Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
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#9. Amistades rotas.
Tenten observó por décima vez la pila de papel decorativo y los listones, al paso que iban, no terminarían nunca.
Soltó un suspiro cansado.
—Entonces, ¿por qué estoy aquí, sentado, ayudándote a decorar tus invitaciones? —replicó Kiba, quien había aceptado echarle una mano.
—Porque eres mi amigo, además —la chica tomó un poco de listón rosa—, si decoro las invitaciones de mi boda por mí misma, puedo ahorrar dinero, es más práctico.
El Inuzuka la miró incrédulo.
—¿Siempre eres así de tacaña? —frunció el ceño—, aparte, son como ciento cincuenta invitaciones, ¿planeas decorarlas todas tú sola?
—No —le sonrió maquiavélicamente—, por eso estás tú aquí, para ayudarme.
Planear una boda era toda una hazaña, desde el vestido, la comida, los centros de mesa, manteles, meseros, invitaciones, etc. A pesar de que su prometido (un chino simpático que ella adoraba) había pagado casi todos los gastos, Tenten no podía dejar de sentirse mal al ver que el dinero desaparecía como por arte de magia.
Ella no quería una boda así de grande, de hecho, hubiera sido feliz con una pequeña ceremonia, pero los padres de su casi esposo se habían aferrado a la idea de que querían una gran fiesta, y al final no se pudo negar, de por sí fue difícil que aceptaran la idea del matrimonio.
Yuan, era su novio desde hacía un año. Ambos se conocieron en un viaje que ella realizó a Shangái, y desde que se vieron, tuvieron una conexión instantánea, al poco tiempo empezaron una relación.
Lo amaba, y estaba muy segura de querer compartir su vida con él.
Aunque no todo el mundo estaba de acuerdo en que decidiera casarse a los veinte años (los padres de su prometido, por ejemplo), Tenten no le veía lo malo. Cuando tenía dudas, recordaba a Hinata, quien estaba más que feliz con su vida matrimonial, y eso le daba fuerzas.
—Tenten —Kiba interrumpió sus pensamientos.
—¿Qué sucede? —respondió, algo distraída, mientras metía las invitaciones en una bolsita, para darles una mejor presentación.
—¿Recuerdas que me diste el collar de los Hyūga para que pudiera venderlo?
—Sí, ¿qué sucede con eso? Ya hasta le mandaste el dinero a Hinata-chan, ¿no? Bueno, ella me dijo que ya le había llegado.
—De eso te quería hablar… no hice exactamente lo que ella me dijo.
Tenten hizo a un lado las invitaciones, y fijó su mirada en Kiba, sin poder creer lo que acababa de escuchar.
—Kiba, ¿qué diablos…?
—No lo vendí —confesó el chico, finalmente. Cuando se dio cuenta que su amiga le iba a reclamar, la interrumpió—. Escucha lo que tengo que decir, ¿de acuerdo?
No recibió una respuesta, por lo que continuó hablando:
—No pude hacerlo, el sólo pensar que era el único recuerdo que tenía de su madre, me detuvo. Aunque diga que no le importa, y es un objeto cualquiera, sé que no es así. Hinata siempre ha recordado a su madre con mucho cariño, siento que sólo estaba actuando por impulso. Por eso, en vez de venderlo, lo guardé, para devolvérselo cuando llegue el momento adecuado.
La castaña estaba boquiabierta.
—P-pero, ¿de dónde sacaste el dinero que le mandaste? Kiba, ¿te das cuenta de lo que has hecho?
Él suspiró.
—Ya lo sé, se molestará cuando sepa que no cumplí al pie de la letra el favor que me pidió. Y sobre el dinero, bueno, era lo que iba a utilizar para el depósito del local en donde mi mamá iba a poner la panadería, pero lo puedo recuperar después —dijo, como si nada.
Tenten no le respondió, mientras analizaba todo lo que acababa de escuchar. Recuerdos de cuando estaban en el instituto la abordaron; siempre solía ser así, Kiba se preocupaba por Hinata, más que por sí mismo. Nunca terminó de entender la relación que esos dos mantenían, donde eran amigos, pero a la vez parecían tener algo más.
Sentía pena por él. Sabía que estaba enamorado de su amiga, aunque siempre lo negara (parecía que jamás iba aceptarlo), pero sus acciones lo delataban. Kiba estaba asustado de que Hinata pudiera sufrir, por eso aún en la distancia, trataba de protegerla.
—Entiendo tu punto, pero —lo que iba a decir, le apretó el corazón—, creo que sabes que ella ya no es una niña, Kiba. ¿Comprendes?
El chico arqueó una ceja.
—¿A qué te refieres?
—Si pidió que le vendieras el collar, debiste hacerlo.
—Pero te acabo de explicar que si lo hacía…
—Lo sé —lo interrumpió—, «qué tal si Hinata se arrepentía después, de haberse deshecho del collar», ¿eso pensaste, no? Pero, ella ya no es una niña asustadiza que necesita que la protejan, quizá nunca lo fue. Ahora ya maduró, es fuerte, y no está sola, tiene a Naruto —se acercó a Kiba, mientras le daba un apretón en el hombro—. Déjala volar, y si se cae, que aprenda a cómo levantarse.
Kiba soltó una risa amarga.
—Si pudiera evitar que sufriera, lo haría.
—Siempre queremos proteger a las personas que amamos —suspiró—, sólo que no siempre se puede.
Sabía que su amiga tenía razón, ¿pero cómo le decía a su corazón que dejara de preocuparse por la Hyūga? Era casi imposible.
—Todos sabíamos que estaba enamorada de Naruto, pero nunca le tomé importancia, lo miraba como algo lejano, que no sucedería. Por eso no intenté nada más, sin embargo, cuando me enteré de que estaban saliendo, fue como un balde de agua fría, aunque en el fondo creía que no durarían mucho —sonrió con ironía—. Pero ya ves, ¿cuánto ha pasado? ¿Cuatro años? Y no sean separado ni una sola vez. Hinata es feliz, y me da gusto, siempre voy a desear lo mejor para ella.
—Sabes, Sakura-chan y tú se parecen mucho, ella sentía algo así con respecto a Naruto, pero al final logró resolver sus sentimientos, justo como tú. Ahora todos estamos unidos por una fuerte amistad, y creo que es lo importante —le sonrió—. Para Hinata siempre serás muy importante, tienes un lugar en su corazón que ni Naruto puede llenar. ¿Quién la consoló cuando fue rechazada? ¿Quién le limpió las lágrimas cuando su padre la maltrataba? Ella está consciente de que siempre estuviste ahí, me consta. No deberías preocuparte porque se olvide de ti, o deje de quererte, cada que me habla, pregunta por ti y Shino, siempre piensa en ustedes. Y también sabe que puede contar contigo. Creo firmemente que ese tipo de lazos son los que le dan sentido a la vida, ¿no lo crees?
