Hola de nuevo!
Ya pasó un buen rato desde que dejé la historia aquí, y les pido una disculpa enorme por ello. Hubo una situación familiar (y escolar) que se me salió de las manos, y bueno, después de muchos sube-y-baja de problemas, heme aquí. Les reitero mis sinceras disculpas por la tardanza.
Es el penúltimo capítulo de esta historia, y espero que esta actualización haga justicia a la larga espera.
Muchas gracias por leer.
Disclaimer: Chris y Tom no son de mi propiedad. Se pertenecen a ellos mismos (?)
Advertencias: slash / lemon/ gay couple. Single fathers AU. Rated: M. escenas smut/ explícitas
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NIÑOS. LOS MEJORES CONSEJEROS
XI
En los últimos minutos del evento, ambas familias y amigos aledaños estaban sentados cenando en medio del jardín común, junto a varios invitados que degustaban lomo de cerdo en hidromiel o res en vino blanco con un toque de perejil. La velada no pudo haber sido más perfecta, especialmente para los anfitriones principales.
—Propongo un brindis —dijo el abuelo Hiddleston, alzando su copa con vino tinto. —Por una magnífica labor por parte de Chris y su compañía, así como de Tom en dirigir con gracia este evento. Debo admitir, hijo, que no esperé que fuera tan magnífico. Además Ben y Natalie se divirtieron mucho
Tom asintió, mirando con ternura que ambos niños yacían dormidos. No era para menos, después de haber jugado incansablemente por cada estante disponible en toda la feria y corriendo junto a otros niños en el juego de la "gallina ciega" fue lógico que quisieran dormitar mientras terminara todo el jaleo. Natalie estaba acomodada en los brazos de su nana, mientras que Ben yacía acurrucado en el regazo de su tía Sarah.
—Bueno, bueno, no olvidemos que el mérito lo tiene Tom —añadió Chris antes de alzar su copa para brindar junto a los demás
—¿Qué dices, fortachón? ¿Acaso yo estoy pintado? —dijo Robert con autosuficiencia. —Tuve mucho que ver en la organización: di los contactos de los músicos, los actores, los diseñadores para las tarjetas de invitación…
Chris rodó los ojos, pero sonrió de lado. Decidió ignorar el discurso de Robert mientras fijaba su mirada en medio de la mesa, frente a él se hallaba el inglés riendo entre tanta hilaridad. Se permitió detallar sus facciones, el ángulo de su mandíbula, sus rizos que caían suavemente por la frente, su lengua entremetida en los dientes al reírse, las pecas inundando el cuello, las manos delgadas y su clavícula. Era cierto que no podía anticiparse a nada, el resto de la familia seguía viéndolos como un par de amigos, así que sus deseos de hablar con él necesitan esperar.
—Te recuerdo que tus gustos para los colores es pésimo —continuaba Robert, alzando los brazos. —Les digo, este hombre no tiene una idea de lo que combinar colores crema. Quería tarjetas color pistache, ¡pistache! ¿Pueden creerlo?
—Sí, sí, sí Robert, tengo un mal gusto
—¡Horroroso!
—Pero todo salió perfectamente —intervino Emma sonriendo. —Robert, ¿me acompañas por un poco de pan de elote? —dijo para quitárselos de encima, a lo que Chris hizo gesto de gratitud extrema.
—¿Todavía necesitan quedarse? —preguntó de pronto Scarlett, dirigida a Tom y Chris. —estoy notando que la mayoría de las personas empezó a retirarse hace quince minutos
Ambos hombres asintieron. Era una formalidad de cada fiesta, que cada anfitrión debía quedarse hasta el final para supervisar que nada quedara olvidado y, en su defecto, despedir a cada académico, o quizá tener una pequeña conversación de sobremesa con lo último de cerveza de malta que sobró. La pregunta fue más con propósito de saber que llegarían tarde cada uno a sus respectivas casas, y por ende, sus hijos necesitaban ser cuidados. Aunque para Clara eso no representaba problema (obviamente), parecía que la familia Hiddleston no podía quedarse a cuidar de Ben por ese fin de semana.
—Tom, mañana yo salgo hacia Italia con mamá y papá al carnaval de Venecia. —dijo Sarah, meciendo a Ben. —Sabes que no tendría problema en cuidar del pequeño, pero los boletos los habíamos reservado tres meses atrás y ellos siempre han querido ir
—Lo sé —dijo Tom. —Y Emma parece que estará fuera unos días con su novio, ¿cierto?
