11. El lazo de sangre.

Sentados a la mesa para cenar, Ga Eul lanzó una amenazadora mirada a sus hijos que ellos no tuvieron problema en interpretar que significaba que no debían preguntarle a Jae Kyung qué era lo que tenía, pues, aunque ya estaba en calma, era evidente que había estado llorando, así que se limitaron a hablar del trabajo de Yi Jung, ya que una colección de sus piezas estaba por hacer una gira por varios países de Asia y Europa y de algunas banalidades más...

—Estuvo delicioso, Ga Eul —sonrió Jae Kyung una vez que terminó—, muchas gracias.

—De nada, Jae —le devolvió la sonrisa—, me encanta que nos acompañes a cenar.

—Espera, tía —Ji Shul se levantó de golpe echando la silla hacia atrás—, aún falta el postre; yo lo hice, ¿quieres un poco?

—Claro —asintió con los ojos un poco más iluminados; "postre" era una de esas palabras mágicas que Jae Kyung adoraba oír fuera cual fuera la situación.

La niña salió corriendo rumbo a la cocina y segundos después, estaba de vuelta con su pay helado de limón que puso al centro de la mesa y se dispuso a servir.

—Yo no quiero, gracias —dijo Sang Hee secamente y se levantó—. Estoy cansado, me iré a acostar temprano...

—¿Te sientes mal, hijo? —Ga Eul le dirigió la mirada y observó sus facciones con cuidado.

—No, mamá, sólo estoy cansado —se acercó y le dio un beso en la mejilla—, buenas noches.

El chico se retiró bajo la intensa mirada de Yi Jung.

—Últimamente cree que esta casa es un hotel —resopló Yi Jung con un fastidio evidente—, sólo llega a cenar y a dormir y a veces ni eso.

Jae Kyung se mordió los labios y bajó la mirada con la traquea comprimida mientras Ji Shul le extendía el platito con el postre.

Ji Hoo tomó el Diario de Jan Di y por fin comenzó a leerlo con más calma, aún si querer creer nada a pesar de todo lo que había visto horas atrás con aquella mujer...

"Hoy el abuelo falleció.

Ji Hoo sunbae estaba llorando. No puedo soportarlo. No sé qué hacer o qué decirle, todas las palabras parecen inadecuadas. No quiero llorar para ser fuerte para él... ¿qué hacer...?"

"En la mañana estaba feliz, aprobé el examen de Biofísica, estaba segura de que iría a extraordinario, pero logré alcanzar una nota suficiente, incluso tuve ganas de abrazar al profesor, entonces Ji Hoo sunbae me mandó un mensaje de que lo encontrara en las escaleras de emergencia, quería contarle mi felicidad, pero él estaba muy serio, desde la muerte del abuelo ha estado muy decaído, pero hoy lo estaba aún más. Cuando me explicó la razón quise morirme.

Joon Pyo volverá dos años antes de lo planeado para casarse con mi unnie Jae Kyung, ya está todo listo. Pasé por todas las etapas de incredulidad, irá, negación, desesperación y tristeza. Traté durante horas de comunicarme con Joon Pyo hasta que en la noche me cogió el teléfono por fin confirmándome todo, sin embargo, me aseguró que lo solucionaría y me quedara tranquila"

Saltó unas cuantas notas más.

"Hoy se casaron.

No quiero odiar a unnie Jae Kyung pero de tan sólo verla me doy cuenta de cómo no soy nada a su lado, es tan hermosa y vestida de blanco parecía que la habían sacado de un cuento de hadas.

Sí la odio.

Me odio por odiarla.

Y sí, ayer me hice el análisis y sí estoy embarazada. Mentiría si dijera que me ha tomado por sorpresa o que esto no debió pasarme, soy aspirante a médico, siempre fui consciente de lo que hacía, sólo que me da tristeza saber que Joon Pyo, mi hijo y yo probablemente no podremos formar una familia.