—Supongo que tienes razón —se quedó pensando, mientras ponía las manos detrás de la nuca—. Con que dejarla volar, ¿eh?
Tenten asintió.
—Bueno, algo así, entiendes el punto.
—Sí —Kiba le sonrió—. Es bueno que Hinata tenga una amiga como tú.
—Ya ni me digas, la extraño —su rostro se llenó de tristeza—. Pero, pronto podremos reunirnos todos, ya tengo sus invitaciones —se las tendió al chico.
—A ver… —leyó una por una—, Hinata y Naruto, Sasuke y Sakura, Lee, Shino, Ino, Temari y Sai, tienes razón, aquí están todos.
—Lo sé —sonrió orgullosa—. Estoy un poco preocupada porque Hinata y Naruto tendrán que venir a Tokio, pero, no creo que suceda nada malo, ¿verdad? Es decir, no es como que Hiashi-san se vaya a enterar o algo así.
—Nah, el viejo no va a gastar su tiempo en cosas como esas.
—Bien, entonces —tomó una caja repleta de invitaciones—, empezaré a repartir, aunque la de Hinata la tendré que mandar por correo a Niigata.
La chica siguió hablando sobre las desventajas de que tu mejor amiga viviera lejos, mientras Kiba la miraba con diversión.
—¿Tenten?
—Gracias por lo de hace rato. Y sobre lo del collar, ¿podrías guardar el secreto? Yo hablaré con Hinata cuando sea el momento.
—Sí —dijo—, eso hacemos los amigos, ¿no?
Se sonrieron mutuamente, sin embargo, el momento amistoso se vio interrumpido al sentir que un olor extraño invadía la habitación.
—¿A qué diablos huele? —Kiba olfateó—. Oh, no.
Tenten lo miró sin comprender.
—¿Qué sucede?
—Creo que Akamaru se hizo del baño en la alfombra.
El resto de la tarde, el chico se la pasó limpiando la alfombra, tal como Cenicienta, ante la mirada furiosa de Tenten.
Siempre que estaba entre sus brazos, Hinata se sentía amada: desde la forma en que la besaba, o hasta cuando sus cuerpos se entrelazaban.
En esos momentos, todas las preocupaciones desaparecían, y el tiempo parecía ir más lento.
—Te quiero tanto, Hinata —le decía, una y otra vez, mientras ella sentía los ojos llenársele de lágrimas.
—Y yo a ti, Naruto-kun —susurraba tímidamente.
Aquellos momentos, en la oscuridad, cuando se encontraban solos, y se convertían en uno, sentía que todo valía la pena.
Su padre, las deudas, la soledad, todo desaparecía, simplemente se dejaba llevar por todo el amor que le tenía al rubio. Estaba agradecida con el cielo, y con su madre, por mandarle a un ser tan maravilloso que la guiaba por el camino, y la apoyaba.
—¿Sabes lo mucho que te amo, verdad? —ella solía repetirle, sobre todo cuando éste la abrazaba, llevándose todas sus barreras, dejándola expuesta.
—Sí —y él le sonreía, mientras depositaba un beso en su frente—, siempre te cuidaré, de veras.
Cuando escuchaba aquella frase, finalmente dejaba fluir sus lágrimas, sin miedo, sin necesidad de restringirlas, porque sabía que Naruto besaría cada una de ellas, y en su lugar, la haría sonreír.
—Te amo —se decían una y otra vez, incapaces de distinguir de quién provenían aquellas palabras.
Estaban sentados en la pequeña mesa, mientras compartían el desayuno, Naruto sonreía de oreja a oreja, mientras le hablaba de su trabajo.
—¿Entonces? —preguntó—, ¿irás conmigo a conocer a los Kurosawa?
Hinata lo miró con duda.
—¿H-hoy? Pero, mírame —suspiró viendo su atuendo desaliñado—, ni siquiera tengo la ropa adecuada, yo…
—No, tontita, hoy no, sería muy apresurado, pero tal vez, ¿mañana?
No lo pensó mucho, realmente sería descortés realizar la invitación de las personas que les estaban brindando tanto apoyo.
—Bien, mañana.
El rubio sonrió.
—Genial, entonces hoy le diré al viejo que aceptaste, la verdad están muy emocionados por conocerte, incluso Misao…
—¿Misao?
—Sí —habló Naruto, mientras daba un trago a su té—, mi compañera de trabajo, ya te había hablado de ella.
Trató de sonreír, pero más bien resultó en una mueca nada agradable, y él pareció darse de cuenta.
—No pienses cosas extrañas —señaló.
Hinata se ruborizó levemente.
—N-no lo hago —dijo rápidamente, mientras se metía un gran bocado de estofado a la boca, para evitar la incomodidad.
Naruto río antes las reacciones de su esposa, solía ser muy expresiva, sus emociones se pintaban por todo su rostro, lo cual le gustaba, porque sabía que era sincera.
—No sabes mentir —comentó el rubio.
Con esa frase, ella sintió que la comida se le atoraba en la garganta. Sí mentía, y cada vez estaba aprendiendo a hacerlo mejor.
No quería guardar más secretos, éstos se estaban acumulando.
Aún no le decía a Naruto que había vendido el collar de su madre, tampoco le contó sobre la llamada de su padre, o que tenía trabajo en una pastelería.
Se sentía incapaz de hablarle de sus cosas, y sabía por qué: él estaba siendo feliz. Sonreía todo el tiempo, hablaba alegremente de su trabajo, de las personas que conocía todos los días, y Hinata no quería agobiarlo con problemas tontos.
Sin embargo, al verlo ahí, sintió la necesidad de hablar, sobre todo desde la llamada de Hiashi. La noche anterior había podido olvidarlo por unos instantes, pero la realidad no se puede evadir para siempre, por eso, necesitaba decirle a Naruto, para que así ambos pudieran planear juntos qué hacer.
—Sabes, deberíamos ir a un picnic o algo así, hace mucho que no salimos juntos, ¿qué piensas? —sugirió el chico, interrumpiendo sus pensamientos.
—Yo… —¿cómo comenzar? ¿Cómo decirle que estaban pasando un montón de cosas a sus espaldas?
—Si no quieres cocinar podríamos comprar comida, ¿qué te parece?
—N-Naruto-kun —lo interrumpió.
—¿Sí?
—Verás, ayer yo conseguí un tra… —sin embargo, no pudo terminar la frase, porque se escuchó que alguien llamaba a la puerta.
Al verse interrumpida, soltó un suspiro. Cuando finalmente se había llenado de valor, parecía que el destino se interponía en que alcanzara su cometido.
