Capítulo 10: Entre Pelotas.

EDWARD POV

–Vamos, es solo la puntita – dije, por tercera vez en menos de un minuto

–¡De ninguna manera! No dejaré que me metas eso

–No te va a doler – insistí – ni si quiera lo vas a sentir

–¡No!

–Si te tensas, en realidad será más difícil. Relájate

–Relajarme mis calzones

–Ni si quiera tienes calzones, así que no los metas en esto – sonreí, ignorando la mirada envenenada que me dedicaba – Vamos, ya te dije que será solo la puntita.

–¿Seguro que no me vas a lastimar?

–Ya te dije que no. Será solo un momento, cuando apenas esté entrando, en el que apreciarás cierta presión. Después, cuando esté ya adentro y haga su trabajo, ni si quiera sentirás cuando vuelva a salir...

–¿Seguro?

–Si. Mira, vamos a intentarlo. Si te duele, me dices y paro, ¿De acuerdo?

–De acuerdo... ¡Ay! ¡No, espera! ¡Duele! ¡Para! ¡Ay!

–Aguanta un poquito más...

–¡No! ¡No! ¡Duele, Edward!

–Ya casi termino, aprieta los dientes

–Ed... ¡Edward!

La puerta se abrió, de manera inesperada, interrumpiendo mi persuasión, para mostrarnos al señor con enrojecido rostro sudado y ojos desorbitados, al cual reconocí como nuestro jefe

–¡Edward! ¡Leonardo! ¡¿Qué es lo que hacen?! – exigió saber, con su rostro volviendo a su color normal, en cuanto su mirada se fijó en la herida que intentaba costurar

–Leonardo sufrió un accidente, señor – expliqué, extrañado por la forma tan violenta con la que había entrado

–¿Un... un... accidente? – repitió, soltando una risita nerviosa. Leonardo y yo intercambiamos sendas miradas, extrañados por la actitud del anciano. ¿Acaso estaba drogado? – ¡Uf! – suspiró, como si al mirarnos hubiera encontrado el consuelo más grande de su vida – Bien, ¿Es algo grave?

–No – contesté – Tropezó y se cortó el brazo con el filo de un cuchillo. No pregunte cómo es que sucedió – agregué, suspirando profundamente mientras volvía a iniciar mi labor de costura – Ni yo mismo me lo logro explicar

Leonardo me dedicó una patada por debajo de la mesa, en forma de reproche.

–Oh, menos mal – dijo el jefe – Leonardo, deberías de ser más cuidadoso. De todos modos, si te sientes mal, puedes irte ya. Al final de cuentas, ya casi termina tu horario de trabajo

–Gracias – asintió el muchacho, mientras yo daba la última puntada en la herida - ¡Ay! – se quejó y yo sonreí, de manera victoriosa

–¿Ves? Te dije que era rápido – señalé, mientras miraba la pequeña costura que había realizado – Eres el paciente más quejumbroso que creo llegar a tener en toda una vida.

Él suspiró, mientras miraba con detenimiento su brazo

–Lamento dar tantas molestias y... Gracias

–Vaya, es la primera ves que me hablas de manera educada – bromeé, acomodando el algodón, el hilo y el aguja en el botiquín – Creo que el que debe agradecerte soy yo. Tu torpeza me ayuda a practicar, fuera de la escuela, mi labor como médico... Por cierto – dije, volviéndome para verle – Llevamos semanas trabajando juntos y no sé más que tu nombre, ¿Estudias?

–No – contestó rápidamente – Y no me gusta hablar de mí...

–Bien – accedí, encogiéndome de hombros para restarle importancia – entonces, no te preguntaré más...

–Gracias

–Estás muy gratificante hoy – apunté, tomando asiento y siguiendo sus movimientos con la mirada...

Cerré los ojos y los apreté, fuertemente, cuando me di cuenta de lo que hacía, ¿Qué tenía yo que verle a ese lánguido muchacho que todo el tiempo se andaba cayendo? Sin embargo, había algo particular en él que no podía dejar de apreciar...

