Viernes, 04 de septiembre de 2015.
Hola, hola a todas ustedes mis queridas lectoras y amigas! El día de hoy el capitulo numero once y no saben ni se hacen a una idea de lo mucho que me gusta hacer esta advertencia ;) jajaja. ¡lemon! :D
Este capitulo tiene lemon; o sea para toda aquella que sea inocente aun ;) jajaja, y no sepa qué es lemon, escenas eróticas, sexo en otras palabras :P En este capitulo se va a concretar algo que debió haberse concretado hace rato entre ese par y espero les guste.
Besitos y muchos abrazos. Gracias a todas las que han comentado y espero con todo mi corazón les guste el capi de hoy. Bye, ahora si las dejo leer tranquilas.
Capítulo 11
Serena estaba muy incómoda; y no por estar usando aquel collar que valía una pequeña fortuna y por el que muchas no le quitaban la mirada de encima. Estaba muy incómoda porque ella sabía que sus amigas se morían por estar a solas con ellos.
No sabía ni que hacer para salir de aquel lío.
— Oigan muchachas, no se preocupen. Yo puedo tomar un taxi y….
— ¿Qué? ¡¿Enloqueciste Serena?!—dijo Mina—No, olvídalo. No podría dormir tranquila si sé que estas por ahí sola y con ese collar. Tranquila. Yaten y yo te podemos llevar hasta tu casa. ¿Verdad que no hay problema, mi amor?
—No, ninguno, mi amor.
Le sonrió igual de malicioso a como ella lo había hecho mientras Taiki, Amy y la misma Serena, se reían.
—no hay ningún problema Serena y vamos. Mina no me lo perdonaría y mucho menos lo haría mi jefe, si a ti te pasara algo. Sube. Ya es algo tarde.
—De verdad muchachos que yo me puedo ir en un taxi y….
—que no Serena y vamos. –La empujó Mina muy alegre hasta la camioneta—Vamos que te vamos a dejar en la puerta de tu casa. Chao Amy. Chao Taiki.
—nos vemos Mina.
Sonrió Amy mientras sacaba las llaves de su deportivo azul y se las pasaba a Taiki.
—chao Serena. Nos vemos luego.
Todos se despidieron y subiendo a sus autos, se fueron de la elegante fiesta en donde muchos de los invitados ya se estaban yendo.
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Luego de despedirse de Mina y Yaten, entró a su casa. Siendo ya bastante tarde de la noche y sin querer despertar a su madre, se quitó los tacones plateados, tomó la cola del largo y brillante vestido blanco que estaba usando para subir las escaleras y entrar a su habitación pero….
—hola hija. ¿Qué tal estuvo la fiesta?
— ¿Mamá?—se acercó a ella con incredulidad que estaba en la cocina cerrando la nevera— ¿y eso? Ya te hacía en el quinto sueño. ¿No me digas que me estabas esperando?
— Pues mentiría si te digo que no Serena pero no, —sonrió—no es solo por eso. Es que bien sabes que cada que estoy en esta casa…
—…no puedes dormir bien. Si mamá, lo sé.
Corrió una silla de la mesa que estaba en la cocina y se sentó al igual que lo hizo ella.
— Sé perfectamente que aun te cuesta trabajo lo de mí….
— No mi amor, no hablemos de eso ahora y dime, —sonrió con fuerza evitando el nudo que se había formado en la garganta al recordar a su esposo y con él, las lágrimas— ¿Qué tal estuvo la fiesta? Imagino que te fue muy bien porque para que tú llegues a esta hora y…oye, espera un momento. ¿Y eso qué es?
— Eh, ¿esto?—se llevó las manos hasta el cuello—Eh bueno, es un collar mamá.
— Ya sé que es un collar Serena pero dime, ¿de dónde lo sacaste? Cuando saliste no llevabas algo tan bonito como eso puesto. ¿Te lo prestó alguna de tus amigas?
— Si le digo que me lo regaló Endimión me mata. ¿Qué hago?
— ¿Serena? ¿Qué te pasa mi amor? Te noto como ida.
— Si mamá, no te preocupes. Es que la verdad estoy un poco cansada.
Se levantó de la silla.
— Mañana tengo que levantarme temprano para ir a laboratorio a preguntarle a Luna al fin que averiguó y no solo eso, tengo que devolverle este collar a Amy.
