Lunes por la mañana. Me levanté temprano y salí a correr. El suave frescor matutino me recordaba que ya habíamos entrado en el otoño dejando los sofocantes días de verano. Calles vacías. Mis pasos resonaban provocando un eco que nadie escuchaba. Aquel día sería difícil. Por la mañana mis clases seguirían como siempre, al mediodía recogería los papeles y CD's que tendría que aprenderme para la obra y por la tarde… volvería a mi pasado: las artes. Sonreí, tanto tiempo huyendo de ellas y ellas me habían encontrado a mí. Me paré antes de subir las escaleras a casa y realicé un par de ataques al aire. Realmente aquello me sentaba bien.

R- ¿Practicando para esta tarde?- me giré y vi a los chicos con sus bolsas de deportes al hombro.

A- Sólo me apetecía- dije subiendo las escaleras en su dirección.

K- Se veía bien- dijo con una sonrisa cuando pasé por su lado- pero tendrás que tener cuidado con estas fieras esta tarde- dijo dándole un puño suave a Saorân en el brazo.

S- ¡Hey! A mí no me metáis en ese grupo, yo no pienso hacerle nada- dijo mirando el cielo. Ruegi le cogió de la camiseta.

R- Será mejor que te ocupes de protegerla, como le pase algo tendrás que vértelas luego conmigo, está a tu cargo- dijo muy serio, levantando la voz. Le di una torta en la mano para que soltase el amarre, interponiéndome entre los dos.

A- Puedo defenderme yo sola- le dije en un tono altivo- ya me he enfrentado con muchos chicos de ese tipo- reanudé mi camino. De repente me paré en seco. No debía haberlo mencionado, era el pasado, no existía- hasta luego- dije sin girarme entrando en la casa.

Una ducha rápida. Desayuné un poco de arroz y verduras y me fui a clase. A medida que avanzaba la mañana los nervios se iban acumulando en el estomago. Ni siquiera los insultos de Mía hicieron que me olvidase de ello. Después de la última clase Minako me esperaba en la puerta.

A- Hola- dije apoyando la bolsa en el hombro.

Mi- ¿Nerviosa?- dijo con una sonrisa mientras caminábamos por el pasillo hacía secretaría, asentí con la cabeza- es normal, yo también lo estaría.

Aquello duró no más de diez minutos: un par de CD's, un guión, partituras, horarios…Empecé a hojear todo y la sensación de agobio pudo conmigo.

Mi- Tranquila, si sigues el horario todo irá bien- dijo intentando tranquilizarme.

Me acompañó al edificio de educación física y comimos en la cafetería. Cuando estábamos a punto de terminar aparecieron mis compañeros de piso con un montón de chicos más. Reían dándose pequeños golpes en el hombro. Saorân entró con Ruegi el último, los dos hablaban de algo seriamente.

Chico1- Vaya, Minako, ¿tú por aquí? Kanata está eligiendo la comida, ahora vendrá- otro par de chicos se unieron a él, conocía demasiado bien esas miradas y sonrisas, guarros- ¿Podemos quedarnos a comer con vosotras?

Mi- No- dijo secamente, al parecer aquellos chicos no le caían muy bien.

Chico2- Al menos preséntanos a tu amiga- noté la mano de uno de ellos sobre mi hombro, ¡qué descaro!

Mi- Yo no haría eso a no ser que quieras tener problemas con Hokabi- dijo con una fría sonrisa. Instantáneamente la mano de mi hombro se esfumó.

Chico1- ¿Unami?

R- ¿Qué se supone que estáis haciendo?- su voz sonó amenazante, los tres chicos se alejaron de repente para darle paso, con una mirada de terror en su rostro.

Chico2- Lo…lo…sentimos…no sabíamos que fuese Unami- dijo escondido detrás del tercer muchacho.

K- ¿Dónde está Unami?- dijo mirando de un lado a otro. Aquel chico nunca se daba cuenta de nada, pero era muy divertido.

Chico3- ¿Esta chica no es Unami?- dijo señalándome. Realmente tenían miedo a Hokabi.

A- No soy Unami, pero soy amiga de ella y de Ruegi, me llamo Totsuo Akemi- dije intentando ser educada con una sonrisa.

Chico1- ¿Eres la que ganó a Mia? ¿La que tomará clases con nosotros?- dijo acercándose sonriente, sin el miedo de momentos antes- Perder a Mia fue una lástima pero su sustituta no está nada mal- su voz sonaba asquerosamente confiada.

Chico2- ¡Hey Kadono! ¿Conoces a nuestra nueva compañera? – dijo cogiendo por un hombro al chico que acababa de llegar.

