Nota 1: Ninguno de los personajes me pertenecen estos son creación de Sir Arthur Conan Doyle y en su maravillosa adaptación moderna de Steven Moffat, Mark Gatiss y BBC. La historia es de mi completa autoría sin ánimos de lucro.

Nota 2: Este fanfic está formado por un grupo de drabbles que participan en la actividad "¡Escribe si puedes!" para el 4to. Aniversario del foro I am Sherlocked".

Nota 3: Teen!lock, amistad, enemistad, celos, inicios de un romance, John/Mary, Sherlock/Victor, Sherlock/John.


Resumen: Los Señores Holmes organizaron una carne asada para celebrar la reanudada amistad de sus hijos, así como el ingreso de éstos a la prestigiosa Universidad de Cambridge.

En éste drabble la palabra que elegí fue: "Estamos en la misma página"


Amigos, enemigos o algo más

Carne asada

Finalmente, Sherlock y John se habían decidido por compartir en Cambridge un pequeño departamento en Hills Rd, ubicado justo en medio de la facultad de Medicina y Química, a escasos 10 minutos de cada una, tenía un baño, estancia, una pequeña cocina y compartirían recámara porque contaba solamente con una habitación, lo cual no parecía molestar a ninguno de los dos.

Aún faltaba un mes para que pudieran mudarse y tanto Sherlock como John ya tenían la mayor parte de sus cosas guardadas en cajas, estaban ansiosos por comenzar con esa nueva etapa de su vida. Una vez que terminaron con los trámites para la Universidad y firmaron el contrato de arrendamiento, pareció como si su amistad jamás hubiera sido afectada, se veían casi todos los días, pasaban varias horas en el cuarto de Sherlock leyendo; en el caso de John comics mientras que el pelinegro alguna revista científica, o en casa del rubio jugando videojuegos, los viernes de películas y comida chatarra se habían reanudado, todo era como antes, bueno casi todo, porque ahora estaban esas miradas contemplativas llenas de anhelo cuando alguno de los dos estaba distraído, las coquetas sonrisas que lograban ruborizar al otro y los pequeños roces que les hacían temblar las rodillas, la distancia que había entre ellos cuando salían a caminar era menor que antes y curiosamente Sherlock ya no ponía objeción alguna cuando John quería ir al cine, anteriormente era un triunfo para el rubio lograr que su amigo lo acompañara, ahora ni siguiera lo cuestionaba.

Los padres de ambos estaban felices de ver a sus hijos tan unidos nuevamente, además de ya no tener que aguantar su mal carácter, ahora siempre se les veía de buen humor, eso aunado a que habían sido aceptados en la prestigiosa Universidad de Cambridge era algo digno de celebrarse, por lo que organizaron una carne asada en casa de los Holmes.


El sábado por la mañana John pasó por Sherlock para acompañarlo al Borough market que quedaba a escasas cuadras de su casa, con la finalidad de comprar todo lo que necesitaban para la celebración; Carne, salchichas, verduras e incluso un delicioso pastel de Baileys del famoso puesto de la Señora Aldrich.

Sherlock y John caminaban por el mercado platicando animadamente, al pasar frente a uno de los puestos de quesos un Señor adulto de cabello canoso y rostro simpático se les acercó para regalarles una muestra.

—Prueba nuestro delicioso queso Cheshire –dijo el hombre alargando una charola con muestras del queso en dirección a John, quien tomó un pequeño trozo–, toma otro para tu novio –volvió a decir el hombre con una amable sonrisa.

Ambos chicos quedaron paralizados, los colores se les subieron al rostro, ninguno de los dos sabían que decir.

—Él no es….. es, es mi amigo –dijo John tartamudeando en voz baja con la mirada en el suelo.

—Vamos no seas tímido –el hombre acercaba ahora la charola en dirección a Sherlock quien con mano temblorosa tomó una muestra sin decir nada– da gusto ver a una pareja tan linda –volvió a hablar el hombre, dándose la vuelta inmediatamente después de eso.

Pasaron varios minutos antes de que alguno de los dos pudiera hablar, se sentían avergonzados y no podían borrar de su mente la palabra "novio", frustrados por no ser aquello que tanto deseaban.

