11. En la Tierra de los Ríos

El Camino Real era una brillante línea que se perdía en el horizonte, el cielo matutino anunciaba un día despejado y con buen tiempo.

"Condiciones perfectas para viajar" pensó Jaime mientras admiraba el paisaje por la ventanilla del acompañante.

Los dos meses pasaron bastante rápido para él, su mano estaba lejos de mejorar pero en otro sentido, su vida era más tranquila de lo que había sido en estos últimos años. Hace dos semanas, Brienne y él recibieron la noticia de que Vargo Hoat y Mordedor habían sido encontrados. En estos momentos estaban en prisión preventiva hasta el día del juicio, en seis meses más.

Por otro lado, a él le habían quitado el yeso hace quince días y ahora sólo usaba una férula, que se quitaba sólo cuando iba a las sesiones de kinesioterapia.

Mientras tanto, la enseñanza de los mocosos resultaba mejor de lo que esperaba. Éstos lo respetaban; y ya había elegido dos ayudantes: Gendry Mares y Josmyn Peckledon, dos chicos con bastante disposición para aprender y ayudar.

A veces su ánimo decaía, al ver a todos en la Academia prepararse para el torneo, mientras que a él lo impedía su mano. Las idas al kinesiólogo a veces eran una verdadera tortura ¿Cómo hacer que su mano responda las órdenes de su cerebro?

En esos momentos, Brienne era un verdadero apoyo para él. Cuando a él le tocaba terapia en las tardes, ella siempre lo acompañaba. Además lo ayudaba con los ejercicios que debía realizar en casa. Su contacto cálido y delicado le daba toda la paz que necesitaba.

"Firme pero suave, es más delicada que Cersei" pensaba mientras ella le movía los dedos con su grande mano pecosa.

Era distinta a su hermana en todos los sentidos, pasaban mucho tiempo juntos, ya sea entrenando en su casa, almorzando junto a Tyrion en el restaurant de comida oriental o a veces se iban al departamento de él a ver películas de artes marciales.

La miró, sus ojos azules estaban fijos en la autopista, únicamente concentrados en la tarea de conducir. Su destino era los Gemelos, el lugar donde se realizaría el torneo. Las clasificatorias de Baelor habían sido hace un mes y Brienne, luego de una excelente participación había quedado entre los representantes de la academia. Y él como no podía competir, se había transformado en su coach.

Su amistad no había pasado desapercibida en Baelor, provocando una serie de murmullos y chismes entre los alumnos.

"El Matarreyes y Brienne, la Bella" había escuchado decir una vez, si no fue a enfrentarlos fue porque ella se lo impidió.

Una vez la había escuchado discutir con Renly, Jaime no preguntó detalles, no soportaba a los Baratheon, esa cuadrada familia a la que ahora pertenecía su hermana.

"Mierda" pensó, mirando hacía ventana y tratando de concentrarse en el paisaje.

—¿En qué piensas? —preguntó Brienne, sin duda había captado su molestia.

—En nada importante…

Ella asintió sin comentar nada. Prendió la radio y el sonido de la música lo relajó y al rato estaban conversando de nuevo.

Al cabo de unas horas, llegaron a los Gemelos. La entrada de la ciudad se realizaba por un puente, que cruzaba el Forca Verde. Este era flanqueado por dos torres iguales entre sí. Brienne pagó el peaje y cruzaron.

Había mucha congestión, ya que en este torneo participaban todas las academias de Poniente, incluyendo las del Norte.

Al extremo de la ciudad se hallaba la academia de los Frey, ésta era una poderosa familia. El viejo Walder Frey era el gobernador y sus hijos habían fundado, entre otras instituciones, una escuela de artes marciales de la cual, Walder el Negro era el Maestro. El torneo empezaría al día siguiente, por lo que sólo pasaron por fuera de ésta, dirigiéndose al hotel donde se hospedarían.

Cuando llegaron, ya estaba allí alguna gente de Baelor. Brienne compartiría habitación con la chica kraken. Y Jaime con los coach.

Almorzaron todos juntos y por la tarde, fueron a inscribirse al torneo. Jaime guió a los chicos que entrenaba que habían clasificado y competirían en la categoría juvenil. Mientras Brienne, estaba por otro lado, en una fila junto a otras chicas.

