Bien, hermosos/as lectores/as (¿a quién pretendo engañar? Si de verdad hay un solo tío que lea este fic le animo a que me de una señal, porque te juro chaval que te pondré por las nubes, ¡y en el buen sentido!)
En fin, gente, siento muchísimo haberos hecho esperar. Estáis en todo el derecho de abuchearme y de pasar de mi historia como de la m*** (-no os necesito-) ¿Pero qué dices, "yo"? ¡Claro que los necesitamos! ¡No os vayaaaais!
Ejem ejem, bueno, espero que la espera, valga la redundancia, valga la pena (¡¿Pero qué me pasa?! Ah, sí, tres noches sin dormir...)
Enciende
- Quizá no haya sido tan buena idea.
Apple White, Briar Beauty y Ashlynn Ella caminaban por los pasillos de Ever After High con su habitual elegancia principesca.
- Deja de agobiarte, primor, o te saldrán arrugas – advirtió la joven Bella Durmiente. Apple se palpó la frente, nerviosa -. Además, esto es lo mejor, ¿no? Lo necesita. Es por su propio bien.
Muchos, incluida Briar, habían notado la reticencia de Raven sobre si cumplir con su papel de Reina Malvada en el cuento de Blancanieves. Su actitud había sido hasta tal punto preocupante que Apple no había tenido más remedio que recurrir al director Grimm para que tomara cartas en el asunto. Briar no parecía ser consciente de la situación, absorta en su espejófono como siempre, mientras que Ashlynn permaneció cabizbaja y sin dar su opinión al respecto.
Aquello le había parecido una buena idea en su momento, pero ahora se arrepentía de su decisión.
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Raven estaba totalmente paralizada. Miraba hacia todos lados y hacia ninguno, temiendo establecer contacto visual. Desde luego, esa sí que era una visita inesperada y seguía sin sentirse lista para afrontar la situación.
- Raven.
Su voz no era en absoluto atemorizante, mas no se sentía del todo a gusto ante la presencia de aquel hombre. Estaba tan impactada que apenas podía moverse, mucho menos contestarle.
- Raven, hija...
El Rey trató de acercarse a ella, pero las emociones hicieron que Raven diera un paso atrás. ¿De verdad ese era su padre? ¿El mismo que había estado casado con su madre, la Reina Malvada, y la había visto nacer hace quince años? Raven no podía evitar sentir que algo fallaba. Algo en sus ojos semejaba estar fuera de lugar en el rostro de aquel personaje. El Rey lo intentó de nuevo...
Y ella huyó.
En un visto y no visto estaba corriendo por el pasillo en dirección a ninguna parte. Tenía ganas de llorar, encerrarse en un cuarto oscuro y no salir de allí jamás, pero sabía que tarde o temprano debería enfrentarse a su padre. Pero no podía.
Atravesó el portón de salida y se dirigió al interior del Bosque Encantado.
¿La razón? Si se detenía a pensarlo y repetía aquella palabra con la imagen del Rey añadida se sentía... incómoda. Sonaba tan antinatural, no como cuando la asociaba a Ben y Mila Sanders, sino mucho más extraña. Incorrecta. Sin darse cuenta se adentró demasiado en el bosque hasta que se cansó de andar y se sentó a los pies de un gran árbol. Encogió la espalda y abrazó las piernas del mismo modo que si hubiera visto un espejo, y procesó todo lo que le había pasado hasta ahora.
Su madre era la Reina. Y no una reina cualquiera, de esas que usaban vestidos de falda abultada y sonreían a la cámara con unos dientes perfectos, no. Era de esas reinas que envenenaban a su hijastra hasta parecer que estaba muerta y así autoproclamarse "la más hermosa del reino". También la había abandonado en la casa de unos humildes campesinos en mitad de la nada y a los pocos meses de nacer*, por no hablar de que le había legado su historia de cuento de hadas con todo incluido: marido viejo, hija postiza (en su caso de su misma edad) y plaza en una prisión por siempre jamás.