Todos quedaron unos segundos en silencio, hasta que la niñera tomó la palabra: —Ben puede quedarse a dormir en nuestra casa, ya se han visitado antes. Yo no tendría ningún problema en cuidar de ambos
Eso pareció ser un oasis en el desierto para la situación de Tom. Si bien no parecía la gran cosa, cuidar de su hijo estaba siendo complejo sin una ayuda extra; estaba consciente que tener un apoyo como plan B le pudo haber ahorrado muchos problemas antes, por eso miró hacia Clara para agradecerle infinitamente. Afortunadamente Ben conocía la casa de Natalie, así que no se espantaría si despertaba en un lugar que no fuera su habitación. Asintió ante el ofrecimiento, que pareció no llegar más allá de un "simple favor". Todos se levantaron, niños en brazos, dirigiéndose a la camioneta de Chris que era más espaciosa. Por fortuna Scarlett se ofreció a manejar hasta la casa del rubio, con la condición de pedir posada, que fue concedida sin miramientos; después de todo, la chica se había ganado un lugar muy especial desde la ocasión del hospital. Aparte parecía hacerle una compañía grata a la nana.
—¿Ya nos vamos? —preguntó Emma, llegando con una bolsa de pan.
—¿De qué me perdí? —secundó Robert, notando que todos estaban levantados de sus asientos. —Me debes tres botellas de whisky escocés —dijo Robert al australiano, palmeando su hombro mientras caminaba en dirección al estacionamiento. —Te salvé el trasero del ridículo hoy, Hemsworth
Chris le dio por su lado, mientras se despedía de la familia Hiddleston y les aseguraba que Ben estaría sano y salvo mientras Tom y él regresaban del evento y despedir a absolutamente todos los invitados.
Ambos hombres quedaron de pie observando a todos alejarse.
—¿Era como esperabas? —preguntó de pronto Chris, sin mirarlo fijamente.
Tom giró su rostro y sonrió de lado. —Fue mucho más. Te agradezco en verdad que me hayas ayudado con todo esto
Iba a agregar "aunque tú no lo recuerdes", pero se guardó sus comentarios y se permitió admirar por última vez las luces multicolor que iluminaban la enorme fuente de mármol y con la poca luz que proporcionan los faros de petróleo que habían instalado en algunas esquinas como ornamento. Se olvidó un segundo de sus problemas y decidió disfrutar de la compañía en general. Paulatinamente las personas empezaban a dispersarse, quedando los encargados de cada estante para desmontar su campaña y guardar utilería. Tom permaneció observando en paz hasta sentir una mano tomando la suya que le hizo fruncir el cejo inevitablemente. No volteó de inmediato, puesto que sabía de sobra de quién era la mano.
—¿Me dirás lo que ocurrió esa noche en el restaurante?
El corazón de Tom palpitó con fuerza. La promesa de revelarle la verdad de lo ocurrido soplaba como un vendaval en su mente. En caso de no obtener un rechazo, tampoco estaba seguro de que pudiera recordar algo… Pero era fiel a su palabra. —¿Quieres hablar ahora mismo de eso?
—Estoy seguro de querer saber más que nunca lo que tenía que decirte —respondió Chris apretando su mano hasta girar finalmente, tomando su hombro para que lo encarara. —Dime…
Los aqua de Tom bailaban en las pupilas de Chris, incontrolables. Suspiró e inhaló para darse fuerza para recibir un golpe emocional, o algo similar. —Era una cita de pareja. Me habías propuesto conocernos más antes de avanzar a otro nivel
—¿Seguíamos sin ser pareja?
—Exacto, pero porque yo no quería escucharte preguntármelo —lo que le daba confianza era que Chris no había soltado su mano un solo segundo. —Esa noche dijiste que deseabas estar junto a mi haciendo el proyecto, pero que había otros motivos para no dejar de buscarme; deseabas con toda el alma que yo te concediera un momento para estar más íntimos, que yo tenía miedo de sentirme querido por ti, con toda esa intensidad que irradias… Tuve inseguridad de aceptar lo que a la vista era obvio para ambos
No pudo continuar con el remolino acumulado en su garganta. Cerró los ojos y tintineó en los orbes azules de Chris que lo veían con emoción y expectativa. Sentía miedo en ese momento inclusive. Se debía dar valor a sí mismo porque jamás tendría otra oportunidad de poder estar así de cerca, así de sincero, así de enamorado de ese australiano.