¡Basta!

Me paré del asiento de manera violenta y Leonardo se giró para verme

–¿Y ahora qué te sucede? – preguntó y no le contesté. Si no que salí de ese lugar para ya no tenerle enfrente. Era extraño, si, pero, repentinamente, su presencia se me había hecho demasiado incomoda...

JASPER POV

–¿Apoco no es linda? – preguntó Peter, suspirando de manera teatral y clavando su mirada al frente, en cuanto dejamos de jugar para descansar un rato. Mis ojos siguieron a los suyos, para averiguar de quién me hablaba, y fruncí el ceño al encontrarme con esa pequeña chica, que se encontraba en las canchas de futbol.

Nos dejamos caer en el pasto verde que se encontraba a las orillas del campo.

–La verdad, no – contesté, volviendo el rostro, ahorrándome la pena de seguir mirándola.

Peter rió

–No hablaba de Alice – aclaró, adivinando a quién me refería – Aunque tampoco vamos a negar que es una niña muy bonita.

–No es de mi tipo

–Me refería a Charlotte – regresó al tema con facilidad, señalando discretamente a la morena que estaba sentada en una banca, viendo como su amiga, la tal Alice, pateaba discretamente un balón de soccer. Peter era de esas pocas personas que te dan e inspiran mucha confianza al poco tiempo de conocerle, así que no me sorprendió que, de un momento a otro, tocará el tema de las chicas conmigo – La invité al cine tiene semanas, pero a mi familia se le ocurrió salir justamente ese día y tuve que cancelarla. Creo que se enojó y ahora no sé cómo hablarle de nuevo.

–¿No crees que es algo pequeña? – Pregunté – Son de secundaria, a lo mucho tendrán quince años

–Bueno, nosotros no necesariamente somos ancianos – se defendió – creo que la diferencia de edades es de uno o dos años. No es para tanto. Además – agregó, volviendo a su ensoñación – Ella parece una chica demasiado madura.

Aunque sabía a la perfección que se refería a la muchacha que se encontraba sentada leyendo un libro, no pude evitar fijar mi atención en la otra, que se había adentrado al campo, pateando enérgicamente la pelota y corriendo como liebre. La forma en que dominaba el balón me sorprendió y debía admitir que era realmente buena. El fútbol era una de mis pasiones, así que me quedé embobado viendo que, para ser una niña, jugaba mejor que varios del equipo en el que me encontraba...

–¿Qué me recomiendas? –

–¿Eh?

–Oh, siento distraerte – dijo Peter, de manera sinuosa. No respondí, por lo que agregó – ¿Alice Swan juega muy bien, verdad?

–Algo así – contesté, mientras me ponía de pie y tomando el balón entre mis manos

–¿Qué te parece si la retas a un partido de dos? – propuso y, antes de que pudiera razonar sobre sus palabras, me vi jalado por él, estando, al segundo siguiente, frente a la pequeña niña con gorra que me miraba de manera confusa y temerosa.

–Hola – dijo, con una sonrisa – Alice, Charlotte, ¿Cómo están?

–Bi-bien – contestó la segunda muchacha, con las mejillas completamente rojas

–¿Sabes Alice? – Prosiguió mi amigo, sin perder tiempo – Jasper quiere retarte a un juego.

La pequeña dilató la mirada, sin poder ocultar su asombro.

–¿En serio?

–La verdad, fue idea de Peter – aclaré, de manera arrogante, dando media vuelta. No dispuesto a soportar estar más a su lado – así que no lo tomes en serio.

–Tal vez tengas miedo a perder – le escuche acusarme.

Frené mis pasos de manera automática y di media vuelta. ¿Qué era lo que había dicho? Me sorprendí mucho (¿Para qué negarlo?) el ver en sus ojos un brillo diferente. No era esa mirada tímida a la que estaba acostumbrado, si no que, había en ella, un gesto que me gritaba a todo pulmón: "Vamos, accede ¿O a caso temes que yo te gane y humille?"

