He aquí el final de esta maravillosa travesía (para mí).
Ha sido una increíble aventura, porque es técnicamente la primer historia-fanfic-novela que termino y me ha hecho llorar horrores.
Agradezco a todos ustedes, miembros de fanfiction y del grupo LeviHanji Fans de Facebook por su apoyo, comentarios, críticas y amor para esta historia y sus personajes. Hanji y Levi son, definitivamente, los personajes clave y a los que tengo más amor.
San NanKnight, cuando esta historia empezó, empezó con tu apoyo y sé que termina con él. Muchas gracias por ello pues siempre ha sido clave para sostener esta historia. Gracias por ser el hilo conductor de mis sentimientos y ayudarme a expresarlos al mundo.
Gracias a cada uno de ustedes por leer esta historia.
El epílogo estará listo el día de mañana o quizá el domingo. Y resolverá algunas de las dudas que posiblemente tendrán al final de esta lectura.
Gracias por su maravilloso amor y apoyo para mi historia.
Entrega a Medianoche
Capítulo Final,
Alas de Libertad Parte II
E&M
Eren entró por la mañana a la nueva habitación de Mikasa, mientras ésta dormía. Como ayudaba constantemente a Hanji y estaba con sus hijos casi todo el tiempo, había dejado de prestarle atención sólo a él. Y se podría decir que Eren comenzó a darse cuenta, cosa que por alguna razón, no le hizo sentir bien.
Mikasa se removió entre las sábanas al escuchar a Eren deambular en su habitación y abrió los ojos encontrándose con la mirada turquesa del joven de brillante cabello castaño, que apenas si sumió el colchón sentándose junto a ella.
- Hola – le dijo él. Ella estaba abrumada por su propia felicidad. El solo hecho de verlo allí sano y salvo le producía una alegría tan desbordante que era incapaz de describir. Eren se inclinó un poco hacia ella mirándola con fijeza y le acomodó unas hebras de cabello que tenía al frente detrás de la oreja. Mikasa se ruborizó levemente y desvió la vista silenciosa cubriéndose con la sábana sin saber qué decir.
- Ho… Hola, Eren… - se talló los ojos negros y lo miró- ¿Qué haces aquí?
- Ehm… - se rascó ligeramente la mejilla- Necesitaba hablarte… Ehm… A solas.
Mikasa se alarmó.
- Si sabes dónde está el Sargento, deberías hablar con Hanji.
- No sé nada sobre eso, Mikasa; es de otra cosa que quiero hablarte. Bueno, son dos cosas.
Algo en la mirada de Eren la hizo enrojecer.
- Dime… - y se incorporó. Su cuerpo estaba cubierto sólo por un corpiño negro y una prenda inferior de color negro similar a una prenda interior masculina aunque más entallada. Miró fijamente a Eren, extrañamente atenta.
- Bueno, es… Hablé con mi padre.
- ¿Te contó sobre… Cómo te transformaste?
- Sí. He hablado ya con Erwin-danchou sobre eso. Pronto la teniente hará los experimentos necesarios. También mi padre habló con ella. Él cree que mi madre está viva, Mikasa.
- ¿Okasan viva? Eso no puede ser, Eren, porque tú y yo la vimos…
- Mi madre fue quien me… hizo titán.
Mikasa lo miró completamente incrédula.
- Eren, eso no puede ser. La viste morir y yo también la vi.
- Mi madre era ya un titán cuando el otro se la comió – y lo dijo gravemente. Su mano se deslizó sobre la de Mikasa y fue su propio asombro el que le impidió ruborizarse como su principal reacción. Miró fijamente a los ojos a Eren, la verdad que le había soltado a bocajarro era indiscutible para ella. Bajó entonces la vista hacia la mano de él y cuando volvió a subirla, los labios de Eren rozaban delicadamente los de ella con cierta timidez. Entreabrió sus propios labios esperando por fin el contacto que por tantos años había esperado y su necesidad la impulsó ligeramente. Sus labios tocaron por completo entonces los de su hermano adoptivo, fundiéndose con los de él, que deslizó entonces su mano sobre su mejilla y luego entre su cabello sosteniéndola por la nuca, aprisionándola, asfixiándola. Mikasa no cabía en sí de felicidad. Eren entonces la soltó y bajó ligeramente la vista, excusándose por su acción impulsiva.