Luego estaba Apple. Apple White, su futura hija adoptiva. ¿Cuántos años tendría su padre? A saber, y tampoco es que quisiera saberlo. Aquel hombre sería algún día el padre de su hija, la que heredaría de ella aquel destino tan cruel. Por esa regla de tres su propio padre, el Rey Bueno, era el abuelo de Apple, lo que la convertía a ella en su tía política o algo por el estilo. ¡Dios, ¿tenía una hermana?! No quería ni imaginarlo. ¡Ser hermanastra de Blancanieves! Una locura...
Expuestos todos sus problemas sobre la mesa, comenzó a atar cabos.
Su madre quería que fuera feliz, eso estaba claro. La había escondido seguramente para que experimentara de primera mano lo que era crecer con la capacidad de elegir, ver que existía la posibilidad de una vida libre y feliz. Su propio final feliz. Tan mala no podía ser, ¿o sí?
Por otra parte, el tema de Apple empezaba a írsele de las manos. La rubia no parecía dispuesta a renunciar a su "felices para siempre" y no veía la forma de que aceptara un cambio en el guión. Podía intentarlo, pero esa idea no disponía de muchos boletos a su favor. Y el ser su madrastra... Tendría que preguntarle más tarde cómo hacía para llevar todo ese asunto con tanta entereza y fe en su destino. En su lugar, Raven estaría deprimida. Tenía entendido que en cuanto firmaran su cuento, Blancanieves enfermaría. Y su padre tendría que casarse con ella enseguida. ¿Cómo podía estar tan ancha?**
Por último, su padre. Aún sentía escalofríos al decirlo. El Rey Bueno era visiblemente mayor, muy mayor. No había duda de que era el abuelo de Apple, el padre de Blancanieves. Pero, ¿y de ella? ¿De verdad aquel era su padre biológico? Si se basaba en las fechas, era imposible que no lo fuera. ¿O estaba equivocada? Lo único que sabía con seguridad era que se sentía incapaz de llamar a aquel hombre "padre". Y si lo pensaba un poco, había más cosas que no encajaban. Como que sus padres nunca le hablasen de él como tal, sino refiriéndose siempre a él como Rey Bueno. Aunque también podría ser una coincidencia.
¿Pero y si no lo fuera?
Necesitaba pensar, aclarar sus ideas, hablar con alguien.
¡Dexter! Seguro que él la ayudaría, él era muy listo. Sacaba sobresalientes en clase.
Se levantó y sacudió la parte trasera de su falda para despegar las hojas secas de la tela. Pero cuando se disponía a emprender el camino de vuelta cayó en la cuenta de algo que no se le debería haber olvidado. Algo extremadamente importante que se le había pasado por alto al reflexionar con la cabeza encajada entre las rodillas.
El bosque está encantado. Los árboles se mueven.
Y el camino de vuelta había desaparecido.
¡Estaba perdida! Se había adentrado tanto en el bosque que ahora ya no sabía cómo regresar. En un desesperado intento por salir de allí trató de recordar por dónde había venido y caminar en línea recta, pero fue inútil. Estaba atardeciendo y si no se daba prisa la muralla de espinas se alzaría al toque de queda, dejándola fuera toda la noche. Pero por más que le diera vueltas no encontraba otra solución que seguir andando hasta que ocurriera un milagro.
Tras veinte minutos de búsqueda, se rindió. Aquel bosque no se había ganado su fama de estar encantado por nada. Si se volteaba muy rápido se sentía como una niña jugando al escondite inglés*** con los árboles. En una ocasión hasta le pareció ver a uno frenando en seco para que no viera que se estaba trasladando. Eso, en vez de divertirla, la enfurecía. Era como si los dichosos árboles no quisieran que encontrase el camino y la estuviesen guiando en otra dirección, y al contrario de la improvisada adopción que había llevado a cabo su madre, Raven estaba 100% segura de que los viejos y recios troncos no lo hacían por su bien.
