Epílogo.
El tiempo había pasado y se encontraban a finales de Abril, justo antes de la Golden Week. El cambio de ritmo entre el colegio y la universidad era notable pero Azusa lo encontró agradable y supo adaptarse rápido, pero lo que más disfrutaba era el poder estar de nuevo con las chicas de HTT. Aunque no las podía ver ni compartir con ellas tanto como quisiera debido a que cada una tenía un horario diferente, era mucho mejor que no verlas del todo; incluso tenía su lado bueno pues podía compartir individualmente con sus amigas, cosa que rara vez ocurría cuando estudiaban en Sakuragaoka. Otro punto positivo es que cuando tenían que ensayar realmente lo hacían, más que todo por la rivalidad, si es que podía decirlo así, que tenían con OnNaGumi, sin embargo, la hora del té seguía siendo sagrada.
Pero lo mejor de todo era pasar tiempo con Yui. Incluso habían cuadrado sus horarios para dicho fin y no podía quejarse, las cosas no podían estar mejor aunque aún había detalles que resolver.
Azusa iba de camino a la biblioteca, cuando vio sentada en una banca a Ritsu quien parecía algo cansada.
- Hola Ritsu-senpai.
- Oh, eres tú. – Respondió sin muchos ánimos. – Hola Azusa.
- Se te nota decaída, ¿pasó algo? – Preguntó la joven pelinegra mientras se sentaba a su lado.
- Nada serio, sólo una pequeña discusión con Mugi.
- ¿Ahora qué hiciste?
- ¿Por qué supones que fue mi culpa? – Azusa seguía mirándola con seriedad antes de responder. – Bueno tal vez si lo fue. – Ritsu suspiró vencida. – Le sugerí a Mugi si íbamos de paseo a algún lado durante la Golden Week, pero ella sabe que tengo un trabajo importante que terminar y me dijo que no debía utilizarla de excusa para evadir mis responsabilidades.
- En eso tiene razón. – La chica de ojos dorados miró a Azusa con algo de molestia. – Ella se preocupa mucho por ti y tu rendimiento académico.
- Lo sé, pero creo que está exagerando un poco, ella no era así antes.
- Cuando se trata de Ritsu-senpai es mejor que Mugi-senpai sea firme. – Otra mueca de molestia se formó en el rostro de la baterista. – Además ahora son pareja, es normal que se preocupe en exceso por ti. No te extrañe si también se comienza a preocupar por lo que comes. – Azusa le sonrió dulcemente. – Esa es una de las formas que tiene para demostrarte lo mucho que te ama.
- Lo sé. – En el rostro de Ritsu se formó una dulce sonrisa. – Incluso enojada ella es linda, infla sus mejillas y frunce el ceño tratando de parecer severa pero sigue siendo adorable. No me gusta hacerla enojar pero no puedo evitar adorar esos gestos.
- Algo me dice que eso no es todo. – Ritsu la miró por un segundo insegura si responderle o no. – Se te nota en la cara que algo más te molesta, y me atrevería a adivinar que esas peleas son sólo para evitar algún otro asunto.
- No pensé que fueras tan observadora. – La castaña sonrió sarcástica.
- No tienes que decirme si no quieres, después de todo es un problema de ustedes dos solamente, pero si te diré algo: Sea lo que sea que te moleste háblalo claramente con Mugi-senpai. Guardar silencio sólo creará más tensión entre ustedes.
- Gracias Nakano, lo tendré en cuenta.
- En serio, aún sigo sorprendida que ambas estén juntas, pero me alegro mucho por Mugi-senpai.
- ¿No te alegras por mí? – Preguntó con ironía.
- Cuando enfermó aquella vez realmente me sentí mal por su amor no correspondido por ti. Lo lamento por Mio-senpai pero creo que Mugi-senpai también merecía un poco de felicidad. – Azusa se levantó de la banca. – Debo ir a la biblioteca pero como te dije Ritsu-senpai intenta conciliar con ella, termina ese trabajo en estos días y luego si puedes disfrutar el resto de la semana juntas.
