Hola, aquí la segunda parte. Disfruten su lectura ;)

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling y Off Campus: The Deal lo es de Elle Kennedy. Solo soy una inmensa admiradora de sus obras.

Advertencia: Esta historia contiene lenguaje obsceno y escenas no aptas para menores. Leer bajo su propia responsabilidad.


Doy totalmente en el clavo.

Tres rones de grosella después, Granger está subida en una de las mesas cantando una canción.

Lo único que le salva es que es una gran cantante. No me puedo ni imaginar lo vergonzoso que sería si estuviese borracha y no tuviese buen oído.

Todo el mundo está como loco con la interpretación de Granger. Ella está cantando a todo pulmón y casi todo el mundo está cantando, incluyendo a más de uno de mis compañeros de equipo borrachos. No hay nada lascivo en lo que hace. Ni un movimiento de baile sugerente. Mientras canta, Granger echa la cabeza hacia atrás con entusiasmo, con las mejillas encendidas y los ojos brillantes.

Joder, quiero besarla de nuevo. Quiero sentir sus labios sobre los míos. Quiero oír ese ruido gutural que hizo la primera vez que le chupé su lengua.

Grandioso. Ahora estoy duro como una roca, en medio de una sala repleta de gente.

─ ¡Granger es increíble! —grita Theo, desplazándose hacia mí. Sonríe mientras la observa, pero hay un brillo extraño en sus ojos. Un brillo que parece deseo.

─Lo es—es lo único que le digo, porque estoy demasiado distraído por su expresión.

Un aplauso ensordecedor estalla cuando termina la canción de Granger. Un segundo después, Blaise se sube a la mesa y le susurra algo al oído. Por lo que puedo deducir, está tratando de convencerla para cantar a dúo, pero no deja de tocarle su brazo desnudo mientras la persuade, y no hay duda de que hay una chispa de inquietud en sus ojos.

Es mi señal, me digo antes de comenzar mi camino entre la multitud. Cuando llego a la orilla de la mesa la llamo.

─ ¡Granger!

Su cara se ilumina cuando me ve. Sin perder un instante, da un salto hasta donde estoy esperándola, riendo de alegría─ ¡Esto es muy divertido! —exclama—. ¡Tenemos que venir aquí tooooodos los días!

Una risa cosquillea mi garganta; analizo su cara para ver dónde la puedo situar en mi escala de borrachera increíblemente fiable. 1 es estar sobrio y 10 es estar voy a despertarme en pelotas en medio del bosque sin acordarme de cómo he llegado aquí. Dado que su mirada sigue nítida y no está trabándose al hablar ni tropezándose, decido que probablemente esté en un 5: contenta pero consciente de lo que pasa.

Y es posible que esto me convierta en un idiota, pero me encanta ser el que la ha llevado a estar así. Soy la persona a la que ha confiado su cuidado para permitirse relajarse y pasar un buen rato. Yo, entre todos sus estúpidos amiguitos.

Con otra sonrisa brillante, coge mi mano y tira de mí para alejarnos de la pista de baile.

─ ¿A dónde vamos? —pregunto.

─ ¡Tengo que ir al baño! Y me prometiste que serías mi guardaespaldas, así que eso significa que tienes que esperar junto a la puerta haciendo guardia. —Sus hipnóticos ojos marrones me miran, temblando de una inesperada incertidumbre—. No vas a dejar que nada malo me pase, ¿verdad, Draco?

Un nudo del tamaño de Hogwarts se instala en mi garganta. Trago con fuerza e intento hablar por encima de él.

─Jamás.


¿Cómo es posible que estuviese nerviosa por el hecho de venir aquí esta noche? ¡Me lo estoy pasando en grande! Ahora mismo estoy sentada en el banco corrido de una mesa junto a Malfoy y estamos metidos en un acalorado debate con Parkinson, Theodore y Miles Bletchley sobre si son más inteligentes las niñas o los niños, entre otras muchas cosas. Parkinson no da su brazo a torcer en su opinión de que las niñas son mucho más listas que los niños. Estoy totalmente de acuerdo con ella sobre eso, pero Malfoy, Nott y Bletchley, no. Los cuatro llevamos discutiendo este asunto durante más de veinte minutos. Me da vergüenza admitirlo, pero sinceramente no esperaba que todos estos Slytherin tuvieran opiniones claras y supieran expresarse bien sobre asuntos no relacionados con la pureza de sangre y todo eso. Para mi sorpresa, son mucho más complejos de lo que habría apostado.

