Malos pensamientos

Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.

C11 El sueño de una noche de invierno

Se sentía asustado, inquieto, preocupado, llevaba horas buscándola y no había rastro de ella.

- Sakura, Sakura, ¿Dónde estás? - La llamaba a gritos tratando de encontrarla - Sakura, por favor, dime dónde estás - Imploraba impotente.

Su cuerpo estaba entumecido y el cansancio comenzaba a hacer mella en él, pero no se daba por vencido y continuaba su búsqueda incesante. Sus extremidades parecían no responderle, y pese a continuar corriendo, no parecía ser capaz de avanzar demasiado rápido, es más, le parecía que más que correr, lo único que hacía era arrastrarse. Veía la tierra muy cerca de sus ojos, y todo lo que podía sentir era la fría y áspera tierra bajo su cuerpo. La humedad parecía haberle calado hasta los huesos y la sensación de estar reptando a través del barro no se le iba de la cabeza. Todo estaba muy oscuro, como si la luz del sol no penetrara jamás a través de la maraña de hojas y árboles que le rodeaban.

De pronto se paró en seco ante lo que le pareció la planta más grande que había visto en su vida. Un enorme tallo se alzaba ante él, y en una de sus hojas, había colgado algo que le llamó la atención. Era un revoltijo de hilos plateados que parecía contener algo en su interior. Era algo que ya había visto, pero que en ese momento no era capaz de identificar. Lo miró absorto, sin entender por qué le causaba tal fascinación. De repente, como si le hubiera estado esperando a él para comenzar el proceso, la crisálida comenzó a romperse.

Kakashi permanecía quieto y embobado ante el espectáculo, como si esa extraña visión le hubiera hipnotizado. Los millares de hilos se quebraban ante sus ojos y todo lo que podía ver era como infinidad de brillantes colores se abrían paso al exterior.

Entonces, como si una luz se hubiera encendido en su cerebro la reconoció. Delante de él, saliendo de aquel caos de hebras, surgía como una ninfa entre las aguas Sakura. Toda ella era preciosa, magnífica, rodeada de relucientes y vistosos colores que amplificaban su belleza, pero… ¿De dónde provenía aquel festival de tonalidades que la acompañaban?

Todavía seguía absorto en su figura cuando Sakura, una vez liberada de su prisión, desplegó con elegancia unas preciosas y enormes alas.

Kakashi ahogó un grito de sorpresa al verla, no daba crédito a sus ojos. Delante de él, se erguía con gesto inocente una deslumbrante Sakura convertida en mariposa.

De repente, por primera vez en todo el tiempo que llevaba buscándola, se miró a sí mismo y comprendió por qué antes no lograba deshacerse de la molesta sensación de estar arrastrándose. Él era un gusano, un mísero y rastrero gusano que reptaba por el suelo persiguiendo algo que no estaba a su alcance.

Ella miraba el cielo con anhelo, con ansia de libertad, pero también lo miraba a él con preocupación y dulzura. Podía ver en su mirada compasión, como si comprendiera perfectamente que ya nunca podrían estar al mismo nivel.

Kakashi deseaba que se quedara con él, que le permitiera contemplar su belleza de por vida, pero sabía que eso sería injusto para ella.

- ¿Me has estado buscando, Kakashi? - Preguntó la mariposa con voz melodiosa.

- Sí, tenía algo que decirte - Contestó el shinobi sintiéndose miserable.

No podía retenerla, ella debía de ser libre. Había disfrutado de su compañía durante muchos años, pero sabía que el temido momento había llegado, el momento de separarse y permitirle volar por sí misma. Él solo era un gusano, ya no podía seguirla, ahora tendría que continuar ella sola, buscar otras mariposas que volaran a su lado, no anclarse junto a un viejo gusano incapaz de cambiar.

- Ha llegado la hora - Afirmó el ninja.

- ¿La hora de qué? - Preguntó sin acabar de entender a que se refería.

- La hora de separarnos - Contestó notando como su corazón se rompía con cada palabra que pronunciaba.

- Pero… yo no quiero separarme de ti.

- Es mejor para los dos. Mírate, eres una preciosa mariposa y yo solo soy un sucio gusano.

