Una Oportunidad - Capítulo XI

"Dos seres Inmortales PARTE 2"

Aquí estoy… antes de que piensen lo peor, permítanme explicarme. Desde la última publicación (en la que prometí subir el capitulo inmediatamente), tuve un problema bastante grave. El autobús de mi trabajo chocó contra un camión de basura que iba delante nuestro (lo se, de lo peor). Para no hacer del cuento largo, me operaron de la nariz y de la columna (de esta no fue nada grave, AFORTUNADAMENTE) y recién ahora puedo sentarme (acostada no veía nada de las teclas de la lap). Me encontraba fatal, con muy bajos ánimos (no me pagaron incapacidades… pero si me despidieron… AscodeVida) y pues… intento justificarme de esa forma.
Pero como prometí y recuerdo perfectamente, he aquí la segunda parte que espero que disfruten leyendo tanto como yo disfruté (hace mas de un mes) escribiéndola (y en realidad no puedo creer que apenas la suba… ni modo u_u)

"South Park no me pertenece, ni la historia ni los personajes… la utilizo para crear mis locuras con la esperanza de que Cartman pueda confesar sus sentimientos hacia Kyle… como todos esperamos…"

En cuanto sintió las perlas rozarle la delicada piel del cuello, supo que algo ahí era fuera de lo normal… se sintió desesperado.

Eric Cartman no era un chico precisamente "cariñoso" y en rara ocasión encontraba una situación que ameritara un obsequio… pero se trataba de Kyle. Su pelirrojo que merecía el cielo y las estrellas. Después de todo lo sufrido con Stanley y Wendy… después de toda esas desesperación en casa de sus padres…
Y era mejor aun, puesto que el regalo podía ser de ambos… su hermano Tweek y él. Ambos, apreciando al judío como a uno más de la familia.

Kyle observó al castaño por unos segundos, intentando contemplar cada uno de los rasgos en su rostro. Había cambiado bastante, pero en el interior, siempre sería el mismo. ¿Cuántas peleas habían vivido?, ¿Cuántos "te odio" a pulmón abierto habían desatado en contra el uno del otro?, ¿Cuánto rencor podrían ser capaces de olvidar? Justo entonces, se sentía terriblemente mal. Había tratado a Tweek Tweak de una forma que no se merecía. El rubio había abierto las puertas de su casa a un completo desconocido que, por vestigios de la historia, debería ser su peor enemigo. Era por Eric Cartman, así que tendría que solucionarlo.

– Gracias, Cartman… – Se inclinó hacia el frente, colocando su frente sobre el pecho del castaño, quien contuvo por un momento su cálida respiración, intentando acoplarla a su compás, tan apacible y lleno de calma.

– Gracias a ti… Kyle. – Nunca, en ningún lugar de la tierra, se había sentido así. No había fallado al sentir que lo amaba, que amaba a ese judío tan molesto y altivo.

Y terminó por levantar su rostro pálido hasta la altura de sus labios. No pensaba robarle un beso nunca más. Si el judío quería ser amado, amor debería dar. Solo sostuvo ese momento tan eterno entre ellos, uniendo sus miradas y separando sus labios a tan solo un par de centímetros. Solo unos segundos… una pequeña, millonésima parte del universo… y… esa separación estaría…

– ¡LLEGARON LOS INVITADOS, GORDO!

Clyde iba a morir… Eric sabia que CLYDE TENÍA QUE MORIR.

–O–O–O–

– ¡Butters!, estás a salvo. – El rubio no podía evitar sentir esa extraña sensación de que algo que había perdido, eternamente al parecer, se asomaba desde el fondo de su corazón de nuevo.

– ¡No hay mucho tiempo, Kenny!... – Y justo en ese instante, una luz parecida a la de un faro de pie entre la neblina del mar, recorrió ese lugar tan recóndito y olvidado del mundo. Estaban en el infierno, pero poco le importaba a McCormick, mientras pudiera mirar a Butters una vez más. – ¡Salchichas, no puede ser!... Tweek le ha dado el collar a Kyle.

– ¿Que Tweek le? …¿tu sabes donde está Kyle?, ¿cuál collar?, ¿que haces en un lugar así?, ¡EXPLICAMELO, BUTTERS!

– ¡Ya te dije que no tenemos tiempo, Kenny!... en unas horas será la boda de Eric y Kyle.

– ¿Estas de broma?, esos dos no se soportan… o al menos Kyle no soporta al culón. – Tomando con una firmeza que jamás había sentido por parte del más pequeño, Kenny fue sacado de sus angustias por un segundo.

– No es ninguna broma, Kyle y Eric van a casarse, pero Stanley va en camino a ese lugar… si Stan llega a acercarse a Kyle cargando con la espada de los Marsh forjada en perlas del abismo, Kyle morirá y… y…

– ¿Que pasará, Butters?, ¿que pasará si Kyle muere?

– Kenny… si matan a Kyle con las perlas del abismo, este infierno subirá hacia la tierra… Solo Tweek y Craig podrán vivir en un sitio así.

– ¿Craig lo sabe?

