UNBROKEN
11th.
Probar
EPOV
- ¿En qué piensas, Edward? - Era Alice entrando en mi habitación.
- ¿Qué haces aquí? - Respondí cuando ví que entraba tan contenta con mi desayuno en las manos.
- Pues, pasar a buscarte antes de ir a la escuela, Ed. - Dijo dejando la bandeja sobre los pies de mi cama. - Hola, hermoso. - Se inclinó para darme un beso casto.
- Me pillas desprevenido. - Sonreí somnoliento aún. - No es necesario que me veas así, no me he bañado.
- Tenía que ver a mi novio. - Sus ojos brillaban, yo hacía que brillaran los míos a la fuerza.
Quería muchísimo a Alice, llevábamos un par de meses juntos, pero no me sentía enamorado. Ella hacía lo imposible por impresionarme y tenerme a su lado, compartíamos buenos momentos, alegres pero no sentía esa chispa. Sentía que Alice era un clavo para quitar la imagen de Bella de mi cabeza, me esforzaba en enamorarme de Al pero no podía, era como si fuera en contra de mi propia naturaleza.
Sé que esta costumbre iba a terminar aburriendo a Alice y no quería lastimaría a pesar de mis sentimientos, quizás ella se cansaría de mí y me dejaría, no debí dejar que el tiempo pasará.
- ¿Quieres que salgamos? - Preguntó cuando comenzaba a tomarme mi jugo.
- Uhm, pero debemos ir a la escuela. - Le recordé.
- Podríamos fugarnos por hoy. - Dijo dubitativa.
- ¿Y a dónde iriamos? - Si íbamos a un lugar muy público notarían que no estabamos en la esucela.
- Vamos a ... ¡Mi casa! - ¿Su casa?
- Pero, ¿Y tus padres? - No me imaginaba estando en su casa escabullidos en su habitación para que sus padres no nos escucharan.
- No están, cada uno está en su trabajo. - Alice tomó de mi rostro tiernamente. - Por favor, vamos, ¿Sí? - Sí había algo que me encantaba de ella, era la búsqueda de diversión y adrenalina, su personalidad era admirable, a veces no soportaba esto que me hacía no poder enamorarme de ella.
- Está bien, debo darme una rápida ducha y partimos. - La miré y deje el desayuno de lado, era muy temprano para comer, me daba asco por las mañanas comer. - ¿Mis padres se fueron?
- Sí, cuando llegué Esme se iba junto con tu padre. - Bien, el paso estaba libre, a menos que uno de mis hermanos abriera la boca, aunque eso lo dudaba.
- Listo, quedate aquí, iré a ducharme. - Llevaba puestos solo los pantalones de mi pijama, me sentí observado cuando Alice me miraba la espalda o quizás qué, me tapé un poco. Mi ensombrecida personalidad me había hecho tímido y pudoroso.
Entré a la ducha y ajusté el caudal del agua con mejor presición, necesitaba un chorro potente para relajar mis músculos y para despertar por completo. Tenía pensado en decirle a Alice que a pesar de lo mucho que la quería no podía más, ya no daba más. Quería estar solo, no estaba hecho para amar a nadie, claramente.
Me apoyé en la muralla dejando que el agua tibia cayera sobre mi cuerpo y pensé en las miles de formas de decirle a Alice como terminar, aunque ahora no era el momento, iba a ser su mejor mañana, una fugada y nosotros dos juntos en su casa.
- ¿Qué hago? - Golpeé mi frente con la palma de mi mano.
Salí de la ducha y me arropé rapidamente, me miré en el espejo y vi la preocupación en mis ojos.
Unos susurros llamaron notablemente mi atención.
- Oye, no ... - Escuchaba a Alice en el pasillo. - Edward saldrá en cualquier momento.
- Edward, se da duchas largas. - Era Jasper. - Sabes que me tienes loco por ti, Alice.
¿Qué?
- Sí, pero estoy con tu hermano, no es justo para él. - Dijo Alice mientras yo caminaba silenciosamente a la puerta y escuchaba.
- ¡Al carajo! - Exclamó Jasper.
¿Esta era la oportunidad para deshacerme de Alice? Sí, lo era. Era hora de actuar, espere a que Jasper se lanzará sobre Alice y le diera un beso forzado para salir a hacerme el dolido.
