Hace poco me llevaron al hospital, a urgencias... pasé mucho miedito, pero al final creo que no es apendicitis... :B
No os preocupeis, seguiré escribiendo para vosotros aunque se me caigan las manos XD
Así que...
Por cierto, en este capítulo hay muchos sonrojos. Si alguien sabe decirme cuántos hay a lo largo del capítulo... ¡le doy una galleta! XD
EMPECEMOS! :D
POV ROMANO
Aqui estoy yo. El sexy, fuerte, masculino e inteligente Lovino Vargas.
En la cafetería del demonio. Esa alejada de la mano de Dios. Exactamente estaba en la cocina, la cual estaba... bastante decente.
Con el bastardo de los tomates. Ese maldito bastardo, el cual no para de sonreír y de decirme que soy una monada.
Bebiéndome una maldita Coca-Cola. La cual espero no pagar... porque entre esto y el gazpacho, los cinco euros que tengo no me dan.
Quizás le ruegue un poco. Es decir, soy un buen mentiroso... creo. Puedo llorarle un poco si lo necesito.
...
O no. Tengo orgullo, joder.
Estoy hablando con el bastardo este de mi infancia. ¿Por qué? No lo sé. El tema salió solo y me supo mal no contestarle.
Además, tenía que hacerle saber de mi era de oro. Mi infancia. Tan hermosa...
Una época... en la que Feliciano y yo eramos iguales. En la que eramos inútiles por igual, porque él era demasiado pequeño como para poder siquiera dibujar un rayajo en una hoja. En esa época mi madre se portaba bien con nosotros, no era violenta. Y mi padre no estaba demasiado ocupado con los negocios, nos prestaba atención. Y el abuelo siempre nos llevaba a pasear, y nos enseñaba cosas útiles, como ligar o hacer pasta... Aunque creo que eso primero no lo hizo muy bien.
Decidí por si acaso no decir lo de las ardillas que se hacían pis en mi cama. No todos me creían cuando lo mencionaba, así que... mejor callar.
Anto... el bastardo escuchaba embelesado.
- ¡Waa! Que bien, Lovi~ Tuviste una hermosa infancia... Seguro que eras muy, muy lindo de niño.- Sonrió, mientras imaginaba la escena. Porque seguro que la estaba imaginando.
- Por supuesto, bastardo. Yo era de lo mejorcito que te podías encontrar en Italia por aquel entonces.- Me sonrojé un poco ante su cumplido.- No como los niños de hoy en día...
¿Que si tengo algo en contra de los niños de hoy en día? La verdad es que sí.
Juegan demasiado a los videojuegos y leen demasiados fics en internet... como tú ahora mismo, so inútil. Pero no te apliques el cuento en este caso, porque me lees a mí. Sólo yo estoy permitido en tu sesión de Internet.
Como iba diciendo, me decepciona esta generación. Y en ese momento estaba muy enfadado con los niños. Todo por culpa de ese rubio... ¿Peter, se llamaba?
Entró en el café como un vendaval, sin mostrar respeto alguno por sus alrededores. Gritando como un poseso y llamando a An... al idiota, sin parar.
Por supuesto, tuve que detenerle. Agarrándole del cuello de la camisa, claro.
Aunque el chaval era muy fuerte, por algún extraño motivo, casi se me lleva por delante, el salvaje. Cuando se dió cuenta de que le estaba sujetando, empezó a discutir conmigo.
Empezamos hablando del respeto por la propiedad privada, pasando por la infantilidad y, no sé cómo, terminamos hablando de peluches, de lo masculino que es tenerlos, y de mi colección de cojines de tomates.
Que... ¡que es muy masculino tener cojines de tomates! No es para nada de niñas... para nada. Las chicas tendrían cojines de corazoncitos, o de la mierda esa de Crepusculo... ¡pero no de tomates, joder! ¡Sólo yo tenía aquellos cojines de tomates de edición limitada de los cuales habían vendido tan sólo cinco unidades por muestra! Había hasta diez tomates distintos, yo tenía nueve. Me faltaba el rey tomate. Ya lo conseguiría en alguna parte...
Y además eran muy cómodos...
¡Y sólo yo los tenía, maldita sea!
- Anda, Lovi~ Yo también tengo un cojín de un tomate~ Espera un segundito, que te lo enseño~
- ¿Qué? Espera, idio...