- Gracias Azusa.
- No olvides disculparte, hasta luego.
Una vez se separó de la chica de ojos dorados, continuó su camino hacia la biblioteca pero en el trayecto se encontró con otra persona que le hizo fruncir levemente el ceño.
- Buenos días, Nakano-san.
- Buenos días, Wada-senpai. – Azusa conocía muy poco a la guitarrista de OnNaGumi pero sabía lo suficiente para sentirse incómoda a su lado y tal parece que el sentimiento era mutuo.
- ¿A dónde se dirige?
- Necesito ir a la biblioteca. – Un ligero gesto de desagrado apareció en el rostro de la joven pelinegra, pero desapareció pronto.
- Que coincidencia, también voy para allá.
Las dos caminaron por un rato una al lado de la otra sin decirse palabras pero para Azusa aquello era supremamente incómodo así que decidió romper el silencio.
- ¿Y cómo le ha ido a Yui en clases?
- Normal, ya es menos que la veo cabecear de sueño. – Azusa se le escapó una risita imaginando a la castaña intentando no dormirse en clases. – Comparando a como era hace un año, ha mejorado mucho y supongo que tiene que ver con usted.
- ¿Eso cree?
- Sí, creo que Yui intenta sacar lo mejor de sí misma para que no se preocupe y se concentre en sus estudios y no tanto en ella. – Akira seguía con su cara de póker. – Dime Nakano-san, siempre siento esta tensión entre nosotras, ¿acaso le ofendí de alguna forma?
- Sólo me siento celosa. – Dijo Azusa directamente. – Yui siente un afecto especial por usted y no puedo evitar sentirme amenazada.
- Eso es una tontería, yo no siento nada por esa cabeza hueca.
- Esa es la peor parte. – El tono de la joven era más severa. – Que eso no es verdad, usted también siente afecto por Yui.
- No es cierto. – Akira frunció el ceño y la miró desafiante aunque también con un ligero rubor.
- Sí lo es y estoy segura porque Wada-senpai y yo somos muy parecidas. – Azusa se mantuvo firme mirando directo a los ojos de su senpai. – Cuando se trata de Yui actúas de la misma forma que lo hacía yo. Antes me quejaba de sus abrazos, de las tonterías que decía, por ser despistada o que no tomara nada en serio pero al final eso es lo que más amo de ella, al igual que usted.
- ¡Yo no lo amo!
- Lo sé pero tampoco la odias. Puedes quejarte todo el día de Yui pero al final te agrada más de lo que demuestras, y de aquello que te quejas es precisamente lo que te agrada. – Akira se quedó sin palabras.
- Está bien, lo acepto. Yui me agrada pero NO, me oyes, NO estoy enamorada de ella.
- Lo entiendo, pero no puedo evitar sentir celos porque después de todo es usted quien pasa más tiempo con ella.
- Eso no es mi culpa, la cabeza hueca me persigue a todos lados. Además no puedes obligarla a que no seamos amigas.
- Nunca privaría a mi Yui de hacer amistad con alguien más. Sobre todo porque ella es amistosa con todo el mundo pero creo que es mejor dejar las cosas claras.
- Sí que eres directa.
- Es mejor así, ¿no cree? – Azusa tomó aire e intentó relajarse. - También creo que deberíamos intentar ser amigas, Yui siente esta tensión entre ambas y no le agrada.
- No tengo nada en contra de eso.
- Entonces para empezar podrías llamarme por mi nombre, Akira-senpai.
- Ammm… etto… Azu… Azusa-san. – La joven pelinegra no pudo contenerse y comenzó a reír, Akira quien estaba medio ruborizada por la vergüenza se molestó. - ¿Por-por qué te ríes?
- En verdad es escalofriante lo mucho que nos parecemos. – Akira sólo desvió la mirada más avergonzada que antes.
- Tú eres la más normal y sensata del grupo de Yui, ¿cómo pudiste enamorarte de una cabeza hueca como Yui?
