Creo que no existen palabras para decirles cuanto lo siento por mi larga ausencia y la larga espera que les hice pasar, lo siento muchisimo, la universidad, las practicas, la pereza (porque para que mentirles) y la falta de inspiracion no me dejaban terminar el capitulo, ademas que la mayor parte de este es desde el POV de Regina, le agrego un poco mas de dificultad.

y se que es un poco tarde o mejor dicho muy tarde, pero muchisimas gracias por sus comentarios de los dos capitulos anteriores, me alegra que les encantara, tenia mis dudad con respecto a los vestidos y trajes, pero me alegra que les gustara.

Gracias a todos los que comentaron anteriormente y que seguian dejandome review para que asi me apresurara a actualizar, a Natacha Paredes, Love Girl, fairytale108, kykyo-chan, CCMLectoraEscritora (al fin pude terminarlo), JessRizzles, a Ansh (ambas hemos tardado, la inspiracion y la pereza nos gano muchas veces, pero al fin pude terminar el capitulo, ahora solo faltas tu), a Guest (no se si seas el mism de lo review que dejaron, a ti en especial te quiero pedir disculpas por la espera, fuistes quien mas insistio, espero disfrutes el capitulo) y por ultimo a Violetta9017 quien le prometi que esta semana actualizaria y aqui esta! al fin!.

Espero disfruten el capitulo, y que haiga valido la espera, tratare de no tardar demasiado con el proximo, ya tengo la idea asi que espero no tardar mucho, nuevamente lo siento y disfruten.


POV. Regina

- ¿Qué pasa Regina?, ¿porque esa cara? Parece que no me conocieras, no te habrás olvidado de mí, de tu compañero… ¿o sí? - Esto es imposible, no puede ser él, no.

- Tú… ¿qué haces aquí? No deberías estar aquí, aléjate de mí. – No puedo, esto debe ser una pesadilla, no puede ser él, desapareció hace años.

- Tus palabras me hieren Regina, acaso has olvidado por todo lo que hemos pasado, las batallas que hemos peleado juntos, las risas, los be… - Con cada palabra que sale de su boca, puedo sentirla como cuchillos hiriéndome en lo más profundo, recordándome el pasado, mi pasado con él.

- ¡Cállate! Me traicionaste, todo eso era mentira… me usaste. – Los recuerdos me invaden, cada uno de los momentos que pase con él, para terminar con el más doloroso, donde me di cuenta de la verdad.

- Mi querida Regina, todo eso fue por tu bien, para que aprendieras una lección importante – no sé en qué momento se acercó lo suficiente como para poder agarrar mi rostro – no puedes confiar en nadie y menos en tu compañero. – sentía como sus manos bajaban hasta detenerse en mi cuello y poco a poco ejercía presión.

Mis ojos no se apartaban de la expresión de su rostro, era la de alguien que disfrutaba causando dolor, causándome dolor, me faltaba el aire, trataba de soltarme de su agarre, sentía miedo y soledad, todo esto paso porque confié en él, en mi compañero.

- Somos compañeras ¿no? – una voz conocida resonó a mi espalda, aun con sus manos en mi cuello, como pude, voltee en la dirección de esa voz, para toparme con la imagen de una rubia de ojos cambiantes, verde-azulados y con una sonrisa, tendiéndome su mano – Somos compañeras ¿no? – repitió las mismas palabras, aun con su mano tendida hacia mí, con todo lo que me quedaba estire mi brazo en su dirección, mientras la presión sobre mi cuello aumentaba.

- No lo creo Regina – su voz volvió a llegar a mis oídos – si yo te traicione… ¿Qué te hace pensar que ella no lo hará? – sus manos presionaron más mi cuello hasta el límite, lo único que pude hacer fue cerrar mis ojos.

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La luz de la luna se filtraba por la ventana de mi cuarto, las rosas del florero sobre una mesa fue lo primero que mis ojos captaron al despertarme, no sabía qué hora era, pero por la oscuridad podía decir que todavía era de madrugada, sentía como gotas resbalaban por mi rostro y espalda, todo había sido un sueño… o mejor dicho pesadilla, necesite unos segundos más para poder calmar mi respiración, un sentimiento de impotencia y enojo hacia mí misma me invadió, necesitaba hacer desaparecer este enojo y rabia.

Después de esa pesadilla no podría volver a dormir, no al menos hasta que me desahogue, así que me cambie y me puse mi ropa de entrenar y me dirigí al dojo, no sería la primera vez, desde pequeña he tenido pesadillas que me impedían volver a conciliar el sueño y a manera de quitarme el miedo y poder relajar mi cuerpo, sin importar que hora era, siempre me dirigía al dojo a entrenar y funcionaba, eso es lo que haría ahora.

Apenas llegue empecé a lanzar golpes y patadas, cada uno con más fuerza, imaginándome que a quien lanzaba los golpes era él, por más que descargaba mi furia esta no desaparecía, la pesadilla todavía estaba muy presente en mi cabeza, cada una de sus palabras y los recuerdos que estas me provocaron, no me ayudaban a calmarme, todo lo contrario, solo me hacían darme cuenta que aún no había podido superarlo del todo, que aún me provocaba dolor y más que nada, que aún no era lo suficientemente fuerte como para derrotarlo, ni siquiera en sueños.

- ¡HAAAAAA! – en un solo golpe trate de sacar mi enojo en forma de llamarada, caí de rodillas ante el cansancio, no sé cuánto llevo lanzando golpes, tal vez unos minutos o unas horas, no sé.

- Si sigues así terminaras quemando el dojo – levante mi cabeza para dar de frente con la mujer que era mi maestra desde mi niñez – y estoy segura que a tu madre no le agradaría eso. Ten – no dije nada y solo tome la toalla que me ofrecía, no tenía fuerzas ni ganas de levantarme así que me quede sentada en el piso mientras me quitaba el sudor de mi frente. – Ya hace tiempo que no venias a estas horas a entrenar…supongo que fue una pesadilla, es lo único que te provocaría lanzar golpes de tal manera a estas horas. – No me sorprendía que Morgana llegara a esa conclusión, me conoce perfectamente y sabe que son muy pocas cosas las que me pueden alterar de esta manera y una de ellas son las pesadillas. – ¿Es la misma pesadilla de siempre?