Cuando ambos estuvieron desocupados, él le dijo:

—¿Vamos por una cerveza?

—Claro—le sonrió.

El torneo comenzó a primera hora del día siguiente. Brienne fue a cambiarse de ropa y Jaime se fue a sentar a las gradas. El recinto le pareció un lugar oscuro y tétrico. Observó a todos los personajes importantes que ya estaban allí: en el puesto de honor estaba Walder Frey con una mujer joven, la que presumiblemente era la esposa. Sentado cerca estaba Roose Bolton, gobernador de Fuerte Terror, quién además presidía la academia de Harrenhal, a su lado había mujer gorda, quién lucía un vestido rosa.

Jaime lo miró fijamente, sus sospechas sobre Vargo Hoat habían sido ciertas: Kevan le había dicho que éste había pertenecido a la academia de los Bolton. Había muchos rumores oscuros sobre esta, como entrenamientos excesivamente duros con castigos severos y además se decía que usaban armas. Nunca se había podido probar nada, pero si se había separado del resto de las escuelas del norte, debía ser por algo.

Desvió la vista para mirar hacia al otro lado donde estaba sentada la señora de Invernalia, Catelyn Tully, quién era viuda. La academia del norte llamada el Aullido del Huargo, regida por los Stark, era muy importante, allí asistían estudiantes de familias como los Umber, Manderly, Mormont, entre otros. La excepción eran los Bolton. Catelyn estaba acompañada de una chica joven de de cabello castaño rojizo y un niño pequeño. Jaime supuso que sus demás hijos competirían en el torneo.

El resto del espacio estaba ocupado por el público general, quienes llevaban pancartas de las escuelas que participaban. Había mucha expectación.

De pronto, el viejo Frey se levantó y todo el bullicio se apagó.

—Pasaron muchos años desde la última vez que los Gemelos fuera sede de este importante torneo je je—comenzó—Sólo espero que las peleas no vuelvan a ser tan jodidamente aburridas je je—carraspeó—No mantendré mi culo aplastado en la silla sólo para ver a una tropa de debiluchos bailar en vez de pelear je je—se hizo un silencio—como sea…ahora estoy seguro que habrá más de un suceso interesante je je—rió—No se diga más, que comience…

Se sentó con dificultad y comenzó el sonido de una marcha. Jaime volvió la vista al escenario, donde comenzaron a desfilar todos los luchadores que competirían, sintió nostalgia. Cuando llegó el turno de la categoría femenina, notó que Brienne lucía nerviosa y evitaba mirar al público. Debido a su altura, destacaba entre las demás.

—Pff, Brienne Tarth compitiendo aquí.

Jaime miró hacia su derecha donde había un tipo pelirrojo, con gesto descarado.

—¿La conoces? —le preguntó.

—Seeh, en la academia de Renly, en Altojardín—respondió él— ¿Tú eres Jaime Lannister? Yo soy Ronnet Connington—se presentó.

—Ah

—Es una verdadera bestia—le dijo riéndose, señalando a Brienne—Una vez le tendimos una broma.

—¿Qué broma? —le preguntó fríamente.

Al parecer, el otro no notó su tono gélido porque siguió contando, tratando de aguantar la risa:

—Quería ver si era capaz de vestirse como mujer, así que la invité a una cita ¡Por supuesto que era mentira!

Lanzó una carcajada.

—Desde luego que se esforzó…¿Te imaginas a una cerda con vestido?—se volvió a reír fuerte— Esa era la imagen… si vieras lo peluda que es esa best….

Jaime lo golpeó tan fuerte con su mano izquierda, que Ronnet cayó rodando por las gradas. Varios de los que estaban sentados más abajo se incorporaron asustados y los miraron. Pero Jaime sólo tenía ojos para él.

—Nunca más hablarás así de ella—le dijo lentamente, cada palabra cargada de rabia—vas a llamarla por su nombre, la llamarás Brienne.

El otro se incorporó con la boca sangrando y al parecer con un par de dientes menos.

—Cómo digas, Matarreyes—escupió a sus pies— Brienne, la Bella.