S- Hola, Akemi- dijo depositando su bandeja junto a la mía.

Chico3- Eehhh… ¿Y esas confianzas?

S- Somos amigos- dijo tranquilamente mientras empezaba a aliñar su ensalada.

Chico2- ¿Amigos?-su sonrisa lasciva me produjo arcadas- nos vemos después en clase, Kadono. Esperamos verte a ti también Akemi, creeme- me guiñó un ojo y se fue con los otros chicos a por su comida.

A- ¿Todos son así?- dije con cara de asco.

R- Más o menos. Ya te lo advertí- dijo mientras se metía un gran trozo de carne en la boca, lo engulló- menos mal que Saorân está contigo, las cosas han salido mejor que lo que esperaba, se piensan que eres su chica, con el miedo que le tienen a Kadono nadie se atreverá a tocarte.

A- ¿Qué creen queeeeeeé…?-dije levantando el tono de voz, ¿su chica?- pero si ya les hemos dicho que somos amigos.

Mi- Entiéndelo, algunos chicos no entienden que un chico y una chica puedan ser amigos sin que halla…ya sabes, algo más- dijo en un tono de voz más bajo cogiéndome una mano.

A- Cerdos- dije frunciendo el ceño.

K- Lo importante es que todo está solucionado, ¿no? Ya verás que bien te lo pasas, Akemi-chan, el profesor Nagata es muy bueno, y además mantiene las hormonas de todos esos a raya- aquel chico era tan transparente como se veía.

A- Eso espero.

R- ¿Qué ropa has traído? Espero que no intentes provocarles- me miraba ceñudo ¿Qué se pensaba que era yo? ¿Una calentona como aquella gata amazona?

A- Unos pantalones por debajo de la rodilla y una camiseta sin mangas de licra.

R- ¿Escote?

A- No.

R- ¿Aberturas?

A- No.

R-¿Ajustado?

A- Un poco.

R- ¿Cuánto es un poco?

A- ¡Por Dios, Ruegi! No sé, lo normal- fruncí el ceño- con lo que me siento cómoda, ¡Ni que fuese Unami…! ¿Estás celoso?- dije con una sonrisa burlona.

R- No- dijo sonrojándose un poco- sólo quiero estar seguro que si te molestan sea culpa de ellos y que tú no los incitas con esos modelitos que sueles llevar.

A- ¿Qué modelitos?- dije enojándome.

R- ¡Pues los que llevas últimamente! ¡Contoneándote de esa manera! Pareces una…una…

A- ¿Mujer? Es lo que soy, Ruegi-kun, tienes que acostumbrarte a ello. No me pasará nada, sabes que sé defenderme, ahora si no os importa me voy a cambiar y calentar un poco- dije levantándome.

R- ¿Calentar a quién?- dijo chillando.

A- ¡Serás estúpido!- dije estampándole la bandeja en la cabeza- no puedo empezar a hacer esos ejercicios directamente, tengo que calentar los músculos antes- le grité enojada, me giré y seguí directa hacia la puerta, ignorando las miradas que seguían mis pasos.

Decididamente Ruegi no era muy distinto de ellos si imaginaba esas cosas, ¿Yo provocarles? ¡Nunca! Me daban demasiado asco esas miradas que intentan quitarte la ropa y te tratan como un trozo de carne. Miré el papel, vestuario 1B, según el mapa estaba al final del pasillo. Seguí caminando hasta él e intenté abrir la puerta. Nada. Lo volví a intentar con igual resultado. Aquella puerta estaba cerrada con llave. Volví a mirar el papel y el mapa, no había nada.

-¿Quién anda ahí?- se oyó una voz desde dentro.

A- Soy una alumna nueva, me han dicho que este es el vestuario al que tenía que venir, pero creo que me he confundido- dije dándome la vuelta y empezando a andar por el pasillo.

- ¿A dónde vas?- dijo una chica desde la puerta que antes estaba cerrada- en esta escuela hay mucho mirón y pocas chicas, debemos tomar precauciones. Ven.

La seguí entrando al vestuario, debía tener unos seis años más que yo, cabello corto castaño y ojos verdes. Por su físico parecía no practicar las artes.

-Soy la profesora de Nociones Básicas de Medicina de segundo, señorita Denoitsi- dijo quitándose los pantalones elásticos para ponerse unos vaqueros- les enseño algunas nociones básicas de traumatología y como evitar las lesiones y curarlas del modo más eficaz- se quitó la camiseta y se puso una blusa color lavanda- tú eres la bailarina, ¿verdad?

A- Sí, estaré aquí durante una semana ¿realmente son tan peligrosos los alumnos de esta facultad?