Sólo se lo he contado a Ji Hoo sunbae. Como siempre, mi ángel tan comprensivo, aunque la decepción que se imprimió en sus ojos me estrujó por completo el corazón"

"Creo que hoy lloré como nunca antes había llorado.

Apenas ha nacido mi hija y Joon Pyo me ha dicho que hay que protegerla legalmente y hacerla la heredera del Grupo ShinhwaJk... eso significa que mi unnie Jae Kyung va a reconocerla como su hija y yo he tenido que aceptar... Sé que unnie es una buena mujer, pero ver como Joon Pyo se llevó a mi niña para dársela a ella me ha matado. Salieron en la televisión, dando explicaciones y sonriendo, como si fueran una familia y yo sólo me quiero morir.

Siento que me han quitado a Ye Jin para siempre"

"Joon Pyo dice que sabe qué hará.

Dice que el destino no nos va a detener"

"Estoy en el Teatro todo el día y toda la noche. No sé que hago aquí. No recuerdo ahora..."

—Tía, cuando termines, ¿quieres ir a mi cuarto a ver mis nuevos posters de DeExo? —la chica sonrió ampliamente— Wook Sung Moon, su vocalista, es el hombre más... ahhhh hermoso y suuuper hot que verás en la vida.

—¿Ah sí? —fue Yi Jung quien alzó una ceja.

—¡Tú no puedes entenderlo, papá! —lanzó un chillido emocionado— él es lo máximo, su voz es angelical, su rostro parece esculpido por los mismos dioses y, por su puesto, es mi futuro esposo.

—Eso sí que no —espetó Yi Jung con un ligero gruñido. Ga Eul le dio una palmadita en el antebrazo en señal de que no exagerara.

—Sung Moon es la respuesta a todos los problemas —suspiró dirigiéndose a Jae Kyung—, a mí me basta con sólo mirarlo y como por arte de magia, todo está bien... te juro, tía, que él es... –exhaló enamorada– quien alegrará tu noche...

Jae Kyung le sonrió conmovida y en cuanto dio su última cucharada al postre, la chica la tomó del brazo y la jaló hacia su habitación mientras le explicaba emocionada toda la historia de su grupo musical favorito y la maravillosa experiencia que había tenido al ir por primera vez a uno de sus conciertos. Al llegar al cuarto, entraron y la joven cerró la puerta.

—Al fin solas —resopló recargándose en la puerta.

Jae Kyung enarcó las cejas confundida.

—Tengo algo que decirte —dijo Ji Shul entrecerrando los ojos—, la verdad al principio no me importaba y mis papás no me escucharan jamás porque, como todos saben, Ye Jin y yo jamás nos hemos llevado bien...

—Dime...

—Ye Jin, mi hermano y el hijo de los dueños del Teatro de Vayu van a tratar de traer los espíritus de los verdaderos padres de Ye Jin a este mundo —explicó con la mirada sombría y Jae Kyung abrió los ojos lo más que pudo—. Lo harán esta noche.

—¿Cómo...? —Jae Kyung negó— ¿Cómo sabrías eso...?

—¿Crees que mi hermano se fue a dormir? —bufó irónica— ¡claro que no! Se acaba de escapar —esperó unos segundos ante la estupefacción de la otra— Ellos creen que los espíritus de de los padres de Ye Jin están atrapados en el Teatro de Vayu.

—Están atrapados... —repitió en un susurro recordando que eso fue precisamente lo que Joon Pyo le dijo.

—Quedaron atrapados porque les salió mal un hechizo de hace muchos años —continuó Ji Shul—, puede significar que si a mi hermano y a Ye Jin les sale mal ellos también pueden quedarse atrapados, ¿no? Les he dicho a mis papás, pero ellos siempre creen que soy una mentirosa; pero es verdad, mi hermano ha cambiado y todo es culpa de ese hechizo... Tú sí me crees, ¿verdad?