- Eren… Per…
- No… Mikasa, perdóname tu a mí… Sé que tú no… Sé que tú me ves como a un hermano, un hermano pequeño pero yo…
Mikasa movió ligeramente la cabeza en negativa y no pudo reprimir más sus sentimientos.
- Yo te amo, Eren. Siempre te he amado – dijo viéndolo con fijeza, esperando que todo fuera una especie de error y tener que justificar sus palabras luego. Pero la reacción de Eren la hizo muy feliz.
Eren sonrió. Mikasa no recordaba haberle visto contento desde hacía muchos años, cuando aún eran niños. Lo extraño era la facilidad con que lo había aceptado. Y la facilidad con que ella lo había dicho.
- Le he pedido a mi padre tu mano.
Mikasa se quedó de hielo, comenzó a balbucear y sin saber qué hacer, escondió la cara en la almohada. Silenciosamente Eren se acercó, metiéndose bajo sus sábanas como cuando eran niños y jugaban al escondite. Mikasa sonrió.
Eren comprendió que era la sonrisa de Mikasa la que deseaba conservar, porque deseaba verla siempre.
L&H
La última noche, Hanji despertó. Nathaniel dormía y Dahlia permanecía despierta, jugando con un móvil que Armin le había construido a cada bebé en su cuna. Se preparó una taza de café y se sentó a leer. "El Arte de la Guerra". Era el único libro que sabía que Levi había leído. Él era un hombre práctico y no le era común leer por falta de tiempo. Lo dejó a un lado tallándose los ojos y se quitó los anteojos. Le daba vueltas y vueltas en su cabeza a la muerte de Levi.
Él no podía estar muerto.
No quería que estuviera muerto.
Se miró a sí misma en el espejo. Por primera vez, en semanas, reparó en su aspecto. Gruesas lágrimas le caían por las mejillas sucias. No le interesaba siquiera bañarse y apenas si lo hacía, alegando un resfriado que no padecía. Había perdido por completo todo aliciente de vivir. Si los niños no fueran cuidados por Mikasa y el Dr. Jaeger, nadie lo hacía. Hanji apenas si salía de la cama y de pronto se veía adulta e incluso amargada. Tan amargada como podría estarlo después de haber perdido al amor de su vida. Todo deseo, todo interés y toda felicidad se hallaban en el mismo lugar donde seguramente el cuerpo físico de Levi yacía pudriéndose.
Tal pensamiento hizo a Hanji levantarse de la cama. Tomó del buró su taza y tiró el café en el lavabo del baño. Al salir, tomó la mano pequeña de Dahlia y la miró. Le sonrió. Su sonrisa era igual de extraña, casi una mueca, a la de Levi. La sonrisa que Hanji le devolvió a su hija, era dura.
No sentía deseos de sonreír.
Debajo de su cama había una botella y la miró y remiró como si nunca la hubiese visto. Era vodka. Sin preámbulos o reparos de cualquier tipo tomó la botella y bebió largamente, sin siquiera respirar. El líquido le quemó la garganta y casi la hizo volver el estómago, pero no se detuvo. Continuó bebiendo hasta que comenzó a marearse y sólo entonces dobló la muñeca y dejó la botella sobre su escritorio. El alcohol no la asustaba. De hecho, en el tiempo en que todos eran colaboradores, solían ir a los bares de cualquier muralla juntos: Mike, Erwin, Levi y ella. Ella era la única mujer, Levi el único que pertenecía a un rango menor. Y de todos, sólo Erwin y ella permanecían vivos. Pensó que estaría bien beber un trago con él. Ya se lo propondría alguna vez. Él estaba igual de solo que ella.
Miró a la ventana, por entre la persiana y sintió helarse su sangre.
Un titán lleno de pelo deambulaba fuera. Era de unos veinte metros y se acompañaba de otro de quince. No parecían haber reparado en la presencia del lugar que usaron como cuartel para refugiarse en su escapatoria del Rey. Su mente era un remolino y lo primero que hizo fue, con toda la tranquilidad de que fue capaz, alejarse de la ventana y de inmediato envolvió a los bebés y salió del cuarto con rapidez tocando la puerta de Mikasa. Fue Eren quien tras un minuto, salió bloqueando la puerta.