- Precisamente por eso. – La guitarrista de OnNaGumi la miró confundida. – Para enamorarte sólo necesitas a alguien que haga de tu vida especial y eso es exactamente lo que hace Yui. Yo, como alguien "normal", tenía una vida "normal" pero Yui la hizo interesante. – En ese momento Akira se sintió genuinamente envidiosa de Azusa.
- Entiendo lo que quieres decir.
Sin darse cuenta, al estar inmersas en la conversación ya habían llegado a destino. Educadamente se despidieron la una de la otra y cada quien siguió su rumbo, Azusa subió algunos pisos y buscó los libros de referencia que necesitaba, luego fue a buscar un cubículo privado de lectura pero para su mala fortuna estaban todos ocupados excepto por uno pero cuando lo iba a tomar alguien se le adelantó. Afortunadamente conocía a esa persona.
- ¡Mugi-senpai!
- Hola Azusa-chan. ¿Necesita este cubículo? – Preguntó la rubia preocupada.
- Sí pero no importa, creo que iré a leer al primer piso.
- Pero allí hacen mucho ruido, si no te importa compartir usemos éste juntas.
- Gracias, Mugi-senpai.
Ambas entraron al cubículo, era un espacio reducido apenas para ser utilizado por dos personas así que la proposición de Mugi no implicaba ninguna molestia. Las dos chicas se acomodaron una en frente de la otra en la pequeña mesita y se dispusieron a estudiar, por unos minutos ninguna dijo nada inmersas en su actividad hasta que Azusa rompió el silencio.
- Hace un rato me encontré con Ritsu-senpai.
- Ricchan es una tonta. – Murmuró la rubia mientras inflaba sus mejillas.
- En verdad se ve linda enojada. – Pensó la kouhai intentando contener una risita. – Entonces sí estás enojada con ella.
- No quiere hacer sus deberes.
- Sólo quiere pasar tiempo contigo. – Azusa la miraba atenta al pendiente de cada reacción de la chica de ojos azules.
- Eso lo entiendo pero no quiero que me use de excusa para no hacer lo que tiene que hacer.
- Pero antes no eras así con Ritsu-senpai, incluso te gustaba unirte a jugar junto con Yui.
- Y no creas que no me gustaría. – Mugi tenía una mirada preocupada. – Como su amiga no había tanto problema, pero como su novia no debería ser tan permisiva.
- ¿Por qué?
- Porque entonces siempre me usará de escudo para no hacer sus deberes pero más importante, quiero que Ricchan le vaya bien y estudie. – Un suspiro de desazón escaparon de los lindos labios de Mugi. - ¿Por qué me preguntas todo esto Azusa-chan? Tú mejor que nadie entendería.
- Y te entiendo, sabes como soy con Yui cuando se trata de los estudios, estaba más interesada en saber lo que pensabas. – Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la pelinegra. – Es bueno que seas firme con Ritsu-senpai pero en lugar de negarte rotundamente a sus peticiones ofrécelos como recompensa por hacer sus deberes.
- Suena bien pero pareciera que estuviera entrenando a una mascota.
- Tal vez, pero al final, ¿no somos todos así? Hacemos las cosas para obtener una gratificación, ya sea una buena nota o un buen trabajo o algo más.
- Tienes razón. – Ahora Mugi parecía divertida. – Has madurado mucho Azusa-chan. En realidad siempre lo has sido pero igual estoy sorprendida.
- No lo soy tanto. – Azusa bajó la mirada avergonzada. – Todas ustedes también han madurado, por ejemplo me sorprendí lo aplicada que se ha vuelto Yui.
- Eso es porque quiere ser digna de ti, quiere ser alguien de la que no debas preocuparte sino todo lo contrario: quiere ser alguien capaz de cuidar de ti. - La pelinegra se sonrojó más pero sonrió, la hacía muy feliz escuchar eso. Mugi se levantó de su lugar y rodeó la mesa para llegar hasta su kouhai a quien abrazó desde atrás. – Te contaré un secreto, siempre envidié la relación que tenían ustedes dos, incluso más que la de Mio-chan y Ricchan.
