Nueve

Not a normal sandstorm

Anteriormente

"—En dos días ¿eh?… —dijo tras un largo suspiro, dejando su mente en blanco, sintiendo el cosquilleo que las hojas del césped producía en sus piernas al mecerse con el viento. La mano rojiza se dirigió al su cara, acariciando la marca sobre su ojo y sintiendo la humedad de una sencilla lagrima.

Si su mente estaba en blanco… entonces ¿Qué significa esa lágrima?

Una lágrima es de su alma la expresión."

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Aquellos días se escurrieron como agua entre los dedos, la noticia del suicidio de uno de los más influyentes ministros dentro de la nobleza consternó a todos los que pertenecen a ese pequeño círculo y principalmente a Allen tras escuchar de primera mano los hechos narrados por Link, quien daba el aviso que no tardó en llegar a oídos de los generales y demás miembros del consejo. No dejarían que dicho acontecimiento manchara la pulcra imagen de la nobleza de Lemuria, por lo que el caso e investigaciones de lo ocurrido fueron llevados con hermetismo, con el clérigo Leverrier como principal testigo de aquella fatídica tragedia.

Fueron días de fingida calma y tranquilidad, tiempo que Allen pasó junto a Link supervisados por Bookman y el general Cross; arreglando los preparativos para su viaje a través del continente, además de dejar todos sus deberes dentro del consejo completados, aunque no eran muchos en realidad. Quería que su ausencia fuera lo menos notoria posible en el reino, a pesar de que gran parte de los habitantes de Cuargeo y las ciudades cercanas estaban al tanto de su partida, muy pocos sabían los motivos reales tras dicho suceso. Acordando ambos reinos que la noticia sería dada una vez el compromiso sea oficial luego de cumplirse 30 días exactos desde que Allen llegue a la capital Atlas, con el fin de darles a los príncipes un poco de tiempo para convivir y relacionarse, preparándose para el futuro enlace.

— ¿Seguro que no necesitaras nada más para tu viaje? —Miranda pregunta con inquietud, casi a punto de llorar por la despedida—. Puse en tu bolso principal todo el repertorio de primeros auxilios por si ocurre alguna emergencia. Además de los supresores, ¡los cuales nunca debes olvidar!, también tu pijama favorita, una lista detallada con los nombres de excelentes recetas y su procedimiento escritas personalmente por Jerry para que no te sientas muy lejos de casa; sogas y botes con chile picante, una bolsa llena de dangos, tapones para los oídos, las tiaras y joyas reales, tu Sherwani y armadura de batalla, el que usarás en tu presentación, un traje de baño, cinco pares de capas para que te protéjas del sol y la arena... —al inicio en voz alta, convirtiéndose luego en un murmullo rápido y aterrador en el que solo se cercioraba de haber puesto suficientes cosas dentro de ese pequeño compartimento de carga a un costado del grifo.

—Te lo agradezco Miranda... pero creo que Tim no será capaz de volar con tanto peso —añadió agitando las manos buscando llamar su atención sin asustarla pues estaba ensimismada en la lista mental de cosas que según ella son de vital prioridad para su príncipe.

Mientras tanto aquel grifo dorado hacia un intento bestial y exagerado para siquiera poder mover sus sarpas sin caer al suelo debido al peso de dicho contenedor. Fuera de su jaula y "listo" para emprender vuelo junto a los demás emplumados de diferentes colores que esperaban a ser montados. En una despedida sin tantos rodeos y celebraciones, en la que viajaría el príncipe junto a una comitiva de siete personas; entre ellas su asistente Link, cuatro soldados alfas como escolta de defensa, y finalmente el erudito Bookman y su nieto Lavi.

— ¡Hoy será un gran día! —lanza un suspiro el pelirrojo que aprovechó la distracción de ambos para acercarse y colar su brazo sobre el cuello del albino, sonriendo ampliamente dejando a la vista su ojo esmeralda bañado por el brillo nefelibata de salir junto a su amigo en un viaje diplomático sin precedentes en la historia del reino desde aquella fatídica catástrofe.