—Debo irme —Jae Kyung sonrió pero su voz temblaba—. Gracias, Ji Shul.

Y salió del cuatro tan rápido como pudo, dejando a la joven sola. En su carrera, se encontró con Ga Eul a mitad de a escalera.

—Jae Kyung —la tomó de los brazos para detenerla— ¿Qué pasa?

—Debo irme, Ga Eul —le dio un sorpresivo abrazo—, gracias —se separó—, te llamaré en un rato, debo explicarte pero...

—¿Unnie?

—Me tengo que ir ya.

—Espera —Ga Eul trató de jalarla, pero ella siguió con su trayecto sin voltear de nuevo; la observó confundida y asustada, giró el rostro y se encontró con su hija quien en ese momento se recargaba en la baranda de la escalera con expresión muy seria— ¿Qué pasa?

Park Yun Sung, de pie frente a la entrada del Teatro, marcó por segunda vez a Ye Jin.

—Su celular está apagado —dijo torciendo la boca y tomando exhalando.

—Sus papás debieron haberla atrapado —comentó Sang Hee cruzándose de brazos—. Es el único motivo por el que no estaría aquí.

—¿Qué haremos ahora? —entrecerró los ojos mirando al horizonte para ver si venía— ¿se aborta la misión?

—No lo sé...

—Bueno, claramente no podemos continuar sin la presencia de Su Majestad —sopló para quitarse el cabello del rostro—. Rayos, realmente quería lograrlo...

—Quizá no era tan buena idea después de todo... —el hijo de Yi Jung se recargó en la pared— Estos días han sido como vivir en un extraño limbo; los días se me han pasado como si fueran sueños y no puedo pensar en otra cosa que no sea hacer esto...

—Yo no he comido y apenas he dormido desde que iniciamos... —dijo el otro chico— también sólo puedo pensar en esto; sé que mis padres han tratado de hablar conmigo, pero no logro recordar qué es lo que me han dicho...

—Me pasa lo mismo... cuando me detengo a pensarlo... sé que no es algo bueno.

Yun Sung levantó el rostro, tratando de pensar, pero sentía que al tratar de razonar su cabeza se sacudía.

"Ye Jin,

No puedo salir de esto, me siento como en una especie de pesadilla. No estoy segura de qué he hecho últimamente, creo que debo ir a la Universidad, pero no he ido. No lo sé, sólo pienso en el Teatro, en estar con Joon Pyo y contigo.

Me he portado mal con Ji Hoo sunbae, no podría decir con exactitud qué es lo que le he hecho o dicho, sólo sé que no ha estado bien. Hay momentos en que siento que despierto de este sueño y deseo con fuerzas dejar de hacer esto y buscar otra solución, pero vuelvo a a caer dormida y sólo sé que tengo que continuar hasta el final. Hasta que estemos juntos los tres. Para siempre."

Ji Hoo cerró el Diario cuando oyó la puerta principal abrirse; Jae Kyung entró de prisa y se dirigió rápidamente a la habitación de Ye Jin, pero a la mitad del camino, Ji Hoo la interceptó.

—¿Por qué apagas tu celular? —reclamó él, pues desde que había salido del lugar de la bruja, había intentado llamarla sin éxito—¿Dónde estabas?

—¿Está Ye Jin aquí? —preguntó apurada y nerviosa, ignorando las preguntas de él.

—Sí.

Ella tomó al fin un respiro y se recargó en la pared.

—No creía que se volvería realidad —balbuceó ella negando con la cabeza—. Pero ha sido diecisiete años de recordar una y otra vez las mismas palabras —se enterró las manos en el cabello y apretó los ojos con fuerza—, su último beso y su última petición y todo era real porque esa bruja lo mostró...

—No entiendo lo que estás diciendo —gruñó él mirándola con cierta confusión.

—Ye Jin quería intentarlo hoy, todos estos años esperando que este día pudiera llegar, pero era tan absurdo, tan irreal, pero a la vez parecía tan cierto...

