Holaa! Aqui otro capitulo!

Escrita por: Bryan R. Miller, tengo su permiso para publicar esta historia. Algunos personajes son de la autoria de Suzanne, y otras de Bryan.


CAPITULO 11:

Antes de llegar la noche, como pan con queso que encontré en las reservas de los chicos de esa tienda y he conseguido agua, la suficiente para dos días más. Me sitúo dos cuadras más delante de ese lugar en lo que un día fue una antigua estación de trenes, hay un tren volcado ahí del otro lado de los rieles, podría jurar que aun olía a lo quemado de cuando exploto.

Atiendo mi herida que aun no ha sanado completamente, vertiéndole un poco más de alcohol junto con ungüento y los rostros de los otros tributos con los que me he cruzado vienen a mi mente…

«— Una alianza podría significar tu victoria en los Juegos —»

Resuenan las minuciosas palabras de Valer en mi mente, pero hasta ahora solo me he creado enemigos. Que no se detendrán hasta matarme y como si no fuera peor ahora los mutos andaban merodeando por los alrededores, después de todo, ¿Qué les impedía moverse? El único propósito con el que fueron creados era para matar y tenían que moverse para buscar más tributos para hacerlos pedazos.

La cabina en la que estoy es demasiado pequeña que tengo que doblar mis pies para no hacerlos chocar con las maquinas oxidadas, los cristales tenían manchas negras, igual que los maniquís en las tiendas, Panem fue arrasada por las llamas, llamas de la guerra. Y la verdad era que no había necesidad de poner restos de cuerpos, habría los suficientes con el paso de los días. El aire arrastra consigo basura y cenizas, y los pasos comienzan a resonar por la estación de trenes.

Dos, tres pares de botas caminan, tranquilamente, como si estuviesen dando un paseo.

— ¿Crees que aquí haya algo? — dice una mujer, su voz ya no es aguda, sino un poco más gruesa.

— En el tren debe de haber algo — responde un chico.

— Iré a buscar — responde a la mujer mientras comienza a caminar.

Se oyen sus pasos alejándose hacia los rieles del tren. Pero dos, o tres tributos se han quedado ahí, cerca de la cabina, lo siento por como arrastran los pies.

— Sabes creo que esta algo… — se queda pensativo uno de los chicos, como buscando la palabra adecuada —. "blanda"

— ¿blanda? — desconcertó otro chico.

— Si, era una de las más mortíferas y mírala ahora — puedo sentir como uno de los chicos dice con algo de desdén — tan tranquila como si estuviera jugando a acampar en el bosque.

De los rieles del tren se escucha el llamado de la mujer otra vez, su voz no era tan desgastante, apenas era joven y uno de ellos dice su nombre respondiéndole, Johanna, la chica del distrito siete y tenían razón era una de las más letales. Me deja solo pensando en una sola cosa, secuestro.

— Creo que debíamos haber optado por estar con esa chica — dice meticulosamente una chica, como un niño pidiendo un regalo a sus papas — ya saben, Katniss.

— ¿Qué?, ¿piensas que esto es escoger al mejor tributo para sobrevivir? — protesta uno de ellos, elevando la voz, quedo algo anonadado. Si no era para eso ¿para qué entonces? — Todos quieren matar esa chica, y cuando hablo de todos me refiero a todos, incluso sus propios compañeros.

La odiaban, lo más seguro es que creyeran que la razón por la que están en la arena es por ella y efectivamente, lo mismo sucedía conmigo. Y sus compañeros, obra de la droga del veneno, ¿o tal vez también la odiaban?

— La verdad es que fue divertido ver como ese chico Peeta, trataba de adularla para conseguir acabar con ella — bufa uno de ellos y por el sonido que emite se que tiene una sonrisa de oreja a oreja.

— No fue divertido, fue interesante.