D- Hay de todo, pero no te preocupes, aquí estamos los profesores para controlarlos- dijo sonriéndome mientras cerraba su bolsa- el problema es que son muy fuertes y están en una edad… y con vosotras en la facultad de enfrente… son así, afortunadamente no todos son así. Te toca Nagata, ¿verdad?- afirmé con la cabeza mientras ella se iba a la puerta- puedes estar tranquila, es uno de los pocos a los que respetan. Buena suerte.

A- Gracias- dije mientras terminaba de cambiarme y ella salía por la puerta. Me alegraba de conocer las artes, seguramente sería la única forma de que te respetasen en esta escuela. Guardé mis cosas en una taquilla y me recogí el pelo. Tomé el mapa y el horario y cerré el vestuario con llave. Los pasillos estaban bastante vacíos, la gente debía seguir en sus anteriores clases o comiendo en cafetería.

Llegué al aula cinco. La clase estaba vacía y la luz apagada. Encontré fácilmente el interruptor y el gran espacio se reveló ante mis ojos. Era bastante parecido e las aulas de baile, quizá hubiesen utilizado los mismos planos. El olor era diferente y había bastantes destrozos en aquella madera fruto de patadas, puñetazos e incluso malas caídas.

Me situé en el centro de la sala y empecé a hacer suaves estiramientos. A continuación me puse a hacer las katas más básicas para ir poco a poco aumentando el nivel.

- ¿Señorita Totsuo?- me giré para encontrarme con un hombre de unos treinta años que me ofrecía su mano.

A- Usted debe ser el señor Nagata- dije estrechando su mano.

N- Efectivamente, los informes no mentían, tiene más que conocimientos básicos de las artes marciales- se adelantó al tatami que estaba en la parte delantera del aula, dejó su bolsa- eso es muy satisfactorio, la única forma de que te respeten estos muchachos es ganarles- se giró de nuevo a mirarme- se lo digo por propia experiencia. Veremos quién es su rival, pero conociendo a los muchachos será Ikusi.

A- ¿Cree que estoy preparada para un combate? Hace mucho que no tomo parte en uno.

N- Por lo que he visto está mucho mejor cualificada que muchos de mis alumnos, tuvo que entrenar mucho en el pasado, no me conteste si no quiere pero, ¿por qué lo dejo?

Detrás nuestro la puerta principal se abrió dejando paso a un grupo de seis chicos, que rápidamente fue aumentando de número a medida que los muchachos iban entrando. Estaba situada en el lado derecho y los chicos se iban amontonando en el izquierdo y me miraban. Me sentía intimidaba. Hasta que uno de los últimos chicos que entró se puso a mi lado. Era Saorân.

S- ¿Qué tal?- dijo ajustándose las muñequeras- ¿Has tenido algún problema?

A- No, parece que son ellos los que lo tienen conmigo- dije señalando al grupo de chicos que nos miraban y cuchicheaban.

N- Vamos, vamos, esto no es un baile de instituto para que se pongan en grupitos cada uno en un lado, quiero cuatro filas y una separación entre ustedes de un metro, ¡Ya!

Los chicos empezaron a moverse y yo me sitúe a un metro de Saorân.

- Menudas vistas que voy a tener toda la clase, no sé si podré contenerme- oí una voz burlona a mis espaldas. Estaba claro que se refería a mí.

S- Será mejor que te contengas Ikusi- dijo sin girarse.

I- ¿Eso es una amenaza Kadono? Ella es mayorcita para defenderse, ¿no crees? Y también es mayorcita para otras cosas ¿no?- dijo moviendo las caderas de manera obscena y exagerada. Los compañeros de alrededor encontraron muy graciosa la broma.

N- ¿Pasa algo por ahí Ikusi?- dijo sonriendo mientras me miraba. Sabía lo que significaba. Sería mi rival.

I- Sólo estábamos dando la bienvenida a la nueva alumna- un coro de risas se escuchó por detrás.

N- Veo que tiene ganas de probar las habilidades en las artes de la señorita Totsuo- dijo burlándose de él, la cara del chico perdió la sonrisa burlesca para convertirla en una fanfarrona- así que si son tan amables, pasen aquí adelante, por favor.

Empecé a andar con seguridad hasta donde se encontraba el señor Nagata. Notaba a Ikusi detrás de mí. Debía medir casi dos metros y su complexión era mucho más fuerte que la de mis compañeros de piso, de una musculatura exagerada.

Nos colocamos uno enfrente del otro, hicimos el saludo oficial. Estaba nerviosa, muy nerviosa, y que mi contrincante fuera tres veces mi tamaño no ayudaba. Intenté tranquilizarme y analizar a mi oponente, buscado sus puntos débiles. Seguramente le superaría en agilidad y rapidez, esa era mi ventaja, debía aprovecharla.