Naruto se levantó a ver quién llamaba con tanta insistencia, Hinata no alcanzaba a distinguir muy bien de qué se trataba, pero vio cómo el chico recibía un sobre, y después firmaba una hoja.
—¿Quién era? —lo cuestionó, una vez que el rubio volvió a sentarse en la mesa.
—Correspondencia —dijo, mientras ojeaba varias cartas—. Kami-sama —exclamó.
La Hyūga lo observó curiosa.
—¿Qué sucede? ¿Algo malo?
—¡No! —Naruto sonreía de oreja a oreja—, ¡algo bueno, Hinata! ¡Mira! —le extendió un sobre rosado—: Tenten se va a casar el próximo mes.
Al escuchar esto, ella tomó el papel rápidamente, y se quedó observándolo un largo rato, mientras su corazón se llenaba de alegría.
No tenía palabras para expresar lo feliz que estaba por su amiga. Tenten era una de las personas más importantes en su vida, fue su primer contacto verdadero con el mundo exterior, después de Naruto. El sólo saber que estaba a punto de dar un paso tan grande como el matrimonio, la llenaba de alegría y nostalgia.
Recuerdos de cuando estaban en el instituto la embargaron, ¿cómo olvidar que fue la primera en hablarle en clases? Desde ahí, se hicieron amigas inseparables, y gracias a eso pudo acercarse al que ahora era su esposo, siempre le estaría agradecida por eso.
Tenten siempre le había dado ánimos cuando la situación con su familia se ponía difícil, la dejaba llorar en su hombro, y la consolaba diciéndole que todo iba a estar mejor. Cuando rompió por primera vez con Naruto, fue ella quien le dijo que todo se arreglaría.
Pero sobre todo, jamás olvidaría cuando la recibió en su departamento, en la madrugada, después de una discusión con Hiashi. Hinata se había sentido tan perdida y desesperada, sobre todo porque fue la primera vez que su padre la había puesto la mano encima. En ese entonces, había salido corriendo de su casa, sólo bastó con llamar una vez a Tenten, para que ésta la recibiera y le brindara apoyo.
Sonrió con ternura mientras observaba la invitación.
—Yuan-kun y Tenten-san se merecen esto —abrazó el sobrecito a su pecho—, han luchado mucho.
—Tienes razón. Espero y sean muy felices.
—Lo serán —respondió convencida—, ella se lo merece —sonrió con ternura—, ¿ustedes siempre fueron amigos? Ya sabes, antes de que yo entrara al instituto.
Naruto la observó curioso.
—No, en realidad, yo la conocí por Sakura-chan —se encogió de hombros—, siempre era amable, pero con un carácter fuerte, recuerdo que nuestra primer plática fue sobre las armas usadas en la segunda guerra mundial, fue raro.
Hinata soltó una risa.
—Tenten-san siempre ha estado interesada en las armas, su papá perteneció a la armada allá en China, y por eso es bastante aficionada al tema —dijo.
—Ya veo —entonces, el rubio se puso pálido, y sintió cómo la sangre se le bajaba al piso, al recordar una escena en particular—. ¿Hinata?
La pelinegra, que releía una y otra vez la invitación, levantó la mirada.
—¿Sí?
—¿Te acuerdas cuando terminamos por primera ocasión?
Asintió, ¿cómo olvidarlo? Fue un año después de que iniciaron su relación, las cosas se habían puesto difíciles gracias a la mamá de Naruto, y un montón de mal entendidos que ocurrieron en la escuela, ellos, tan jóvenes e inmaduros, no supieron manejar la situación, al final, el Uzumaki había decidido que era mejor que se separaran.
Hinata sabía que el sufrimiento que sintió en ese momento siempre lo recordaría. Las relaciones en la juventud siempre marcaban de alguna u otra manera. Un mes después del rompimiento, todo se solucionó, y fue cuando ambos decidieron empezar otra vez.
Esa fue la única vez que rompieron su relación, y esperaba que fuera la última.
—Claro, no es como que lo pueda olvidar —hizo una mueca triste—. ¿A qué viene la pregunta, Naruto-kun?
—Esa vez, Tenten vino a hablar conmigo, y me dijo muchas, muchas cosas —el rubio aún podía recordar el rostro furioso de su amiga, diciéndole que era un «poco hombre, y no se merecía a Hinata»—, pero lo más terrorífico, fue que antes de irse, me repitió que «si la haces llorar de nuevo, te meteré un shuriken en un lugar que no te va a agradar» —sintió escalofríos—¸e-ella, ¿lo decía en serio, verdad?
Al ver a su esposo pálido, a punto de vomitar, Hinata rompió en suaves carcajadas.
—¿Tenten-san hizo eso? ¿Por mí? —dijo entre risas—, me hubiera gustado verlo.
Naruto se abrazó a sí mismo.
—¡Ni lo pienses! Ella lo decía muy en serio, su cara daba miedo —el recuerdo estaba fresco en su memoria.
—Ya sabes, Naruto-kun, si me haces llorar, llamaré a Tenten-san para que cumpla su palabra —dijo la pelinegra, incapaz de contener la risa.
El chico no le respondió, mientras sentía como se le encogía el estómago, definitivamente armas y mujeres no eran buena combinación, sobre todo si éstas provenían de China y tenían padres militares.
Se detuvo frente al espejo por décima vez, repitiendo una y otra vez el discurso que tenía memorizado.
La chica en el espejo tenía la mirada firme, el largo cabello castaño estaba sujeto en una coleta alta, y vestía un traje negro, compuesto de una falda, y saco. Su apariencia era perfecta para la reunión que se llevaría a cabo en la empresa de su familia.
Pero incluso con tacones, y ese maquillaje algo exagerado, seguía teniendo el rostro de una muchacha de quince años.
Hanabi se estaba convirtiendo en otra persona, y no estaba segura si el cambio le gustaba. Mientras sus amigas estaban en una fiesta, bailando y parloteando sobre los chicos de la escuela, ella se encontraba ahí, en su recámara, nerviosa, jugando un papel que ni siquiera le pertenecía.
No solía echarse para atrás en cuanto a sus decisiones, desde el momento en que se comprometía a algo, lo cumplía, sin embargo, ahora que tenía un estilo de vida más estricto, diferente al tipo de chica que solía hacer, pensaba en todo el tiempo que echó a la basura.
Si Hinata no se hubiera marchado, ella ahora estaría en el otro lado de la línea: divirtiéndose, yendo a fiestas, preocupándose por la ropa que usaría al día siguiente, usando su tarjeta de crédito en cosas innecesarias.
