Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Personajes: Rusia, Mexico, Aquila, Prusia, España, América, Canadá, otros.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, UA (Universo Alterno), humor, Lemon, mpreg, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.
Este fanfic está basado en la película y libro del mismo nombre: Lord Águila.
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Lord Águila
Capítulo 11.- Vamos a Hispania parte II
[Gilbert se negó a ir al encuentro del rey de Aquila, —aunque su padre quiso obligarlo—. Ahora se encontraba en Hispania con su abuelo.
La triple alianza (Francobia, Almenia e Hispania) había decidido hacer una reunión de emergencia, pues las recientes noticias de la decisión de Almenia, tenían preocupados a los otros dos.
Gilbert y su abuelo se encontraban reunidos en un gran salón, con Galia, Francis y Antonio.
—Comprendo muy bien su reocupación —dijo Fritz, padre del actual soberano de Almenia.
—Me alegra que lo comprendas, Fritz —dijo Galia. La reina de Francobia era una de las mujeres más hermosas e inteligentes; además de una hábil guerrera y estratega. Quedó viuda a los diecisiete años, con un hijo de la edad cercana a Gilbert, el rey de Hispania y el rey de Aquila. —Está alianza entre Almenia y Aquila…
—No es una alianza —le cortó Gilbert frunciendo el ceño —. El rey Alfred sólo desea negociar su rendición.
—Pero ni Gilbert, ni yo estamos de acuerdo con la decisión de mi hijo; las condiciones que plantea Aquila. Especialmente la que obliga a los miembros de la familia real de Almenia, a asistir a la firma del tratado en territorio recién recuperado.
A los presentes les resulto sospechoso; era obvio que se trataba de una trampa, pero el rey de Almenia era demasiado orgulloso y soberbio para su propio bien.
Y los gobernantes tuvieron razón; poco después se recibió un mensaje donde se informaba que el rey de Almenia y el príncipe habían muerto; desde ese momento, Francis, Antonio y Gilbert urdieron un plan para acabar con la tiranía de Alfred].
Hispania era un país pequeño, pero prospero. A pesar de los años de estar bajo el yugo de Aquila.
Antonio era amado por su pueblo y al saber que regresaba; lo recibieron con vítores y fiestas. Al llegar al castillo, se encontraron con una hermosa mujer de largos cabellos rubios y ojos azules; en cuya cabeza descansaba una preciosa corona de oro blanco, adornada con diversas joyas. El emblema real de Franbobia se encontraba bordado en su capa y vestido. A su derecha, un hombre de edad mayor que ostentaba un magnifico traje y la corona de Almenia.
—Galia, Fritz —dijo Antonio sorprendido de verlos en su palacio.
—¡Madre!/¡Abuelo! —exclamaron Francis y los dos hermanos a la vez. Friz no podía creer lo que sus cansados ojos veían; el más joven de sus nietos ¡vivo!
El anciano se acercó a Ludwig quien permanecía inmóvil sin saber cómo reaccionar. Finalmente, Fritz abrazó a su nieto.
—¡Gracias a los dioses, estás vivo! —dijo Fritz, quien no pudo evitar algunas lágrimas. Estaba tan contento de tener a Ludwig entre sus brazos que no le importó el protocolo, nada más le interesaba su nieto, aquel que creyó haber perdido junto con su hijo.
—¿Cómo se encuentran? —preguntó Galia. Antonio aún no salía de su sorpresa.
—¿Qué hacen aquí?
—Yo les pedí que vinieran —un hombre alto y moreno se hizo se presente, junto a él estaba un joven que tenía un rulito en la cabeza.
—Rómulo… Feliciano —Antonio no pudo evitar sonreír con cariño a éste último; Feliciano, el hermano gemelo de su querido Lovino, tanto que le provocaba ganas llorar.
Rómulo era el líder de la tribu Itarius y abuelo de Lovino y Feliciano. Un hombre fuerte e integro que a pesar de gobernar a un puñado de gente. Un guerrero fiero, como los suyos.
Iván se encontraba en la terraza de la habitación que Antonio le había dado; era amplia y acogedora. El águila volaba varios metros sobre su cabeza. Itzamma se veía realmente feliz, era como si una parte de su inconsciente, recordara los pocos años que vivió en Hispania.
—Así que es verdad —Iván se sobresaltó. Rómulo se acercó a él. —Mi bisnieto fue maldecido —dijo en tono melancólico.
Iván miró al líder de Itarius; el hombre era tan alto como él, aunque mucho mas fornido. Ambos se mantuvieron en silencio por largo tiempo, hasta que Rómulo tomó la palabra nuevamente.
—En una ocasión, luche contra el General Invierno; te pareces mucho a él. Espero que seas igual de honorable —Iván mantuvo su sonrisa infantil. —¿Me justas que cuidaras de Alejandro con tu vida?