─Las niñas, además, son mucho más educadas y aprenden más rápido.─ Parkinson argumenta.

─Eso es cierto. Yo siempre he sido la más inteligente de mi clase─ La apoyo tomando un sorbo de mi bebida.

─Que modesta, Granger.─ Dice Malfoy con ironía.

─Los chicos lo único que quieren hacer es jugar con una escoba, atrapar ranas y trepar a los árboles—insiste Parkinson, agitando su vaso de cerveza de mantequilla en el aire como si quisiese subrayar su argumento con eso—.Es por ello que nosotras somos mejores.

─Estoy de acuerdo con todo—suelto—. Las ranas son babosas y asquerosas.

Los chicos se echan a reír.

─Eres demasiado cobarde como para ser de Gryffindor, Granger—se burla Bletchley─ Vamos, dale una oportunidad a las ranas. ¿Sabías que si le pegas un lametazo a algunas de ellas te puedes agarrar un buen pedo?

Le miro con horror.

─Estás enfermo, Miles─ Parkinson le da un golpe en el hombro.

─Mi interés en lamer una rana es cero.

Tras una carcajada, Theodore suelta.

─ ¿Ni siquiera para que aparezca tu príncipe azul?

─No, ni siquiera en ese caso —le digo con firmeza.

Bletchley toma un gran trago de whisky antes de guiñarme un ojo.

─ ¿Qué tal lamer algo distinto a una rana? ¿O eres anti lamidos en general?

Mis mejillas arden ante la indirecta, pero el brillo pícaro de sus ojos me dice que su intención no es ser grosero, así que respondo con mi propia dosis de provocación.

─En realidad no, soy pro-lamidos, siempre y cuando lama algo rico.

Otra ronda de carcajadas estalla en la mesa, pero Malfoy no se une. Cuando le miro me doy cuenta de que sus ojos están abiertos de par en par y desprenden calor.

Me pregunto si se está imaginando mi boca en su… no, no vayas por ahí.

─Joder, que alguien le ate las manos a la espalda a ese idiota para que deje de monopolizar el tocadiscos —dice Parkinson mientras otro tema más de Blake Sabbathly* resuena en el bar.

Todos miramos al culpable: un tipo local con una tupida barba roja y una cara de malo como nunca había visto en la vida. Mucho más intimidante que Snape. Hasta ahora lo único que hemos escuchado es el mismo grupo musical por el que Barba Roja pagó unos sickles. Ah, y una canción de Recedence Cleavage Resurrection*, con la que al parecer Bletchley perdió su virginidad.

Finalmente nuestro debate pasa al Quidditch; Bletchley intenta convencerme de que el guardián es el jugador más importante de un equipo de Quidditch mientras que Theo le abuchea sin parar. La canción de Blake Sabbathly llega felizmente a su fin, y es reemplazada por el tema de Likin Skidded, Tuesday's Gone*. Cuando los primeros acordes suenan, noto que Malfoy se pone tenso a mi lado.

─ ¿Qué pasa? —pregunto.

─Nada. —Se aclara la garganta y luego se levanta de la mesa y tira de mí hacia arriba hasta que estoy también de pie—. Baila conmigo.

─ ¿Cómo? —Estoy completamente desconcertada.

Oigo las risitas de Parkinson desde su lado de la mesa.

─ ¿Desde cuándo bailas, Draco? En el baile de Navidad apenas si te moviste.

─Desde ahora mismo —murmura Malfoy.

Me lleva a la pequeña zona que se supone es la pista de baile, y que está completamente vacía porque nadie más está bailando. Cierto malestar se mete dentro de mí, pero cuando Malfoy me tiende la mano, dudo solo un segundo antes de cogerla. Bien, si quiere bailar, entonces, a bailar. Es lo menos que puedo hacer teniendo en cuenta lo increíblemente bien que se ha portado esta noche.

Se pueden decir muchas cosas sobre Draco Malfoy, pero sin duda es un hombre de palabra. Ha estado pegado a mi lado toda la noche, vigilando mis bebidas, esperándome fuera del baño, asegurándose de que no me acosaban ni sus amigos ni la gente que hemos conocido aquí. Me ha cubierto las espaldas totalmente y, gracias a él, he sido capaz de bajar la guardia por primera vez en mucho tiempo.