- ¿En serio? – Azusa estaba muy sorprendida. – Pero no entiendo.
- Es porque amabas son muy inocentes, incluso ahora. El cariño que se tenían y se tienen es tan puro que es muy envidiable. ¿Recuerdas cuando enfermé y me fuiste a visitar?
- Claro que lo recuerdo.
- Ese día me sentía tan débil y no sólo físicamente, sino de mi corazón y por un momento de verdad quise aprovecharme de ti.
- Hubo un instante que creí que lo harías. – De nuevo Azusa enrojecía pero por un motivo totalmente diferente al recordar aquella noche.
- Tú me dijiste que debía ser más egoísta y quise tomarte la palabra pero al pensar lo mucho que te lastimaría a ti y a Yui-chan no fui capaz.
- Cuando lo dije no me refería a eso.
- Pero era lo que quería en ese momento, sentir la calidez de otra persona no sólo cubrir mi piel sino también mi corazón.
- Eso es demasiado tentador, incluso ahora. – El corazón de Azusa latía con fuerza y debido al fuerte abrazo de Mugi sabía que ella también. – pe-ro sería un error.
- ¿Lo sería? – Entonces Mugi giró la silla en la que se encontraba Azusa y se sentó sobre su regazo. Ambas se miraron a los ojos, el rubor cubría el rostro de las dos chicas e igual como esa noche, Azusa se sentía como un pequeño conejo a punto de ser devorado por una serpiente.
- ¡Es igual que entonces! ¡No lo hagas! – Pero entre más la miraba menos se resistía. – Pero es tan hermosa.
Mugi comenzó a acercarse y Azusa cerró los ojos esperando lo inevitable pero el beso no fue sobre sus labios sino en su frente, finalmente sintió el suave aliento de la rubia rozar su oreja izquierda.
- Mi secreto es que desde entonces he fantaseado contigo. – Susurró Mugi suavemente antes de separarse completamente y volver a su silla.
La pelinegra respiraba agitada y miró de reojo a su amiga.
- Eres muy peligrosa senpai.
- Lo siento, quise jugar con poco contigo. – Mugi sonrió divertida.
- No me pareció un juego. – Poco a poco Azusa se recuperaba del acoso. – En verdad sabes hacerte desear. – Entonces tragó un poco de saliva. – Una hermosa tentación.
- Gracias. – Mugi parecía más divertida que antes aunque también parecía estar recuperándose de la agitación.
- ¿Lo que dijiste es verdad o sólo fue para provocarme?
- Es verdad. – En ese instante la rubia se puso algo seria aunque mantenía su sonrisa. – También eres una hermosa tentación.
- Entonces es mejor no tentarnos demasiado. – Azusa parecía realmente preocupada. – Me has demostrado que soy muy débil, no necesitas mucho para que me rinda ante ti y te desee.
- Lo siento, no quise causarte problemas. – Ahora era Mugi la que parecía preocupada.
- Sólo… no lo vuelvas a hacer.
- Lo prometo.
A partir de entonces se concentraron con sus estudios o al menos eso intentaron porque al parecer las dos seguían pensando en la situación que Mugi había provocado, así que la sesión de estudios fue casi una pérdida de tiempo.
- Debería evitar quedarme a solas con Mugi-senpai, al menos por un tiempo.
Luego de eso ambas chicas salieron de la biblioteca y se dirigieron hacia los dormitorios. En el trayecto divisaron a Mio a lo lejos y la llamaron.
- ¿Aún te sientes culpable? – Preguntó Azusa mientras veía a Mio acercarse.
- Yo… - Mugi parecía triste. – Sí…
- No lo hagas o estarías insultado lo que Ritsu-senpai ha hecho por ti. Disfrútalo.
- Gracias Azusa-chan.
- Hola chicas, ¿de dónde vienen? – Saludó Mio acompañada de Sachi.
