La mañana estaba transcurriendo calurosa, todos los estudiantes estaban en sus respectivas escuelas. En el instituto privado de Shinra, en el salón 2-A se estaban dando las clases de historia. La mayoría de los jóvenes estaban sumamente dormidos, ignorando al viejo profesor que parecía tener un sedante en su voz. Solo dos jóvenes estaban despiertos, uno de ellos, de cabello azabache y lentes observaba en silencio un lugar vacío a su izquierda. La otra joven era rubia y tez morena, siendo la única que simulaba prestar atención.
—Nuevamente Hana-kun se saltó las clases –mencionó el azabache, Yohane.
—No me haré responsable si Sensei lo vuelve a castigar –respondió Alumi, que estaba a la derecha del Asakura.
—Ya ha pasado una semana de lo ocurrido en la cancha de básquet, y sigue yéndose para esta hora.
—Es porque no llegaría a la otra escuela…queda al otro lado de la ciudad.
—…Hana-kun… -dijo en voz baja.
La campana de las escuelas sonaron, dando fin a las clases de ese día. Hana estaba en la puerta de otro instituto, vistiendo la camisa blanca abierta y con las mangas dobladas hasta los codos, la polera negra debajo de esta, el pantalón de mezclilla verde, las sandalias de madera, los auriculares redondos naranjas detrás de sus orejas y un rosario blanco colgando en su cuello. Tenía una expresión neutral observando la salida de todos los alumnos. La escuela también era privada y se vestían muy parecidos al uniforme completo de Hana, solo que el escudo cambiaba de dos pinos verdes a un sol y una luna y, debido al calor que hacía, algunos tenían solamente una camisa y el jean. El rubio giró su mirada al tope de una de las paredes, como si buscase algo allí arriba, pero no había nada.
—Otra vez no vino…supongo que debe seguir exhausto –mencionó el rubio con un tono de desgano.
"Sé que estás agotado y malherido por todo lo que ocurrió…pero ¿por qué no estás viniendo?" Lentamente comenzaba a relatarse entre pensamientos lo que creía que pasaba, mientras comenzaba a irse para su casa. "Pasó una semana, la tía Nasoro pensó que tu también te habías muerto cuando realizábamos ese sello. Por suerte solo estabas inconsciente. Ella se quebró en llanto cuando por fin pudo hacerlo, ¿tan horrendo es el dolor de perder un hijo? Tal vez así se sintieron ellos dos cuando nos morimos en Medio Oriente. Al menos esa cosa de Kaonashi logró juntar los fragmentos del alma de Yohri, y pudieron regenerarla junto con su cuerpo. Ahora ambos están vivos, Yohri con algunos fragmentos de su memoria borrados por no haber encontrado todos, por eso ella está triste ahora. Ese demonio está sellado en un muñeco de papel, y no volverá a atacar a nadie pero… ¿Realmente ambos están bien?"
Entre pasos y pensamientos había llegado a la pensión. Aquel semblante neutral cambió rotundamente en el momento que vio un paquete al pie de la puerta, ya que pasó a ser uno de extrema felicidad. Okey, Hana feliz era más raro que un Hao dulce como la miel, así que significaba desgracia. Tomó el paquete y subió corriendo a su habitación, sin avisar que ya había llegado ni nada de eso. Al abrirlo en el cuarto, el samurái se manifestó al lado del rubio, viendo el contenido.
—¿Cómo lo consiguió, Amo Hana?
—Simple, la primera noche que se quedó entre despacio a tomarle las medidas.
—Si tan solo pusiese ese esfuerzo en las cosas de la escuela, no recibiría los castigos de sus madres –dijo con seriedad.
—No empieces con otro de tus sermones. Mamá Tamao salió a Kyoto, y extrañamente Mamá Anna también se irá por unos días, esto será excelente –se frotaba las manos maliciosamente, junto con una sonrisa que daba miedo y caminó directo a uno de los cajones de su ropa.
—¿Y ahora que busca? –ya Amidamaru tenía cara de resignación.
—Esto –le muestra un pequeño frasquito –Ya verás que es.
—Se meterá en problemas Amo Hana –con una actitud regañadora.
—¡YOH, ¿DONDE CARAJOS ESTÁS?! –ignorando completamente a su espíritu.
El rubio se guardó el frasco en el bolsillo y bajó corriendo a buscar a su padre, gritando como si no hubiese un mañana. El mayor se despedía de Anna en la puerta porque ella tenía que salir y que regresaría en un par de días. Mentalmente eso para Yoh era como mini vacaciones y por nada del mundo la detendría al contrario, estaba súper bien que su esposa viajara. Al verla alejarse y perderse de vista escuchó el llamado de la bestia, es decir su hijo. Sudo una gota a su vez soltando un suspiro para después entrar a la casa topándose con Hana.
—¿Qué sucede? ¿Por qué gritas?