Desde que tengo memoria, la misma pesadilla se repite en mis sueños, no importa qué edad tenga, siempre esa pesadilla me acecha, en mis primeros años no podía evitar llorar por horas después de despertar, no importaba que hicieran mis padres, era difícil calmarme, casi todos los días tenía la misma pesadilla, hasta la llegada de Morgana, que de alguna manera hizo que las pesadillas disminuyeran pero que no desaparecieran, ella fue la que en una de las tantas noches después de despertarme con lágrimas corriendo por mi rostro me llevo al dojo y me hizo entrenar, al principio le seguí con duda pero después de un rato entrenando mi mente y cuerpo se habían relajado y dejado de lado la pesadilla, desde entonces hago este mismo ritual cada vez que esa pesadilla me llega, pero esta vez, era un pesadilla diferente

- No, fue otra pesadilla… en verdad hace un casi dos meses que no tengo esa pesadilla – ahora que lo pensaba bien, así era, ya llevaba tiempo desde la última vez la cual fue un poco distinta de lo normal, es casi el mismo tiempo que llevo de protectora de Cruella, veo como mis palabras causan un poco de sorpresa en mi maestra.

- Ya veo. – no sé por qué, pero Morgana estaba pensativa, parecía que analizaba lo que dije, ella siempre se ha preocupado mucho por mi cuando se trata de esa pesadilla. – Eso es algo bueno. Por cierto, deberías de ir a descansar, creo que ya ha sido suficiente, sino la próxima vez quien vendrá será tu madre y no será muy amable – Huuu, debí suponer que si Morgana supo que estaba aquí también mi madre, no creo que este muy agradecida de que interrumpiera su sueño.

Sin más, Morgana se dirige a la puerta, al parecer solo venía a advertirme de la posible furia de mi madre si seguía interrumpiendo su sueño reparador

- Y una cosa más Regina… No puedes comparar a ambos, no todos son cortados con las mismas tijeras – su mirada grisácea me dio a entender que sabía de qué trataba mi pesadilla, no entendía como pudo darse cuenta, pero así fue.

- Somos compañeras ¿no? – Esa misma frase que me dijo en la fiesta, las mismas que se repitieron en mis sueños, volvían a sonar en mi cabeza, su imagen vino a mi mente, no terminaba de entender porque apareció en mis sueños o porque sus palabras me afectaban tanto, no podía permitir eso, no podía confiar, no al menos tan fácilmente, les llevo tiempo a Belle y a Kathryn el que volviera a confiar en ellas aun cuando ellas no habían hecho nada, pero mi confianza en las personas no era la misma desde entonces y no podía confiar en esa rubia tan fácilmente, por muy idiota, estúpida y… encantadora que sea. Después de todo, si el me traiciono, porque ella no lo haría.

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Volver a dormir fue un poco difícil, pero después de dar vueltas en la cama, logre dormir al menos dos horas antes de levantarme y prepararme para ir a las empresas De Vil. Mis padres ya se habían ido junto con Morgana según Olga me informo, mi hermana igual, al parecer tenía una junta algo urgente de último momento.

Después del desayuno, me dirigí a las empresas De Vil, preferí ir caminando, no quedaba lejos de la mansión y que necesitaba despejarme, aún tenía muy presente la pesadilla, no podía olvidar sus palabras y el que me afectara de esta manera me demostraba que aún no lo había superado, además de eso, era que no quería encontrarme con Emma Charming, no al menos después de este sueño.

Llevamos casi dos meses desde empezamos a ser compañeras, y aun hoy me sorprende la coordinación que tenemos al momento de pelear, nunca me había pasado eso, menos con una persona que hace poco conocí, ni siquiera con él. Pero aun así, no significaba para mí que tenía que confiar en ella, no podía confiar tan fácilmente en alguien, no después de todo aquello, aun cuando la persona en cuestión, fuese esa rubia idiota.

El sonido de un carro detenerse abruptamente me saco de mis pensamientos, dándome cuenta que me había detenido en mitad de la carretera, donde varios carros pitaban para que me quitara de en medio, lo cual hice lo más rápido posible, no podía seguir así, tenía que centrarme en lo importante, dejar esos pensamientos de lado, no podía estar completamente atenta a mi entorno con esta actitud que tenía hoy. "Vamos Regina, concéntrate", me dije a mi misma golpeando ambas mejillas con mis palmas.

Pude llegar al edificio De Vil sin ningún otro incidente como el anterior y llegaba justo a tiempo, solo esperaba que la señorita Swan llegara tarde, aun no estoy preparada para verla sin recordar la pesadilla y las dudas me provoco. Por suerte en este tiempo que llevo de conocerla, algo notable en ella es que la puntualidad no es su fuerte.

- Hola Regina - ¿¡Que hace ella aquí a esta hora?! Porque me has abandonado Dios - ¿Por qué esa cara?

Justo cuando necesitaba que ella fuera tan impuntual como nunca, es todo lo contrario y me la termino encontrando en la entrada, al parecer esperando por mí, con esa sonrisa de lado. Puede que vistiera sus jeans, camiseta y chaqueta, pero sin querer la imagen de ella en vestido esperando al lado de la señorita Lucas, para después esa imagen ser remplazada por ella en traje mientras bailábamos me llega a la mente, junto con sus palabras "Somos compañeras, ¿no?" Eran simples palabras que ella había dicho con gran simplicidad, pero para mí, esas palabras escondían viejos y dolorosos recuerdos.

- Hey, ¿estás bien? – su mano moviéndose de arriba a abajo es lo que me hace reaccionar.

- Si señorita Swan, estoy bien. – aparte su mano y respondí con brusquedad, fue algo que le causó sorpresa por lo que se notaba en su rostro, no tenía pensando contestar de esa manera, fue algo involuntario – La que debería preguntarse eso es usted misma, ¿a qué se debe el milagro de su puntualidad? – Trate de centrar la conversación en un solo tema antes que ella empezara a hacer alguna pregunta de porque mi actitud.

- He, oh bueno, en verdad no los sé, simplemente hoy me desperté con ganas de ser puntual – de entre todos los días tenía que ser puntual justamente hoy, empiezo a creer que es mi Karma por mandar a tanto pervertido al hospital.