¡Qué patetico, Ed! - Me dije a sí mismo, pero era la forma sana de terminar con Alice y dejar los dramas, al menos eso pensaba ... ¡Momento! Esto era muy egoits ade mi parte, Alice cargaría con el peso de la culpa y yo quedaría como el pobrecito de la historia, no quería hacerla sufrir.
- Solo dejame intentarlo. - Decía Jasper.
Okay, Edward, solo piensa en ti.
- ¡¿Qué está pasando aquí?! - Cualquiera que me oía sabía que sonaba fingido.
-Edward, yo ... Ed, no ... - Alice se desesperaba en explicarme.
- Jasper, ¿Qué haces? - Dije serio y dolido, de todas formas a pesar de que buscase la forma de terminar con Alice, ver que mi hermano echaba a la borda nuestra hermandad dolía en el fondo.
- Edward, tú no quieres a Alice, no te engañes a ti mismo. - Solo Jasper que me conocía tan bien podía decirme aquellas plabras con tanta pero tanta seguridad, al cabo era cierto.
- ¿Qué? - Alice era la dolida ahora.
- Claro que quiero a Alice. - Espeté.
- No, Edward, tu estás con ella por costumbre, por no estar solo, por buscar en ella a otra persona. - Me decía firme con un poco de ira en sus ojos.
- ¿A Isabella? - Preguntó Alice casi llorando.
- No, Alice, no, sabes que eres importante, nunca buscaría en ti otra persona. - Oh Dios, esto se ponía peor de lo que pensaba.
- Edward, sé sincero. - Pidió ella.
La miré, analicé su reacción y me largué, quizás hablarlo directamente dejaría las cosas más claras y quizás dolería menos.
- Alice, yo te quiero, pero ... pero no te amo. - Bajé la mirada, no me sentía capaz de mirarla.
- ¿Ves? - Jasper le decía a Edward.
- Edward, ¿No me amas? - Su tono de voz me dolía, me dolía en el pecho, pero debíamos parar con esta farsa.
- No. - Mi negación sonó dura dentro del silencio que amenzaba la tensión que nos tenía a los tres al borde de la locura.
No podía mirarla, la verguenza me aterraba, no podía ver como ella caía rompiendose en mil pedazos, no obstante era lo mejor para los dos.
- Edward, te odio. - Dijo Alice mirandome con verdadero odio, nunca pensé verla así. jasper aprovechó de abrazarla, pero no me miraba con furia ni odio, su semblante era paz, solo paz.
- Alice, perdoname. - Pedí acercandome a ella. - No debí dejar que pasará tanto tiempo, me di cuenta tarde, no quería hacerte sufrir.
- Pero lo haz hecho, Edward, el fantasma de esa chica sigue en tu cabeza, y solo me buscabas para llenar tu maldito vacío interno. - Alice gritaba a estas alturas, sacando todo el dolor por su boca, dejandome saber que esto le dolía más de lo que creía.
- Alice, siempre fuiste tú, no busqué en ti a Be ... Yo te quiero, pero no de la misma forma que tú a mí, y prefiero que terminemos. - Dije tomando su mano.
- ¡No me toques! - Gritó Alice.
- Alice, calmate - Le dijo Jasper.
- Da por hecho que esto terminó, Edward. - Alice me miró y me quebré por dentro, era pedazos otra vez, otra vez.
- ¡Alice! - Grité cuando ella salía corriendo por las escaleras después de que me cortara.
- Edward, era lo mejor, no te preocupes, me haz dejado el camino libre. - ¿En serio Jasper podía estar tan feliz en momentos como estos?
- Tú eres el beneficiado con todo esto, Jasper. - Lo miré sin plasmar ninguna emoción en mi rostro.
- No sabes cuanto esperaba esto, pero no quería forzar nada. - Dijo Jasper.
- No digas eso.
- Todos en casa sabíamos que Alice era un juguete para ti. - Dijo Jasper.
- No era un juguete. - Nunca lo fue ¿O sí?
- Por favor, Edward. - Puso una cara de poca suficiencia.
- Okay, no hablemos de esto, quiero pensar y estar solo. - La verdad debía pensar, debía cambiar, debía ... no sé que mierda debía hacer, me sentía mal. Alice era buena conmigo, siempre lo fue y yo no la supe aprovechar, por más que me empeñe en enamorarme de lla no pude, no podía forzar a mi corazón que se helaba cada vez más.