—Ha Jae Kyung, no te entiendo —repitió.

—¡Estoy hablando de las últimas palabras que dijo Joon Pyo! —exclamó sin poder respirar bien— ¡De lo que se cumpliría hoy!

—¡Deja de estar farfullando sin sentido! —Ji Hoo la tomó de un brazo para obligarla a que dejara de jalarse su propio cabello— ¿Qué fue lo último que dijo Joon Pyo?

Jae Kyung negó de nuevo. Jamás había tenido la fuerza para hablarlo...

—He tratado de olvidarlo. He tratado de no pensar en ello, pero nunca he podido...

—¿Qué es?

—Él estaba muriendo —lo miró a los ojos con la expresión alterada—, yo siempre he querido pensar que estaba delirando... ¿no? Las personas... las personas cuando están muriendo pueden delirar... ¿no es así?

—¡Dímelo ya! —le exigió comenzando a desesperarse demasiado.

—¡Él dijo que iba a regresar para llevarse a su hija! —gritó al fin; por primera vez tuvo el valor de decirlo; había sido una espina que continuamente estuvo en su vida, una amenaza que le hacía ruido en la cabeza pero que no había tomado en serio hasta apenas unos días atrás.

Ji Hoo frunció un poco el ceño. Sin decir nada, la soltó, se dio la vuelta y ésta vez fue él quien dirigió sus pasos a la pieza de Ye Jin, metió la llave en el cerrojo, abrió la puerta, prendió la luz y trinó enojado al encontrarse con el cuarto vacío; la chica había logrado quitar con un destornillador, que ahora yacía en el suelo, las bisagras de la ventana para abrirla y escapar, pues él también se había asegurado de cerrarla con llave, el descenso desde aquel cuarto al patio de la casa era difícil y peligroso pero totalmente posible.

—No me la creo... —masculló Ji Hoo, boquiabierto, asomándose por el marco de la ventana justo cuando Jae Kyung lo alcanzaba.

Los tres jóvenes se sentaron en triángulo en el suelo debajo del escenario del Teatro. Lo único que los iluminaba era una luz roja que habían llevado, no debía haber otro tipo de luz y acompañaron a Ye Jin mientras terminaba de leer el último de los hechizos que había recitado últimamente.

—Has terminado —le dijo Yun Sung extendiéndole un cuchillo de cocina—. Ahora tu sangre es la prueba de que ellos existieron y el vínculo que tienen con este mundo.

Ye Jin tomó el cuchillo y tragó saliva. Sang Hee la tomó de la muñeca.

—Ye Jin... —le susurró su amigo de toda la vida— quizá no debas hacerlo.

—Sang, es tarde ya —ella perdió su mirada en el filo—. He esperado mucho, ellos han esperado mucho. No soporto que estén encerrados aquí...

—Ye Jin...

—¿Qué harías si tus padres estuvieran atrapados, Sang? —le preguntó mirándolo con convicción— Debo hacerlo... gracias por haberme ayudado... ahora tienen que irse...

Los dos chicos se miraron entre ellos y luego a Ye Jin; sabían que en el momento de ofrecer su sangre ella debía estar sola...

—No creo que debamos dejarte aquí —insistió Sang Hee aún sin soltar la muñeca de ella.

—Estaré bien —Ye Jin sonrió—, sólo esperen afuera...

Ellos meditaron algunos segundos y asintieron.

Al quedarse sola, Ye Jin esperó varios minutos más, de rodillas, con las manos apoyadas sobre el suelo. Habían sido días difíciles en los que había sentido que se perdía dentro de pensamientos que jamás pensó que tendría, en los que no parecía ella y toda parecía irreal, no había imaginado que sería tan pesado para su propia mente, estaba agotada; quería terminar con todo eso ya.

