"Caleidoscopio"
*Capítulo 11: "Olga viene de visita"
DISCLAIMER: "Hey Arnold!" no me pertenece. Es propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon, excepto los personajes que inventé aquí para darle sentido a la historia y la trama.
No poseo ningún derecho sobre la canción "La de la mala suerte" de Jesse & Joy.
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Un día como hoy, resoplaba una brisa matinal, de esas que acariciaban la piel de forma cálida, pero sospechosa.
Un día como hoy, ella se despertaría de bastante mal humor, sabiendo que en su almanaque había dos fechas en círculo rojo, ambas el mismo día. Siendo veintiuno de Marzo, comenzaba la primavera. Pero eso no podía ser todo, ¿o sí? No. Era la fecha en que Olga regresaba y con ello, regresaban varias situaciones que a ella no le daban ganas de experimentar.
Se levantó con desgano, sabiendo que muy seguramente su hermana estaría abajo, desayunando con su familia. Así fue. Terminó de bañarse, se vistió, bajó las escaleras y la chica le saltó encima, como si fuera la primera vez que la veía.
—¡Helga, hermanita! —exclamó abrazándola—. ¡Tanto tiempo ha pasado! ¡Estás tan grande, no puedo creerlo!
—Olga, qué alegría verte... —dijo sin emoción—. No fue tanto, solo hace tres meses que no te veo, para Navidad viniste, ¿recuerdas?
—Claro, pero eso fue hace tres meses, y en cinco días, apenas cinco días —remarcó—, es tu cumpleaños.
Y ahí estaba. Eso era precisamente lo que ella buscaba evitar. ¿No podía esperar diez segundos más para mencionar el tema? No, porque Olga Pataki era así, y mal que le pesara, ya lo había aceptado.
—Sí, es verdad... —respondió Helga sin alegría alguna.
—Imagino que papá y mamá ya han organizado todo, ¿no? —preguntó Olga, dedicándoles una mirada que pedía una confirmación de tal premisa.
—Bueno, de hecho... —comenzó Bob.
—¡Pero, papá, son los dulces dieciséis de Helga! ¡Las chicas los cumplimos una sola vez!
—Olga, espera. —la frenó— Yo no quiero una fiesta, ¿sabes? No me gustan esas cosas del vestido pomposo, ridículo y adorable…. No van conmigo y tú lo sabes. —le espetó, probando su avena.
—No se diga más. Me encargaré de que tengas el festejo que tú quieres.
—¿En serio? —le preguntó con sarcasmo.
—Sí, por supuesto. Ahora, dime, ¿cómo quieres tu fiesta? ¿Quieres un pony, una estatua de cristal con tu rostro, entrar al salón escoltada por un heraldo real...?
Helga la interrumpió.
—¡No! ¡Absolutamente nada de eso, Olga! ¡¿Qué, no escuchaste nada?!
—Está bien, está bien, hermanita bebé..No te pongas así. Haré exactamente lo que tú quieras. Déjalo en mis manos y confía en mí, ¿sí? ¡Te quiero! —le dijo estampándole un beso—. Ahora, si me disculpas, debo ir a hacer unas diligencias. Que te vaya bien en la escuela —dijo yéndose—. ¡No! Tengo una idea. —exclamó y regresó a la cocina—. ¿Quieres que te acerque?
—De hecho, Olga, —intervino Miriam—, Helga se va en sus rollers junto a su amiguito, Arnold...
—¿En serio? ¡Oh, eso es genial!
—Sí, Olga, así que no es necesario que lo hagas. Gracias de todos modos. —continuó, mientras terminaba su plato.
—¡El primer noviecito de Helga! —exclamó emocionada.
Bob enarcó una ceja.
—¡No! ¡Él no es mi novio! —golpeó su frente con la mano—. Olga, me avergüenzas... —dijo entre dientes.
—¡Oh, no seas tonta, Helga! Hacen una muy hermosa pareja...
—¡No es mi novio!, ¿de acuerdo? —chilló con hastío.
—Oh, de acuerdo. Pero deberías considerarlo. Arnold es un jovencito muy educado.
—¡Ash...! —gruñó.