Sí, se avergonzaba de haber sido la hija de papá, la consentida, la que no estaba el tanto de lo que ocurría alrededor. De no haber cambiado, probablemente Hiashi la hubiera tratado así hasta el final; manteniéndola al margen de los negocios, vendándole los ojos para que no se diera cuenta la clase de porquerías que ocurrían en su familia. Sin embargo, ahí estaba la diferencia, ella no era ninguna tonta, sabía aceptar los cambios, y adaptarse a ellos.
—¿Está lista, Hanabi-sama? —le preguntó Natsume, que la miraba orgullosa.
—Sí —respondió.
La mucama sonrió.
—La verdad estoy sorprendida, no esperaba que su padre la presentara oficialmente ante los accionistas, siendo usted tan joven. Ni Hinata-sama logró algo así.
Hanabi escuchaba atentamente.
—Mi padre no hace las cosas sólo porque sí, Natsume —se giró a verla—, no le creo el papel de «estoy orgulloso de ti». Desde que me pidió que me involucrara en los negocios de la familia, sé que espera algo de mí, sólo que no sé qué es —suspiró—. Si te soy sincera, es cansado, todo el tiempo debo estar en guardia, no puedo confiar en nadie.
—Una vez escuché esas mismas palabras, pero de Hinata-sama. Ella tenía la misma edad que usted, decía que no sabía cómo manejar tanta presión.
Un silencio se instaló en la recámara, la castaña se imaginó por un momento a su hermana, abrazando sus rodillas, mientras lloraba asustada, sin el apoyo de nadie.
¿Cuánto habrá tenido que superar la pobre?
—Mi pobre hermana —se lamentó Hanabi—, en algún momento haré de este un lugar al que ella pueda regresar, no tendrá qué esconderse más.
Al escuchar esto, Natsume parpadeó confundida.
—Acaso, ¿acaso sabe dónde se encuentra ella? Si es así, debería decirle a Hiashi-sama rápidamente, así traerá a Hinata-sama de regreso, y todo volverá a ser como antes —habló apresurada—, usted volverá a su posición, no tendrá que prepararse para esas reuniones, o vestirse así —la señaló—, ni preocuparse por cosas de adultos.
La Hyūga menor quería decirle que sí, que sabía dónde estaba Hinata, que al principio también pensó en delatarla, pero le debía tanto a su hermana mayor, que no podía. Quería decirle a Natsume que aunque extrañaba su vida pasada, jamás volvería a ella.
Todo sucedía por algo.
Se sintió algo decepcionada al escuchar esas palabras tan feas de quien era como su madre, sin embargo, no la culpó, sabía que ella lo hacía para tratar de hacerla sentir mejor.
—No, no lo sé, Natsume. Aunque me gustaría hacerlo. Por otra parte, no te expreses así, onee-sama es quien más ha sufrido —la reprimió suavemente.
La mujer, al darse cuenta de lo que había dicho, se ruborizó levemente.
—Perdóneme, jamás fue mi intención, es sólo que el verla tan estresada últimamente me hace decir cosas innecesarias. Lo único que quiero es que usted esté bien.
Hanabi sonrió.
—Lo sé, no te preocupes, por cierto —tomó las manos de la mucama, mientras buscaba las palabras adecuadas para la pregunta que quería formular—, ¿recuerdas del diario que me hablaste? El de mamá.
—Sí, lo recuerdo, ¿qué sucede?
—¿Sabes quién puede tenerlo?
Natsume frunció el ceño ante la pregunta.
—Tengo una idea, pero no estoy segura.
—¿Quién? —insistió la Hyūga—, dime, no pasará nada.
—Es que…, no estoy segura, no quiero meterme, o meterla en problemas.
—No te preocupes, sólo quiero saber, después de todo, se trata de mi madre —fingió estar triste—, quiero saber más de ella, y creo que para hacerlo, debo leer su diario.
La mujer, se mordió el labio inferior con nerviosismo.
—Bueno…, después de que la señora falleciera, nos mandaron a limpiar la recámara, para que sacáramos sus cosas, cuando yo busqué el diario, ya no estaba. Por curiosidad, les pregunté a mis compañeras que si alguien había entrado con anterioridad, y ellas respondieron que sólo Hiashi-sama, inmediatamente se me hizo raro, porque...
—Porque ellos dormían en cuartos separados —completó Hanabi—; yo lo recuerdo, aparte mi padre rara vez pisaba el cuarto de mamá, ¿verdad?
—Y-yo no le puedo asegurar que fue él, pero, desde ahí jamás volví a saber del diario.
—Natsume, ¿qué tenía ese diario? ¿Qué era tan importante para que mi padre lo tomara así como así?
—No lo sé, pero sí le puedo asegurar que toda la vida de Hana-sama está ahí, Y si desea encontrar respuestas, debe leerlo —la mujer suspiró—. Ya es hora, debemos irnos, el chófer la está esperando para llevarla a la empresa.
Hanabi asintió.
Ahora sí estaba más decidida a sacar la verdad a la luz. Ya no tenía dudas, su padre jugó un papel importante en la muerte de Hana, sólo que no sabía cuál.
Sólo estaba esperando la oportunidad adecuada para poder salir de su casa, e ir a buscar a Kushina Uzumaki.
Con una botella de vodka en la mano, y una fotografía en la otra, sonreía. Pero no era una sonrisa alegre, sino una triste, llena de amargura y nostalgia.
¿Cuántos años habían pasado ya? ¿Veinticinco? Y parecía ayer cuando todos estaban sonrientes en la Universidad, hablando sobre el futuro, con las ansias de comerse el mundo.
Qué ironía.
Dejó hacer la botella de alcohol sobre el piso, sin importarle que ésta hiciera un estruendo al quebrarse en varios pedazos. Observó cómo el líquido se derramaba por el suelo de madera, y no le importó.
Nada tenía sentido, su vida era como ese vodka derramado.
¿De qué le servía tanto dinero, empresas, lujos, si no tenía con quién compartirlos? No había hijos, esposa, amigos, nada.
Lo perdió todo.
Ahora sólo le quedaban vagos recuerdos de cuando fue feliz. Ni siquiera merecía llevar el apellido de su familia, no le hacía el honor que se merecían.
Se había convertido en un hombre viejo, que ni siquiera aparentaba los cuarenta y cinco años que tenía. Su pasatiempo era fumar puros hasta que le doliera la garganta, y en sus tiempos libres embriagarse hasta perder la razón, para así poder recordar cuando era feliz.