Fui atacada por una llave que logre esquivar en el último momento, agachándome derrumbándole con una patada barrida, me alejé de él en postura defensiva.

Se empezó a levantar lentamente y pude ver la rabia en su mirada. Una idea me vino a la mente. Sonreí confiadamente, eso le hizo enfadarse aún más. Aquello iba tal como pensaba. Se lanzó contra mí como una fiera salvaje, sin pensar, le tenía justo donde quería. Cuando le tenía casi sobre mí, me deslicé hacia el suelo, le cogí de la camiseta y con el impulso que llevaba y la ayuda de mis piernas, le mandé volar por encima mío estrellándose contra la pared. Aquello debía haber dolido.

Me levanté del suelo y acomodé mi ropa. Ikusi se levantó del suelo con dificultad. Nos situamos uno en frente del otro. Hicimos de nuevo el saludo oficial. Al levantar la vista pude ver su mirada de odio mezclada con una sonrisa lasciva. Estaba segura que aquello no terminaría ahí.

N- Bien, creo que hemos aprendido una lección muy importante, nunca menosprecies a un enemigo por su apariencia- esperó a que nos colocásemos de nuevo en nuestro sitio- una dulce chiquilla con los conocimientos adecuados, puede vencer a la más indomable de las bestias, no te ofendas Ikusi- dijo con una sonrisa- y ahora chicos, ¿dónde lo habíamos dejado el último día?

Fueron dos horas duras, pero disfruté muchísimo. Intentaba no recordarlo, pero las artes eran una parte de mí, y cada vez que las practicaba, ahora sin la atadura del compromiso y rivales que me atacasen todavía, me sentía realmente libre, realmente yo misma. Aunque nunca lo reconocería.

N- Es todo por hoy, nos vemos mañana- dijo recogiendo su bolsa.

Cogí la toalla y el botellín de agua que había dejado en una esquina, Kadono me acompañaba.

S-¿Qué te ha parecido el primer día?- dijo secándose la frente por debajo del flequillo.

A- No ha estado mal.

S- Te manejas mejor de lo que esperaba, el combate ha estado muy bien- dijo bebiendo agua, no pude evitar mirar como unas gotas traviesas resbalaban por su cuello hasta su camiseta de tirantes, que estaba pegada a su cuerpo por el sudor. ¡Uf! Definitivamente aquel chico me alteraba demasiado y me hacía pensar cosas en las que hacía mucho que no pensaba.

A- Sí, al principio pensé que no podría, pero… tuve suerte.

S- No mientas, sabías muy bien lo que hacías- dijo con una sonrisa- sabías que Ikusi es un tonto y que aunque te superase en fuerza, podías volver su fuerza contra él.

A- Algo así- habíamos salido de clase y nos dirigíamos hacia los vestuarios- aquí se acaba nuestro trayecto juntos. ¿Tienes más clases?- dije parándome delante de su vestuario, el mío estaba al final del mismo pasillo.

S- No, podemos volver juntos a casa, te espero a que salgas, ¿de acuerdo?- dijo tomando la puerta, los gritos de los chicos empezaron a oírse.

A- Está bien- dije retomando mi camino, pude escuchar algunas voces dirigidas a Saorân para que me invitase a pasar, no pude oír la respuesta.

Cerré la puerta del vestuario con llave y empecé a desnudarme. Me tomé mi tiempo en la ducha hasta que noté que todos los músculos se habían destensado, me sequé y me puse una camiseta y unos vaqueros, desenredé el pelo y recogí todo. En quince minutos estaba fuera.

S- No esperaba que fueras tan rápida- dijo sorprendiéndome apoyado al lado de la puerta con su bolsa al hombro.

A- No soy como tu hermana- dije con una sonrisa mientras cerraba la puerta con llave.

S- Y no sabes cuanto me alegro- dijo empezando a alejarse por el pasillo a paso lento para que le alcanzase. Continuamos hasta la salida en silencio. No sabíamos que nos esperaban.

Chico1- Así que es verdad, la bailarina es la novia de Kadono.

Chico2- Eso es tener suerte, ¡Eh, Kadono! Podías dejárnosla un ratito.

Ninguno de los dos contestamos y seguimos nuestro camino, pero ellos todavía no habían terminado.

Chico2- Vamos, hemos visto como pelea, queremos probar sus "otras" habilidades.

Chico1- Tiene que ser una fiera- eso hizo que me sonrojase visiblemente, lo que les hizo todavía más gracia- parece que hemos dado en el clavo, ¿No la quieres compartir, Kadono?- se acercó a mí cogiéndome por la cintura.