—¿Sabes qué, Olga? Ella pasa mucho tiempo con ese jovencito... Tal vez sí sea su novio... —Bob reflexionó al respecto, y el timbre sonó.
—¡No es mi novio! —Gritó nuevamente, mientras abría la puerta y casi se atraganta con su último bocado—. ¡Arnold! —exclamó horrorizada—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Hola, Helga. Vengo a buscarte, ¿vamos?
—Eh, sí, sí. Claro. Espérame un segundo... —le dijo yendo a buscar su morral.
—¿Es el jovencito, Helga? Si es él, dile que pase. Tengo algunas cosas que aclararle...
—No, es Phoebe, Bob. Me voy a la escuela. Y tú... —le dijo dedicándole una mirada mortal a Olga—. Olvídalo... —susurró como para sí.
—¡Salúdame a Arnold, hermanita bebé!
—¡Agh! —tomó su casco y patines, luego cerró la puerta, en un estruendoso portazo.
—¿Estás bien, Helga?
—No preguntes. Hoy no es mi día, zopenco.
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Hacía poco más de un mes, que las cosas entre ellas se habían tornado más distantes. Todo parecía una terrible competencia por ganar la atención de un chico cuyo interés de cada una, era parcialmente desconocido para la otra. Brandy sospechaba de Kim, y viceversa.
Había sido ese maldito día de San Valentín, que a ella le resultó nefasto. Kim no sabía con certeza, si Arnold había recibido aquella tarjeta. Sin embargo, ella optó por arriesgarse a que lo hubiera hecho y de todas maneras, asistió al restaurante donde lo había citado bajo el nombre de Cecile.
Así como Arnold le había contado la historia con su típica inocencia a Helga, lo había hecho tiempo atrás, de igual forma, con Brandy. Esta le pasó el chisme a Kim, quien seguramente sabría cómo usarlo a su favor. Así, fue que se le ocurrió el plan de la Cecile falsa, sólo que —según sus ideas, ella no iba a fingir ser la francesa; sólo lo iba a hacer acudir a la cita, con la ilusión de ver a su chica del pasado y lo obligaría por cortesía a permanecer en una cena junto a ella. Pero no fue así. Se vistió hermosa, fue a la cita y Arnold nunca apareció. Quizás había una pequeña posibilidad de que él no se hubiese enterado, pero no.
Kim ahora estaba segura de que la carta no llegó a manos del rubio, porque alguien lo había impedido. Y sospechaba de Helga, claro. Pero más sospechaba de Brandy, ya que esta había demostrado ciertas conductas poco propias de una 'amiga' que sabe que a su amiga le gusta un chico, justamente, coqueteando con ese chico.
Maldita perra, la maldecía por dentro. Pero no, quien había logrado dejar 'plantada en su propio juego' a la pelinegra, no había sido ni Helga, ni Brandy.
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—¿Me dirás que te pasaba hoy?
—Ya te dije, Olga regresó. ¿Necesitas saber más, cabezón? —dijo con hartazgo, guardando libros en su casillero.
—Normalmente no te pone de tan mal humor.
—Escucha, Arnoldo… Ella quiere planear mi fiesta de cumpleaños. ¡No quiero una maldita fiesta! ¡Odio las fiestas, odio los vestidos con brillo, las chicas elegantes, sus ponys…!
—¿Sus 'ponys'? —preguntó él, divertido.
—La tipa logra enloquecerme. ¿Puedes creer que me preguntó si quiero un pony, o una estatua de cristal?
—Mmm…No es lo que va contigo.
—¡Eso mismo le dije! —gritó.
Kim estaba escondida a unos metros, escuchando todo.
—Tranquilízate. —le dijo él, tomándole las manos.
Kim ardía de celos. Ya hubiera querido ser Helga en ese momento.
—Gracias. —le dijo Helga, suspirando.
—¿Qué fiesta quieres en realidad?
—Sólo quería reunirme con estos zopencos, buena música; buena comida... Tú sabes. Lo que hago siempre.
—Es que cumples dieciséis...
