Los personajes en su mayoría son de Stephenie Meyer, salvo algunos cuantos que salieron de mi alocada cabecita. La historia es completamente mía.


– Capítulo 10 –

DECISIONES QUE CAMBIAN VIDAS

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Se giró por decima vez en la cama, miró el reloj en su muñeca para notar que no eran más de las cinco de la mañana. No había podido pegar un ojo, desde que puso la cabeza en la almohada miles de ideas rondaron por su mente creando posibles explicaciones para lo sucedido el día anterior. La intriga podía más con ella que cualquier cosa, incluso más que la confusión. Su madre siempre solía decir que algún día esa curiosidad suya iba a merterla en problemas. Claro que nunca se imaginó en una situación como esa, sintiéndose de alguna forma entre la espada y la pared.

Luego de cinco minutos, e incontables vueltas más en la cama, se levantó gradualmente evitando así despertar a su novio que dormía plácidamente a su lado, salió de la habitación entrecerrando la puerta con el mayor cuidado posible. Caminó lentamente hacia la cocina, después de todas las noches que había pasado en allí sabía donde se encontraba cada cosa.

Fue ahí, en la cocina, sentada en un banquillo tomando leche pensativamente, donde su novio la encontró bastante tiempo después.

—¿Qué sucede preciosa? – él se inclinó para abrazarla por la espalda mientras que le daba un beso en el cuello.

—No podía dormir.

—¿Por eso saliste de la cama?

—Si.

Riley la soltó para ubicarse en el banquillo a su lado, Jessica levantó la mirada del vaso para posarla en los intensos y somnolientos ojos celestes de su novio.

—¿Una pesadilla?

Ella prefirió no responder, no quería mentirle de no ser absolutamente necesario. Todavía tenía que hablar con Bella antes de hacer o decir algo de lo que pudiera arrepentirse después.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Por supuesto, adelante – él sonrió.

—¿Cuánto hace que conoces a Vanessa?

Él frunció el ceño por la pregunta, ya había notado cierta tensión entre su novia y su amiga pero en su momento no quiso darle mayores alcances. El hecho de que Jessica lo estuviera trayendo a colación en ese momento le daba a entender que lo que sea que sucediera entre ellas no había sido tan pequeño ni tan inocente como creyó en un principio.

—Algunos meses... tres tal vez – murmuró pensativo –. No recuerdo bien la fecha pero fue desde que comenzó a trabajar en el hospital, ¿por qué preguntas?

—Me intriga ¿Cuánto sabes de ella, de su vida, antes de eso?

—No sé Jessica, ella una vez mencionó que venía de Nashville – recordó él –. Tanya comentó que sus padres son divorciados y que no tiene hermanos, tiene un primo pero no sé donde vive. ¿A qué viene todo este iterrogatorio sobre Nessie?

—Quiero saber, nada más.

La observó detenidamente, sabía que las anteriores palabras no eran más que una mentira.

—¿Pasa algo con ella? – preguntó, la joven se removió incomoda en su asiento – Jessica, ¿sucedió algo con Nessie?

—No.

Entonces la mirada del hombre se agudizó.

—No estarás celosa, ¿verdad?

—¡Claro que no! – profirió alzando de más la voz, los celos eran lo último en lo que había pensado en referencia a Bella.

—Haces bien, Tanya dice que se siente atraida por Edward – entonces Riley rió –. Entre nosotros, Edward está loco por ella.

Jessica sonrió por primera vez.

—¿De verdad? Harían una bonita pareja.

—Estoy de acuerdo – admitió antes de regresar al tema – ¿Dime entonces cuál es el problema con Nessie?

—No te preocupes, solo algo que me resulta familiar, como si la conociera de toda la vida. Son tonterías mías – ella se acercó hasta su novio para dejar un beso en sus labios.

—No tienes que preocuparte, es una buena persona y seguramente ustedes dos se volverán grandes amigas.

—Estoy segura de que así será – murmuró, él no tenía ni idea de qué tan acertado estaba con eso.

—Volvamos a la cama, es muy temprano.

Ella se dejó arrastrar cuando Riley la tomó de la mano para llevarla a la habitación, los dos se acostaron juntos a la vez que él la abrazaba por la espalda. Pocos minutos después Jessica sintió la respiración acompasada de su novio a un lado, y aunque su mente continuaba trabajando sin descanso sus ojos también comenzaron a cerrarse debido al cansancio acumulado hasta que finalmente se quedó dormida.