- Mayor razón para considerarlo un milagro y dígame Señorita Swan ¿Qué hace aquí en la entrada? – era claro que estaba esperándome pero tenía que seguir con la conversación.

- Estaba esperándote, como llegue a tiempo no estaba segura si ya habías llegado o no, así que pregunte a la recepcionista y me dijo que aún no te había visto pasar y decidí esperarte aquí.

- Bueno eso es muy amable de su parte, pero me creo muy capaz de llegar hasta la oficina de Cruella sin necesidad de guardaespaldas – nuevamente veo como ella frunce el ceño por mi respuesta, o más bien por el tono que ocupe.

- Si, eso lo sé perfectamente, pero por si lo habías olvidado, la última vez me perdí en este gran edificio y no quise que eso volviera a ocurrir – como olvidarlo, llevamos casi dos semanas desde que empezamos a venir a las empresas De Vil, y más de una vez la señorita Swan se terminaba perdiendo de alguna manera, la última vez termino en la sala de fundición de materiales, el acceso es restringido en esa área claramente por seguridad, el como ella llego hasta ahí aun es un misterio para todos. –Además, que tiene de malo el que quiera esperar a mi compañera, por más que esta sea creída y sarcástica.

De nuevo esa palabra, porque tenía que haberla mencionado, los recuerdos del sueño me llegan de nuevo, inundando también mi mente de esas imágenes que desearía nunca más recordar.

- … Regina, en serio ¿estás bien? - siento el peso y calor de su mano sobre mi hombro y como reflejo sacudo mi hombro y me alejo de ella, nuevamente la sorpresa cubre su rostro pasando a una mirada de enojo y ¿dolor?, no, debe ser mi imaginación.

- Ya le dije Señorita Swan, estoy bien, así que deje de preocuparse y camine, se nos está haciendo tarde – sin más empecé a caminar en dirección del ascensor, para dirigirnos al último piso donde se encontraba la oficina de Cruella, para mi desgracia este edificio cuenta con 38 pisos, en otras palabras, el viaje en ascensor seria largo, en otra ocasión no tendría problema alguno, pero esta vez, será más que incómodo.

Puedo sentir la mirada de la rubia sobre mí, es diferente a las anteriores, puedo sentir como me trata de analizar, buscando la razón del porque mi actitud. La espera en el ascensor se hace más larga e incómodo, o al menos eso siento yo, veo como la señorita Swan se apoya en su pierna derecha para después de unos segundos cambiar a su pierna izquierda, me puedo imaginar que se muere por preguntarme o al menos saber que me pasa, porque al parecer, para ella claramente algo andaba mal conmigo.

En estos momentos solo espero que entienda con mi silencio y no siga insistiendo, después de todo no hay ninguna razón por qué deba explicarle o ella exigirme una respuesta, no somos más que conocidas, simples guerreras con el mismo objetivo… no somos compañeras, ¿verdad?

Al fin llegamos al último piso y seguimos en nuestro silencio, que fue roto por el saludo de cierto pelirrojo que se encontraba sentado enfrente de un gran escritorio.

- Al fin llegaron, ya empezaba a preguntarme que había pasado con ustedes – las palabras del pelirrojo rompieron el silencio que había entre nosotras – O más bien, me preguntaba que había pasado con Regina, ya que es ella quien siempre es puntual, es un milagro que tu estés aquí a esta hora Emma.-

- Pues ya vez que los milagros si existen –

Ambos comienzan una conversación en la cual no me interesa participar. Archie Hopper es el asistente de Cruella desde hace algunos años, por lo que Cruella nos dijo, él estudio psicología en una de las mejores universidades de StoryBrooke, el por qué paso de psicología a asistente me resulta extraño, pero no soy del tipo que vaya a preguntarle o inmiscuirme en su vida, aunque además de eso, hay algo en él que no termina de agradarme, puede que sea esa sensación que me da cuando nos observa, es como si nos analizara y buscara algo en nosotras, creo que es cosa de psicólogos, puede que sea eso o que simplemente me esté volviendo algo paranoica, porque por lo que parece la Señorita Swan no tiene ningún problema respecto a él.

- Si, que vienes desde muy temprano, a esa hora te aseguro que sigo peleando contra alguna vaca voladora mutante. - ¿Vaca voladora mutante?, porque no me sorprende escuchar algo como eso viniendo de ella. – Pero, en serio, comienzas a trabajar desde muy temprano y sales hasta muy tarde, ¿Acaso tu esposa no se molesta con ese horario? –

Y he ahí el cambio en Archie, esta es la segunda vez que veo como su expresión e incluso su postura cambia, su actitud sonriente y relajada se vuelve triste y amarga con la sola mención de su esposa, está claro a simple vista que algo le paso a su esposa, o puede que se hayan separado, seria entendible por qué el cambio de él, lo extraño es que su expresión no solo es de tristeza sino también de rabia y mucho enojo. El cómo alguien como él, puede tener un cambio tan radical solo hace que mi sensación de malestar hacia el aumente y puedo ver como esta vez la Señorita Swan se da cuenta del cambio, en verdad hasta un idiota se daría cuenta.

- … debo entregar estos documentos en el área de desarrollo en este momento, Cruella ya está esperando por ustedes. Nos vemos después – se despide de nosotras mientras entra al ascensor.

Me sorprende su actitud después de unos segundos. Antes de irse, su sonrisa relajada volvía como si no hubiese pasado antes, sí que es un hombre extraño.

- Veo que el concepto de delicadeza y de discreción son desconocidos para usted señorita Swan – mis palabras llamaron su atención y su vista se enfocó en mi – Debería aprender a no meterse en los asuntos personales de otros.

- Fue una simple pregunta Regina, fue por simple curiosidad, lleva un anillo entre sus dedos nunca pen... –

- Ese es su problema Señorita Swan, nunca piensa en las consecuencias de sus actos – Nuevamente subí el tono de mi voz, sin duda hoy era el día de perder mi calma y todo por culpa de ese estúpido sueño, es la primera vez que me afecta tanto después de estos años.

