Dulces promesas
Día 10. Tema: Eros & Ágape (primer beso)
—Yuri, hijo, debes ir con los demás— decía una mujer desde la orilla de la pista, llevaba un rato insistiendo para que su pequeño se uniera al resto del grupo.
El nombrado, que iba bien abrigado con un saco café y un gorrito azul que escondía casi todo su cabello rubio, negó con la cabeza.
—Anda, yo esperaré a que terminen— insistió con voz dulce —aquí podrás practicar con mas libertad, dice tu abuelo que patinas hermoso—.
El niño vió de reojo hacia el grupo, estar rodeado de personas no era algo que le gustara mucho pero viendo que no tendría otra opción se deslizó hacia ellos.
—¡Ese es mi hijo!—.
Al llegar sintió como el resto de niños le veían con extrañeza, era el menor del grupo y no era de sorprender que no fuera tomado en serio.
—¿Qué hace un bebé acá?— dijo un niño a modo de burla —¡lárgate!—.
—Lo haré luego de patear tu trasero— respondió sin miedo, estando acostumbrado a ese tipo de tratos había creado una actitud un tanto agresiva.
—¿Qué pasa aquí?— intervino el instructor —ah, tú eras el niño que faltaba— dijo viendo en dirección al rubio, no era común que aceptaran a alguien tan joven en los cursos de patinaje pero al ver su habilidad hizo una excepción.
Cortando de tajo un posible enfrentamiento organizó a los menores para que realizaran un calentamiento, todos se dispersaron por la extensa pista y Yuri como siempre se fue hasta la sección mas apartada, prefería trabajar solo.
Mientras patinaba en círculos alzó la vista, vio como un niño de cabello negro lo estaba observando, al igual que el parecía estar incomodo rodeado de tanta gente. Se detuvo y con lentitud se deslizó hasta él, pensó que huiría pero en lugar de eso le saludó con la mano.
—¿Por qué me ves?— preguntó apenas lo tuvo cerca.
El niño mayor se sonrojó —por nada... solo no había visto patinar a alguien mas pequeño que yo — el acento en su voz le hizo ver que no era ruso.
—¿También te vas a burlar?— se cruzó de brazos.
—¡N-no!... de hecho me gustó verte— admitió para sorpresa del otro.
El rubio pareció relajarse, no era común que recibiera halagos de personas que no fueran su madre o su abuelo, de cierta forma le agradó que alguien más se fijara en él.
—Tu acento no es ruso, ¿de donde eres?—.
—J-Japón, mi familia vino solo por una temporada—.
—¿En serio? eso suena genial— dijo con asombro, recordaba haber visto algunos paisajes de ese país en algún viejo libro, hasta ese momento nunca había interactuado con algún extranjero.
—Me llamo Yuuri— extendió su mano buscando ser mas amigable con el niño que acababa de conocer.
—No puede ser, yo también me llamo Yuri— contestó estrechando la mano del mayor.
Ambos rieron por la coincidencia, lo que restó del día se la pasaron hablando y realizando los ejercicios juntos, por lo que Yuri pudo descubrir su nuevo amigo vivía con su familia en un pueblo llamado Hasetsu donde tenían un negocio de aguas termales, habían llegado a Rusia para vacacionar y al descubrir el campamento de patinaje Yuuri les pidió que lo dejaran ir pues en su pueblo natal también entrenaba dicho deporte. Mientras tanto, Yuuri supo que su compañero si era nativo del país y vivía solo con su madre y su abuelo, este último fue el que descubrió su habilidad natural para el patinaje por lo cual lo llevaba constantemente a un lago congelado para que practicara.
No tomó mucho tiempo para que ambos niños se llevaran bien, aún si sus personalidades eran algo opuestas ellos sabían entenderse, siempre practicaban alejados de los demás y hablaban de cualquier cosa, a la madre de Yuri le hizo feliz ver que su hijo finalmente había hecho un amigo.
—Dice mi profesora que cuando sea mas grande podré comenzar a participar en torneos, ¿no es genial?— dijo Yuuri cuando ambos se dirigían a quitarse los patines, la practica había terminado.
—¡Si! pronto podrás salir en la televisión y ganarás medallas— al igual que su amigo también soñaba con algún día poder competir.
—¿Medallas? ¿crees que gané alguna?— sus ojos se iluminaron al imaginarse en el podio.
—¡Claro que si! y serán muchas, yo también las ganaré— aseguró extendiendo sus brazos —tú y yo seremos famosos—.
Yuuri sonrió al escuchar las palabras del emocionado ruso, sabía que si él lo decía tenia que ser cierto.
Los días pasaron y sin darse cuenta el campamento había llegado a su fin, para ese momento ellos ya habían creado una fuerte amistad, sin embargo, Yuuri regresaría a Japón.
—¿Cuando crees volver?— preguntó Yuri con tristeza, sabía que ese día llegaría.
Yuuri no supo darle una respuesta, realmente haberse quedado por el campamento había sido algo de improviso —trataré de convencer a mis padres de volver el próximo año—.
Esa respuesta no complacía del todo al pequeño rubio, finalmente tenía un amigo y no sabía cuanto tardaría para poder volver a verlo —tienes que volver ¿entendiste?— hizo un puchero como muestra de enojo.