—Sí, sí. Lo sé... "Una sola vez en la vida, bla, bla, bla..." Si te pondrás de su lado, entonces no quiero tenerte cerca, Arnoldo. —dijo apoyando su mano en el pecho del chico.
—Feliz primavera, casi cumpleañera. —le dijo dándole una flor.
—Con esto, no lograrás comprarme.
—Sí, pero sé que las coleccionas. Nos vemos a la salida, Helga.
—Sí, sí, no te confíes. —bufó, fingiendo indiferencia.
Y casi se desmaya.
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A Brandy le habían llegado ciertos rumores sobre su persona. Eran aquéllos que ella tanto temía, desde hacía un tiempo. Lo que ella temía en realidad, era que Lorenzo los supiera y que con eso, toda su reputación se fuera al basurero. Como miembro del equipo de porristas, ahora, estaba a la talla de chicas como Rhonda Wellington-Lloyd, y su estatus había crecido de tal forma, que era casi una celebridad. Ropa costosa, peinados perfectos y joyas preciosas, eran solo algunos de los beneficios de sus estratégicas movidas. Brandy pensaba, que los rumores que —por el momento— habían llegado solo a sus oídos, los lanzó Kim, en un plan de venganza, por estar rondando tan cerca de Arnold últimamente. Lo cierto es, que no había sido Kim, y que se estaban odiando mutuamente por casi nada.
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—Disculpen, ¿aquí es el salón 226? —preguntó Olga, desorientada.
—Sí, ¿por? —dijo Kim con indiferencia.
—Genial. Hola, soy Olga Pataki. La hermana de Helga. —se presentó.
Las chicas se interesaron repentinamente.
—Hola. Somos Kim y Brandy, compañeras de Helga. Mucho gusto, Olga. ¿En qué podemos ayudarte? —le dijo con educación.
—Encantada —saludó—, ¿y el resto del salón?
—Es la hora del almuerzo, están en la cafetería. A nosotras nos gusta comer aquí. —justificó Brandy.
—Ah... Bueno, en ese caso, mejor aún. Podré hablar con ustedes, pero debe quedar entre nosotras, ¿eh?
—Absolutamente.
—Bien. Como sabrán, soy profesora de niños y vivo muy lejos de aquí.
—Ah... —dijeron con falso interés.
—Entonces, creo que ustedes pasan más tiempo con Helga que yo...
—Por supuesto, nos conocemos muy bien con ella... —aclaró Kim, cínicamente.
—Bueno, el motivo de mi regreso, es que se acerca el cumpleaños de Helga.
—¿En serio? —inquirió Brandy—. ¿Cuándo es?
—¡Brandy! ¿Cómo pudiste olvidarlo? —la reprendió Kim, fingiendo saber cuándo es—. Lo siento, ella es tan despistada…
—Es en cinco días.
—¡Oh, claro! ¡El 26 de Marzo! —dijo Brandy siguiéndole el juego.
—Así es. Quería pedirles consejos, chicas...
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Quizás las intenciones de Olga eran nobles, pero cayó en las manos equivocadas. Si bien las dos chicas estaban en un momento 'confuso' de su amistad, para perjudicar a Helga, sabían perfectamente bien cómo arreglárselas para lograrlo entre ambas.
Probablemente, la participación en esta travesurilla, fue la que le indicó a Brandy que Kim sería incapaz de lanzar esos rumores sobre su persona; eso y que la pelinegra sabía que a pesar de todo, a Brandy no le interesaba Arnold. Brandy era de esas chicas que querían pasarla bien, sin comprometerse con nadie. Para ella, en la variedad estaba el gusto, y le agradaba salir con varios muchachos y dejarlos como si nada, porque se aburría fácilmente.
Así que, retirando sus sospechas sobre Kim, las depositó por completo en Helga. Sus planes no podían salir mejor. Ella se encargaría —junto a Kim— de arruinarle la fiesta a Helga, con los 'consejos' dados a Olga y con un pequeño, pero gran rumor que dispersaría de boca en boca sobre la rubia. Sería infalible para humillarla.
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Ella estaba acostada en una manta, como solía hacer por las tardes, en las cómodas instalaciones del Viejo Pete.
—¿Qué haces aquí? —dijo subiendo.