– Por supuesto… pero en estos momentos, Craig está siendo corrompido por la joya de los Tweak. Mientras ellos existan en la tierra, Craig será una mala persona… la leyenda, Kenny, la leyenda… tu y Clyde existen por esa razón… tu puedes destruir a los Broflovski, Donovan puede matar a los Tweak.

– Pero Kyle tiene cientos de primos, sus padres, a su hermano… el emperador en cambio…

– Exacto… pero el poder de los Broflovski solo puede ser portado por el menor del clan… en cambio, todos y cada uno de los Tweak poseen esa magia.

– Pero ya solo queda un Tweak en el mundo… ¿Kyle lo sabe?, es decir, todo esto de las armas, las leyendas, Clyde y yo…

– No… – Ante la mirada de perplejidad en el mayor, Butters cambió su semblante a uno mucho más sombrío. – Pero Tweek si.

–O–O–O–

– ¿Que miras? – Sentado en el lujoso carruaje real, forrado con diminutos diamantes, con adornos en plata y una delicada tela de terciopelo tapizada en el interior, Stan Marsh observaba a su acompañante, el otro moreno de mirada fría y lejana, observando a través del vidrio de la ventana. Estaba realmente serio… al menos, más de lo normal.

– Miro hacia el futuro… como desde hace mucho que no hacía.

– ¿Y que ves en él? – Continuó con el interrogatorio, la única forma de hablar con su especial invitado.

– Nada. No hay absolutamente nada.

– ¿Ni siquiera yo? – Preguntó con algo que parecía, querer ser una sonrisa.

– En especial tú… parece empecinado en charlar, pues bien… permítame contarle una historia. – Viéndose acorralado entre los múltiples deseos de ser atendido, el moreno contempló sin esperanzas que tendría que entretener al monarca o deshacerse de esos molestos deseos por parte del soberano, si quería tener un viaje medianamente ameno.

– Me parece bien.

"Hace ya mucho tiempo, tanto, que los años serian incapaces de contener en números el tiempo, existió un joven pobre y miserable. Como muchos, vivía de ilusiones estúpidas y sueños que jamás realizaría. Este chico mantenía una única esperanza, la de poder juntar de nuevo a su familia. Respiraba cada día con el único propósito de volver a ver a una persona especial, un tesoro que le fue arrebatado.

Un día como cualquiera, su estómago y el de su familia comenzó a doler por la falta de alimento en días. El chico era el responsable de todo ese esfuerzo, así que se compadeció un poco del resto y salió a buscar alimento. En medio de su cruzada, las energías lo abandonaron y cayó derrotado, justo en medio del desierto. Sus pies ya no podían andar más… sus brazos estaban tan cansados que pesaban igual a dos rocas enormes, su cerebro, que siempre había sido reconocido como uno de los mas brillantes entre su pueblo, comenzó a apagarse lentamente. El chico bajó la guardia y comenzó a perder. Finalmente, cayó inconsciente en medio de la arena, alejado de toda sombra posible, abandonado a su suerte. Horas después despertó, pero ya no se encontraba bajo el ardiente sol o las profundas arenas rojizas, sino en una habitación llena de lujo y comodidad, un lugar que jamás había visto ni por error. Un joven de aspecto muy similar al suyo lo habría llevado hasta ese lugar, lo lleno de alimento, agua fresca y un cómodo lugar para dormir. Por primera vez en mucho tiempo, el miserable chico reconoció la "amabilidad" en los seres humanos y era tan cálida, que sus ojos se humedecieron, ¡mas no lloraron!, pues se sentían incapaces de sentir fatiga igual hasta haber recuperado su tesoro. El rostro de ese amable personaje era desconocido, pues llevaba sobre el un antifaz, de aquellas joyas que debían usar todos los invitados o sirvientes en el palacio del sultán. Mas sin embargo, sus ojos al descubierto, dejaban relucir el color del agua pura, un estado que solo se puede ver al norte del zarato, donde colindan sus tierras con el reino de Marsh y el hogar del Kan, lugares a los que muy pocos llegan y de los cuales, el chico solo conocía en leyendas. Ese joven tan amable le ofreció su morada hasta que se recuperara, pero el chico miserable le expuso su condición y la de toda su familia, su hermano y su novio. El hombre bondadoso llamó a sus empleados e hizo entregar al miserable un bulto lleno de pan y carne, una jarra del agua más fresca en todo el oasis y varias telas para confeccionar nueva ropa. Así, el joven miserable pudo volver a su hogar con una nueva esperanza repleta del calor de un desconocido para su familia, que por poco desfallecía. Antes de partir, el chico miserable se giró en dirección de ese salvador tan magnánimo y le dijo:

Juro que tu amabilidad será recordada.