Antes de que pudiera decir nada, ya había subido las escaleras.
...
¿Qué mierda...?
...
El muy bastardo me había dejado solo.
Conté. Uno.
...
¿¡Por qué mierda no vuelve!?
¡Ha dicho un segundo! Ya debería estar aquí... cómo le encanta ponerme nervioso... Se toma su tiempo, el maldito. ¿Cómo se atreve a dejar solo a un cliente en esta cocina fría, oscura y ahora solitaria?
...Pero no me daba mal rollo, ¿entendido? Ese grifo goteante, esa mancha de humedad con forma de cara gigante en la pared, la ventana que se agitaba demasiado violentamente por el viento y la puerta que chirriaba por ello.. nada de eso me daba miedo. Claro que no. No eran nada para mi...
- ¡He vuelto~!
- ¡TE TOMASTE TU TIEMPO MALDITA SEA!- Salté, más enfadado que asustado. Porque no estaba asustado.
- ¡Waa! Lovi, lo siento... ¡pero sólo he tardado un minuto!
- ¡Sigue siendo demasiado!- Me quejé. Me sonrojé involuntariamente, no sé por qué... no es porque realmente hubiera tenido miedo y estuviera esperándole. NO era eso. Claro que no.- ¿Y bien? ¿Y eso que querías enseñarme?
- Ah, si...- sonrió, y acto seguido me extendió un cojín.- ¡Mira!
...
OH
PER
DIO
- ¡Esto es...!
- ¿Hm?
- ¡El rey tomate!- No podía salir de mi asombro. El peluche que me faltaba estaba delante de mis ojos, entre mis manos... me iba a dar algo.
- Ah, ¿es un rey? Bueno, claro, lleva la coronita, jajaja~
Miré el cojín con ansia casi. El bastardo me miró, sonrió y continuó cocinando. Yo no podía apartar la visa del tomate. Era tan genial... per Dio, ¿puede haber algo más perfecto que un tomate? ... ¡No, claro que no! ¡Menuda herejía!
Creo que me brillaban los ojos. Creo.
- Lovi, te brillan los ojos~ Qué lindo~
Ah. Pues sí me brillaban. Maldición. Volví a sonrojarme al haber sido descubierto. Pensaba que estaba de espaldas...
- Ehm... Bastardo... ¿me lo puedes dar?- Le pregunté, dudoso.
- Oh, Lovi~ Lo siento, pero no puedo. Me costó mucho dinero~
- Bastardo...
- Es Antonio, Lovi.- Me corrigió.
- Es Lovino, bastardo.- Le corregí.
- Pero... si te casas conmigo te lo doy~
...
...
- Tres comidas al día con pasta y siesta. Si cumples todo eso me vale.- Le dije.
- ¿Eh? Eso es... ¿un sí?
Le miré. Si que era denso. Obviamente que lo era. Aunque sólo le estaba siguiendo el juego, claro. Yo también podía jugar.
Pero me olvidaba que era tonto. Asentí con la cabeza, para que lo pillara de una vez por todas.
...
Eh...
Uau...
¿Está rojo como un verdadero tomate o tan sólo me lo parece a mi?
- Eh, bastardo... ¿estás bien?
- Eh... yo...- Se calló un segundo. Joder, ¿no se lo habría tomado en serio, verdad?- ¡Jajaja, Lovi! ¡Si era una broma! Era una broma inocente...
- Lo sé, bastardo. Sólo te estaba siguiendo el juego. Recuérdame que la próxima vez no lo haga. Acabo de recordar que eres tonto.
Se hizo un silencio algo tenso. Yo no acababa de pillar lo que había pasado... claro, no podía adivinar lo que ese subnormal estaba pensando. No había otra que estar confuso. Aunque lo que sí podía ver era que estaba bastante nervioso. Miraba hacia todos lados, sin saber qué decir. Sorprendente.
Aunque, lamentablemente, al final encontró un tema.
- Pero bueno...- empezó a decir nerviosamente.- ¡Así que tenemos los mismos cojines! ¡Menuda coincidencia! Verás, ese lo conseguí en...
Y así, saliendo poco a poco de su incomodidad, continuó hablando. Comimos gazpacho en la misma cocina, y es que el tío no paraba de hablar.
Vale que tuviera una voz preciosa, pero es que no se callaba ni bajo el agua.
...
NO acabo de pensar que tenía una voz preciosa. NO lo acabo de pensar.
