que pensara que no quería hablarle, ni pasar un rato junto a él. El príncipe se dio cuenta del dilema de la morena, así que preguntó:
- ¿Camino al trabajo?
- Así es
- ¿Te molesta si te acompaño? También voy al mío...
- Oh, no, claro que no. Siempre es bienvenida una buena compañía. - el corazón de David se saltó un latido. La dueña de su corazón apreciaba su compañía. Regina se maldijo mentalmente por lo que dijo.
- ¡Vamos! - sonrió el príncipe.
Lado a lado los "amigos" fueron conversando sobre cosas aleatorias, mientras se habrían paso por las grandes calles de Burlington.
- Cierto, aún tengo tu ropa - dijo tímida la morena.
- ¡Oh! cualquier día paso a recogerla, no te preocupes.
- Mmmm, bueno... Yo puedo llevártela... Es lo menos que puedo hacer, luego de lo que hiciste ese día.
- no te preocupes, de verdad...
- Pero... - Regina miró la camisa de franela azul de cuadros que llevaba puesto el príncipe. David paró de caminar y la miró de frente.
- Majestad, ¿acaso piensa que esta camisa azul de cuadros, es lo único que tengo para usar? - Regina soltó una carcajada en medio de la calle la cual fue música para los oídos del rubio.
- Bueno, Príncipe Encantador, ¿Qué quería? Cada vez que lo veo, siempre lleva esa camisa. - soltó la morena y volvió a reír.
- ¡Hey Regina! Es mi camisa favorita, además tengo varias de la misma calidad, diseño y color...
- ¿En serio? – dijo en medio de risas.
- Sí, y si tanto quieres verme usando otro tipo de ropa, hoy mismo iré a tu departamento a recoger la que te presté - dijo el príncipe y volvieron a caminar.
- Ahh, entonces esas camisas de cuadros si son las únicas que tienes! – dijo en tono burlón la reina.
- No, no, Pero al parecer quieres verme usando lo que te presté - levantó una ceja - Así que hoy mismo voy por ella...
-¡Tonto! - exclamó golpeando el hombro del rubio. El príncipe río con la reacción de Regina - Ya hablaremos después - dijo al darse cuenta que estaban frente al estudio contable. - Tengo que entrar. - Él asintió y se acercó unos centímetros más. Regina se quedó inmóvil. Estaba tan cerca a ella que podía sentir su tibio aliento en su rostro ¿acaso él iba a…?
- Nos vemos después - dijo bajito e interrumpiendo su pensamiento, miró sus labios, luego sus ojos color chocolate, nuevamente sus labios, los cuales la reina abrió por instinto, él se acercó más y dejó un beso en su mejilla. Se separó de ella y siguió su camino.
- Adiós - susurró mientras lo observaba voltear en la siguiente esquina, pestañeo algunas veces y...
¡Cielos! ¿Qué había pasado ahí?... Por un momento creyó que el príncipe encantador la besaría... Y lo peor fue que ella había querido que lo hiciera. Su cercanía la estaba metiendo en grandes problemas con su yo interior, su mente y su corazón. Esto definitivamente era un error.
- ¿Alex? ¿Qué pasó? ¿Estás bien? - contestó el teléfono.
- Sí Bella, ¡estoy... Bien!
- Prometiste llamarme, apenas llegabas a Boston... Y son nueve y media de la noche, ¿qué está pasando? - la voz de la morena sonaba triste y preocupada.
- Discúlpame... Lo que pasó... fue... Bueno... Los dueños de la nueva empresa, para quien empezaremos a trabajar, tuvieron que hacer un viaje de imprevisto... Y bueno la reunión se postergó para mañana.
- Yaaa - no le creyó ni una sola palabra, con una mano en la cintura, se paseaba de un lado a otro en el espacio entre un mueble y otro. Azul, con tazón de ensalada de frutas en mano se sentó a esperar que su amiga terminara de hablar - Pero entonces ¿dónde estás?
- En Boston, me quedaré hasta mañana, quiero terminar con este asunto de una vez...
- ¡Alex! - dijo exaltada - No me quieras ver la cara de tonta, sé que me estás mintiendo
- Regina...