Despertó cuando la luz del sol le impidió seguir su sueño. Poco importaba cuánto tiempo hubiese descansado la noche anterior o qué tan bien lo hiciese, llegaba un momento en la mañana, generalmente alrededor de las ocho o las nueve, en el cual le era imposible continuar durmiendo. Observó su reloj sin sopresa al notar que eran las nueve y cinco. Salió de la cama sin preocuparse por el ruido y se encaminó a la cocina para preparar el desayuno de ambos.

Media hora después, cuando el jugo, las tostadas francesas y el café estaban listos, colocó todo en una bandeja con la mantequilla y la mermelada de naranja y regresó a la habitación. Dado que Riley no pensaba despertar todavía ella imaginó que sería un lindo detalle llevarle el desayuno a la cama.

—Eh, dormilón... es hora de despertar – susurró ella en el oido del hombre, no pudo hacer más que sonreir cuando él giró el rostro alejándose de la voz que perturbaba su sueño –. Si no te despiertas te perderás de un magnífico desayuno, está mal que yo lo diga pero las tostadas francesas me quedaron increíbles.

Riley sonrió levemente con los ojos cerrados removiéndose entre las sabanas, no tardó más de dos minutos en abrir los ojos y ensanchar su sonrisa al contemplar el rostro de su novia.

—Estos son realmente unos buenos días – murmuró con la voz ronca –, debes dejar de atenderme tanto o voy a malacostumbrarme.

Ella rió.

—Mientrás sea yo quien te traiga el desayuno a la cama creo que no habrá problema.

—Seguro que algún día vas a arrepentirte de haber dicho eso.

Los dos desayunaron tranquilamente entre risas, Riley aceptó que las tostadas francesas de su novia eran las mejores que había probado antes, incluso mejores que las de su tía Esme y eso ya era mucho. Jessica rió cuando él le contó varios de los desastres que su madre había ocasionado en la cocina, pues si bien Elizabeth era una madre maravillosa, una mujer excepcional y una profesional de alto impacto, sus habilidades culinarias eran desastrosas.

Pasaron casi toda la mañana del domingo en la cama, sin tener que preocuparse por ir con el tiempo justo para entrar a trabajar o llegar a clases en hora. Se sentía realmente bien disfrutar un día de paz y tranquilidad.

Jessica llevó la bandeja con las sobras de regreso a la cocina mientras que Riley se metió en la ducha.

—Quiero que pasemos el día con Claire – habló él entrando en la habitación descalzo, con la toalla colgada en el cuello y vistiendo solo unos pantalones de mezclilla.

Ella dejó de tender la cama para observarlo curiosa.

—¿Estás seguro? – tenía que preguntar, sabía que para Riley su hija era lo más importante y ella compartía ese pensamiento.

Él asintió.

—Me gustaría pasar un día con las dos, quiero que se conozcan mejor – sonrió –. Sé que le has caído bien.

—¿De verdad?

No pudo evitar entusiasmarse con la idea, a ella la niña también le había parecido una pequeña dulce y tierna. Por supuesto que quería conocerla mejor y se sentía inmensamente feliz de que Riley también lo quisiera.

—Claro que sí, Abigail me contó que Claire cree que eres simpática y que tu cabello huele muy rico – los dos rieron con diversión.

Todavía le sorprendía la relación que tenía Riley con su ex pero podía comprenderla, e incluso admirarlos a ellos por llevarse tan bien después de un fallido matrimonio cuando ella ni siquiera podía ver a su antiguo novio a la cara. Claro que no eran situaciones diferentes pero el concepto básico es el mismo.

—Es una niña muy lista.

—Lo es, ¿entonces, te apetece una salida de tres?

Jessica abrió la boca para decir que sí cuando recordó a Bella. Por mucho que deseara compartir el día con su novio y la hija de éste no podía dejar pasar más tiempo sin saber la verdad. Era una situación que no podía esperar.

—Por supuesto que sí, me encantaría salir con ustedes pero tendrá que ser en la tarde.

—¿Por qué? – preguntó Riley con confusión.

Ella pensó en una posible excusa hasta que recordó que una amiga de la universidad había faltado a clases hace una semana y ella había tenido que llevarle los apuntes a su casa.

—Una tontería que se me pasó completamente – negó –, ¿recuerdas a mi amiga Tracey?

Él pareció meditarlo hasta que dio con ello.

—¿La morena que habla a gritos todo el tiempo?

—La misma – rió ya que dio en el blanco –. Tracey estuvo enferma la semana pasada y no asistió a clases, prometí llevarle hoy los apuntes de Diseño y Restauración a casa – explicó –. Ella quería que se los alcanzara ayer pero no quise comprometerme cuando era la fiesta de Claire, ¿no te molesta?

—Claro que no Jessica – Riley rodó los ojos.