- Es verdad, soy una mariposa - Dijo mientras se miraba y tomaba consciencia del cambio sufrido - ¿Qué me ha pasado?.

- Has florecido y ya es hora de que vueles lejos de mí. Yo ya no puedo permanecer a tu lado.

- Pero… tú siempre has estado a mi lado, ¿Qué haré yo sin ti?

- Los cambios asustan Sakura, pero pronto encontrarás a otros miembros de tu especie con los que estarás mejor que conmigo. Ahora tienes que volar, volar lejos de aquí.

Sakura lo miraba indecisa. Alternaba su mirada entre él y el azul cielo que se vislumbraba entre la espesa vegetación. Sabía que ella tenía miedo, pero era lo que tenía que hacer.

- Adiós Sakura, no te olvidaré.

Sakura aleteó un par de veces y comenzó a volar alrededor de él. Primero no muy alto, pero poco a poco fue cogiendo confianza y subiendo cada vez más.

- Adiós Sakura, tu lugar ya no está aquí.

-Adiós Kakashi, gracias por todo - Se despidió dulcemente mientras alzaba el vuelo.

Sakura lo miró por última vez antes de desaparecer y dejarle plantado con el corazón destrozado.

Kakashi se despertó de golpe envuelto en un sudor frío. Por un momento, a pesar de encontrarse en su habitación, se hallaba completamente desorientado, el sueño lo había alterado más de la cuenta. Miró a ambos lados de la habitación intuyendo algo extraño, pero no vio nada. De pronto fue consciente de la cálida fuente de calor que se extendía en su regazo, y cuando miró hacia abajo, la vio. Acurrucada junto a él, sujeta en un sólido abrazo, se encontraba Sakura.

La observó detenidamente mientras ella dormía. Su inmaculada piel no tenía ni un solo defecto. Su tez era blanca y tersa, su pelo olía a flores silvestres y sus labios tenían pinta de ser uno de los más suculentos manjares. Era preciosa, joven y preciosa, y al igual que en su sueño se sintió miserable por intentar retenerla junto a él.

Sabía que no podía quedarse junto a ella, que no tenía derecho a privarla de la libertad que supone tener 22 años, así que y con todo el pesar del mundo deshizo su férreo abrazo.

Se levantó con cuidado de la cama para no despertarla. Todavía era muy temprano, apenas despuntaba el sol en el alba, solo unos madrugadores rayos se colaban por la ventana.

Le dolía la cabeza, seguramente debido a la resaca. A pesar de haber estado completamente borracho se acordaba perfectamente de todo; de cómo Sakura se había preocupado por él al reconocerlo, de cómo lo había acompañado a su casa para asegurarse de que estaba bien, de cómo había intentado consolarlo al enterarse de la muerte de Gai y de cómo egoístamente le había pedido que se quedara con él y ella había aceptado. El sentimiento de culpabilidad volvió a asaltarle.

Él no la había buscado, simplemente había ocurrido así, pero no conseguía deshacerse de la incómoda sensación de mezquindad. Él, tras haber recibido la noticia de la muerte de Gai, había ido a emborracharse para apaciguar el sentimiento de soledad y tristeza que crecían en su interior, y dio la casualidad de que Sakura e Ino decidieron aparecer esa tarde por bar. Habían entrado irradiando vitalidad, hablando animadamente sobre el entrenamiento y sobre Kankuro. Kankuro, por un momento odio al muchacho. Sabía que él no tenía la culpa, era lógico que se fijara en ella; era guapa, inteligente, dulce, simpática, ¿Qué más se podía pedir? Definitivamente no era culpa de Kankuro.

Volvió a mirarla. Se veía adorable en su apacible sueño. Hubiera dado cualquier cosa por poder disfrutar de esa vista todas las mañanas, pero ella no era para él. No era para alguien terco, perezoso y cansado de la vida como él.

En silencio se aproximó al armario, cogió algo de ropa limpia y salió de la habitación. No tenía ánimos para enfrentarse a ella esa mañana. Todo había pasado muy rápido y todavía no de había dado tiempo a digerirlo. Gai había muerto, y en su dolor, había recurrido a la única persona a la que no se permitía a sí mismo acercarse más de la cuenta, Sakura.