- Hola Mio-senpai, Sachi-senpai. – Replicó amablemente Azusa. – Estaba estudiando en la biblioteca con Mugi-senpai, ahora vamos a los dormitorios que ya casi es hora de la cena.
- Es cierto, ya tengo algo de hambre. – Murmuró la bajista.
En el camino comenzaron a encontrarse con el resto de las chicas y al final la cena fue todo con HTT junto con las chicas de OnNaGumi. Yui insistía en darle de comer a Azusa quien se reusaba a aceptar y obviamente Akira las regañaba por hacer tanto ruido en la mesa. Mio se quejaba por haber subido de peso pero igual se enojaba si Ritsu le quitaba, o intentaba quitarle, algo del plato. Ayame no perdía oportunidad de contar alguna confidencia de Akira sólo para disfrutar su vergüenza y para que dejara de molestar a Yui y Azusa y finalmente Mugi hablaba con Sachi, curiosamente sobre Mio.
No todos los días eran así, sólo que ese día se encontraron todas al tiempo así que hubo relajo por un poco más de tiempo.
Lentamente cada una comenzó a irse a su habitación, para mala fortuna de Azusa la suya no quedaba en el mismo piso, sin embargo se quedó un poco más de tiempo junto a Yui.
- Quédate conmigo esta noche Azunyan.
- Todos los días me dices lo mismo.
- Eso es porque quiero estar todos los días contigo.
- Ya te dije que no se puede, nos meteríamos en problemas si nos descubren.
- Sí, tienes razón. – Yui bajó la mirada con tristeza. – Que descanses.
- Está bien. – Exclamó Azusa entre un suspiro. – Pero primero tengo que hacer otra cosa, ya vuelvo.
- ¡Te estaré esperando! – Yui había cambiado de tristeza a felicidad total en un segundo. – aprovecharé para tomar un baño.
Una vez la castaña se marchó, Azusa se dirigió al cuarto de Mio y llamó a la puerta antes de entrar.
- Hola Azusa.
- Hola Mio-senpai.
- ¿Qué te trae por acá? – La bajista estaba sentada en su escritorio, aparentemente haciendo alguna tarea.
- Nada especial, ya casi llevo un mes aquí y no había tenido la oportunidad de hablar contigo.
- Disculpa, he estado bastante ocupada. Las clases son pesadas.
- O sigues escondiéndote. – Mio parecía sorprendida. – Yui, Ritsu-senpai y Mugi-senpai ya me han contado lo que ha pasado por aquí. Perdona por ser tan directa pero, ¿realmente crees que evadiendo a las demás vas a arreglar algo?
- No me estoy evadiendo.
- Claro que sí. – Azusa se acercó a su senpai. – Te escudas en tus estudios para mantener la distancia con las demás, ¿no fue eso lo que provocó todo el problema?
- Es que siento que ya no tengo lugar aquí, tú estás con Yui y Ritsu con Mugi…
- Ahora sabes cómo se sentía Mugi-senpai. Ella siempre se sintió sola entre nosotras pero aun así siguió ahí, en el grupo.
- Mugi es más fuerte que yo.
- Es todo lo contrario… ella es la más frágil, sólo que siempre lo ocultó tras su sonrisa. – Azusa colocó una mano sobre el hombro de Mio. – No estás sola, Ritsu-senpai se sigue preocupando por ti y yo… siempre te vi como una hermana mayor y no quisiera perderte.
- Azusa. – Unas pequeñas lágrimas se asomaron en los hermosos ojos grises de Mio. - ¿Realmente crees que hay un lugar para mí?
- Claro que sí, pero debes hacer tiempo y dejar de esconderte, aunque me queda una duda. – Azusa miró a Mio como una gatita curiosa. - ¿Hay algo entre tú y Sachi-senpai?
- ¡Claro que no! – Exclamó alarmada Mio toda roja.
- Yo siempre tuve la misma inquietud. – Las dos chicas pelinegras se volvieron a ver la recién llegada. – Desde hace mucho.
