Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima. Conjunto para el foro Cannon Island

Nuevamente, subiré 5 hoy.

Este no me convence del todo, pero que le vamos a hacer.


11.- "Puedes tener la mitad"


Habían salido del gremio con el tiempo justo, quizás un par de minutos extra, para llegar a la estación y tomar el tren que los llevaría a Hargeon, donde tenía lugar la misión que habían escogido. Algo sencillo esta vez, casi para pasar el rato.

De todas formas, deberían apresurarse y no hacer esperar demasiado al cliente. Si perdían el tren, tendrían que tomar el del día siguiente y Rogue no quería darle mala reputación a Sabertooth ahora que Sting era el maestro.

No era como si a este le importara demasiado, pues no ponía empeño alguno en llegar a la estación a tiempo. Sobre todo cuando pasaron frente a su pastelería favorita y quiso detenerse a comprar su dulce favorito.

– Sting, no tenemos tiempo.
– Ah, vamos, a ti también te gustan. ¡Hace semanas que no venimos! Además, Frosch y Lector también quieren, ¿verdad?
– ¡Fro piensa lo mismo! – Dijo la rana, mientras Lector miraba la discusión con disimulado interés.
– Está bien, pero si llegamos tarde será tu exclusiva responsabilidad – Dijo Rogue, rindiéndose ante la mayoría.

Entraron al local y la dependienta los saludó amigablemente, pues eran clientes habituales.

– ¿Van a llegar lo de siempre? – Preguntó ella.
– Sí, cuatro por favor – Respondió Sting.
– Por supuesto – La mujer fue hacia el mostrador y entonces dijo, algo avergonzada – Me temo que sólo quedan tres.
– ¿Sólo tres? ¿No hay ninguna posibilidad de conseguir uno más? – Dijo Sting, decepcionado.
– Bueno, saldrán más de la cocina en unos quince minutos, pero…
– Compra los tres, Sting, no tenemos tiempo – Dijo Rogue entonces
– Pero…
– Da igual – interrumpió Rogue otra vez, y salió de la tienda.

Sting y los exceeds lo siguieron poco después, cargando cada uno una bolsa. Reemprendieron el camino, mientras Rogue hacía lo posible por ocultar su decepción. Después de todo, él ni siquiera había querido detenerse al principio. No pasaba nada, y al menos los otros tres tenían lo que querían. Justo entonces, Sting interrumpió sus pensamientos.

– ¡Hey, Rogue! – Dijo, y le arrojó la bolsa, que Rogue atrapó sólo por reflejo – Puedes tener la mitad.
– No necesitas…
– Vamos, vamos, ¿no tenías prisa? – Sting no lo dejó terminar y comenzó a trotar camino a la estación.

Rogue lo siguió, intentando parecer molesto mientras se comía su parte.


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