- Así que en verdad es su novio…- Pensaba durante las clases. No podía dormir; para eso le hacía falta la indiferencia normal por el entorno que había sentido siempre aunque tampoco estaba muy interesado en la clase. Pero esta vez era diferente. Esta vez sí le interesaba saber lo que estaba pasando a su alrededor. Para ser sincero, le interesaba escuchar todo lo que pudiera con respecto a Kyoko Matsumoto. Lo bueno era que no tenía que hacer ni un esfuerzo para que el conocimiento llegara a él: para eso estaban las chismosas esas de su club de fans.
Kaede trataba de no pensar en lo que todo el mundo hablaba. Luchaba con la angustia de hacerse el indiferente y el deseo ferviente de saber más y más, qué hacían, que decían, qué conversaban, qué opinaban los demás: aunque fuese una tortura. Imaginaba que cada oración que contenía las palabras "Kyoko" y "Yohei", se trasformaban misteriosamente para resultar en "Kyoko" y "Rukawa". Lo único capaz de distraerlo sería el basketball. Pasara lo que pasara, siempre estaría el hecho de que era el jugador estrella del equipo, de que jugaba espléndido, de que lo disfrutaba, de que eso siempre lo haría sentir mejor. Además, su misión, hasta que lo consiguiera, sería convertirse en jugador número 1 de Japón. Sí, de seguro eso era lo mejor para él. Que no se te olvide, Rukawa.
En eso estaba, tratando de convencerse así mismo que el basketball era lo mejor para él, cuando vio a Kyoko caminando por el pasillo durante el descanso entre clases. Su primer impulso fue a acercarse a ella. Se puso de pie, y atravesó la poca distancia que lo separaba de Kyoko. Actuaba casi por puro instinto. A punto de llegar a su lado, vio que no venía sola. Yohei iba justo detrás de ella. Lo vio tomarle la mano; luego rodeó su cintura con su brazo. Se veían muy felices. Kaede conoció por primera vez el verdadero significado de la palabra envidia. Deseó con todo su corazón que ella recordara, sólo con eso se conformaba, que recordara el beso que ella le dio. ¿Lo recordaría? El no paraba de pensar en ello. En medio de toda su desolación, ese beso, su primer beso, se había transformado en la única luz que le daba alguna esperanza en su vida amorosa. La voz de Haruko lo sorprendió de veras.
- Ho-hola Ru-Rukawa… - Ya estaba sonrojada.
- Ah… hola.- Esta niñita le estaba impidiendo ver a Kyoko por unos segundos.
- ¿Cómo estás? – Estaba decidida a entablar una conversación con él. Ella confiaba, ciegamente, en que Rukawa estaba enamorado de ella. Por esa razón, no iba a desaprovechar la oportunidad, aunque se echara encima al club entero de admiradoras.
- Ah… bien… - ¿No pensaba irse?
- Yo me preguntaba si tal vez podía ir a verte a la práctica de basketball… - Fue lo primero que se le ocurrió.
- ……………………….
- Sólo si tú quieres, Rukawa.- Le sorprendía y cohibía el cambio de actitud de Rukawa. La vez anterior él había tomado la iniciativa en la "conversación". Era él el que la había buscado. No se explicaba el cambio que se había producido en él. Ahora se mostraba frío, distante, volvía a su comportamiento habitual.
- Pues… está bien.- dijo, encogiéndose de hombros.- Siempre vas a ver la práctica.- Y con eso dio por terminada la conversación, si es que a ese intercambio forzado de palabras se le podía llamar conversación. Dio media vuelta y volvió a la sala de clases. Trataba con todas sus fuerzas acallar el latido de su corazón. Vanamente, por supuesto.
Haruko no terminaba de entender el cambio que se había operado en Rukawa. Seguramente, estaba teniendo un mal día. Sí, de seguro era eso. No te preocupes, Haruko, mira que ese morenazo está loco por ti, no se te olvide.
Nada más lejos de la realidad.
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En medio de la práctica de ese día, Rukawa sintió apretarse su pecho cuando se dio cuenta que Kyoko estaba ahí, mirando la práctica. Lo habría disfrutado, si no fuese por que Yohei estaba con ella, abrazándola, como queriendo poner las cosas en su lugar. La hermana del capitán estaba con ella y cada vez que Rukawa acertaba un tiro o daba un excelente pase, le gritaba "¡Excelente Rukawa!", lo que sólo conseguía que su hastío y su irritación se acrecentaran más y más (además de un tremendo disgusto para el pelirrojo).