En fin...
La cuestión es que este sitio está muy bien. La comida está buena, y... bueno, he de admitir que el bastardo es simpático. SI. LO ADMITO. Puedo pensar que alguien es simpático, ¿verdad? Puedo pensar eso sin que grites cual loca fangirl, ¿verdad?
...
¿Verdad?
Puedo pensar perfectamente eso. Claro que si. Lo de la voz bonita ha sido un desliz mental... pero puedo reconocer que el bastardo era muy simpático, hablador, cumplidor, servicial, alegre y guapo.
...
...
¡MIERDA, VOLVÍ A HACERLO!
¿¡Pero qué mierda me pasa hoy!? ¡No paro de pensar cosas raras!
Hace demasiado calor para mí... Ese bastardo me hace delirar con sus gazpachos envenenados pero deliciosos...
- Bueno, Lovi~ Ya acabé de comer~ ¿Qué tal tú?- Me preguntó.
- ¿No ves que he acabado una hora antes que tú?- No estaba exagerando, había sido una hora de reloj.- No paras de hablar, cotorra. Además, se supone que estás delante de mí y me ves comer.
- Daw... que seco, Lovi~ Tan sólo quiero que nos llevemos bien~
Ya. Me pides en broma que me case contigo y me continúas llamando Lovi. Y quieres llevarte bien conmigo.
...
No sé por qué aún no te he matado.
- Llevarte bien conmigo mis cojones. Tú tan solo quieres hablar sin descanso.
- No digas eso...- Me respondió, tristón.- Tan sólo quiero que seamos amigos...
- ¿Eh? ¿Qué me estás contando, bastardo?
- ¿Quieres que seamos amigos, Lovi? Porfaa~
Me miró con cara de cachorrito. Yo no me lo podía creer. ¿El tío este quería ser mi amigo? Era la primera persona que me decía eso en mi vida. Aparte de Feliciano, claro. No sabía bien cómo reaccionar... ¿qué se hacía en esos casos? A Feli siempre le mando a la mierda... pero creo que en este caso sería poco apropiado... Me sonrojé un poco y aparté la vista.
Aunque espera...
¿Quería ser YO amigo suyo? Él era un español que, aparte de ser... ehm... para nada aceptable físicamente hablando, era un inútil, un charlatán sin remedio, demasiado amigable, un charlatán sin remedio que no se calla ni durmiendo, un pervertido sin remedio, un pagafantas y un asqueroso bastardo...
...
Bueno... poniéndolo así... no quería. Pero el tampoco había visto mis mejores facetas... No paraba de enviarle a tomar por culo, de insultarle, le he atacado con una puerta, con un Nokia, le he maldecido, le he gritado, no le hago ni puto caso, gorroneo en su casa, espanto a sus clientes e intento robarle su cojín del rey tomate. (Sí, pienso hacerlo).
...
Creo que yo era mucho peor.
Entonces...
¿Por qué quería él ser mi amigo? No lo comprendía.
He... he de admitir que es simpático y carismático... un poquito... y tampoco es tan feo... y... lo de pagafantas no es tan malo... además era la primera persona que me pedía amistad... quizás sí debía darle el honor de ser mi amigo...
Iba a decirle que sí.
Pero mi cerebro hizo lo que le dió la jodida gana, claro.
- Bueno... supongo que te conozco un poco mejor que antes, bastardo... pero de ahí a ser amigos hay un buen trecho...
Puto cerebro mío. Por su culpa no tenía amigos. Cómo le odiaba.
Aunque el idiota se lo tomó bien.
- ¡No te preocupes, Lovi! ¡Haré lo que sea para ser tu mejor amigo! ¡Solo espera!
Ahora mi sonrojo ganó intensidad hasta convertir mi cara en un semáforo en rojo. ¿Qué se creía que decía este imbécil, a estas horas de la tarde?
Me saqué rápidamente los cinco euros que llevaba en el bolsillo y los dejé en la mesa con un golpe seco.
- ¡Tan sólo tengo esto! ¡Espero que te baste, bastardo imbécil!- Grité, levantándome de la mesa y dándole la espalda.
- Awww~ Lovi, no hacía falta que me pagaras~ ¡Gracias!
"Bueno, TENDRÉ QUE PAGARTE LA CUENTA", pensé. Aunque eso era lo que tenía ser un pagafantas. Te lo dan todo gratis.