- ¿Estas segura de que estas hablando de lo que acaba de ocurrir con Archie o hay algo más? – su respuesta me sorprendió acaso sabría algo, no imposible. Veo como frunce el ceño ante mi silencio. – No sé qué es lo que te pasa, pero desde que llegaste no has dejado de actuar extraña… más agresiva, tomas cualquiera de mis palabras como si fuese un ataque hacia ti… No te pido que me cuentes de tu vida, tus fantasías o… maldita sea no te pido que me cuentes que desayunaste hoy. Solo te pido que me digas si tienes algún problema conmigo. Somos compañeras y aunque parezca increíble, incluso para mi… a veces… llego a preocuparme por ti.

Flashback

- Ya te dije que es un simple rasguño, así que deja de preocuparte, quieres.-

- ¿Un simple rasguño? Regina, es una herida hecha por una espada, no es un simple rasguño. –

- Solo exageras –

- Si claro, mejor deja de hacerte la dura y déjame ver esa herida. Aunque no lo parezca, en estos momentos estoy muy preocupado por esa herida. Para ser sincero, siempre me preocupo por ti.

Fin Flashback

Maldito sea ese recuerdo, maldito sea él y maldita sea Swan por hacerme revivir esos recuerdos nuevamente. No sé qué tiene esa rubia idiota que todo lo que dice me hace sentir extraña y más aún, me recuerda a él y su traición, me descontrola y me hace enojar por eso.

- Escúcheme muy bien, Señorita Swan, porque solo lo repetiré una vez – sé que me estoy dejando llevar por mi enojo y que puede que me llegue a arrepentir por esto, pero ya es tarde para detenerme. – Usted y yo no somos compañeras, ni mucho menos amigas, así que puede evitarse esa preocupación que dice sentir por mí. Y para serle sincera, no solo tengo un problema con usted, tengo muchos problemas.

Lo que mis ojos vieron después de que dijera esas palabras me hizo sentir como se formaba un nudo en la garganta y como mi corazón se oprimía.

El brillo en esos verde-azulados está impregnado de dolor, era una mirada de enojo y dolor la que me dirigía, sentí que duro años la conexión de nuestras miradas.

- Bien – Veo como la señorita Swan, sin decir más, ni dirigirme una sola mirada entra al despacho de Cruella.

Se necesitó solo una palabra de cuatro silabas para confirmarme que definitivamente me iba a arrepentir de mis palabras y lo peor es que el nudo en mi garganta solo crece al recordar esa mirada herida.

.

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¿Cuánto tiempo había pasado desde que entramos a la oficina? ¿Minutos? ¿Segundos? ¿Horas? Estoy segura que máximo podían ser tres o cuatro horas, pero se sentía como si cada hora fuese un día, todo por el silencio y la tensión que podía sentirse en la oficina. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que Cruella nos dirigía una de sus miradas analizándonos y casi preguntando con la mirada de "qué demonios pasa aquí". Y lo único que podía pensar y repetir en mi mente que esto era culpa de Swan.

Swan era la única culpable de esto, era culpable de las miradas inquisidoras de Cruella, era culpable de que las horas se sintieran eternas, era culpable de este silencio y tensión, era la culpable de esta… culpa… que hay en mi desde que mire el dolor en sus ojos.

Dirigí mi mirada a la rubia culpable de todo, aun dándome la espalda y estando concentrada en mantener en bajas temperatura el sistema de la máquina, que no se para que sirve, que Cruella está analizando, puedo imaginarme su cara de concentración, pero a la vez esa mirada que me dirigió hace horas, esa misma que me provoco un gran peso en mí.

- Muy bien rubia, necesito que vayas donde Archie y le pidas que te entregue los documentos de traslado de la nueva maquinara que se enviaran a las fábricas del sur.-

Tengo que admitir que tanto Swan como yo, nos sorprendió escuchar a Cruella después de un largo e incómodo silencio, no esperábamos que fuese roto abruptamente.

- ¿Qué? Pero yo… -

- Necesito esos documentos en estos momentos, así que ve o necesitas que vuelva a repetirlo. – de nuevo, por unos segundos sentí su mirada sobre mí.

- Te entendí perfectamente, pero que hay de la máquina, ¿no que esto era algo importante? – señalo la máquina de mediano tamaño.

- Ya termine de recolectar todo los datos que necesitaba, así que ha pasado a segundo plano, ahora lo que necesito son esos documentos… así que ve a traérmelos.

- ¿Pero porque yo y no…? –Nuestras miradas se volvieron a encontrar después de horas de evitarse, en un parpadeo mis ojos solo pudieron ver su cabello rubio y caminar en dirección a la puerta.- Ya traeré tus tontos papeles.

Después de que ella salió, todo volvió a quedar en silencio, bueno hasta que este fue interrumpido por el sonido de unos tacones, volteo en esa dirección, su mirada se topó con la mía, mientras se alejaba del taller y se dirigía a su escritorio.

Verla caminar por toda su oficina, me recuerda la primera vez que entre a esta oficina, en esa ocasión no pude evitar sorprenderme por el tamaño y todo lo que había dentro de ella. Su oficina ocupa todo el último piso del edificio y está dividida en dos, por así decirlo, ya que no solo es su despacho sino también su taller personal, según Cruella, es aquí donde tiene sus proyectos personales y más importantes, el taller se encuentra en el lado oeste del piso y su escritorio, sillones, y demás en el lado contrario.

- Ahora que estamos solas. ¿Me dirás que es lo que pasa con ustedes?

- ¿Qué? No sé a qué te refieres. No ha pasado nada.

- Claro… y esperas con esas pobres palabras convencerme de que no pasa nada entre ustedes.- Su mirada de "Ni tú te crees tus propias palabras" me irrito. – Han pasado horas en completo silencio, sin dirigirse ni una sola mirada, cuando normalmente es lo contrario, y ustedes dos no dejan de discutir por cualquier estupidez. Así que querida, si esperas que me crea tus palabras, subestimas mi inteligencia y percepción.

- … - No podía rebatir contra eso, era más que obvio para cualquiera que algo había pasado ente nosotras. – Y si así fuera, ¿Por qué me lo preguntas a mí? Creo que ambas coincidimos al pensar que a la Señorita Swan es más fácil de hacerle hablar.