—¿Y que era obvio? —preguntó Chris, esta vez entrelazando un par de dedos a los de Tom. —Dímelo, Tom
El inglés prefirió acallar suspiros, posando su mano derecha en la mejilla del otro sin previo aviso para poder besarlo. Sus labios se fusionaron, no percibió rechazo por parte del otro así que continuó disfrutando de ese contacto que parecía banal a ojos ajenos, pero que significaba un sello secreto para decidir el futuro de esa relación. Tom no prolongó demasiado el beso, separándose a regañadientes de la suavidad de los labios de Chris, quedando a escasos centímetros de su rostro para susurrar en un hilillo de voz casi inaudible: —Que me enamoré de ti también
"Chris, deja de decir tonterías. Somos hombres"
"¿Por qué me envías mensajes diario? Es molesto"
"Te juro que si me vuelves a besar sin permiso, te abofeteo"
"Pero lo que me estás planteando es una locura"
"Lamento mucho esto Chris…"
Fue un cumulo de flashes pegando en la cabeza de Chris en milésimas de segundo, que no tuvo tiempo suficiente para procesarlos todos. No fueron escenas completas, tan solo frases de Tom e imágenes fugaces donde claramente podía notarse su brillo por mirar a Tom. La última memoria le hizo recordar su accidente. Ahora estaba más nítida la imagen de Tom corriendo hacia la salida del restaurante; una avenida con faros destellantes, un cruce de automóviles, Tom en medio de la acera y él corriendo para evitar una catástrofe. Recordaba el aroma de las flores en el adorno de la mesa donde se habían sentado; el semáforo en rojo; los transeúntes que estorbaban el paso; el encuentro con Tom en la esquina… Todo llegaba a su memoria en intervalos disparejos esa noche donde ellos habían cenado juntos.
Súbitamente tuvo un ligero dolor de cabeza que lo obligó a tambalear y sentarse en el pasto sin previo aviso. Sus dedos apretaban las sienes con fuerza y zumbaban sus oídos. Abrió los ojos para enfocar mejor todo alrededor suyo hasta notar el rostro preocupado de Tom peguntando si se hallaba bien. Chris se sentía extraño ahora. Era como si hubiera visto una película de su vida, pero sin sentirse parte de ella, similar a lo que sienten todos al observar una cinta casera de cuando son bebés: sabemos que somos nosotros, pero no recordamos esa etapa, tan solo esa cinta visual nos da fe de que lo hemos vivido. Así se sentía.
—Deberíamos irnos, Tom —respondió, mirando al inglés. —Creo que después de oír lo que me has dicho, tenemos mucho que discutir
—¿A qué te refieres?
—Este no es sitio para que hablemos sobre nosotros
Tom entreabrió los labios. —Pero, ¿a dónde pretendes que vayamos?
Chris sonrió de lado, pícaro. Sus memorias le empezaban a devolver esa actitud arriesgada que lo caracterizaba. —Si no me equivoco, tu casa está completamente sola. Sería un excelente sitio para aclarar varios asuntos
—Pero todavía necesitamos quedarnos para asegurarnos que todos los trabajadores…
—Eso déjamelo a mí —respondió el australiano. —Es cuestión de un par de llamadas para que se encarguen de todo esto sin necesidad de molestarnos. Anda, debemos irnos
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Tom estaba en el asiento del copiloto. Al avanzar unos cinco minutos en el trayecto, había comenzado a llover, como era lo usual en Londres, pero él estaba preocupado por algo superfluo como era no haber llevado un paraguas. Su atención la desviaba a propósito, dado que Chris no había respondido formalmente a su confesión, pero tampoco dado una negativa. Sin quererlo su cabeza divagaba en todo ese diluvio, y su corazón seguía palpitando fuerte cada vez que lo miraba. Aunque hubiera aceptado sus sentimientos, estaba seguro que el rubio no había resuelto todas sus dudas todavía con respecto a su relación. ¿Qué diferencia existía a no tener recuerdos?
