Bien! este es el ultimo capítulo. No puse al inicio "capítulo" por que lo sentí mas como un epilogo.
Espero que les guste. DATO! Al final me inspire en la canción: La Ballata Della Farfalla Melitaea de "Blind Fool Love" (les recomiendo escucharlo)
"Aleluya"
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Bip…
Era un sonido mortífero. Le calaba los huesos el solo escucharlo.
Bip…
Miró el aparato infernal y a la persona en la camilla. Enseguida desvió la vista y la dirigió a sus manos ensangrentadas.
Bip…
Los paramédicos se movían coordinadamente. Él solo podía quedarse mirando, rogando porque un milagro sucediera.
Bip…
Pero conforme la maquina tardaba cada vez más en dar ese molesto sonido, sus esperanzas se iban, se alejaban como pedazos de ceniza con el viento. No había nada que pudiera hacer más que orar. Rogar por un milagro.
Bip…
-Por favor, sálvelo- imploró con angustia.
Uno de los paramédicos lo miró por una fracción de segundo, volvió la vista a la herida de la persona en la camilla.
-Es mi trabajo- declaró muy seguro de sí mismo.
Por un momento, por un solo instante, sintió que esas palabras eran reales. Su milagro estaba a punto de hacerse realidad. Acercó la mano a su propia herida y con los dedos temblando la examinó ligeramente. Su vista se volvió borrosa y segundos después se hundió en una profunda obscuridad.
Bip... Bip… Bip…
Solo podía escuchar ese horrible sonido.
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Despertó gracias a que alguien lo movía insistentemente. Bostezó levemente y se limpió los ojos. Trató de enfocar la vista por un par de segundos.
-Llegamos, señor.
Asintió con la cabeza, tomó los dos ramos de violetas que estaban al lado de él compartiendo asiento. Con esfuerzo se levantó del asiento y salió del auto. El hombre que lo había despertado lo tomó del brazo ayudándolo a salir, le tendió un bastón y cuando se encontró fuera del automóvil cerró la puerta de este.
-¿Cuánto tiempo tengo?- preguntó con la voz aun somnolienta.
-Su siguiente junta es dentro de dos horas, señor.
Asintió y poniendo el bastón en la postura correcta comenzó a caminar hacia la entrada del lugar.
-Recógeme dentro de una hora y media.
El hombre asintió y dedicándole una ligera mirada volvió a subir al auto para marcharse.
Suspiró levemente y siguió caminando, llegó a la puerta de reja y la abrió lentamente escuchando como el metal chillaba levemente. Con dos ramos de flores en la mano izquierda y el bastón en la otra se adentro al lugar. Pasando sin ver ni una vez las demás lapidas. Sabía el camino y podía seguir incluso con los ojos cerrados. Caminó por un par de minutos hasta llegar a donde las lapidas se distanciaban por dos metros.
Soltó un nuevo suspiro. Había un par de lapidas que no seguían la regla de dos metros de distancia. Estaban apenas separadas por unos centímetros. Apretó levemente los dedos que sostenían el bastón y volvió a caminar en dirección a esas lapidas. Cuando llegó se quedó parado unos instantes antes de arrodillarse y dejar un ramo de flores frente a cada lapida.
-Mamá, papá- dijo mirando el suelo –Ya son tres años.
Por un par de segundos, todo parecía haber quedado en silencio.
-Todo va bien en la empresa, parece que puedo hacerlo bien solo- se aclaró la garganta antes de continuar –Lamento no poder darte lo que querías, mamá. Creo que, al final, no habrá heredero.
Cerró los ojos. A pesar de los años que habían pasado y que cada día el recuerdo de sus padres era mas distorsionado, casi podía imaginar la expresión en su rostro cuando escucharan lo que acababa de decir. Sonrió débilmente. Sus padres habían muerto al mismo tiempo, por un simple accidente automovilístico.
-Al final murieron juntos, que suerte.
Soltó un pequeño suspiro y se levantó lentamente. Una ligera mueca de dolor se hizo presente en su rostro. Seguía sintiendo el mismo dolor que hace varios años atrás, no era más ni menos soportable. Hizo una leve reverencia y se fue alejando de las tumbas de sus padres. Caminó por unos minutos, mirando el suelo y como el pasto era aplastado por sus zapatos. Llegó al lugar deseado. Había una reja rodeando lo que parecía ser un jardín.
Sonrió abiertamente mientras rebuscaba en los bolsillos de su pantalón. Sacó una pequeña llave y metiéndola en la cerradura de la reja pudo entrar al lugar. Dentro había varias flores que inundaban el lugar de una forma hermosa. Guardó la llave dentro de su pantalón y volviendo a poner el bastón de la forma correcta se adentró entre la naturaleza, a unos cuantos pasos y oculto de la vista, entre varias flores blancas había una lapida.
Volvió a sonreír, dejó caer el bastón al suelo y sin pensar en el dolor que su pierna le provocaba se dejo caer de rodillas frente a la tumba. Quitó los pétalos de flores que yacían sobre la lapida y sonriendo felizmente se dejo caer sobre la lapida. El viento se volvió lento, el sol se volvió más cálido y el mundo pareció estar bien. Estar tan feliz como él lo estaba en ese momento.
-Hola, Gaara.
