Alice se marchó para dejar que me vistiera, me puse una simple bata que me había comprado esta, en vez de mi antiguo pijama. Desde luego había dejado mi anterior vida atrás. Era un tonto detalle, pero eche de menos mi vieja camiseta agujereada y mi pantalón de chándal.
Me sequé el pelo tan solo con la toalla, ya que ahora no necesitaba alisarlo, se quedaba perfecto de todas formas. Otra cosa buena, me dije para mí.
En cuanto estuve frente a su puerta empecé a ponerme nerviosa, sabia que el quería verme, pero nada me libraría de la bronca.
- Pasa – me dijo él desde dentro
Abrí la puerta lentamente y lo encontré allí, perfecto, tumbado en el sofá.
- Ven aquí
Yo me senté a su lado sin decirle nada y esperé pacientemente a que empezara a despotricar.
Me di cuenta de que en el aparato de música sonaba la canción que tocó en nuestra boda… buenos recuerdos. No debía estar tan enfadado.
- Lo siento – me dijo entonces
- ¿Me pides perdón? Pensé que estabas molesto – contesté sorprendida
- Lo estaba… pero entiendo que necesites sentirte útil, yo no hago más que intentar protegerte de todo lo malo… pero debo admitir que ya no es necesario. Ahora puedes protegerte tú.
- ¿Ya no vas a salvarme nunca mas? – le pregunté cariñosamente
- Las veces que haga falta, pero como tú dijiste… ahora ya puedes ser Superman.
- Quiero que me cuides Edward, pero tienes que dejar que aprenda… ya no soy quien era…
- Lo se – dijo solemnemente
- ¿Me preferías antes? – pregunté nerviosa, cabía esa posibilidad
- Ya te he dicho varias veces que no, todo esta igual en ti… pero empiezas a perder algo de humanidad. He visto tu expresión al levantar el coche Bella, no era humana.
- ¿Qué quieres decir? – le pregunté algo molesta. Yo seguía sintiéndome igual que siempre
- Los ojos te salían de las orbitas, el sentir esa fuerza… ese poder… te cambia – contestó – además, con el tiempo olvidaras tu vida como humana, cambiaras si no te aferras a ella. Quiero que intentes no perder lo que eras. Se que yo te he condenado a este tipo de vida… pero no me gustaría que cambiaras. Me enamore de la humana, estoy enamorado de ti ahora, lo estaré siempre... puedo aprender a quererte aunque cambies, por que tu esencia seguirá ahí, pero me dolería profundamente que empezaras a perderla.
- No había pensado en ello… - contesté pensativa – es verdad que sentí una gran excitación al levantar el coche… pero es normal ¿no? Siempre he sido débil, torpe… me gusta esta nueva sensación. No debe ser tan malo que deje fluir lo que soy ahora.

¿Tanto estaba cambiando? Yo creía que no. Cuando eche a correr en el bosque es verdad que me sentía extraña, y al levantar el coche la sensación fue increíble, pero seguía siendo yo.
Recordaba perfectamente a Charlie y a Renee, recordaba el instituto y a todos los compañeros de clase, recordaba Phoenix, podía recordar perfectamente el nombre de cada uno de mis profesores de primaria… podía ¿verdad?
- ¡Oh! - exclamé
- ¿Qué pasa? – me preguntó el preocupado

No podía.
Tenia algunos recuerdos claro, pero recuerdos vagos. Sentía que aun podía recordar las cosas más importantes de mi vida pasada, pero aquellas que no lo eran tanto o se encontraban mas lejanas en el tiempo empezaban a desvanecerse… ¿Me pasaría eso al final con mis padres? Deseé con todas mis fuerzas que no. No era justo. Ellos me dieron la vida… ¿Cómo podría olvidarlos?
Quizás nunca me alimentara de un humano, pero seria igualmente un monstruo si olvidara todo lo que ellos me dieron…

- ¿Por qué no vamos a nuestra habitación? Me gustaría tumbarme un rato – comenté en un susurro
- Lo que quieras mi vida