Observó de nuevo la fotografía que tenía entre sus manos, había siete rostros ahí, sonriendo ante la cámara: primero estaba una chica pelirroja, Kushina Uzumaki, que abrazaba por el cuello a su novio, Minato, el buen Minato, quien tenía el rostro ruborizado, al lado de ellos estaba Mikoto, haciendo una señal de amor y paz, mientras era observada con fastidio por Fugaku Uchiha, quien en ese entonces la odiaba. Al final, se encontraba Hana, sonriendo gentilmente, mientras Hiashi Hyūga tenía un brazo sobre su cintura, detrás de ellos estaba él, riendo como tonto, mientras alzaba dos botellas de cerveza.
Recordaba con claridad cuándo habían tomado esa foto, había sido en un bar a las fueras de la Universidad, mientras festejaban que Hiashi y Fugaku iban a graduarse, todo parecía tan ameno, y era felicidad. No había ningún tipo de confrontación entre ellos, sólo una amistad sincera.
«—Nao-kun, ¿no deberías enfocarte más en tus estudios, y menos en el alcohol?
—Nao-kun, oye, ¿me estás poniendo atención?»
La voz de esa chica aún resonaba en sus oídos, tan tranquila y suave que te arrullaba.
Siempre preocupándose por los demás, dejando sus propios intereses al lado.
Volvió a sonreír con amargura.
Ya no le quedaba nada, todo se había ido con ella.
Enfocó su mirada en el rostro de quien alguna vez fue su mejor amigo, y apretó la mandíbula con furia.
—Pronto nos veremos, Hiashi —era una promesa.
Hinata observó el reloj que colgaba en la pared, se estaba haciendo tarde, y tenía que irse a la pastelería, pero no podía marcharse hasta que su esposo lo hiciera, para así no levantar sospechas.
—¿Hinata? —la voz de Naruto la despertó.
—¿Sí?
—No escuchaste lo que te dije, ¿verdad? —suspiró—, llevas como diez minutos viendo el reloj, ¿tienes algo qué hacer?
Ella soltó una risa nerviosa.
—N-no, para nada, ¿a dónde iría? —se llevó las manos al pecho—, e-estaba pensando.
—¿En qué? —la cuestionó el rubio, mientras se ponía los zapatos.
—Eh… —se quedó en silencio un rato, pensando en lo que diría—. ¡En la boda de Tenten!
Naruto arqueó una ceja.
—No entiendo.
—Sí, ya sabes, la boda será en Tokio —puso una cara de seriedad.
La verdad es que eso no era una mentira, desde que les había llegado la invitación, pensó profundamente sobre eso, ¿cómo diablos le iban a hacer? No es como que dejar Niigata fuera seguro, no después de la llamada de su padre. Por otra parte, el viaje a la capital era caro, y no tenían el dinero suficiente, sin embargo, tenía el deber moral de estar presente en ese día tan importante para su mejor amiga.
Al escuchar las palabras de su esposa, el chico se dejó caer sobre el sofá.
—Lo sé, también lo he estado pensando, ir allá es bastante arriesgado, podíamos encontrarnos con tu padre, o los míos. No siento que viajar en este momento sea lo más acertado, pero, sé lo importante que es Tenten para ti, así que si decides ir, te acompañaré.
Lo sabía, sabía que Naruto la dejaría decidir, y se lo agradecía. También entendía lo mucho que estaban arriesgando, pero, ¿cómo decirle a Tenten que no iría a su boda? No podía hacerle eso, no después de lo mucho que ella le ayudó cuando decidió escapar con el Uzumaki.
Tal vez era una oportunidad que el cielo le estaba dando para que solucionara sus problemas.
—Quiero ir, Naruto-kun —dijo, mirándolo fijamente.
Él asintió, mientras una extraña inseguridad lo embargaba. ¿Por qué sentía que si iban a Tokio, Hinata desaparecía?
Se acercó a ella, y la abrazó con fuerza.
—¿Naruto-kun? —susurró la chica, algo ruborizada ante la pequeña muestra de cariño—, ¿sucede algo?
—No pasa nada —dijo—, no pasará nada —remarcó, aunque se lo decía más a sí mismo, porque realmente deseaba convencerse de que nada ocurriría.
Cuando llegó al departamento, no le sorprendió ver a su novia dormida sobre el sofá, aún con la bata del hospital puesta.
Ese era el panorama en los últimos días.
Él solía ser bastante comprensivo, no opinaba sobre los asuntos de Sakura, y se mantenía al margen, mientras que ella actuaba de una manera similar, respetaban sus espacios.
No preguntaban cosas innecesarias, o que resultaran incómodas, lo cual era bastante agradable, porque eran los únicos momentos en que él podía ser sólo Sasuke, y no Sasuke Uchiha.
Algunas veces quería quedarse como Sasuke para siempre, pero no podía. No cuando todo a su alrededor parecía estar cambiando, y no se iba a quedar atrás.
Se sentó en el sofá, al lado de Sakura, con cuidado de no despertarla.
Esperó alrededor de media hora, hasta que la pelirrosa se removió un poco, y despertó. Cuando abrió los ojos, lo miró bastante sorprendida.
—¿Sa-Sasuke-kun? ¿Qué haces aquí? Ni siquiera te oí entrar —parpadeó un poco, algo adormilada—, ¿sucedió algo? Nunca vienes sin avisar.
Él la miró fijamente.
—¿Sasuke-kun? —repitió la chica, preocupada.
Pero no obtuvo respuesta, sólo sintió que él la envolvía en un abrazo tosco. La Haruno le respondió torpemente, sin entender nada, mientras un sentimiento nada agradable la invadía, aquello no era normal.
Se quedaron así unos segundos, hasta que el Uchiha la soltó.
—Sakura, ¿recibiste la invitación a la boda de esa chica? —habló finalmente el pelinegro.
Ella parpadeó confundida.
—¿Invitación? —entonces recordó el sobre rosa que había llegado esa mañana a su casa—. ¡Oh! ¿Te refieres a la boda de Tenten?
—Sí.
—Sí la recibí. Invitó a todos, Temari, Shikamaru, Sai, Ino…
—Naruto, y Hinata —la interrumpió.
—Sí, también, ¿por qué preguntas?
Sasuke bufó.
—Era obvio —entonces, volteó a verla—, ¿crees que vayan a venir?
—Sí, digo, Hinata es muy cercana Tenten, así que lo más probable es que sí.
Se quedaron en silencio, mientras el pelinegro pensaba; si Hinata iba a venir a Tokio, lo más probable es que Hiashi Hyūga ya lo supiera, más si las cosas eran como Hanabi le había contado, de que el hombre tenía vigilada a su hermana. No es que esa familia le importaba, pero sí sus propios intereses.
Si el líder de los Hyūga hacía algún movimiento, su padre, Fugaku, también lo haría, y por consecuencia, la hermana de Hinata también. Tenía que planear bien lo que iba hacer, si es que quería salir bien librado de la situación, porque si su progenitor se enteraba de que mantenía una amistad con Naruto, o sobre su relación con Sakura, las cosas no acabarían nada bien.