—Serán dos horas a lo sumo, luego podemos pasar el resto de la tarde con Claire – sugirió.

—En una buena idea, hablaré con Abby para que se quede a dormir aqui.

Ella asintió.

—Me parece una estupenda idea.

Cuarenta minutos después Jessica salió de la casa de su novio después de despedirse de él con un beso prometiendo no regresar tarde. Le había dicho a Riley que primero tenía que pasar por su casa y recoger sus carpetas antes de ir con Tracey, sabía que eso les iba a dar por lo menos tres horas para hablar.

Una vez estuvo fuera, sacó su teléfono y marcó el número que Bella le había dado el día anterior para contactarla.

—Estoy libre, ¿puedes atenderme ahora? – preguntó nada más respondieron su llamada.

Era momento de obtener respuestas, de saber la verdad.

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Bella permaneció varios minutos mirando el teléfono a pesar de que ya habían cortado, torpemente lo dejó sobre la mesita de la sala. Decir que estaba nerviosa era poco, como si las cosas de por sí no estuvieran ya bastante complicadas, no quería ni pensar en cuál podría ser la reacción de Jessica al saber la verdad.

De cualquier manera todas sus posibles reacciones, incluyendo aquella que más beneficio le daba, no eran más que complicaciones a futuro. Fuera cual fuera la elección de Jessica eventualmente ella se convertiría en una pieza más dentro de un juego maquiavélico creado por una mente maligna. Ella estaría igual de involucrada que cualquier agente o incluso que Jacob, y no podía dejar de darle vueltas a la idea de que en algún momento eso podría ser más un problema que una solución.

En cuanto el timbre sonó Bella supo que el tiempo se habia acabado, era hora de ir para adelante y afrontar lo que se interpusiera en su camino.

Se hizo a un lado para permitir que la pelirroja entrara en su apartamento.

—¿Quiéres tomar algo? – preguntó tontamente.

—No, gracias.

Las dos se acomodaron en el sofá, una al lado de la otra pero inclinadas para poder verse claramente los rostros.

—Primero que nada quiero pedirte perdón – Jessica la miró confundida –, perdón por involucrarte en esto que no tiene nada que ver contigo. No deberías saber lo que voy a contarte pero ahora ya es tarde para eso.

—Estás asustándome – la pelirroja tomó las manos de su amiga y las apretó con suavidad –, ¿acaso estás en problemas?

Bella suspiró.

—Será mejor que comience por el principio.

Jessica asintió.

—Está bien – murmuró con calma pero todavía parecia preocupada.

—Como ya lo sabes, desde que salimos de Forks todo empeoró mucho para mi familia. Después de dos años de vivir en un infierno mis padres ya no aguantaron más la presión en sus vidas y se divorciaron. Ellos se amaban pero su amor no era suficiente, Charlie culpaba inconscientemente a mi madre por la muerte de Ángela, y sé que ella también se culpaba a sí misma por haberla perdido de vista ese maldito día.

—Eso fue un accidente – interrumpió Jessica sin dudar ni un poco de sus palabras –, no existe otro culpable que no sea aquel que acabó con su vida.

—Pero ellos no lo veían así. Desde el momento de la separación me fui a vivir con Renée pero las cosas tampoco mejoraron, ella siempre estaba deprimida, constantemente tomaba medicamentos que la dejaban al borde de la inconsciencia. Creo que era lo que más deseaba, escapar de la realidad aunque fuera por un par de horas, pero llegó un momento en el que ni siquiera eso era suficiente – Bella negó a la vez que se levantaba de su lugar, ya no podía permanecer quieta –. Ese día llegué a casa un poco más tarde de lo normal, y la encontré a ella tirada en el suelo de baño inconsciente. Se había acabado el frasco completo de antidepresivos de una sola vez.

—Dios, Bella – murmuró Jessica impactada, ella sabía la historia pero no los pormenores.

—Como sabes no murió pero tampoco quedó bien, todos decían que no era mentalmente capaz de hacerse cargo de una niña de trece años. Charlie tuvo que hacerse responsable por ambas, una idea que no le atraía la idea en lo más minimo. Mi madre acabó internada en una clínica psiquiatrica y yo bajo el cuidado de un padre al que en el último año había visto solo cuatro veces.

—No puedo imaginar lo difícil que debió ser todo esto para tí.

Bella no volteó sino que dejó que su mirada se perdiera a través de la ventana que daba directamente a la calle, resultaba más facíl hablar así.