—Así es, Gea les proveerá de un cielo despejado ademas de su bendición y protección para tan largo viaje, vuelen con cuidado —añade la omega juntando las manos sobre su pecho y cerrando los ojos en una plegaria, saliendo de su trance y terminando de listar quien sabe cuántas cosas más dentro del maletín sobre Timcampy.

—No debe preocuparse, nosotros cuidaremos bien de él —decía Lavi mientras presionaba con su dedo índice la mejilla de Allen, quien hacia un gracioso mohín en respuesta.

—Puede que sea yo quien tenga que cuidar de ti, tiendes a meterte en problemas más seguido de lo que me gustaría aceptar, ya que también me veo envuelto en la mayoría de ellos —responde con burla. Terminando en las risas de todos, relajando el tenso ambiente antes de la partida.

Solo fue cuestión de minutos para retirar el exceso de carga en su grifo y cargar con las provisiones del tiempo en el que tardarían en salir de la zona desértica, entre el límite de Cuargeo y la ciudad nebulosa de Didierite. Ya todos estaban en el Grerto, la mayoría sobre sus grifos esperando el abrir de las compuertas, dándole al príncipe unos últimos minutos para despedirse.

— ¿Dónde está Cross? —pregunta Allen luego de separarse del abrazo de Miranda en medio de un mar de lágrimas y emotividad de parte de la castaña y unas cuantas lágrimas y palabras de agradecimiento de su parte. Ya se había despedido de Jerry y los demás miembros de la servidumbre del palacio, aquellos quienes consideraba como su familia, quienes estaban unos metros tras Miranda, dando gritos de ánimo y agitando las manos… pero aún faltaba una persona, aquel arrogante y mujeriego alfa que se convirtió en su figura paterna y guía por el sendero de la nobleza.

Tenía tanto que decirle, agradecerle, muchas cosas acumuladas en su garganta junto al llanto que se rehusaba a dejar notar más allá de tenues lágrimas cristalizando sus grises orbes.

— ¡Ah!... lo la-lamento, él no vendrá, dijo algo como que "las despedidas emotivas son para princesas" y desapareció hace un par de horas… —confesó Miranda apenada por la desilusión en el semblante de Allen—. Pe-pero me dijo que te entregara esto —con nerviosismo saca del delantal sobre su vestido una carta sellada con cera.

Allen la toma dudoso, observando el sobre que tenía impregnado el profundo olor a licor como sello distintivo del remitente. Apresurándose a abrir la carta, alertando a la castaña.

— ¡Espera! …me dijo además que no podías abrirla hasta que estuvieras fuera de la ciudad —añadió agitando sus manos y alzando las cejas preocupada.

—Eeh… bueno, si él lo dice —Allen responde con una sonrisa para calmar a la omega, guardando la pieza de papel dentro del bolso sobre Tim, dando una última mirada al Grerto y a los que se quedarían en el lugar.

Tomando asiento sobre la montura, sosteniendo las riendas, asiente con su cabeza como señal de estar listo para partir. El viaje tomaría alrededor de un mes sin contratiempos, pero el cambiante clima sobre todo en las zonas de dunas aledañas a la capital les harían tomar en cuenta un periodo extra de una semana. Debían llegar antes de la fecha indicada al reino de Atlántida, de llegar con tardanza no solo causaría la molestia del consejo real atlante, sino que también podría afectar el compromiso y el tratado con la ayuda de suma importancia para los lemurianos. Mucha presión e intereses están en juego… y el peso de estos recae sobre los hombros del príncipe.

En una sincronizada coreografía las ocho poderosas bestias emplumadas saltaron a través de la apertura en lo alto del palacio; el hermoso y elegante movimiento de las alas extendiéndose, los rugidos, gráciles y ansiosos por sentir el viento entre las plumas, los pasajeros calmos frente a la mortal caída bajo sus narices…

Fue así como Gea dió inicio a su plan... el inicio de grandes cambios en Lemuria y en la vida del príncipe omega Allen Walker.