─Sabes que esta canción dura como unos siete minutos, ¿verdad? —le recuerdo cuando llegamos a la pista de baile.

—Lo sé. —Su tono es casual. Neutro. Pero tengo la extraña sensación de que está disgustado por algo.

Malfoy no pega su cuerpo al mío ni trata de bailar frotándose contra mí. En vez de eso, bailamos como he visto bailar a mis padres, con una mano de Malfoy en mi cadera y la otra cerrada en mi mano derecha. Yo descanso mi mano libre sobre su hombro y él se inclina más hacia mí y presiona su mejilla contra la mía. Su suave barbilla es como una provocación contra mi cara, y me pone la piel de gallina en mis brazos desnudos. Cuando inhalo, su loción llena mis pulmones y una sensación de vértigo me recorre el cuerpo.

No sé qué me está pasando. Me siento un poco febril y excitada y… es el alcohol, me aseguro a mí misma. Tiene que ser eso. Porque Malfoy y yo hemos acordado que solo somos amigos.

─Zabini está pasándoselo muy bien, ¿eh? —comento, sobre todo porque estoy desesperada por encontrar algo con lo que distraer mis descontroladas hormonas.

Malfoy sigue mi mirada hacia la mesa de atrás donde está Zabini entre dos rubias que le mordisquean el cuello de forma muy ansiosa.

─Sí. Supongo que sí.

Su mirada de ojos grises está distante. Su tono ausente deja claro que no está interesado en mantener una conversación, así que me callo y me esfuerzo en no dejar que su abrumadora masculinidad me afecte.

Pero cada vez que su mejilla roza mi cara, la piel de gallina va a más. Y cada vez que el aire que exhala por la boca roza mi mandíbula, un torrente de escalofríos me atraviesa. El calor de su cuerpo arde sobre el mío, su olor me rodea y soy terriblemente consciente de cómo su cálida mano aprieta la mía. Antes de poder reprimirme, acaricio el centro de su mano con mi pulgar.

El aliento de Malfoy se detiene.

Sí, tiene que ser el alcohol. No hay otra explicación para las sensaciones que recorren mi cuerpo. El deseo en mi pecho, la tensión en mis muslos y el extraño vacío en mi interior.

Cuando termina la canción, exhalo un suspiro de alivio y doy un paso atrás. Un paso que necesitaba dar cuanto antes.

─Gracias por el baile ─murmura Malfoy.

De acuerdo, ahora sí está raro. ¿Malfoy dando las gracias por algo? Puede ser que esté relajada, pero no estoy borracha y al instante detecto la tristeza que irradia su pecho.

─Malfoy —le digo con preocupación—. ¿Qué ocurre?

─Nada. ─Su garganta sube y baja cuando traga. Parece renuente a hablar.─. Es solo que esa canción…

─ ¿Qué pasa con ella?

─Me trae recuerdos, eso es todo. —Hace una pausa tan larga que pienso que no va a continuar, pero estoy equivocada—. Era la canción favorita de mi madre. La pusieron en su funeral.

Mi respiración se corta por la sorpresa.

─Oh. Vaya. Lo siento.

Se encoge de hombros, como si no tuviese ninguna preocupación en el universo.

─Malfoy…

─Mira, era o bailar o ponerme a llorar como un niño, ¿de acuerdo? Así que sí, gracias por el baile, Granger. —Se aparta cuando voy a cogerle del brazo─. Tengo que ir al baño ¿Estarás bien aquí sola durante un par de minutos?

─Sí, pero…

Se marcha antes de que pueda terminar.

Le miro marchar, luchando contra una presión que contrae mi garganta. Me quedo ahí de pie sin saber qué hacer. Quiero ir tras él y obligarle a que me hable de eso.

No, tengo que ir tras él.

Cuadro mis hombros y empiezo a avanzar rápidamente cuando me quedo congelada en mi sitio: estoy cara a cara con mi exnovio.

─Víktor─ digo en un gritito agudo.

─Herrmionee, hola. —Viktor está visiblemente incómodo.

Me lleva un segundo darme cuenta de que no está solo. Una pelirroja alta y guapa está de pie a su lado, y están cogidos de la mano.