Pasaron algunos días, en los cuales se repusieron todos en el hogar del chico pobre y miserable, entonces partieron a su verdadero destino. Ellos eran forajidos en una tierra que los perseguía incesantemente, un lugar que no deberían pisar ni por error. El chico miserable entregó sus bendiciones a su familia y volvieron a la marcha. Solo por las noches recorrían las estrechas calles del oasis, mientras que en las noches se ocultaban en diversos refugios y lugares públicos poco habitados. Y fue precisamente en una de esas noches, cerca del puerto desde el cual zarpan los navíos que abastecen al reno de Marsh y en los cuales, con suficiente astucia, se puede viajar de polisón, que el chico miserable y sus amigos quedaron de verse. Faltaban pocos minutos antes de que llegara la hora pactada, la única luz era la de una luna escalofriante y delatadora que brillaba en toda la extensión del cielo. La adrenalina al correr, mientras escuchaban las pisadas que casi rozaban sus talones, sonidos de aquellos que los perseguían, mientras contemplaban la posibilidad de ser descubiertos… aquello se tornó en una desesperada lucha para sobrevivir. Entonces, aquella imagen… el puerto a tan solo unas calles más… el corazón del miserable latía como nunca en su vida. Cada paso, cada pequeño espacio entre ellos y el puerto. Cada pequeño espacio entre él y su tesoro. Todo era una agonía. Y justo cuando pensó que estaba a salvo, una emboscada. Por la calle a su derecha, un grupo de al menos 10 guardias del sultán, a su izquierda, otros 10. Tras de ellos el reducido grupo de 20 soldados entrenados y listos para capturarlos en cualquier estado. Solo podían seguir corriendo, hasta el segundo en que un cuarteto de hombres cayó desde los tejados de la ciudad y se colocaron frente a ellos. El chico miserable tuvo tan solo segundos para reaccionar, pero en ese momento, su prometido lo arrojó contra una ventana, cayendo dentro de una casa que todos invadieron detrás de la familia que intentaba seguir con las órdenes de su único líder. Saltando entre ventanas, barras, puertas y paredes, la familia apenas y contemplaba la idea de salir con vida y el llegar al puerto se convirtió en un sueño cruel y lejano… una idea bastante estúpida. Justo en el ultimo segundo, en los movimientos mas lentos y a la vez, los mas veloces que haya visto, frente al chico miserable, a un centímetro de su rostro, uno de los soldados que salió de la oscuridad, blandiendo la espada mas blanca que jamás antes haya podido ver. Vio su vida pasar tan rápido como un rayo, como el viento que corre a través de su cabello. Vio a sus padres, a sus hermanos, a su amigo y a su novio… a su novio… plantándose entre el y la espada, empujándolo en dirección contraria a sus movimientos y salpicando su rostro con su sangre. En medio de la oscuridad nocturna, los leves ruidos de la tela moviéndose por la brisa de la media noche y el conocido sonido sordo de un cuerpo cayendo sobre la superficie seca, un ser que pudo haber vivido mucho más, pero que abandonaba su consciencia en ese lugar. El chico miserable se cubrió la boca y pegó su espalda contra la pared tras él, mientras que el hombre con la espada resplandecía gracias a la luz de la luna. Ese antifaz… esos ojos que lucían tan distintos a como los había visto la ultima vez. La misma persona le hizo sentir dos clases de calidez distinta: la de la ternura y la del odio intenso, que comienza a emerger de sus entrañas y que sofoca sus sentidos. Sin darse cuenta del último invitado en el lugar, salió por la ventana de nuevo y dejó que ese patético sujeto contemplara a uno de los que había salvado días atrás, morir.

Cuando la noche cayó y el día volvió a surgir, el chico miserable cargó el cuerpo de su prometido hasta una zona verde cercana a costa que perseguía. Cavó con sus propias manos y uñas el sepulcro de su única familia viva… hasta momentos antes. Con el día colocado, los soldados dejaban de buscar a los forajidos, así que su presencia entre las personas de la plaza principal se perdió. Pero en el instante en que contempló de nuevo a tan enigmático personaje, volvió a ocultarse entre las sombras para prestar atención a la charla de unos desconocidos. Daban los pormenores de la vida de ese sujeto, suficiente motivación para abordar el siguiente barco y dirigirse a las tierras en las que aguardaba su tesoro. El resto de su familia se había perdido y solo le quedaba la ilusión que lo había mantenido con vida hasta ese momento… solo eso…"

Los ojos de Stan habían comenzado a llorar, después de haber estado humedecidos por mucho tiempo. No pudo evitar sentir un nudo terrible en la garganta, opacado por el peso tan dañino sobre su alma. Se llevó una mano contra los labios, como si se reclamara a si mismo por llorar y atrajo sus rodillas sobre el asiento, a la altura de su pecho.
Craig apenas y prestó atención a sus movimientos, siguió mirando a través de la ventana, completamente seguro de haber logrado que el monarca guardara silencio el resto del viaje. "Un cuento inconcluso"– pensó al momento en que observaba algunas gotas de lluvia golpeando la ventana. Pero sabia a la perfección que esa historia era tan solo el comienzo y que Stanley estaba más informado que él respecto al resto de la historia.

– Tucker… – Susurró Marsh como pudo. Las lágrimas no parecían contenerse, no querían hacerlo en realidad. – Te juro que yo no tenia idea…

– Pero ahora la tiene… y pienso cumplir mi palabra. Aun puedo recordar su amabilidad… Por eso lo llevaré frente a Kyle Broflovski, tal y como lo desea… y así doy mi cuenta por pagada.

– ¿Y después de eso?

Pestañeó solo por una segundo, seguido de una mirada que hizo recorrer el mas frio de los vientos soplar a través de su espalda. Miró a Stan a los ojos, tal y como nadie nunca se había atrevido a ver, como lo miró por primera vez aquella ocasión en el desierto y como miró a sus ojos la noche frente al muelle.