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El grupo de jinetes hacía suaves maniobras bajo las escasas nubes, alejándose cada vez más de la capital y sus bullicios, adentrándose en el mar de arena y riscos desérticos sin poder huir de los inclementes rayos solares del área.

Desde su partida Allen había permanecido en silencio y cabizbajo. Con muchos pensamientos abordándole, siendo el principal la dificultad para aceptar el largo viaje sin retorno cercano; extrañaría todas y cada una de las costumbres de su reino, de hecho las extrañó desde el momento en que su grifo alzó vuelo lejos del palacio, de la tierra que lo vio crecer, y próximamente del reino que le vio nacer.

Sabía gracias a sus estudios además de las historias relatadas por su padre, Cross, Bookman y el mismo Lavi que Atlántida es un mundo dentro del propio mundo. Con idiosincrasia e ideologías que contrastan con las de su reino, además de un entorno acuático y húmedo que dista de las características de Lemuria. Desde pequeño fue instruido en etiqueta y costumbres generales de Atlántida como parte de sus deberes como príncipe y mediador diplomático, pero no quería admitir que le provocaba miedo y nerviosismo solo imaginarse a sí mismo haciendo algo que pueda ser inadecuado o interpretado como ofensivo para los atlantes. Debía ser muy observador y precavido al llegar.

Absorto en sus pensamientos no notó cuando Lavi se acercó; Timcampy se había quedado rezagado en el vuelo a causa del peso extra, a pesar de que gran parte fue removido aún era excesivo para él.

—Te noto muy callado Allen, este debería un excelente recuerdo, además es la primera vez que viajamos juntos tan lejos… —añade haciendo una maniobra sobre el lomo del animal, quedando recostado, cruzado de piernas y muy cómodo juntando las manos tras su cabeza, a decenas de metros de altura— ¡Imagina! ¡La cantidad de bestias marinas míticas!, los abismales cañones tallados por el paso del agua, los espesos bosques... la lluvia torrencial ¡y una nueva aventura! ¿No era este tu sueño desde que eras cachorro? —pregunta con voz socarrona posando su ojo esmeralda sobre el omega que parecía estar nervioso con la actitud relajada que tenía al estar en esa peligrosa posición.

—Mi sueño no empezaba de esta manera Lavi, ni terminaba en algún lugar siendo la moneda de cambio, pero no puedo retractarme ahora, es por el bien de mi pueblo —responde sin titubear encarando al pelirrojo ya con su semblante más calmo, agradeciendo internamente la intención del alfa; Lavi estaba preocupado y a pesar de no demostrarlo ni decírselo de forma directa siempre terminaba por hacerle entrar en razón y hacerle ver el lado positivo a las cosas.

—Aaah~ siempre tan noble y sincero. No le des tantas vueltas al asunto, está bien ser egoísta en ocasiones… sólo disfruta del viaje y grábalo en tu memoria —dice en respuesta, apuntando a su cabeza, junto a un suspiro para relajar el triste ambiente que rodeaba a Allen. Este de inmediato esbozó una diminuta sonrisa, escondiendo los ojos tras su blanco flequillo.

Su corta conversación se vio interrumpida por el ruido de un golpe seco, Bookman hábilmente lanzó un guijarro con extrema precisión que dió directo en la cabeza del pelirrojo.

— ¡Auch! ¿Por qué lo hiciste, Panda? ¿De dónde sacaste eso? —gruñó masajeando la zona afectada por el golpe bajo la risa discreta de Allen.