Tras cambiarse de ropa, salió de casa para dar un paseo, necesitaba ordenar sus ideas.


Una molesta sensación de frío comenzó a inundar el pequeño cuerpo de la kunoichi. Se ovilló todavía más tratando de mantener el calor, pero la incómoda sensación no desaparecía. Había algo que echaba de menos, aun en sueños sentía que le faltaba algo. Medio adormilada trató de arroparse con el edredón, pero el frío le había calado hasta los huesos y no había forma de que desapareciera. Al final, acabó por despertarse.

Cuando abrió los ojos, el sol ya estaba en lo alto del cielo, debían ser por lo menos las nueve de la mañana. En un principio se asustó, no estaba en su casa, y por un momento no sabía dónde se encontraba, pero después de pasear la vista por la habitación, reconoció enseguida que se trataba de la habitación de su ex -maestro. Debido a la fobia por los hospitales de Kakashi, había tenido que atenderlo en más de una ocasión en su propia casa, así que se la conocía de sobra. Cuando se dio cuenta de donde estaba, todos los recuerdos del día anterior se agolparon en su mente. Encontrarlo borracho en el bar, acompañarlo a casa, la revelación de la muerte de Gai y lo más increíble, su petición de que se quedara con él.

Aguzó el oído esperando escuchar algún signo de que el peli-plata se encontraba en la casa. Quizá le estaba preparando el desayuno, pensó ingenuamente, pero sabía que no era verdad. Tan pronto como constató que no era así, una súbita tristeza se apoderó de ella. Así que eso era lo que se sentía al despertarse sola en una cama que no era la tuya, se lamentó.

Sabía que la situación no era la misma que con la que la comparaba, a fin de cuentas no se habían acostado ni nada por el estilo, pero para ella, pasar toda la noche abrazada a él había sido mucho más íntimo de lo que en un principio podía parecerle a cualquiera.

Resignada se levantó de la cama. Todavía estaba descolocada debido a los sucesos del día anterior, pero tras reponerse de la primera impresión, se dio cuenta de que era viernes y había quedado con Sai para entrenar. Miró el enorme reloj que por ironías de la vida tenía el peli-plata en el salón, y tras comprobar que apenas tenía diez minutos para ir a su casa a cambiarse antes del entrenamiento, salió precipitadamente. Todavía llevaba puesto el vestido y los zapatos nuevos que se había comprado el día anterior con Ino, no era ropa adecuada para entrenar.

Al final, después de correr como una posesa por las calles y tejados de la villa, solo llegó cinco minutos tarde a su cita con el artista.

El día transcurrió sin incidentes; entrenó con Sai, fue a trabajar, y como cualquier otro viernes, por la noche se reunió con sus amigos en el bar de siempre. La noche también pasó sin percances, pero la incertidumbre de lo que pasaría al día siguiente cuando se encontraran, no la dejó disfrutar por completo. ¿Cómo se comportaría el ninja copia cuando se vieran?, ¿Comentaría algo o fingiría que ese jueves nunca existió? . ¿Seguiría manteniendo su palabra de entrenarla en domingo?. No estaba muy segura de que esperar.

Al final el fatídico día llegó. Naruto, Yamato, Sai y Kakashi acudieron a su cita semanal y se comportaron como siempre, salvo por un pequeño detalle, el ninja copia no se dirigió a ella ni en una sola ocasión. La evitó deliberadamente durante todo el tiempo hasta casi convencer a Sakura de que a ojos del peli-plata se había convertido en transparente. Pero justo cuando la chica se despedía de todos para ir a cubrir una guardia de última hora, Kakashi se acercó a ella para confirmarle que al día siguiente la estaría esperando a las nueve en el campo de entrenamiento. Fue todo lo que necesitó para volver a convencerse de que lo sucedido en jueves no había sido un espejismo.