—Los culpé a los dos, a Charlie por dejarnos solas cuando lo único que necesitabamos era a él y a Renée por no pensar en mí ni un poco cuando decidió tomarse ese frasco de pastillas. Estaba tan furiosa con ellos, tan enojada con todo el mundo... Charlie nunca estaba en casa, trabajaba tanto que incluso llegué a pensar que le dolía verme, que mi sola presencia le recordaba todo aquello que había perido.

—Eso no es verdad – aseguró la pelirroja intentando meguar la tristeza en la voz de su Bella –. Tal vez no lo parezca pero tu padre te ama, siempre lo hizo.

—Ahora lo sé – admitió llorosa –, con el tiempo he podido comprenderlo pero en ese momento solo veía que mi padre pasaba de mí. Paul siempre decía que Charlie no me odiaba, que estaba intentando lidiar con sus propios demonios, con la culpa que sentía. Y por un tiempo le creí, hubiera creído cualquier cosa que Paul me hubiese dicho porque era la única persona que estaba ahí. Pero entonces todo volvió a empeorar.

—El accidente – recordó Jessica, Bella asintió.

—Cuando sus padres murieron Paul sintió la necesidad de alejarse de todo aquello que se los recordaba, él no dudó en aceptar ese trabajo en D.C. y se marchó sin mirar atrás. La tomé también contra él en ese momento, le eché la culpa pues a mis ojos Paul también me había abandonado igual que todos los demás. Quería venganza, buscaba desesperadamente una salida de ese infierno cuando conocí a ese chico problema... – Bella se detuvo sabiendo que había llegado a un momento emblematico de su historia – Él, distribuía cristal.

En ese momento Jessica se quedó pálida en su lugar.

—¿Estás diciendo que...? ¿Lo hiciste?

Bella, que no parecía sorprendia por la pregunta de su amiga, negó suavemente.

—No, no lo hice. Antes tal vez si pero después de lo de Renée, no podría haberlo hecho. Sabía que me iba a meter en problemas si continuaba con él pero era demasiado joven y estúpida como para alejarme, tenía quince años y muchos deseos de molestar a mi padre. Lo seguí viendo por varios meses desde entonces, sabía que él consumía y que sus amigos también lo hacían pero no me importó porque me sentía cómoda con ellos, me sentía nuevamente parte de algo.

—Pero, pero... ¿él nunca intentó obligarte?

Bella negó.

—Una vez me preguntó por qué no quería, le hablé sobre mi madre y no volvió a insistir más en eso. Él era atento conmigo, tal vez era demasiado atento pero yo siempre se lo permití, nunca me obligó a nada. Obviamente todo esto no hizo más que empeorar mi relación con Charlie, me había convertido en un dolor de cabeza para él, sobre todo cuando debía ir a recogerme a la estación en las noches que salía con mis nuevos "amigos". Y fue en una de esas noches donde todo cambió nuevamente, mi nuevo novio estaba vendiéndole a unos chicos en una fiesta cuando llegó la policía. Intenté escapar, como todos, pero no logré hacerlo. Un hombre me descubrió, me tomó del brazo y me sacó de allí sin decir nada.

—¿Te arrestó?

—Él me ayudó – admitió sin ocultar la gratitud que sentía por esa persona –. Pertenecía a una agencia gubernamental, estaban llevando a cabo un operativo antidrogas y llevaban meses vigilándonos en las sombras. Ese hombre sabía sobre mí, y también sabía que a pesar de estar involucrada yo no era igual que ellos. Después de pensarlo él me ofreció un empleo, decía que tenía potencial y que podría llegar a ser buena con el entrenamiento adecuado. Acepté su propuesta y así entré en el FBI.

—¿El FBI?

—Ese hombre me entrenó y me convirtió en lo que soy ahora, un arma mortal. Una persona que puede matar de formas que otros ni siquiera imaginan – suspiró –. No creas que le reprocho nada. Jason Jenks me salvó la vida, me dio una oportunidad, una opción, y eso es algo que le agradeceré siempre.

—¿Pero eras menor de edad?

—Charlie estaba convencido de que pasaba mi tiempo en un internado para adolescentes con problemas de conducta pero la realidad era que estaba en con otros chicos a los que también habían tomado en situaciones similares. Estuve ahí hasta hace cuatro años cuando a mi mentor le ofrecieron el puesto de director general de la OCF en Nueva York y me llevó con él.

—¿Ahora trabajas en la OCF? – ella asintió – ¡Dios mío, Bella! Es muy peligroso.

—Es peligroso, a veces demasiado, pero fue eso lo que me salvó Jessica, encontré una forma en la que canalizar mi ira en algo en vez de hacerlo contra mí misma. La muerte de Ángela me marcó por completo y tú lo sabes – la chica asintió –. Además no todo fue malo, en ese lugar conocí buenas personas y amigos increíbles como Lauren y James además de reencontrarme con Paul.