- Por una simple razón querida, no es en sus ojos que encuentro culpa… si no en los tuyos. - ¿Culpa? ¿Yo? La que debería sentirse culpable debería ser la señorita Swan, ella es la culpable de… de confundirme…

El silencio se instauro entre nosotras, Cruella tenía su mirada en la vista de la cuidad que podía apreciarse desde su oficina.

- Tú y yo tenemos más cosas en común de las que te imaginas. Ambas hemos sufrido pérdidas, hemos dejado que nuestro orgullo nos domine, hemos peleado contra muchos enemigos y hasta con nuestros propios demonios, pero más que nada, ambas hemos sido traicionadas por alguien muy importante para nosotras.

Al ver mi rostro lleno de sorpresa, Cruella me dedico una pequeña sonrisa de comprensión y se acercó al ventanal de su oficina.

- No te deberías sorprender querida, recuerdo haberles dicho que había investigado todo sobre ustedes y cuando me refiero a todo es TODO. – ¿Ella sabe todo de mi vida? Pero que… - No es necesario que pongas esa mirada, no tengo ninguna intención de usarlo en tu contra. El caso es… cuando sufrimos una gran traición de alguien importante, nos encerramos en nosotros mismos, nuestros sentimientos, nuestro dolor, todo lo escondemos detrás de una máscara, cubrimos nuestro corazón en acero y evitamos todo lo posible de apegarnos a otros que no sean nuestra familia para así evitar que nos vuelvan a traicionar, porque, después de todo, si alguien a quien queríamos lo hizo, es lo más seguro que alguien más lo hará… eso es lo que pensamos y sentimos, verdad.

- … Si… traicionar y engañar ya es algo que está en la naturaleza de las personas, no se puede confiar en nadie, solo en tu familia.-

- Ahí te equivocas querida. Es interesante que tengas ese pensamiento, tomando en cuenta que escogiste ser una guerrera, en el campo de batalla debes confiar tu vida a tu compañero.-

- Eso mismo pensaba yo, pero tal pensamiento fue lo que casi me mata… fue el ataque de aquel en quien yo más confiaba el que casi me arrebata la vida.- Él fue quien me traiciono en el momento de una batalla, fue en ese momento que mostro su verdadero rostro y sus verdaderas intenciones. – Aunque eso ya lo sabía, ¿No es así? – la sonrisa y la mirada en su rostro no me agrado, me hizo sentir como una cría de 5 años que aún no entiende nada de la vida.

- Este mundo es grande y hay miles de personas en él, cada una única y diferente, no puedes culpar a cada una de ellas por el error de uno. He vivido más que tú, y no te niego que antes pensaba igual, pero he conocido y aprendido; siempre habrá una persona que penetre tu coraza y vea a través de tu mascara. Alguien que te demuestre que puedes volver a poner tu completa confianza en otra persona, sin miedo a que te traicione. Recuerda querida, no todos son cortados con la misma tijera.-

- Es la misma frase que Morgana me dijo antes. Ambas piensan igual y me dicen lo mismo, que debería confiar, como si fuera algo sencillo, por más que me lo dicen, ninguna de ustedes me pueden asegurar que no me volverán a traicionar. – Sé que nuevamente estoy reaccionando agresivamente, pero qué más puedo hacer, tengo recuerdos y cicatrices de esa traición que no me permiten olvidarla.

- Nunca dije que fuera fácil querida, para mí fue difícil, para ti será igual… o incluso peor. – Me observa por unos segundos para después empezar a dar pequeños pasos en mi dirección. – Y no, ni tu maestra, ni mucho menos yo, podemos asegurarte que nadie más intente traicionarte… Pero si te puedo asegurar que Emma Charming nunca lo hará. –

- … Yo… ¿Por qué estás tan segura de ello? Apenas la conoces, como para que digas eso con completa seguridad. ¿Qué tiene ella que te haga decir eso? – Una parte de mí, la que no quería aceptar, quería con todas las fuerzas que su respuesta lograra convencerme.

- Por su idiotez… - ¿Su idiotez? ¿Es en serio? – No pongas esa expresión querida, es decir, en verdad crees que alguien como ella, con su idiotez e impulsividad sea capaz de traicionar a alguien, ni siquiera es capaz de mentir. – Buen punto, en lo que llevo de conocer a la rubia idiota me he dado cuenta de ello, pero aun así… - Además… como pensar que es capaz de tal cosa, con esos ojos cambiantes, igual o más transparentes que el agua que controla o el hielo que crea, una mirada como esa es incapaz de ocultar algún engaño o traición, lo digo con completa seguridad, pues no es la primera vez que me topo con una mirada así.- por un momento, los ojos de Cruella tenían un brillo que en el tiempo que llevo conociéndola no había visto, parecía más joven incluso. – Si eso no te parece convincente, proviene de la familia mas idiota, pero sincera y directa que puedas llegar a conocer.- Ahora estábamos frente a frente, nos separaban unos veinte centímetros, su mirada ya no tenía el brillo de antes, ahora era oscura y fría. – Y si tu miedo es que te vuelvan a traicionar, entonces… acaba a todos aquellos que lo intenten, demuéstrale al mundo quien es Regina Mills… pero claro, no creo que eso llegue a ocurrir con la rubia. – Se alejó de mí y ahora se dirigía en dirección de su escritorio.- Una pate de ti sabe que la rubia es diferente y puede lograr lo que nadie ha logrado hasta ahora, y por más que luches no podrás evitarlo, solo lograras alargar esos silencios incomodos entre ustedes. Además no olvides que ella también tiene sentimientos, en su mirada no solo había enojo, también había dolor, capaz se preguntaba a si misma que es lo que había hecho mal para que reaccionaras así. Después de todo eres su compañera. Pero dime Regina ¿Es ella tu compañera?-

- Yo… - No sabía que responder, estaba dividida, había una pequeña parte de mí que quiera intentarlo y otra que me gritaba que no lo hiciera. –

Cuando aún seguía en mi conflicto y Cruella esperaba mi respuesta, la puerta de la oficina se abrió, entrando por ella la Señorita Swan con expresión de hastió, preferí mirar en dirección contraria a la de ella.

- Cruella, Archie jura y perjura que esos documentos los tienes tú, que te los entrego hace dos semanas. –

- Sí, es cierto, los encontré en mi escritorio. –

- ¡¿Qué?! ¿Es en serio? Estuve como veinte minutos esperando por esos documentos. ¿Si los tenías porque me mandaste por ellos? – Claramente fue para hablar conmigo, pero eso no era algo que la Señorita Swan tenía porque saber.

