Disclaimer: Para mi desgracia ni Bleach ni el IchiRuki me pertenecen, todo es obra de Kubo Tite. Tampoco esta historia es mía, el crédito es para la escritora estadounidense Ebony Clark. Lo único realmente mío, es la adaptación y el trabajo que hago al reajustarla a Bürichi.

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CORAZÓN DE PIEDRA

Capítulo 11: Locos Enamorados

Sus piernas temblaron al escuchar pronunciar su nombre con extremada suavidad.

Había vuelto. Contradiciendo sus anteriores promesas, e iluminando las pupilas de la joven con su presencia, había vuelto. Estaba allí, y aunque había ensayado muchas veces lo que le diría en ese especial instante, se encontró con que no se le ocurría nada sensato que decir.

-Pareces sorprendida al verme. Yo también lo estoy, te lo aseguro.

-Ichigo... - la frase murió en sus labios ante la frialdad que adivinaba en sus ojos color miel.

-Sí, Ichigo. No soy ninguna aparición, querida, así que deja de mirarme como si acabaras de ver un fantasma, ¿podrás hacerlo?

Rukia analizó cuidadosamente su expresión, temiendo que la manera que tenía de arquear las cejas no auguraba nada agradable en su visita.

-¿Cuándo has regresado? -preguntó con timidez-. Debiste avisarme. Rangiku y su marido habrían estado encantados de que nos acompañaras esta noche...

-¡No me digas! -la interrumpió con sarcasmo, y ella se sorprendió por la forma en que el parecía querer ridiculizarla-. A esa amiga tuya no le caigo nada bien, y lo sabes. Será mejor que no nos engañemos.

-No seas ridículo -le reprochó, tratando de defender a Rangiku de su ataque, pero en el fondo sabía que él tenía razón. Kurosaki Ichigo no era precisamente santo de la devoción de su amiga, aunque él debía entender sus motivos.

-Soy realista -atajó y levantó hacia ella el objeto que había mantenido hasta entonces oculto en la oscuridad. Rukia se mordió los labios avergonzada al reconocer su vieja linterna, y se maldijo por haber sido tan descuidada-. Creo que esto te pertenece.

Se la entregó con brusquedad, y ella quiso inventar alguna rápida excusa que explicara aquello. Pero lo cierto es que la acusación que veía en sus ojos no admitía disculpa. Estaba furioso, y se controlaba para no descargar en ella su ira.

-Ichigo, yo... Lo siento -mintió. No sentía lo más mínimo haber descubierto que, al fin y al cabo, él seguía vivo y que ella le importaba más de lo que sus poco amables acciones querían demostrar-. No quise molestarte...

-¿De veras? Entonces debiste pedirme permiso antes de lanzarte a esa estúpida labor detectivesca, ¿no crees? -su voz sonaba mucho más dura ahora, y la joven tembló al ser consciente de ello-. Si estabas tan interesada en saber los detalles de mi vida, debiste dirigirte a mí directamente, Rukia. No me gusta que me espíen.

-Ichigo, te juro que ocurrió casi por casualidad -se esforzó en parecer convincente, pero a juzgar por su risa irónica, no lograba que sus palabras aplacaran su enfado-. Shikai y yo habíamos salido a pasear y...

El animal se acercó a él al escuchar su nombre, y restregó su hocico contra su muslo para recabar su atención. Pero él lo apartó con una mueca de disgusto en la boca.

-No me importa como ocurriera. Lo único que sé es que has invadido mi intimidad, Rukia. Y nadie te había invitado a ello, no tenías ningún derecho a hacerlo... Espero que cuando menos, hayas satisfecho tu curiosidad -apretó los labios contrariado-. ¿Encontraste lo que buscabas, Rukia? ¿Te sientes mejor ahora que ya conoces todos mis secretos?

Ella negó con la cabeza. ¿Sentirse mejor? No lo creía. Pero sí sabía que no podía haber seguido dudando de él por más tiempo. Él estaba convencido de que había actuado guiada por su simple curiosidad, y quiso gritarle que no era así, que no se trataba de eso. Todo cuanto hiciera para explicárselo era inútil. Él ya había tomado una decisión al respecto, y no estaba segura de poder cambiarla con unas cuantas disculpas atropelladas.

Aun así, quiso intentarlo.

-No espero que lo comprendas... -comenzó y le oyó reír con cinismo-. Pero merezco la oportunidad de que me escuches, Ichigo...