- Sólo espero, que cuando regreses, me digas que es lo que en verdad está pasando. Toda esta semana te he visto preocupado, intranquilo... Y de un momento a otro me dices que te vas a Boston, y ahora que te quedas allá...
- Regina, escucha...
- ¡No Alex!, Cuando regresas hablamos, ok?
- ok - sólo dijo el moreno. Tenía que pensar muy bien, si le decía o no la verdad - Buenas Noches.
- Buenas noches - finalizó la llamada. Colocó el celular en la mesita de centro y se sentó junto al hada.
- ¿qué pasa con el jefe?
- Es lo mismo que me pregunto Azul - dijo cubriéndose el rostro con ambas manos - sé que me está ocultando algo.
- ¿algo o... alguien? - preguntó. La morena se descubrió el rostro.
- No lo sé.
- Pero... Eso no es todo lo que te preocupa, ¿cierto? - la reina asintió.
- Yo también le oculto cosas, tú sabes cuales... Y siento que si le estoy pidiendo o mejor dicho exigiendo que me cuente que le pasa, yo también debo contarle aquello - respiró pesado - además... Hoy... David...
- ¿Qué tiene que ver David? - el hada frunció el ceño.
- Es que hoy... David... Pensé que... - fue interrumpida por el timbre. Ambas mujeres se miraron extrañadas. ¿Quién podría ser tan tarde?
- Yo abro - dijo la morena.
- ¡Regina buenas noches! - saludó el príncipe cuando la reina abrió la puerta - Vengo por mi ropa - una linda sonrisa en los finos labios del rubio se dibujó y la reina no pudo evitar sonreír al recordar la conversación de la tarde.
Ella volvió su mirada a Azul y la encontró con el ceño fruncido, nuevamente se dirigió a David y dijo:
- Adelante, pasa - el príncipe así lo hizo, ni bien puso un pie dentro del apartamento, el hada aún con el ceño fruncido se levantó con su ensalada de frutas en mano y se dirigió a la cocina.
- Buenas Noches Azul.
- Buenas noches - respondió sin mirar a David - Regina, me voy a descansar, hasta mañana - y se retiró a su habitación.
- ¿Qué pasa con ella?
- Discúlpala David ella no está de buen humor últimamente - el rubio levantó los hombros - Siéntate un momento voy por tu ropa - El príncipe así lo hizo y ella fue a su habitación.
De inmediato tomó una bolsa, abrió uno de sus cajones de su cómoda y sacó las dos prendas, la remera blanca y los bóxer gris, los dobló y colocó en la bolsa y nuevamente salió hacia donde estaba David.
- Aquí tienes, muchas gracias - el príncipe tomó la bolsa de las manos de la reina, el simple roce de sus manos los hizo estremecer - Regina al percatarse de ello, soltó la bolsa - Eh ¿te ofrezco algo de tomar?
- Mmh sólo agua está bien - contestó - ¿Qué tal el trabajo el día de hoy? - preguntó mientras la morena servía dos vasos con agua.
- Agotador, muchos papeles y documentos que analizar - le alcanzó un vaso y se sentó en el otro extremo del mismo mueble en donde se encontraba el príncipe - ¿Qué tal el tuyo?
- Tranquilo - bebió un poco de agua - ¿Y Alex?
- En Boston - respondió la morena, cuyo rostro reflejaba preocupación.
- ¿Problemas?
- No - dijo no muy convencida – sólo trabajo, él está trabajando.
- ¿Sabes que puedes contar conmigo, cierto? - acarició el dorso de su mano que se encontraba sobre su falda, la morena observó por algunos segundos esa demostración de afecto, la mano de él sobre la suya y luego dirigió su mirada a sus ojos, y por un instante se perdió en ellos olvidando a Alex y sus secretos, el azul de los ojos del rubio eran paz y tranquilidad para sus alma. Ojalá y estuvieran esos ojos cada vez que algo la preocupaba, ojalá y el azul profundo apareciera ante cada problema para reconfortarla, ojalá y al despertar cada mañana pudiera encontrar esa inmensidad azul para admirarla.