— Oh…. Yo si decía que algo tan bonito y tan fino como eso tenía que ser de Amy o de Mina. Claro mi amor, vamos a dormir que ya está muy y tarde y además mañana me voy.
—Ay mamá, —dijo mientras se dirigían a las escaleras— ¿y a qué horas sale tu camión? Porque si viajas de noche, yo podría acompañarte hasta la estación.
— No Serena, no te preocupes por eso mi amor. Yo salgo mañana contigo; cuando te vayas a ir para el trabajo. Me encanta venir a verte pero….
— Sí, no tienes que decir nada. Entiendo. –La abrazó antes de entrar a la habitación—Hasta mañana. Que descanses mamá.
A Serena le dolía tanto como le dolía a su madre estar en esa casa. Estar en el lugar que encerraba tantos recuerdos y los momentos tan felices que vivió con su familia mientras crecía, le dolía. Dolía muchísimo levantarse todos los días y ver mientras bajaba las escaleras, todas esas fotos en donde no hacían más que sonreír. Era muy duro para ella estar frente a frente con el recuerdo de su papá pero se dijo así misma y se convenció que más duro seria, irse de la ciudad como lo habían hecho su mamá y su hermano hacia algunos años. Ella a diferencia de Ikuko y Sammy, tenía la esperanza de atrapar algún día al asesino de su padre; pues era para eso que había estudiado tanto.
Entrando a la habitación, dejando los zapatos en el suelo y tirándose en la cama, se llevó la mano al cuello (más específicamente al collar) y suspiró sin siquiera quererlo ni pensarlo….
—Endimión…
Suspirando tiernamente su "nombre" y cerrando los ojos, recordó todas sus elegantes atenciones y sus palabras. Recordó lo grave y sexy que le había parecido su voz, la suavidad de sus manos y sus ojos. Esos ojos que aunque tenían el mismo color que los del asesino de su padre, eran los más bellos y transparentes que jamás había visto. Recordó todo de él pero lo que más le gustó recordar y lo que la hizo estremecer, fue como la abrazó mientras bailaban ese vals. Lo que le dijo al oído mientras bailaban y todos los miraban.
"…del pasado. Siento que tú y yo ya nos conocimos y es más, estuvimos enamorados"
—Endimión…. ¿será? ¿Será que tú y yo ya nos conocimos? ¿Será que estuvimos enamorados y…? no, pero que estupideces estoy diciendo. Mañana voy y le devuelvo este collar; faltaba más. ¿Cree que porque me regaló esta cosa tan cara yo me voy a acostar con él o algo así? Ah no, —se quitó el collar y lo puso bajo la almohada—pues está muy equivocado. Muy equivocado…
Serena se iba quedando rápidamente dormida con ideas en la cabeza que no eran ciertas pero Mina, hmmm, bueno, Mina en ese momento era otra cosa.
En ropa interior y sobre la cama, era presa y víctima de todas sus desenfrenadas y apasionadas caricias.
—Yaten, ah Yaten, ah sí, si….
—Mina…. —suspiró al igual que ella mientras besaba y olía su cuello con insistencia—eres tan bella como imaginé.
Sobre ella y sin camisa, no hacia otra cosa que tocarla, besarla y olerla. Recorriendo suavemente cada centímetro de su blanca y suave piel, no veía la hora de hacerlo. No veía la hora de excitarla como quería y que fuera ella quien se lo pidiera.
Besando su cuello y luego yendo hasta su caliente oído, susurró en él con mucha malicia y picardía….
— ¿Te gusta Mina? ¿Quieres más?
— Oh sí, sí, sí, mas….
Después de responder a sus preguntas con ahogados y excitantes gemidos, Yaten se apoderó una vez más de su boca. Besándola con locura y mucha pasión, fue cayendo sobre ella. Golpeando su erección contra su húmedo y muy delicado interior, no pudo soportarlo. Se detuvo y se levantó para poder quitarse el pantalón.
—oye Yaten, ¿podrías apagar la luz? Es que…
— ¿Qué?—sonrió de medio lado mientras se quitaba todo y si, lo dejaba al descubierto. Cosa que le causó mucha risa por la expresión de sorpresa que hizo Mina al verlo—Oye, ¿te da pena?
— Eh, bueno, sí, la verdad un poco. Es que…
— Pues, ¿sabes qué?—se hizo sobre ella y le separó las piernas—a mí no.
