Esto... no se que decir para que no me querais matar, no hay excusas posibles. Lo único que tengo que decir en mi defensa es que ahora trabajo 3 horas más todos los días lo que me quita mucho tiempo, para todo y cuando llego a casa lo que deseo es tirarme en el sofá. Lo lamento.
Si gustais aquí os dejo un capítulo más. Besis y gracias.
Paris. La ciudad de la luz.
Paris. La ciudad del amor.
Paris. La ciudad de Devon.
Tomó el último traslador con destino Paris entorno a las dos de la madrugada, con un terrible dolor de cabeza y unas terribles ganas de fumar. Pero resistió el viaje en traslador, y las horas de espera frente al apartamento de Devon.
Sentado en una cafetería abierta las veinticuatro horas del día se preguntaba si Devon estaría en casa, y sobre si estaba haciendo lo correcto. En realidad siempre era así, tenía un problema y su mejor manera de solucionarlo era volver a los brazos de Devon, que lo utilizaba y despreciaba, pero que le proporciona la seguridad que en esos momentos necesitaba.
Devon era diez años mayor que él, era un caradura, uno de esos hombres que te exprimen el alma de tal manera que te dejan hecho añicos, pero Draco siempre volvía a él, porque Devon era esencia de obsesión, su droga en la que volvía a recaer una y otra vez sin ponerle remedio alguno.
Se habían conocido durante el segundo año de Draco en la escuela de aurores, Devon era un artista de poco monta que se ganaba la vida exponiendo obras demasiado muggles en la galería de arte contemporáneo del Museo de las Artes Mágicas que el mundo mágico tenia detrás de la Nacional Gallery de Londres. Draco había asistido a una exposición de artistas noveles junto con Hermione y le había deslumbrado un retrato de una niña muggle en la que Devon había plasmado la tristeza de sus ojos de manera perfecta.
- Es una gran obra – dijo Hermione a su lado.
- Sí, los trazos son muy finos y la expresión magnifica.
- El juego de luces ayuda mucho – Draco asintió.
- Me alegra que disfrutes de mi obra – el vello de la nuca de Draco se erizó por completo y sintió una especie de golpe secó en el pecho, como si alguien le hubiera robado el aliento.
- ¿Es tuya? – preguntó Hermione
- Sí, aunque no es la única – Draco se giró despacio, y sonrió tímidamente al hombre alto rubio, de ojos azules con gesto sereno. Era apolíneo, con rasgos fuertes pero con un tinte de dulzura único – Devon Trekker – extendió la mano hacia Draco y este la tomo, sintió un pequeño cosquilleo en sus dedos cuando sus pieles contactaron.
- Draco Malfoy, y ella es mi amiga Hermione Granger.
- Encantado – se acercó a la castaña y le dio dos besos para seguir mirando fijamente a Draco.
- Lo mismo digo – Hermione les observaba mirarse, más bien, devorarse con la mirada el uno al otro, y de repente se dio cuenta de que sobraba – Si me disculpáis tengo que hacer una llamada – ninguno de los dos dijo nada mientras la castaña se escapaba de aquella tensión sexual que había entre ambos.
- ¿Así que te gusta? - se puso a su lado y señaló al cuadro.
- Aja, has captado la esencia de la pequeña.
- Bueno, estaba inspirado… de vez en cuando hay que aprovechar esas rachas de inspiración.
- ¿Está en venta? – preguntó Draco con una media sonrisa.
- Todo en esta galería lo está.
- ¿Tú también?
- O no, yo no tengo precio – sonrió presuntuoso – pero si que podemos llegar a un acuerdo amistoso.
Y allí empezó su aventura de un año y medio con Devon, de dimes y diretes, de discusiones a grito pelado, de reconciliaciones memorables, de rupturas casi definitivas y sexo desenfrenado. De mucho sexo. Del mejor sexo que Draco ha tenido nunca.
O había tenido nunca.
Cerca de las siete y media de la mañana y cuatro capuchinos después el rubio seguía meditando lo que debía hacer. Aunque a decir verdad, siempre hacía lo mismo, se presentaba en la puerta de su apartamento, llamaba a la puerta y Devon le recibía con una sonria de autosuficiencia que le daba una patada de lleno en su orgullo, porque sabía que volvía a él porque no tenía donde cobijarse, no tenía quien le abrazara por las noches, quien le hiciera sentir especial.
Bufó desesperado y su mechones rubios volaron por el aire, entonces le vio, al otro lado del cristal con las manos metidas en los bolsillos, el gorro calado hasta los ojos, y una bufanda cubriendo su garganta. Paseaba de un lado a otro, parecía nervioso, se apoyó en la farola frente a la cafetería con la vista fija en el edificio de enfrente.