Se dio de bruces con uno que debía de haberse caído y que tenía toda la pinta de llevar ahí bastante tiempo. Se sentó a descansar un rato y replantearse su estrategia cuando oyó pasos cerca de donde estaba. Con cuidado de no ser descubierta, se asomó desde detrás de uno de los árboles vivientes.
Para su sorpresa eran Hunter y Ashlynn. Caminaban cogidos de la mano, con paso apurado por la hora e iban hablando entre murmullos. ¡Esta era la suya! Hunter parecía saber a dónde iba, por lo que si los seguía lo más probable era que encontrara la residencia. Y desde luego no pudo evitar escuchar alguna que otra frase suelta.
- ¡En serio creía que saliendo juntos se me pegaría algo de tu puntualidad, pero se ve que ha sido al revés! – le decía Ashlynn avergonzada.
- Tranquila, princesa, que no voy a permitir que tu vestido se convierta en harapos – contestó Hunter mientras tiraba de ella indicándole el camino -. ¡Yo te salvaré!
- ¡Mi héroe! – sonrió tontamente en respuesta.
Ya era oficial: Ashynn y Hunter eran pareja. Pero no había que ser un genio para intuir el por qué de que no quisieran que nadie supiera su secreto. ¿La hija de Cenicienta saliéndose del guión para mantener un romance con el futuro Cazador? Si Apple había reaccionado mal al insinuarle que no quería ser la próxima Reina Malvada, a saber lo que pasaría si esto saliera a la luz. Se apuntó mentalmente encubrir a Hunter y Ashlynn. ¡Qué pena, sin embargo! Con la pareja tan bonita que hacían...
Finalmente llegaron a la linde del Bosque Encantado, donde los novios se separaron y tomaron caminos distintos. Raven echó a correr al recordar que necesitaba hablar con Dexter y que Hunter era su compañero de cuarto, así que debía seguirlo para encontrar su habitación. Tras una corta persecución por los pasillos el muchacho entró por una puerta y la cerró tras de sí. Estaba a punto de llamar cuando otra persona la saludó.
- ¡Raven! – dijo Maddie saltando a su lado - ¿Dónde estabas?
- Em, estaba en el bosque, dando una vuelta – respondió con rapidez. En realidad no mentía; había ido al bosque y dado muchas, muchas vueltas.
- ¡Ahhh! Es que hay un señor muy raro en tu cuarto y como Apple me pidió que te encontrara he estado buscándote por todas partes.
- Oh, ¿sigue allí? – preguntó ella, horrorizada. Quizá debería haberse quedado en el bosque – Bueno, no importa, ahora tengo que hablar con Dex. Si quieres quedarte, allá tú.
No esperó a que contestara, solo llamó. La puerta se abrió poco después revelando a un Dexter Charming completamente despeinado, con la ropa descolocada y los pies descalzos. Al parecer a Hunter le había bastado aquel breve periodo de tiempo para ponerse tan cómodo como su amigo.
- ¡Raven! Qué s-s-sorpresa. ¿Q-qué haces tú...? ¡Es decir, no digo que tú...! Que no es que tú seas... ¡Aysh, sapos verrugosos! – maldijo el príncipe intentando por todos los medios arreglar un poco su enmarañado cabello.
- ¡Eh! – se oyó al fondo del pasillo.
- ¡Perdona, Hopper, no iba por ti! – Maddie gritó aquello por encima del hombro y luego se giró hacia Dexter – No iba por él, ¿verdad?
- No, claro que no – le aseguró -. Bueno, ¿qué pasa? – pudo decir al Fin.
- Necesito tu ayuda, Dex – explicó Raven -. ¿Podemos pasar?
- C-claro, adelante, sí, pasa – aún nervioso les tendió una mano hacia el interior de la estancia que, al igual que la habitación de Apple y Raven, era la materialización de dos polos opuestos: el yo ordenado y responsable de Dexter frente al alborotado e impulsivo de Hunter.