—¿Tu espíritu de la tierra es muy dormilón no? Porque le hizo algo muy especial.
Si el rubio, quería que todo saliese bien tendría que tratarlo con cariño, puaj hasta pensarlo le daba asco. El rubio había cambiado completamente su actitud. DIOS, daba miedo ver a Hana de esa manera, sobretodo porque se notaba que lo forzaba. Incluso Yoh pensó por un momento que le habían cambiado a su Hana por un clon; ni siquiera sabía que responderle. Bueno si en realidad, pero sonaba complicado, así que trato de resumirlo lo mejor que pudo.
—Es normal que este dormido ya que hace bastante tiempo que no lo uso para una pelea…bastante tiempo… Además jejeje de que al usarlo me deja sin energías –se rascaría la cabeza un poco- ¿y ese cambio de actitud?
—Solo trato de mejorar las cosas…
A Hana le dieron ganas de insultarlo. Según él, en vez de aprovechar que se estaba comportando amable, le preguntaba así. Se fue hasta la habitación contigua, dejando a un Yoh completamente extrañado. Al volver, trajo consigo un nicho. Era de color marrón con detalles blancos, muy similar al color del espíritu elemental. Hana lo había comprado con dinero que él tenía. De donde podía siguió alimentando esa falsa amabilidad dando al punto que hasta el mismo se asqueaba.
—¿Crees que le guste para que descanse? –sostenía con fuerza el nicho, no porque le pesara, sino que era su forma de aguantar el enojo
—Ejejejeje… -El castaño no sabía ni que responder.
—¿Por qué no le preguntas a tu espíritu si le gustaría dormir aquí? ¿Sabes lo que gasté por esta cosa? –su tono se había vuelto ligeramente al que siempre usaba, sin embargo a los pocos segundos volvió a forzar la sonrisa.
—De acuerdo, lo llamare –cerró los ojos un momento poniendo su mano al frente y la pequeña hitodama salió de su pecho –aquí está… ¿por qué no se lo preguntas tú mismo?- le dice con suma calma.
El mayor seguía preguntándose por qué tanta amabilidad en Hana, hasta daba miedo. Parece que prefería al gritón de Hana ¿o será que ya estaba acostumbrado a la mala vida? El rubio no supo que hacer. Miró con expresión seria y regañante a su padre y luego al espíritu; su padre, espíritu, y así algunas veces mientras pensaba como decirlo. Lo que menos pensó es que tenía que decírselo a la hitodama. Pero como dice el dicho, una vez en el baile hay que bailar, por lo que tuvo que continuar.
—Mira –extiende el nicho enfrente del godaiseirei, abriéndole las puertas –Creo que es bastante cómodo ¿no lo crees? –Sudaba frío, si no aceptaba, estaba frito –¿Por qué no lo pruebas?
La hitodama, obvio, no tenía expresión ninguna, solo sus grandes ojos con cara molesta. Así que no se sabía si estaba encantado por el regalo o le estaba diciendo "jodete" por qué ni siquiera emitía ningún habla, haciendo un suspenso enorme en el menor, aunque solo hayan pasado unos segunditos. Si había algo con lo que no había nacido Hana era paciencia, por lo que esos míseros segundos se le hacían interminables mientras sus nervios se ponían de puntas al momento de querer tirar todo y dejarse de joder. Sin embargo esperaría, quien sabe cómo, a ver la reacción de la hitodama, si era que la tenía. Si fallaba tiraría el nicho por la ventana, o eso pensaba. Al final la hitodama entró y se recostó sobre el almohadón del Nicho en total silencio para después cerrar sus ojos, quedándose completamente tranquilo y quietecito.
—Mira parece que le gusto jejeje –que escena tan cómica para Yoh. De hecho el Espíritu de la Tierra era alguien muy caprichoso, hasta se le hizo raro que aceptara la oferta de su hijo.
—Si… -cuando vio que entró, el alma le volvió al cuerpo "primera fase lista" pensó mientras llevaba el nicho para dejarlo en la habitación de Yoh –Ya regreso y te preparo algo para tomar.
—S…si claro.
Okey, daba asco y a la vez miedo ver a ese Hana completamente transformado. Apenas giró para salir de la vista de su padre volvió a tener el mismo semblante de fastidio de siempre. Todo ese circo le estaba hartando y tenía ganas de gritar, sin embargo guardaba silencio para que el espíritu no se despierte. Colocó el nicho en un lugar cómodo para luego bajar corriendo las escaleras e ir a la cocina. Amidamaru lo veía con cara seria, no quería intervenir para ver hasta qué punto salían bien sus planes. Cuando llegó enfrente de Yoh, volvió a forzar la sonrisa y seguir con el acto. Ambos entraron a la cocina. El castaño lo hacía con pasos lentos mientras daba un bostezo. Daba un bostezo sentándose en una silla y descansar un poco. Quizá de ahí se pondría a escuchar algo de música. Ya mejor dejo ese pensamiento del extraño comportamiento de Hana aun lado, algo así no pasaba seguido.