S- Suéltala- dijo sin girarse- la estás incomodando.

Chico2- Ikusi nos ha dicho que se la llevemos, pero igual podemos divertirnos un rato antes, de cerca es aun más bonita- dijo cogiéndome la cara mientras notaba su fétido aliento, su mano empezó a deslizarse por mi cuello. Actué por reflejo, clavando mi rodilla en su entrepierna, cayó al suelo de dolor. Al otro le cogí el brazo y se lo retorcí hacia atrás.

A- ¿Qué decías?

Chico1- ¡Maldita zorra! Nos las pagarás, ten cuidado con tu noviecita, Kadono, igual te quedas sin ella- dijo chillándole, Kadono había seguido andando ignorándoles- ese creído…algún día le daremos una lección a él también, no es tan fuerte como se cree, encontraremos su punto débil.- dijo en un murmullo a su compañero mientras volvían a meterse en la facultad. Cogí la bolsa y corrí para dar alcance a Kadono.

S- ¿Estás bien? Supuse que te podrías ocupar de ellos- se giró a mirarme- no eres tan débil como Hokabi cree, ¿verdad?

A- ¿Cuál es tu punto débil?

S- ¿Perdón?

A- Han dicho que encontrarían tu punto débil, ¿Lo tienes?

S- Claro, todos tenemos un punto débil- dijo tranquilamente.

A- ¿Y cuál es?

S- Eso no puedo decírtelo.

A- ¿Por qué?

S- Prefiero que nadie lo sepa.

A- No confías en mí, ¿verdad?

S- Nada de eso, claro que confío en ti- el tono era seguro, no me miraba. Decidí arriesgarme.

A- ¿Cuánto?

S- ¿Cuánto qué?

A- No te hagas el tonto, cuánto confías en mí- dije poniéndome delante de él, me miró por unos segundos. Todo quedo en silencio. Miró su reloj y sonrió.

S- Se me hace tarde, se me había olvidado que había quedado, ¡Luego nos vemos!- dijo echando a correr hacia la estación.

Y me quedé allí, viendo como se perdía al final de la calle. Con la pregunta aún en los labios retomé el camino a casa. Al llegar me encontré sólo a las chicas, llevaban toda la tarde cocinando, me ofrecí a ayudarlas a recogerlo todo. Poco después aparecieron Kanata y Ruegi y nos sentamos a hablar saboreando unas ricas galletas de Matome. Les conté todo sobre mis clases, Kanata y Ruegi hablaron de lo que habían aprendido de medicina, Matome explicó que la receta de las galletas la descubrió en una revista de deportes por casualidad. Sobre las 9 apareció Saorân.

M- ¿Qué horas de llegar son estas? Llevamos esperándote un buen rato para cenar- dijo en tono enfadado, aunque hasta hacía unos segundos no había preguntado ni si sabíamos donde estaba.

S- Ya sabes que es por el trabajo- dijo con tono cansado, mientras empezaba a vaciar su bolsa en la lavadora.

M- ¿Y por qué a mí no me han llamado?

S- Ya te lo dije ayer, me llamaron a última hora, cuando estabas con Seichiro, ¿Recuerdas?- dijo guiñándole un ojo. Ya nadie sabía si hablaban en broma o en serio.

M- ¡Ah, sí, sí! ¿Cómo se me había olvidado?- tomó la bolsa de su hermano y a él le hizo sentarse- Debes estar muy cansado, ¿Quieres unas galletas? Calentaremos la cena y en unos minutos estará lista- toda dulzura. Nos miramos los unos a los otros, en fin, cosas de hermanos.

La semana continuó agitada para todos y apenas teníamos tiempo para sentarnos a cenar juntos. Estaba deseando que llegase el viernes, así las clases con los chicos terminarían. No podía negar que me había gustado la experiencia, pero la compañía… los ataques por parte de Ikusi y sus amigos habían continuado, pero no habían pasado de ahí.

Nagata- Y eso ha sido todo por hoy, chicos, nos vemos la semana que viene- dio unas palmas para que los alumnos callasen- señorita Totsuo, enviaré mi informe directamente a la secretaria de su facultad, espero que haya aprendido y disfrutado de mi asignatura.

Los chicos empezaron a hablar y a abandonar el aula. Como todos los días me dirigía con Saorân hacia los vestuarios.

S- Hoy nos iremos juntos a casa de verdad- dijo con una sonrisa.

A- ¿En serio? ¿No me abandonarás a medio camino con alguna excusa como todos los días?

S- No- dijo riéndose- esta vez he arreglado los asuntos por la mañana.

A- Esta bien, ya sabes, dame 15 minutos- dije alejándome hacia el vestuario.