- Ritsu… no es lo que crees… yo…
- No te estoy reclamando nada pero siempre pensé que pasaban mucho tiempo juntas.
- Sólo es una amiga… con quien tengo muchas cosas en común.
- Supongo que ella es tu confidente. – Mio parecía un perrito regañado, Ritsu no estaba enojada pero parecía inusualmente seria. – Siempre confiaste en mi cuando tenías problemas, ¿podrías confiar en mí de nuevo? ¿En nosotras?
- Siempre he confiado en ti, pero siento que ahora es más difícil hablar contigo.
- Sigo siendo la misma.
- Lo sé, entonces supongo que la que ha cambiado soy yo.
- Mejor me marcho, creo que tienen cosas que hablar. Hasta luego Ritsu-senpai, Mio-senpai.
Azusa dejó la habitación dejando a sus senpai a solas pero para su sorpresa afuera se encontraba Mugi.
- ¿No estás preocupada? – Preguntó la pelinegra.
- Un poco pero confío en Ricchan. Además, nunca quise romper el lazo que las unía así que espero que por fin las cosas mejores para ellas dos. – A pesar de sus palabras Azusa pudo ver una lágrima asomarse en los ojos azules de Mugi.
- ¿En parte tu preocupación tiene que ver con tus recientes problemas con Ritsu-senpai? – La rubia la miró sorprendida por aquella insinuación. – No te alarmes, no sé nada específico sólo que hay algo que les molesta a ambas.
- Bueno, sí. – Mugi suspiró. - ¿Quisieras escucharme? – La joven pelinegra asintió y siguió la chica de ojos azules a su habitación donde le contó lo que había pasado, que las cosas habían estado raras desde que Mugi le pidió a la ambarina que quería presentársela a sus padres. Azusa no pudo evitar reír. – Moo, no te burles, es algo serio. – Reclamó haciendo un lindo mohín.
- Lo siento senpai, no me estoy burlando. – Replicó Azusa respirando profundo para dejar de reír. – Pero entiendo lo que pasa con Ritsu-senpai. – Mugi la miró expectante. – Por más que intentes ser una persona normal Mugi-senpai, tú siempre estarás en un status totalmente diferente a nosotras.
- No entiendo, que tiene que ver una cosa con la otra. – Mugi se veía totalmente frustrada.
- Conocer a los padres de tu pareja siempre es algo tenso, aún recuerdo cuando Yui me presentó a sus padres estaba que me desmayaba de los nervios. No lo tomes a mal Mugi-senpai pero tú eres como realeza y conocer a tus padres siendo tu pareja debe hacerlo infinitamente peor.
- Pero yo no soy diferente de ti, de Ricchan o de cualquiera aquí. – La rubia realmente parecía perturbada por las insinuaciones de su kouhai.
- Pero tus padres… - Azusa se tomó un momento antes de continuar y pensar para no decir algo fuera de lugar. – Tu familia está a un nivel diferente, intenta verlo desde nuestra posición. Seguramente Ritsu-senpai se sentiría fuera de lugar en frente de tus padres.
- ¿Tú crees?
- Yo lo estaría. – Azusa notó la preocupación en el rostro de su amiga. - ¿Ya le contaste a tus padres sobre Ritsu-senpai?
- No, quiero que sea una sorpresa.
- Y vaya que se la van a llevar. – Murmuró la pelinegra para sí misma. – No quiero meterme mucho en sus problemas de pareja así que sólo te diré mi opinión. Primero, deberías hablar con tus padres primero para saber su reacción, segundo habla con Ritsu-senpai para que conozcas sus preocupaciones y tercero si decides que deben conocerse intenta que sea en un lugar neutral, el lujo tu mansión o de algún lugar de primera clase sería demasiado intimidante.
- Nunca reparé mucho en esas cosas, ¿en serio es tan intimidante?