Pero había algo más en ese azul océano, algo que calentaba y hacia latir su corazón de una manera particular, ¿era eso de lo que los más grandes literarios y poetas de sus libros e historias hablaban cada vez que una bella historia de amor se desarrollaba? ¿Sería el amor que él había confesado sentir por ella? ¿Era posible que el amor se pudiera ver y sentir en una mirada?
Su corazón latió emocionado, ¿era tanto el amor que el rubio le profesaba? ella cerró los ojos y trató de negar aquel sentimiento tan presente y evidente que los ojos del rubio reflejaban. No podía ser, su corazón no podía reaccionar como lo estaba haciendo, No. ¿Y Esas ganas de querer abrazar al príncipe en ese momento?
El rubio colocó un mechón de su cabello tras su oreja y le acarició la mejilla. Fue en ese momento en que Regina despertó de aquel corto trance en que el azul de los ojos de David la había metido. ¿Qué tenían esos ojos que cada vez que los miraba se perdía en ellos? ¿Era magia, hechicería? Por Dios, ¡que estaba pensando! la única hechicera ahí era ella, y él, él era su paz. Y... ¡Cielos! Ahí estaban de nuevo esos pensamientos, ella no podía pensar en eso, ¡No! ¡David y ella No! ella tenía a su lado los ojos verdes de Alex.
- David - dijo la morena alejándose del tacto del príncipe y desviando la mirada de la del rubio - Es tarde, creo que debes irte... Yo estoy cansada, y como te dije, hoy fue un día agotador en el estudio y lo que más quiero en estos momentos es descansar.
- ¿Hice algo que te molestara? - preguntó poniéndose de pie y yendo hacia la puerta, donde se dirigía Regina.
- No! Sólo estoy cansada! - dijo tratando de mirar otro punto que no sean los azul océano.
- ¡Regina, Bonita, mírame, sé lo que te pasa, yo... Yo también lo siento, ¡aquí! - llevó la mano de la morena hacia su pecho, lugar donde el corazón del príncipe latía descompasado al darse cuenta que la mujer que amaba también tenía sentimientos por él, llenos de dudas, pero los habían... Y si ella se lo permitía... él podría convertir esas dudas en certezas.
- ¡David no!... Viniste por tu ropa y ya la tienes... Vete por favor - decía la morena mientras seguía tratando de no mirar los ojos del rubio, y tratando de alejar su mano del corazón de David... Que latía a mil por hora por ella.
"...Tus ojos me llevan lentamente al sol y tu boca me habla del amor y el corazón, Tu piel tiene el color de un rojo atardecer.
Y Es por ti... Que late mi corazón
Y Es por ti... Que brillan mis ojos hoy
Y Es por ti... Que he vuelto a hablar de amor
Y Es por ti... Que calma mi dolor..."
- Regina, dame una oportunidad de demostrarte mi amor, ¡por favor! Puedo verlo en tus ojos y sé que tú lo ves en los míos, ¡Te amo, Bonita! ¿De qué manera tengo que decírtelo para que me creas? Sin ti me siento perdido en esta ciudad, en este mundo. Y sólo cuando te veo siento mi mundo girar correctamente. Si eso no es amor, entonces ¿Qué es? – Tomó su mano - Regina te juro, te juro que he tratado de no pensar en ti... De sacarte de mi mente y mi corazón... Pero lo intentó y no puedo. No puedo y siento que estoy enloqueciendo.
- David, vas a despertar a Azul... No grites por favor. - rogaba la morena con su corazón latiendo fuertemente por todo lo que le decía el príncipe...
- No me importa, sé que esa antipática hada no me quiere a tu lado... Pero que se entere de una vez que TE AMO y que estoy dispuesto a todo para que también me ames. - decía mientras caminaba y se acercaba más a Regina, que por instinto también retrocedía y trataba de alejarse del rubio, pero para su mala suerte pero buena para él, la pared impidió su retroceso, y ahí al verse sin salida, no tuvo más opción que mirar los azul océano, David no lo pensó dos veces, se acercó y besó los labios de la morena, ella de inmediato llevó sus manos al pecho del rubio tratando de alejarlo, pero él tomó sus manos para impedírselo.