Si no lo haces tú, lo hare yo. Digo como si en estos momentos el rubio me estuviera escuchando. Si actuó como dicen ellos se debió haber cumplido lo que me dijo esa noche, que él sería el único sin veneno de rastrevispulas por sus venas.

— Imbécil — regaña uno — tenerla a ella es una de las mejores cosas que podemos tener aquí en la arena.

Estaba claro que esa no era una adulación, ni mucho menos un elogio, creo que ahora le hallaba sentido a sus anteriores palabras. Al tenerla a ella podían tener premios de los patrocinadores de su distrito, ese era su verdadero premio para ellos, que no tendrían que arriesgar el pellejo para conseguir comida. Me dedico a estar atento a cualquiera de sus acciones pero no corro más peligro cuando escucho sus pasos marchándose, sea lo que sea que hayan encontrado los dejo insatisfechos por que se marcharon lanzando pestes.

Salgo de la cabina agachado para buscar un lugar para dormir, ya que la estación de trenes tenía cierta cercanía con el bosque, ¿Pero qué lugar era precisamente seguro? Doy un trago a la botella de agua y mientras camino no puedo evitar la sensación de estar siendo observado, pero no por los otros tributos, sino como por un científico que acaba de inyectar alguna sustancia a sus conejillos y espera ver resultados.

Un aerodeslizador se materializa y se posa cerca del suelo, dejando una caja metálica en su lugar algo lejos de mí, en el centro de la calle, a la solariega. No me acerco, en efecto, no puedo evitar sentirme como algo con lo que están experimentando. La caja ronronea y se abre sola, como pidiéndome que vaya hacia ella.

Al menos dos tributos salen de la nada corriendo hacia la caja, y tratan de abrirla, ¿que no se había abierto ya?, en cuclillas la examinan, ignoran mi presencia.

El ruido a mis espaldas llama mi atención, botas corriendo por el asfalto, pero no botas de algún militar, sino como de alguien chapoteando en el agua de lluvia y al voltear entiendo la razón, un niño que se veía de apenas haber cumplido los 12 años, como si su cumpleaños hubiera ocurrido justo en las semanas en la que se hacían los preparativos. La idea me hizo un nudo en el estomago y lo absorto que me mantiene el pensar en la crueldad de los rebeldes y quienes quiera que hayan aprobado estos juegos, no me permitió poner atención a lo que el niño grita mientras corre en mi dirección, con pavor y desesperación en su cara.

— ¡Es una trampa! — capto al fin — ¡Corre!

Los dos chicos cerca de la caja comienzan a alejarse pero la caja emite un ¡bip! Y deja salir de ella líquido, como si fuera una fuente, los tributos quedan bañados por ese líquido que ha salido, es sangre, lo siento por el olor.

— ¡Vamos! — me jala de una mano y comenzamos a correr en la dirección en la que venía.

— ¿Por qué los bañaron en sangre? — pregunto mientras corremos, como si le preguntara mas a un sabio que un infante.

— ¡Es por esos jaguares de piel pálida! — vocifera él.

Y veo sus ojos color dorado y su cabello castaño, más largo que el mío como si fuera un casco de guerra, pero ya estaba todo despeinado y sucio de su cara, dejando escondido el color durazno de su piel.

Razono sus palabras, se que se refiere a los mutos y sin que yo lo controle las imágenes vienen a mi mente de forma nítida, como viviéndolas de nuevo. La chica rubia que cayó del cielo, sangre brotando del hoyo en su cuello y Shenn marcando con el cuchillo a su propia compañera.

— ¡Les atrae la sangre! — continua y sé que tengo razón.

Escucho las zancadas que dan los otros chicos detrás de nosotros, como si el hecho de estar bañados en sangre los hubiera inyectado miedo, miro a mis espaldas y veo cuando cinco de esos mutos llegan rugiendo a las calles donde estaba esa caja para brincar sobre las espaldas de los chicos y como estos eran enormes, inmediatamente caen el piso, tres se ocupan de uno con sus grandes dientes y el otro lucha con palos de puntas filosas pero inmediatamente suenan los dos cañonazos anunciando sus muertes.