A pesar de estar agotada por el entrenamiento y la inesperada guardia, prácticamente no pudo pegar ojo. Al día siguiente su noche en blanco le pasó factura. Estaba horrible; dos oscuras y delatoras manchas bajo sus ojos tenían la culpa y para rematar, todavía se veía más pálida de lo habitual. Trató de disimularlo un poco con algo de maquillaje, pero aquello no tenía arreglo. Al final optó por tratar de convencerse de que a Kakashi su aspecto le daba igual y se encaminó hacia el lugar de encuentro.

Mientras se acercaba divisó la silueta de su ex -maestro en el campo de entrenamiento; la estaba esperando. Su figura se alzaba regia, imponente, autoritaria. Sus ojos no podían dejar de estudiar minuciosamente cada detalle de su cuerpo, aprovechando que este se encontraba de espaldas analizó hasta el último de sus detalles. Sus anchos hombros, su fuertes brazos, sus musculosas piernas y como no, su firme y definido trasero.

Tragó saliva intentando tranquilizarse y respiró hondo un par de veces antes de presentarse ante él. Seguramente el peli-plata la había sentido llegar desde por lo menos cuatro manzanas antes, pero no se había dignado a mirarla.

Era raro verlo esperarla, por regla general él solía llegar entre uno o dos horas más tarde de la hora acordada, pero al parecer, por una vez, el shinobi había decidido ser puntual.

- Llegas tarde - Comentó el ninja copia a modo de saludo sin ni siquiera darse la vuelta.

- ¿Estás de broma, verdad? - Contestó Sakura tras comprobar en su reloj que apenas pasaban 2 minutos de la hora.

- Yo no bromeo en los entrenamientos; ya deberías saberlo - Le aclaró.

- Vaya, nunca había comprobado que madrugar te pone de mal humor. Como hasta ahora no se había dado el caso - Contraatacó la chica.

- Bueno, dejémonos de tonterías y pongámonos a trabajar - Sentenció el peli-plata dándose la vuelta y mirándola por primera vez.

Su voz era cortante, incisiva, estaba claro que no estaba de humor, pero eso no fue lo que más impresionó a Sakura. Su mirada era fría, dura, nada que ver con la fragilidad que había mostrado un par de días atrás. La kunoichi supuso que se avergonzaba de su comportamiento y esa era su forma de intentar enmendarlo. Si su intención era borrar sus recuerdos sepultándolos entre otros exasperantes, lo estaba bordando.

- ¿Qué quieres que hagamos? - Preguntó incómoda la peli-rosa.

- ¿Qué es lo que haces con los demás? - Quiso saber el peli-plata.

- Con Naruto practico la transformación de la naturaleza del chakra, Sai me está enseñando a usar jutsus de tinta, con Yamato trabajo la resistencia física y el combate cuerpo a cuerpo y con Kankuro he estado practicando el manejo de los hilos de chakra, pero todavía no he conseguido centrarme en desarrollar un jutsu propio - Explicó la kunoichi tratando de pasar por alto las malas formas de su otra vez maestro.

- Entiendo - Afirmó el ninja - ¿Cuál dirías tú que es tu mayor punto fuerte?

- La precisión en el manejo del chakra. Al ser una ninja médico he tenido que perfeccionar esta técnica, y bueno… no es por presumir, pero mi nivel de precisión es equivalente al de Tsunade. Dicho por ella - Le contestó un poco avergonzada.

Bajó su mirada al suelo para que el ninja copia no viera el candente rubor que coloreaba sus mejillas. No estaba acostumbrada a los halagos, y mucho menos a tener que echárselos ella misma.

- Quizás podamos aprovechar este punto - Declaró fingiendo no ver la turbación de la chica

-Kankuro también pensó lo mismo, por eso practico con él el manejo de hilos de chakra. Se necesita mucha técnica y he avanzado mucho en ese campo - Añadió la peli-rosa mirándolo de reojo. Todavía no se atrevía a mirarlo a la cara.

Al escuchar el nombre de Kankura el rostro de Kakashi se contrajo en una mueca bajo su máscara, una que la kunoichi no supo descifrar. ¿A caso estaba celoso?. No, eso no podía ser, tenía que haber otra explicación a su raro gesto.

- Puede que no sea mala idea. Podríamos intentar fusionar tu precisión del manejo de chakra con alguna técnica de tierra, que es la naturaleza de tu chakra. ¿Has probado algo por el estilo?.