—Si te caes de la montura no nos detendremos a recogerte. —Responde el mayor bajo el mohín que el alfa hacía —Compórtate como el noble que eres y maneja correctamente a tu grifo, hay más de donde salió ese guijarro si no lo haces —agregó con el ceño fruncido sin voltear a mirarle, luego dando la orden a su grifo para regresar a la posición delantera en la que estaba anteriormente. Lavi optó por sentarse de la forma correcta sin rechistar, mascullando unos cuantos murmullos que eran debidos al dolor que aun sentía tras el golpe.

—Para ser un alfa veterano aún tiene bastantes fuerzas —habla Allen luego de quedarse ambos solos nuevamente, el ojiverde asintió con la cabeza en respuesta con una mueca infantil.

—Aún necesita de esas fuerzas mientras sea el líder del clan de los Bookman —musitó sonriendo, sin ocultar cierta mirada pensativa puesta en la espalda de su abuelo volando cerca de Link y los soldados que les acompañaban—. Sabes Allen, después de que el viejo Panda se retire yo tomare su cargo, tarde o temprano también enfrentaré algo para lo que aún no estoy preparado… —añade bajo la mirada de asombro del albino—. Te comprendo, y al mismo tiempo te admiro. A pesar de todo lo que está en tu contra siempre sonríes y mantienes tu frente en alto, mantienes la esperanza de que todo cambiará para bien con las decisiones que tomarás a partir de ahora… ¿no son esas las cualidades de un líder?

Esas palabras tocaron cierta fibra sensible dentro de su corazón. Allen comprendió en ese momento la idea que los demás tenían de él, además de que no estaba solo; finalmente, tras años de traumas y pensamientos pesimistas sobre su futuro pudo entender el significado de las palabras de su madre, que en aquella ocasión le parecieron duras y desalentadoras.

Una mirada comprensiva de parte de Lavi bastó para que la conversación pasara de largo y un reconfortante silencio dejara a ambos pensando en sus propias obligaciones, uno de ellos afrontándolas en esos momentos… el otro esperando con resignación. Compartiendo algo en común.

Lavi… pronto tendrás las cualidades para ser un líder, no… estoy seguro de que ya eres un líder... en cambio yo… ¿Puedo ser egoísta almenos una vez en mi vida? — Se preguntó a sí mismo en un fugaz pensamiento regresando su vista al horizonte —no puedo escoger mi futuro, ni cambiar mi pasado…

pero me encargaré de forjar mi propio destino, uno en el que pueda protegerlos a todos…

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La larga travesía y el tranquilo vuelo pronto se vieron afectados.

— ¿Qué sucede? —pregunta Link, logrando que los demas bajaran la velocidad de vuelo. La vista de todos estaba puesta en el más viejo del grupo. La mirada indescifrable de Bookman y la señal que hacía con su mano indicaban que algo no estaba bien. Lavi también adoptó un semblante serio al llegar a la delantera, mirando hacia un punto perdido en el horizonte árido. Al ser experimentados viajeros y poseer la mejor memoria de todo Hollow Earth los Bookman conocen cientos de peligros, además de saber identificarlos casi de inmediato. Aun faltaban muchos kilómetros para salir de la zona desértica, detectar a tiempo que algo anda mal puede ser el salvador de una muerte horrenda para ellos. Motivo por el cual los Bookman fueron enviados junto al príncipe en su viaje.

—El viento se siente diferente —exclama Allen, empezando a notar algo inusual, mirando con desconcierto hacia abajo; no había más que dunas por donde miraran, con suerte algunas rocas sobresalían acompañadas de plantas que alguna vez estuvieron vivas.

—Debemos tocar tierra cuanto antes—, dijo en respuesta el erudito vendo de soslayo a todos a su espalda con preocupación —se aproxima una tormenta de arena, si nos toma en vuelo estaremos en problemas. Nos moveremos por el suelo hasta que pase —. Añadió ajustando las riendas, empezando a descender seguido del beta de cabellos rubios que dio la señal para aterrizar siendo imitado por los demás.