Mi pulso se acelera porque no he visto a Viktor desde que rompimos el invierno pasado. Escuché que estaba en Londres con su equipo de Quidditch; pero nunca pensé que me lo encontraría aquí, esta noche.

Aún recuerdo como nos conocimos durante el Torneo de los Tres Magos, fue en verdad una sorpresa el que Víktor me haya invitado al baile de Navidad. Durante su estancia en Hogwarts en las pocas ocasiones que charlamos, descubrí que teníamos muchas cosas en común.

Estuvimos juntos durante ocho meses y yo estaba inequívocamente loca de amor por él. Él me dijo que me quería y yo se lo dije a él, pero después de que me dejara, una parte de mí se preguntó si tal vez solo se había quedado conmigo por lástima.

No pienses de esa manera.

La voz severa en mi cabeza pertenece a Carole, y de repente echo de menos escucharla en persona. Nuestras sesiones de terapia terminaron una vez empecé este curso y, aunque nos hemos escrito un par de veces, no es lo mismo que estar en ese acogedor sillón de cuero en el despacho de Carole, respirando su aroma tranquilizador de lavanda y escuchando su cálida y reconfortante voz. Ya no necesito a Carole como solía hacerlo, pero en este momento, al estar frente a Víktor y su nueva novia, las viejas inseguridades vuelven a toda velocidad.

─ ¿Cómo has estado? —pregunta.

─ Bien. No, excelente—modifico a toda prisa—. ¿Cómo estás?

─ No me puedo quejar. —La sonrisa que me ofrece parece forzada─ Viajo con el equipo, pero actualmente estamos en busca de un golpeador.

─ ¿Qué pasó con el anterior?

─Brard —admite Víktor—. Ya sabes que siempre nos amenazaba con cambiarse de equipo. Bueno, pues firmó un contrato con el equipo rival, y se fue sin decir otra cosa.

No me sorprende escucharlo. Durante nuestra relación tuve la oportunidad de conocer a sus compañeros de juego, y siempre pensé que Brard era el imbécil más pomposo del planeta. En realidad, probablemente se llevaría maravillosamente bien con Wayne.

─Sé que es horrible, pero creo que es lo mejor —le digo a Víktor—. Brard los íba a dejar en algún momento. Al menos ha sido ahora, antes de que pasara otra cosa, ¿sabes?

─Eso es lo que le digo todo el tiempo —interviene la pelirroja, después de escuchar a Víktor—. Mira, alguien más está de acuerdo conmigo.

Alguien más. ¿Eso es lo que soy? Nada de la exnovia de Víktor, o su amiga, ni siquiera una conocida. Simplemente soy alguien más.

La forma en que la chica desprecia mi lugar en la vida de Víktor hace que mi corazón se tense de dolor.

─Soy Elise, por cierto —dice la pelirroja.

—Es un placer conocerte —le contesto de forma incómoda.

Víktor tiene aspecto de estar tan incómodo como yo.

—Así que, tienes el concierto exhibición de invierno dentro de poco ¿eh?

—Sí. Estoy preparando un dueto con un chico de Hufflepuff─ Suspiro─. Algo que está empezando a parecerme un gran error.

Víktor asiente.

─Bueno, siempre has trabajado mejor sola.

Mi estómago se pone tenso. Por alguna razón, siento como si Víktor me estuviera soltando una indirecta. Como si estuviera insinuando algo. Como si en realidad estuviera diciendo: no tienes ningún problema para correrte sola, ¿eh, Herrmione? Pero no puedes hacerlo con un compañero, ¿verdad?

Sé que no es más que mi inseguridad. Víktor no es tan cruel. Y él lo intentó. Lo intentó de verdad.

Pero sea una insinuación o no, me duele.

─Bueno, ha sido bueno verte, pero estoy aquí con unos amigos, así que…

Señalo con la cabeza hacia la mesa donde están Parkinson, Bletchley y Nott, y una arruga de confusión aparece en la frente de Víktor.

─ ¿Desde cuándo sales con ellos?

─Le doy clases particulares a uno de los jugadores de Slytherin y, eh, sí, salimos de vez en cuando.

—Oh. De acuerdo. Bueno, espero nos veamos luego.

─ ¡Un placer conocerte! —dice Elise.

Mi garganta se cierra mientras se alejan cogidos de la mano. Trago saliva, luego giro en dirección opuesta. Entro en el pasillo que lleva a los baños, parpadeando para evitar las templadas lágrimas que brotan de mis ojos.