- ¿Es una reunión privada o yo también puedo quedarme en mi cuarto? – se burló el cazador.
- Si insistes, no seré yo quien destruya tus sueños – la bruja le siguió el juego.
- ¡Ja! Muy bueno, me parto – Hunter hizo como si se limpiara una lágrima, habiendo cogido el chiste.
- Vale, y ¿de qué querías hablar? – el príncipe retomó el tema principal.
- Sé que va a sonar raro que yo te lo pida – empezó Raven -, pero necesito que me contéis todo lo que sepáis sobre la vida de mi madre.
El silencio se hizo en la habitación. Incluso Madeline, tan alegre y dicharachera como solía ser, se quedó sin habla.
- Lo siento – Raven se percató de que había sido mala idea -, no debería haberos preguntado.
- ¡No, al contrario! – Dexter se recompuso rápidamente – Tienes todo el derecho a preguntarnos eso.
- Es solo que no estamos acostumbrados a hablar de ello, ¿sabes? – añadió Hunter.
- La gente suele evitar ese tema – intervino Maddie -. Por eso nadie saber mucho acerca de la vida de la Reina. Siento no poder ayudarte, Raven – finalizó con un puchero de palpable tristeza.
- Gracias, Maddie – la abrazó -. No es culpa tuya.
- Yo no es que sepa mucho, a pesar de estar en el cuento – dijo Hunter -. Creo recordar que para cuando tú naciste, Blancanieves ya había sido envenenada y que tu madre se casó muy joven. Bueno, como todas nuestras madres, es lo habitual. Eso es todo – se encogió de hombros, también apenado.
- Gracias, Hunter – le sonrió Raven. Acto seguido todos miraron a Dexter.
- Eh, Ra-Raven... – comenzó dudoso -, quizás no quieras que se yo hable de esto en voz alta – quiso tener su permiso para contar su versión en presencia de todos.
- Tranquilo, Dex – le animó ella -. Adelante.
- Está bien – inspiró profundamente y comenzó -. Mi familia está bastante relacionada con la tuya y he visitado el palacio de la Reina Blancanieves en varias ocasiones. ¡Allí sí se habla, vaya que sí! Desde que era pequeño oía a las criadas hablar de unos rumores sobre la Reina Malvada y su matrimonio con el Rey Bueno – hizo una pausa y prosiguió -. Cuando tenía diez años las oí chismorrear acerca de un cuadro muy extraño en el ala prohibida del castillo.
- ¿Hay un ala prohibida? – preguntó Hunter, incrédulo – Creía que hablábamos de Blancanieves, no de la Bella y la Bestia.
- ¡Shhh, caya! – le regañó Maddie por haber interrumpido.
- Bien – continuó Dexter -. Era un crío y me entró curiosidad, así que sin pensarlo dos veces me colé en el ala prohibida. Busqué toda la tarde hasta que lo encontré. Estaba en una de las habitaciones, la más limpia de toda el ala, y eso que tampoco estaba tan limpia. Era un retrato enorme de la Reina Malvada que ocupaba casi toda la pared lateral.
- ¿Y qué había de extraño en ese cuadro? – inquirió Raven, desconcertada.
- Al principio pensé que no tenía nada de raro. En realidad lo único raro que había en aquella habitación era el espejo.
En cuanto Raven oyó la palabra "espejo" sintió como si una corriente eléctrica atravesase su cuerpo.
- ¿Eisoptrofobia? – adivinó Maddie gracias al comentario de una lista y atractiva narradora y se puso a frotar la espalda de su amiga cariñosamente. Raven asintió y le dio las gracias con una débil sonrisa.
- ¿Qué con el espejo? – se impacientó la joven.
- Pues que estaba en el centro – ante las miradas frustradas de sus compañeros, se explicó -. ¡Quiero decir que no debería estar ahí, donde se suponía que iba la cama! No sé, era como si el espejo fuera el único mueble de la habitación que aún estuviera en uso – volvió a hacer una pausa para organizar sus recuerdos -. Cuando salí me quedé bastante decepcionado, así que seguí investigando un poco más hasta que de la habitación más limpia pasé a encontrar la más polvorienta de todo el castillo. Y aquí es cuando llega lo raro.