Cuando ya estuvimos allí nos tumbamos juntos, abrazados, cada uno pensando en lo suyo hasta que amaneció.
Era un día extraño, el cielo no presagiaba nada bueno, un cúmulo de nubes oscuras se acercaba inminentemente hacia Forks. No me importo. Hoy saldría de nuevo aunque cayeran chuzos de punta.
- ¿Querrás ayudarme tu hoy a mejorar mis habilidades? – le pregunté dudosa de su respuesta
- Claro… ¿Por donde quieres empezar?
- Querrías… - no sabia como proponérselo, suponía que iba a negarse - ¿Querrías enseñarme a luchar?
- ¿A luchar? – me preguntó él entre risas - ¿Para que quieres aprender? ¿Es que quieres cargarte tú a victoria?
No me gustó nada como remarco ese "tú". ¿Por qué no? Era fuerte, ágil y por fin, segura de mi misma. Podría hacerlo… pero no quise alarmarle.
- Bueno… no, pero me gustaría saber defenderme si alguien me ataca
- Visto así, no es mala idea… - contestó el pensativo - ¿Dónde quieres ir?
- A nuestro prado – contesté inmediatamente
- Esta bien, cuando quieras – me dijo levantándose

Nos cambiamos y nos dirigimos al salón para hablar con todos primero, no debíamos ir a ningún lado sin comunicárselo antes.
No les pareció mala idea, ya que Alice había visto a Victoria escondida bastante lejos de Forks. Los licántropos no se lo estaban poniendo nada fácil para acercarse.
Edward prometió estar atento a la mente de Alice si esta quería comunicarle cualquier cosa, así que nos pusimos en camino.
Decidimos ir en coche, por no saber si yo, al echar a correr de nuevo, me volvía loca otra vez y acababa correteando por Forks.
Una vez llegamos y salimos del coche, noté el fuerte viento que se había levantado.
Intenté echar una carrera con Edward, pero esta vez, al controlarme mejor, no pude alcanzarle. Él era demasiado rápido. Pensé en si seria mejor que él en alguna cosa. Ahora quizás si…
Volví a maravillarme con la belleza del prado. Estaba oscuro, por no entrar ni un rayo de sol a través de las negras nubes, pero me pareció igualmente hermoso.
Antes de que se decidiera a empezar, me lancé sobre él sin previo aviso, a ver que tal sus reflejos…
Él se apartó con agilidad y me di un buen golpe contra el suelo.
- ¿Qué haces? – me preguntó divertido - ¿Intentabas tumbarme?
- Si… - contesté totalmente avergonzada – eres demasiado rápido
- No, no es eso, es que estoy atento. Tú apenas prestas atención a tus sentidos. Párate a escuchar.
Lo hice, de repente todo vino a mí de nuevo, como cuando salí al bosque con Alice la noche anterior. Podía oír a los pájaros revolotear bajo, buscando protección contra la próxima tormenta. A las ardillas y los ratones corretear por los árboles y el suelo, y de nuevo la incesante palpitación de sus corazones.
- Vale, ¿ahora que? – estaba ansiosa por empezar
- ¿Oyes mi respiración? – preguntó el
Me concentré en escuchar precisamente su respiración, me di cuenta de que podía elegir que escuchar, cosa que me sorprendió.
- Si…
Él se alejó unos metros y volvió a preguntar.
- ¿La oyes ahora?
- También – contesté confusa, no acababa de entender que pretendía
- Cuando me acerque a ti, no oirás mis pasos, pero si estas atenta a mi respiración…
- ¡¡Notare cuando te acercas!! – vaya, sencillamente perfecto - ¡eso es genial!
- Bien, ahora haremos algo, cierra los ojos y espera a que te ataque, solo tendrás que apartarte cuando creas que voy a saltar sobre ti. ¿Te parece?
- Me parece – estaba realmente ansiosa por empezar - ¡Vamos!