— Ah, ah Yaten si, uy sí. Hace tanto que no hacia esto que… ¡ah! ¡Ah sí, sí!
Gritando con fuerza cuando lo sintió completamente dentro de ella, se aferró de su tatuada espalda. Enterrándole un poco las largas uñas blancas de fina manicura mientras él se hundía cada vez más profundo en ella, estaba como él mismo se lo había prometido unas cuantas horas antes. En el cielo. Sintiendo una y mil cosas que empezaban en su cabeza y terminaban en su sexo, se sentía en la gloria, de maravilla.
Recibiendo su boca que buscaba besarla, se sorprendió cuando él arqueó su cuerpo aun estando sobre ella y sin dejar de embestirla….
— ¡Ah! Ah sí, si Yaten. Que rico lo haces, ah….
—Eres, tan, —succionó su seno derecho antes de hablarle de nuevo—tan bella y tan sensible. Tan bella y tan caliente Mina. Son hermosas y deliciosas, me encantan. No quiero dejar de…
— ¡Ah, ah, ah! Ah sí, más, más, más por favor….
Llevando sus arregladas manos a su platinada cabeza, no dejaba de gemir y gritar por lo que él le estaba haciendo. Sentir su boca sobre sus sensibles senos succionando y mordiendo mientras no dejaba de penetrarla, era una de las experiencias más eróticas y sensuales que había tenido en su vida. Prendida de su cabeza con fuerza mientras él no dejaba de atenderla, dirigió su boca hacia el otro seno. No quería dejar de sentir lo que estaba sintiendo.
—Yaten, Yaten, ¡ah Yaten sí, sí!
— ¿Te gusta Mina? ¿Te gusta cómo te lo estoy metiendo mi amor?
— ¡Sí!—gritó con una enorme sonrisa en el rostro y moviéndose bajo él a su mismo ritmo—ummm, ah, ah Yaten, tenías razón. Me estás haciendo ver el cielo mi amor. Mas, mas, más que yo creo que, ¡ah sí, sí, así mi amor! ¡Más que…!
— ¿Más? Oh pero mina.
Detuvo de repente sus aceleradas embestidas y tomó su rostro con algo de violencia por la quijada para decirle…
— ¿No te me iras a venir ya, o si? Mira que, —y empezó a moverse de nuevo.
— ¡Ah, ah, ah Yaten es que no puedo evitarlo! Es que yo, yo quiero…
—…te estoy disfrutando muchísimo, mucho mi amor. Aguanta un poco más que….
Mina no pudo. Llevaba tanto tiempo sin sexo y además Yaten la besaba, la tocaba y la embestía tan bien, que no pudo contenerlo. Después de quince minutos de tenerlo adentro y moviéndose sin parar, se prendió de sus apretadas nalgas que ya estaban muy sudadas y le dijo mientras llegaba a un muy potente y satisfactorio orgasmo…
— Lo siento pero no puedo. No puedo y yo, yo, yo me… ¡ah, ah, ah sí, sí, sí Yaten, sí…..!
— ¡No, no Mina espera y…!—luego pensó mientras Mina gritaba y se movía debajo de él con mucha fuerza—piensa en algo feo, piensa en algo feo, piensa en algo feo, ¡maldita sea piensa en algo inmundo!
Costándole mucho trabajo pero controlándolo, lo sacó cuando vio que ella quedó satisfecha y se acostó a su lado mientras todavía gemía para decirle….
— ¿Cansada? Mira que apenas estamos empezando.
—Yaten, Yaten, Yaten mi amor, —se abrazó tratando de recuperar el aliento y lo besó en el desnudo pecho—que rico. Mas, más por favor pero…
— ¿Pero?
— Qué bueno que no te viniste; y no solo para que lo sigamos haciendo sin parar.
Rieron.
— También es porque yo no me estoy cuidando. Llevaba más de seis meses sin hacerlo y pues….
—Espera, —se apoyó en un codo y la miró muy sorprendido— ¿acabas de decir seis meses? ¡¿Seis meses Mina?! ¡¿Es en serio?!
— Sí mi amor pero pues bueno.
Sonrió y se abrazó a él de nuevo.
— Valió la pena. Nunca, nunca me había venido como hoy y….