- Está bien, ya conversaremos, ire a ver a Alice. - Me guiñó un ojo y bajó por las escaleras dejandome solo en casa, mi soledad y yo otra vez.
Mi vida era un desastre, un total y completo dilema. Estuve seis meses con una chica que no amaba, juraba que en ella encontraría la sensación del amor que deje en Port Angeles. Me había vuelto un maldito hermitaño, en un anti-social por excelencia. Era un buen estudiante, me iba bien, todo lo demás marchaba bien, tenía todas las cosas materiales que quería, tocaba instrumentos muy bien para tener quince años, y ahí estaba mi estupido organo palpitante, tirado en el suelo, desolado, solo, ni siquiera servía para amar a alguien, quizás no estaba destinado a amar y ser amado. Era un simple mortal viviendo en un trozo de tierra haciendo nada. Necesita incentivo, necesita ánimos pero no sabía donde encontrarlos, no quería volver a sesiones con una psicologa y volver a ser el centro de atención de todos, el bicho raro.
Si tan solo estuvieras acá, todo sería diferente - Le dije a una Bella imaginaria, ¿Qué sería de su vida? ¿Era feliz? ¿Sin mí? De todas maneras se habría puesto más hermosa de lo que siempre fue y de lo que nunca ella pudo notar, quizás seguía pintando, quizás no. ¿Estaría con alguien? Probablemente tenía pretendiente por doquier, a lo mejor ya tenía al amor de su vida en sus manos, tenía dieiciete años y eso era muy probable.
Necesitaba algo nuevo, una vida nueva, ¿Pero qué? Piensa, Ed, piensa, necesitas darle un vuelco a tu vida, ir en contra de esta personalidad que me agarraba por dentro con locura, yo no era así cuando pequeño, vivía, tenía expectativas, un futuro que ahora era nada, un futuro que se escabullía en algún rincón de mi habitación.
- ¿Ed? - Era Rose entrando a mi habitación cuando escuchó mis sollozos, juraba que estaba solo en casa.
- ¿No deberías estar en la escuela? - Le pregunté.
- Tú también deberías estar en clases, Ed. - Rose se sentó al lado mío, sabiendo que no estaba bien. - ¿Por qué lloras?
- Terminé con Alice. - Dije.
- ¿Y desde cuando estás tan enamorado de ella como para sufrir? - Rose siempre era directa para aclarar las cosas, nada de rodeos.
- No es eso, es solo que no pensaba que sufriría tanto, hubieras visto su carita mientras lloraba. - Miré por la ventana cuando divisé a Jasper consolando a Alice.
- Ay, Ed, deberías vivir como yo, cambio cada cierto tiempo de chico, busco amor por todas partes, debes intercambiar sensaciones para llegar a la persona correcta, es el camino para aprender, sin límites, sin compromisos, solo vive y disfruta. - Rose era una libertina, no tenía tapujos con decir que amaba la libertad y la noción de amor con la que se apoyaba.
- Pero ¡Mírame! Soy Edward Cullen, el retraído, ni siquiera sé como acercarme a una chica. - Y era la verdad.
- Quizás debas acompañarme a alguna fiesta y ver como es la diversión, Ed. - Dijo Rose motivandome.
- No, mejor no. - Dije mirando por la ventana.
- Con esa voluntad seguirás aquí solo, moribundo, muriendote. - Dijo Rose vacilante.
- Es que me cuesta, Rose. - Me miraba las manos y pensaba en qué momento me había convertido en esto. Era un ente apagado.
- El viernes hay una fiesta en casa de Jane, sería genial que vayas conmigo, sabes que te cuidaré. - Me dijo Rose abrazandome. - Lo pasaremos bien, si no te gusta no insistiré más.
- Está bien, no me gusta mucho la idea, pero cederé, probaré. - Fui sincero, quizás no sería tan malo y si no me gustaba no iba más a una fiesta.
- Me gusta esto, será nuestro secreto, le diré a mamá que vas conmigo a una pijamada y nada más. - Rose siempre sabía ingeniarselas para salir, siempre lo conseguía.