Todos estaban sentados en el suelo formando un corro e inclinados para oír mejor. Parecía que se estuviese contando una historia de miedo. La muralla de espinas ya se había alzado.
- La disposición de los muebles era la normal, pero todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo. Como os cuento, me pudo la curiosidad y me puse a hurgar en los armarios y el joyero. Era evidente que allí había vivido una mujer importante. Y entonces reparé en el cuadro.
- ¿Un cuadro? – cuestionó Raven, más a sí misma que a Dexter.
- El cuadro – la corrigió él -. Creo que ese era el cuadro del que verdaderamente hablaban las criadas. También tenía polvo, pero era obvio que lo habían limpiado antes para verlo bien. Y cuando quité el polvo que quedaba para verlo...
- ¿Qué? ¡¿Qué?! – urgió Maddie, emocionada.
- Era el mismo – concluyó.
- ...
- ...
- ... Eh, ¿cómo? – Hunter se había quedado muy desilusionado - ¿Ya está, se acabó? ¿Era el mismo cuadro?
- El mismo – afirmó Dexter.
- ¡Pues menudo timo! – se quejó su amigo.
- No puede ser... – murmuró Raven.
- Lo siento, Rae-Rae, pero este listillo te ha tomado el pelo – acusó Hunter con una mirada de reproche a su compañero -. Tío, no mola.
- ¡No! Digo que es imposible – repitió Raven, segura de lo que decía. A su lado Dexter sonreía, orgulloso. Lo había entendido -. Hunter, no se puede fotocopiar un cuadro. No es posible... Y sí, Maddie, ya sé que tú sí podrías – la cayó antes de que pudiese objetar -, pero no estoy hablando de eso.
- Tienes razón – Dexter se dispuso a poner punto y final a su historia -. No era el mismo cuadro.
- A ver, pero ¿en qué quedamos? ¿Era o no era el mismo? – Hunter ya estaba empezando a desquiciarse. Un poco más y le salía humo por las orejas.
- ¡Ui, pues deberías ir a que te miren eso, Hunter! ¿Quieres agua?
¡Ai, Maddie!
- Ignoradla – suplicó Raven.
- De acuerdo – dijo Dexter no muy convencido -. Sí, era exactamente el mismo cuadro que había visto en la otra habitación. Solo había una diferencia.
- ¡¿Y CUÁL ERA?! – preguntó Hunter, ya a punto de explotar.
- ¡A cubierto! – gritó Madeline.
- La modelo.
De nuevo se hizo el silencio. Todos callaron y lo pensaron detenidamente. Claro, un retrato podía ser el mismo, el mismo lugar, la misma paleta, la misma luz; y a la vez ser uno totalmente distinto si le cambias la modelo.
- Bien, entonces lo raro de esos cuadros reside en la modelo nº 2 – sentenció Raven.
- ¿En la dos? ¿Y cómo lo sabes? – preguntó Hunter, aún desorientado.
- Bueno, sabemos que la número uno era mi madre. Ahí no hay misterio – se llevó la mano a la barbilla y se concentró -. Lo que no entiendo es cómo dos personas que no tenían nada que ver la una con la otra pudieron mandar que las retrataran en el mismo lugar, a la misma hora y en la misma pose.
- ¡Yo sigo sin coger nada de nada! – le habló a su compañero de cuarto - ¿Me puedes decir cómo demonios fuiste capaz de confundir dos cuadros con dos modelos distintas?
- Por la ropa – completó Dexter -. Supe que el primer cuadro era un retrato de la Reina Malvada no solo por su aspecto, sino por su ropa. Llevaba puesto un vestido de gala, con joyas y una corona plateada. La corona de la Reina de Ever After.