Su actitud había vuelto a la normalidad, y su voz no reflejaba el desprecio que el simple hecho de escuchar el nombre del marionetista en labios de la peli-rosa le había causado. Sakura desechó de inmediato la descabellada idea de los celos. Le parecía algo imposible.

- La verdad es que todavía no tengo claro como fusionar ambas técnicas. No sé cómo hacerlo.

- Se me ocurre que podías intentar manejar rocas con hilos de chakra o algo por el estilo.

- ¿A qué te refieres? - Preguntó intrigada la chica.

- Podrías tratar de lanzar fragmentos de roca como si fuera una lluvia de proyectiles. Aprovechando tu capacidad de precisión, podrías intentar focalizarlas en un punto o en un área acotada y lanzarlas a gran velocidad mediante los hilos de chakra - Le explicó el ninja copia mientras se frotaba el mentón.

- ¡Eso es una idea genial!. No se me había ocurrido - Exclamó la peli-rosa con júbilo.

- Podríamos empezar por ahí, y según vayamos avanzando, aumentar el nivel de dificultad aumentando el número de proyectiles lanzados o tratando de hacerlos girar en forma de remolino para aumentar su alcance… ya iremos viendo - Siguió conjeturando el shinobi.

Por primera vez desde que comenzó a entrenar para entrar en Anbu, Sakura vio una ligera posibilidad de conseguir su jutsu propio. La idea de Kakashi le pareció algo factible y le dio confianza en poder lograrlo. De repente, el ánimo de la peli-rosa había aumentado considerablemente. Toda la desmoralización acumulada en las últimas semanas se esfumó como por arte de magia. Ese era el efecto que causaba Kakashi en ella, con solo una palabra de ánimo por su parte conseguía infundirle todo el coraje perdido.

- Comencemos por ver como manejas los hilos de chakra - Le pidió suavizando el tono que había estado usando hasta ahora.

- Como quieras - Respondió obedientemente la chica inundada por una ola de renovado ánimo.

Esta vez Kakashi no se sentó con su inseparable libro a leer mientras ella entrenaba como solía hacer cuando era niña y ella y sus compañeros entrenaban, no, esta vez supervisó detenidamente todos sus movimientos y corrigió todos los fallos que encontraba en la ejecución de la técnica, eso sí, a una prudencial distancia. No se habían tocado en todo el tiempo, ni si quiera se habían rozado lo más mínimo, y eso, para dos personas que están entrenando, era bastante inusual, pero decidió no pensarlo mucho, al menos de momento.

Se pasaron varias horas practicando. La chica lanzaba finísimos hilos de chakra sobre las piedras del terreno para después tratar de lanzarlas con fuerza. No es que hubiera conseguido crear su nuevo jutsu, pero era un comienzo muy prometedor.

Cuando quedó patente que Sakura estaba agotada, Kakashi decidió dar por concluido el entrenamiento.

- Eso ha estado muy bien, Sakura - Le felicitó sinceramente - Creo que en poco tiempo conseguirás perfeccionar el control de este jutsu. El siguiente paso será optimizar los recursos que te ofrezca el terreno de batalla y conseguir imprimirle más velocidad y alcance a tu ataque, pero para empezar ha estado muy bien.

- Sí, ha sido un gran paso. Ya creía que no iba a ser capaz de hacerlo - Admitió radiante la kunoichi.

- Tu serías capaz de hacer cualquier cosa que te propusieras. Tu problema es que te desmoralizas demasiado pronto, no siempre estás dispuesta a esforzarte lo suficiente como para conseguirlo - La elogió para sorpresa de la médico. Era un halago agridulce, de los que aunque te feliciten por algo, te dejan un sabor amargo debido a ciertas pegas.

- Creí que pensabas que no estaba preparada para entrar en Anbu. Al menos eso fue lo que me dijiste la última vez - Le reprochó la chica sintiendo como el entusiasmo se le escapaba por los poros como si estuviese mezclado con su sudor.