- ¿Una pijamada? ¡Eso es de mujeres! No te creerá, Rose. - Era la peor mentira, mi madre terminaría pensando que era un afeminado o quizás qué. - Mejor decirle que iremos a una fiesta y punto.
- Está bien, tu se lo dices a mamá, dile que es algo discreto, no una fiesta despampanante. - Me advirtió Rose.
- Okay, okay. - Dije complaciente.
- Te dej+o, me voy a la escuela, ¿Irás? - Preguntó tomando el bolso ocre que llevaba.
- No, debo pensar, quiero quedarme solo. - Contesté, aprovecharía de arrancar de las clases al menos por hoy.
- Está bien, nos vemos en la tarde, te quiero. - Me lanzó un beso desde la puerta de mi habitación y se marchó.
La casa era completamente para mí, al menos hasta las dos de la tarde, tenía tiempo de sobra para pensar, para mirar televisión basura o para mirar el techo.
¿Volverme como Rose? Una chica que vivía del amor en cualquiera que encontrase, del amor entre comillas. Según ella buscaba al chico perfecto, debía probar, conocer el terreno y cuando esa persona se posará en frente de ella, lo sabrían, ambos, que estaban destinados. Por ahora, el tema era vivir la vida loca, ¿Estaba dispuesto a eso? Era como sacar provecho carnal de algunas chicas, para encontrar a mi amor de la vida. Por Dios, yo no era así, no podía vivir jugando con los sentimientos de las personas, aunque pensandolo bien, los chicos que andaban con Rose no buscaban amor, solo compañia, lo mismo que ella ... probando.
¿Y Bella? Ella era el fantasma que siempre estaría en mi cabeza, y hasta que no encontrará a alguien como ella no sería feliz.
La mañana sucedió normal, mirar el techo comer galletas horneadas por mamá como siempre y luego un poco de piano para calmar el dolor interno, calmar todo esto que transcurrió en la mañana tan precipitosamente.
- ¿Qué hasces aquí? - Oh Dios, era mamá.
- Uhm, me sentía mal y me mandaron a casa. - Qué mentira más burda, simplemente yo no servía para mentir.
- ¿Seguro? Tienes los ojos hinchados, Edward. - Mamá era firme en decir esto, estaba seria, sabia que algo malo me pasaba.
- No es nada. - Dije dejando de tocar melodías sin fin en mi piano.
- No me mientas, ¿Qué pasó? - Preguntó sentandose conmigo en la banquita.
- Con Alice terminamos. - Decir su nombre me rompía el corazón, solo por saber que ella estaba destrozada.
- Era de esperarse. - A nadie le sorprendía, ni siquiera a mi madre. - Ustedes eran incompatibles, quizás fue una buena desición. - Murmuró mamá.
- Si, pero ella se veía mal. - Dije con su rostro grabado en mi cabeza.
- Creo que era lo mejor, no te veías bien y era peor enamorarla más. - Mamá siempre tenía sabiduría para entregarme y estaba en lo cierto.
- Jasper ha ido a consolarla. - Mi madre se asombró.
- ¿De verdad? Ese chiquillo no da puntada sin hilo. - Mamá lanzó una sonrisa sabiendo que Jasper era un enamoradizo.
- Quizás Alice encuentre en Jazz al chico indicado. - Dije con un poco de pesar.
- Puede ser, lo más sano es que no le des más vueltas al tema por ahora. - Claro que solo por ahora, mañana volvería a la escuela y vería a Alice compartiendo clases conmigo.
Los días pasaron lentos, como vida lenta. Sin incentivos de ninguna indole, sentía que en cualquier momento me quitaba la vida, ya no podía, la agonía era demasiada.
No me topé con Alice en toda la semana y lo agradecí, se había enfermado según sus amigas, según Jasper no estaba de ánimos y volvería la semana siguiente. Me sentía culpable, un maldito.
La noche de viernes había llegado, por suerte la "gran" fiesta era a unas casas de la nuestra, en caso de sentirme un bicho raro me devolvía sin pensarlo dos veces.
- ¿Estás listo? - Era Rose que horgueteaba en el baño buscando un cepillo para el pelo mientras yo me peinaba el cabello haciendo un jopo con gel.
- Sí, casi. - Dije mirandome frivolamente en el espejo.
- Te ves guapo, hermanito, arrasarás. - ¿Arrasar? Por Dios, era alguien sin trucos para cortejar a nadie, sería un desastre.