Unas horas atrás, luego de haber "hablado" con Haruko y de haber visto a Kyoko en brazos de Yohei, su mente divagó por las más locas ideas. Hasta pensó en frecuentar a la hermana del capitán, no porque le gustara, sino sólo por tener la oportunidad de estar cerca de Kyoko y de satisfacer su curiosidad de cómo era Yohei con ella. Pero en la práctica se dio cuenta que no la soportaba. Le irritaba su voz, su tono, su amabilidad, su sonrojo descarado; era sólo una más de esas niñas tontas que lo seguían por toda la preparatoria en sus falditas plisadas y pompones amarillos. La quería lo más lejos de él.
Llevaba cuatro clavadas seguidas cuando no aguantó más. Lanzó el balón lejos y se dirigió a las duchas. Todos se detuvieron.
- Rukawa, el entrenamiento de hoy no ha terminado aún.- El tono del capitán era calmado pero muy duro.
- …………………………
- ¿Qué no oyes, cabeza hueca? – El gorila a veces sí merecía su apodo. Al ver que Rukawa parecía no prestarle atención, le enfurecía. Más aún cuando ni siquiera se detenía.
- Me voy.
-¿Qué dices? – Gori no salía de su asombro.
- Me voy.
Suspiró. Se sentía hastiado.
- No quiero jugar basketball.
- Rukawa! – El equipo entero se paralizó por el asombro. Hasta el profesor Anzai, cuya calma era habitual, se puso de pie; nadie daba crédito a sus oídos.
Rukawa se volteó. Enfrentó cada una de las miradas de sus compañeros.
- No quiero jugar basketball.
Salió del gimnasio con sus pertenencias y el corazón abatido.
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- ¡Capitán, haga algo!- Ayako, junto a todos los demás, estaba consternada.
- ¡Akagi, no puedes dejar que esto pase! – Kogure hacía su mejor esfuerzo para permanecer tranquilo.- ¡Es nuestro jugador estrella!
- Si el quiere irse… - Gori parecía realmente preocupado. Suspiró.- No puedo retenerlo.
- Pero capitán…
- ¡Basta, Ayako! Debemos seguir con los entrenamientos. Recuerda que no es momento para desanimarnos. Aunque Rukawa no esté.
- Akagi tiene razón. – El profesor Anzai no parecía perder el control.- Rukawa tiene que superar sus propios conflictos antes de volver al equipo. Si es que vuelve.- este último comentario terminó de abatir al equipo de Shohoku. Hasta Sakuragi estaba mudo. Haruko estaba al borde de las lágrimas y Kyoko luchaba contra su impulso de salir corriendo tras de él. Al parecer, Haruko no aguantó la angustia y salió del gimnasio corriendo.
- Ya escucharon al director… ¡a entrenar! – El gorila no estaba dispuesto a ceder.
Lentamente volvieron a retomar la práctica que había interrumpido el propio Rukawa.
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Rukawa caminaba lentamente. No sentía apuro, sólo unas tremendas ganas de dormir por horas, de perderse del mundo. Se duchó lentamente, se vistió con desgano y se dirigió a su casa.
Iba a medio camino cuando sintió unos pasos apresurados a su espalda. No se molestó en voltear. No le importaba quien fuera. Le daba lo mismo.
-Ru…Rukawa... – Una voz casi sin aliento lo llamaba. Se volteó. Era Haruko Akagi. No quería hablar con ella. No le quería cerca de él. En cierta forma, la culpaba a ella de que Kyoko no se diera una oportunidad de conocerlo. Por eso sólo se volteó, sin tomarla en cuenta.
- ¡Rukawa, espera!
- Que quieres.- No se volteaba. No quería verla.
- Rukawa, no te puedes ir así del equipo.
- ¿Ah, no?
- Por favor Rukawa…- Haruko estaba al borde de las lágrimas.
- Déjame en paz.
- No te vayas por favor… - Se atrevió a asir su polera.
- Déjame.- La apartó violentamente.
- ¡Rukawa!- Se volvió a agarrar de él.
- ¡Te he dicho que me sueltes! ¿Es que no entiendes?
- Pero…
- ¡Sólo déjame en paz! ¡No te soporto! ¡Aléjate de mí! – La separó de él bruscamente otra vez.
- Rukawa, no me hables así, te lo suplico. Yo…yo te quiero…
- ¿Ah sí? Pues te lo diré sólo una vez: Yo no. Así que puedes quitarte todas esas ideas de la cabeza acerca de mí. Nunca me has gustado y nunca lo harás.