Empuñó el cuchillo, se hizo un corte algo profundo en la palma de su mano y un hilo de sangre corrió manchando el piso de pequeñas gotas. Entonces, empezó a hacer mucho frío, como se siente en el exterior cuando una tormenta de nieve es inminente. Su aliento se convertía en vapor y se abrazó a sí misma mientras la temperatura bajaba y bajaba a cada instante.

Ye Jin, atónita, los encontró; ellos estaban justo enfrente, a tan sólo unos pasos, sentados sobre sus rodillas al igual que ella, eran como sombras que poco a poco ganaban claridad. Primero, Joon Pyo se levantó y extendió su mano para que Jan Di la tomara y también se levantara. En ese momento fueron claros; la luz, aunque poca, era suficiente para distinguir sus facciones; seguían tan jóvenes como en las fotografías, sus ropas, su cabello y toda su apariencia era justamente como había quedado grabada en la memoria de quienes los conocieron.

Su hija se levantó con lentitud, incapaz de parpadear; ver a Jan Di frente a ella, era casi como verse en un espejo, tal como la había imaginado, tal como se presentaba en sus sueños y su padre también era tal como siempre lo pensó.

—Lo lograste —dijo Joon Pyo sonriéndole—, Ye Jin.

Ye Jin sonrió feliz al escuchar su voz; le había encantado conocer como sonaba, siempre lo supo; su padre tenía una voz melodiosa y varonil.

—Lo logré —mustió llevándose ambas manos al pecho—. No puedo creerlo, lo logré...

—Sabía que lo lograrías —esta vez fue Jan Di quien le habló; su voz era dulce al igual que su sonrisa—. Gracias...

—¿Entonces es cierto que... —Ye Jin contenía el aire de la emoción— han estado atrapados aquí tanto...?

—Tantos años... —completó Joon Pyo.

—Pero te hemos visto cada que has venido —continuó Jan Di—. Hemos pasado noches y días moviéndonos de un lado a otro dentro del Teatro; esperando por la oportunidad de verte y esperando este día...

—No podía soportar la idea de que estuvieran atrapados aquí.

—Nosotros no soportábamos la idea de no poder estar contigo —Jan Di miró a su hija con adoración—. Nosotros queríamos vivir contigo, jamás creas lo contrario.

—Yo lo sé...

—Pero ahora por fin podemos irnos —de nuevo Jan Di sonrió con bondad—; ya no hay puertas que nos detengan. Ha sido un tiempo muy triste, pero al fin se acabó.

Ye Jin asintió complacida; los había liberado.

—Madre, padre... yo... —la jovencita estaba con los ojos vidriosos, admirándolos con el corazón desbocado— estoy tan feliz de verlos... —sacudió su cabeza y se agachó— hay tantas cosas que quisiera decirles... tantos momentos en que quise estar a su lado...

—Lo sé... mi hija —sonrió Jan Di—. No sabes cuánto te amo... luché hasta el final por ti... de verdad lo hice...

—Sí... yo lo entiendo y lo lamento... lo lamento tanto...

—Ya no hay más que lamentar, mi niña... fue doloroso, pero aquí estamos.

—Los extrañé...

—Jamás volverás a extrañarnos, estamos juntos ahora...

Ye Jin mordió sus labios, quería acercarse, tocarlos, abrazarlos, besarlos. Todos sus sueños se habían hecho realidad; toda su angustia de saber que sus almas estaban atrapadas por fin se desvaneció y su tristeza por no haberlos conocido cedió por primera vez.

—Lo único que falta es que vengas con nosotros...

—¿Irme...? ¿Cómo...?

—Para estar los tres juntos... para siempre; nunca volveremos a estar separados...

—Pero eso... —Ye Jin, sin poder un músculo, entrecerró los ojos— Irme con ustedes significaría desaparecer de este mundo...

Jan Di y Joon Pyo la miraron extrañados.

—Este mundo no tiene nada para ti —intervino Joon Pyo—. Tu sabes que tu alma no tiene un destino.