Por Merlín, ¿y ahora por qué estoy llorando? Repaso rápidamente todas las razones por las que no debería estar llorando.

Víktor y yo hemos terminado.

Ya no le quiero.

Llevo meses fantaseando con otra persona.

Tengo una cita con Roger Davies este fin de semana.

Pero el repaso no consigue nada, y mis ojos escuecen aún más porque ¿a quién diablos pretendo engañar? ¿Qué posibilidades tenemos de verdad Roger y yo? Incluso si salimos, incluso si intimamos lo suficiente como para dar ese paso, ¿qué pasará cuando nos acostemos? ¿Qué pasará si todos los problemas que tuve con Víktor emergen de nuevo, como un molesto sarpullido que no desaparece?

¿Y si realmente hay algo mal en mí y ya nunca, nunca más puedo tener una vida sexual normal como una mujer normal? ¡Joder!

Parpadeo rápido para tratar de detener el torrente de lágrimas. Me niego a llorar en público. Me niego.

─ ¿Granger?

Malfoy sale del baño de caballeros y frunce el ceño nada más verme.

─ ¿Qué pasa?─dice agarrando mi barbilla con las dos manos.

—Nada —murmuro.

—Estás mintiendo. —Sujeta mi barbilla con firmeza mientras barre la zona de debajo de mis ojos con sus pulgares—. ¿Por qué estás llorando?

─No estoy llorando.

─Entonces dime qué ha pasado. ─Su rostro se tensa─. Oh, mierda, ¿alguien te ha intentado acosar o algo así? Solo me he ausentado un par de minutos.

─No, no es eso —le interrumpo.

─ Entonces, ¿por qué estás así?

Ahogo el nudo que hay en mi garganta. No puedo creer que Malfoy me esté viendo en este estado.

─Me he encontrado con Víktor.

─ ¿Krum? ¿Está aquí?─ Parece sorprendido

Asiento con la cabeza débilmente.

─Estaba con su nueva novia.

─Mierda.

─Si. —La hostilidad se arrastra por mi cuerpo como un ejército de hormigas diminutas—. Es muy guapa, por cierto. Increíblemente guapa. —La sensación amarga se intensifica, retorciendo mis entrañas y endureciendo mi mandíbula—. Apuesto a que tiene orgasmos que duran horas y probablemente grita como loca cuando llega al clímax.

Veo cierta alarma brillar en los ojos de Malfoy.

─No sé de qué estás hablando, Granger.

─Olvídalo. Todo está bien. Estoy siendo una estúpida.

Pero no está bien. ¡No lo está! ¿Cómo es posible que haya llegado a pensar que soy una estudiante normal? No soy normal. Estoy rota. Me repito a mí misma una y otra vez que la violación no me destruyó, pero sí que lo hizo. El muy bastardo no se limitó a robar mi virginidad. Él me robó la capacidad de tener relaciones sexuales y de sentir placer como una mujer cualquiera.

¿Cómo demonios voy a tener una relación de verdad, con Víktor, con Roger o con cualquiera cuando no puedo…?

Con brusquedad aparto las manos de Malfoy de mi cara. Levanto la barbilla y doy un paso hacia el salón─. Vamos, quiero otra copa.

─Granger…

─Quiero otra copa —le corto y a continuación paso por delante de él y voy con paso decidido hacia la barra.


Granger está completamente ebria.

No solo eso, sino que además se niega a volver a su torre. Es la una de la mañana y la fiesta se ha trasladado de las Tres Escobas a las mazmorras, y no importa lo mucho que lo intente, me resulta imposible convencer a Granger de que se retire por hoy.

Empieza a ser absolutamente esencial que Granger vuelva a su habitación. La sala está llena con jugadores de Quidditch y de conejitas, y todos sin excepción tienen por lo menos un 8 en mi escala de borrachera: veloces en su camino a mandar la inhibición a tomar viento y cometiendo algunos errores garrafales.

Blaise acaba de arrastrar a una Granger muerta de la risa al centro del salón y los dos han empezado a bailar la canción que sale del tocadiscos a todo volumen. Afortunadamente alguien insonorizó la sala común, por lo que no hay problema de que nos descubran.