–Por supuesto que no – contesté, caminando hacia ella y dándole mi balón como aceptación a su reto. Ella sonrió, aún sin dejarse intimidar. (¿Qué le había pasado a la niña de rostro cabizbajo de hacía pocos días?) Y caminó hacia el campo.

Quedamos frente a frente, sin que ninguno de los dos diera a demostrar si estábamos o no nerviosos.

–Seremos solo tu y yo – ella comenzó a poner las reglas – quien tire el primer gol, será el ganador

Asentí, completamente de acuerdo. Entre más rápido termináramos con esto, mucho mejor.

–¿Alguna apuesta? – ofrecí, al ver lo segura que se veía.

–Si quieres perder, adelante, propón lo que quieras – contestó, encogiéndose de hombros de manera desinteresada.

No pude soltar una risa ofensivamente incrédula. ¿Quién iba a creer que alguien de cuerpo tan menudo fuera a ganarme? Estaba claro que yo no pretendía darle ventaja alguna, así que lo mejor era que no se hiciera ilusiones.

–Lo vemos al término del juego –

–Bien – asintió

–¿Sin árbitro?

–Peter y Charlotte se encuentran ocupados – señaló a la parejita que se encontraba, absorta en su burbuja de cursilería – Es mejor no molestarlos.

–Bien – acordé – Empecemos entonces.

Ni bien había terminado de hablar, el balón salió disparado, de manera experta, hacia el frente. El "partido" comenzó. Yo corrí detrás de la bola que giraba sobre el verde césped, con Alice pisándome los talones por un momento, para después rebasarme con suma facilidad. Gruñí por lo bajo y aceleré. Nos encontramos a mitad de campo, luchando con nuestros pies por la posesión de la pelota que, al final, pasó a ser suya y fue llevada, sin más ni más, hacia la portería. Volví a alcanzarla y, con respiraciones completamente agitadas, volvimos a reñir fieramente...

–¡Gool! – exclamó Peter, cuando la pelota entró a la portería sin que yo me diera cuenta del momento exacto en que había pasado todo.

Me quedé paralizado por un breve momento, mientras Alice me veía con la burla incrustada en sus grandes ojos.

–¿Y ya pensaste qué es lo que quieres perder? –

Lo medité por un minuto. ¿Qué era lo que, generalmente, a la gente le gustaría ganar?...

Saqué de mi cartera un billete y se lo tendí, completamente seguro de que estaba haciendo lo mejor. Un ligero escalofrío me recorrió todo el cuerpo al ver que lo relajado de su fino rostro se cubría por una espesa sombra, a la cual no tuve tiempo de analizar por que, con exactitud aterradora, disparó el balón directamente hacia mis partes nobles... (Si, esas partes blanditas y nobles)

–¿Por qué... por qué hiciste... eso? – gemí, al caer de rodillas al campo, intentando no demostrar mucho el dolor que me había provocado.

–Nada más – respondió, encogiéndose de hombros y pasando a mi lado, sin si quiera molestarse en mirarme

¡¿Pues que le pasaba?! ¡¿Estaba, acaso, poseída?! ¡Ella no era la chiquilla tímida e insegura a la que mutilaba con la mirada hacía menos de veinticuatro horas!...

–Re-revancha... – luché por exclamar y sentí sus pasos detenerse detrás de mí

–¿Qué has dicho?

–Revancha – repetí, con más claridad – quiero la revancha...

BELLA POV

Edward Cullen...

Su nombre vino instantáneamente a mi mente mientras me paseaba la yema de mis dedos sobre la cortada que me había hecho en el trabajo y que él tanto había insistido en cocer... ¡Genial! Ahora tendría que usar, al menos, por un par de semanas, blusas de manga larga para que no notara que, exactamente, Bella Swan tenía la misma herida que Leonardo.