—Sí, me lo dijeron —bajó su mirada con tristeza—, pero aún así, tengo que ser la jefa de ShinhwaJK, tengo muchas cosas que hacer aún...

—No hay nada que no pueda hacer alguien más —le aclaró Jan Di aún con su expresión apacible—; tu único lugar es con nosotros, con tus padres...

Los ojos de Ye Jin se abrieron al escuchar esas palabras... sus padres... el frío la recorrió como si un balde de agua helada hubiera caído sobre su cabeza; si se iba con ellos su alma sería desprendida de su cuerpo y tal como con Jan Di y Joon Pyo, todos pensarían que habría muerto... ¿y sus padres...? ¿Quienes eran sus padres? ¿Qué iban a hacer Ji Hoo y Jae Kyung cuando la encontraran sin vida...?

Dio un paso atrás y negó.

Ji Hoo se subió a su auto y apenas escuchó que Jae Kyung cerraba la puerta del copiloto, arrancó en reversa bruscamente, tomándola por sorpresa. El coche giró con un fuerte rechinido de los neumáticos y lo sacó a las calles rumbo al Teatro, pisando el acelerador a fondo, rebasando e invadiendo carriles contrarios.

En reflejo, Jae Kyung se detuvo del salpicadero, observando asustada como la aguja del velocímetro no paraba de subir y los pitidos de los otros coches le ponían los nervios de punta; quería decirle que bajara la velocidad, pero sabía que lo haría enfadar aún más de lo que ya estaba y no quería arriesgarse a que frenara de pronto y la echara del auto. Ella sintió que chocaban al menos tres veces, así que optó por cerrar fuertemente los ojos, aunque el horrible movimiento que hacía para pasarse de un carril a otro y el motor rugiendo no le permitían escapar de la realidad.

—Vas demasiado rápido... —gimió angustiada y lanzó un grito cuando él se pasó una luz en rojo, obligando a los que tenían el paso a frenar centímetros antes de estrellarse— ¡Ji Hoo!

—¿Estás segura que está en el Teatro? —fue su respuesta. No dejó de mirar al frente.

—No podría estar segura...

Ji Hoo gruñó y chasqueó la lengua acelerando más, forzando el motor, ya tenía rato que había metido la quinta velocidad, apenas disminuyendo un poco para virar en algunas calles.

Finalmente, y en muy pocos minutos, llegó al Teatro de Vayu, estacionó violentamente en la puerta principal y se bajó del auto sin siquiera sacar las llaves. Jae Kyung bajó también, con el cuerpo temblado, pero decidida a seguirlo.

—¿Qué es esto..? —dijo para sí mismo al poner ambas manos en los picaportes y descubrir que las orillas de las puertas estaban cubiertas con escarcha que impedía que se abrieran con facilidad.

Ella no atinó a decir ninguna palabra al notarlo. Ji Hoo empujó con fuerza y las puertas se abrieron de par en par. Una ola de frío cortante los golpeó en la cara y unos pasos adentro del lobby, él finalmente detuvo sus pasos. Jae Kyung lo observó como volteaba en cada dirección como si estuviera repentinamente perdido.

—¿Ji Hoo...?

—Es Jan Di... —masculló llevándose una mano al pecho— Jan Di está aquí...

La sensación que le oprimió el pecho la recordaba muy bien; él era capaz de sentir a Jan Di, ella podía llamarlo con sólo desearlo; era un vínculo de almas gemelas demasiado fuerte, la prueba de que estaban unidos y destinados. Lo que sentía en ese momento era lo que en su tiempo Jan Di llamó la campana de emergencia, pero mucho, mucho más intenso y aterrador y estaba totalmente seguro de que eso sólo se lo podía hacer sentir Jan Di. Volvió a correr y su esposa lo siguió, cruzaron la zona de butacas, tras el escenario para luego descender debajo de éste, guiados por la sensación de él.