Draco tomó su cazadora de la silla de al lado pagó la cuenta y salió a la calle ajustando la cremallera de la cazadora hasta su mentón, sacó los guantes de los bolsillos y se los puso. Le observó intentar encender un cigarro pero el viento del amanecer apagaba la llama cada vez que se lo llevaba al cigarro.
- ¡Mierda! – le oyó quejarse, se ajustó el gorro y caminó hasta él.
- Potter, ¿Qué coño haces aquí?
- Mal… - pestañeó y abrió la boca dejando que el aire saliera formando una pequeña nube de vaho entre los dos – Malfoy…
- ¿Qué haces aquí? – volvió a gruñir.
- He… veni… yo vine por… Hermione… y …
- ¿Qué?
- Que vine porque hablé con Hermione – consiguió decir cuando el castañeó de sus dientes cesó - ¿podemos ir a algún lado? Me muero de frío.
- ¿Cómo llegaste aquí?
- Hermione me dio esto – sacó un pequeño escapulario del bolsillo derecho de su chaqueta.
- Eso pertenece al ministerio, Hermione se ha vuelto loca.
- Bueno, era la única manera de llegar a tiempo.
- ¿A tiempo?
- Sí… ¿podemos ir a algún lado? Por favor – le suplicó con la nariz aguada y los labios un tanto amoratados.
- Vamos – le cogió del codo y le arrastró por la calle hasta doblar la esquina, donde había otro café que solía frecuentar con Devon. Entraron y Draco ordenó un par de chocolates calientes, de verdad que Potter parecía estar congelado – Y ahora, Potter, ¿Qué coño haces aquí?
- He venido a… - se interrumpió cuando la camera dejó el chocolate frente a él, de inmediato dio un sorbo - ¡oh, joder! ¡Dios! – sacó la lengua y la abanicó con la mano - ¡QUEMA!
- … - Draco alzó una ceja justo antes de empezar a carcajearse de la expresión de dolor del moreno.
- ¡Mierda! No te rías, he matado todas las terminaciones de mi boca, no volveré a sentir nada – aquello no hizo más que dar un nuevo motivo al rubio para seguir carcajeándose – Imbecil – masculló mientras soplaba al chocolate.
- Termo regulo – murmuró Draco pasando la mano por encima del chocolate del moreno – Bebe ahora.
- … - Harry alzó al ceja y se cuestionó si debía hacerlo finalmente se llevo la taza a los labios y dio un pequeño sorbo – Gracias – murmuró cuando el chocolate en su justa temperatura se deslizó por su garganta.
- Nada, y ahora Potter…
- Sí ya… vale – Harry se quitó el gorro y resopló cuando los mechones cayeron sobre sus ojos – He venido a pedirte disculpas.
- ¿Perdón?
- Que he venido a pedirte disculpas.
- ¿A mí? – el moreno asintió - ¿Por qué?
- Por lo que pasó entre nosotros – dijo sonrojándose ligeramente – Yo… nunca debí dejar que sucediera, yo… no quiero nada, ni siquiera sexo y… no se me deje llevar – observó a Draco que lo miraba con atención con una ligera mueca de asombro – bueno estuvo bien.
- Por supuesto que estuvo bien – se quejó Draco – Yo siempre…
- Ya… ya lo que sea – le interrumpió el moreno ganándose una mirada de rabia por parte de Draco – Además no solo he venido por eso.
- ¿A no?
- No, yo… - se mordió labio – Quería pedirte disculpas por lo de Robbie también.
- … - encarnó una ceja y le observó detenidamente
- Tenías razón, tú, por la razón que sea le haces bien a mi hijo, y yo debí darme cuenta de que era así, y no apartarte de él. Solo que… bueno yo… sentí celos.
- ¿Celos?
- Sí pero bueno… yo quería que el padre de Robbie estuviera ahí con él, y verte a ti.
- ¿Creíste que iba a usurparle el puesto o algo por el estilo?
- Supongo – dio un trago y sus labios se embadurnaron de chocolate, vio como Draco le sonreía y enseguida se llevó la mano a la boca para limpiarse con una servilleta – Bueno, bien… ¿me perdonas? – preguntó poniendo su mejor cara de perro abandonado.
- Sí, supongo – se encogió de hombros y miró hacia la cristalera que daba a la calle, una mujer abrió su paraguas cuando una fina lluvia comenzó a caer.
- ¿Vas a volver? – Draco giró el rostro y le miró un segundo antes de volver la vista hacia la calle.
- No creo.
- Pero… yo…
- ¿Creíste que con pedirme perdón volvería? – Harry boqueó indeciso y mostró su mejor cara de frustración – Potter, esto no es contigo. Es conmigo.