Llevaban casi medio día de vuelo ininterrumpido, cuando finalmente las garras de los grifos se incrustaron en la arena, decidieron hacer una leve pausa. Tal y como dijo Allen, el viento se sentía cada vez más cálido, además de empezarse a opacar el campo de visión por las partículas de arena que ya estaban atrapando en su interior a los viajeros y bloqueando la luz del sol.

Los lentes especiales y sus capas eran sofocantes con el infernal calor a su alrededor, pero eran la única protección que tenían contra la tormenta de arena que arrasa con velocidad suficiente como para irritar la piel expuesta y dejar severos daños en los ojos. A diferencia de los grifos que están bien adaptados al entorno seco sumado a las brillantes armaduras que les acorazaban…

Las patas de Timcampy se hundían en la arena, con la cabeza gacha y las alas encogidas protegiendo a Allen sobre su lomo, caminaban junto a los demás con torpeza. Cada paso era más lento que el anterior a medida que buscaban alejarse de la parte más fuerte de la tormenta, necesitaban encontrar una roca o un conjunto de árboles que sirvieran como barrera cortante de los fuertes vientos que hacían tambalear a las pesadas bestias voladoras. Debían encontrar un refugio para pasar el resto del día y ponerse a salvo.

La interferencia de la tormenta no les permitió percatarse de que eran observados…

En tierra son más vulnerables ante los ataques…

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Al otro lado del inclemente desierto que protege la capital del reino… en una ciudad igual en dimensiones en medio de un bosque nebuloso.

Didierite, la ciudad verde, santuario del bosque sagrado de Onns. Poseedora de imponentes montañas, ríos y valles; es la segunda ciudad con mayor riqueza en todo el reino. Un lugar en el que la maldición de Erebo no tiene gran efecto, gracias al poder de la barrera que proviene del interior del misterioso bosque que alberga innumerables secretos… Es en las profundidades de este mágico lugar, cercano a la zona habitacional, que dos sujetos protagonizaban una extraña escena.

—Mueve tu trasero holgazán, ¿acaso buscas enfurecer al Conde? —la mujer alfa de largos cabellos negros lanza una patada con la punta de su estilizado zapato. El cuerpo que permanecía inmóvil sobre el cómodo lecho de hojas dejó los cálidos brazos de Morfeo para removerse del lugar, dejando salir de sus labios un quejido de disgusto.

—Déjame dormir unos minutos más… —encarando con pesadumbre y molestia los ojos ámbar de su hermana.

—En unos minutos más serán casi dos semanas.

—Eres molesta —musitó el moreno, despertando en totalidad para acomodarse y apoyarse en la pared mohosa que le brindaba la corteza de un enorme árbol. Toma de su bolsillo un cigarro que no duda en prender, dejando sus cabellos alborotados y el rastro de saliva seca aun en su lugar lanzando el humo en dirección al rostro de la pelinegra, haciendo que gruñera con fastidio.

—No soy molesta, solo te recuerdo la misión a la que fuiste enviado, la que por cierto no has retomado por pasar de fiesta con tus amigos betas… date cuenta que eres un ser superior a la escoria adoradora de Gea… tus amiguitos por ejemplo, ¿Por qué no simplemente los matas y dejas de jugar al honrado alfa campesino? —le pregunta adoptando una pose de arrogancia—. ¿Acaso quieres que los demás se enteren de tu secreto?

—No son "amiguitos"… tienen nombre ¿sabes?, son Eeez, Fred y Resmus —fulmina con la mirada a la morena que no se perturba con los filosos ámbar que le advertían no seguir tocando el tema. —Si hablar de misiones es lo que quieres, bien… ¿Quién fue la que falló en su búsqueda del oráculo? ¿Quién desaprovechó a toda una horda de akumas y esbirros? ¡Ah! yo sé quién fue… esa fuiste tú. Y por esa misma razón aun no encaras al Conde —responde ladeando su cabeza, y ensanchando una sínica sonrisa.