Y los dos abrieron sus ojos, descompusieron su gesto en estupor y pararon en seco al encontrarse con Jan Di y Joon Pyo a tan corta distancia...

—No puede ser... —Ji Hoo negó y de la consternación no pudo avanzar más.

Jae Kyung se cubrió la boca con ambas manos, sintió que perdía fuerza, como si fuera a desmayarse, pero tomó aire y se mantuvo en pie.

Los veían con una claridad total. Terrible y asombroso al mismo tiempo. Así eran exactamente la última vez que los vieron, diecisiete años atrás. Exactamente las mismas figuras de las que algún día desearon no separarse jamás, sus mejores amigos, las personas más importantes. A quienes nunca quisieron perder...

Mientras ni Ye Jin ni las dos apariciones parecían notarlos.

—Sólo tienes que darme tu mano —habló Jan Di extendiéndosela suavemente—, así podremos irnos.

Ye Jin puso su mirada en la mano de Jan Di y sus dientes temblaron un poco. Había esperado mucho, los había extrañado tanto y si no tenía un Destino, ¿qué más le quedaba en la tierra? Comenzó a elevar su brazo muy lentamente.

—¡Ye Jin! —le habló Ji Hoo. Entonces fue cuando la joven se detuvo, giró la mitad de su cuerpo y los vio.

—Ye Jin —insistió Jan Di tratando de atraer otra vez su atención aún con la mano extendida—, vámonos.

La chica movió sus ojos entre los cuatro. Jae Kyung avanzó unos pasos más...

—Ye Jin... —y con el mismo movimiento de Jan Di, extendió su mano hacia su hija. Ambas madres esperaron por largos segundos.

¿Qué le quedaba en la tierra? Le quedaban los padres que estuvieron con ella cada día de su vida, quienes tampoco tenían un Destino pero lo habían construido ellos mismos...

—Lo siento... —murmuró Ye Jin mirando a los ojos a Jan Di y luego tomando la mano de Jae Kyung, quien la colocó detrás de ella y un segundo después, Ji Hoo estaba al frente de ambas.

Jan Di los miró incrédula; rápidamente sus dientes se cerraron y sus cejas se fruncieron en un total enojo que estremeció el sitio al grado de hacer temblar suelo bajo sus pies. Ye Jin y Jae Kyung se sostuvieron ambas de Ji Hoo.

—¿Qué creen que están haciendo...? —chirrió Jan Di borrando la luz de sus ojos.

El frío aumento tanto que se sentía que la piel se partía y el enojo y el odio se percibían claramente. Nadie respondió la pregunta de Jan Di. El suelo volvió a sacudirse, ésta vez con más intensidad y Ye Jin se aferró tanto a Ji Hoo como a Jae Kyung con un pequeño grito.

El aire se hizo pesado y la presión aumentó, como si estuvieran metros bajo el agua y sombras y presencias tenues y lejanas se podían percibir, todas llenas de odio, tristeza, pena y dolor. Ji Hoo sujetaba a cada una de un brazo y los tres se juntaban cada vez más. Era un sentir horrible que quemaba por dentro, les quitaba el oxígeno y los aturdía por completo.

El suelo tembló por tercera vez y el escenario sobre sus cabezas crujió como si se cuarteara su madera. Ji Hoo y Jae Kyung sintieron con una claridad espantosa como algo los apartó con brusquedad de Ye Jin. Él fue arrojado un poco más lejos cayendo al suelo, mientras que Jae Kyung chocó con la pared y luego cayó de rodillas.

Ha Jae Kyung apoyó sus manos en el suelo para no caer por completo, volvió a levantarse y al alzar el rostro los ojos furiosos y muertos de Jan Di estaban frente a ella.

—Jan Di... —masculló echando por instinto su cuerpo atrás pero siendo detenida por la pared y antes de que pudiera hacer o decir más, Jan Di, con una sola mano, la tomó del cuello y la aprisionó contra el muro.