Granger no se movía de forma sugerente mientras cantaba en la taberna, pero todo ha cambiado. Ahora se mueve de una forma tan sexy que no te imaginas. Voy directo hasta donde están Granger y Blaise, les separo con fuerza sujetando con firmeza el hombro de ella.

─Necesito hablar contigo ─ le grito encima de la música.

Ella pone mala cara.

─ ¡Estoy bailando!

─Estamos bailando —añade Blaise.

Le lanzo una mirada muy seria a mi compañero de equipo y amigo.

─Baila con otra persona —concluyo.

Como si hubiera hecho una señal, una chica dispuesta a bailar con él se acerca cual aparición y tira de Blaise hacia sus brazos. Blaise se olvida de inmediato de Granger, lo que me permite arrastrarla fuera del salón sin más objeciones.

Le rodeo el brazo con mi mano y la dirijo hacia las habitaciones; no la suelto hasta que estamos en la tranquila seguridad de mi dormitorio.

─La fiesta se ha acabado ─anuncio.

─Pero me lo estoy pasando muy bien ─se queja.

─Sé que es así. ─Cruzo los brazos─. Te lo estás pasando demasiado bien.

─Eres muy malo, Malfoy. ─Con un suspiro exagerado, Granger se acuesta en la cama y cae sobre su espalda─. Tengo sueño.

─Vamos, te acompaño a tu torre.

─No quiero ir. ─Extiende los brazos y las piernas y empieza a hacer un ángel de nieve en mi cama─. Tu cama es tan grande y cómoda. No es como las demás.

Después sus párpados aletean hasta que se cierran y se queda quieta. Otro profundo suspiro se escapa de sus labios.

Reprimo un gemido cuando me doy cuenta de que está a solo unos segundos de quedarse dormida, pero luego decido que es mejor que la deje dormir aquí esta noche y la acompañe a su sala por la mañana. Porque si la llevo y se anima otra vez, no estaré allí para asegurarme de que no se mete en algún lío.

─De acuerdo.

Me meto en el baño y rebusco en la caja donde guardo algunas pociones hasta que encuentro la que necesito. Regreso a la cama sentándome en el borde y obligo a Granger a reincorporarse─ Tómate esto─ ordeno, poniendo la botellita en su mano.

Hacer que otra persona beba una poción no es nada nuevo para mí. Lo hago a menudo con mis compañeros de habitación. Especialmente con Blaise, que lleva el tema de emborracharse a un nivel completamente diferente, y no solo en su cumpleaños.

Granger sigue obedientemente mis instrucciones antes de caer sobre el colchón de nuevo.

─Tengo calor ─murmura—. ¿Por qué hace tanto calor aquí?

Mi corazón deja de latir, literalmente, cuando empieza a quitarse su pantalón aún tumbada.

La prenda se engancha en sus rodillas, provocando que suelte un fuerte gemido.

─ ¡Malfoy!

No puedo evitar reírme. En una actitud piadosa por mi parte, me inclino para ayudarla, quitándole la prenda de sus piernas y haciendo todo el esfuerzo que puedo para ignorar la piel suave y sedosa bajo mis dedos.

─Ya está ─le digo con voz ronca.

Ahora coge la parte de debajo de su camiseta.

Por Morgana. Aparto la mirada de su cuerpo y voy casi tropezando hasta mi baúl para buscarle algo para dormir. Cojo una camisa de seda, tomo una respiración profunda y me doy la vuelta para mirarla.

Ya no lleva camiseta.

Afortunadamente, tiene el sujetador puesto.

Por desgracia, el sujetador es de encaje negro y transparente y puedo ver perfectamente sus pezones detrás de la tela transparente.

No mires. Está borracha.

Obedezco a mi severa voz interior y le prohíbo a mi mirada que insista. Y puesto que ni de broma es posible que le quite el sujetador sin correrme en los pantalones, le meto la camisa por los brazos abotonándola rápidamente y rezo para que no sea una de esas chicas que detesta dormir con sujetador.

─Me lo he pasado muy bien esta noche —balbucea Granger feliz—. ¿Ves? Es posible que esté rota, pero todavía puedo divertirme.

Me quedo congelado donde estoy.

─ ¿Qué?

Pero ella no responde. Sus piernas desnudas le dan una patada al edredón y se mete debajo, rodando sobre su lado mientras suelta un pequeño suspiro.

Pierde el sentido en cuestión de segundos.