—¡Eres un maldito… —espetó en un gruñido, el alfa había logrado hacerla enfadar debido a su hilaridad; se notaba por el tono grisáceo que empezaba a teñir su cuerpo mientras filosos colmillos se hacían presentes en la mueca de sus labios. Presionando con su pierna el tronco mohoso tras la espalda de Tyki con la fuerza suficiente para romperlo y partirle literalmente en dos.

El estruendo y el polvo parecían que delataban la escena de un terrible homicidio. El tronco partido había aplastado por completo al noah.

—Sé muy bien lo que tengo que hacer Lulu, no necesito que me lo recuerdes. —Se escucha la voz del alfa bajo el pesado árbol, que luego es movido por su mano como si fuera una delgada rama, sin ningún rasguño o golpe se pone de pie para sacudir sus ropas, lamentando únicamente haber perdido el cigarro sin terminar—. Encontrar a Road en Atlas será como encontrar una aguja en un pajar, la mocosa ha aprendido a camuflarse bien entre las personas. —Musita tras un suspiro.

Ella mantenía su expresión fúrica, colocando su mano sobre el ceño fruncido.

—Antes de partir tuve que inventar una excusa para que Sheril se quedara junto a Wisely y los demás. Pero será mejor que me vaya, antes de que termines de destruir este bosque y los guerreros sagrados rastreen la zona —añade Tyki mientras peina con la mano su alborotado cabello, encogiéndose de hombros como si el gran escándalo que provocó la azabache no hubiera sido de importancia.

Tras un pesado silencio ambos noah cambiaron su semblante por uno más calmo, era una pérdida de tiempo el discutir entre ellos. Tyki había tenido suficiente por ese día, optando por la sabia decisión de retirarse, dejando atrás la ciudad para cumplir con su misión de una vez por todas... luego tendría el tiempo para visitar nuevamente a sus amigos.

Sin decir palabra alguna, caminó pasando de largo a la joven de mirada ámbar.

—Tyki… —le llamó, haciendo que el mencionado se detuviera sin regresarle la mirada—. Se me olvidaba… —apunta su mirada filosa junto a una lúgubre voz —el príncipe Walker finalmente dejó la seguridad de la madriguera de su palacio… no interfieras en sus asuntos—. Revela bajo la mirada de asombro que él le dedica al darse vuelta y encararla.

— ¿Por qué habría yo de buscar a ese cachorro mimado? —responde escondiendo inútilmente el sentimiento de euforia tras la noticia, mirándola indiferente.

—Porque te conozco muy bien, no pudiste matarlo en ese entonces, y tratarás de hacerlo en esta ocasión, aprovechando el hecho de que vienen a esta ciudad… no debo ser el oráculo para adivinarlo —le reprocha cerrando sus ojos y cruzándose de brazos.

— ¿Tu cómo sabes que viene aquí? —cuestiona impaciente, la emoción empezaba a correr por su sangre, imaginando mil y un escenarios en los que podría brindarle al príncipe la peor y más dolorosa muerte agónica.

—Tengo mis medios… —espetó ladeando su cabeza—. Como sea, debiste matarlo cuando pudiste, ahora el Conde tiene un propósito especial para él… así que lo diré una vez más… no interfieras. —Sentenció, usando su Voz de Alfa para resaltar lo último.

Su Voz no tenía algún efecto sobre él debido a la gerarquia del clan, estando en un nivel superior, pero no pudo evitar chasquear la lengua con fastidio, para acto seguido reanudar sus pasos buscando salir del dédalo del bosque…

De acuerdo… no puedo matarlo, pero si puedo jugar un rato con él. —Pensaba mientras su rostro se desfiguraba en una sórdida sonrisa a medida que su silueta se perdía en la bruma.

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Tres soldados de gran tamaño y musculatura, vencidos por los agiles movimientos y la descomunal fuerza del alfa de ojos zafiro. Ya nadie se atrevía a practicar con el estoico príncipe, menos retarle… los buscadores y Guerreros Sagrados rumoraban que era simple sinónimo de suicidio. Solo unos pocos se atrevían a practicar con él, terminando de la misma forma siempre.