Cerré los ojos mientras él se alejaba, totalmente concentrada en su respiración. Notaba como se hacia mas débil con la distancia.
Pasaron unos segundos y… me tumbo.
- ¡No me ha dado tiempo! – le grité ofendida
- No estas suficientemente atenta – dijo él, claramente divertido
- Vamos a probar otra vez, por favor.
Volvió a alejarse y yo cerré los ojos de nuevo.
Esta vez, me concentré con todas mis fuerzas en notar el cambio, tenia que escucharle cada vez mejor conforme se acercara, solo eso.
Y esta vez así fue, era difícil debido a la rapidez, pero pude escuchar, durante una milésima de segundo, como se acercaba. Era algo muy extraño el guiarse por el oído, pero funcionaba.
Me aparté y abrí los ojos, le vi caer con gran elegancia al suelo, acuclillado, y levantarse rápidamente.
- ¡Muy bien! – estaba realmente contento – eres muy buena…
- ¿En serio? – total, aun no había hecho nada… solo apartarme
- Por supuesto… Rosalie tardo bastante mas en aprender a controlar su oído, y… bueno, y yo también.
- Lo haces para animarme – le conteste yo escéptica
- Nunca te mentiría…
- Ya lo hiciste una vez – le dije sin pensar.
Mierda. Nunca debí decirle eso.
- Nunca volveré a hacerlo, Bella – me dijo tristemente
Bueno… al menos no se había enfadado.
- Lo siento
- No lo sientas, tienes razón
Quise arreglarlo, aunque no se hubiera enfadado, así que me lancé sobre el, y el se dejo hacer.
Nos tumbamos en la verde hierba a disfrutar de nuestro amor, olvidando por un tiempo el objetivo principal por el que fuimos al prado.
- ¿Recuerdas la primera vez que estuvimos aquí? – le pregunté
- ¡Como olvidarlo! – dijo el riéndose – Fue duro… muy duro
- ¿Duro? – dije yo haciéndome la sorprendida, sabia perfectamente a que se refería – Pensé que lo pasamos bien – agregue haciéndome la tonta
- Claro…
Entonces sostuvo mi rostro entre sus manos, me beso apasionadamente y recorrió con sus manos mi cuerpo.
- Entonces no podía hacer esto – dijo entonces, con una gran sonrisa
Yo le correspondí con otro beso, sin decir nada… sobraban las palabras.

Al rato de estar así, y sin saber si habían pasado minutos u horas, Edward rompió el silencio.
- ¿Quieres que probemos algo nuevo o volvemos a casa?
- Algo nuevo – contesté poniéndome ansiosa otra vez
- A ver… como te he dicho puedes sentir que alguien se acerca a través del oído… pero eso no siempre es útil ya que nosotros, los vampiros, podemos no respirar.
- Cierto… - conteste pensativa, vaya, eso lo ponía mas difícil
- ¿Cómo vas con el sentido del olfato?
- No lo se, huelo demasiadas cosas, se me hace difícil definir de donde procede cada olor.
- Me hueles a mi – dijo, sin ser una pregunta
- Si… pero tu olor lo reconocería en cualquier parte.
- ¿Reconocerías el de Alice?
- Claro
- ¿Y el del resto?
- Supongo que si… pese a las diferencias… todos oléis de un modo similar, algo así como dulce.
- Aja, pero no es como el de los animales
- No, no es lo mismo… también es un olor dulzón, pero distinto. Creo que seria perfectamente capaz de diferenciar un olor de otro.
- Entonces, si se te acercara Victoria…
- Podría notarlo, o eso creo – dije dudosa. Realmente no sabía si podría sentirlo a tiempo
- Falta otro olor que debes aprender a reconocer, aunque no te será difícil – dijo entonces echándose a reír
- El humano…
- Si
- ¿Dejareis que me acerque pronto a alguno? Tengo mucha curiosidad… - era verdad, me moría de ganas por saber si seria capaz de controlarme. Aunque a la vez me daba miedo la reacción que podría tener.
- Podríamos ir a algún sitio alejado, donde no haya mucha gente… pero deberíamos consultarlo antes con Carlisle…
- Esta bien, vamos – dije ya convencida, estaba deseosa por ver como me iba

Corrimos de nuevo hasta el coche, y esta vez apenas iba unos metros por detrás de el, parecía que cada vez controlaba mejor la velocidad.
Pese a que seguía pareciéndome raro no tropezar con nada, me sentía feliz con mi nueva condición, realmente me sentía muy segura de mi misma. Volví a pensar en lo que me había dicho Edward la noche anterior… puede que si estuviera cambiando.