-¿Oportunidad? -repitió con un gruñido-. Utilizas con demasiada ligereza esa palabra, Rukia. No creo que conozcas su significado siquiera, pero yo sí. ¿Quieres saber lo que significa, amiga mía? Oportunidad es lo que los demás te niegan cuando estás muriendo por dentro, y necesitas una sólo palabra de aliento para poder seguir viviendo. Oportunidad es lo que los demás creen que no eres digno de recibir, porque has tenido la osadía de decir "no" al destino. Oportunidad es lo que la vida te arrebata cuando tu hijo de año y medio perece entre las llamas, y tu alcohólica esposa permanece con vida para torturarte con su recuerdo. Eso quiere decir oportunidad, Kuchiki Rukia. Es lo que ya no te queda cuando todo lo que te importa ha desaparecido. Así que no te atrevas a hablarme de ello cuando tengo tanta experiencia en ese tema...

-Yo sigo aquí, Ichigo... No he desaparecido -enfrentó la amargura de su mirada con todo el amor que era capaz de sentir, y él la observó con los ojos nublados por el dolor.

-¿Qué quieres que te diga? ¿Pretendes que te lo agradezca, que me olvide de todo sin más porque tú crees que es lo sensato? Ojalá fuera tan fácil como piensas... Pero no lo es, Rukia. No lo es.

Ella acarició su mentón con delicadeza, queriendo transmitirle su calor con aquella caricia. Quería que él supiera que compartía su pena, que confiase en ella y permitiese que le consolase al fin.

Pero él se apartó como si su mano le hubiera quemado y no pudiera soportar su contacto.

-No puedes saber lo que se siente, no puedes... Y no puedo pretender tampoco que lo sepas, ¿entiendes? Esto es algo mío, ¡mío! -él apretó contra su pecho la despedazada fotografía que acababa de sacar de su chaqueta, y Rukia reconoció en ella el rostro infantil que había visto en su estudio-. ¡Dios! ¿Por qué tuvo que hacer algo así? ¿Por qué permitió que yo viviera para recordar esto todas las noches?... No digas nada... -alzó su mano para impedir que ella hablara-. ¿Comprendes ahora por qué no tengo derecho siquiera a mirarte? ¿Comprendes por qué no puedo pensar ni por un segundo en hacerte feliz? Soy yo quien debería haber muerto aquella noche, Rukia... Porque fui yo, con mi furia, quien puso a mi hijo en ese auto... Y fui yo, y maldito sea por ello, quien lo mató... Y esté donde esté, y vaya donde vaya, siempre veo su pequeña cara mirándome a través de las llamas... Y te juro que no puedo soportarlo...

Ella intentó abrazarlo, decirle que no era culpa suya, y que no tenía derecho a decidir así que merecía pagar por ello. Pero el rostro de él era granito cuando la miró, y sus ojos tan fríos que las palabras se helaron en sus labios antes de poder salir.

-¿Y bien? ¿Puedes jurarme que ni por un momento has pensado que tuve mi parte de culpa en lo ocurrido? -su pregunta era más bien una súplica, pero ella no supo reaccionar a tiempo-. No te preocupes, no es necesario que contestes... ¿Dónde está ahora todo ese amor que me ofrecías, dónde ese calor que alejaría todos mis fantasmas? Eres tan frágil, tan honesta e inocente... Te miro y no hago más que maldecirme al saber que jamás podré tenerte... Porque no puedo perdonarme por lo que ocurrió, y no puedo permitir que pagues por ello, ¿puedes comprenderlo? He sido un necio por creer lo contrario. Perdóname, Rukia... Pero no puedo ser tu puerto, ni tu consuelo, no soy ni la mitad de hombre de lo que tú mereces... No puedo ser nada para ti. Porque no soy nada para mí mismo, ¿lo entiendes? Y no tengo nada que ofrecerte...

Ella quiso gritarle que se equivocaba, que podía ser fuerte por los dos, pero algo se interponía entre ellos, y no era su propia voz... Algo más poderoso que cualquier muro se estaba levantando para alejarle de ella, y no estaba segura de poder luchar contra ello.

Porque, ¿cómo podía salvar a quien no desea ser salvado? Él estaba decidido a seguir hasta el final con aquella penitencia que se había impuesto.

-¿Por qué has vuelto, Ichigo? -se atrevió a preguntar, y él la miró como si se hiciera interiormente la misma pregunta-. ¿Qué es lo que esperas realmente de mí?

Los dedos de él dibujaron el contorno de su cara con adoración, casi con miedo, y la joven cubrió aquellos dedos para evitar que huyera de nuevo de su contacto.