– ¿Después?... Volverás a ser el tipo que mató a mi novio.

–O–O–O–

El palacio estaba, literalmente, forrado en pétalos de sakura. De algún lugar, formado por un conjuro, los pétalos aparecían en el techo y descendían como si estuvieran de pie bajo esos maravillosos arboles rosados de las lejanas tierras judías que habían desaparecido en manos del zarato siglos atrás.
Kyle no podía dejar de maravillarse, aun y mientras lo intentaban vestir lo más rápido posible con el kimono ceremonial para la boda y los múltiples pares de getas que intentaba colocarle su cortejo. El lugar parecía un paraíso hecho a su medida, pero comenzaba a recordar lo poco que a Cartman le gustaban esa clase de detalles, quizá el gordo estaría algo molesto al respecto. Eso le causaba gracia.

– ¿Y que tal estos? – Preguntó la princesa Heidi.

– ¿Bromeas?, ¡estos lucen mas! – Alexia colocó frente a ella otro par, tallados con pequeñas figuritas parecidas a flores de loto en la superficie.

– Pero estos son más nuevos – Corrigió Patty a todas las chicas.

Y peleando como si la boda fuera para ellas, el cortejo se alejaba de su soberano, que seguía sumergido en sus propios pensamientos. Pensamientos que poco antes había compartido con alguien más… pero sin saber con quién, razón que lo atemorizaba.

– ¡Toc-toc! – Gritó Clyde en el umbral de la puerta, antes de entrar de cualquier modo. – ¿SE PUEDE?

– Ya estas adentro… Clyde… – Respondió bajito el joven de acento francés. Era extraño, pero aquella era la primera vez en que el resto lo veía de pie.

– Pero bien podría correrme aun, ¿no?

– Venimos a acompañarte… si no te molesta.

– ¿Eh?, claro que no, Pip, Clyde, adelante… chicas, ¿me permitirían unos minutos?

– ¡PERO…! – Gritaron todas a coro, hasta que Nelly las reprendió con fuego en la mirada, como diciendo: "A la zarina nunca se le dice NO". – Con permiso…

– Propio.

– ¿Y que tal de nervios? – Fue lo primero que se le ocurrió preguntar al castaño, sacó una gota de a frente a los otros dos chicos.

– Nada… hasta que me lo recordaste…

– No te preocupes, Kyle… todo va a salir de maravilla. Cuando veas el patio trasero, ¡es un paraíso!, te volverás loco de felicidad.

– Pero si loco ya está… o eso me contó un pajarito… – Susurró traviesamente el más entusiasta, al momento que comenzaba a probarse todos los peculiares zapatos regados por el suelo.

– ¡Clyde! – Lo regañó Pip.

– ¿Te refieres a Tweek?, dime, ¿está muy enfadado?

– ¿"Enfadado"?, esa palabra jamás se usa cuando hablamos de Tweek, más bien… es… atemorizado… pero el no me dijo nada. Uno de los gnomos vino corriendo a avisarme que el emperador se había encerrado a llorar en su habitación.

– Oh, Dios… ¿llorar?

– No te preocupes, Kyle… Tweek es como yo, le entra sentimiento por cualquier cosa.

– Si, Pip, pero a diferencia de ti, que tienes a Damien, a Kyle poco lo protegerá Cartman–culo gordo cuando Craig se entere jajajajaja.

– ¿"Craig"?

– ¡Así es!, cuando sepa que hiciste llorar a su querido emperador…SSSSSSHHHHH ¡TAZ!, van a rodar cabezas.

– ¡Clyde!

– ¡Tranquilos, es una broma!... –Bajó la voz y habló solo para si mismo, evitando que los otros 2 lo escucharan. – El no corta cabezas… a lo mucho te cortara en pedazos…

– ¿Y este es tu vestido?, ¡digo!... tu… ah… ¡traje!

– No se preocupe, se que luce como un vestido… pero es la tradición de mi familia… de mi familia.

– ¿Sucede algo, Kyle?... – Tanto Pip como Clyde notaron la tristeza en el rostro del pelirrojo. Lucia como la depresión misma.

– ¡Ah!, debe ser por la sorpresa.

– ¿Cuál sorpresa, Clyde? – Preguntó Pip, sacando a Kyle de su meditación.

– Pues Cartman me dijo que no le dijera a Kyle que sus padres y hermano están afuera esperando para verlo.

– ¡CLYDE!

– Por eso dije: "dijo que no le dijera", solo no se den por enterados…

Parecía mentira lo que escuchaba… Cartman había llevado hasta ahí a su familia, a las personas que mas odiaba en el mundo entero… solo por él.
Corrió descalzo a través del largo pasillo hasta la entrada principal, donde había una terraza que tenia vista al patio trasero del castillo imperial, donde todo relucía brillante mármol cubierto de enredaderas decoradas con pequeñas esperas hechas de polvo de planta de café. Había una enorme fuente con agua rosa en la orilla del patio, justo donde un altar había sido colocado. Pregonando con una voz fuerte y bastante conocida por el pelirrojo, su madre peleaba con algunos de los sirvientes del emperador, que colocaba los manteles de una forma que, al parecer, no era de su agrado. Junto a ella, el señor Broflovski cargaba al pequeño hermano adoptivo de Kyle, intentando apaciguar el carácter de su mujer. En cuanto Kyle alcanzó a diferenciarlos de la multitud, sus ojos se llenaron de lágrimas leves y tibias. Lo único que había soñado, el día que tanto había esperado al lado de otra persona, estaba por volverse en realidad, pero mil veces mejor que en sus anhelos. Estuvo por correr en dirección de su familia, para abrazarlos, pedirles perdón por no escribir, explicarles tantas cosas… pero una mano lo sujetó firmemente de la muñeca y lo hizo detener su camino.