—Tú sabes qué hago aquí. Este es mi escondite. —le dijo sin inmutarse.
—Cierto. ¿Puedo acompañarte?
—Prefiero que seas tú, antes que Olga. Me escondo de ella.
—Te mandé un mensaje...
—Tengo apagado el teléfono. ¿Qué? —lo miró—. No puedes culparme. Cuando lo encienda, seguramente tendré cinco mil mensajes de ella.
—Entiendo... Hoy la vi en la escuela...
—¿A quién? —respondió indiferente, perdida en sus pensamientos.
—A tu hermana.
—¿Olga fue a la escuela?
—Sí, y actuó extraña conmigo.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó nerviosa.
—Dijo algo sobre que no faltara a tu fiesta, porque yo soy quien más tú quieres que vaya...
—Ah, o sea, te mintió, básicamente... —se burló. Él la miró de reojo.
—No sé. También me felicitó, no entendí muy bien por qué. Estaba muy exaltada... Más de lo normal…—dijo riendo.
—Oh, Dios... —se lamentó tapándose la cara.
—¿Qué ocurre, Helga?
—No puedo decirte, olvídalo.
—En serio, puedes contarme.
—Es demasiado estúpido y embarazoso.
—Dime... —le dio un pequeño golpe en el brazo, amistosamente.
—Ella vio esa foto nuestra que tengo, la que me diste por el día del Amigo del año pasado, y sacó sus apuradas conclusiones...
—¿Cómo cuáles?
—Agh, no puedo. Es muy tonto...
—Anda, no seas ridícula. Hay confianza entre nosotros, ¿no?
Helga suspiró.
—Ella que cree que eres mi novio... —dijo en un susurro.
—¿Qué? Helga, no se te entiende...
—¡Que ella cree que eres mi novio!
—¿Ah, sí?
—Sí, no sé quién le metió esas ideas en la cabeza, es decir, ¡es una locura! —se alteró—, porque... Porque tú y yo... —comenzó a reír con histerismo—, ¡Tú y yo sólo somos amigos! Jajaja, ¡es una locura!, ¿no? —dijo eso último más seria.
—Jaja, la verdad... ¿En serio cree eso? —preguntó algo incómodo.
—Sí, bueno... Te dije que me daba pena decirlo, porque es una locura, pero bueno, en fin... —dijo restándole importancia—. Ella delira, siempre me molesta con esas cosas, porque cree que soy como ella y que me enamoraré de un idiota y... —continuó hablando de más, muy de más.
—Helga, y obviando lo que cree Olga... ¿A ti no te gusta nadie?
Helga prácticamente se ahoga.
—¿Nadie...? ¿Nadie?
—Claro, gustarte alguien. Cielos, nunca te lo había preguntado...
—Sí...
—¿Te gusta alguien? —le re-preguntó él.
—¡No, no! Dije "sí", refiriéndome a que nunca me lo habías preguntado antes...
—¿Entonces?
—Nunca me gustó nadie, Arnold.
—¿En serio? ¿Nunca?
—No. —negó incrédula.
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Abriste una ventana
despertando una ilusión.
Cegando por completo mi razón…
Mantuve la esperanza,
conociendo tu interior…
Sintiendo tan ajeno tu calor.
Probé de la manzana por amor…
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—¿Y ahora?
—¿Y ahora, qué?
—¿Tampoco te gusta nadie?
—No... —negó débilmente, sonrojándose.
—¡Te sonrojaste! —le remarcó, riendo—. ¡Entonces, sí!
—¡No, te digo que no, cabeza de balón! ¡Y no estoy sonrojada, diablos! —le respondió empujándolo.
—¡Yo creo que sí...! —dijo divertido, empujándola también, con más suavidad.
—¡No! —negó ella, aun sonrojada.
Ambos se cayeron de donde estaban sentados, casi rodando. Por la novedosa cercanía, lejos de estar menos ruborizada, ella lo estaba más y más, maldiciéndose por no lograr controlarse.
—¿Lo seguirás negando? —le dijo viéndola fijo.
—¿Qué cosa, zopenco?
—Te gusta alguien.
—Eres un idiota.