Llegaron, aparcaron, bajaron y se adentraron al recinto.
Tom fue el primero en pasar, oyendo la puerta cerrarse tras él. Giró su cabeza un poco, quitándose la gabardina medianamente mojada, encendiendo las luces del pasillo principal y la sala. El silencio de su propio hogar le parecía realmente angustiante. Mencionó que prepararía un poco de té para los dos.
Chris, por su parte, dejó su saco en el perchero, dirigiéndose al sillón triple de la sala. Permaneció ahí con los codos apoyados en los muslos, mirando a la pared hasta suspirar finalmente.
—¿Por qué huiste de mí? —preguntó de pronto
Tom lo había escuchado desde la cocina. —No entiendo qué dices
—El té puede esperar, necesito que vengas conmigo —demandó el australiano.
Algo en el tono de su voz erizó la piel de Tom; no pregunto por segunda vez, dejó la charola con las tazas para caminar hacia la habitación. Raspó sus palmas contra su pantalón para limpiar el sudor en ellas, tomando asiento en el sillón contrario al del australiano, quien lo veía algo inquisidor, sin dejar que apoyar su barbilla en sus manos. Esos ojos azules parecían perforarlo, como acusándolo de un error fatal e incorregible que solo podría perdonarse si tuviera inmunidad diplomática, pero temblaba ante ellos. Tom se sintió acorralado por esos ojos, sin poder escapar, aunque irónicamente tuviera un espacio enorme para hacerlo.
—Huiste de mí —repitió Chris, dejando su semblante serio, recostando su espalda sobre la tela del respaldo. —la noche del restaurante…
—Espera… ¿Lo recuerdas?
—Someramente. Imágenes, palabras, alguno que otro aroma
—Pero lo recuerdas —repitió Tom poniéndose en pie, como intentando acercarse. ¿Sería posible que…?
—Eso no importa ahora. Lo que quiero saber es porqué escapaste
—¿Escapar? —dijo el inglés, privado de una excusa que explicara su comportamiento. Si Chris tenía una ligera idea de lo ocurrido, entonces significaba que conocía el motivo de todo lo que los había llevado ahí. Levantó la mirada, notando que Chris también se ponía de pie hasta quedar cara a cara. Tom llevaba un sonrojo amapola en sus mejillas, mismas que el australiano se dedicó a acariciar de pronto, con tanta suavidad que el roce de una pluma podría resultar áspero en comparación. —Tenía miedo, Chris
—¿De qué?
—De… De no tener… De sentir lo que siento ahora; de entregar mi corazón una vez más, y encima a un hombre
Chris apretó levemente la mano que acariciaba la mejilla de Tom hasta tomar parte de la nuca y el cuello de éste. No poseía su memoria exacta, pero comprendía su forma de sentirse, porqué tantas veces necesitaba sacarse de sus pensamientos a Tom; o por qué no soportaba permanecer por mucho tiempo en la misma habitación sin un deseo imperioso de besarlo, de no compartir su preciosa presencia con nadie; cuántas veces se había mordido los nudillos para evitar decir una calamidad indecorosa para aparentar ser formal; ser indiferente para no confrontar su propio miedo de enamorarse (de nuevo, como notaba). Sí, no sabía qué tanto llegó a estar enamorado de Tom antes de su accidente, pero estaba seguro de que un poco de amnesia no había cambiado su destino.
—Quizá no recupere la memoria para repetir todo lo que te dije antes, pero no estaba mintiendo —dijo, haciendo que Tom lo mirara. —También tuve miedo al principio, pero no estaba dispuesto a alejarte de mí, aunque no interactuáramos tanto estas semanas. Cada vez que te besaba, debía irme porque una parte de mí mismo no se controla al tocar tus labios… No recuerdo todo, pero eso no debería importar si sé que me correspondes. Tom, dime de nuevo lo que dijiste en la feria, por favor
Tom apretó sus labios, no queriendo llorar. Eran tantas emociones mezcladas que creía que soñaba. Siempre odió que lo vieran llorar. —Chris…
—Vamos, no quiero esperar más tiempo por ti
El castaño sintió un pinchazo que fue similar a un balde de agua helada. No mentía, carajo, no había mentira en los ojos de ese australiano. —Yo… simplemente ya no puedo estar otro segundo de mi vida sin ti en él. Quédate conmigo, Chris… Es lo más sincero que te puedo decir
Chris sonrió de lado, simulando un "lo sé", cerrando los ojos para acercarse hacia Tom y volverlo a besar. En esta ocasión, no corrió de sus deseos.