Haruko no daba crédito a sus oídos. Se paralizó por un instante. De pronto las lágrimas brotaron de sus ojos y sus piernas la llevaron lejos todo lo que pudieron. Se había delatado delante de Rukawa. Y él decía que no la quería. Más aún, él la despreciaba. No podía con eso.
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Cuando Kyoko fue a visitar a Haruko al día siguiente, le sorprendió ver cuán hinchados estaban sus ojos. Se notaba que había estado llorando. El capitán del equipo, Takenori Akagi, había ido a hablar directamente con ella, tan preocupado estaba por su hermana Haruko. Él le contó que Haruko no había salido de su habitación desde que había llegado a casa el día anterior, y que se escuchaba su llanto por toda la casa; tampoco había querido comer nada. Entonces por supuesto que Kyoko partió a verla apenas terminaron sus clases en la preparatoria. Ella imaginaba que la abrupta salida de Rukawa del equipo de basketball iba a entristecer a Haruko. Pero nunca a este punto. Cuando llegó a su casa, en compañía del capitán, temió que ella no quisiese verla. Pero, para sorpresa de toda su familia, Haruko le permitió la entrada de inmediato; necesitaba desahogarse con alguien. Con sus padres ni soñarlo; Takenori no lo entendería; Hanamichi partiría a moler a golpes a Rukawa. Sólo le quedaba su amiga Kyoko. Por eso no le negó la entrada a su habitación.
- Hola Haruko.- Trataba de sonar lo más casual posible, para animarla un poco.
- ¡Kyoko!- Haruko se lanzó sobre su amiga, echa un mar de llanto. Kyoko no supo cuánto tiempo permanecieron así, pues Haruko no dejaba de llorar desconsoladamente.
Al cabo de un rato que a Kyoko le pareció eterno, Haruko parecía dispuesta a hablar.
- Haruko…dime qué te pasa…
- Kyoko, yo…yo, soy una tonta…- Nuevas lágrimas brotaban de sus ojos.
- Vamos, dímelo…te fue mal en alguna tarea, ¿es eso?
- No.- Respiró hondo y prosiguió. – Ayer, después del entrenamiento, seguí a Rukawa.
Oh no. Al escuchar esas palabras, Kyoko imaginó de qué se trataba.
- Y… ¿qué pasó? – Kyoko rogaba al cielo que no fuera lo que ella pensaba. Por un lado, se moriría de pena de enterarse que Rukawa había rechazado a Haruko, pues detestaría verla sufrir por él; por otro, deseaba con todo su corazón que no hubiese pasado nada entre ellos. Nada amorosamente bueno, por supuesto: en el fondo de su corazón, aunque se empeñara en negarlo, sabía que no podría estar feliz con algo así.
- Él… - Haruko parecía hacer un esfuerzo tremendo para hablar.- Él… me dijo…
- ¿Te rechazó? – Kyoko no aguantaba más la tensión.
- Ojalá fuera sólo eso…
- ¿Qué pasó, Haruko?
- Él… me despreció Kyoko… me despreció, me dijo que no me soportaba, que me alejara de él…que yo…que yo…nunca podría gustarle…- Estas últimas palabras casi se perdieron en un sollozo de profundo dolor.
- Haruko… - Kyoko sabía lo desagradable que Rukawa podía llegar a ser, pero esto era más de lo que esperaba de él.
- ¿Te das cuenta, Kyoko? ¡Me despreció! ¡Y yo que pensaba que estaba enamorado de mí! ¡Y no lo entiendo! ¿Por qué se me acercó entonces?
Kyoko no sabía qué hacer ahora. Su voz interna no dejaba de decirle que ella sabía la verdad desde un principio…que ella le ocultó la verdad a su mejor amiga, que le hizo creer que sus sospechas eran ciertas, que Rukawa esta loco por ella. Kyoko había alimentado sus esperanzas. Debía decirle la verdad. Mejor no. Mejor no, Kyoko. Cierra la boca y que Haruko no se entere. No le hagas ese daño. Ella te necesita ahora y tú vas a estar a su lado para apoyarla y consolarla. Así que cierra la boca.
- No llores más Haruko…no vale la pena seguir así por alguien que no te quiere…
- No te imaginas cuántas veces yo me he dicho lo mismo…pero no dejo de pensar en él: sus palabras me retumban en la cabeza. Lo quiero, Kyoko.- Y se echó a llorar desconsoladamente en los brazos de su mejor amiga.
- Vamos, vamos, no llores más.- Decía Kyoko, mientras la abrazaba.
Kyoko pensó que tenía que hacer algo al respecto. Esto no podía quedar así.