S- Hasta ahora.

Me duché rápidamente y a mi salida él me esperaba en la puerta. Decidimos salir por la puerta de secretaria para tener que ahorrarnos las bromas de sus compañeros de clase, ya teníamos suficiente después de haber estado escuchándolas toda la semana.

Hacia una tarde otoñal perfecta, las hojas ocres de los árboles, la suave brisa de media tarde, el ocaso del sol… y millones de parejas por la calle. Hablábamos de temas vanales, sin importancia, mientras pasábamos a los enamorados que con su caminar pausado y ausente te hacían esquivarlos para seguir el camino a una rapidez normal.

S- ¿Me parece a mí o ya hemos adelantado a diez parejas?

A- Yo he contado doce, se han debido poner todas de acuerdo para salir hoy- entonces recordé lo que me habían dicho las chicas por la mañana- y nuestros compañeros de piso no han sido una excepción, todos me han dicho que igual llegaban tarde y que no les esperásemos para cenar.

S- ¿No será que se han dado cuenta que hoy te tocaba cocinar a ti?- dijo con una sonrisa de medio lado que le hacia parecer realmente atractivo, lo que me hacía incapaz de enfadarme con él.

A- Veo que se te están pegando las malas costumbres de Ruegi- dije aumentando el paso para alejarme un poco de él y así hacerme la ofendida.

S- ¡Hey! Eso ha dolido- dijo adelantando el paso y dándome un pequeño tirón en el pelo- para mi es suficiente lo que sabes, ¡es mi comida favorita!- eso me hizo pararme en seco. Aquello debía ser una broma. El único motivo por el que aprendí a hacer esas comidas tras repetirlas innumerables veces era porque eran las comidas favoritas de Ranma. El se detuvo y me miro- ¿Qué te pasa? ¿He dicho algo malo?

A- Lo siento, es que me has recordado a otra persona- dije reanudando el paso con el corazón todavía un poco acelerado. Llegamos a la puerta de casa y abrí sin problemas.

S- ¿A cierto artista marcial de ojos azules de tu pasado?- dijo en apenas un susurro mientras entraba detrás de mí. Di la luz para iluminar la habitación y poder observar su rostro.

A- ¿Qué sabes tú de eso?- él miraba hacia otro lado, suspiró y me miró.

S- No sé porqué pero todas te lo repiten una y otra vez, y mi hermana me dijo que le habían dicho que se parecía a mí- dio un paso adelante- ¿es cierto?

A- Mmmm…- dije evitando el contacto visual y dando un paso atrás- ¿y qué más da?- me giré para dirigirme a mi cuarto, si seguía allí llegaríamos a "lo que existe entre los dos", conversación que en todo momento habíamos evitado desde la fiesta y que estaba en el aire.

S- Creo que es hora de aclarar las cosas- dijo agarrándome del brazo para evitar que me fuese.

A- No hay nada que aclarar- dije bajando la cabeza, sin oponer resistencia a su agarre.

S- ¿Entonces por qué no me miras?- dijo haciéndome girar sobre mi misma y cogiéndome el mentón para que le mirase. La tensión pudo conmigo y noté una lágrima resbalar por la mejilla. Su rostro era expectante, pero al ver la lágrima se dulcificó, ofreciéndome una sonrisa- ¿tan malo es lo que piensas de mi?

A- No, no es eso- dije en apenas un susurro- pero no puedo hablar de algo que no entiendo- reuní el valor y decidí ser sincera, noté que me temblaban las piernas como una quinceañera- no sé lo que significas para mí.

El silencio se hizo. Sus ojos buscaban en mí una respuesta, ¿para qué había dicho nada? ¿Qué fue de mi idea de sólo amigos? ¿Qué fue de aquello de que todos los hombres son iguales? ¿Qué fue del no sentir? ¿En qué momento me había empezado a sentir así? ¿Desde que le conocí? No, no sabía el momento en que mi corazón había vuelto a latir desbocándose como cuando era una adolescente, pero el hecho era que ahí estaba, por mucho que lo negase esto era algo más que una mera atracción. Pero, ¿qué? Una palabra clamó con fuerza en la cabeza y la borre instantáneamente.

S- A mí me pasa lo mismo- dijo acercándose un paso más- pero… no puedo negar… que no te veo como a las demás chicas- estaba casi rozándome- hacia mucho que no me sentía…- la luz se apagó de golpe, dejándonos en tinieblas. Temblaba como un animal asustado. Oímos un trueno e involuntariamente me abracé a él, podía notar su corazón tan acelerado como el mío y sus brazos envolviendo mi cintura-…así- susurró en mi oreja provocando un escalofrío que fue repetido al notar sus labios sobre los míos y su cálido aliento en mi boca.