El inglés notó el acercamiento y en esos microsegundos que se permitió analizar todo, entendió que Chris jamás lo había abandonado, que su amnesia solo comprobaba que nada en el mundo podría frenar sus sentimientos tan puros y sinceros por él, por lo que se permitió cerrar los párpados y aferrarse a los brazos del rubio, como si dejara liberar toda esa carga de tensión que llevaba en su memoria, remordiendo su conciencia por tantas semanas. Sintió los labios de Chris sobre los suyos, abriéndose paso entre sus dientes para probar con más ferocidad lo que siempre le perteneció. Quizá le había pertenecido desde siempre, pero hasta ese momento era palpable.
El beso se prolongó hasta que ambos se hallaron sobre el sofá una vez más, Chris encima del inglés, con furia en aquel beso que deseaban que jamás terminara, pero la falta de aire se hizo presente invariablemente. Tom arqueó el cuello contra la tela del descansabrazos, apenas emitiendo un suspiro y observando a Chris. Aun con la luz encendida era difícil enfocarlo, nublado entre el cumulo de sensaciones que invadían su mente. No cabía dudas para la decisión que estaban tomando, y Tom supo que el australiano estaba al tanto de eso: Chris lo amaba más que nada en el mundo.
—Subamos —dijo Chris de pronto, tomando la mano del inglés para ir a la habitación escaleras arriba.
Tom lo siguió sin preguntar, porque en el fondo entendía el gesto. Se puso nervioso enseguida cuando Chris giró el picaporte del recinto, pero el miedo no sobrepasaba su deseo de ser amado por ese australiano que ahora le dedicaba una leve sonrisa.
Una vez dentro de la habitación, Chris cerró la puerta, tomando a Tom de la cintura. Juntó su frente con él y suspiró.
—No huyas de mí —pidió.
—Jamás —respondió Tom.
Chris volvió a besarlo con más aplomo, atrapando sus labios al punto de hacerlo delirar. Besaba como un auténtico dios, y el inglés se divirtió con esa analogía. Las manos de su compañero viajaron por su cintura una y otra vez hasta sentir que su cuerpo se encimaba, y con ello percibió un bulto en la entrepierna. No quiso mirar, pero Chris se adelantó para hacerlo colocar su mano por encima del pantalón.
—Esto es lo que logras hacerme, Tom —le dijo contra sus labios. En un movimiento rápido lo cargó por la cintura hasta tirarlo a la cama. Al tenerlo abajo y con la presión de su pene contra la tela, Chris debió controlarse extremadamente para darle seguridad. — ¿Confías en mí?
—Claro que confío en ti, es que… Nunca había hecho esto
—Ni yo, pero ahora mismo sé que no hay otra persona para mí más que tú, Tom
Los ojos aqua del inglés tomaron brillo aun en medio de la tenue oscuridad, que solo se guiaba con una lámpara de noche para que ambos hombres pudieran mirarse sin problema. Sonrió de lado y dejó que Chris tomara iniciativa para abrir su camisa. El rubio no resistió besar el cuello del otro, en tanto sus pulgares tomaban los pectorales de Tom haciendo un masaje en círculos sobre sus pezones.
—Ahh… —gimió el castaño, cubriendo su boca de inmediato. Le parecía muy vergonzoso gemir de esa forma, pero el hombre arriba suyo en poco tiempo lo haría gritar más.
Tenía razón. Chris se arrodilló para que Tom pudiera apreciar cómo se despojaba de su camisa en dos segundos. Sus abdominales, brazos y pecho desnudos eran perfectos y completamente apetecibles, tanto que Tom no pudo evitar acercarse para tocarlos a gusto. Nunca creyó que ver otro cuerpo masculino le causara tanta atracción; aunque no era el cuerpo, era Chris. Levantó su mirada para encontrar esos ojos tan azules como el mar de Sidney, su corazón palpitó, sus manos no soltaban su cuerpo.