Siento una oleada de malestar cuando apago la luz. ¿Está rota? ¿Qué rayos significa eso?

Con el ceño fruncido, salgo silenciosamente de la habitación y cierro la puerta detrás de mí. Las crípticas palabras de Granger siguen resonando en mi cabeza, pero no tengo la oportunidad de reflexionar más sobre eso porque, cuando llego abajo, Theo y Blaise no pierden ni un segundo en llevarme a rastras a los sofás para una ronda de chupitos.

─Es su cumpleaños, Draco—dice Theo cuando digo que no quiero—.Tienes que tomar un chupito.

Cedo y acepto el vaso. Los tres chocamos nuestros vasos y nos tomamos el whisky de un trago. El alcohol quema mi garganta y calienta el estómago, y le doy la bienvenida al cálido zumbido que flota por mi cuerpo. Toda la noche me he estado sintiendo raro. Esa estúpida canción, las lágrimas de Granger en las Tres Escobas, la confusión de no entender bien lo que ella me hace sentir.

Estoy ansioso y raro, y cuando Theo me sirve otra copa, esta vez no me opongo.

Después del tercer chupito, ya no pienso en la confusión que siento.

Después del cuarto, simplemente no pienso nada.


Son las dos y media de la mañana cuando por fin me arrastro, borracho, a mi habitación. La fiesta se ha apagado casi por completo. Solamente siguen aquí las conejitas de Blaise, tumbadas en el sofá con él en una maraña de brazos y piernas desnudas.

En mi camino descubro a Pansy dormida en una silla y con la cabeza colgando, posiblemente esperando para reclamarnos el desastre que hay en la sala. Theo desapareció hace ya un rato con una chica morena y guapa, no hay señales de él.

Mi habitación está sumida en sombras cuando camino en su interior. No hay ninguno de mis otros compañeros dentro. Parpadeo un par de veces y cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad encuentran un bulto en forma de Granger en la cama. Estoy demasiado cansado como para lavarme los dientes o seguir mi propio método de prevención de resaca, así que me quedo en boxers y me dirijo a tumbarme junto a Granger.

Intento ser lo más silencioso posible mientras me pongo cómodo, pero el ruido de las sábanas hace que Granger se mueva. Un gemido suave flota en la oscuridad y entonces se da la vuelta y una cálida mano aprieta mi pecho desnudo.

Me pongo rígido. O mejor dicho, mi pecho se pone rígido. Ahí abajo, nada. Es lo típico cuando uno está borracho, lo que es patético si tenemos en cuenta que todo lo que he bebido han sido cinco chupitos. Joder. El alcohol y yo no nos llevamos para nada bien.

Aunque quisiera aprovecharme de Granger en este momento, yo no serviría para nada. Y, joder, ¡qué cosa tan repulsiva en la que pensar! Jamás me aprovecharía de ella, ni de nadie.

Pero por lo que parece, solo hay una persona con intenciones decentes en esta cama hoy. Mi pulso se acelera cuando unos labios suaves se pegan a mi hombro.

─Granger… ─digo con cautela.

Hay un momento de silencio. Una parte de mí espera que esté dormida, pero Granger destruye esa esperanza murmurando.

─ ¿Sí? —su voz es ronca y sexy cuando la escucho.

─ ¿Qué haces? —le susurro.

Sus labios suben de mi hombro al cuello y entonces ella succiona mi carne repentinamente febril y encuentra un punto maravilloso que envía una chispa de calor directamente a allá abajo. ¡Joder! Puede ser que mi amigo no funcione correctamente en este momento, pero eso no significa que no sea capaz de sentir excitación. Y maldición, no hay palabras para describir lo excitado que estoy cuando la boca hambrienta de Granger explora mi cuello como si estuviera probándolo todo en una jodida mesa de postres.

Ahogo un gemido y le toco el hombro para pararla.

─Tú no quieres hacer esto.

─No, no. Te equivocas. Quiero hacerlo mucho.

El gemido que he estado reprimiendo estalla cuando se sube encima de mí. Sus firmes muslos se sientan a sobre los míos. Su pelo cosquillea mi clavícula cuando se inclina hacia adelante.

Mi corazón despega en un galope fuerte y veloz.

─ ¿Quieres dejar de ser tan difícil? ─me dice.

Y entonces me besa.

Oh, mierda.