"...No pretendo que lo dejes todo por mi amor, no te digo que conmigo te va a ir mejor
Solo pido que no ignores a tu corazón, es el único que siempre tiene la razón.
He inventado mil razones para olvidarte, he luchado con mis ganas para no llamarte, mi promesa siempre ha sido ser un hombre fiel. Mi promesa es respetar tu piel
Y no dejaré de amarte, Aunque estés con Él..."
El beso no correspondido en un principio por Regina, terminó siendo el más dulce y apasionado que había recibido, ella dejó de empujar al príncipe y por un momento logró disfrutarlo, su corazón le gritaba que no se apartara pero la razón le decía que lo hiciera, y... ¿Qué se puede hacer cuando corazón y razón entran en discusión? Uno tenía que ganar... Y en esta ocasión la razón fue más fuerte que su corazón.
Sus piernas estaban temblando, ¿cuándo un beso te debilita a tal medida? Sólo cuando es uno, apasionado, inesperado y aquel que es dado por el amor de tu vida. Pero ella no quería creerlo.
Juntó todas las fuerzas que tenía y apartó al rubio de un empujón. Con la respiración entrecortada, las mejillas rosadas, los labios entreabiertos y los ojos llorosos, se pegó a la pared.
- No - no - vuelvas a hacer e - eso - sólo pudo decir, mientras trataba de recuperar el aliento. Se dirigió a la puerta, la abrió y sin mirar a David dijo:
- Vete...
- Regina… Mírame...
- VETE DAVID, NO QUIERO MIRARTE… VETE YAA... - gritó.
El rubio fue hasta la puerta y antes de salir dijo:
- Sé que me amas, Bonita... Lo pude sentir en ese beso, no voy a pedirte disculpas por habértelo robado, porque no me arrepiento, gracias a eso me he dado cuenta de muchas cosas y espero que tú también - él se volteó para salir del apartamento. Regina levantó la vista, las lágrimas rodaron por su rostro y cerró la puerta de un golpe, rabia era todo lo que sentía, por haberse dejado llevar, por haberlo disfrutado y por haber traicionado a Alex.
Azul había escuchado todo, cuando oyó el fuerte golpe de la puerta supo que el príncipe se había ido, salió de su habitación y fue a ver a Regina, quiso hablarle, pero la morena no se lo permitió.
- Ni una sola palabra Azul - le dio la espalda y se encerró en su habitación.
Al día siguiente...
El cómo ves un nuevo día depende de muchas cosas, de que tan animado estés para el trabajo o la escuela, de si dormiste bien, de si no tienes problemas ni preocupaciones, de si sabes las cosas que te esperan, de si estás dispuesto a vivir la rutina del día a día; y puede ser que de ahí salgan aquellas frases tales como: "te levantaste con el pie izquierdo o te levantaste con el pie derecho"
Para la morena de ojos castaños ese día sería pésimo, no había dormido por culpa de David y el beso robado que no salía de su cabeza y de sus labios, porque sí, cada vez que quería dormir, ella cerraba los ojos, y sentía los labios del rubio sobre los suyos, y se Maldecía por eso, Por su corazón traicionero y por lo que sentía había hecho al moreno. Ella había visto reflejado en los ojos del príncipe algo más que cariño... pero acaso el amor, ese sentimiento tan puro y mágico… ¿podría ser el resultado de una sola noche? Era ilógico! Se cubrió el rostro con la almohada.
Estaba preocupada, le había dicho a Alex que hoy hablarían y ella había pensado en contarle sobre su vida, el rubio y su bebé, pero ¿Y ese beso robado? ¿Tendría que contarle también?, Lo que el príncipe le había dicho antes de irse empezaba a hacerse realidad...pues empezaba a darse cuenta de muchas cosas, pero sobre todo de sus sentimientos y eso la asustaba.
Miró la hora en su teléfono, 11:30 de la mañana, no podía seguir acostada y sin dormir, así que se levantó. El departamento estaba en silencio, Azul había salido temprano al trabajo; aún en su camisón de dormir, fue hasta la cocina y se preparó un café, tenía que mantenerse despierta.