- Pero…
- Mira Potter, tengo muchas cosas en la cabeza, y supongo que tus rabietas…
- Yo no tengo rabietas – se quejó.
- Bueno pues tus ataques… o lo que sea que te pasara me han hecho pensar en algunas cosas y yo… - bufó ante la mirada atónita del moreno - ¿Qué coño hago yo explicándote nada? – se levantó y se puso la chaqueta de cuero – El escapulario te llevara de vuelta a Madrid.
- Pero… Malfoy – se levantó –no puedes irte… yo…
- Buena suerte con todo. Dile a Hermione que la llamare.
- Pe… -
Draco avanzó con paso firme por las calles parisinas mientras rebuscaba en uno de los bolsillos el viejo cipo que Hermione le había regalado un par de navidades atrás. Levantó la vista y se le cayó al suelo, parpadeó un par de veces y se agachó para cogerlo. Dio un paso atrás, tenía que salir corriendo de allí.
- ¿Draco?
- Mierda – susurró
- ¿Draco Malfoy? – la voz estaba a un par de pasos de él
- De… - la voz se le atoró en la garganta cuando se dio la vuelta – Devon, ho… hola.
- ¡Vaya que casualidad! Hacia ya cuanto… ¿dos años?
- Casi tres – le respondió mirándose la punta de los zapatos.
- ¿Qué te trae por Paris?
- El placer – Devon encarnó una ceja – Un… un viaje de placer. Vacaciones.
- Oh… sí… vaya ya era hora que te tomaras un descanso
- ¡Devon! Ayúdame ¿quieres? – un chico de color, con unos grandes ojos marrones salió del portal del que tan solo un par de segundos antes había salido el rubio
- Sí, cariño.
- … - "¿cariño?", pensó el rubio, observando como Devon metía una caja en un utilitario verde estacionado frente al portal.
- ¿Has bajado el cochecito?
- Sí, esta dentro – Draco les miraba sorprendido y con la boca desencajado.
- Oh… mierda – Devon le sonrió – Joshua trae a la niña, hay alguien al que quiero presentarte.
- ¡Claro! – Joshua salió del portal portando un bebe de apenas un año en brazos, de tez caoba y profundos ojos azules la niña le sonrió.
- Draco, este es mi esposo Joshua, y esta es mi pequeña Stella.
- ¿es… esposo? – las piernas estuvieron a punto de fallarle, el aire se le retuvo en los pulmones y tardó un tiempo relativamente grosero en aceptar la mano de Joshua – Encantado.
- Lo mismo digo, Devon me ha hablado de ti.
- ¿Si? – el moreno asintió – Oh… bien…
- ¿Estás solos? – preguntó Joshua
- Yo… eh…
- Amor, te dije que me esperaras en la esquina – Draco se volteó y se encontró con Harry un paso detrás de él – Eres un impaciente.
- ¿Amor? – Devon miró intermitentemente a Draco y a Harry con expresión de sorpresa.
- Soy Aidan Maddox – Harry le tendió la mano – El prometido de Draco.
- … - Draco abrió los ojos y boqueó mientras observaba como Devon apretaba con fuerza la mano del moreno.
- Vaya, Draco… no pensé que sentaría la cabeza.
- … - recibió un codazo de Harry y enfocó la vista en Devon – Sí, yo … bueno…
- Lo cierto es que el también lo pensaba – le tomó por la cintura – pero yo puedo ser muy persistente.
- Entonces eres de los míos – sonrió Joshua mientras jugaba con su pequeña - ¿Para cuando es la boda?
- Julio – dijo Harry – mediados de Julio, en Leeds, en la casa de los padres de Draco.
- Oh… Leeds… me hablaste de esa casa.
- Sí – Draco se mordió el labio.
- ¿queréis tener hijos? – Harry sonrió tímidamente y se encogió de hombros.
- Sí, bueno… Aidan tiene un hijo de otra relación, pero… bueno.. a nosotros …sí… nos gustaría – mintió atropelladamente.
- Vaya, vaya… realmente debe de quererte mucho para decir esas cosas – palmeó la espalda de Harry – Debo felicitaros, enhorabuena por el matrimonio y ese futuro hijo.
- Gracias – dijeron al tiempo.
- Nos encantaría seguir con la charla, pero vamos a pasar el fin de semana a casa de los padres de Joshua.
- Ya… claro – Devon abrazó con fuerza a Draco y este se quedó estático.
- Me alegro de ver que todo te va bien – le dijo después de romper el abrazo.
- Yo también me alegro – le dijo señalando a su pequeña.
Minutos después Draco observaba como el utilitario ponía rumbo al final de la calle, soltó todo el aire que había retenido y se sentó en un saliente del edificio. Le temblaron las rodillas y supo que no podría mantenerse mucho tiempo de pie.