Tirados en el suelo, con las espadas de madera que usan para practicar partidas a la mitad sumado a golpes y hematomas, respirando cansados mientras que de pie sobre la alfombra Kanda estaba en perfectas condiciones, ni siquiera se podía observar sudor en su frente; años y años de práctica con la espada y artes marciales desde que hizo uso por primera vez de su inocencia hicieron de su resistencia y fuerza las merecedoras del título de alfa de alta categoría siendo muy joven, al haber derrotado a todos los generales atlantes más fuertes antes de cumplir sus 100 años.

Aquellos desdichados hombres pronto se fueron, dejando al azabache solo…

El sonido de un fuerte aplauso llamó su atención; su cabello caía de forma graciosa al estar colgado de cabeza, sostenido sólo por sus piernas flexionadas en una de las barras de entrenamiento, Alma aplaudía con ánimo siendo el único espectador de sus prácticas. Con una enorme sonrisa y de un sólo movimiento tomó impulso para lanzarse al suelo en una pirueta invertida, cayendo con estilo en una pose agraciada, acercándose a su hermano con su actitud tan alegre y jovial como siempre.

— ¡Eso fue increíble! Cada día eres más fuerte, sé que no hay nadie que pueda derrotarte… excepto yo —alardea con exageración y una infantil sonrisa, respirando profundo e hinchando su pecho para parecer más imponente, aun a pesar de ser un fuerte Guerrero Sagrado, Kanda le ganaba en cuanto a fuerza física se refiere.

—Eso sólo ocurre en tus sueños… —corrige en un gruñido, colocando con cuidado la espada de madera en el lugar correspondiente y tomando sus cosas para partir con rumbo a las duchas pasando de largo a Alma, que reaccionó con molestia al ser ignorado por su hermano.

—Oye… —reprocha — ¡no me ignores!... ¡Yuu!

Kanda había salido ya del área de entrenamiento… caminando sin prisa. Momentos después Alma corrió hasta alcanzarle y pararse frente a él. Ambos en medio del túnel de cristal iluminado por el turquesa de la luz solar a través del agua de mar. El alfa esperaba impaciente lo que diría, debía ser algo importante como para que le detuviera.

—Lamento ser el portador de malas noticias, pero me han asignado una nueva misión, no muy lejos de Atlas —musita con desanimo —por eso vine a informarte, debo partir cuanto antes.

—Eso no es una mala noticia para mí —responde encogiéndose de hombros y cerrando los ojos.

—Aah~ ¡vamos Yuu! sé que me extrañarás… —decía fingiendo estar consternado por el comentario del azabache, empezando ambos a reanudar sus pasos—. Para mí sí que lo es… ¿tienes idea de la cantidad de pergaminos que tuve que leer y firmar además de las aburridas reuniones del clan a las que tuve que asistir? Debo hacerme cargo incluso de papeleo que ni siquiera me corresponde —confesó agachando la cabeza y dejándose llevar por una pequeña nube depresiva. Como príncipes tenían ciertas obligaciones y poder por su estatus dentro de la nobleza atlante.

—Tsk… eso es porque abusan de tu bondad. Sólo diles que no, no puede ser tan difícil —contesta tras un suspiro, en ocasiones Alma no se daba cuenta del exceso de trabajo al que era sometido bajo las órdenes del clan, además de la cantidad de tiempo absurda, desde su punto de vista, que permanecía en la Rama Sur, llegando al palacio hasta altas horas del ciclo solar menor —aun no me has dicho la causa del por qué has venido a avisarme.