- No exageres querida, lo importante es que ya tengo los papeles. –

- Pero yo… ha… Malditos documentos – Ver como la Señorita Swan hace pucheros por los documentos, provoco una pequeña risa en mí, lo que llamo la atención de las otras dos. Cruella me observaba con una sonrisa en el rostro y la rubia tenia puesta la mirada en mi con una expresión de sorpresa y una pequeña sonrisa, que desapareció cuando volví a ponerme mi mascara.

- Bien, ya es hora de irnos, en dos horas debo estar en el consejo – Fue Cruella nuevamente quien rompió el silencio.

-¿Ahora? Pero si tú misma has dicho que faltan dos horas.- Siempre he sido amante de la puntualidad, pero salir dos horas antes ya es mucho para mi.-

- Si ahora, acaso crees que dejare a mis queridos niños sin su paseo. – Ya todo tenía sentido. – No pude sacarlos a la hora que están acostumbrados, así que ahora que hay tiempo, aprovechare. Por lo tanto queridas, deberán de poner el doble de esfuerzo, porque lo más seguro es que mis niños estén muy inquietos. – Eso es más que suficiente para darme una idea de lo movido que será este paseo, y por la expresión de la Señorita Swan, parece pensar lo mismo.

Cruella parece disfrutar de nuestro futuro sufrimiento por la sonrisa que tiene. Empieza a caminar en dirección de la puerta y se detiene justamente a la par mía, dándome esa mirada que logra irritarme un poco.

- Por suerte ambas son compañeras y podrán hacerse cargo de mis niños juntas – eso fue bajo Cruella, ambas nos pusimos tensas a la sola mención de esa palabra.

"Compañeras" una palabra que para otros no puede significar mucho, pero para mí es más que decir que trabajo junto a alguien. Ser compañera de alguien, es decir que confió en esa persona, que junto a ella en el momento de una batalla no dudo de que esa persona me cubrirá la espalada. Muy en el fondo de mí, hay algo que me dice y asegura que ella, esa rubia molesta, insufrible, es diferente, hay una voz, una luz en lo más profundo de mí que me asegura que ella jamás me traicionara. Pero aun con todo eso, no me es fácil, no después de todos estos años.

- "Aléjate de ella" –

- "Te ves hermosa" –

- "Somos compañeras ¿no?" –

- "Somos compañeras, y aunque parezca increíble, incluso para mi… a veces… llego a preocuparme por ti"

… Estoy perdida, eso es lo que me repito incontables veces. Sigo a Cruella y a la Señorita Swan al ascensor. El ambiente en el ascensor es tenso. Cruella sigue dándome esas miradas de "¿No piensas hacer nada?". Pero en verdad que espera que haga; acaso quiere que me plante frente a la rubia y le diga, "Hey Swan, lo siento por todo lo que dije, ya sabes, fui traicionada por alguien a quien quería mucho y tus dulces palabras me recordarlo a él, por eso reaccione agresivamente, así que lo siento, ¿Compañeras?... Esta loca si piensa que diré algo así, que una parte de mi este considerando el darle una oportunidad a la rubia, no significa que deje mi orgullo.

Fue el timbre del ascensor avisando que llegamos al primer piso lo que me saco de mi debate interno, seguimos en silencio, sin ninguna mirada. Seguimos caminando hasta la entrada, donde nos espera un empleado de industrias De Vil, que se miraba en serios apuros por todas las correas que sostenía, en serio que todos los perros estaban inquietos por su paseo.

Cruella se acercó a sus niños y saludo a cada uno de ellos, para después agarrar todas las correas, liberando al pobre chico y dándomelas a mí. Su mirada era seria mientras me las entregaba y creo haberle escuchado decir "animo".

Fue cuando entendí sus intenciones. Era mi oportunidad o al menos eso era lo que Cruella me dio a entender con esa mirada.

- Bien, hora de irnos –

Ambas comienzan a caminar, mientras yo aún sigo con mis ojos puestos sobre las correas, todos los perros moviéndose a mi alrededor, deseosos de comenzar su paseo.

- Señorita Swan, ¿A dónde cree que va? – las palabras salieron por si solas, ya no hay vuelta atrás.

- Heee… pues, ¿a dar el paseo a los perros? – más que una respuesta, pareció una pregunta. Su sorpresa era visible al escucharme hablarle después de horas sin ni siquiera mirarnos.

- ¿En serio? Pues se le está olvidando algo importante Señorita Swan – desde aquí puedo imaginarme todas sus neuronas maquinando y tratando de encontrar la respuesta.

- Perros, Señorita Swan, perros. Como planea dar un paseo a los perros, sin perros o acaso pensaba dejarme a todos estos amigos peludos a mi.- Debo admitir que no sé cómo terminara esto.

- ¡No! Claro que no, es… solo, yo pensé – veo como mete sus manos en los bolsillos traseros de su pantalón y como se balancea, es claro que está nerviosa, más porque no sabe que me llevo nuevamente a hablarle, ni siquiera yo estoy segura del porqué, solo me deje llevar, razón que solo hace que mi corazón golpee con más fuerza mi pecho, malditos nervios.

- Bien, me alegra escuchar eso, porque no pensaba hacerme cargo de todos estos revoltosos yo sola, ya que claramente es tarea de ambas. – Estoy a punto de pronunciar esas palabras, una vez que lo haga no hay vuelta de hoja, no se siquiera si vaya a funcionar, si las aceptara o no, todo depende de ella y eso solo hace que el nudo en mi garganta aumente, puede que para otros esto les parezca tonto, pero no para mí. -…. Somos compañeras, Señorita Swan… no lo olvide… -

Pasan unos segundos que siento como horas, no ha dicho nada, yo aún sigo frente a ella, ahora extendiendo algunas de las correas para que las tome, pero ella no ha despegado su mirada de mis ojos, siento como si buscara algo en mí. Empezaba a desesperarme por su falta de reacción, hasta que al fin la veo cerrar sus ojos mientras una sonrisa aparece en su rostro, para después volver a abrir sus ojos y ver en ellos el mismo brillo de alegra que siempre tiene, fue en ese preciso momento, que sentí como ese peso en mi hombres y en especial en mi corazón desaparecieron.