El timbre sonó y ella sabía quién era,
- Hola Bella, buenos días - dijo el moreno en tono preocupado, lucía cansado.
- Buenos días, pasa - se apartó de la puerta y Alex entró. Él la observó unos momentos y la vio triste y preocupada y pensó que era por su culpa, eso lo hacía enojar, él estaba para amarla, llenarla de mimos y hacerla sonreír, no para llenar su mente de preocupaciones - ¿has desayunado? - preguntó la morena
- Si desayuné en el camino... Regina verás... Yo...
- Antes de que sigas me gustaría hablar primero; siéntate por favor... - el moreno así lo hizo - Sé que ayer te pedí que me dijeras que era lo que te pasaba... porque sé... puedo sentir que hay algo que no me quieres decir...
- Regina...
- No espera... Es que... yo también... tengo cosas que contarte sobre mi vida, mi pasado y siento que si te estoy exigiendo que me digas y me cuentes lo tuyo... Yo también debo hacerlo.
- Bella, te dije que no tenías que hacerlo...
- Sí, pero siento que debo decírtelo, NECESITO decírtelo... - respiró nerviosa y el moreno sólo asintió, ella respiró algunas veces y comenzó su historia.
- Estoy en Vermont, porque escapé de Main - dijo mientras entrelazaba sus dedos - Yo hice algo de lo cual me arrepiento y me voy a avergonzar toda la vida - desvió la mirada hacia sus manos -
- Regina...
- Yo, yo traicioné a una de mis mejores amigas,... con su esposo - dijo la reina con las mejillas encendidas de vergüenza. Alex, no pudo evitar no sorprenderse - y... de esa noche que dormimos juntos... Yo, quedé embarazada - ella permaneció en silencio un momento mientras pasaban frente a ella los recuerdos de esos días.
- ¿Y tu bebe? ¿Dónde está? - interrogó el ojiverde preocupado. La morena levantó la vista de sus manos y ya con lágrimas en los ojos castaños respondió:
- El murió, lo perdí Alex - dijo entre sollozos - cuando Mary quien era mi amiga se enteró que yo esperaba un hijo de su esposo, yo... yo no sabía que hacer... Estaba asustada y muy avergonzada, él tampoco sabía que yo estaba embarazada y se me ocurrió la estúpida idea de escapar de Main... No quería tener que dar explicaciones a nadie, no quería ser parte de las habladurías de la gente, no quería que mi bebe fuera señalado, ni visto como un bastardo... Sé que fui una cobarde... - dijo tratando de controlar las lágrimas que caían incontrolables por su rostro - ... Y lo pagué muy muy caro, caí por las escaleras y maté a mi bebé...
- Hey, Regina cálmate fue un accidente... Tú no tuviste la culpa - la abrazó rogando para que su llanto cesara; pero el dolor de la reina era mucho, la muerte de su hijo sería una herida que nunca cicatrizaría.
- Sí la tuve Alex, si tan sólo hubiera sido valiente para asumir las consecuencias de mis actos, tal vez en estos momentos tuviera a mi bebé en mis brazos - dijo luego de soltarse del abrazo del moreno.
- Regina, tu no sabías lo que pasaría...
- Pero pasó y nunca me lo voy a perdonar - Alex la volvió a abrazar, Regina escondió su rostro en el cuello del moreno mientras aún lloraba y humedecía su camisa.
- Siento mucho tu pérdida… - le susurró en su oído mientras la abrazaba y acariciaba sus cabellos.
- ¿Él se llegó a enterar que esperabas un hijo suyo? – preguntó el moreno luego de ver que el llanto de Regina había cesado un poco
- El accidente fue muy fuerte, eso dijeron los médicos, yo perdí la conciencia y no supe nada hasta que desperté en el hospital de esta ciudad, fue Azul quien me trasladó a Vermont... y ya luego... - respiró fuerte - Apareció él - Alex frunció el ceño.
- ¿Él? - la reina asintió.
- David - dijo con las mejillas sonrosadas de vergüenza - Yo, yo no debí tomar tanto ese día, no a tal punto de no recordar nada y haber...