—¿Qué quieres para tomar? –preguntó el menor, escondiendo una sonrisa maliciosa.
—Solo un vaso de jugo –estando con esa actitud holgazana y tranquila que molestaba al rubio.
—De acuerdo.
El menor tomó uno de los vasos del mueble y caminó hasta la nevera, tomando el jugo. Se aseguró de tapar el vaso disimuladamente para ponerle lo que tenía el frasquito que había guardado en su bolsillo y luego el jugo. Parecía jugo normal sin nada extraño, sin embargo la hitodama del samurái seguía observando a su shaman, intentando descubrir que había en el frasco. Hana trató de ocultar la sonrisa maliciosa a la que tantas veces había forzado ya y le dio el vaso a su padre.
—Ten, voy a buscar algo y vengo.
El mayor tomó la bebida, asintiendo y mirando como su hijo se iba tranquilamente a su habitación. Una vez que se quedó solo, cambio ahora si su expresión a una seria que muy pocas veces ponía, bebiendo el jugo con calma. De nuevo el sonido de las cigarras se oía tan claramente, demasiada paz; unas sensaciones que muy raras vez sentía. Sin embargo al pasar los minutos comenzaba a sentirse un tanto cansado como si el sueño le invadiera de repente. Hana le había dado un sedante que, a los 10 minutos de haberlo ingerido, la persona caía completamente dormida por exactamente una hora y media.
—Qué raro... quiero dormir un poco –bostezo nuevamente y al terminarse el jugo perdió la conciencia cayendo al suelo completamente inconsciente.
Hana ya estaba bajando las escaleras cuando escuchó el ruido de la silla correrse, dibujando una sonrisa maliciosa mientras sus ojos estaban cubiertos por la sombra de su flequillo. Llevaba en brazos la caja que había llegado, e ignoraba completamente los regaños de su samurái guardián. Se detuvo enfrente de su padre inconsciente sin borrar aquel semblante y dejó caer la caja justo al lado del rostro de este, dando la sensación que la muerte le venía, aunque claro esa sensación solo la pensaba Hana y Amidamaru.
— Perfecto…
El rubio se arrodillo abriendo la caja para sacar lo que había preparado tan celosamente, el arma con el que atacaría a su padre, ropa. Tenía alrededor de una y media hasta que el efecto pase así que se apuró en sacarle la vestimenta que el mayor llevaba con total incomodidad, más que nada en la blusa ya que tenía que sentarlo y en más de una ocasión se le había caído para el costado. Le puso como podía unos pantalones blancos y botas marrones en la parte de abajo, y ahora era lo más complicado, el torso. Un "Puta madre" se le escapó mientras le ponía la camisa blanca de mangas infladas porque se le había caído su padre hacia atrás, quedándose encima del menor. "Valdrá la pena, valdrá la pena" se consolaba a su mismo, todo para no perder la paciencia tan pronto. Pasada una hora y 10 había terminado de vestirlo y le terminaba de atar el cabello que parecía hippie en una cola alta y poniéndole algo que parecía una vincha. Terminada la tarea, le sacó una foto con esa ropa, pantalones blancos, botas marrones, camisa blanca e inflada en las mangas, chaleco de tela negro capa naranja y una vincha plateada y corrió a esconderse a esperar que los otros 20 minutos pasen. Tic… tac…tic…tac… era el sonido del tiempo que avanzaba, sonido de la manecilla al moverse dando fin al efecto del sedante donde Yoh empezaba a recobrar el sentido abriendo y cerrando despacio sus ojos, moviendo primeramente sus manos tocándose la cabeza como si fuera el efecto de una jaqueca porque estaba un tanto mareado.
—¿Qué…qué paso?... –se levantó usando la pared para recargarse en este y no caerse. Notó algo muy ajustado en sus piernas y al fijarse bien gritó sorprendido porque no sabía cómo rayos tenía esa ropa puesta –¿y esto qué significa?- se preguntó así mismo observándose por todas partes, no se explicaba cómo fue que termino vistiendo así
—¡HANAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
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Volvimos a la historia original, y como volvimos XD les aseguro que en el siguiente cap. se van a morir tanto de la risa como Yoh (SolYoh Jehoahaz Asakura en Facebook, hasta este momento) y yo (Alahanna H Asakura, hasta este momento también XD) lo hicimos mientras lo roleabamos. Hace rato que no lo digo pero como siempre el mayor crédito es de Yoh, ya que es ella quien arma casi todas las tramas del rol y sin ella y Anna nunca se hubiese hecho esta historia. Yo solo soy el que transcribe la historia adaptándola a este fic, pero casi toda la trama es de ella. Gracias a todos por leer "Hielo y Nieve" aunque tarde por la escuela y otros asuntos, sepan que me encanta leer sus reviews.
PD: No se asusten Anna vuelve :v