Me besaba lentamente, como intentando saborear cada centímetro de mis labios mientras deslicé mis brazos alrededor de su cuello. Él intentó andar haciéndome retroceder, quizá para encontrar una posición más cómoda para ambos, pero algo me golpeó las rodillas por detrás y me hizo perder el equilibrio, llevándomelo en la caída. No duró mucho y me extrañé al caer sobre algo mullido. Era el sofá. Instantáneamente noté su cuerpo sobre mí, era menos pesado de lo que me parecía. Ahora nuestros cuerpos estaban totalmente en contacto.

S- Akemi…- su voz sonó grave, no me dio tiempo a contestarle, sus labios se habían apoderado otra vez de los míos, y esta vez con más ganas, de una forma casi salvaje, nuestras bocas entreabiertas dieron paso a nuestras lenguas, que se enlazaban una y otra vez sin parar. Casi no me daba tiempo a respirar, pero no me importaba. Empecé a acariciar su espalda mientras sus manos tocaban mi pelo. Dejé de notar sus labios en mi boca, para notarlos por mi cuello, recorriéndolo rápida y apasionadamente, casi con desesperación, mientras sus manos se deslizaban por mis piernas. Empezó a deslizarse por mi escote ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué más da? Todo se sentía tan bien…Mmm… ¿Qué era eso? ¿Por qué me vibraba el culo?

A- Para…- dije en apenas un susurro.

S- ¿Qué?- dijo en un jadeo parándose, una mano en mi pecho, otra en mi pierna, y algo que prometía entre sus piernas. ¿Desde cuándo era así de…?

A- El móvil, está vibrando el…- él se separó sentándose, yo le imité y busqué el móvil en el bolsillo trasero. Descolgué deseando matar a quien estuviese al otro lado del teléfono- Totsuo.

Matome- Akemi-chan, ¿por qué has tardado tanto en cogerme? ¿Qué hacías?- unos segundos en silencio- bueno, da igual, ¿estáis bien?

Mmm…sí- intenté controlar mi voz, pero al parecer no lo conseguí.

M- ¿Se puede saber que andabas haciendo para sonar tan…? ¡Espera, espera, espera! Dime que no he interrumpido "algo"- dijo casi chillando.

A-…no- la duda me había traicionado.

M- Ya, sí, sí…pásame a mi hermano, anda, porque está a tu lado, ¿verdad?- se oyó su risa- vale, vale, ya te dejo, pásamelo anda.

A- Matome- susurré, podía ver su silueta gracias a la tenue luz que entraba de las farolas de la calle, le pasé el teléfono.

S- Hola…no, no pasa nada…que no…¿otra vez?...ya…que no, anda dime…¿para qué has llamado?...no, eso ha sido después de hablar con ella…nada…¡Uf! Eres realmente pesada, dile a Seichiro que le doy el pésame…ja, ja, ja ¿ves cómo me da la razón?...- le veía moverse mientras me levantaba a subir los fusibles.

La luz se hizo y no pude evitar mirarle, sonriendo, levemente sonrojado, el cabello revuelto, la camiseta negra ligeramente ajustada… y entonces hice lo peor que podía haber hecho, me vi reflejada en el espejo, la camiseta de tirantes desajustada, los vaqueros descoloridos, el pelo totalmente revuelto, los labios rojos, demasiado rojos… estaba horrible, tenía el aspecto de una auténtica idiota, tan diferente de él…

Arreglé el pelo con las manos y puse la camiseta en su sitio, ¿A quién quería engañar? El desastre no era mi aspecto, sino yo misma. Otra vez me sentía como un saco de patatas: tosco y sin ningún atractivo. ¿Qué demonios veía en mí? Podía tener a cualquiera…y estaba conmigo, no lo podía entender, ¿qué era esto? Intenso, carente de sentido…él seguía hablando, noté como me miraba de reojo, y al darse cuenta que le había visto se sonrojó un poco más. A mí empezó a dolerme la cabeza, así que decidí huir otra vez y darme un baño relajante… Me dirigí a mi habitación cuando noté su mano sujetándome.

S- ¿A dónde vas?-dijo sin voz, moviendo los labios colgado todavía del teléfono.

A- Voy a darme un baño, nos vemos para cenar- dije muy bajo sin mirarle soltándome del agarre, cuando cerré la puerta, me apoyé en ella deslizándome hasta sentarme en el suelo, abracé las rodillas y recliné la cabeza sumergiéndome en ellas.

¿Qué quiero? ¿Qué es lo que realmente quiero? ¿Un lío? ¿Un novio? ¿Un amigo?