Yuuri sonrió al ver como esos ojos de color esmeralda le pedían que no tardara en regresar, él tampoco quería irse. —Hagamos un trato, ¿te parece? umm... ¿recuerdas el parque al que fuimos?— espero a que su amigo asintiera y continuó —bien, dentro de un año espérame ahí, si no llego puedes ir a Japón a golpearme—.
Yuri soltó una risa ante la curiosa propuesta, mas allá del castigo que sugería el japonés también le demostraba que eso no era una despedida, era un simple hasta luego.
—Eso me gusta, ¿entonces es una promesa?— extendió el meñique de su mano izquierda —promete con el meñique que tú volverás—.
Yuuri sin pensarlo entrelazó su meñique con el de su amigo —te lo prometo—.
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Había pasado un año y Yuri manteniéndose firme a esas palabras caminó hasta el parque que estaba cerca de su hogar, en ese lugar se pasaba las tardes jugando con su amigo japonés.
—El vendrá, lo prometió— se decía mientras se columpiaba.
Estaba por anochecer cuando lo escuchó a lo lejos, corría lo más rápido que podía.
—¡Cumpliste!— gritó eufórico mientras bajaba del columpio.
Ambos se abrazaron. Ese simple gesto daría inicio a una tradición que se mantuvo intacta hasta que ambos niños llegaron a la adolescencia.
Para ese entonces Yuuri tenía dieciséis y Yuri catorce, llevaban ya algunos años compitiendo y pese a todo mantenían una amistad sólida.
—¿Cuanto falta para su día especial?— preguntó Pitchit que ya conocía la peculiar tradición de Yuuri.
—Si no me equivoco dos días ¿por qué?— para fortuna del japonés el evento de ese año se celebraría en Rusia.
Su compañero le lanzó una mirada acusadora —ya sabes muy bien porque, ¿se lo vas a decir?—.
Yuuri se sonrojó ante la incómoda pregunta, en esos casos reconsideraba haberle contado sobre los sentimientos que comenzaba a tener por su amigo rubio —te he dicho que no, no quiero arruinar nuestra relación por algo que quizás no es más que un sentimiento confuso—.
—Sabes muy bien que no es eso, ya llevas un buen tiempo sintiendolo y no siempre podrás ocultarlo—.
—Aun así no voy a arruinar mi amistad con él... es mejor asi—.
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Se mecía en el columpio como lo hacía desde la primera vez que lo esperaba en ese lugar, por momentos se volvía a sentir el mismo niño que esperaba ansiosamente su regreso. Solo que esta vez sería un poco diferente de las otras, hoy finalmente se lo diría.
—Pase lo que pase no actúes como un tonto— se dijo mientras meditaba que palabras diría.
—Ya te ví, gatito— dijo Yuuri mientras se sentaba en el columpio de al lado —siempre llegas antes que yo—.
—Es parte de la costumbre— sonrió —siempre me alegra este día, nunca me decepcionas—.
Por un momento se quedaron en silencio, cuando ellos estaban juntos sentían una tranquilidad inigualable.
—Debo decirte algo— habló Yuri nuevamente.
—¿Que sucede?—.
—Antes que nada ¿cuanto llevamos siendo amigos?—.
Yuuri lo pensó unos segundos —casi 10 años, vaya... casi una vida ¿por que?—.
—Es solo que me sorprende, pareciera ayer la primera vez que vinimos...— suspiró —Yuuri... te quiero y no solo como mi compañero de patinaje... yo... tu me gustas—.
Yuuri parpadeó un par de veces, ¿habia escuchado bien?.
—...tu tambien me gustas— dijo sin meditar su respuesta, una felicidad comenzaba a llenar su pecho.
Ambos se sonrojaron al caer en cuenta de sus sentimientos mutuos.
—Esto es incómodo...— admitió Yuri.
El japonés desvió la mirada, estaba feliz pero la emoción no lo dejaba pensar que hacer, enserio sentía una gran felicidad de sentirse correspondido pero ambos eran inexpertos en ese tipo de cosas.
—Cierra los ojos— le pidió al Ruso.
—¿Uh? ¿porqué?—.
—Solo hazlo— sonrió y espero a que el chico obedeciera.
Estando de pie se puso frente a Yuri, por alguna razón sentía que debía hacerlo, se inclinó hasta quedar cerca de su rostro y una risita nerviosa escapó de sus labios.
—¿Que planeas?— preguntó al sentir su cercanía.
Yuuri no contestó, solo cerró los ojos y pegó suavemente sus labios contra los del rubio, fue un beso rápido pero que lo tomo por sorpresa.
Había dado su primer beso y había sido con la primera persona que tenía ganado su corazón desde hace tiempo.
—Eres listo, cerdito— sonrió Yuri apenas abrió los ojos —¿esto será también parte de nuestra promesa?—.
—Si tú quieres puedo hacer otra promesa— acarició sus mejillas con ternura —yo prometo siempre estar contigo, gatito—.
—¿Promesa del corazón?—.
Yuuri asintió y fue abrazado con fuerza, parecía que en el destino estaba escrito que ese día fuera su fecha especial.