— Y lo que te vas a seguir viniendo. –se hizo sobre ella de nuevo—No sabes cómo me gustaría embarazarte para hacerte mía del todo pero…quita esa cara, no lo haré. Ahora levántate y dame la espalda. Te lo quiero seguir haciendo mi amor.
—Yaten….
Obedeciendo a lo que le pidió, se levantó y le dio la espalda. Aferrándose de la dorada cabecera de su cama, se inclinó cuando él empujo un poco más su espalda. De nuevo volvió a sentirlo muy dentro de ella y se sintió de maravilla. Como hacía muchos meses no se sentía.
Aferrada de la cama mientras él no dejaba de tocarla y penetrarla, creía estar en un sueño. Uno de esos mojados sueños que tenía una que otra noche por la falta de sexo.
— ¡Yaten, Yaten, Yaten! Oh si Yaten, ¡es tan rico mi amor! ¡Me encanta!
— Sí, lo sé. –nalgueó con fuerza su nalga derecha.
— ¡Ah, sí, dame más!
— ¿Te gusta?— Nalgueó incluso con más fuerza que la primera vez, su nalga izquierda.
— ¡Sí! ¡Si mi amor, me encanta! ¡Más, más por favor! ¡Dame más Yaten!
— Oh Mina, Mina, Mina, —decía en medio de sus fuertes embestidas y nalgadas—eres la mujer perfecta para mí. Eres muy caliente y obediente cuando estas en la cama. ¿Así o quieres más duro? ¡¿Te gusta?!
— ¡Sí!
Completamente excitado por sus gritos y sus gemidos, aceleró el ritmo cuando sintió su piel hirviendo. Aferrado de sus blancas caderas y después de estarse hundiendo en ella por más de diez minutos en esa posición, la llevó de nuevo a un escandaloso orgasmo.
Solo que esa vez ya no pudo controlarlo. Estalló pero no lo hizo adentro.
Manchando con su abundante esperma su nalgueado y rojo trasero, cayó sobre la cama como Mina lo hacía, que no podía de la dicha y la alegría.
— Yaten, Yaten, oh Yaten mi amor, que, que delicia. Eres increíble…
— No Mina, te equivocas.
— ¿Ah?—giró la cabeza para verlo estando de espaldas en la cama luciendo muy confundida.
— Eres tú. Desde que te vi en el bar me di cuenta de que eres tú. Eres más que increíble mujer, eres perfecta, Mina.
—Yaten….
— Quédate quieta. Voy a ir por algo de agua y jabón para limpiarte.
— Pero…
— Quietica. – Se levantó y le regaló una encantadora sonrisa—No te muevas de ahí Mina. No tardo.
.
.
Llegó el otro día y ese era un día muy hermoso. Amy y Mina habían pasado una estupenda noche en compañía de tan atractivos hombres. Ellas y ellos la pasaron muy bien pero si ellas la habían pasado bien, ni que hablar de Lita. Lita había pasado una noche de ardiente intimidad con Andrew cuando él había llegado a la media noche a su casa a buscarla. Entregándose al deseo, a la lujuria y la pasión que él le despertaba, la pasó increíble. Para ella solo había sido sexo pero para Andrew que si estaba enamorado de ella, había sido más, mucho más que eso.
— Buenos días mi ardiente conejita y, ¿Lita? Oye Lita, ¿estás en el baño? ¿Lita…? ¿Dónde estás conejita traviesa?
Andrew despertó cubierto de la cadera para abajo con una sábana blanca de seda. Despertándose muy temprano en la mañana y palpando el lado derecho de la cama para tocarla, se despertó del todo cuando no la sintió. Quería abrazarse a ella aprovechando que aún era temprano pero cuando no la encontró, no tuvo otra opción que levantarse. No entendía en donde se había podido meter a las seis y media de la mañana.
—Lita, oye Lita, ya me estoy empezando a preocupar y… ¿y eso? ¿Eso qué es?
Andrew llegó hasta la sala vestido tan solo con unos boxers y cuando vio hacia la cocina y vio una nota pegada en la nevera, fue a ver que decía. Tomándola y leyéndola medio dormido porque aún era muy temprano, no podía creer que fuera cierto lo que le había escrito.
Estaba sin palabras y muy confundido.