Suspiré pesadamente mientras me desparramaba en el sillón. Otro fin de semana había pasado. Había logrado mantener mi mentira cerca de dos meses, pero... ¿Cuánto tiempo más podría soportar?...

Tropezó y se cortó el brazo con el filo de un cuchillo. No pregunte cómo es que sucedió. Ni yo mismo me lo puedo explicar...

¡Pero si de verdad que era un idiota! ¡Nadie, más que él, había tenido la culpa de mi accidente! ¿Era justamente necesario que siempre se acercara más de lo debido, logrando con ello que la concentración me abandonara y las piernas me temblaran...?

¡Un momento! ¿Qué estoy diciendo? ¡¿Qué Edward Cullen me pone nerviosa?!

¡Ba! ¡Por supuesto que no!..

...Bueno... tal vez si; pero no es algo que se pueda tomar demasiado en serio. Quiero decir, ¿Qué persona normal no se inquieta cuando alguien más se aproxima más de lo necesario? Y no es precisamente que esa persona sea especial para ti. Edward no significaba más que un estorbo en mi vida. Un chico realmente irritante que no conocía la palabra "modestia"...

Aunque debía admitir que como amigo era buena persona. Lo había logrado notar desempeñando mi papel como Leonardo y...

¡No!

No podía darme la oportunidad de pensar en él como alguien agradable, puesto que no lo era. Al menos, conmigo, con Isabella Swan, no. Para nada. En absoluto...

Aunque... ¿Qué diablos tenía yo que estar pensando en él? ¡Por Dios! ¡Era fin de semana! ¡Los únicos dos días en los que, generalmente, descansaba de él y de su humillante mirada verde y su fastidiosa sonrisa irónica!

¡Agh! ¡No tenía por que estar pensando en ese estúpido!...

... Pero tampoco podía dejar de hacerlo...

–¡Bella! – el grito de Alice, cerca de mis oídos, me sacó de mis cavilaciones con un sobresalto.

–Alice, ¿Por qué haces eso? – reprendí, con gesto molesto. Como es de notarse, mi humor no estaba en su apogeo en ese momento.

–Te llevo hablando tiene varios minutos y no me hacías caso – se justificó – Jacob te busca. Está afuera

Me paré del asiento, de manera automática, y casi corrí hacia la entrada para ver a mi mejor amigo detrás de ella, con su rebelde cabellera negra cayéndole por los hombros y dedicándome esa sonrisa traviesa que tanto le caracterizaba.

–Es fin de semana, ¿Quieres divertirte un momento? – dijo, en cuanto me vio. Sin darme tiempo si quiera a decirle un "hola"

Tampoco es que entre nosotros fuera necesario ese tipo de formalidades. Ese tipo de trivialidades habían dejado de tener lugar entre nosotros desde hacía mucho. Así que asentí rápidamente, sabía que con él lograría despejar mi mente, al menos, por un momento.

–¿A dónde quieres ir? – preguntó, cuando estuve sentada sobre su moto

–Cualquier lugar es bueno – contesté. Él sonrió y después echó a andar la moto que aceleró con un pequeño rugido.

Y como siempre solía pasar, el viento golpeando violentamente mis mejillas, en combinación con la actitud tan relajada de Jacob, ayudó a que mis músculos se relajaran... Pero, debo admitir que hubo momentos en que el verdor de esa mirada se negaba a desalojarse de mis pensamientos...

–Gracias Jake – le dije, cuando regresamos a mi casa.

–¿De qué? – contestó, con su inseparable sonrisa juguetona, mientras se adosaba y me acomodaba el gorro de mi sudadera para que las pequeñas gotas de lluvia que caían, cada vez con más fuerza, no me mojaran.

No fue, hasta que sentí su aliento calentar mis mejillas, que me di cuenta que su cercanía era demasiada y que sus manos habían bajado de mi cabeza a mi hombros y mi mirada se juntó con la suya, oscura e intensa... penetrante.