Iba a responderle, cuado me fijé en el reloj con forma de tomate, (grandioso), que había en la pared. Sus agujas rojas marcaban... ¿las cuatro y media?
No puede ser. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Si salí de casa cerca de las doce... ... ... Pero bueno, que importa. Tampoco tenía pensado hacer nada el resto del día. Apenas tardaba quince minutos en llegar a casa a pie. Estaba bien, me quedaba toda la tarde.
Aunque hoy empezaba House... tendría que estar alerta para no saltármelo.
- Lovi~ ¿Vemos la tele?- Sugirió el idiota de los tomates.
- Hmmm... ¿te gusta House?- Pregunté, receloso.
- ¡Claro que si! No lo entiendo muy bien, pero tiene buen drama y estoy muy al tanto de las relaciones~
...Bueno. Siempre puedo verlo aquí, si no hay quejas.
Nos dirigimos hacia la entrada. Había un sofá en una esquina, desde el cual se podía ver la televisión. Nos pusimos a ver la que se avecina, en Neox. Hay una parte de mi, (la cotilla, seguramente), que adora esa serie. Entre Maxi y las viejas gorronas me pasaba la tarde. Al bastardo parece gustarle más que a mi, (así que es un total cotilla), pero me extraña que su personaje favorito sea el gay... no es alguien tan importante. Pero qué importa.
Después, cuando acabó, cerca de las siete, nos pusimos a ver Dos Hombres y Medio. Otra serie épica. Aunque se hacía de noche poco a poco, y me entraba el sueño... Entiéndelo, joder. Ver tanto rato la tele cansa, y además estaba en un sofá muy cómodo... no me había dormido todavía porque el idiota del español no paraba de hablar...
Oh, espera...
Se ha callado.
...
¿Se ha dormido?
- ¿Bastardo?- Le llamé.
Sin respuesta. Se había dormido.
No puedo creerme que alguien que no para de hablar se duerma.
Bostecé, cansado. Dios, no podía dormirme en un sitio como este... pero el sofá era tan cómodo... y el hombro del bastardo era tan cómodo también, y... y... ¿he dicho su hombro?
- L... Lovi... Estás... ¿dormido?- La voz de cierto español molesto me llamaba.
Oh, mierda.
OH, MIERDA.
- ¡Joder!- Me aparté de él rápidamente.- ¿Cuánto tiempo llevo así? ¡Me duermo, maldición!
- Bueno... me he despertado hace poco y estabas así... y la serie ya ha acabado... así que supongo que un ratito largo...- El bastardo estaba sonrojado, pero su sonrojo no era nada comparado con el mío.
- Mierda... ¡me largo! Ya volveré otro día, ahora es muy tarde, ¡me voy a casa!
- Ah~ Has dicho que volverás~ Que felicidad~- Se rió, feliz y aún sonrojado.- Pero quédate un ratito más~ No me importa que te apoyes en mi~
Y me abrazó. Me horroricé. ¿Me estaba abrazando? ¡Joder hostia puta! ¡Sí que tenía huevos!
Intenté soltarme para darle la paliza de su vida, pero era fuerte el muy capullo. Mi cara estaba super roja, (de indignación, por supuesto, ¿de qué otra cosa podría ser?), y empecé a revolverme con furia. Él tan sólo se reía. Que cabrón.
En uno de mis forcejeos obligué al bastardo a tumbarse en el sofá. Pretendía hacer eso para huir cuando quedara noqueado ante la suavidad de los cojines. Un plan maestro, si no fuera porque me estaba cogiendo con fuerza.
Acabamos ambos tumbados en el sofá. Yo encima suyo. Abrazados.
Jamás he pasado mas vergüenza en mi vida.
- Guao, Lovi... me has tirado~- El inútil se rió como si nada, un poco sonrojado, en verdad, pero contento.
Le dí el cabezazo de su vida. Me revolví y logré que una de sus manos me soltara. Iba a hacerme cargo de la otra cuando...
- ¡Toño! ¡Estamos aquí! ¡Ven a recibir al grandioso yo como se merece!
- Antoine, mon ami~ ¡Hemos venido a verte~! ¡Entramos!
No.
NO.
¡NO!
Dios, ¿¡Por qué me odias!?
No podía permitir que nadie me viera en esa situación tan embarazosa.
- ¡Suéltame, maldita sea!- Le grité, con intención de golpearle en los huevos.