- Ya. ¿Y qué? – insistió él.
- Pues que iban igual – contestó -. El vestido, las joyas, la corona, todo. Todo era exactamente igual. Eran la misma.
- ¡No, no eran la misma! – puntualizó Hunter como si fuera obvio – Iban vestidas igual. ¿Y qué? ¿Acaso no te diste cuenta de que se trataba de dos mujeres distintas solo con verles la cara?
- Sí, pero me costó.
- ¿Te costó? – volvió a intervenir Raven - ¿Cómo es eso?
- Porque eran idénticas – habló Dexter como si hubiera presentado ante ellos una reliquia maravillosa -. En todo. La nariz, el pelo, el color de piel... Hasta los labios. ¡Todo! – al ver que ninguno le respondía, aprovechó para acabar su relato y dar el dato más importante y el que le interesaría a Raven -. Lo primero que pensé fue que aquella mujer debía de ser pariente tuya – Raven levantó la vista, asombrada -, así que fui a preguntarle a mi padre y a mi tío (el padre de Apple) si la Reina Malvada tenía hermanas o algo así. Estaban con la tía Blancanieves y el Rey Bueno en el Salón del Trono. Pero cuando les iba a preguntar quién era esa mujer...
» ...me di cuenta de lo que realmente había de extraño en aquel cuadro. Y es que en esa luz, la misma que se apreciaba en el cuadro, se veía perfectamente y sin lugar a dudas que Blancanieves, incluso más que la Reina Malvada, era la viva imagen de la mujer del retrato. Con el pelo más corto y los labios rojos, pero era ella. Estoy seguro. Pero también sé que el cuadro debía de tener por lo menos treinta años. Lo comprobé tiempo después, a escondidas.
- ¿Se puede hacer eso? - preguntó Maddie.
- Sí, claro. Basta con evaluar el marco de madera. Le llevé un trocito diminuto al señor Pinocchio para que lo analizara; es un experto.
El silencio que se instaló en el cuarto esa vez fue el más largo de todos. Cada uno trataba de asumir la nueva información a su manera, y a Raven le costaba aún más.
¿Blancanieves y su madre estaban emparentadas? ¿Cómo? ¿Lo sabría Apple? Hunter tenía razón en algo: no era lógico que en el palacio de "la más hermosa del reino" hubiese un ala prohibida. A mitad del relato de Dexter supuso que la habrían cerrado por ser donde residía su madre y no deseaban que nadie robase las cosas de la anterior reina, pero ahora... Ya no lo tenía tan claro. ¿Y si había algo más? Un objeto o...
Un secreto.
- Vaaale, muy gracioso – trató de reponerse su musculoso amigo -. ¿Se puede saber de qué estás hablando? ¡Dexter, tío, de veras no hay quien te entienda!
- No hace falta – para sorpresa de todos, fue Maddie la que habló -. No somos nosotros quienes debemos entender, sino Raven.
Inmediatamente los tres se giraron para ver cómo estaba.
- Dex... – parecía estar teniendo un dilema moral muy fuerte en su cabeza.
- Dime – ofreció -. Estoy aquí para lo que quieras.
- Necesito un último favor – lo miró a los ojos y Dexter pudo ver la determinación en su mirada. Era puro fuego -. Quiero que hackees Érase-una-Red.
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- ¡Ptsss! ¡Dex!
- ¿Qué?
- Te has pillado por Raven, ¿a que sí?
- ¿Qué? Pfff, no. ¿Qué? ¿Por qué lo dices?
- Porque estás hackeando Érase-una-Red.
Los cuatro personajes estaban ahora en una sala llena de pantallas de espejo y servidores de alta velocidad. Raven había entrado la última, una vez desactivada la opción reflectante de todas las computadoras.
- ¡Eh! Para tu información, técnicamente no la estoy hackeando yo.
- Robarle el programa a Humphey no cuenta. Estás hackeando un servidor del reino, tío – le apretó el hombro con una mano callosa -. Dexterous, siento haberte llamado nenaza en el pasado. Lo reconozco, tienes valor, colega.