No cuando se suponía que debían apoyar al cien por ciento a los Hyūga.
Toda la situación apestaba.
—Supongo que no tengo qué explicártelo, ¿entiendes lo que eso significa, no?
La chica negó.
—No, explícate.
Por un momento pensó en contarle de su reunión con Hanabi, pero se lo guardó. Entre menos supiera Sakura, era mejor.
—Si el dobe decide venir aquí, se está arriesgando a que el padre de esa chica lo encuentre, o que sus propios padres lo sepan, lo cual no creo que sea bueno.
Sakura suspiró.
—¿Por qué debía de enterarse ese hombre? —dijo, refiriéndose a Hiashi—, ya han pasado tres meses, no creo que la esté buscando, y por otra parte, tal vez Naruto deba reunirse con sus padres, Kushina ha estado muy alterada estos días, aunque creo que el hombre del centro comercial también tuvo que ver…
—¿El hombre del centro comercial? ¿De qué hablas, Sakura? —le preguntó.
—Bue-bueno, la otra ocasión que fuimos de compras, un señor que nunca había visto, detuvo a Kushina, le dijo «tanto tiempo», y ella se asustó mucho. El hombre le pregunto que si lo odiaba, a lo que le respondió «¿Cómo no hacerlo? personas como tú, son las peores.», lo cual me sorprendió, sin embargo, lo que me dejó más impactada, fue la reacción de Kushina, estaba pálida, parecía como que hubiera visto un fantasma —suspiró—. Parecía que él quería hablar con ella en privado, así que los dejé solos, por un momento pensé que se trataba de algún exnovio, pero ya después, cuando le pregunté, sólo me respondió que era un mal recuerdo.
—¿Te dijo algo más? ¿Qué apariencia tenía él? —insistió, Sasuke.
—N-no me dijo nada más, sólo que cuando nos subimos al coche, Kushina empezó a llorar, y repetía constantemente «pobre Hana», yo no entendía nada. Como a los quince minutos se tranquilizó. Y pues, sobre el hombre, sé que se llama Nao, y como te dije, estaba bien vestido, muy elegante.
El Uchiha no le respondió, mientras analizaba lo que acababa de escuchar. Aquello era mucha coincidencia, todo parecía encajar en lo que le había contado Hanabi Hyūga, y si lo que creía era correcto, no le agradaba para nada.
Un hombre desconocido, Kushina alterada, la carta de Hana Hyūga, el odio de Hiashi a los Uzumaki…, todo parecía estar estrechamente relacionado, aunque no terminaba de entender qué papel jugaba su padre ahí, y quería descubrirlo.
Sintió una extraña repulsión hacia los padres de sus amigos, y el suyo propio, ¿qué tantas porquerías hicieron en el pasado para terminar de esa manera? Era irónico, los terminaron arrastrando en un círculo vicioso. Aunque la diferencia era que Naruto, Hinata, Hanabi y él, no eran igual de tontos, y no seguirían con ese jueguito más.
Por lo menos él no, y el idiota de su mejor amigo tampoco lo haría.
Tomó una bocanada de aire.
—Sakura, escucha bien lo que te diré, necesitas convencer a Naruto de que no venga a Tokio, ¿me entiendes? Te hará más caso a mí que a ti, si realmente te preocupas por él, convencelo.
Ella lo miró confundida.
—Pero Sasuke-kun, yo no puedo hacer eso, él no me hará caso, sabes cómo es.
—Inténtalo.
—¿Qué sucede? ¿Por qué estás tan raro? —le exigió—, sé que algo está pasando.
Suspiró cansado.
Llevaban años juntos, tenían una relación estable, se conocían desde pequeños, ni una sola vez le había mentido u ocultado cosas, la consideraba lo suficientemente madura para comprender.
Esa iba ser la primera ocasión.
—Mi padre ha estado preguntándome cosas últimamente, creo que sospecha algo.
—¿Pero por qué? Hemos sido lo suficientemente discretos todo este tiempo.
—Lo sé, pero no es tu culpa. Supongo que tendremos qué dejar de vernos un tiempo, sólo en lo que se tranquilizan las cosas.
Si había una cosa que Sakura odiaba en su vida, era el tener que mantener su noviazgo en secreto. Desde que tenían quince años había sido así, siempre a escondidas, sólo los amigos cercanos estaban al tanto de la relación que mantenían, sin embargo, lo amaba tanto que siempre estaba dispuesta a aceptar y esperar.
No quedaba más, porque Sasuke siempre le había advertido que esas serían las consecuencias de querer estar con él, y ella ya era lo suficientemente madura para entender, o eso creía, porque a pesar de no ser la primera ocasión en la que sucedía, sintió como los ojos se le llenaba de lágrimas.
Otra separación más, ¿cuándo duraría esta vez? ¿Semanas, meses?
—L-lo entiendo —sollozó—, de verdad.
Sasuke sabía que mentía, pero no dijo nada.
Se acercó, y le dio un beso en la frente.
—Nos vemos en dos semanas, en la boda de tu amiga —dijo—, te prometo que es la última vez, Sakura.
Ella asintió.
—De acuerdo —respondió.
Él la miró, mientras sentía la furia correr por sus venas, ¿qué había hecho mal, exactamente? Si Itachi no se hubiera ido, todo sería diferente.
Pero el pasado no se podía cambiar. Si Fugaku Uchiha se enteraba que su heredero estaba en una relación con nada más, y nada menos que Sakura Haruno, todo acabaría mal, y no porque ella haya hecho algo malo, si no por el simple hecho de que su hijo le ocultó la verdad.
Pero Sasuke no era ningún títere, ahora sí se podía defender, y si tenía que atacar por la espalda lo haría.
Con ese último pensamiento, salió del departamento, dejando a una llorosa Sakura atrás.
Su mal humor era palpable, incluso Misao se había dado cuenta. Naruto se paseaba de un lugar a otro, o en momentos se quedaba viendo a la puerta, con preocupación.
Cuando la hora de cerrar el gimnasio se acercó, se llenó de alivio. Sentía pesado el cuerpo, y no dejaba de experimentar una extraña ansiedad, lo único que quería hacer era ir a su casa, cerrar las puertas con llave, y abrazar a Hinata muy fuerte.
Sí, estaba siendo extremista, pero, desde que ella le dijo que quería ir a Tokio, se llenó de miedo. Lo peor es que no podía hacer nada, sabía que si le pedía que no hicieran el viaje, ella accedería, pero no lo haría, eso era egoísta, ¿cómo decirle que no asistiera a la boda de su mejor amiga? Incluso él se molestaría si le dijeran algo así.