- Eren, hay titanes fuera, necesito que cuiden a los niños, voy a buscar a Erwin … - Hanji lo miró fijamente - ¿Qué haces en la habitación de Mikasa? – Notó de inmediato que Mikasa estaba detrás de él acomodándose la blusa y no pudo evitar sonreír. Entonces era cierto: Los dos se amaban.
- Teniente Zoë, traiga a los bebés por favor, yo me encargaré… - Dijo de inmediato Mikasa adelantándose a Eren.
- No, Mikasa… Necesito llames a tu padre Eren y sea él quien cuide a los niños… Yo… Necesito que me acompañen y… Eren… Vas a tener que transformarte. Ése titán es más grande que tú. Veinte metros.
- Bien – y de inmediato salió a buscar a su padre. Llevó con ella a Mikasa a su habitación y tomando a Nathaniel, dejó a Mikasa tomar a Dahlia. Una vez los instaló a ambos en su habitación y llevaron en silencio total sus cunas acostándolos allí, Hanji comenzó a vestirse con rapidez, dejando a Mikasa hacer lo mismo. Se anudó el cabello y analizó sus opciones con impulso y rapidez. No había otra opción. Dos escuadrones eran muy poco. Levi ya no existía para ayudarlos y los mejores guerreros en la actualidad eran Erwin, Mikasa y ella. Tendrían que ir al frente y pedir a Dios que no los matasen.
Cuando el escuadrón, tomando todas las precauciones, salió del cuartel, con Hanji, Mikasa y Erwin al frente cubriendo a Eren y detrás de él todos los reclutas, todos sobre sus caballos, los bañaba ligeramente la luz del día mientras clareaba. Hanji apestaba a alcohol, y es probable que si Mike hubiese estado vivo, le hubiera reprochado su estúpido comportamiento, pero no era así. Sin embargo, Erwin también lo notó, y discretamente le puso la mano en el brazo.
- Hanji, estás segura de que puedes luchar?
Hanji desenvainó sus espadas y sonrió de lado, mirándolo siniestra.
- ¿Crees que es mi primera vez matando titanes estando ebria? – y rió para sí misma – Vamos, jefe, no te pongas demente, sólo fueron unos tragos.
- Parece que te hubieras bebido tres bares. Te quiero fuera de la formación – y lo miró despectiva.
- Jamás, Erwin Smith. Aquí estoy y aquí me quedo. Si voy a morir, que sea matando a esas cosas que tanto me encantan. ¡Para eso es la vida! – y obligó al caballo a trotar con entusiasmo, lo que sólo alarmó más a Erwin – "…Hanji va a la muerte para reencontrarse con Levi…" – pensó con miedo patente en su rostro concentrado.
Erwin dirigía la formación, mientras Hanji serpenteaba al frente aún de él. De pronto, frente a los árboles que tenían al frente, aparecieron los dos titanes. Hanji sonrió alegre y gritó:
- ¡Heeeeeeeey, tú! ¿Por qué no vienes a decirme dónde está ése enano? – dijo, refiriéndose a Levi aunque nadie entendió el porqué - ¡Sé que lo sabes! ¡Yahoooo…! – Y espoleó al caballo haciéndolo correr rápidamente. De pronto lanzó las cuerdas de su equipo y se incorporó ligera sobre el caballo, volando entonces entre ellos. El titán no se abalanzó sobre ella y Hanji aprovechó esto para dar con la mano, una señal entre los árboles al primer escuadrón. Armin lo dirigió, cargando a los diez reclutas de éste hacia el lado derecho, rodeando al titán de quince metros, que era un titán normal, mataría a todos si pudiera. Pero el otro titán, de veinte metros, era definitivamente un titán inusual y Hanji decidió que acabaría ella misma con él. En su defecto, Mikasa podría hacerlo por ella.
El segundo escuadrón, Mikasa y Erwin quedaron plantados frente al titán de largo pelo, similar a un mono. A decir del doctor Jaeger que lo vio por la ventana como inspeccionando, era posible que ése fuese el titán eslabón con el origen de los titanes. Lo conocía desde hacía casi treinta años.