- …Claro que no lo olvidare – Sus dedos rozaron la palma de mi mano cuando agarro las correas, sentí como una pequeña corriente recorría mi cuerpo por ese contacto, no pude evitar que una pequeña sonrisa aflorara en mi rostro y sospecho por como su sonrisa crece que ella también lo vio, pero en estos momentos eso no me importa.

Sin más palabras, camino en dirección que tomo Cruella, estoy segura que decidió dejarnos a solas apropósito. Las cosas entre las dos vuelven a ser como antes o… tal vez incluso mejor, al final decidí darle una pequeña oportunidad a la rubia idiota, es un pequeño paso, pero suficiente por ahora.

- Regina – fue difícil detener a todos los inquietos hijos de Cruella al escuchar el llamado de la rubia. Con dificultad volteo a verla, su sonrisa no había desaparecido, teniendo esa sonrisa rodeada de varios perros que se movían en todas las direcciones, era una imagen singular – Voy a lograr que confíes en mí, te demostrare que soy diferente.

Ahora la que quedó inmóvil fui yo. Esa rubia idiota paso al lado mío y sin más se alejó. Como es posible que dijera justamente esas palabras, acaso ella sabe algo de… no… ella no sabe nada. "Una mirada como esa es incapaz de ocultar algún engaño o traición", puede que empiece a entender esas palabras.

- Idiota – En verdad que es una idiota… una idiota diferente.

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POV. Nadie

El paseo había durado más de lo que Emma y Regina habían pensado. Cuando Cruella les había dicho que sus pequeños estaban inquietos y emocionados por su paseo, nunca pensaron que lo estarían tanto.

Es la primera vez que hasta la morena terminaba siendo arrastrada. Lo normal era que la rubia terminaba tragando tierra y siendo arrastrada por un buen tramo, pera esta vez incluso la morena, quien lograba de alguna manera calmarlos, pero esta vez no corrió con suerte y termino teniendo el mismo destino que la rubia.

Tal desgracia, por palabras de la morena, era culpa de la rubia idiota por no poder controlar a los revoltosos que ella llevaba y que para aclarar eran menos. Cosa que fue inicio de una discusión que duro todo lo que quedaba de camino para llegar al Concilium. Cruella se encontraba entre sorprendida, molesta, cansada y divertida, una rara mezcla, sin duda. Pero, es que cualquiera que estuviera en su lugar estaría igual.

Desde tempranas horas, cuando se habían presentado a su despacho como venían haciendo desde hace unas dos semanas fue testigo de un silencio incomodo, miradas que evitaban encontrarse y lo peor de todo, una tensión pesada, que era muy diferente a la tensión que normalmente habida entre esas dos. Fue más que claro para la concejal que había pasado algo. Como ya era algo que hacía de forma casi inconsciente, decidió esperar y observarlas, analizando a cuál de las dos sería la más indicada para aclarar sus dudas, la Concejal no era de meterse en asuntos de otros, pero el ver a esas dos de esa manera no era algo que le gustara. Fue la mirada de Regina la que le indico que ella era la escogida, además de darle una idea de la causa de ese silencio. Y no se equivocó, el dolor de una traición y la desconfianza que esta deja son muy difíciles de eliminar de los corazones, Cruella lo sabía muy bien, por ello le alegraba que la morena siguiera su consejo y decidiera darle una pequeña oportunidad a Emma Charming, era un pequeño paso, pero muy significativo si se tomaba en cuenta que la morena era igual o hasta más orgullosa que Cruella.

El problema ahora era que esas dos no se callaban, todo lo contrario a horas atrás, seguían metidas en su discusión, aun cuando ya habían dejado a los pequeños de Cruella, las dos guardianas de la concejal, seguían en su va y venir de palabras, es ese momento Cruella solo deseaba que un poco del silencio de antes volviera, pero no tenia de otra más que soportarlo, aunque para que negarlo, Cruella las prefería así, prefería verlas discutir que no dirigiéndose ninguna palabra, eran un par singular y tenían cierta chispa de competencia y camaradería entre ellas que ignoraban ellas mismas y salía a relucir cuando estaban en una pelea, Cruella siempre se divertía observándolas discutir y más ahora que no solo la rubia idiota sino también la morena orgullosa tenían su ropa llena de tierra y su cabello lleno de hojas.

- Por última vez Regina, . – insistía la rubia a la morena, era la misma frase que se venía repitiendo durante todo el viaje al concejo.

- Señorita Swan, entonces déjeme preguntarle por última vez. ¿Quién llevaba a cargo menos perros? ¿Quién fue que soltó a la pequeña Noa en el parque? ¿Quién fue quien me jalo del brazo arrastrándome junto a ella y haciendo no solo que mi ropa sino mi cabello quedaran hechos un desastre? – La rubia apenas abría la boca para responder, cuando Regina le interrumpió antes que comenzara – Fue usted, Señorita Swan, todo porque no pudo controlar a Chip y Pinky.

- ¡Eran un Gran danés y un San Bernardo! Como esperabas que los controlara, – Lo que más lamentaba en esos momentos la rubia, era el estado de su chaqueta, fue la que más sufrió daños, tenía varios agujeros por todos lados, Emma estaba pensando seriamente en cobrársela a Cruella, después de todo la verdadera culpa la tenía ella, ya que eran sus perros, aunque la rubia se seguía preguntando que pensaba la concejal en el momento de nombrar a esos dos, es decir, quien llamaba Chip y Pinky a un San Bernardo y a un Gran Danés respectivamente. – además, si la pequeña Noa se soltó fue porque estaba tratando de controlar a Chip y Pinky, y por ultimo tienes que aceptar que el que los perros siguieran a Noa al ver a donde corría fue culpa de Cruella por no haberlos sacado antes. – Las dos chicas dirigieron su mirada a la concejal que caminaba por delante de ellas escuchando toda la discusión.

- Jajajajajajaja, no vengas a lavarte las manos conmigo querida, acepta la culpa que es claramente tuya, además si te refieres a los daños que sufrió el puesto de ese vendedor, ya los pague. – movió su mano, como un claro gesto de que no era la gran cosa lo que había pasado.