– Recuerda que es una "sorpresa" – Se trataba de Token, que había sido el único en notar la presencia del novio escurridizo. Conocía a la perfección a su querido "chocolate boca-floja", así que supuso que Kyle no podría aguantar el deseo de ver si todo aquello era real.

– Yo… ¿Dónde se encuentra Cartman?

– En la habitación de los Tweak en el tercer piso, después del corredor principal, a la derecha.

Y eso fue suficiente para echarse a correr de nuevo, pero con un propósito diferente esa vez.

–O–O–O–

– ¿Que puedo hacer yo?, ya no estoy en la tierra y no puedo subir por otros medios, no mientras esté vivo/muerto.

– Hay un camino, Kenny. Estás aquí por un sello que te colocó Craig, una maldición de pergamino. Si quemas ese pergamino, volverá tu alma a tu cuerpo, porque mientras no lo hagas, no podrás ayudar a Kyle en su pelea.

– ¿Cuál pergamino?, ¿Cómo lo destruyo?, ¿Quién lo posee?

– No hay duda, un hechizo tan fuerte debe de pertenecer a un Donovan, a la persona que tú conoces como Clyde.

– Pero Clyde murió hace años, Craig me lo dijo.

– Pues Craig te mintió, no solo está vivo… sino que está junto al emperador y Kyle. Craig se dirige a ese lugar y lleva consigo a Stanley y la espada del Abismo. Solo tienes hasta el próximo amanecer, si no rompes ese pergamino, tu alma no podrá volver a tu cuerpo físico nunca más.

– ¿Porqué?

– No estoy muy seguro, es una "cosa" entre inmortales y mortales… asuntos de dos mundos que nos afectan, pero que poco podemos hacer para enmendar. Solo debes saber una cosa, la joya que destruye a los Tweak ha estado perdida por siglos, ya no existe una sola persona que recuerde como luce. Tienes que hallarla antes de que se unan las 100 perlas.

– Butters… digo, si realmente eres mi Butters, ¿te das cuenta de lo que me pides?, ¿quieres que encuentre un objeto del cual nadie conoce su forma, que podría estar oculto en cualquier rincón del mundo?, ¿quieres que lo lleve a la boda de "Eric Culón-Cartman" y "Kyle Judío-Broflovski"?... porque eso es PERFECTO, ¿sabes algo, Craig?, hasta los tipos como tu tienen sentido del humor, ya basta, ¿si?... este cuento está tan retorcido que… Aaahh, ¡va!

– ¡No es un cuento, Kenny!, ¡y tu mas que nadie lo sabes!... tu me lo dijiste, hace mucho tiempo.

– Ajá, claro…

– ¿Ya lo olvidaste?, cuando vivías con el padre de Stan… todo lo que el decía respecto a este día.

– ¿"Este día"?, ¿que día es este?

– El día antes del fin del mundo.

– Yo JAMÁS escuché nada respecto al fin del mundo… conozco, eh… el final de la alianza, el final de mi vida… el final de… – Pero antes de seguir hablando sin control, Kenneth sintió el fuerte golpe de una bocetada contra su mejilla derecha. Entonces vio a Butters llorar con la mirada llena de enojo y decisión y supo que era cierto.

– Deja ya de hablar como un idiota… tu me prometiste que cambiarías y ahora… luces tal y como eras cuando fuiste a vivir con Kevin. Ese no eres tú. No quiero verte si serás ese "tu".

– Nada soy sin ti… Leopold Butters Stotch. Mi verdadero amor tiene mi corazón y yo el de él. Mi corazón me mantiene a él y a mí en uno. Mi corazón en él, sus pensamientos y los sentidos guía. Él ama mi corazón, porque una vez fue el suyo. Yo aprecio el suyo, porque en él me mantiene. Mi verdadero amor tiene mi corazón y yo el de él. Cásate conmigo. (*)

Tras escuchar esas dulces y, ¿por qué no?, dada la situación, irónicas palabras, Butters no pudo sino echar a reír. Su sonrisa avivó el corazón del rubio más alto e hizo desaparecer toda duda. En aquel lugar, alejado de Dios y sumergido en el dolor y la miseria, su ángel aguardaba.

– Solo tú podrías decir cosas como esas, en un lugar como este, en una situación como esta, jajá. – Secó el llanto con sus pequeñas manitas aperladas. – Pero yo…

– Lo sé, no merezco tu corazón… solo responde a una pregunta antes de partir…

– ¿Si?

– ¿Realmente eres Caos?

– Ya no más… "Mi verdadero amor tiene mi corazón y yo el de él. Mi corazón me mantiene a él y a mí en uno"… ya solo soy tuyo, Kenneth McCormick.