— Apresúrate — me murmura él niño cuando hemos doblado la calle.

Con el no podía evitar sentirme seguro, es decir, ¿qué pensamientos siniestros puede tener un niño de su edad sobre matar?, no podía evitarlo, sentía gusto y al mismo tiempo rabia por ese tipo de cosas. Gusto por al fin encontrar un aliado y rabia porque era una presa fácil, pero el hecho de que supiera de esa trampa no lo hacía tan ingenuo.

En esos momentos los papeles se invirtieron, el era quien me cuidada porque me hizo un ademan para detenerme y examinar las calles.

— Maldición, esas cosas siguen llegando — exclamó y se escuchan mas garras contra el suelo.

— ¿A dónde vamos? — digo

— A una guarida — contesta — ¡rápido!, pasemos.

Cruzamos dos cuadras hacia terreno desconocido, al menos para mí, el podía conocer al derecho y al revés el lugar. En frente está el edificio de la justicia, todo está completamente devastado solo queda la planta baja caminamos en dirección como si fuera al bosque nuevamente, y pasamos por debajo de un puente muy grande que parece alzarse hasta el cielo, deshecho, partes de el cayeron al suelo en algún tiempo.

Aun estamos en la zona residencial pero esta comienza a perderse entre supermercados y demás tiendas, tal y como algunas cuadras atrás.

— ¿Cómo te llamas? — pregunta.

— Wilbert — digo — ¿y tú?

— Craig — responde el con una sonrisa, mostrando sus pequeños dientes —tienes un nombre muy raro, ¿puedo decirte Wil solamente?

Yo asiento, mientras caminamos sobre las raíces de un gran árbol y llegamos a una tienda de dos pisos, no hay vitrinas, solo una simple entrada que se extiende por un pequeño pasillo vertical. El toca la puerta que es un metal bien puesto para evitar entradas enemigas, no es el único, tiene aliados.

— ¡Bree estoy aquí! — dice el poniendo sus manos sobre su boca para hacerlo sonar más alto.

Algo se sobresalta del otro lado de la puerta, se escucha como algo se arrastra desesperadamente detrás, con lo que lo mantienen estable para que no caiga el suelo. El metal se mueve e inmediatamente dos manos se lanzan sobre él, los brazos de una chica de mi edad, de cabello con caireles negro azabache.

Lo vuelve más contra su cuerpo por que se ha puesto de cuclillas y de sus ojos brotan lagrimas.

— Ya estoy aquí hermana — dice el, algo agobiado — ¡odio que llores!

Ella abre sus ojos y primero ve las suelas de mis botas, después me ve de cuerpo entero y en sus ojos se dibuja el miedo, abraza a su hermano y lo comienza a meter y tropieza al tratar de entrar rápido a su guarida.

— ¡No espera! El viene conmigo — protesta el niño.

— ¿Qué? — la escucho decir.

Doy un paso para asomarme por la puerta y contemplo la escena de los dos chicos peleando.

— Tu hermano me salvo la vida — le digo, ella no baja la guardia, no con su hermano tan cerca me mira con sus ojos del mismo color que el del chico, pero los de ella son un poco mas apagados, un dorado quemado. Miro al chico que toma de su prenda — por cierto, gracias.

Ella me hace una seña para que entre y me quedo ahí en la entrada, comienza a arrastrar la cubierta metálica y yo la ayudo a arrastrar el sofá para poner resistencia sobre la puerta, no me mira más. Es claro que desconfía de mí.

Me lanza una última mirada como en advertencia, sin ponzoña pero sí que me rebanara el cuello si me acerco a su hermano, después lo mira a él.

— ¿Dónde estabas? — demanda ella.

El niño logra cohibirse un poco, baja la mirada, tiene temor a ser regañado.

— Estaba en la estación de trenes — murmura aun cabizbajo.