- No me interpretes mal, Sakura. Todavía pienso que Anbu no es para ti, pero no porque no seas capaz de entrar, ya te lo dije, sino porque la experiencia te hará cambiar por dentro. Pero, ¿Qué le voy a hacer? eres una cabezota que no acepta el consejo de su viejo maestro, solo puedo quedarme esperando para ayudarte a levantarte cuando te caigas. Solo espero que la caída no sea demasiado grande.

Sakura no supo qué decir. Se quedó en silencio mirando al suelo. Se lo había dicho en varias ocasiones, pero ella no podía imaginarse algo tan horrible que hiciera que su personalidad cambiara. Había superado infinidad de trabas en su vida; había visto las atrocidades de la guerra, el hambre atroz que enloquece a los hombres, la avaricia humana en su expresión más vil e incluso cómo se utilizaba y explotaba a niños en tareas nada recomendables. Su mente no podía procesar nada peor que eso.

- Espero por tu bien que me equivoque, pero llevo muchos años en esta vida y las peores cosas que me ha tocado ver o hacer han sido en Anbu. Y no solo a mí, he visto a montones de hombres y mujeres desmoronarse después de alguna misión particularmente dura, solo espero que a ti no te pase lo mismo.

- Yo también lo espero - Confesó un poco amedrentada la Kunoichi.

Ambos se miraron a los ojos. Habían estado intentando evitar el contacto visual directo, pero en esa ocasión, sus miradas se atrajeron como imanes. Parecía un duelo de miradas, de esos en el que el primero que la aparta pierde. Al final fue el peli-plata el primero en desviar la vista. Se giró y le dio la espalda, como si no se atreviera a mirarla.

- Todavía no te he agradecido lo que hiciste por mí el jueves - le dijo de repente sorprendiendo a la kunoichi.

No había mencionado el incidente en todo este tiempo, así que la peli-rosa daba por hecho de que trataba de un tema tabú, que fingirían que nunca había pasado, como cuando tuvieron que enfrentarse a la vergonzosa situación de la revisión y ambos, sin necesidad de hablar de ello, decidieron ignorar lo sucedido y hacer como si nunca hubiera pasado. Sin embargo, esta vez no fue así.

Algo en el interior de Sakura se revolvió al rememorar lo sucedido esa noche. La sensación de tener cientos de mariposas en su estómago volvió repentinamente y la cálida sensación de tener sus brazos alrededor de su cuerpo volvió a envolverla por completo, incluso podía percibir su olor inundando su pituitaria. Por un momento se quedó petrificada, sin saber que decir, pero enseguida reaccionó tratando de suavizar el ambiente. Kakashi se había dado la vuelta para no tener que mirarla, así que era evidente que la situación lo incomodaba.

- Aceptar entrenarme es el mejor agradecimiento que me puedes dar. Aun así, no creo que merezca ninguna gratitud, solo hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar.

- Aun así, gracias - Repitió el shinobi todavía de espaldas.

Estaba claro que el peli-plata no estaba acostumbrado a dar las gracias y no sabía muy bien cómo hacerlo. Aun sin verle la cara, era plausible que estaba nervioso e inquieto.

- Nos veremos la semana que viene - Se despidió justo antes de desaparecer en tras una nube de humo.

- Yo estaré ahí siempre que me necesites - Susurró la chica al viento cuando éste ya se había marchado.

Sakura se quedó inmóvil, plantada como un cerezo centenario que espera a que la primavera le devuelva el esplendor perdido, solo que dudaba que lo que ella esperaba con tanto anhelo se materializara gracias a la venida del calor estacional.


Hola a todos de nuevo, menudo revuelo que se ha montado con lo de la muerte de Gai, no pensaba yo que fuera a ser para tanto. Me disculpo con quien no se lo ha tomado del todo bien, pero era necesario para que esos dos tuvieran un pequeño acercamiento, aunque ya veis que Kakashi es bastante crítico consigo mismo y no va a dar su brazo a torcer tan fácilmente. Todavía le queda mucho camino para darse cuenta de que él es la opción que más le conviene a Sakura. Bueno, pues espero que este capítulo no despierte tantas susceptibilidades. De todas formas gracias por los reviews, para mí son muy importantes, y no os preocupéis, que en la próxima historia que escriba dejare a Gai tranquilo ;)

Un saludo a todos y gracias por leer.