– Y te juro que volveré por ti…

"Nunca prometas algo que no podrás cumplir"

– Entonces mi corazón y el tuyo esperarán…

–O–O–O–

Con los pies cansados por correr, Kyle atravesó el palacio entero con tal de encontrar al castaño culpable de su llanto. Pasó cerca de muchos lugares y personas desconocidos, pero no se detuvo, ni porque varias capas de su kimono habían quedado atrás, en alguna sección del palacio, ni porque escuchaba los murmullos de los sirvientes que lo observaban buscar con los ojos empapados en llanto y la mirada como la de una fiera. No se entendía su real sentimiento.

Entonces llegó a la habitación deseada.

Abrió las puertas de golpe, como alma que lleva el diablo, pero en cuanto observó a Cartman colocándose una corbata por encima de la camisa, completamente despeinado y con el pantalón de vestir que usaban en las ceremonias de la corte en las Tierras Gélidas, comenzó a pensar que quizá no había sido tan buena idea… de hecho… comenzó a comprender que había exagerado un poco en su búsqueda.

– ¿Que rayos te pasa, judío?

Pregunta demandante… ¿Cómo debería reaccionar?

– ¿Judío?

Caminó, cerrando la puerta tras él.

– ¡Hey colorado!, ¿qué que te pasa?

Tomó vuelo antes de volver en sí, porque no debería escuchar a su cabeza… por una vez en su vida…

– ¿KYLE?

Y saltó encima de Cartman, lanzando todo su peso contra él y haciendo que el chico quedara pasmado por la sorpresa. Golpeó el suelo con su espalda, con el pelirrojo montado encima de el, y con el cabello revuelto por la acción.

– ¿Que carajo te picó?

– Trajiste a mi padres hasta aquí… no esperaste a que te lo pidiera…

– ¿Eso es lo que te enloquece?... ¡espera!... ¿Cómo lo?... ¡CLYDE!, le voy a cortar las bolas…

Kyle recargó su cabeza contra el pecho del castaño. No podía concebir tanta dulzura en el hombre que se había empeñado en odiar tantos años. Lo llamó "molesto", "judío", "bastardo", "hijo de puta", "colorado", "traidor" y miles de cosas más… pero estaba ahí, comportándose como el novio que cualquiera desearía. Le dio amor, comprensión, valor a su vida… ¿Cómo sería el resto del tiempo que les quedaba?

Se estaba enamorando… aun mas fuerte que con Stanley… mil veces más…

– ¿Estas feliz? – Preguntó sin voltearlo a ver a los ojos.

– ¿Parezco feliz?

– Pues no pareces enojado… y hasta ahora era la única forma en que te conocía…

– Pues entonces si estoy feliz, Eric.

Y sin que pudiera esperarlo, el pelirrojo robó un beso fuerte, pero bastante torpe, al que sería su esposo en tan solo una horas. Cartman abrió los ojos como platos y se cubrió de un rubor bastante molesto, a su parecer. No era el momento… no era que ese beso no lo hubiera empezado él… fue esa voz tan atractiva y electrizante, diciendo su nombre con toda sinceridad.

– Dilo de nuevo… – Le ordenó girándose y colocando al más pequeño bajo él. Kyle lo observó con asombro, desde su perspectiva, los hombros de Cartman lucían bastante grandes. Se preguntaba como era que Eric lo veía a él.

– ¿Que?

– ¡Eso ultimo que dijiste!

– No dije nada – Comenzó a volver al Kyle de siempre, apenado por verse en esa situación, sobre el suelo de la habitación imperial y con su futuro esposo encima de él. – Ya lo olvidé…

– ¡Judío mentiroso!, ¡te ordeno que lo digas!

– ¡Pero si tu a mi no me ordenas nada, culón!, ¡y ya suéltame, tengo que irme!

– ¡Suficiente, con eso tengo! – Y acorralando con sus brazos las muñecas de su colorado, Eric colocó su rodilla derecha entre las piernas del judío y la otra la colocó a un costado, evitando que se retorciera.

– Eric… ¡n- ¡ – Pero antes de escuchar una negativa, el castaño comenzó a besar lentamente los labios frágiles y cálidos de su querido judío. Era como, una pequeña pieza de terciopelo, con un sabor completamente distinto a cualquier otro alimento que hubiera probado. Era adictivo, fuerte… tenia un aroma que lo confundía y a la vez lo guiaba a través de su deseo.