Estaba frustrado, preocupado, y ansioso.
Aunque apenas habían pasado tres meses desde que dejó la capital, parecía más tiempo. Niigata ahora era su hogar, tenía una casa, un trabajo, y planes para el futuro, pero también era cierto que no podía dejar las cosas sin arreglar. ¿Debería aprovechar el viaje y visitar a sus padres? Realmente los extrañaba, esperaba que el tiempo que pasó los hubiera hecho recapacitar.
Ansiaba llevarse bien con todos, como en los viejos tiempos.
Por otra parte, extrañaba a sus amigos, cuando huyeron, no tuvo tiempo de despedirse de todos, por eso, el poderse reunir en la boda de Tenten, era como una segunda oportunidad.
—¿Sucede algo? —preguntó Misao, con cautela.
Naruto parpadeó algo confundido.
—Sí, algo así —suspiró.
Se quedaron en silencio un momento, ambos divagando en sus propios pensamientos.
—Puedes contarme, si quieres, no soy buena dando consejos, pero sé escuchar —admitió—, además, parece que realmente necesitas hablar con alguien.
Él la miró algo sorprendido, Misao realmente era agradable, tenía una sonrisa amable, y sus ojos verdes desprendían carisma, era fácil confiar en ella, le recordaba mucho a Sakura, aunque sin tanta agresividad.
Un aura familiar lo embargó.
—¿De veras?
—Sí —ella insistió—, de veras.
—Bueno, no sé cómo decirlo —Naruto se rascó la mejilla—, am, en dos semanas haré un viaje a Tokio, a la boda de una buena amiga, pero tengo miedo de ir.
—¿Por qué? ¿Qué te asusta?
—No es que me asuste algo, me asusta alguien —dijo—; ¿recuerdas que te dije que cuando me casé sucedieron muchas cosas? Um, tiene que ver con eso.
Misao lo miró con curiosidad.
—No vayas entonces.
—Ese es el problema —suspiró—. Se casa la mejor amiga de Hinata, no le puedo pedir que no vayamos.
—No entiendo —frunció el ceño—, ¿es tan grave el ir a Tokio?
El rubio bufó.
—Sí, y no. Es complicado, depende de… —«Hinata y su familia», quiso decir, pero se lo guardó—, de muchas cosas.
A pesar de no estar diciendo mucho, y la chica tampoco entenderle del todo, decidió darle un consejo sincero.
—No comprendo bien, pero, ¿tu familia está allá, verdad? Debes extrañarlos, y tu esposa también, después de todo, siempre es difícil empezar desde cero, más si sólo se tienen los unos a los otros. Creo que no deberías preocuparte tanto, lo que debe pasar, pasará, aparte —lo miró—, ¿no quieres hacer sentir mal a Hinata-san, verdad? Supongo que si le dices que no irán, lo entenderá, pero tal vez se ponga triste.
—Lo sé —el rubio suspiró—, pero no quiero lastimarla sólo por estúpidas inseguridades, aun cuando fui yo quien la dejó decidir.
—¡Ahí está tu respuesta, entonces! —Misao sonrió—, no le digas nada, vayan al viaje, diviértete, visita a tu familia, no tiene porqué pasar nada.
Naruto se contagió de su buen humor, y le devolvió la sonrisa.
—Tienes razón, no debería pasar nada malo.
Ella asintió, bastante animada.
—Naruto se preocupa mucho por ella —dijo, con algo de tristeza, pero al darse cuenta de sus palabras, se recompuso inmediatamente—. Bueno, bueno, pero, antes de que te vayas, ¿traerás a Hinata-san? —preguntó—, realmente la quiero conocer. ¿Le dijiste de la invitación a cenar que hicieron mis abuelos?
—Eh…, sí, ella dijo que sí, ¿estaría bien mañana?
—¡Por supuesto! Le diré a mi abuelo, para que prepare todo, ¡qué divertido! —gritó, emocionada.
El rubio la miró con riendo.
—Espero que Hinata se alegre como tú.
Y se sintió relajado por primera vez en el día, se dio cuenta que Misao Kurosawa era realmente buena persona, y se alegraba de tenerla como amiga. Quería presentársela a Hinata, para que la conociera, y así ya no existieran mal entendidos, estaba seguro que la chica no tenía intenciones románticas con él.
Si tan sólo supiera que estaba equivocado.
Por estar sumido en sus pensamientos, no se dio cuenta que Misao lo miraba de reojo. Naruto era cada vez más inalcanzable.
Cuando Hinata entró a la cocina, lista para empezar a trabajar, lo primero que invadió sus fosas nasales, fue un fuerte olor a azúcar, mezclado con harina, que le pareció algo asqueroso, lo cual era raro.
—¿Te encuentras bien, Uzumaki-san? —le preguntó Koizumi, la dueña del lugar.
La Hyūga se ruborizó levemente, era la primera vez que alguien la llamada por su apellido de casada, el sentimiento fue agradable.
—Sí, sólo que sentí un breve malestar, nada importante —sonrió, quitándole importancia.
—Estás algo pálida, ¿segura que te encuentras bien?
—Sí, sí, no se preocupe.
La mujer no parecía convencida del todo.
—Bien, si te sientes mal, me dices, ¿de acuerdo?
Hinata asintió.
—Entonces, ¿qué debo hacer? —preguntó, nunca había trabajado, y no sabía bien por dónde empezar. Todas las personas se movían de un lado a otro en la pequeña cocina, encargándose de diversas tareas, lo que la hacía sentir que estaba estorbando.
—No hay mucho por hacer aquí, sin embargo, ¿podrías traerme unos moldes que se encuentran en la bodega? Están dentro de una caja, los usaremos para preparar un pastel de bodas que encargaron, en el cual quiero que me ayudes —Koizumi sonrió—, me gustó la presentación del pastel que hiciste ayer.
—Por supuesto, ahorita regreso —respondió la pelinegra, mientras sentía cómo se sonrojaba, era raro que la gente halagara sus habilidades culinarias.
Salió de la cocina, rumbo a la bodega, que se encontraba atrás del negocio.
Le gustaba su trabajo, todos eran amables, y la trataban con gentileza, sobre todo la dueña, quien parecía tenerle cariño. Incluso amaba la vestimenta, que consistía en un delantal rosado, con un cupcake gigante bordado en el pecho, y un gorro a juego.
Todo iba bien, hasta que sintió que su teléfono vibraba en el bolsillo de sus jeans.
Sorprendida, sacó el aparato, y su corazón latió acelerado al ver que era nada más, y nada menos que el mismo número del cual su padre le había marcado días antes.