—Te quiero, Chris —confesó en cúmulo de emociones. Había notado una cicatriz en la sien derecha del rubio. Se cohibió al pensar que él fue el causante directo de tal herida. —Creí que nunca podrías recordarme después del accidente
—Mi memoria era un lago los primeros días. No sabía quién eras —respondió tranquilo. —Puede que nunca recupere los recuerdos que tuvimos al conocernos "por primera vez", pero que me enamore de ti solo prueba que no fue casualidad. Yo creo que el destino hizo su trabajo con nosotros
—Pero…
—Yo también te quiero Tom —lo interrumpió, besándolo en seguida. —Es todo lo que importa
No cabía duda para el australiano.
Chris volvió a recostar a Tom, besándolo cuanto tiempo le permitía su boca, paseando sus manos hasta la entrepierna y apretando. Desabrochó el pantalón con su diestra y acarició el miembro, que provocó que la habitación se inundara de gemidos y gorgoteos cada vez que Chris incrementaba el ritmo de la masturbación sobre Tom, calmándolo al besar sus labios, pues las uñas de Tom estaban enterradas en su espalda.
—Voy a prepararte —avisó, bajando lentamente los pantalones junto con el bóxer del castaño. El pene de Tom estaba medianamente erecto, pero fluía líquido de la punta, mismo que Chris usó para lubricar el resto. Sin conflictos, empezó a lamer desde la base aquel miembro palpitante enfocándose en el glande. Probaba a Tom por primera vez y era un idilio en su paladar, de alguna manera el sabor de Tom era exquisito.
—Chr-Chris… Ah, espe… Ah, ah —jadeaba entre lamidas, sintiendo un calor avanzando por su cara. El inglés no podía emitir palabra coherente con el placer que sentía, su mente estaba nublada, sus manos se aferraban a las sábanas, mientras que su cadera se movía contra la lengua de Chris, hasta sentir un par de dedos estimulando su entrada. —Chris, no… Se siente…
—¿Se siente bien? —preguntó mientras sus dedos acariciaban la piel. —No te preocupes, Tom. Iré despacio
Aunque Tom se tranquilizó un segundo, no bastaron las palabras porque notó que el rubio escupía abajo y llenaba con más saliva su dedo índice. Cerró los ojos al sentir que el digito se abría paso en sus paredes. No sintió dolor, pero era una sensación extraña, un poco incómoda; aunque no tan incómoda cuando el dígito empezó a entrar y salir. Tom respiró hondo y dejó que su cuerpo se relajara, después de todo, confiaba en Chris.
Miró que el australiano tomaba posición entre sus piernas, trató de relajarse, pero sentía mucho pudor en ese momento. Todavía más cuando el otro, completamente desnudo, dejó salir una erección terriblemente grande. Tom tuvo temor, Chris tenía una maldita serpiente entre las piernas. No había forma que no lo destrozara o partiera en dos. Cerró las piernas instintivamente, pero luego notó el desconcierto del otro.
"No puedo huir, se lo prometí" pensó. Porque era verdad, ya no quería seguir huyendo, y si permanecían juntos como pareja, no había manera que no tuviera intimidad física. Tom sentía miedo, pero a la vez necesitaba sentirlo, quizá porque lo deseaba desde el momento que despertó en el hospital. Miró sus celestes agitados, casi tan desesperados como para no haberle dicho nada. Alzó ambas manos para tomar las mejillas de Chris y besarlo para calmarse. El otro entendió y lo abrazó fuertemente, dejando que ambos miembros se tocaran por primera vez. Tom se aferró a los hombros ajenos en tanto ambos penes se frotaban con ansiedad, más por parte del australiano.
En esa mirada estaban seguros de que no solo era atracción física.
—Hazlo, Chris —pidió Tom dejando caer su cuerpo a plena merced.
El rubio asintió, abriendo sus piernas, colocando su miembro a la entrada de Tom. Apretó la punta hasta la mitad del falo con un movimiento suave pero certero.
—Aaahh… —gimió con su cuerpo estremecido ante el grosor de Chris.
El australiano entrelazó sus dedos a los de Tom, mientras lo acercaba a su pecho para volverlo a besar y aminorar el dolor que podría estar experimentando. Aunque no deseaba herirlo de ninguna forma, estaba consciente que era la primera vez que Tom era tocado de esta forma, así que procuró avanzar despacio aunque el placer lo devorada con cada pulgada recorrida. Las paredes se cerraban sobre él, como si lo succionaran más, casi provocándole el orgasmo, pero necesitaba mantenerse al margen.