— ¡Ah! si… necesito que te hagas cargo por unos días del clan y sus reuniones —responde lúdico evitando reír ante la expresión en el rostro de Kanda, con un tic en la ceja y una mueca en sus labios con fastidio, —además… si quieres ser un buen rey tienes que involucrarte más con los nobles y los ministros. Eres excepcional resolviendo los problemas que discuten los miembros del consejo —halaga para convencer al ojiazul, sabía que sería difícil lograr esa proeza pues las pocas veces en las que este asiste a las reuniones lo hace a regañadientes obligado por su padre, cuando se tocan temas de suma importancia o estrategias militares.

— ¿Y tener que sorportar el dia entero los reclamos y peleas entre ellos solo porque nunca llegan a un maldito acuerdo?... No lo haré. Olvídate de eso, ve y busca a alguien más —sentenció, caminando más rápido para escapar de la persuasión de Alma. El príncipe beta lanzó un suspiro agachando la cabeza y posando su mano sobre el cuello al ver que su primer intento había fallado… sabía muy bien que cuando Kanda está de mal humor puede ser un alfa demasiado terco.

Pero no se rendiría, una tenue sonrisa apareció en su rostro y una nueva idea surcó su mente…

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Traducción del título: No es una tormenta de arena normal

DATOS IMPORTANTES:

* Dentro del Omegaverse: El título de alfa de alta categoría es una clasificación establecida en los niños intraterrestres una vez llegan a su primer celo. Sobresalen del resto de alfas en aspectos varios como la fuerza, agudeza sensorial y su Voz en un nivel superior, añadidos que aumentan de acuerdo al nivel de entrenamiento al que son sometidos desde que aprenden a dominar sus instintos y adaptarse al proceso de cambio en su organismo, como el ejemplo de la maduración de las glándulas segregadoras de hormonas y el aumento de testosterona.

*Ajeno al canon del Omegaverse (dentro del AU Hollow Earth): Los omegas, también poseen una clasificación adicional, siendo igual de rara que los alfas de alta categoría.

Existe también una categoría extra ajena al alfa, beta y omega, que es causa de la mutación genética; no entraré en más detalles y nombre por cuestiones de spoiler, pero a partir de este punto es necesario que la tengan presente pues ese dato será de suma importancia en el futuro.

*Otra cosa que debo aclarar es que en el AU de Hollow Earth el clan de los Noah está emparentado por sangre, siendo una familia conformada por 12 HERMANOS, al ser estos los sobrevivientes de la legendaria batalla contra los primeros guerreros sagrados y Gea.

Hay alguien que no cumple con la descripción familiar que les acabo de mencionar, y ese alguien es Road… la explicación de su rol dentro del clan lo explicaré más adelante ya que es un tanto especial.

Fue una proeza de niveles olímpicos actualizar las tres historias a la vez xD apenas ha pasado mi primer semana de clases y ya obtuve una lista de cosas que hacer que incluía planes de clase, análisis de estructuras educativas organizacionales, manejo de aulas virtuales, examen diagnóstico de TOEFL, la búsqueda del One Piece, obtener las lágrimas de un unicornio, lograr que Putín acepte el matrimonio gay en Rusia, y venderle mi alma a Erebo *no exagera* por lo que puede que pase un par de días con las irregularidades al actualizar (no lloren aun, que solo es temporal)

Hablando de "tres historias"… para aquellos que no se han enterado aun, he publicado un nuevo fic Yullen llamado Yume o Osoreru. ¡Pueden pasar a darle un vistazo! OJO, no esperen lemon, romanticismo y finales felices… esta nueva historia reboza de gore, suspenso y drama *risa malvada* así que si gustan de ver sufrir al pobre Moyashi este fic es el indicado para ustedes.

Regresando a Lemuria… ¿Qué les pareció este capítulo? me disculpo si les pareció un poco "de transición" pues de hecho lo es, es la preparación para un nuevo "arco" por así decirlo.

**(^ᴗ^)**

Los dejo con un Bye Bye Dango… y nos leemos en unos cuantos días ^^

レムーリャ By: Varela D. Campbell ウァレラ・デェー・キァンベル。