- No exageres, te apuesto a que me aburriré. - Estaba más que seguro que la noche no sería gran cosa.
Rose salió danzando por los pasillos mientras iba a buscar su chaqueta, yo fui por un polerón y listo, rocié loción por todo mi cuello.
Iba a arrazar - Pensé con ironía. De seguro lo último que iba a pescar era una chica, lo primero que pescaría sería uan silla en el rincón.
- ¡Vamos, Ed! - Era Rose cotoneando sus caderas haciendo mover la pollera que llevaba.
- ¿Jazz, no vas? - Le pregunté a mi hermano.
- No, no se preocupen, iré a ver a Alice. - La sensación de escuchar a mi hermano ir a ver a mi ahora ex novia me producía nauseas.
- Ah. - No pude decir nada.
- Pasenlo bien. - Jasper me guiñaba un ojo, según él también sería MI NOCHE.
Lo miré con cara de No quiero ir, salvame, pero él ya miraba su celular riendole al aparato como tonto.
Bajé las escaleras y cuando llegué a la puerta me despedí de mamá.
- Okay, hay una chica que te quiere conocer, no te lo dije antes porque imaginé que no irías a la fiesta. - ¡Me espanté!
- ¿Que? - Le grité a mi hermana mientras caminabamos a la casa en donde sería la fiesta.
- Sí, te encantará, lo sé. - De verdad la super y mega idea de Rose no me agradaba para nada, ya quería devolverme a casa.
- No sé, no me gusta esto, sabes que soy un introvertido empedernido, ¿Qué le diré? - De seguro mis pantalones se mojarían.
- Ay, actúa como el chico de quince años que eres, aprovecha tu belleza, disfruta. - Rose me reprochaba como si esto fuese lo más normal.
La miré de mala gana, esto me tenía las manos sudorosas, el cuerpo tembloroso y el frío de la noche recorría mi espalda furiosamente.
- Solo actua normal, ella es buena onda, te caerá bien, no te digo que te comprometas, tonto, solo conocela. - Ese era el problema que yo me ponía como idiota al frente de una chica, era una bola de nervios.
- Está bien, haré lo posible. - Dije mientras seguía caminando junto a mi hermana que deslumbraba aún cuando la noche era oscura y nos divisabamos bien. - ¿Verás a alguien en especifico? - Pregunté por lo arreglada que iba, una falda celeste que hacía juego con su blusa blanca, y un perfume dulcemente embriagador.
- Sí, se llama Josh. - Dijo enrojeciendose levemente.
- Ah, ¿Es el chico de la preparatoria? - Más de alguna vez escuché a Rose hablar de él por la casa.
- El mismo, es guapisimo. - Dijo coquetamente. - Ahí lo conocerás. - Dijo felizmente.
Nos detuvimos frente a la casa, miles y miles de personas llegaban a ella, felices, festivos, alegres y yo con mi cara de destrozado por un camión. Entramos y una chica nos saludó fervientemente, de seguro era la dueña de casa. No tenía idea.
Llevaba una sonrisa falsa, rota intentando encajar en una zona que no era mía. Rose iba delante mío yo la seguía dando tropezones por la cantidad de gente. En el paso intercambié miradas furtivas con alguna que otra chica a lo que yo agachaba la mirada, me sentía intimidado.
- ¡Hola! - Un chico que parecía ser el famoso Josh saludaba alegre a mi hermana, la abrazó por la cintura de un manera propia y me quedó mirando. - ¡Edward! - ¿Me conocía?
- Ah, sí, soy yo. - Dije timidamente, dandole mi mano.
- Un gusto. - Dijo cuando volviamos a topar miradas.
- Ed, ven. - Rose me llevó hacia el lugar del comedor, donde la gente abundaba aún más.
- ¿A dónde me llevas? - Dije curiosamente, si era donde la chica quería volver a donde Josh y seguir charlando sin sentido.
- Donde Irina. - ¿Irina? ¿Así se llamaba?
- ¿Es la chica? - Pregunté cuando sin querer choqué con un tipo que por su rostro juré que me pegaría, pero Rose caminaba tan rápido que no alcancé a reaccionar para disculparme.
- Sí.