Ji Hoo, al ver aquello, se levantó y quiso ir hasta ella, pero Joon Pyo, que en un instante estuvo detrás de él, lo tomó de los brazos y sin ningún esfuerzo lo hizo caer nuevamente.

Jae Kyung, con sus dos manos tomó el brazo de Jan Di para tratar de zafárselo pues lentamente la apretaba más dejándola sin respiración; su cuerpo era frío y duro, definitivamente no humano, con una fuerza tal que no era capaz de moverla ni un poco.

Ye Jin había caído también cuando la fuerza apartó a sus papás de ella, sentía que el piso seguía temblando.

—¡Oye! ¡Déjala! —le gritó Ye Jin, ahora furiosa, lanzándose contra Jan Di, colgándosele de la espalda y enterrando el cuchillo su clavícula; al penetrarla con el arma, la joven sintió igualmente que no era un cuerpo ni humano ni vivo, fue un segundo apenas y sintió un golpe que la hizo caer atrás y de espaldas.

—Jan... Di... —Jae Kyung trataba de respirar, pero la presión en su traquea ya no le permitía más jalar aire.

Jan Di, sin soltarla, con su otra mano se sacó el cuchillo y lo dejó caer. Ji Hoo podía ver y trataba de levantarse y hacer algo, pero a cada movimiento, Joon Pyo lo sometía nuevamente, pues era mucho, mucho más fuerte; era como pelear contra una tonelada de roca.

Ye Jin se levantó otra vez y entonces notó que ambos fantasmas la miraban fijamente. Llevó su vista a Joon Pyo y notó como levantaba a Ji Hoo de la nuca, poniéndolo de pie como si no pesara nada.

—Espera —Ye Jin se dirigió a Joon Pyo al notar lo que iba a hacer— ¡No! ¡no!

Y Joon Pyo estrelló la cabeza de Ji Hoo contra el vidrio de la caja del extintor. El sonido del cristal siendo roto de un golpe hizo gritar a la chica. Joon Pyo lo soltó y él cayó sin conciencia en el suelo, con el rostro escurriendo en sangre.

Jan Di soltó en ese momento a Jae Kyung y ella, de la misma manera que su esposo, se desplomó de lleno inconsciente sobre el suelo de duela.

Ye Jin dio dos pasos atrás y negó por completo cabreada.

—¡¿Qué demonios creen que están haciendo?! ¡¿Acaso no los reconocen?! ¿Ellos eran sus amigos! ¡¿Cómo se atreven?!

—Están en nuestro camino —dijo Jan Di aún furiosa—. He esperado mucho, no se interpondrán en mi camino.

Ye Jin dio otro paso atrás mientras Jan Di y Joon Pyo se acercaban a ella, sus hombros temblaban furiosos y apretaba los puños tan fuerte que la sangre ya se había ido de ellos...

—¡No tenían derecho!

—Es nuestro derecho de protegerte de quien te aleje de nosotros —volvió a decir Jan Di, caminando al lado de Joon Pyo lentamente—. Vámonos ahora.

—¿Prote...? —su mandíbula se desencajó. Estaba estupefacta— No iré con ustedes.

—Es el único lugar al que perteneces; a nuestro lado —Jan Di estaba cada vez más cerca—. Todo esto ha sido por ti. Hemos pasado todo este tiempo aquí por ti.

Ye Jin siguió retrocediendo pero a unos pasos más ya no habría a donde avanzar y pronto empezó a llorar de la rabia tan grande que sentía dándose cuenta de lo que había hecho; sus papás iban a despertar y sólo se iban a encontrar con su cuerpo sin vida tendido en ese mismo lugar.

Lloró sin poder contenerse, alternando sus ojos entre los cuerpos tendidos de sus papás; no podía ver si Jae Kyung respiraba, pero si notaba que sus labios habían perdido todo el color y la sangre de Ji Hoo le cubría toda la frente. ¿Qué había hecho...?