Erwin activó su equipo y lo que pasó después de eso fue la hecatombe. El titán se dio la vuelta y se abalanzó sobre Hanji, la que no tuvo tiempo de moverse ni respirar siquiera. Y el titán contestó su pregunta probando su teoría. Los titanes podían comunicarse de algún modo e incluso hablar.
- Señorita – su voz gutural y profunda la hizo tener el escalofrío más horripilante de toda su vida – el soldado pequeño ha matado a todos.
Erwin se abalanzó sobre el titán y éste con una rapidez extraordinaria repelió su ataque jalando el cable de su equipo. El militar cayó fulminado al suelo y fue entonces Mikasa la que sacó sus espadas. Ordenó al escuadrón llevarse a Erwin, mientras Hanji miraba al titán de frente y de reojo el cuerpo de Erwin Smith, su jefe, su amigo, que quizá habría muerto por tratar de defenderla a ella y a sus hijos. Los hijos de Levi.
"… El soldado pequeño ha matado a todos…".
Hanji abrió mucho los ojos y con las espadas desenvainadas frente a ella, miró de reojo a Mikasa tratando de hacerle entender.
" Yo lo mataré, Mikasa… No te acerques…" pensaba Hanji mirándola, con sus ojos bordeados de ojeras.
- ¿Qué es lo que quieres de nosotros? ¿Porqué nos han asesinado?
- Ustedes nos hicieron. Ustedes se mataron – Dijo de nueva cuenta el titán, con su misma voz inmensa y profunda. Los reclutas del primer escuadrón tenían ya sometido al titán más pequeño y lo movían ya aprisionándolo con clavos, sogas y tablas para buscar la forma de estudiarlo. No parecía un titán extraordinario en ningún sentido.
El titán le dio la espalda a Hanji, y ésta estaba a punto de atacarlo, cuando vio a Mikasa saltar de frente sobre el titán, al que no logró alcanzar ni atacar pues era muy rápido, extrañamente rápido, y corrió, alcanzando la rama donde Hanji Zoë se quedó inmóvil. La tensión parecía poderse cortar. Incapaz de hablar o moverse, vio a Levi escalar con sus espadas rotas a la rama donde antes Mikasa estaba parada. Hanji no reaccionó, incluso Eren, aún abajo, esperando la señal de Hanji para transformarse, estaba sumamente impresionado. Nadie hizo un solo movimiento hasta que Levi entonces, como salido de ultratumba, le gritó:
- Vamos Cuatro Ojos, muévete. ¡Ésta cosa quiere acabar con todo el mundo! Eren, dame tus malditas espadas, ¡Muévete, mocoso! Tsk… Ackerman! ¡Prepárate! ¡Demonios… Ni siquiera he podido bañarme! – Y con todas estas exclamaciones frustradas, el engranaje en la vida de Hanji Zoë, volvió a girar irremisiblemente. Eren saltó al árbol y cuidando no caerse, se retiró el equipo y se lo entregó a Levi, impresionado pero con enorme gusto por saber que no había muerto.
- ¡Hola enano! – Dijo entonces Hanji contenta - ¡Vamos a matar titanes! – y sonrió esperando entonces que fuera él quien diera las órdenes de un árbol a otro. Para ella, incluso eso era parte del equilibrio en el mundo que ella sentía que había perdido con su aparente muerte.
El titán se abalanzó sobre Levi rechinando sus dientes largos y afilados y éste saltó sobre él. Hanji entonces lo miró darle una señal a Mikasa, la que con extraordinaria rapidez, muy similar a la de él, corrió a los pies del titán y aunque éste endureció el pelo de sus extremidades, la rapidez y velocidad de cada corte en sus talones, impidieron que continuara en pie y logró derribarlo. Levi saltó sobre su cabeza y la seccionó. El titán de inmediato humeó y más de la mitad de su peso se perdió una vez muerto. La luz del sol atravesaba ya las ramas de los árboles y Hanji bajó del árbol subiendo sobre el cuerpo del titán, pisándolo sin piedad, para mirar de frente al soldado que volvía sano y salvo de quién sabía qué batallas.
Hanji se quedó observándolo. Por primera vez ignoraba por completo al titán que serviría para sus investigaciones. Quizá el último que quedara sobre la tierra. Levi estaba vivo y no le interesaba nada ni nadie más.
Levi le tocó la mejilla y Hanji sonrió con los ojos anegados de lágrimas exclamando:
- Enano, ¡Apestas!