Rose me soltó y llegó a un grupito de tres personas, dos chicos y una chica, que debía ser la susodicha en cuestión. Rose se desenvolvía con naturalidad, creo que eran sus compañeros de curso o algo, se notaba la confianza y yo sobrara. ¡Sí, sobraba! Me quería ir.
- Este es mi hermano, Edward. - Dijo Rose y los tres clavaron sus ojos en mí.
- Hola, Edward. - Saludo uno de los chicos, luego el otro.
- Hola, soy Irina. - Se acercó a saludarme y darme un beso en la mejilla.
- Hola. - Sonreí sin muchas ganas.
- Okay, les dejo a mi hermano, me lo cuidan ¿Sí? - ¿Qué mierda? Me sentía como un niño de cinco años con eso, me sonrojé.
- Bienvenido. - Dijo el primer chico. - Soy Garret.
- Yo soy Eleazar. - Dijo amablemente este.
- ¿Son amigos de escuela de mi hermana? - Pregunté intentando soltarme.
- Solo yo. - Dijo Garret que tomaba algún licor.
- Sí, yo tengo dieciesis. - Dijo Irina ¿Coquetamente?
- Yo tengo dieciocho. - Dijo Garret halagando su mayoría de edad.
- Yo diecisiete. - Dijo Eleazar cuando prendía un cigarro.
- Oh, creo que soy el menor. - Volví a mi timidez.
- Te cuidaremos, como dijo Rose. - Dijo Irina.
- Cuidalo, tú, tengo mis ojos puestos en ella. - Dijo Garret apuntando a una chica. - Ella es Kate, es como la chica de mis sueños.
Eso sonaba como cuando yo hablaba de Bella ... Oh. ¡Olvidala! Pensé.
Garret se fue sin pensarlo, la agarró fluidamente, ella reaccionó alejandolo de su cuerpo pero finalmente cedió y se dejaron llevar por la música. Ahora quedabamos Eleazar, Irina y yo.
- ¿Y tienes novia? - Preguntó Irina.
- No, ¿Y tú? - Okay, debía flirtear o al menos intentarlo.
- No, tampoco. - Eleazar nos miraba como si sientiera que sobrara, yo no quería que se fuera.
- ¿Fumas, Ed? - Preguntó Eleazar.
- Eh, no. - Nunca había fumado, bebido solo un poco.
- ¿Quieres probar? - Dijo Irina sacando un cigarro de su pequeña carterita.
- No sé, nunca he ... - Eleazar me interrumpió.
- Es sencillo, fumas y guardas el humo por un rato y lo botas por la boca. Hacelo rápido o te ahogarás. - Dijo dandome las instrucciones de mi nueva incursión.
Tomé el cigarro blanco con base mostaza y piteé por vez primera, comencé a estornudar exageradamente. Irina se rió un poco y Eleazar me palmeó la espalda.
- Es común esto. - Dijo Irina tiernamente.
Volví a intertarlo, seguí los pasos de Eleazar y ¡Bingo! No me ahogué.
- Wow, que buena sensación. - Solté.
- Sí, es de lo mejor. - Dijo Irina.
- ¿Ves? No era tan terrible. - Dijo Eleazar un poco burlón. - Los dejo iré a ver a unos amigos. - ¡NO! ¡Eleazar no te vayas! Pensé internamente.
- ¿Quieres bailar? - Inquirió Irina.
- Umh, bueno, no soy bueno en eso. - Menos si lo que sonaba era música electronica.
- Ven, ¡Animate! - Me dijo sacandome sensualmente el cigarro de los labios, dandole una piteada más y lo botó aplastandolo con su zapatilla.
Estaba nervioso, ¿Dónde me hundía ahora?
- Pues, tendrás que guiarme. Soy pésimo. - Dije cuando me rodeaba el cuello. Por instinto le rodeé la cintura.
- Solo muevete al ritmo de la música. - Irina me soltó y comenzó a bailar estrepisamente.
Bailé imitando sus pasos, era muy tieso para esto. Esperaba nadie me viera, solo eso pedía. Irina aumentaba el ritmo de sus caderas, era tentativo, por vez primera miraba a una chica de esta forma.
- Muevete. - Irina susurró en mi oído.
Y moví las caderas igual que ella, nuestras pelvis chocaban levemente. Esto se ponía intenso, me gustaba.