Iván se puso serio, asintió con la cabeza. Por supuesto que protegería a Itzamma con su vida, lo amaba y daría cualquier cosa para que él estuviese bien. El águila aterrizó en el barandal de la terraza, como llamado por una fuerza extraña; dejó escapar un chillido para llamar la atención de los dos hombres. Parecía dar a entender que él también juraba proteger a Iván, quien se acercó al ave para acariciarle el suave plumaje.
—Antonio me contó lo de la maldición —dio un largo suspiro. —Tal vez exista una forma de romper el maleficio —Iván lo miró esperanzado. ¿Existía una posibilidad de ser libres? —Hay una mujer en mi tribu, una hechicera que quizás pueda ayudarnos. Iré por ella.
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Itzamma caminaba por los pasillos del palacio. Iván estaba encerrado en una jaula; por su seguridad y la de todos.
El moreno se detuvo frente a un gran cuadro donde aparecían dos hombres (uno de ellos era Antonio), cargando a un pequeño de, aproximadamente, un año de edad. Había una pequeña placa de oro donde estaba escrito: El rey Antonio, el consorte real Lovino y el príncipe Alejandro.
Itzamma pasó un par de dedos por la pintura —por la mejilla de Lovino —; una enorme melancolía le apretó el pecho. En algún recoveco de su cerebro, parecía recordar un poco de aquella persona que lo había traído al mundo.
—Te pareces mucho a él, ve~ —Itzamma se sobresalto. Detrás de él se encontraba Feliciano, parecía melancólico.
—Yo no le recuerdo —dijo Itzamma sintiéndose avergonzado por no ser capaz de recordar a su "madre". Pero sus memorias eran un remolino oscuro, lleno de caos.
Feliciano se acercó a él, poso su mano en el hombro de su sobrino.
—No te preocupes, yo puedo contarte sobre Lovino —Itzamma asintió con la cabeza.
A la mañana siguiente; Iván y el Bad trio se encontraban reunidos con La reina de Francobia y el rey de Almenia, Rómulo, Arthur y dos personas más.
—Ya no podemos confiarnos. Aquila es un peligro para todos los reinos —dijo un hombre castaño, usaba gafas. Se trataba del rey de Asturias, un pequeño territorio al oeste de Francobia.
—Roderich tiene razón —dijo Galia en tono serio. —Debimos haber dejado nuestros problemas de lado y acabar con Aquila desde que Alfred secuestro al príncipe de Hispania.
—Creo que hablo por todos, al decir: Si no hicimos nada en ese entonces era por el miedo al gran hechicero que trabajaba a las órdenes de Aquila —Fritz en tono serio. Después miró a la anciana mujer que se encontraba sentada a la izquierda de Rómulo y después a Arthur. —Pero ahora, nosotros tenemos la ventaja en ese sentido.
—Pero no podemos matar al rey de Aquila —dijo la anciana, cuyo nombre era Gaia. La hechicera de la tribu Itarius. —Si él muere; el hechizo que cae sobre el príncipe de Hispania y el General Braginski, no desaparecerá con su muerte.
—La única forma de acabar con la maldición, es que el General Braginski y Alejandro se enfrenten a Alfred como humanos, los dos, en una noche sin su día y un día sin su noche —dijo Arthur abatido; pues el fenómeno sería dentro de un día y era imposible que llegaran a Aquila para entonces.
—Gaia, tú eres una hechicera poderosa —dijo Antonio —; ¿Hay alguna forma de romper el conjuro? —ella asintió con la cabeza.
Los presentes la miraron ansiosos; Arthur no creía que eso fuera posible, una maldición cuyo pago era un alma, resultaba virtualmente imposible de romper.
—Existe una forma; pero toda magia necesita de un intercambio equivalente.
—¿Qué clase de intercambio? —Antonio se puso de pie. —Sea lo que sea, yo lo pagare, con tal de que mi hijo se vea libre de la maldición de Alfred.
—¿Estás seguro de lo que dices? —dijo Rómulo preocupado. El rey de Hispania asintió con la cabeza; haría cualquier cosa por Alejandro.
—¿Aún si eso significa tomar su lugar? —habló Gaia en tono solemne. Antonio afirmó con la cabeza sin pensarlo dos veces.
—Me niego —interrumpió Rómulo —Antonio, Alejandro e Hispania te necesitaran. Yo lo hare.
Ambos comenzaron una discusión que Gaia tuvo que detener.
—Yo decidiré —dijo Gaia en tono serio; sacó un grueso medallón con símbolos antiguos que usó como péndulo para señalar a quien debía pagar el precio.
Continuará…
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Quería subir este fic hace una semana, pero me quede sin PC T.T
Espero les guste, prometo subir muy pronto n.n