Y por primera vez, Levi sonrió frente al mundo. Se abrazó a ella como si nunca la hubiera visto y el corazón de Hanji latía como si fuera a salirle del pecho. Su diferencia de estatura ni siquiera le importó evidenciarla, porque entonces le tomó por la coleta del cabello atrayéndola y la besó mientras ella se apretaba a su cuerpo con todas sus fuerzas como si fuese a escapar.
- ¿Creíste que había muerto, verdad?
- Jamais, petit soldat – y le miraba con una sonrisa que no podía ocultar y un enorme nudo en la garganta.
- ¿Belle, où sont mes enfants ? – Y la miró fijamente. Mikasa se quedó de piedra y se acercó interviniendo, porque estaba segura que entre las palabras de francés que conocía, se colaba "enfants". Preguntaba por sus hijos y Hanji no sabía qué decir. Levi no sabía que habían perdido un bebé. Hanji a su vez detuvo a Mikasa con la mano.
- Levi... Nous... Nous allions... avoir un autre enfant… - El rostro de Hanji demostraba vergüenza y un dolor tan inmenso que Levi no pudo más que tomarle la mano bajando la cara.
- Dahlia y Nathaniel… Hanji…
- Ellos… Están con el Dr. Jaeger. Están enormes y… Los dos se parecen tanto a ti…
El escuadrón se movilizó y trató de transportar al titán mientras todos se alejaban de él. Caminaron hacia los caballos y mientras Eren y Mikasa se llevaban el equipo de Hanji, Levi y ella montaron su caballo de vuelta al cuartel.
- Hanji, ¿Cómo… fue que… ese bebé..?
- El día que desapareciste y el titán me golpeó… Lo perdí. Pude haber muerto. Pero él me… protegió mientras no estuviste.
El rostro de Levi denotaba una tristeza similar a la de su propio rostro.
Al bajar del caballo y después de ver cómo estaban todos (el más grave era Erwin y no tenía heridas graves), ambos se encerraron con sus hijos mientras Erwin, después de ser entablillado de un brazo roto, dirigía todo para recolectar las muestras que habrían de usarse para las investigaciones conjuntas del Dr. Jaeger y Hanji.
Levi se acercó a las cunas, y alzó en brazos a Nathaniel primero. Orgulloso, miraba a su hijo y lo besó en la frente para luego alzar a Dahlia. Volteó de pronto a mirar a Hanji, que se quitaba el uniforme, le acarició a Dahlia el cabello y dejándola en su cuna se acercó entonces a Hanji.
- ¿Quieres bañarte?
- No te atrevas, enano, a llamarme sucia que tú llevas meses sin una ducha – y sonrió mirándolo con profundo amor.
- ¿Por qué no le hablas a Ackerman?
- ¿Para qué? – Preguntó extrañada.
- Tú y yo tenemos muchas cosas pendientes, chérie –
Esa noche nadie durmió en el nuevo cuartel.
Y el rumor de una boda entre las tropas se dispersaba con rapidez mientras la noticia de que por fin se había capturado al último titán, arrancaba lágrimas de orgullo y triunfo entre todos los soldados que habían luchado valientemente hasta el final, dejando hasta el último vestigio de miedo en la línea para salvar al mundo entero y darles la libertad que por siglos les fue negada.
Dahlia y Nathaniel lloraron de pronto, al unísono.
Mientras Hanji se secaba el cabello y Levi rasuraba su rostro, se miraron a los ojos.
Dahlia y Nathaniel representaban para ellos y sin saberlo, para el mismo escuadrón, la humanidad que por fin se alzaba por todo lo alto con las alas de la libertad como símbolo del futuro.
Hanji se acercó a Levi y lo abrazó estrechándolo por la espalda.
- Cumpliste, enano.
- ¿De qué hablas? – dijo con suavidad acariciando sus manos.
- Acabaste con ellos.
- Y empezaré contigo, Cuatro Ojos, esto no ha hecho sino empezar.
Su sonrisa, similar a una mueca de lado, se reflejó en el espejo, mirándola a través de él.
Estoy muy feliz de que lo hayan disfrutado.
Gracias nuevamente por su apoyo, y no se olviden del Epílogo.
Los amo!
Kat-Kuroi ~