Ella toma una gran bocanada de aire, y después lleva una mano a su cara para tapar sus ojos y deshacerse de un mal recuerdo, más que por estar molesta con su hermano. Se inca para quedar frente a frente con su hermano y no puedo evitar ver ahora mismo, a mi hermana en la chica y mi rostro en el del chico, de muchas veces en las que hablábamos sin que nada importara.

— No vayas mas ahí — dice y en su tono esta la reprimenda, pero también el pesar — recuerda que no podemos darle más sustos a Sawyer.

— ¡Pero papá me dijo que estaría ahí! — suelta él y comienza a llorar.

— Por favor, no vayas mas ahí — lo abraza.

Le da consuelo mientras lo acerca para besarle su coronilla y sus ojos del chico se posan en mí.

— El tiene los ojos de papá — me señala.

Ella se retira y me regresa a ver furtivamente, después le sonríe a su hermano que aun me contempla maravillado. No sé si haya decidido salvarme porque me parezco a su padre, o solo porque quería hacerlo.

— Ve a comer una manzana — le dice y le da un empujoncito para que se vaya.

— Wil ¿quieres una? — dice él, su hermana le dice que lo alcanzare en unos momentos y comienza a correr.

El cuarto esta sostenido por cuatro pilares situados uno en cada esquina, hay plantas enroscadas sobre ellos y en la esquina hay tres trapos extendidos y dos bolsas que estarían llenas de comida, porque el chico mete su mano y saca una manzana y rápidamente le da una mordida. La chica se levanta y camina en mi dirección, dejando solo centímetros de distancia entre nosotros.

— Me iré si ese es el problema — le digo.

— Tu eres la razón por la cual mi hermano no irá más a la estación de trenes —me dice y me entra la curiosidad por saber cuántas veces se le ha escapado— así que puedes quedarte, somos tres, Sawyer es el encargado de nosotros, fue en busca de comida.

No esperaba una calurosa bienvenida, después de todo buscábamos sobrevivir de cualquier manera y podemos valernos de eso como meta.

Voy a la esquina y me siento contra la pared, Craig me recibe con una manzana y me cuenta que tenía el mismo tono de azul que los ojos de su padre, no creo que eso lo hubiera impulsado a salvarme y aun así ¿Qué más da? Divagaba en algunos asuntos, podía hacerlo todas las veces que quisiera, apenas era un niño, ni siquiera tenía idea de que afuera hay chicos que ansiaban asesinar para ganar los juegos. Me cuenta porque sabe de esas cajas metálicas, que él ya las había visto en otra parte de la arena.

Después de un rato se queda completamente dormido, mientras Bree, su hermana espera impaciente junto a la puerta. El pequeño se acomoda sobre mi regazo para dormir pero yo lo acomodo sobre las sabanas que estaban ahí. El se enrosca sobre sus pies para darse calor a sí mismo.

— Ya se ha acostumbrado — murmura su hermana desde el otro lado. Llego al otro lado sin hacer ruido con mis pies.

— Gracias — susurra.

— ¿Por qué?

— Por soportarlo — lanza una risita, sin nada de humor — No sé qué fue de nuestro Padre, cuando nos dimos cuenta los soldados nos comenzaron a arrastrar a esas mazmorras.

La luz de la luna entra por las erosiones del concreto y dejan visible una cicatriz sobre su ojo derecho, como un rasguño pero muy profundo. No se lo hizo en la arena, debieron habérselo hecho en las prisiones.

— Mi padre estaba en el Distrito 2 — me decía

— nos dijo que llegaría aquí en cualquier momento cuando se dio cuenta del levantamiento, pero ya no lo volvimos a ver.

— Tu hermano ¿sabe qué tipo de lugar es este? — le pregunto.

— Lo sabe — contesta.

¿Quién disfrutaría ahora mismo estar viendo este espectáculo? ¿Los rebeldes, los padres cuyos hijos han muerto…o la Presidenta Coin? ¿Todos, Nadie?