—Y tú una pésima actriz. —Helga se incorporó—. ¡Oh, vamos! ¿Qué tiene de malo? Tu secreto morirá conmigo.
—No hay ningún secreto, Arnold. —dijo recogiendo sus cosas.
—¿Lo conozco, Helga?
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No, no pasa nada,
así es el amor, no es perfecto…
Siempre y cuando sea honesto,
Y no, ya para qué pedir perdón,
no es correcto…
No puedo compartir lo que no se me dio…
No soy la dueña de tu corazón…
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—¡Cierra el pico, Arnold! —se sentó en el hueco que conducía a la escalera del árbol, dándole la espalda.
—Si lo conozco, podría ayudarte a 'hacer los papeles'... —bromeó, sin mala intención.
Helga no respondió. Hubo un silencio, y se oyó un sollozo.
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Quiero ya no amarte y enterrar este dolor,
Quiero que mi corazón te olvide,
Quiero ser como tú, quiero ser yo la fuerte…
Solo te he pedido a cambio tu sinceridad,
Quiero, que el amor por fin conteste…
¿Por qué siempre soy yo,
la de la mala suerte..?
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—Helga, ¿qué ocurre? ¿Por qué estás llorando? —se agachó para abrazarla.
—¿Te burlarás, Arnold? —dijo con un hilo de voz.
—No, claro que no. Jamás me burlaría de ti. Perdóname, no quise ofenderte. Me pasé de la raya...
—No, está bien... —dijo como pudo.
—Mírame, Helga, ¿qué te pasa?
Ella no quería mirarlo.
—Él nunca se fijará en mí, Arnold... —le dijo entre lágrimas y sollozos.
—¿Por qué dices eso? —le preguntó, tomándola de los hombros.
—Porque lo sé.
—No debes pensar así. Sólo un tonto podría no darse cuenta de que eres una gran chica, buena, lista, linda, un poco rebelde, sí... —dijo en broma.
—¿Crees que soy linda y todo eso...? —dijo levantando la vista.
—Por supuesto que sí. —le sonrió—. Eres hermosa, cuando te enojas, cuando estás contenta, cuando simplemente eres Helga. Nunca debes cambiar tu forma de ser. Y quien esté contigo debe quererte por cómo eres, nunca debes ser como otros quieren que seas. —la abrazó.
—Cielos, nunca habías dicho cosas como esas... —dijo sollozando aun.
—Entonces es un buen una gran amiga y...
Helga se aferró a su abrazo, apoyándose más contra él, llorando con más fuerza al escuchar esas palabras. Él no lo notó, pero luego la vio hecha un torrente de lágrimas.
—Helga, no mereces estar así. Te diré algo, si el chico no nota todo lo que acabo de decir, es un completo tonto. —ella seguía recargada sobre su pecho, ocultando su rostro.
—Ya se me pasará, Arnold. Ya se me pasará... —dijo secándose las lágrimas, a la vez que él se las secaba con suavidad.
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Quiero que el amor por fin conteste:
¿Por qué siempre soy yo,
la de la mala suerte?
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Arnold era un tonto.
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CONTINUARÁ…
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Hola a todos, mis queridos y hermosos lectores. Espero que
Bien, antes de que me arrojen tomates o digan "maldita Marhelga y sus clichés", bueno, tengan en cuenta, escribo este fic basado en algunos infortunios amorosos adolescentes míos, (y no, no soy una anciana ahora tampoco -.-) pero a este capítulo lo redacté escuchando esa canción, y bueno, Arnold es idiota, ¿no? Así tiene que ser para abrir los ojos, algúuuuuun día.
El siguiente es el del Cumpleaños de Helga, ¡y más de una cosa interesante ocurrirá! Muchísimas gracias, DE VERDAD a todos los que leen la historia, la marcan en follows y favoritos, me encanta escribir este fanfic y leerlos a ustedes. Especial agradecimiento a: Iberius27, Devi2791, beautifly92, SerenityMoon, Wolf old Soul y VNate por leer y comentar.
Muchas gracias por sus hermosos reviews,
Ahora sí, nos vemos pronto!
MarHelga.