Debería pararla. Sí, debería hacerlo ya mismo, pero su cuerpo es cálido y suave y huele tan bien que no puedo pensar. Su boca se mueve con ganas sobre la mía, y le devuelvo el beso con ansia, envolviendo mis brazos alrededor de su cuerpo y acariciando su espalda mientras nuestros labios se funden. Sabe a grosella y hace los sonidos más sexys que he escuchado jamás cuando aspira ansiosa mi lengua como si nada le bastase.

─ Granger ─murmuro contra sus ansiosos labios.

Pero ella empieza a lamer mi labio inferior para después morderlo con fuerza suficiente como para convocar el gruñido de mi garganta. Mierda. Mierda, mierda. Necesito descarrilar este tren de lujuria antes de que se precipite hacia el punto de no retorno.

─Me encanta tu pecho ─respira y, por Salazar, empieza a frotar sus pechos contra mis pectorales y puedo sentir sus pezones sobresaliendo de su camiseta.

Quiero romper esa camisa de mierda. Quiero llevar esos pezones duros a mi boca y chuparlos. Pero no puedo. No voy a hacerlo.

—No. —Le meto mi mano en el pelo y lo aprieto entre mis dedos—. No podemos hacer esto. No esta noche.

─Pero yo quiero hacerlo —susurra—. Me muero de ganas de hacerlo contigo.

Acaba de pronunciar las palabras que todo chico quiere oír: me muero de ganas de hacerlo contigo, pero, joder, está borracha y no puedo permitir que haga esto.

Su lengua rodea mi lóbulo de la oreja y mis caderas salen disparadas hacia arriba.

Maldita sea. Quiero estar dentro de ella.

Necesito de una gran fuerza por mi parte para apartarla de mi cuerpo. Ella gime en señal de protesta, pero cuando toco suavemente su mejilla, el gemido se convierte en un suspiro de felicidad.

─No podemos hacer esto ─le digo con voz ronca.

No puedo ver su expresión en la oscuridad, pero suena sorprendida al decir.

─Oh. ─Entonces se acerca a mí y mi cuerpo se tensa al instante. Estoy listo para dejar las cosas bien claras de nuevo, pero Granger simplemente se acurruca contra mi cuerpo y descansa su cabeza en mi pecho. —De acuerdo. Buenas noches.

¿De acuerdo? ¿Buenas noches?

¿De verdad piensa que voy a ser capaz de dormir después de lo que acaba de suceder?

Pero creo que no piensa nada en absoluto. No, se ha quedado dormida otra vez y mientras su respiración constante me hace cosquillas en el pezón, me trago otro gemido y cierro los ojos, haciendo todo el esfuerzo que soy capaz para ignorar la lujuria que palpita en mi ingle.

Pasa mucho, mucho tiempo antes de que pueda dormirme.


En muggle =)

*Black Sabbath

*Creedence Clearwater Revival

* Lynyrd Skynyrd. (Adoro esa canción)

Me he tomado la libertad de mezclar letras y palabras, no tienen un significado en sí los nombres de las bandas mágicas inventadas que escribí así que no es necesario buscar, jaja.

Bueno, creo que ya vamos avanzando , ¿no?

Espero lo hayan disfrutado. No estoy segura cuando subo el próximo cap., es decir la mañana siguiente. Tratare de no tardar mucho, porque se vienen más cosas, digamos algo... complicadas.

Ahora, como está en la descripción, esta es una adaptación de un libro de Elle Kennedy, en total son cinco de esta saga, apenas sacó el quinto pero aún no lo he leído. Este dramione de basa en el primero. En fin, yo pensaba adaptar los primeros cuatro libros a Harry Potter, con otros protagonistas obviamente en cada uno, pero creo que este será el único, más que nada por el tiempo. Tardaría años en hacer todos jaja, si llego a cambiar de decisión lo más seguro es que adapte el tercero que se llama The Score o en español Inmune a ti, el cual me fascina.

Peeero… También quiero escribir mi propio dramione, creado por mí. Ya tengo muchas ideas así que creo que la siguiente historia que suba será de mi autoría, claro, después de terminar este.

Gracias a mis lectoras, me encantan. Adoro que me dejen sus comentarios y procuraré no tardar mucho, lo que sí es seguro es que lo voy a terminar, así que no se preocupen por ese lado.

Hasta pronto.