- Creo que la parte que más intimida a Ritsu-senpai es que son tus padres. No quiero hablar por ella pero es posible que no se sienta a la altura, por eso te sugerí que hablaras primero con ella. – Azusa miró la hora. – Ahora, si me disculpas debo marcharme. Espero haberte podido ayudar aunque fuera un poco.
- Gracias a ti, Azusa-chan. – Mugi le regaló una dulce sonrisa. – Que pases buena noche.
Luego de despedirse de la rubia, Azusa fue a tomar un baño antes dirigirse a la habitación de Yui quien la recibió con un tierno abrazo y un apasionado beso que la gatita correspondió de igual manera.
- Creo que será una noche larga.
…
Azusa se despertó sin abrir los ojos, sólo se acomodó un poco y siguió disfrutando de la calidez de la cama y agradeció para sus adentros que no tuviera clases esa mañana. No pasó mucho tiempo antes que sintiera una suave caricia en su cabello, una bastante relajante que la incitaba a volver a dormir pero un suave roce en su oreja la obligó a suspirar levemente.
- Lo siento Azunyan, ¿te desperté?
- No. – Respondió la pelinegra sin abrir los ojos. – Mientras no me obligues a levantarme no importa.
- Es raro que digas algo así. – Exclamó Yui dejando escapar una risita al tiempo que abrazaba por detrás a Azusa quedando bien juntitas.
- No tengo clases en la mañana ni deberes pendientes, así que puedo disfrutar de este momento. – La pelinegra ronroneo un poco al sentir los suaves besos de Yui por su espalda y hombros desnudos. – Yui, ¿aún quieres más?
- Siempre. – Respondió la mayor de las Hirasawa divertida.
- Deberías aprender a controlarte un poquito. – Una risita escapó de los labios de Azusa. – Aunque comprendo cómo te sientes.
Yui estrechó un poco más el abrazo y hundió su rostro en el cabello negro de su gatita, quedándose allí por largo rato embriagándose con su aroma y calor.
- ¿En qué piensas Azunyan?
La pelinegra tardó unos segundos en responder, pero pensó que era el mejor momento de abordar un tema que habían evadido mucho tiempo.
- En Hikaru. – Respondió la pelinegra sin dudarlo mucho y sintió a Yui temblar.
- ¿E-en serio? – La voz de la castaña sonaba llorosa, como si estuviera conteniéndose. – Qu-que bien.
- ¿No te vas a enojar conmigo?
- ¿Por qué haría algo así? – Yui rompió el abrazo y se sentó en la cama. – Creo que iré a buscar algo de comer. – Pero antes que pudiera levantarse Azusa la abrazó reteniéndola.
- No me gusta que hagas eso.
- No estoy haciendo nada.
- Me estas evadiendo.
- No quiero pelear con Azunyan, no quiero enojarme con Azunyan… no quiero perderte de nuevo. – Dijo tímidamente la castaña.
- Eso está mal Yui. – Susurró suavemente Azusa. – No está bien que te guardes tu enojo para evitar pelear conmigo.
- Pero Azunyan…
- Es normal que las parejas peleen y tengas desacuerdos, pero eso se soluciona hablando no evadiéndolos. – Azusa la abrazó más fuerte estrechado su cuerpo contra la de Yui.
- Pero es que cuando la mencionaste yo… - Yui apretó los puños y tensó su mandíbula, un obvio gesto de estar bastante enojada. – No quiero que veas esta parte de mí.
- Pero yo sí quiero verlo. Quiero ver todo de ti, tanto lo bueno como lo malo porque todo ello forma parte de la persona que más amo en el mundo. No te ocultes de mí. – Había cierto tomo de preocupación en la voz de Azusa.
- No puedo evitarlo… de sólo recordarlo me siento mal.
- Tienes que aprender a perdonar. Hikaru no es una mala chica, no lo hizo con la intensión de lastimarnos. Si la hubieras conocido bajo otras circunstancias estoy segura que serían buenas amigas, amabas se parecen mucho. – Azusa suspiró y buscó los labios de la castaña a quien besó dulcemente. – Lo que ocurrió fue un error y nunca lograré disculparme lo suficiente por ello, pero no quiero que tu puro corazón se manche por un rencor contra otra persona. Realmente me preocupa que mantengas ese odio.