Sin embargo, en vez de sentir miedo, o nervios, se llenó de furia, ¿quién era él para querer torturarla de esa manera? ¡No tenía ningún poder sobre su vida! Ya no iba a dejar que la manejara a su antojo, la vieja Hinata se había ido para siempre, y él tenía que entenderlo.
Deslizó el dedo sobre la pantalla del Smartphone, para contestar la llamada. Pero no habló, porque realmente no había mucho que decir.
—Tanto tiempo, hija —dijo el hombre, usando la misma frase que en la llamada anterior. En otras circunstancias, Hinata hubiera reído con amargura.
—Padre —respondió ella.
Se quedaron en silencio unos minutos, por una parte, Hiashi no creía que ella le respondería, y la Hyūga, no sabía qué más hacer, de la ansiedad, apretaba fuertemente su delantal.
—¿Por qué me llamas? ¿Qué es lo que quieres? —preguntó, aunque su voz sonaba firme, por dentro temblaba.
—Ya es tiempo que te dejes de juegos, y regreses —respondió su padre, serio.
—¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me haces esto? —los ojos se le llenaron de lágrimas—, hice todo lo que quisiste, traté de complacerte, ¿por qué no me puedes dejar ir?
Ha decir verdad, no se trataba de que si ella fuera mala hija o no, era mucho más que eso, como cosas que estaban fuera de su alcance, y nunca entendería.
Se trataba de traición y amistades rotas, de sentimientos de amargura que no sabía cómo manejar. Se trataba del orgullo herido, de una mala madre, y una mala esposa.
Era sobre circunstancias de las cuales, él sabía que Hinata no tenía la culpa, sin embargo, sólo por la sangre que llevaba en las venas, tenía que pagar.
Debía soportar el peso de la corona, quisiera o no.
—Regresarás, si sabes lo que te conviene —sentenció.
—¿Y si no quiero? —respondió, incapaz de contener las lágrimas—, ¿qué harás si no regreso?
—No me retes —dijo Hiashi, serio—, pronto me contactaré contigo.
Y colgó.
Fue cuando ella se quebró.
Empezó a llorar desconsoladamente, incapaz de procesar lo que acababa de pasar. Su padre no estaba jugando, era una amenaza, y ella ya no sabía qué más hacer.
Los sollozos aumentaron, y la presión en el pecho también lo hizo.
Tomó su teléfono celular, y marcó rápidamente el número de Naruto, sin embargo, no tuvo el valor suficientemente para llamarlo.
¿Qué le iba a decir? ¿Qué le había estado mintiendo los últimos días? El sólo saber que Hiashi estaba más cerca que nunca, la atormentaba. Ya no podía manejar tanto estrés, tantos secretos, pero tampoco podía volver a su vida de antes, no quería ser más la heredera de los Hyūga.
Quería vivir, estar con el hombre que amaba, quedarse en su pequeño departamento, trabajar en la pastelería, caminar en las tardes por el parque, y en algún momento poner su ansiado jardín.
No se trataba de ambición, se trataba de una chica lastimada que sólo quería probar la felicidad por un momento, sin embargo, esto parecía imposible.
Se dejó caer en el piso, mientras abrazaba sus rodillas.
Tenía qué pensar con la cabeza fría, ya no podía seguir huyendo. Decidió que cuando fueran a Tokio, visitaría a su padre, y hablaría con él directamente, no le quedaba otra opción, aunque literalmente aquello fuera un suicidio.
Pero no importaba, haría lo que fuera para seguir al lado de Naruto, de eso no le cabía ni la más mínima duda.
¡Hola!
Tanto tiempo, casi un mes, ha decir verdad. Es casi un milagro que pudiera actualizar, pensé que la inspiración no llegaría, pero ya ven, pude terminar el capítulo.
Estoy pasando por una etapa difícil en mi vida, cosas personales, pero realmente escribir es lo único que me tranquiliza, y me permite ser yo, así que no se preocupen, así me tarde en actualizar, lo haré.
Bueno, hablando del capítulo, ¿qué les pareció? He de confesar que es el más largo que he escrito hasta ahora, 25 hojas, según Word, lo cual me hace sentir orgullosa, porque rompí mi límite, el cual siempre es 15 hojas.
Por otra parte, esta vez hubo demasiados interacciones, y bastante diálogo, lo cual no sé si es bueno o malo. Manejar tantos personajes es un poco cansado, pero necesario, por lo menos en mi fic, porque todos están estrechamente relacionados, y las decisiones que tomen, afectan a los otros, justo como la vida diaria. Yo amo a este Kiba, lo escribo con tanto cariño, y esperanza, porque me siento reflejada en él, observando de lejos a las personas que quieres hacer su vida, pero siempre preocupándote por ellos, es doloroso, pero creo que también una de las formas más sinceras de cariño.
También tuvimos una parte SasuSaku, si alguien de aquí es fan de esta pareja, perdónenme por la escena de tan baja calidad, pero es que, Sasuke es un personaje tan difícil xD, borré tantas veces esa parte donde habla con Sakura, porque nunca me gustó cómo quedaba, al final me di por vencida, y lo dejé así. Se preguntarán, si no le gustó, ¿por qué lo escribió? Bueno, el papá de Sasuke también tiene algo que ver con la historia, así que es normal poner los sentimientos de su hijo.
Por ahí leí que no a muchas les agrada Misao, a mí me parece tierna, no sé, me recuerda a mí cuando era más joven y me emocionaba cuando un chico lindo, no es mala, y no está enamorada de Naruto, aún. Lo ve como algo platónico.
Hinata, Hinata, ¿qué les puedo decir? Sé que está mal el que le esté ocultando cosas a Naruto, pero ella lo hace para no preocuparlo, sabe que el pobre ha sufrido mucho, y quiere evitarle problemas, aunque eso signifique que ella deba cargar con todo. Yo la adoro, es tan dulce, y devota a la persona que ama. Aunque ya no es como al principio, ahora es fuerte, tal vez tiene miedo, pero aún así va a enfrentar los problemas.
¡Hanabi es muy cool! Sólo diré eso. Y pues, con la boda de Tenten cerca, y el viaje a Tokio, pasarán muchas, muchas cosas, el climax de la historia está cerca, estense preparados.
Dios mío, la nota de autor está larguísima, perdónenme, es que me emociono. El próximo capítulo lo actualizaré más rápido, porque ya lo tengo escrito, es sobre el pasado, enfocado sólo en Naruto y Hinata, cuando eran jóvenes, creo que les gustará.
Sólo quiero decirles que les agradezco inmensamente sus comentarios, favoritos, y follows, me motivan a seguir escribiendo.
Espero y el capítulo sea de su agrado, me encantaría leer sus comentarios en un review.
Nos estamos leyendo por ahí.
Lolli.
23/03/2016.