-No lo sé... -contestó con tono cansado-. Sólo sé que no podía estar lejos por más tiempo. Los meses anteriores me han parecido un absurdo circo donde tú no estabas, y yo era la atracción principal... Es una locura, pero al recordarte, me decía a mí mismo: ¿Y si esa mujer estuviera lo bastante loca como para querer compartir mi vida? ¿Y si pudiera despertar a mi lado cada mañana, ignorando la opinión de los demás? ¿Y si pudiera olvidar a esa otra mujer que agoniza en un hospital, y mirar a todos con valentía para demostrarles que no le importa lo que quieran murmurar? No tengo valor para pedirte eso, Rukia. Pero sería tan maravilloso si fuera posible... Como una bendición del cielo que aliviara mi dolor al mirarte, una bocanada de aire puro entre tanta mezquindad...

Rukia pensó detenidamente en sus palabras. No parecía cuestionar si ella era capaz de afrontar lo que decía. Más bien, parecía querer averiguar si él mismo sería capaz de superarlo todo para aceptar lo que ella estaba dispuesta a ofrecerle.

El pelinaranja la observaba en silencio, analizando cuidadosamente la expresión de la joven. Había tanto afecto en aquella mirada, en la forma en que ella acariciaba su mano con lentitud... Era cuánto podía desear, todo cuánto podía necesitar para seguir viviendo. Y sin embargo, sentía que era egoísta por su parte pretender que cargara con sus problemas. Ni siquiera se atrevía a pensar en ello, aunque la idea le rondaba desde el mismo momento en que había viajado para alejarse de ella.

-¿Me odias por decirte todo esto? -inquirió nervioso. Una parte de él deseaba que fuera así, ya que no tenía voluntad para despreciar el inmenso amor que leía en sus ojos.

-Sabes muy bien que no, Ichi -ella esbozó una sonrisa triste y se sentó en la escalinata, invitándole con la mirada a que la acompañara-. Me temo que eres tú quien se odia, y creo que incluso disfrutas con ello. Quieres escuchar de mí palabras que te hieran, porque tienes miedo a la verdad. Temes que mi amor te haga cambiar de parecer, y la idea te asusta... Te gustaría poder huir de mí, y justificar tu huida pensando que soy igual al resto de las personas que te han hecho daño. Pero no soy como ellos... No me importa si has matado, robado, estafado, o si eres un ser de otro planeta que acaba de aparcar su nave en mi jardín. En este momento, te aseguro que lo único que me importa es lo que sientes... No por tu esposa, ni por ese hijo que todo tu rencor no te devolverá, sino por mí. Por Kuchiki Rukia, Ichigo, una mujer sencilla que no sabe nada de tu mundo, pero que te ama más que a nada y está dispuesta a compartirlo, si tú quieres...

El ladeó el rostro, y sus miradas se encontraron para que pudiera ver la profundidad de sus sentimientos, la sinceridad de sus palabras.

-¿Si quiero, dices? Resulta gracioso oír eso, cuando no puedo pensar en otra cosa que no seas tú... Pero aun así, no basta con quererlo, cariño...

Rukia apoyó la cabeza sobre su hombro. Su cuerpo se estremecía ante el calor que el cuerpo masculino le proporcionaba. Y sin embargo, no estaba nerviosa, no temía a sus propios sentimientos, ni a los que adivinaba en la oscura mirada. Se diría que aquel momento de confesiones era como una especie de terapia que calmaba sus miedos. Porque sabía que él no estaba luchando contra ella, sino contra él mismo. Y aunque le compadecía por ello, no podía dejar de pensar en que su amor era lo bastante fuerte como para que no escapara de nuevo. Estaba allí, con ella, y no necesitaba prueba alguna más que lo que su corazón albergaba.

-Inténtalo, Ichigo... -murmuró sobre su oído, y él arqueó las cejas sin comprender-. Intenta quererme, deshacerte de tu pasado... Sé mi amante, mi amigo, lo que sea que quieras o puedas ser para mí. Después de todo, ¿qué podemos perder?

Ichigo clavó en ella sus ojos de color miel, sorprendido por la facilidad con la que afrontaba el riesgo para llevar un poco de luz a su vida. Era valiente aquella chica, y él se acobardaba por momentos al descubrirlo una vez más.

-Rukia... ¿De qué hablas? -preguntó en un susurro, y la joven sonrió al percibir la sorpresa en su tono de voz.

-Lo sabes perfectamente. Me estoy declarando, Ichigo. Te estoy pidiendo que vivas conmigo, en pecado o con la bendición de Dios, lo cierto es que me da igual. Tal y como dijiste en una ocasión, estoy tratando de seducirte y quiero que seas muy consciente de ello, porque no pienso arrepentirme ni dejar que te arrepientas. Ya lo sabes, así que tienes dos opciones: echar a correr o aceptar lo que te ofrezco. Elijas lo que elijas, te seguiré amando, pero si te soy sincera, preferiría que aceptaras. Mi vida es lo bastante aburrida y vacía como para pasar los próximos cincuenta años esperando tu decisión.