- Esa pelirroja provocó el peor momento de mi vida, simplemente no puedo olvidarlo. – Unas tiernas lágrimas rodaron por las mejillas de Yui.
- La vida está llena de cosas malas, pero no puedes dejarte abatir por ellas. – Lentamente Azusa volvió a recostar a la castaña sobre la cama colocándose sobre ella. – Quiero que me prometas dos cosas: uno, que intentarás dejar ese rencor atrás y dos, que dejarás de evadir el estar en desacuerdo conmigo. ¿Está bien?
- Lo prometo. – Dijo Yui suavemente.
- Esa es mi Yui. – Replicó Azusa antes de besarla apasionadamente. – Cambiando de tema, ayer hablé mucho con las chicas y tengo una duda, ¿tú crees que Mio-senpai tenga algo con Sachi-senpai?
La respuesta de Yui no fue lo que Azusa estaba esperando, empezando con su mirada que la estaba viendo como si estuviera loca o algo similar antes de comenzar a reír. La joven pelinegra hizo un gracioso mohín inflando sus mejillas pensando que Yui se burlaba de ella.
- Lo siento Azunyan. – Exclamó la castaña recuperando el aliento. – Es que no me imagino a Mio-chan saliendo son Sachi. Además, ¿Mio-chan no está saliendo con Sokabe-senpai?
- ¡¿Qué?! ¡¿Lo dices en serio?! – Azusa estaba muy sorprendida.
- Eso creo, no estoy segura. – Yui se puso muy pensativa.
- Deberé preguntarle a Mio-senpai más tarde.
- Mejor dejemos que Mio-chan nos cuente cuando ella quiera.
- Puede que tengas razón. – Dijo Azusa antes de buscar de nuevo los labios de su amada.
- Ne, Azunyan. – Interrumpió la castaña algo agitada y ruborizada. – Durante las vacaciones de verano me gustaría que nos fuéramos de viaje… las dos… solas… como una especie de Luna de Miel. – Dijo Yui sin perder la sonrisa y totalmente ruborizada.
- Me parece bien, aunque no creo tener tanto dinero.
- ¡Entonces busquemos un trabajo! – Exclamó Yui emocionada. – Podríamos trabajar donde trabajó Ricchan y Mugi-chan.
- ¿Eso no era un Café Cosplay? – Dijo Azusa nerviosa y no muy convencida. - ¡De ninguna manera! ¡Es muy vergonzoso!
- ¡Por favor! – Yui le puso una carita de cordero degollado que Azusa no pudo evitar.
- Bien.
- ¡Yay! – La castaña estaba verdaderamente feliz. – Ahorraré todo lo que pueda para irnos a algún lugar lindo. – Azusa no pudo evitar sonreír ante la desbordante felicidad de Yui.
- Te amo Yui.
- Te amo Azunyan.
NOTAS:
Y la vida continúa…
Bien este es el fin de este fic. Ya sé lo que están pensando, que pareciera que fuera a continuar pero la vida es así, siempre hay algo más.
Ahora bien, la culpa es toda mía. Como lo había dicho anteriormente, los capítulos 9, 10 y 11 los escribí al tiempo y no lo había publicado antes porque… se me olvidó ._.
Así que perdón por este retraso.
Hoy no daré muchas vueltas y espero que disfruten este último capítulo totalmente desde la perspectiva de Azusa y como está la situación con las demás. Sé que hay algo que arreglar ahí con lo de Mugi y Ritsu pero mejor lo dejo para los extras. De una vez aviso que dichos extras no serán tan largos como ha sido los capítulos normales y para entusiasmarlos un poco, el primer extra lo publicaré en una semana… donde se cambiará la clasificación a M.
Sin más, me despido.
Copyright:
K-ON! y sus personajes, pertenece a Kakifly, Kyoto Animation