"hola Andrew. Me fui para el restaurante. Espero hayas pasado una buena noche y nada, fue divertido, hace rato no la pasaba tan bien con alguien. Te dejé algo de comer en el microondas y hay café negro en la cafetera, tu preferido. Un beso, muaaa, nos vemos después, caliente conejito, jajaja"
— ¿Qué cómo? ¿Cómo así que fue divertido? No Lita, estas muy equivocada si piensas que yo lo único que quería era acostarme contigo ardiente conejita. ¡No era eso lo que yo quería! ¡Ah, maldición! ¡Soy un idiota!
Dejando la nota sobre la mesa y volviendo a la habitación para recoger su ropa que estaba por todo el suelo, empezó a vestirse con rapidez porque iría a buscarla. Tenía que explicarle que las cosas no eran como ella creía.
Media hora después y entrando al restaurante, la vio y le pasó lo mismo que siempre le pasaba cuando la veía en ese mostrador sirviendo cafés, postres y atendiendo gente. Su corazón empezó a latir sin control.
— Hola Lita.
— Hola Andrew. —le contestó con una contagiosa sonrisa— ¿Cómo dormiste? ¿Comiste lo que te dejé en el microondas?
— Sí. Muchas gracias Lita y también encontré esto.
Sacó la nota de su chaqueta de lana beige y se la mostró con algo de pena.
— ¿Qué quisiste decirme con esto? No entiendo.
— ¿Qué es lo que no entiendes Andrew?—le contestó mientras servía dos expresos.
— Todo. Como es eso de que, "¿fue divertido, hace rato no la pasaba tan bien con alguien?"
— Exactamente eso Andrew. —Contestó con una risilla—Hace rato no me divertía tanto. Gracias por lo de anoche y me disculpas pero ahora de verdad que no tengo tiempo para hablar de esto. ¿Hoy te toca trabajar hasta tarde como todos los viernes?
— Sí, como siempre.
— Bueno, entonces hoy en la noche que vengas por tu café y por tu dona de zarzamora, si quieres seguimos hablando. Por ahora si no vas a ordenar nada…
Salió del mostrador con una orden de café y panecillos que llevaría a una mesa.
—…hablamos luego. Que tengas un buen día detective. —Le guiñó un ojo muy alegre—Como ves el mío empezó muy ocupado.
Confundido por la extraña actitud de Lita, se despidió con un gesto de mano y salió del restaurante mientras ella y un par de meseras seguían atendiendo mesas; era la hora del desayuno y por eso estaban a medio reventar, no daban abasto.
Extrañado por sentirla tan lejana cuando la noche anterior y en la cama la había sentido tan suya, se fue a trabajar ansioso de que llegara la noche rápido para poder volver, para hablar con ella. Necesitaba poder hablar tranquilamente con ella y (a solas) explicarle que para él ella no había sido una aventura de una noche. Quería decirle que él lo quería todo con ella.
Y mientras Andrew se sumergía en su trabajo para a ver si de esa manera dejaba de pensar en ella y en todo lo que habían hecho la noche anterior, Serena estaba muy bien arreglada y siendo escasamente las ocho de la mañana en la puerta del gran edificio que era la sede principal de telefonía Lunar.
De falda negra de tubo, blusa semi holgada transparente azul y tacones medio altos negros con el cabello recogido en una coleta, respiró profundamente dándose valor para entrar a preguntar por él.
En la recepción y mientras preguntaba por él…. ¿Qué curiosa era la vida? Justo en ese momento llegaba Darien perfectamente bien arreglado en compañía de unos sonrientes Yaten y Taiki igual de bien vestidos a él.
— ¿Serena? Miren muchachos, ¡pero si es Serena en persona!
Fue con prisa hasta donde ella estaba y si, la hizo sonrojar de nuevo.
— Buenos días señor Shields. Me alegra encontrarlo porque así no pierdo el viaje.
— Oh por favor Serena, creí que habíamos quedado en que….
— No, eso fue algo que usted me pidió pero yo en ningún momento accedí a eso. —Dijo con mucha seriedad y sin mirarlo porque estaba buscando algo en su gran bolsa negra—Ah, por fin lo encontré. Tenga señor.
Le entregó una pequeña bolsa roja de terciopelo.
— Disculpe que no lo haya traído en una caja pero en mi bolsa no habría cabido y además para ser completamente sincera con usted, no tenía.
— ¿Qué es esto?
— ¿No lo adivina? Es el cristal de plata, señor Shields. Como le dije anoche yo no puedo aceptar algo como eso. No podría.