¿No ser la única que está sola? Desde que Unami y Ruegi empezaron a salir, apenas había tenido momentos para estar con ellos a solas, si lo pensaba realmente casi no les veía, comíamos, desayunábamos… pero nada más, desde aquella mañana en la casa de Seichiro no había hablado de nada importante con Unami, ni suyo ni mío, no sabía cómo iba su relación, cómo era esa primera experiencia de novios que experimentaban los dos… y no le había contado nada de todo esto que había pasado. Con Matome me llevo muy bien pero desde que empezó con Seichiro sólo la veía cuando nos íbamos a dormir o coincidíamos en la cena… ¿Sería Seichiro lo que ella esperaba? ¿A dónde habían ido? ¿Conocía ya a su familia? No tenía una respuesta porque después de tanto tiempo, ya nadie me necesitaba, todo el mundo tenía a alguien, todos menos yo, por eso quizá…

Me levanté y fui al baño, dejé caer el agua mientras se llenaba la bañera, observando lo limpia que se observaba en contraste con lo turbio que sentía mi interior. Preguntas, preguntas, más preguntas… ¿Cuándo llegarían las respuestas? Me desnudé y me introduje en el agua tibia, intentando dejar en blanco mi mente. Oí una voz perdida al otro lado de la pared, Kadono debía haberse ido a su cuarto a seguir hablando con su hermana. No entendía nada de lo que decía, pero sonaba contento. ¿Y si me hacía otra vez la loca y esperaba a que él diese el siguiente paso? Pero ¿Cuál era el siguiente paso? No creía que él volviese a acercarse a mí, había cometido un error dos veces, pero no creía que lo cometería por tercera vez. Porque para él todo aquello debía haber sido un error… con aquellas palabras sólo había intentado ser amable… Decididamente el baño no estaba consiguiendo relajarme, y la imagen constante de mi cuerpo desnudo no era para nada agradable, tan pálido y escuálido…no soportaba verme en el espejo desnuda, demasiados complejos o que quizá la realidad nos golpea más fuerte si nos viene de frente.

Salí, me sequé, me puse un pijama de verano consistente en unos shorts y una camiseta de manga corta y me sentía algo mejor pero cansada. Solté el pelo y lo cepillé suavemente, las púas acariciando el cuero cabelludo hicieron que parte de la tensión se despejase y los brazos de Morfeo me envolviesen poco a poco. Salí de mi cuarto sin apenas hacer ruido y me tumbé en el sofá hecha un ovillo, no me había dado cuenta de que una habitación se había abierto inmediatamente cuando me quedé dormida.

No sé cuánto tiempo estuve durmiendo, minutos, horas… y al despertarme vi un par de ojos azules observándome fijamente. Me levanté casi instantáneamente, miré mi muñeca pero tras el baño se me había olvidado ponerme el reloj.

¿Qué hora es?- dije estirándome.

S- Las nueve- dijo mirando la televisión apagada- la película que estaba viendo acaba de terminar y ahora me iba a poner a hacer la cena, justo te iba a despertar- dijo levantándose del asiento.

¿Por eso me estaba mirando? Miré la televisión apagada y me dio la sensación de que algo no encajaba. Me acerqué a la televisión. Estaba fría. ¿Cuánto tiempo había estado mirándome? Llevaba dormida más de dos horas, ¿habría estado todo ese tiempo mirándome? No, eso era imposible.

Viejos recuerdos acudieron a mi mente, veía a Kasumi con diecisiete años y yo con catorce, estaba intentando aprender a cocinar como tantas veces, y empezaba a dudar de la naturaleza de mis sentimientos por Tofu, entonces le hice una pregunta: ¿Cómo sabré si realmente amo a una persona? Y ella me contestó: Mamá decía que sabrás si estás enamorado si puedes pasar toda una noche mirando a una persona, sin dormir, contemplándolo, y sintiendo que para ti eso es suficiente, que sólo con mirarle eres feliz, porque sino ¿Quién iba aguantar pasar el tiempo mirando a una persona que no le importa? Ver dormir a una persona es una de las formas más sutiles y sinceras de expresar tu amor.

Recordé los ojos azules mirándome fijamente, la televisión apagada y esa estúpida mentira. Quizá él…

S- Akemi, ¿puedes ayudarme?- dijo asomándose por la puerta, quité la mano rápidamente de la televisión.

A- Sí, ahora voy- tonterías, no paraba de pensar tonterías. Él sonreía desde el marco y noté el corazón acelerarse de nuevo. No sé donde acabará todo esto, sólo sé que su compañía me es suficiente y que quizás algún día, tal vez pronto, esté preparada para darle a mi corazón a darle otra oportunidad.