La siguiente vez que la besó lo hizo más lentamente. Cerrando los ojos pese a que Candy lo miraba fijamente. La recostó en la cama y comenzó a acariciarla. Primero le besó el cuello, siguiendo por los hombros. Aspiró el perfume que se percibía delicadamente. Acarició sus senos, haciendo círculos con sus dedos alrededor de los pezones. Candy gemía débilmente, pero lo miraba fijamente. Cuando Terry bajó su cara a la altura de sus pechos, comenzó a lamer los pezones, mordisqueando, mientras ella se arqueaba hacia él.
Para éste momento, Terry ya había despojado de su ropa interior a la rubia. Con su mano derecha comenzó a acariciarla, comprobando su humedad y con facilidad metió su dedo corazón en el interior de ella. Con la izquierda rodeaba su cintura, levantándola para que quedara sentada sobre la cama. Candy gemia y se aferraba a las sábanas con fuerza.
La colocó boca arriba en la cama y se puso entre sus piernas. La penetró rápidamente y comenzó a mover sus caderas. La mirada penetrante de la chica comenzó a ponerlo incómodo.
-¿Por qué me miras? –Preguntó Terry
- Shhh –Lo calló la rubia mientras echaba la cabeza hacia atrás.
Candy se movió para zafarse del vaivén y se arrodilló en la cama de espaldas a Terry, dejando muy en claro cómo quería seguir con la faena. Los gemidos de la chica inundaban la habitación. Por último se zafó de nuevo, tomó a Terry del brazó y lo puso boca arriba, sentándose sobre él y moviendo sus caderas. Primero lentamente y luego aumentando la velocidad hasta que tuvo su orgasmo, Terry se zafó al sentir que también llegaba al climax. Terminando fuera de ella.
Se quedaron recostados. Candy seguía sin decir nada desde que Terry irrumpió en su habitación. El silencio no era incómodo, ni agradable. Sólo era eso. Silencio.
-Supe por ahí que Susana Marlow y tú se traen algo.
Terry palideció ante estas palabras. "No ha dicho nada en todo el puto rato y viene con eso"
-Algo de qué?
-No te hagas el tonto –La chica se levantó de la cama y con parsimonia comenzó a vestirse. –La compañía de teatro lo sabe. No se hablaba de otra cosa en los ensayos. Desde que comenzaron los rumores de que pondrían en escena Romeo y Julieta se hicieron las especulaciones de los protagonistas. Y obviamente, de los chismes.
Terry se levantó y le tomó del brazo. ¿Cómo era posible esa frialdad en ella? Lo había dicho sin ningún tono que denotara celos, reproche o dolor. Era como si le estuviera leyendo los encabezados de la sección de Finanzas del New York Times.
-¿Quién te lo dijo?
- Sólo era un comentario querido Terry, no es para que te alteres. No es que nosotros tuviéramos algo. –Se zafó del agarre y comenzó a retocar su maquillaje. El chico comenzó a vestirse también, visiblemente frustrado. No era el encuentro que tenia en mente. Tenia que decirle lo estúpido que había sido no llevarla con él cuando dejó San Pablo. Que no había dejado de seguirla por las noticias que salían en los periódicos. Cuando se enteró de su adopción, cuando asumió el control de los negocios Ardley, cuando supo que estelarizaría la obra de Walker. Había inventado mil excusas para colarse donde ensayaba, pero la seguridad del teatro –que mas tarde se enteró que era exigida por Candy –no lo dejaba pasar del pasillo. Obviamente tampoco esperaba acostarse con ella. Y definitivamente después de eso no esperaba que ella dijera lo que dijo.
Candy sentía su sangre hervir. Terry no se había molestado en desmentirlo. Vio por el espejo su cara de frustración y se sonrió a si misma. No iba a dejársela fácil. Una cosa es tomarla con deleite, pero otra, era ganarse su corazón. De nuevo.