- ¡Espera! - dijo Alex, poniéndose de pie, la morena levantó la mirada que por un momento había desviado hacia sus manos - ¿Estás diciéndome que David se aprovechó de ti?
- No... No lo creo.
- Regina, no encuentro otra respuesta a lo que me cuentas, tú estabas tomada, no recuerdas lo ocurrido...
- Sí, pero David no es así...
- David, no está aquí sólo por querer saber sobre el hijo de ambos... Él está aquí con otras intenciones, es claro que está aquí por ti... lo supe desde el primer día que lo vi en el parque.
- Lo sé... - susurró
- ¿Y tú, Regina? - aguardó unos segundos mientras rogaba en silencio una respuesta clara de la reina - ¿Qué sientes por él? - terminó.
Ella se sintió acorralada con la pregunta... luego del beso de ayer... algunas cosas habían cambiado... y tanto pensamientos, pero principalmente sus sentimientos no estaban claros para dar una respuesta.
- Alex... no quiero hablar de David - dijo cruzando los brazos mientras se ponía de pie, le dio la espalda y se dirigió hacia la mesita donde reposaba el retrato de Henry y ella.
El moreno apartó la mirada, lo que no quería escuchar había sido dicho, se sintió perdido... su ángel de ojos castaños había evitado responder... y eso sólo podía significar una cosa... existían dudas. Dudas por lo que sentía hacia Nolan y dudas sobre sus sentimientos hacia él, eso le dolía porque podría significar que podía perderla; apretó los puños, respiró e intentó mantenerse tranquilo a pesar del miedo y la tristeza – se sentó en el sillón más cercano.
- Un mes después que cumplí 18, fui obligada a casarme... – Alex dirigió su vista nuevamente a Regina - él, él era... un hombre mucho mayor que yo...y nunca fue amable conmigo - dijo lo último en un susurro, Alex que había estado reponiéndose de la confesión anterior se puso de pie y fue hacia ella volteándola bruscamente provocando un susto en la morena.
- ¿Cómo? ¿Quién te obligó a casarte? - dijo con el rostro desencajado, mientras aún la sostenía por los hombros, las lágrimas resbalaron, bañando nuevamente el rostro de la reina.
- Mi Madre... ella... ella creía que el ascenso social era importante... y ese hombre era el adecuado para lograr aquello, y por lo tanto era el adecuado para mí... - El ojiverde estaba pasmado con la historia que Regina narraba - En ese entonces yo amaba a otra persona, pero ella lo alejó de mi lado, su objetivo era verme casada con Leopold, no escuchó mis ruegos cuando le suplicaba que no me obligara a casarme, simplemente no le importé, nunca le importé en lo más mínimo... eso siempre lo tuve claro.
- Regina, cariño! Lo siento tanto - la abrazó muy fuerte - ¿Y él? ¿Dónde está? Dime Bella, yo mismo iré a hacerle pagar todo el daño que te hizo - la morena se soltó del abrazo de Alex, colocó el porta retrato que aún llevaba en la mano en la mesita de centro y se dirigió a sentarse a uno de los sillones.
- Mi noche de bodas y las que siguieron a ella fueron horrorosas, fueron seis años de lo mismo, de tanto dolor y sufrimiento que no podía seguir soportándolo y yo… yo lo maté.
Con la mirada perdida y entre sollozos, ella continuó narrando su historia... mientras el atónito ojiverde intentaba procesar la última frase mencionada.
-Cada vez que él venía a mi recámara, él se preparaba tomando una infusión que le habían recomendado aumentaba la potencia sexual, la cual en exceso ocasionaba arritmias que podían llevar a taquicardias y luego a un paro cardiaco, esa noche sabía que vendría por mí, había bebido mucho, él estaba feliz porque había logrado firmar tratos con otros... empresarios. Yo... yo...coloqué una dosis extra en esa infusión... y él nunca llegó a mi habitación... un paro cardiaco lo fulminó mientras se dirigía a verme...