-Rukia, yo...

La joven le besó con dulzura en la mejilla, poniéndose de pie con lentitud y golpeando con suavidad su hombro en un gesto que a él le pareció tan encantador como malicioso.

-Puedes pensarlo, Ichigo. Seguiré aquí mañana... -se mordió los labios, acallando las protestas de su conciencia por la mentira que iba a decirle. Sabía que no estaba bien, pero su fin justificaba con creces los medios, y siguió hablando-. Por cierto, creo que debes saber que, aunque te quiera durante el resto de mi vida, es mucho tiempo para pasarlo en soledad. Shiba Kaien está enamorado de mí, y pienso darle una oportunidad si decides que lo nuestro no merece la pena...

El hombre se levantó de un salto, enfrentando su mirada con dureza, como si quisiera averiguar si se trataba de una broma o sería capaz de llevar a cabo aquella absurda idea.

-Tú... Tú no le amas...

-¿De veras? Lo siento, amor mío, pero te toca mover. Y te recuerdo que la vida de tres personas, incluyendo la tuya, está en juego. Así que procura no equivocarte. Buenas noches, Ichigo y... Feliz Navidad.

-Espera...

Demasiado tarde. Ella había desaparecido, cerrando la puerta a sus espaldas. ¿Se había vuelto loca? Algo en su interior le decía que no era más que un farol. Sólo intentaba presionarle para que tuviera por fin el valor de reconocer que no podía vivir sin ella. Pero, ¿y si no lo era? ¿Y si cometía la estupidez de entregarse a un hombre por el que no sentía más que un afecto sincero? Shiba Kaien le parecía un buen hombre, pero no le apreciaba lo bastante como para permitir que hiciera suya a la mujer que hacía que la tierra temblara bajo sus pies.

Sacudió la cabeza malhumorado. Ella jugaba con él intencionadamente, y quería odiarla por ello, pero sabía que no podía hacerlo. La admiraba, la encontraba deliciosa incluso enviándole aquel devastador ultimátum, arrollándole y anulando su voluntad con la dulzura de sus amenazas.

Respiró con dificultad, mientras se sentaba de nuevo para reflexionar sobre lo que ella le había propuesto. Apenas a unos metros, tenía todo cuánto podía hacerle feliz. Y sin embargo, era tan difícil decidir...

-Feliz Navidad, cariño... -dijo entre dientes, apoyando la barbilla en la palma de su mano, y acariciando con la otra al animal que le observaba con curiosidad-. Bueno, Shikai, ¿qué me aconsejas? Parece que tu ama ha puesto por fin las cartas sobre la mesa...

El perro aulló largamente a la luna, moviendo su rabo para acompañar sus sabios consejos. Después se echó a sus pies, y el hombre frunció el ceño, confundido ante lo que le había parecido una sonrisa canina especialmente dirigida a su interlocutor.

Necesitaba dormir, pensar con claridad... Se dirigió a su casa, preguntándose aún si aquel chucho había intentado realmente decirle algo, o era fruto de su imaginación que comenzaba a jugarle malas pasadas.

-Qué diablos...No es más que un perro... -pero en el mismo instante en que trataba de auto convencerse de ello, el agudo ladrido de Shikai llegó a sus oídos, y no pudo evitar reír histéricamente ante su propia locura.

Continuará…

Bueno, esta vez no tardé mucho en subir un nuevo capítulo, espero que sea de su agrado. Y si bien, esta vez no recibí reviews -la verdad sea dicha- sí me sorprendió gratamente que agregaran esta historia a sus Alertas y Favoritos, aún después de tanto tiempo.

Nos veremos en la siguiente actualización. Y bien, les dejo un pequeño adelanto:

-Ichigo, te vas a arrepentir de esto... Te recuerdo que aún tienes muchas deudas que pagar. Esa alcohólica mujercita tuya te necesita...

-…

-Verá, yo... Bueno, lo cierto es... ¡Diantres, no sé cómo empezar! -estalló sin poder dominar por más tiempo su nerviosismo-. Está bien, seré lo más claro posible: ¿tiene usted la más mínima intención de proponer a la Srta. Kuchiki que sea su esposa? Sé que es una indiscreción preguntarle algo tan personal, pero le juro que es absolutamente necesario que yo lo sepa...

-…

-Tenía que decir adiós a su pasado, por mucho que le doliera reconocerlo, y aquel era un buen momento para hacerlo.

Saludos, Joey Kuchiki9474.