—¿Paul trabaja contigo?

—Paul es mi jefe.

—Esto si no me lo esperaba, no esperaba nada de esto – admitió la pelirroja todavía impactada por lo que acababa de oir –. Pero todavía estoy confundida, ¿por qué estás aquí con un nombre falso?

Finalmente habían llegado el momento clave, Bella tomó aire para acabar con los secretos.

—Soy agente de la OCF, mi trabajo consiste en infiltrarme en distintos lugares para recolectar información.

—¿Estás estas vigilando a alguien? ¿Un delincuente?

—Eso es justo lo que hago, pero no es solamente un delincuente – admitió –. Me asignaron el caso de Leah.

La pelirroja se llevó las manos a la boca para tapar un gemido, el nombre de Leah era el último que imaginó escuchar en esta conversación, ninguna de sus ideas anteriores era ni remotamente parecida a lo que acababa de descubrir.

—¿Quién es?

—¿Mi objetivo?

—Por favor, necesito saberlo.

Ella sabía que no era necesario ir más lejos pero la mirada de Jessica pedía a gritos una respuesta.

—Edward Cullen.

No, no podía ser posible. Estuvo con ese hombre el día anterior, le había caido bien, había reido con él y le había contado cosas de su vida. Demonios, era el primo de su novio, y ahora también era el responsable de la muerte de su amigas.

—¡¿Estás diciendo que Edward mató a Leah?!

—¡No, claro que no! – la encaró Bella rápidamente – Estoy investigando a Edward como presunto asesino pero eso no quiere decir que él sea culpable. Es más, con sinceridad te digo que no creo que sea él el responsable de esas muertes.

—¿Cómo estás tan segura?

—No podría explicarlo Jessica, sólo lo sé. He convivido con Edward por meses completos, él no sería capaz de hacer algo tan horrible. Además, soy una agente entrenada, ¿crees que podría engañarme tan fácil?

—Bueno, pensándolo así, tienes razón. No conozco bien a Edward pero desde el principio me pareció un buen hombre.

—Es verdad pero todo está en su contra ahora mismo. Si no conseguimos pruebas de su inocencia antes de que termine mi tiempo en el caso él estará en graves problemas.

—¿Conseguimos...?

—Jacob. Jacob y yo.

—Debí suponer que estaría involucrado – Jessica negó –, ¿qué es lo que piensan hacer?

—No sé todavía, lo que sí tengo que pedirte es que guardes en secreto mi identidad. Soy consciente de que te pido demasiado pero necesito tiempo para aclarar todo esto.

—No tienes ni siquiera que pedirlo, Bella. Cuentas conmigo para lo que sea, lo que necesites – Jessica se acercó hasta su amiga para envolverla en un cálido abrazo – ¿Puedo hacerte una pregunta más?

—Por supuesto.

—Dime la verdad, ¿qué sientes por Edward?

Bella se mordió el labio mientras sentía que sus ojos comenzaban a humedecerse otra vez. Ya no podía seguir negándolo, o negándoselo.

—Lo quiero, lo quiero muchísimo, Jessica, con toda mi alma.

—Bella... – murmuró la chica entristecida.

—Sé que está muy mal pero no puedo evitarlo, él se ha convertido en alguien indispensable para mi. Lo que más me duele es que cuando todo esto termine Edward va a odiarme.

—Claro que no te odiará, Bella. Tal vez al principio se sienta enojado o engañado pero al final comprenderá que no tenías más opción, él tendrá que entender por qué has hecho todo esto.

Ella no quiso replicar pero sabía que no sería tan fácil como eso.

—Gracias por comprenderlo.

La pelirroja negó.

—Confío en que todo se solucionará pronto Bella, sé que así será, pero mientras tanto deja que las cosas sigan su curso.

Jessica se marchó del apartamento casi media hora después. Indiscutiblemente se sentía más tranquila ahora que sabía contaba con la confianza, la aprobación y el silencio de la chica pero la molestaba de sobremanera el hecho de seguir involucrando a sus amigos. Sobre todo en esos momentos cuando creía que el Merodeador sabía de su presencia, o al menos sospechaba de sus intenciones para con el caso. De todas formas ya no podía regresar a atrás, no podía hacer nada más que seguir el consejo de Jessica y dejar que las cosas sigan su curso.

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¡Hola a todos! Aquí otra vez y con un... interesante capítulo, por fin Bella admitió lo que siente por Edward pero todavía hay que ver qué hace con eso.

Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos que me ponen muy feliz. Me despido, como siempre, con un beso y hasta el próximo, Lila.