Solo disfruta Las palabras de Rose rondaban en mi cabeza.
Irina me daba la espalda mientras movía sus caderas contra mi cuerpo, el espectaculo que tenía era bueno. Bastante bueno, me dejé llevar por mis virgenes dotes de galán, la agarré por la cintura, la miré por un segundo y la besé intensamente.
- Oh. - Irina soltó sobre mi boca. - Besas sumamente bien.
La miré con ¿Deseo? a los ojos, sí, deseo. NUnca había sentido esta sensación, era como si mi carne hablase por mí, no pensaba, solo quería besarla, tocarla e irme. Disfrutar de su roce.
- Bailame. - Pedí. Ese no era yo, era el rudo que salía triunfante a flote.
Ella accedió y me bailó como hace unos minutos produciendome un calor inexplicable en todo el cuerpo.
- ¿Quieres ir a otra parte? - Irina se pegaba a mí.
- Umh, sí quiero. - Definitivamente este no era yo, pero me gustaba. ¡Me encantaba!
Irina me agarró de la mano y corrimos subiendo la escalera para llegar al segundo piso.
- ¡Entra! - Dijo Irina gritandome para que entrara a una habitación.
Entré sin negarme.
Ella se abalanzó en contra mío y me lanzó sobre una cama, me besaba descontroladamente, como si quisiera comerme. Mis manos buscaban su piel incansablemente, nunca había hecho esto con alguien, pero algo sabía, sabía qué hacer.
- ¿Quieres hacerlo? - Dijo Irina esbozando una sonrisa cálida.
- Sí, quiero. - Yo era solo acciones, ella pedía yo accedía.
Irina comenzó a jugar con sus caderas sobre mi pelvis, llevandome a un placer insospechado. ¡Qué maravilla! De una forma muy poco tierna y amorosa, nos quitamos la ropa.
- Hay un pero. - Dije cuando el acto mismo estaba por empezar.
- ¿Qué? - Dijo Irina impaciente.
- Soy vírgen. - Me sentí avergonzado.
- Yo también. - Sus ojos brillaban. - Será nuevo para los dos.
Irina terminó de decir aquello y se entregó. Movimientos torpes, manos que iban y venían hacia las mismas zonas, su cabello incomodandome en el rostro, sonidos graciosos y un placer exquisito.
Era mi primera vez y me estaba gustando.
.
Mi primera vez se había repetido unas cuantas veces con Irina, nos juntabamos después de clases a darnos un poco de cariño, un poco de roce a estos cuerpos que se volvían tan hormonales. Duró un tiempo, hasta que ella se marchó de Manchester, su ida me lastimó un poco, me había acostumbrado a ella. Gracias a ella tenía una vasta experiencia que ocupé con muchas, con Heidi, con Tanya, con Maggie, con Zafrina y con algun par más que no recordaba su nombre. Me había vuelto la versión masculina de Rose, solo buscaba placer, nada más, no quería enamorarme de nadie porque solo sufría y yo hacía sufrir, no servía para amar, servía para vivir, solo eso.
No negaba que en cada mujer que tenía en mi cama buscaba a Bella, busca atisbos de ella, pero nadie era como ella, ninguna chica podía compararse con aquella niña de mi infancia.
¿Qué sería de ella? Hermosa debía estar.
Era capaz de dibujarla, de imaginarla cada vez que estaba con alguna mujer. Era enfermizo, para mí sano, quizás si la pensaba mucho ella llegaría, mientras eso pasaba, prefería vivir la vida loca como decía Rosalie, prefería probar. Los diecisiete años me habían sentado tan bien, espalda marcada, cabello caprichosamente cobrizo, ojos verdes potentes, y un don de la palabra que hacía que cualquier mujer cayerá a mis pies.
Por ahora solo era una máquina, una máquina con bomba de tiempo, hasta encontrarla, hasta encontrar a mi Bella.
Bueno, no es lo que esperaban ¿Cierto? Pero me agrada ver como Ed crece tan viril y macho asdfghjkl creanme que esa nueva personalidad servirá mucho en el próximo capítulo, se viene REENCUENTRO de dos almas perdidas 3 Muchas gracias como siempre, por esperarme a estas alturas de la noche, por alentarme a escribir y por ser fieles lectoras, las estimo mucho. Un abrazo y beso gigante, Mary.