- ¿estás bien? – preguntó Harry.
- Sí… - el moreno apretó su mano sobre el hombro del rubio – No… ¡joder!... no puedo creerlo. Está casado, tiene un… una hija… ¡joder!
- Las personas maduran, y se casan… es normal.
- Devon no es una persona normal, él… él… ¡mierda! – se frotó la cara con fuerza.
- Vayamos a caminar.
Draco le hizo caso y pusieron rumbo a los Campos Elíseos, un par de calle más abajo. A paso lento y en completo silencio avanzaron hasta perderse por entre los parisinos que deambulaban de un lado a otro, rumbo a sus trabajos. A mitad del camino Draco se detuvo de repente, haciendo que Harry, que caminaba un par de pasos más atrás se tropezara con él.
- ¡Au! Malfoy…
- Lo… lo lamento – se volteó y observó a Harry – Gracias.
- ¿Por qué?
- Por… por lo que hiciste.
- Oh… eso… bueno supuse que no te haría gracia ver a un ex casado, sin nada que enseñarle.
- Ya… aún no puedo creer que no se casara.
- Bueno parecía feliz – Draco le fulminó con la mirada – Las personas enamoradas se casan.
- Pero Devon…
- Bueno, puede que no te guste lo que te vaya a decir – se caló más el gorro, pegando los mechones negros a su frente – pero creo que quizás no lo hizo contigo porque no eras el adecuado.
- ¿Hermione te contó?
- A grandes rasgos.
- Ya… - suspiró – Nunca me había enamorado, y él… ¡dios! He sido tan estupido… en el fondo siempre pensé que me quería que alguna vez… se daría cuenta y me lo pediría. Pero… - los labios de Draco empezaron a temblaron, y Harry sintió miedo porque nunca había sabido que hacer cuando una persona se echaba a llorar. Pero Draco no lloró – Jajajajajajajaja… jajajajaja….
- ¿De que te ríes?
- Oh… dios…jajajaja… jajaja… no me puedo….jajajaja… dios… - se limpió las lagrimas de los ojos – llevo años esperando por él… y él nunca… ¡dios! ¿Cómo he podido… jajajaja ser… jajaja… tan gilipollas?
- … - Harry arrugó la nariz se guardó las manos en los bolsillos – Estás loco.
- Puede – sonrió.
Se acercó a uno de los escaparates de las tiendas que había en la calle y se observó en el reflejo al lado de Harry, que intentaba apagar el frío que sentía resguardándose en su abrigo, pero no podía evitar que sus labios se amoratasen, o que su nariz adquiriera un divertido tinte rojiza. Draco sonrió y se dio la vuelta para mirarlo directamente.
- ¿Aun sigues queriendo que vuelva?
- … - el moreno asintió.
- Pero yo seré tu custodia.
- Bien, vale. Pero… nada de…
- Nada de sexo – Harry se sonrojó mientras rodaba los ojos – Pero ¿podré ver a Robbie?
- Si, supongo que sí.
- ¿Me dejaras ensañar con él?
- Sí en el colegio no ponen ninguna objeción.
- ¿Podré tirarme a tu empleado?... ese tal… ¿Pedro?
- ¡Malfoy! – le dio un golpe en el hombro.
- Está bien, era broma – sonrió – Será mejor que vayamos a una zona despejada, ese escapulario tiene que devolvernos a los dos a Madrid.
En uno de los callejones cercanos Harry tomó el escapulario en su mano, pero Draco se lo arrebató con facilidad y le sonrió, con la otra mano pegó al moreno contra su cuerpo, y echó el aliento sobre su boca.
- Malfoy – protestó – suéltame, te dije que…
- Lo se – se pegó más él – lo que pasa es que el escapulario solo funciona si estamos juntos.
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Phineas llevaba cuarenta y ocho años trabajando como guarda y vigía de aquella cámara situada en el sótano del Ministerio de Magia de Londres. Amaba su trabajo y se había entregado a él, todas y cada unas de las largas noches que había permanecido sentado en aquella desvencijada silla, frente a la puerta de la cámara, no era un trabajo divertido, ni siquiera peligroso. Solo tenía que sentarse a observar como pasaban las horas y nadie se acercaba a la cámara.
Dos semanas más y conseguiría la jubilación, se marcharía a un lugar calido con su dulce Dafne, y terminaría el resto de sus días viendo amaneceres y puestas de sol junto al mar.
O eso era lo que Phineas tenía previsto, antes de ser atacado aquella noche. Phineas murió en el acto, el avada le reventó por dentro. La cámara fue abierta, y su deposito robado.