La puerta de metal suena ligeramente y del otro lado se escucha como los pies arrastran contra la tierra, impacientes casi de la misma manera que la chica. Nuevamente la ayudo a poner el sofá a un lado.

— Bree ábreme — exigen desde el otro lado, una voz gruesa.

Alto y con su ropa algo desgarrada, con sangre y sudor reciente sobre su frente de ojos negros, de piel acanelada y cabello muy corto, con una lanza amarrada a su espalda, echa de madera y un cuchillo en su cinturón, después de todo, Toda la gente aquí en el Capitolio se ve tan sana y bien nutrida como se veía ese chico, pero esta arena los estaba demacrando espantosamente, ellos no estaban acostumbrados a saltearse comidas. Entra y me mira, y con su misma mirada le pide una explicación a su compañera.

— Es amigo de Craig — dice ella apresurada, limpia sangre que corría por su oreja y frente con un trapo — ¿estás bien? Limpia tus heridas, por los mutos.

— Si — dice este y retira su mano gentilmente — pero no he encontrado comida, ya no hay mas, he revisado un buen perímetro.

Se sostiene sobre uno de los pilares mientras respira agitadamente, debió correr durante varios minutos. En casa, nunca pude colaborar a llevar comida mientras mis hermanos estuviesen ahí pero ahora estaba en un lugar diferente.

— Yo traigo comida conmigo también — le digo.

Fue hace mucho tiempo, en el 9, cuando yo también me ofrecía para traer comida a casa, por medio de las teselas o ir a ayudar a los trabajos que tenían mis hermanos, ya que mi papa se la pasaba todo el tiempo en el salón de la justicia y lograba conseguir un buen dote de comida cada mes, hasta entonces el creía que no las apañábamos bien con lo que el ganaba. Por esa razón ambos no estudiaban, yo era el único que iba al colegio y mis hermanos consideraban injusto tener tanta carga sobre mis hombros.

Por más insistente que fui jamás logre convencer a mis hermanos, ni siquiera a mi propio padre; "¿Teselas? ¿Un chico miedoso como tu pidiendo teselas?". Débil. El no tenía otra descripción de mí y en momentos lo llegue a odiar por ello. Lo aceptaba, tenía miedo, pero mi hambre era más grande.

— ¿Sawyer? — dice entre murmullos la adormilada voz del chico.

— Craig, he vuelto — le dice este y entre su cansancio le regala una sonrisa.

La atmosfera se rompe cuando el suelo comienza a crear una especie de zumbido como si estuviera tomando vida. Craig nota la sensación al igual que nosotros y corre a abrazar al chico recién llegado.

Solo fue pocas veces, pero yo ya lo había sentido.

El chico grita mi nombre y salgo corriendo por la puerta hacia el pasillo mientras les digo que se queden ahí dentro pero Sawyer corre detrás de mis espaldas.

— No puede estar pasando, no aquí — me digo.

— ¿El qué? — demanda el tras de mí.

— No estoy seguro — le digo.

Termina el pasillo y echo un vistazo antes de salir a la calle, después lo hago sigilosamente, Sawyer me imita. La tierra se estremece lo cual nos hace perder un poco el equilibrio. En medio de lo oxidado que se ve todo el lugar y basura que acarrea el aire lo que llama mi atención es la gran columna de humo proveniente de los bosques, pocos sinsajos vuelan fuera de ahí mientras repiten melodías que representan gritos.

Sawyer me mira de manera genuina, ambos sabemos que son, después de todo ambos lo vivimos, el por qué era su hogar y yo porque me infiltre aquí mismo, en el Capitolio.

El suelo resuena, los arboles se disparan por los aires y la gran columna de humo se extiende junto con las llamas.


Nos leemos pronto, NO olviden los Reviews!

Si no veo reviews, pensare que no os gusta la historia, y dejare de publicarla, me gustaria saber vuestra opinion acerca de la historia.

:D

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