Mientras tanto, Tom jadeaba contra los labios de Chris, ahogando su dolor en esos besos y en que ahora eran uno solo, que sentía unirse de forma tan íntima como con nadie, más allá del placer físico. Placer que no tardó en aparecer cuando el falo entró en su totalidad. Era cálido, mirando hacia el rubio con ojos vidriosos, con su mano peinando su cabello. Tom cerró sus piernas en torno a la cadera de Chris para que continuara.
Las embestidas se acentuaron a partir de ese momento. Chris se apoyó en los iliacos que sobresalían para poder enterrarse más profundo. Su pene se movía con necesidad, dando chapoteos en cada estocada. Para evitar venirse rápido, Chris cambió a una posición más cómoda para para los dos: colocó a Tom de lado, posicionándose atrás de su espalda, levantando su muslo y ayudando a su miembro a entra de nuevo.
Era más cómoda, pero también Tom sentía a Chris enterrarse más profundo, si lo partiría en dos. Ignoró todo cuando el placer nubló sus pensamientos. Se aferró a una mano del otro y consiguió sostenerse sobre su brazo. La lengua del australiano se deslizó por su nuca y oído izquierdo.
—Tom… —susurró contra su lóbulo, incitándolo. —¿Se siente bien?
—Ah, Chris… Sí
—¿Sí? Ah, Tom. Anda, dime... ¿Quieres que te, ah, siga amando de esta forma?
Casi era tortuoso que le preguntara eso sabiendo que estaba muriendo por correrse. —¿Amar? Ah, dioses Chris… Ah, ah, me voy a ve-
Chris tomó su mentón para besarlo con salvajismo, así como sus estocadas, que no aminoaraban su velocidad. —Córrete, Tom. Córrete conmigo, juntos
Eso último sonó tan embriagador y excesivamente lujurioso que Tom no pudo contenerse. Se aferró a Chris y terminó en un estrepitoso jadeo que logró sacarle un orgasmo maravilloso. Su abdomen y sábanas terminaron manchadas por su propia cimiente
Chris sostenía aun su muslo porque seguía dentro.
—¿Tom? —lo llamó, dándole un beso en la nuca y moviéndose. Tom gimió levemente cuando el glande abandonó su cuerpo. Había dejado semen chorreando en la entrada del inglés y sonrió de lado. —Lo siento, no pude salir antes
—Está bien —respondió, tratando de bajar su pierna.
—¿Seguro?
—Sí, quería sentirte por completo
Irónicamente el comentario logró sonrojar al australiano.
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En el letargo del post-orgasmo, Chris ayudó al otro a acomodarse, acariciando su espalda. No sería sencillo que se sentara con naturalidad al día siguiente, y no deseaba oír preguntas de la familia. Seguían desnudos y el rubio tomó las sábanas para cubrirlos y darse unos minutos para procesar lo que acababa de suceder.
Chris tomó entre sus brazos a Tom para abrazarlo y besar su cabello.
—Y bien, ya podré preguntarte con formalidad: ¿querrías ser mi novio, Tom?
—No seas absurdo, Hemsworth —respondió rodando los ojos, dándole un golpecillo en el pectoral a su alcance, duro como hierro.
—Hablo en serio —argumentó con una sonrisa. —No puedo dejar que huyas de nuevo
—Eres un bobo
Ambos rieron un momento. Tom entendía el contexto de la pregunta. Era una pregunta que le había costado un accidente y casi tres meses de rehabilitación a Chris. No quería huir… No podía negarse sus sentimientos, menos aun cuando habían tenido un contacto tan íntimo ya. Pasó su mano por la mejilla del australiano, volviéndose a perder en sus ojos. Carajo, jamás podría librarse de ellos, de su hipnotismo, de no leer mentira en ellos. Por supuesto que hablaba en serio.
—Sí, lo seré —respondió, escondiendo su rostro en el cuello del rubio, apenado.
Chris no tuvo más remedio que besarlo.
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Y bien, ojalá haya sido de su agrado. Gracias por seguirme a pesar de mis lapsos largos de actualizaciones. Nos vemos en el capi final! Al menos puedo decir: viva el Hiddlesworth! Hell yeah