Yo callé, callé... tal cual lo hace un asesino cuando intenta ocultar sus crímenes... un día después me enteré que culparon a uno de sus socios y amigo de haberlo matado, y yo... no dije nada Alex, tenía miedo, no quería estar encerrada... no más... fueron seis años que él me tuvo en su casa como una prisionera... sirviéndole como él deseaba y sólo veía el sol desde mi ventana o cuando él quería lucirme frente a sus amigos... - se secó unas lágrimas - luego de su muerte, yo cambié, cambié por completo... decidí que no iba a permitir que nadie me humillara y me tratara mal... esta vez sería diferente, sería yo quien humillaría... en Main llegaron a temerme... y ver el miedo en sus ojos me hacía sentirme fuerte y segura... así viví unos años, sola, mis padres fallecieron y yo estaba sola... fue ahí cuando decidí adoptar a mi pequeño príncipe, ese niño llenó mi corazón como no tienes idea, era y es mi felicidad y adoración... – calló unos segundos mientras el rostro de Henry aparecía en su mente - cuando cumplió 10 años... no sé cómo, pero descubrió que yo no era su madre... todo cambió entre nosotros... él dejo de verme como su heroína y madre y pasó a odiarme... Tanto fue su odio hacia mí que escapó de casa para buscar a su madre biológica, recuerdo ese día perfectamente estaba tan angustiada y preocupada, no sabía nada de él desde que había salido para la escuela… regresó en la noche, junto a ella, la había encontrado y decidió que quería vivir con su verdadera madre, hice de todo por evitar que se fuera de mi lado...pero no lo logré... pasaron muchas cosas y años para que el volviera acercarse a mí de nuevo... para luego perderlo nuevamente por lo que pasó con David... fui yo quién lo alejó nuevamente... Yo y mis estúpidas acciones.
El ojiverde, no había dicho nada, había dejado que la reina terminara la narración de la historia de su vida. Nunca imaginó que la mujer que amaba tuviera un pasado tan liado y complejo, era mucho sufrimiento para una sola persona; pérdidas, tristeza, un asesinato, no por maldad, ni por poder, había sido un asesinato en autodefensa... El cual no era justificable... pero podía comprenderlo puesto que la morena no tenía a nadie para que la ayudara o la defendiera de aquel asqueroso que tanto daño le había hecho...
- Yo, puedo comprender, si has cambiado tu percepción sobre mí - se secó una lágrima - como verás yo, no soy tan buena y la gran mujer que siempre pensaste que era, lamento defraudarte y puedo entender si quieres dejar de verme... Solo te pido, por favor Alex, que lo que te dije aquí, se quede aquí... y…
- Lo que me has contado, me tomó por sorpresa, lo admito... - dijo interrumpiendo a la reina - era algo que no me esperaba - Regina bajó la mirada avergonzada - ¡Hey! - levantó su mentón cariñosamente - Sé que lo ocurrido en Main, no fue por maldad, te conozco Bella, en estos meses en los que hemos estado juntos, he podido apreciar tu corazón, "tu gran corazón", te equivocaste, como todos lo hacemos y a pesar que no tuviste culpa alguna de lo ocurrido, puedo ver en tus ojos tu arrepentimiento – besó su frente - y respecto a tu primer matrimonio sólo puedo decirte que... Ojala y hubiera estado yo, para defenderte y salvarte de ese miserable...no sabes el coraje que siento al saber que has sufrido tanto a manos de él, no justifico un asesinato, pero puedo comprender tu dolor y la impotencia que sentías al verte sola... - Regina lo abrazó, cortando las palabras del moreno, él besó su mejilla correspondiendo su abrazo.
- No quiero ver en tu rostro tristeza, ni lágrimas, te amo y me duele verte así, esos hermosos ojos tuyos tienen prohibido derramar una lágrima más, ¿Hey, me escuchaste? - preguntó él al ver la lágrima que inevitablemente cayó por su mejilla, la secó y besó el lugar por donde había resbalado. La morena sonrió. Él amaba tanto verla sonreír, que capturó sus labios con los suyos en un beso calmo pero lleno de amor.