Dexter tragó saliva y siguió tecleando tan rápido como le permitía el sudor en los dedos de lo nervioso que estaba. ¡Aquello era ilegal, por todos los trols! Pero cuando ella se lo había pedido...
- Por favor, Dexter. Necesito que hackees la red para que yo pueda acceder a mi antigua cuenta de MyChapter. Todos mis datos móviles están restringidos porque no quieren que hable con mi familia. Pero si lo consigo, podré contactar con una persona que me ayudará a averiguar cosas sobre mi madre.
Y allí estaba él, saltándose las normas. ¡Si su padre se esterase de esto!
- En Fin, ya casi está – suspiró agotado -. Solo puedo anclarte a un servidor de fuera del instituto, así que elige bien.
- ¿Solo a uno? ¿Qué clase de cerebrito eres? – le pinchó Hunter.
- ¡Ei, no soy Humphey, vale! Raven, elige.
La susodicha se acercó a la pantalla y seleccionó un contacto.
- Bien, ahora asociaré el servidor a tu espejo-pad y... ¡Listo! – exclamó triunfante – Ya tienes un pie fuera.
- Vale, pero ahora hay un problema – se lamentó -. Mi espejo-pad está en mi habitación, y allí está...
- ¡No te alteres, Cascanueces! – chilló Maddie - ¡Que aquí lo tienes!
Se quitó su sombrero de copa con pequeños lazos por todas partes y hundió un bracito de los suyos hasta el fondo. Tras un minuto o dos de rebuscar dentro, lo sacó sujetando lo que sin dudas era el espejo-pad de Raven.
- ¡Os presento el Sombrero de las Mil Maravillas! Toda una chirla familiar.
- Querrás decir reliquia – corrigió Dexter.
- No. Chirla – respondió Madeline, confusa.
Raven lo agarró al momento y pulsó frenética. Abrió, tecleó y desbloqueó hasta que estuvo a un toque de pantalla de reunirse virtualmente con una persona muy especial para ella. Cogió aire y pulsó. Las páginas que indicaban el modo cargando pasaban lentas pero seguras, todas a un ritmo. Pasó un minuto. Luego dos y tres. Seis. Estaba a punto de darle a cancelar llamada cuando la pantalla cambió y en el espejo-pad surgió el rostro que tanto había echado de menos aquellas primeras semanas en Ever After High.
Sus nuevos amigos se inclinaron sobre la pantalla con curiosidad. Y lo único que le salió a Raven fue un tembloroso saludo.
- Hola.
- ¿Raven? ¿Eres tú?
Bueeeno, el otro día leí un fic de Cómo entrenar a tu Dragón en el que usaban este recurso (000) para las elipsis, y ya que al asterisco * no le daba la gana de colaborar, me dije: ¡pues yo también!
* A ver, estoy haciendo todo lo que puedo para no cambiar ninguna fecha de cumpleaños y aún así justificar que Raven sea un año mayor que Apple, pero como comprenderéis no es nada fácil teniendo en cuenta que se llevan exactamente seis meses de diferencia. ¿Nunca os habéis fijado? Pues ya lo sabéis.
** No es por tomaros el pelo ni nada por el estilo, pero quiero asegurarme de que todos entendéis lo que esa expresión quiere decir. Como cuando quieres que alguien se aparte y le dices "córrete" y la persona te entiende otra cosa.
*** Sé que hay varios nombres para este juego infantil, pero confío en que sepáis de cuál se trata.
He encontrado la forma de escribir mucho más rápido: encerrarme en mi habitación. Deberé prescindir de los diccionarios online, pero todo sea por la causa de aliviar vuestras ansias de saber como termina la historia.
Bueno, no estoy de humor para más (insomnio, problemas familiares... Ya sabéis), así que nos vemos el domingo o el lunes aquí, en EAH: Once upon a grade. ¡Aaaadiós!