Una vez en la mansión, subimos al despacho de Carlisle para consultarle el nuevo plan.
- Entrad – dijo una vez estuvimos delante de su puerta - ¿Cómo ha ido la mañana?
- Muy bien – dijo Edward – Bella esta aprendiendo muy rápido, controla su oído a la perfección, y queremos comprobar que tal de olfato… ¿Crees que podría acercarse a algún humano ya?
- Eso depende de cuanto se acerque… y de cuantos humanos haya - dijo pensativo – hay un gran caserón a unos kilómetros de aquí, como ya sabes, quizás podríais acercaros, apenas viven un par de ancianos y una mujer que los cuida. Pero solo si tu, Edward, estas seguro de poder controlarla si se altera… Debería acompañaros Alice – y entonces la llamo elevando un poco la voz.
- ¿Si? – contestó al instante, entrando por la puerta
- ¿Querrías acompañar a Edward y Bella?
- Ya sabia que lo haría – dijo con su perfecta sonrisa – Te ira bien – me dijo mirándome
- Esta bien, vamos – dijo Edward convencido. Parecía muy seguro de que no pasaría nada… quizás por la nueva información proporcionada por Alice. Si ella lo había visto… ¿Qué podía pasar?

- ¿Qué has visto? – le pregunté mientras subíamos al volvo de Edward
- Solo nos vi llegando a la casa… si te dije que te ira bien es por que confio en ti
- Eso no me tranquiliza – dije ahora nerviosa, al comprender que Alice tampoco sabia que haría yo al verme en esa situación

Cuando llegamos me maravillé con la magnitud de la casa, era enorme. Era además muy vieja, antaño debió ser de color blanco, pero ahora tenia un color grisáceo. Las constantes tormentas de la zona habían hecho mella en la fachada y el tejado, pero aun así era una casa muy hermosa.
El jardín se encontraba en un estado aun peor. Si como había dicho Carlisle, solo vivían unos ancianos, la pobre mujer que los cuidaba no debía preocuparse mucho por el estado del jardín. Era lógico.
Me entró la pena al pensar en esos pobres viejecitos, acechados por tres vampiros. Ninguno estaba sediento, lo note al fijarme en los ojos de ambos, y por supuesto yo tampoco, pero al bajar del coche note un leve olor nuevo. El olor más maravilloso que jamás hubiera sentido. Se me dilataron las aletas de la nariz para aspirarlo en mayor cantidad, pero aun así me mantenía bastante tranquila. Los mire a ellos, estaban expectantes.
- ¿Lo notas? – me dijo Edward con curiosidad
- Si… levemente – dije aun absorta en mis pensamientos

¿Por qué no sentía la necesidad de entrar en la casa a morderles?
- Mmmm, ¿a vosotros no os apetece?
- Ahora están solos, la mujer debe estar de compras… la sangre de dos viejecitos no nos llega con tanta intensidad, además aun estamos lejos. Deberíamos acercarnos – dijo Alice
- ¿En serio? – dije sorprendida - ¿Pretendes que entremos en la casa?
- Claro… desde aquí apenas se nota el olor, Bella, si no entras no sabremos hasta que punto eres capaz de resistirlo – contestó ella – Vamos, solo será un momento.
- Esta bien… - dije ya acercándome a la puerta - ¿No se enteraran?
- Parece que no te des cuenta de lo silenciosa que eres ahora – contestó Edward
- Oh, claro – tenía razón.
Nos acercamos lentamente y entramos, la puerta estaba abierta.
El interior de la casa era, si cabe, aun más devastador que el exterior. Aunque no había desorden, si había una gruesa capa de polvo por todas partes.
- Están arriba – dijo Alice
Subimos las escaleras hasta el segundo piso, siguiendo el delicioso aroma. Aun me sentía tranquila, pero al olerlo de más cerca me apeteció más.
También los vi a ellos un poco más inquietos, los ojos se les oscurecían conforme nos acercábamos
- ¿Te apetece ya? – me susurró Edward
- Me apetece, pero no siento la necesidad de morderles, no tengo ninguna ansiedad.
Entonces, cuando estábamos frente a la puerta que nos conduciría a ellos, note por primera vez la ponzoña fluyendo en mi boca, un increíble vacío en el estomago y una sensación de sequedad en la garganta, como si necesitara urgentemente beber agua.
Pero yo sabia que no era agua lo que quería.
- Noto algo mas – añadí entonces
- ¿Qué? – pregunto preocupado
- La ponzoña, supongo… y la sequedad… la sed – dije al fin
- Bueno, esto ya es un poco más normal, al menos no hay problema con la ponzoña.
- Pero aun así… no siento la necesidad de atacarlos…