Kyle estaba cansado de "las apariencias", de lo "moral"… de suprimirse y sufrir por ello. Amaba a Eric Cartman… ¡que locura!, jamás nadie lo creería… ¡AMABA A ERIC CARTMAN!
Era cosa de risa… lo amaba…

Cerró los ojos, tal y como había jurado que no actuaría, como una señorita… sintió como la lengua de Eric invadía su boca lentamente, explorando una vez más aquel intenso sabor que lo llenó por primera ocasión en el jardín de cristal. Poco a poco alzó su cabeza, cuando presintió que el beso agotaría con su dotación de aire vital… pero poco podía hacer contra el deseo de jamás terminar con el contacto.
Pensando con algo de "lógica", Eric contuvo como pudo su deseo ardiente por "actuar" sobre el judío y primero lo alzó con delicadeza del suelo, sintiendo esa cálida piel a través de las capas del kimono. Moría de deseo. Colocándolo sobre la cama, que por cierto, no era suyo, pero igual podía ocupar, se recostó con movimientos lentos, como si Kyle fuera un pequeño ciervo que reaccionaba asustado a los movimientos rápidos o bruscos. Volvió a colocarse, esta vez con todo su cuerpo entre las piernas del judío. Colocó su mano izquierda justo en el muslo del chico bajo él y comenzó a acariciar en el sentido de las prendas, abriendo ligeramente las capas blancas que lo cubrían aun, separando el contacto de ambas pieles anhelantes del otro. Con ese mismo brazo acarició, separándose en medio de un chillido de queja, hasta llegas al empeñe del pie, completamente extendido al aire. Pudo contemplar la pálida piel de esas torneadas piernas tan perfectas y no pudo evitar sentir que la sangre comenzaba a correrle aun mas rápido. Dio leves besos desde sus tobillos hasta la parte superior del muslo, no dejaba marca alguna más allá del sentir en la piel de Kyle, ese calor que ascendía junto al castaño bajo él y que lo hacia sentir un poco… solo un poco apenado. Y justo al llegar hasta donde "Kyle oponía mas resistencia", Eric volvió a besarlo, pero de una forma mucho más apasionada, intentando distraerlo de lo que realmente pretendía. Con una mano abrazó su costado, mientras que con la otra desató el obi por completo y acarició su pecho con las yemas de sus dedos, palando esa extensión del cuerpo que jamás pensó que conseguiría poseer, en el más romántico de los sentidos. Una vez que lo vio como Dios lo envió al mundo, supo que era el hombre mas afortunado de… no el mundo, sino el Universo entero. Acarició con dulzura los muslos del pelirrojo, mientras que este acababa con el beso en tan solo cosa de segundos, apartando su mirada por la pena que sentía al entregarse de esa forma a otro hombre. Cartman se acercó hasta su oído cubriéndolo de besos en el camino, y susurró con una voz enloquecedoramente erótica:

– "Te amo, Kyle"

Y con eso, colocó su mano, después de varias caricias en el abdomen, sobre el miembro de su querido. Kyle se sonrojó profundamente, pero evitó delatarse frente al "culón", no dejaría que lo viera en ese estado tan vulnerable. Puso su mano derecha ligeramente sobre su rostro, pero Eric, maléfico como de costumbre, la tomó y la colocó a un costado de su rostro. Sonrió como nunca cuando vió ese rostro tan delicioso, delicado, esbelto, tan perfecto… y ese ceño fruncido, ¡lo estaba disfrutando!, nada podía hacer para ocultarlo… ese judío no se saldría siempre no la suya…
Tomó con firmeza su miembro y comenzó a subir y bajar lentamente su brazo, sintiendo con cierta pena interna la circuncisión de su futuro esposo. Kyle se apenó aun más e incluso se opuso en un principio… sabía que habría un par de "aspectos" que le parecerían curiosos o conociéndolo perfectamente, le resultarían graciosos. Pero Cartman no lo arruinó, QUERÍA, mas no lo hizo.
Acarició con más velocidad, después se convirtió en una leve presión. Kyle hizo fuerza con sus piernas a los costados de Eric. Solo un par de movimientos mas y terminó en la mano del castaño. No podía medir la vergüenza que sentía en ese momento… en algún momento de su vida supuso que Stanley tendría que "llevar a cabo" sus obligaciones maritales… pero no tenia la mas mínima idea de cómo era o como se sentiría… era bastante placentero.

¡AL CARAJO SI ESTABA MAL!... se estaba entregando a su amor… a todo lo bueno en su vida.

Besó con hambre los labios del castaño, momento desconcertante para él. Lo abrazó dominante al cuello y sostuvo su respiración como si el aire tuviera algún veneno mortal. Eric cerró los ojos plácidamente y correspondió ardiente a ese beso tan arrollador que el judío le propiciaba.