Sin darse cuenta llegaron a casa de Sherlock, ambos seguían nerviosos por lo que apenas dejaron las cosas en la cocina John se despidió rápidamente para ir a su casa a bañarse, necesitaba alejarse y tomar un respiro.


Una vez que lograron prender el carbón Siger y Henry salpimentaban la carne en la mesa del jardín, mientras que en la cocina Violet y Ella empapelaban en aluminio las cebollas, así como las papas y elotes previamente cocidos y condimentados, todo lo acomodaban en una charola junto con las salchichas, querían tener todo listo para empezar a asarlos en cuanto llegaran todos.

Cuando John llegó fue directo a la habitación de Sherlock, al entrar el nerviosismo que pensó ya se había ido, regresó en cuanto vio al pelinegro parado de lado frente a su escritorio observando un álbum de fotos, tenía puesta una camisa azul claro que parecía apenas le ajustaba, las mangas dobladas hasta los codos y un pantalón negro que resaltaba su hermoso trasero, John tuvo que tomar una fuerte respiración antes de hablar, por suerte Sherlock estaba distraído y no notó el titubeo de su amigo.

—¿Qué estás viendo?

John se acercó un poco para echar un ojo al álbum, el ver que se trataba de algunas de sus fotos de niños lo hizo sonreír.

—¿Te acuerdas? –Sherlock señaló una foto de un campamento que hicieron con los boy scout cuando tenían ocho y diez años respectivamente, salía con los ojos rojos, una rodilla raspada y John a su lado poniendo una mano en su hombro, ambos sonriendo a la cámara–, me caí y tú me curaste.

—No dejabas que nadie más se te acercara –contestó John riendo–, creo que desde ahí supe que quería ser doctor.

—¿Pensé que era debido a que tu papá es médico?

—En parte, pero lo confirmé al ver lo temerario que eras y lo poco que parecía importarte tu propio bienestar –Sherlock lo volteó a ver con una ceja levantada–, alguien debía cuidarte –contestó John con una pícara sonrisa.

—Y quien mejor que tú para eso –de forma instintiva Sherlock dio un paso al frente para quedar apenas a unos centímetros del rubio mientras lo observaba con una intensa mirada.

—Obviamente –John habló un poco más bajo pasando su mirada de los ojos de Sherlock a sus labios.

Al notar la mirada de John, Sherlock acercó su rostro, el rubio sin poder soportar la tensión por más tiempo acortó la distancia entre ellos llevando una de sus manos al cuello de su amigo y juntando sus labios en un beso desesperado, Sherlock suspiro en sus labios y se aferró al cuerpo de John abrazándolo sin dejar espacio entre ellos, el futuro doctor llevó su otro brazo a la espalda del pelinegro y pasó la mano que tenía en su cuello al cabello de éste, enterrando sus dedos entre los suaves rizos.

El beso que había empezado necesitado y desesperado poco a poco fue cambiando a uno más suave y tierno en donde Sherlock había cedido por completo el control a John, se besaron por más de quince minutos, ninguno de los dos quería separarse y habían perdido la noción del tiempo, hasta que escucharon la voz de la madre de Sherlock que gritaba desde abajo de las escaleras.

—Chicos solo faltan ustedes, bajen de una vez, ya llegaron Harry y Mycroft y la carne ya casi está.

Sherlock y John se separaron de inmediato.

—En un momento bajamos –gritó Sherlock.

Ambos chicos voltearon a verse con una enorme sonrisa.

—"¿Entonces estamos en la misma página?" –dijo John–, es decir, ¿tú también quieres esto?

—Por supuesto –contestó Sherlock antes de besar nuevamente a John en los labios.

Después de unos minutos Sherlock y John salieron al jardín, ambos estaban ligeramente despeinados y algo sonrojados, sus miradas brillaban y tenían un resplandeciente semblante, no hacía falta ser un Holmes para saber lo que acababa de ocurrir, Mycroft y Harry se voltearon a ver con complicidad, Violet y Ella trataron de disimular una sonrisa. Siger que estaba frente al asador con Henry poniendo en un plato la carne que acababa de salir levanto una ceja y dijo en voz baja "al fin", recibiendo como respuesta "ya era hora" por parte de su amigo.

Nadie dijo nada, por el momento disfrutarían de una tranquila comida, pero en cuanto llegara el momento del postre se encargarían de hacerlos hablar.