- ¡Oh, son Francis y Gilbert!- Parecía contento.
- ¡FRANCIS Y GILBERT MIS COJONES! ¡Suéltame, bastardo!
Conseguí soltarme justo cuando dos hombres entraron por la puerta. En mi frenética huida me choqué con el rubio.
El cual me abrazó también.
¿QUÉ
COJONES?
No, en serio, ¿¡Qué cojones!?
- Oh, mon amour, no tan deprisa~ La noche acaba de empezar- me susurró en el oído con un notable acento francés, mientras se reía con la risa más rara que había escuchado en mi vida- ohonhonhon~
El que era albino también quiso meter baza, para mi desgracia.
- ¡Wow, Toño! ¿un nuevo cliente?- Dijo, mientras me acariciaba la mejilla- ¡Asegúrate de tratarle bien, o el grandioso yo se lo quedará en tu lugar! ¡Kesesesese!
- ¡CHIGIIII!- Grité, desesperado.
Los dos pervertidos se rieron. Me sentí violado.
¿Me podía ir peor en la vida? Supongo que no.
- ¡No me metas mano, pervertido francés de mierda!- Le grité al rubio, que estaba manoseándome el trasero mientras el... ¿alemán? se acercaba PELIGROSAMENTE a mi rulo.
- Verdammt, Toño! ¡Este niño es un bocas!- Dijo el, ahora si que estaba seguro, alemán, mientras se reía.
No. No podría irme peor en la vida. Ahora estaba seguro.
Pensé que el español se uniría a sus... amigos, creo. Porque se estaba acercando.
Pero nada más lejos de la realidad.
Lo que hizo fue agarrar a ambos pervertidos por las muñecas y sonreír. Sonreír con una mueca que más que alegre parecía... amenazante.
- Bueno...- empezó a decir.- ¿Vais a soltar a Lovino o tengo que soltaros yo?
Ambos violadores parecieron congelarse en el sitio al mirar a Antonio a los ojos. Me soltaron inmediatamente, con movimientos que casi parecían mecánicos.
- Oi, oi... Toño... buen rollo, tío... ¿vale?- Dijo el albino, temblando. El francés y el otro se alejaron de nosotros unos cuantos pasos.
Yo, por reflejo, me coloqué detrás de mi salvador, el cual ya me parecía un buen sistema de protección. Me cogió por los hombros y me preguntó si me encontraba bien. Me encontraba como si me hubieran estado a punto de violar, (lo cual así era), pero aún así, asentí con la cabeza.
- Me alegro tanto...- suspiró él.- No te vuelvas a acercar a Francis, ¿de acuerdo?
- ¿¡Por qué la culpa es sólo mía!?- Se quejó el francés, pero calló al volver a encontrarse con la mirada de su... amigo, supongo.
- Gilbert sólo es un poco tonto, ignórale.- Me dijo, dándome golpecitos en la cabeza. Creí escuchar quejidos.- Espero que no vuelvan a molestarte.
- S... sí...- Solté su camisa, a la cual me había agarrado antes debido al shock, y me dirigí a la puerta. Cuando me iba a ir, recordé que había algo llamado gratitud en este mundo, así que me volví un segundo.- Esto...
- Dime, Lovi.- Me sonrió el español.
- Ehm... g... gracias, Antonio.- Le dije, sonrojándome. No estoy acostumbrado a dar las gracias.
- Ah, claro, no te preocu... pes...- su sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco hasta mostrar una mueca confusa.
Entonces se sonrojó. Mucho. Y se quedó mirándome con los ojos abiertos como platos. Empecé a sentirme algo incómodo, así que retrocedí un poco, y, diciendo adiós, cerré la puerta. Aunque noté cómo me había seguido con la mirada, así que no pude evitar ponerme nervioso... ¿de qué iba todo aquello?
Me pregunto qué habré hecho para que se ponga así...
Oh, bueno, qué importa.
GUAO ESTE ES MUY LARGO! DDD:
Siiiiiii~ Soy más rápida que antes y no sé por qué~~
Espero que os haya gustado este capítulo~ Contiene un montón de sonrojos y momentos incómodos, así que supongo que os habrá gustado~
O quizás no... D:
Bueno, si os ha gustado, dejadme review~ XD
Nos vemos en el próximo, en el que quizás ponga algo... "picante"... ewe