–Dime una cosa, Bella – pidió, con voz baja – ¿Tengo alguna oportunidad...?

–Jake... no...

–Espera, espera – interrumpió, soltando entre palabras una pequeña risita de frustración – No contestes aún. Piensa bien en tu respuesta, pero no me la digas – pidió, acercándose otro poco más – Yo te gusto – aseguró y decía la verdad. Él me gustaba, demasiado, para ser sincera; pero el sentimiento de amistad que sentía por él era muchísimo más fuerte que la atracción que sentía...

No sé exactamente en qué momento fue en el que cerré mis ojos y su boca rozó, por un breve instante, la mía, provocando un pequeño aleteo en mi estomago. Di un paso hacia atrás, mirándole con los ojos dilatados, sorprendida por lo que acababa de suceder. Pensé que él se mostraría de la misma manera que yo, pero me equivocaba. Él sonreía y su rostro estaba cubierto por una ligera mascara de pícara suficiencia que me molestó. ¡¿Qué se creía?!

–Jacob, eso no fue gracioso

–Claro que no – asintió, sin dejar de sonreír – Pero con esto has contestado a mi pregunta. No tienes idea de lo feliz que me siento.

–Tú...

–Vamos, Bella – volvió a interrumpir – Aceptaste mi beso. Te conozco, sé que si no sintieras algo más que una amistad por mí, ni si quiera hubieras permitido que me acercara tanto.

–Eres mi amigo. ¡Es natural que te tenga confianza!

–Llámalo como quieras, Bella. Tarde o temprano te darás cuenta que te gusto más de lo que quieres aceptar.

–¡Lárgate! – Exclamé – ¡Y ni te atrevas a hacerlo otra vez por que te juro, Jacob Black, que tu blanca dentadura, con la que conquistas las chicas, no será la misma! ¡Lárgate! – volví a repetir, empujándole hacia la salida de la vecindad, de manera violenta.

Por el contrario a mi furia, él se estaba partiendo del esfuerzo por no romper en la carcajada que se dibujaba en el brillo de su mirada. Dio media vuelta cuando estuvo afuera y, antes de arrancar la moto, dijo:

–Yo también te quiero, Bella...

Permanecía ahí, durante no sé cuánto tiempo más, con las manos empuñadas a un lado de mis costados, ignorando lo empapada que me encontraba, pues la lluvia había acrecentado, traspasando el grueso de mi chamarra. Además, aparte de las gotas que caían del cielo, mi rostro estaba bañado por las que brotaban de mis ojos a causa de la cólera que me estaba consumiendo por dentro. ¡Jacob era un idiota! ¿Cómo podía echar a perder de esa manera una tarde tan linda? ¿Por qué se empeñaba en algo que no iba a suceder jamás? ¡Era como si un hermano me pidiera que yo le quisiera como algo más que eso!

De un momento a otro, el agua dejó de abatir contra mí; lo cual me extrañó, ya que el suelo seguía siendo atacado por el ímpetu con que los chorros se desplomaban sobre él. Alcé mi mirada y fue cuando me encontré protegida por una sombrilla negra. Di media vuelta, para saber quién estaba detrás, y el corazón se aceleró de manera enfermiza al encontrarme con aquel chico de mirada verde.

–No creo que el amor valga tanto la pena como para enfermar por él – dijo, sonriendo de una forma tan extraña que, podía asegurar, no había ni el menor atisbo de diversión en él.

Uf! Si, ya sé que no tengo perdón por lo mucho que me tardé en actualizar; pero créanme: Estoy en exámenes finales y mi semana ha sido un desastre completo T_T... En fin, ¿qué les pareció? Avanzamos con Alice y Jazz, ¿no creen? ^^. Espero me dejen su opinión. Muchísimas gracias a todos por sus comentarios y espero actualizar lo más pronto posible.

Atte

AnjuDark