Fueron las únicas palabras que pronunció, las flores se movieron salvajemente gracias a que el viento arrecio por unos instantes. Cerró los ojos y se dejo inundar por la tranquilidad que había en el lugar.
-Fui a ver a tu familia, Gaara- susurró sin abrir los ojos –Encontré a tus hermanos. Me contaron que tu padre murió un año después de que te vendió, ellos trataron de encontrarte pero no sabían cómo. Tu hermana está casada y tu hermano está a punto de- soltó una pequeña risa –Y me dieron un par de fotos tuyas cuando eras pequeño.
Dejó de hablar mientras el viento seguía agitando las flores. El aire olía a flores. El sol calentaba cálidamente. Parecía un momento perfecto.
-Las personas que te hicieron sufrir…- murmuró levemente –Las personas que te alejaron de mi, ayer fueron sentenciadas por fin. Su sentencia fue de 100 años en la cárcel- abrazó la lapida fuertemente –Cuando escuche la sentencia me sentí feliz, pero luego… luego recordé que… aun con todo el tiempo que ellos se pudran en prisión tu no volverás.
Tragó saliva y dejó que un par de lágrimas humedecieran sus ojos y sus mejillas.
-Seguro ahora mismo me estás viendo desde el cielo y estas pensando que soy un estúpido por llorar por ti, tu eres más estúpido, Gaara. Porque estas en un lugar en el que no creías.
Abrió los ojos y un par de lágrimas volvieron a caer por sus mejillas. Todos los sonidos se hicieron lentos y suaves, incluso el cantar de las aves se volvió demasiado suave.
-Últimamente he pensado que fue mi culpa, si yo no hubiera sido tan creyente, si no me hubieran educado de la manera en la que debía creer en los milagros, tal vez las cosas hubieran sido diferente, tal vez tu estarías aquí, conmigo- cerró los ojos y mas lagrimas cayeron –Y yo no estaría abrazando una tumba.
Volvió a sentirlo, ese dolor en su pecho, más fuerte que el dolor de la herida de su pierna. Sin importar qué dejó que las lagrimas cayeran y formaran enormes caminos en sus mejillas. Dejó que el dolor en su pecho se expandiera de tal forma que sentía que moría poco a poco. El nudo en su garganta apareció, asfixiándolo, ahogándolo en el dolor que sentía.
-No es justo- dijo con voz quebrada –Debiste llevarme contigo.
El dolor lo asfixió, le recordó fuertemente que ya no tenía a nadie, ni a su familia, ni a la persona que amaba. Sollozó, abrazando fuertemente la lapida mientras su cuerpo se convulsionaba por el llanto.
-Quería morir contigo.
El viento sopló fuertemente y el sol dejó de ser cálido. Su llanto se intensifico al igual que el nudo en su garganta y el dolor en su pecho.
Se sentía vacio.
Muerto.
-Estaré contigo de nuevo ¿Cierto?- susurró con esfuerzo –Cuando muera, volveremos a estar juntos, haremos de todo ahí ¿Cierto?, incluso podríamos bailar y espiar a las personas que aun están aquí… - sonrió quebradamente –Cuando volvamos a estar juntos, no te dejare ir.
Se limpió las lagrimas con las manos, en seguida nuevas lagrimas formaron de nuevo un camino en sus mejillas. Rió con dolor y mordió su labio lo más fuerte que pudo. Sabía que si no hubiera sido por su fanatismo las cosas hubieran sido diferentes. Pero también fue por culpa de su fanatismo que conoció a su ángel. Abrazó la lapida de nuevo, lloró de nuevo, sintió ese dolor infernal de nuevo.
El viento se volvió violento y agitó las flores salvajemente. Suspiró mientras su cuerpo daba arcadas. Después de unos momentos su cuerpo se relajó al igual que el dolor en el pecho. Ya no tenía nada porque vivir pero aun así seguía vivo. Era horriblemente doloroso. Quería morir, en ese mismo instante. Quería dejar de sufrir y volver a estar con la persona que amaba. Quería tocar a su ángel, sentirlo y besarlo.
Quería morir y volver a estar con su ángel.
Sintió las lagrimas volver a humedecer sus ojos y sus mejillas.
-Cuando al fin el tiempo me maté y este contigo de nuevo… cuando bailemos, riamos y nos amemos de nuevo ahí donde tu estas, te juró que no te dejare ir.
Sonrió alegremente, sin importar sus lagrimas, y abrazó la fría lapida. Era seguro que nadie le contestaría pero el frió, y a la vez, cálido viento le hacía sentir que Gaara lo estaba escuchando y que esa era su contestación.
-No te dejare ir jamás. Nunca jamás.
La fría lapida se sentía tan cálida en ese momento.
¡Fin! yep, este es el fin. Muchas gracias todos lo que leyeron, los que dejaron review, los que siguieron la historia, a todos. Me costó un poco, tarde en terminarlo, me desespere en el proceso, pero todo concluyó.
A todos los que dejaron reviews lamento no haber respondido aun, pero pronto tendrán mi respuesta. Muchas gracias por leer y realmente espero que esto les haya gustado.
Dudas, aclaraciones o felicitaciones son bien recibidas.
Gracias de nuevo por leer. Hasta la proxima.