— Pero Serena….
— Ahora con su permiso señor, muchachos, —dijo mientras cerraba su bolsa y se disponía a salir—ya voy tarde para el trabajo. Hasta luego muchachos.
Les sonrió con amabilidad a Yaten y a Taiki. Pero con Darien que no cabía en la ropa de la sorpresa con todo lo que estaba pasando… fue fría y cortante.
— Que tenga buen día señor Shields. Hasta luego.
Escuchando el clap, clap de sus altos tacones negros, quedó con aquella bolsa roja en las manos muy aburrido mientras ella se iba. Dolido, muy herido por su frialdad y sus palabras, vio al igual que lo hicieron Yaten y Taiki (que inmediatamente reconocieron al sujeto que estaba en la patrulla esperándola) como se subía al auto de ese policía.
Darien apretó la bolsa roja de terciopelo en sus manos y les dijo a Yaten y a Taiki que se miraban asustados…
— Tengan. Quiero que por favor vayan a su casa y la dejen en su habitación. En un lugar en donde lo primero que vea cuando entre sea esto.
— Pero señor….
— Es una orden Taiki. —Dijo ya de muy mal humor y muy serio mientras se la pasaba—Vayan ahora mismo.
— Sí señor.
Taiki recibió aquella costosa joya y la guardó en su saco. Luego salieron del edificio mientras Darien entraba a su oficina y Serena se iba. Ya en la camioneta y a solas, el primero en pronunciar palabra fue Yaten.
— ¿Tú viste lo mismo que vi yo verdad?
— Sí, ese era Seiya, Yaten. ¡Carajo! ¿Entonces eso que quiere decir ah? ¿Qué la mujer que le gusta a Darien es la misma que….?
—…que Seiya ha perseguido por años. Al parecer así es Taiki. Nunca pensé que la rubia de Seiya y la que tantos dolores de cabeza le ha dado, fuera la misma que le gusta a Darien. ¿Y ahora que vamos hacer ah?
— Pues a mí me da muchísima pena con el jefe Yaten pero sabes de sobra lo que nos enseñó mi papá.
— Sí, sí, sí me acuerdo Taiki.
"La familia puede ser un dolor de cabeza pero siempre es la familia muchachos. Siempre debes apoyarlos no importa lo que los demás digan"
— Claro que me acuerdo de lo que nos enseñaron nuestros papás Taiki pero se trata de….
— Pues de malas por él porque en esas cosas no manda nadie. Seiya puede ser todo lo sapo que quiera pero sigue siendo nuestro hermano, nuestro único hermano y de repeso el menor Yaten.
— Menor por media miserable hora idiota.
—Como sea, —dijo mientras encendía el auto—sea como sea es nuestro hermano y además pues mira, ¿es que no viste lo mismo que yo? Parece que de verdad la rubia; ahora la podemos llamar por su nombre, Serena, por fin le está haciendo caso a Seiya. Se tomó el trabajo de venir hasta aquí a devolverle ese collar a Darien y eso sin contar con el hecho de que le pidió al mismo Seiya que la trajera.
— Pues sí pero eso no quiere decir nada. Creo que lo mejor antes de meternos en lo que nadie nos ha llamado es preguntarle al pendejo de Seiya. ¿Lo llamas tú o lo llamo yo?
— Yo hablo con él. —Dijo mientras marcaba—Ustedes siempre terminan es peleando.
Yendo hasta la casa de Serena para dejarle sobre su cama la joya que por segunda vez había rechazado, estaban llamando a Seiya para cerciorarse de que sus conclusiones eran ciertas.
Y, ¿como vieron a Serena con Endimion ah? jajaja, como que se pasó de grosera con él pero es que, eso le pasa a él por terco. ¡creo que es normal que ella le hubiera dicho eso! jajaja.
Muchas gracias a todas las que estén por aquí leyendo, en serio se los agradezco mucho. A mí no sé porque me gusta mucho hacer lemons de Mina y Yaten. Este que hice aquí me gustó mucho y claro, espero a ustedes también les haya gustado.
Gracias por leer y comentar y hasta un review o hasta la otra semana en otro capitulo de esta locura, jajaja. Chao nenas. Que el señor me las cuide y me las proteja siempre. Besos. Cuídense mucho y, gracias :)