Alex se acomodó en el mueble con ella en brazos mientras daba pequeños masajes a su espalda, esperando que se tranquilizara luego de tantas emociones contadas y compartidas.
- ¿Qué te parece si pasamos el día juntos? - dijo el moreno luego de besar la frente de la reina.
- Oh, no Alex, tenemos trabajo en unos minutos, ¡Cielos es tardísimo! - dijo luego de mirar el reloj de pared - Espérame me cambio rapi...
- Regina, no, hoy no trabajaremos - ella lo miró extrañada.
- ¿Qué? No... hay muchas documentos pendientes.
- Bella, hoy quiero consentirte - acarició su mejilla - y empezaré llamando a avisar que hoy no iremos a trabajar - el moreno sacó su teléfono y sonrió para ella.
- ¿Estás seguro?
- Claro que sí.
- Gracias - dijo acercándose y besando su mejilla - Gracias por todo.
- De nada Bella, ¿Qué tal si primero empezamos, preparando una de mis deliciosas especialidades italianas? - Ella rió y secó algunas lágrimas de sus mejillas con sus pulgares, aquellas que el viento no había podido secar.
- Me parece perfecto - sonrió ella mientras seguía al moreno, quien ya se encontraba revisando la alacena en busca de los ingredientes.
- ¿Alex? - el moreno se giró para observar a su ángel - ¿Me contarás que te tiene tan preocupado? – él fingió una sonrisa.
- Ven - fue hasta ella, tomó su mano y la guio a sentarse, respiró algunas veces y dijo:
- Un mes atrás empecé con algunos sangrados a nivel de encías, y las fosas nasales; me preocupé - Regina frunció el ceño preocupada - fui a hacerme unos análisis a Boston...
- ¿Estás bien? - dijo la morena...con miedo en su voz.
- Sí, los análisis salieron bien, el diagnóstico que me dieron fue, Fragilidad Capilar, me dieron algunas vitaminas y cauterizaron los vasitos de la nariz...
- Perooo, ¿Por qué, no me dijiste? Yo te hubiera acompañado a hacerte esos análisis... Además, ¿Por qué no te los hiciste acá? ¿Era necesario, viajar a otro estado para ello? - Alex tragó en seco.
- Verás Bella... El médico de la familia trabaja allá... es él quien tiene mi historia clínica y en quien confío... fue por ello que viajé... Y no te lo dije porque no quería preocuparte... así como lo estás ahora - dijo acariciando su mejilla y tratando de tranquilizarla...
- Pero, Alex... viajar dos veces... y una de ellas ¿quedarte?,
- Lo que pasa es que él viajó de improviso también... y yo necesitaba los resultados de esos análisis para estar tranquilo, decidí quedarme y esperarlo para que me los diera de una vez… - ella miró sus ojos verdes, tratando de encontrar una señal… una señal que dijera lo opuesto a lo que decía su voz, pero no encontró ninguna, él ojiverde mantuvo su mirada fijada en la de Regina y ella le creyó.
- ¿Seguro, estás bien?
- Si Bella, estoy perfectamente bien - dijo dando una vuelta en su lugar, lo cual hizo reír a la reina - no quiero que te preocupes, ¿sí?, todo está bien - Besó sus labios, ella asintió y sonrió.
- Ahora sí, que te parece si nos ponemos manos a la obra con nuestro almuerzo?
- Bien - dijo ella. Él una vez más fingió una sonrisa, la cual la reina no percibió y se volvió a seguir buscando los ingredientes necesarios.
Él había venido decidido a contarle toda la verdad, pero después de la plática reciente y de las dudas de Regina en sus sentimientos hacia él, había cambiado de opinión, no quería preocuparla, meterla en líos y mucho menos perderla.
Respecto a David, ella le había contado que sólo estuvieron juntos una vez... Era algo estúpido suponer y mucho más creer, que Nolan se haya enamorado de Regina sólo por haber pasado la noche con ella una sola vez. ¿O sería que antes de lo ocurrido entre ellos, ya había habido sentimientos de por medio por parte de él?¿Y por parte de ella? No. Lo más probable es que ese tipo debería estar obsesionado con su ángel de ojos castaños.
¿alguna opinión?
