Lo último que recordaba era a Sekishi lanzando fuego en todas direcciones. Los muros de tierra que alzaba entre ambas estallaban ante el calor. Y finalmente una gran llamarada en columna que le lanzó directamente. A partir de ahí todo era confuso.

Kyoshi se incorporó. Se revisó instintivamente; no parecía que el flamazo le hubiese tocado siquiera un cabello. Buscó a su oponente, pero de la maestra fuego no había ni rastro.

Desconcertada, trató de volver al palacio del gobernador. Pero no había campo, ni templo, ni sendero de vuelta. En un momento, el paisaje se había vuelto muy diferente.

Kyoshi estaba en un lugar como ningún otro que recordara. Los árboles se torcían en formas caprichosas, y el cielo tenía colores de crepúsculo aunque no hubiera sol. El aire tenía un aroma tenue. Las flores que crecían en todas direcciones no le eran familiares, mas eran muy bellas.

Pero el embelesamiento de la chica duró muy poco. Frente a ella una criatura difícil de describir, no tanto por su extrañeza como porque no tenía una forma fija. El ser tardó un poco en percatarse de su presencia. Pero al hacerlo se enfadó visiblemente; como si la sola vista de Kyoshi en su dominio lo alterara.

Aquél ser plantó frente a ella, gruñendo y extendiendo sus múltiples brazos. Kyoshi trató de defenderse con Tierra Control. Dos veces en un mismo día, pensó que lo haría mejor esta vez. Sin embargo, por más que se plantaba en el suelo, éste no respondía a su voluntad.

- Aquí no puedes hacer Tierra Control- le dijo alguien, incluso antes de que pudiera entrar en pánico.

Entre ella y el espíritu se interpuso una figura familiar, de gran aplomo. Usaba una lanza de hueso de foca-tortuga para mantener al espíritu perturbado a la distancia.

- Acércate a mí. Aléjate lentamente de él, sin darle la espalda.

Kyoshi obedeció, tomando la manaza de aquél hombre.

- Tranquilízate. Puede sentir el miedo, y eso lo altera a la vez- . Si alguien sabía lidiar con los seres de aquél mundo era él, gran cazador.

Tras unos instantes de angustia, aquél ente pareció comprender que ninguno de ellos quería enfrentarlo ni dañar sus flores. Entonces, el guardián de aquél jardín se desvaneció sin más.

-¿Avatar Kuruk? – preguntó entonces Kyoshi, pensando que sus ojos le mentían en ese extraño lugar.

Un escalofrío la recorrió. ¿También ella estaba muerta?