Lentamente colocó su mano bajo la cintura de su joven amante, deslizándola ágilmente y separando de ese contacto entre sus labios al otro. Kyle gimió levemente ante la insuficiente voz para reprocharle acción alguna. No pudo evitar sentir nervios por lo que seguía… de eso si estaba bastante consciente.
Con sumo cuidado, Eric deslizó uno de sus dedos hasta la parte mas intima del colorado, pero en lugar de cooperación, recibió un rápido sentido de "defensa" por su parte y pudo palmar en todo el cuerpo pálido, ligero, suave y desnudo de Kyle como era que se estremecía y contraía los músculos. No era nada buena esa señal, no quería lastimarlo en la que debería ser la mejor sensación en su vida. Hundió su cabeza justo en el arco de su hombro izquierdo, acercando su rostro acalorado al oído de su amante, susurrando con una voz baja, profunda y bastante serena, dulces palabras de amor, deseos y anhelos que deseaba compartir únicamente con ese hombre, con el muchacho entre sus brazos. Quería hacerlo estremecer, pero no por el dolor, sino por toda esa lujuria que lo embriagaba a él de una forma total y que podría llenar a su pelirrojo también, de comportarse como debiera.
Kyle ignoró toda duda o preocupación, abandonó lo que sabia y se entregó a lo que Eric Cartman ponía en su disposición, total y desinhibido deseo. Apenas y sintió el aumento en cantidad de dedos dentro de él. No era tan solo "sexo", no era "hacer el amor", era más simple y complicado que eso, estaba lejos de acercarse a ello… se unían en una y mil formas.
En cuanto Eric sintió que estaba lo, relativamente más, listo para seguir adelante, se alzó de su posición junto al rostro de Broflovski y acarició de forma gatuna su espalda, tan fina y tersa, cubriéndolo de besos, de su marca. Porque Kyle sería suyo, no solo como una propiedad cualquiera, ¡por supuesto que no!, Kyle trascendía a todo eso. Era la fusión de todo lo bondadoso, amable y placentero entre Kyle y su corazón. Entró con toda la delicadeza posible, dado el estado de semi-inconsciencia por parte del placer incontrolable que recibía por estar ahí, que Eric posicionó las caderas de Kyle un poco más alzadas y cercanas a su miembro. Kyle, como correspondía en su posición, comenzó a dar leves jadeos lastimosos, no quería preocupar a Eric demasiado, pero en realidad aquello era bastante incómodo. Cartman seguía acariciando la espalda del pelirrojo, intentado apaciguar cualquier intención por salir corriendo del lugar… sabía que el judío era tan capaz… y jamás se lo permitiría. Con un movimiento completamente improvisado por el deseo y la sangre ardiendo cual aceite sobre un sartén, Cartman entró por completo en Kyle, haciéndolo estremecerse con dolor en todo su ser. No quiso permitirle una replica siquiera, así que se recostó de nuevo sobre su cuerpo y comenzó un vaivén de caricias, un ritmo casi poético entre su cuerpo entrando y saliendo de un hombre que lloró leves lagrimas de suplica antes de encontrarse envuelto en el ardiente deseo por ser poseído enteramente por él. No encontró forma en la que aquello podría sentirse mejor… con Eric entrando y saliendo a un ritmo que aumentaba su intensidad, el sudor de ambos mezclándose a través de caricias y besos que recorrían su espalda. Veía el cielo, las estrellas, el sonido de sus voces era aun mas bello que un canto… debería existir un instrumento que reprodujera semejante sonido superior a cualquier orquesta que hubiera escuchado jamás.

No necesitaban decir "TE AMO"… estaba implícito en sus acciones… y a veces, era mejor sentir como los corazones hablan entre ellos.

Cartman continuó acariciando el miembro de Kyle, sabia que ayudaría a desaparecer cualquier vergüenza que aun quedara en el joven pelirrojo. Kyle, por su parte, llamaba entre gemidos al dueño de su alma y de su ser.
Terminó por derramar de nuevo la prueba de que, sin importar que tanto lo desconcertara… Eric Cartman logró hacer que su corazón se detuviera en un segundo.

(*) Este… ah… no se como definirlo, vamos a llamarlo composición "semi-poética", es un dialogo sacado de la película "Elizabeth: La Reina Virgen", una de mis películas de época preferida y que he visto al menos 25 veces (y no exagero). Es algo que Lord Robert clama a Elizabeth en una escena sobre botes… solo quería que lo supieran, no me gusta piratear y encima no dar crédito jaja. Honor a quien honor merece .
¿Que tal?... me habría encantado hacerlo más corto, pero al verdad no se me dan los textos pequeños u_u lo siento en verdad. A lo mejor esperaban un lemon mas ardiente, pero esto es todo lo que mi imaginación da cuando se trata de dos tipos que (como Cartman y Kyle han demostrado en muchas ocasiones), se odian y aman cuando están en… "plena acción" XD.
No puedo dibujar jaja (para colmo de mis males… y tampoco tengo scanner ya, así que pufff, de lo peor). No he releído mucho este capitulo, así que disculpen las faltas de ortografía.
El dibujo que les dejo abajo, en realidad es una imagen que me encontré un día, hace ya demasiado, jaja, cuando buscaba CREEK por Google y me topé con esta, pero en inglés. La descargué y la pasé al español con Paint jajajaja. Solo véanla si ya han visto el capitulo en el cual los chicos buscan un sustituto para Kenny y que hacen una especie de Reality en parodia jaja. Creo que eso es todo. (NOTA: Se lee de derecha a izquierda, como si leyeran una página de manga).

La boda, Stan y Kenny se acercan jaja, pero yo ya escribí lemon CARYTYLE, así que ustedes deciden si siguen leyendo (claro que eso no significa que vaya a ser el único lemon de ellos que escriba, POR SUPUESTO QUE NO!, habrá mucho más).

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Antes de irme! XD, ¿les molesta que escriba de esa forma?, digo, pasar de una aventura a la otra jaja. Una amiga dice que no le agrada mucho cuando lo hago, pero es que yo escribo como si fuera una novela, no puedo evitar saltar de lugar en lugar… pero si los molesta o confunde, prometo ya no hacerlo n_ñ
Pues bien, eso era todo, jaja.

Cuídense mucho! (^o^)
Intentaré ponerme mejor para actualizar pronto.

By: Roglia15