Regina y Emma no pensaban lo mismo, los revoltosos hijos de Cruella no solo habían arrasado con el puesto, también con el vendedor y aunque este no haya salido herido, solo en el suelo, rodeado de varios perros, de todos los tamaños y razas es algo que a cualquiera traumaría. Fue ahí cuando Chip y Pinky y otros dos perros que llevaba Emma siguieron a Noa, en especial los dos primeros, fue por la fuerza y el presentimiento de que pronto estaría con la cara pegada al suelo que se sujetó de Regina, quien también peleaba con los 6 perros que ella llevaba, quienes igual querían seguir a Noa.

Ninguna pudo hacer nada más que cerrar los ojos y esperar el golpe, que no tardó en llegar. Fueron arrastradas por 6 metros hasta que pudieron soltarse de las correas y cabe aclarar que la rubia no había soltado a la morena, no hasta que ambas tuvieron tendidas en el suelo.

La cantidad de perros, los ladridos de todos ellos y las dos personas en el suelo llamaron la atención de varios que se encontraban ahí. La razón de todo ese desastre y de la alegría e inquietud de los perros eran por los globos y pelotas que vendían en ese puesto. Al parecer los niños de Cruella tenían una obsesión con las pelotas y globos.

- Al fin hemos llegado, no creo que hubiese podido seguir soportando su tonta y larga discusión. – la morena sospechaba que la concejal sabia o se imaginaba como podía llegar a terminar el paseo, parecía que esa era la manera de la concejal de estrechar lazos entre ellas, o posiblemente su forma de hacerles pagar por la incómoda mañana que le hicieron pasar.

Ahora se encontraban en el último piso del Concilium, frente a la puerta de la sala de reunión de los concejales, solo Cruella podía entrar. Así que Regina y Emma se dirigieron a una de las salas de espera, en el camino a la sala ambas seguían luchando para dejar su cabello libre de hojas y de pequeñas ramitas, en especial la rubia, quien la tenía más difícil al ser su cabello más largo.

Estaban tan concentradas en ello, que no se dieron cuenta de la presencia de Belle y Ruby en la sala, amabas morenas llevaban tiempo de haber llegado y estaban ensimismadas en una plática, pero de un momento a otra el rostro de Belle se volvió completamente rojo y por reflejo lanzo una ráfaga de aire a la otra morena que por los pelos pudo esquivarlo, no así la rubia que estaba justamente enfrente de la trayectoria de la ráfaga, fue hasta en ese momento que ambas morenas se dieron cuenta de la presencia de sus amigas. Por el contrario la rubia solo sintió como volvía a perder el equilibrio y caía, como reflejo movió sus manos hacia adelante para amortiguar la caída, para sorpresa de la rubia, cayó en algo blando o al menos eso le indicaban sus manos, había cerrado los ojos por reflejo, pero fue hasta que escucho un quejido provenir debajo de ella que los volvió a abrir, topándose con unos ojos marrones sorprendidos y unas mejillas morenas sonrojadas, no sabía que decir, la rubia quedo paralizada por la situación y la corta distancia que las separaba, por unos segundos todo estuvo en silencio y nadie se movió, no fue hasta que la mano izquierda de la rubia, como si tuviera mente propia, apretó lo blando que sentía, es decir uno de los pechos de la morena y como si eso fuese el botón para hacer detonar una bomba, Regina exploto.

- ¡SWAN! – Emma solo pudo sentir com sus manos recibían una descarga antes de alejarse en segundos, si no hubiese reaccionado a tiempo sus manos ahora estarían chamuscadas.

- ¡Regina, casi me dejas sin manos! – gritaba y sollozaba la rubia en el piso dando vueltas en el por el dolor, empezaba a sentir que sus manos se adormecían.

- Eso es lo mínimo que se merece Señorita Swan por… por… - "por tocar mis pechos" fue lo que pensó la morena incapaz de poder decirlo en voz alta, miraba como la rubia seguía retorciéndose en el piso, hasta que escucho una gran carcajada, dándose cuenta hasta ese momento de la presencia de las dos morenas.

La morena de mechas rojas, amiga de la rubia se encontraba en también en el piso, pero a diferencia de la rubia era por la risa provocada por la mala suerte de su amiga y la otra morena, amiga suya, de pie con el rostro sonrojado y apenado, mirando con molestia a su compañera y con un movimiento de su mano, lanzo las dos tazas de té que se encontraban en la mesita a la cambiante, derramando todo sobre la de mechas rojas logrando que se callara.

Una vez, sin las risas de la cambiante, solamente quedaban los quejidos de la rubia y los refunfuños de la de mechas rojas como música de fondo, aunque eran completamente ignoradas por las dos morenas que seguían de pie y sonrojadas

- Y… Bueno ¿Cómo es… ¿Qué les paso? – pregunto Belle después de notar el estado de la ropa y el cabello de ambas chicas.

- … - Regina abría y cerraba la boca, tratando de explicar su altercado con los perros, hasta que de forma sencilla, según ella, resumió todo en 6 simples palabras – Fue culpa de la Señorita Swan –

- ¡Regina! – nadie en la sala podía asegurar si el grito era de reproche por haberle echado de nuevo la culpa o un grito de dolor por sus brazos, ni siquiera la rubia lo sabía, de lo que si estaba segura es que empezaba a sentir que ahora no solos sus manos, sino que ambos brazos se le empezaban a entumecer.

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Sala de Reunión del Concejo.

- Entonces, ¿todos estamos de acuerdo en asignar a ellas cuatro para esta misión? Si es así levante la mano todos aquellos que lo estén. – Se escuchó a Marco por toda la sala, esperando la decisión de los demás concejales.

Uno por uno, fueron levantando su mano, siendo el último el concejal Bealfire, que aún estaba renuente de la decisión.

- Bien, al parecer es unánime, si es así, háganlas pasar. – Esta vez fue Granny quien hablo, esperando a su nieta y las demás que entrara.


¿Que les parecio? Estuvo bueno, malo, regular un asco? Ya mas adelante llegaran a saber quien fue que traiciono a Regina. En el proximo las chicas se prepararan y empezaran su mision, ademas que pronto saldran nuevos persojes.

Bye