Capítulo 8

Shaoran estaba otra vez junto a su puerta; siempre le sorprendía que no se limitara a teletransportarse dentro, aunque suponía que estaba tratando de ser respetuoso con su privacidad.

Habían pasado tres días desde el desastre de Yang S.A. y aún no era capaz de enfrentarse al resto. Se habría marchado hacía tiempo a su casa si no fuera porque corría el riesgo de encontrarse con alguien de camino a la salida. De momento, estaba atrapada en su apartamento, rumiando y pensando en cosas atroces.

Había estado a punto de matarlos a todos.

Sakura no podía vivir consciente de ello. Rezó porque todo el mundo hubiera salido ileso del fuego en Yang S.A.; los periódicos que cubrieron la noticia no habían informado de ninguna muerte, pero el recinto de Yang S.A. había sido pasto de las llamas por completo. El fuego había seguido prendiendo buena parte de la noche, resistente al agua que los bomberos habían utilizado para tratar de sofocarlo; al final, se habían visto obligados a dejar que las llamas siguieran su curso. Y eso había hecho, devorando el edificio hasta los cimientos.

Yang S.A. aún no había tratado de tomarse la revancha contra Clow S.A. No habían dado muestras siquiera de que supieran que Clow S.A. andaba detrás del suceso, pero eso no significaba que no fueran a aparecer un día a pedir explicaciones. Y no sería nada agradable.

—Sakura, sé que me escuchas. Abre la puerta ahora mismo —dijo Shaoran, interrumpiendo su ensoñación.

Sakura se recostó en el sofá y esperó a que se marchara.

Pero no lo hizo.

—Voy a entrar —la avisó, y un segundo después estaba de pie, frente a ella—. ¿Qué haces aquí, lamentándote? —exigió saber, arrodillándose junto a ella.

—No estoy lamentándome —mintió.

—No sabes mentir —le dijo, tocándole el hoyuelo de la barbilla con el índice.

—Ya no sé qué hacer, Shaoran —admitió—. No puedo seguir así.

No pretendió hacerse el loco.

—Deja que nuestros científicos sigan haciendo su trabajo contigo. Al final encontrarán la forma de ayudarte con tus poderes.

Sakura sacudió la cabeza.

—No quiero más pruebas, no sirven de nada.

—Conseguimos ayudar a Nakuru, así que podemos ayudarte. Sólo tienes que darnos la oportunidad de hacerlo. Déjame ayudarte.

—Podría haber matado a esa gente —sollozó—. Podría haberte matado a ti.

—Pero no fue así.

—Esta vez no, ¿pero qué me dices de la próxima vez? ¿Y la siguiente? ¿Puedes asegurarme que no mataré a nadie sin querer?

—Sakura, no sirve de nada que te recluyas aquí como un ermitaño, ni que te preocupe lo que podría suceder o no en el futuro. Joder, podría morirme de un aneurisma cerebral en cualquier momento, pero no me preocupa. Y a ti tampoco debería preocuparte. Sencillamente, vive. Vive y sé feliz con el tiempo que te dan.

—Yo no puedo ser así —susurró entrecortadamente.

—Sí que puedes.

Sakura sollozó y se secó las lágrimas.

— ¿Y el resto? ¿Me tienen miedo?

—Nadie te tiene miedo, no eres ningún monstruo —le dijo con paciencia—. Sencillamente, eres diferente. No hay nada de malo en ello.

—Eso solía decirme tu padre siempre.

—Pues nunca dijo nada más cierto. —Le apartó un mechón rebelde y se lo enganchó detrás de la oreja—. Y, ahora, ¿vas a dejar que eso domine tu vida? ¿O vas a salir conmigo y a cenar como nunca en mi apartamento?

Sakura sonrió.

—Bueno, si me lo pones así...

—Te quiero, Sakura.

Se apartó de él.

—No digas eso.

—Pero es cierto.

Sakura le miró; el corazón se le partió en dos. No podía mirarle a los ojos y seguir mintiéndole, aunque quería hacerlo desesperadamente. Estaba cansada de mentir; cansada de esconderse, pero no sabía qué otra cosa hacer... estaba tan acostumbrada a hacerlo así...

—Te quiero —repitió, mirándola fijamente a los ojos—. En serio. Y te prometo que haré lo que sea por ti, cualquier cosa con tal de ayudarte a superarlo. No soporto verte así.

—Shaoran, no puedo amarte —susurró.

—Sí que puedes. Me amas. Lo veo en tus ojos, pese a que te dé miedo decirlo.

—Lo nuestro no puede ser. Sería incapaz de ir por la vida preguntándome cuándo volveré a tener un accidente, y si te heriré o no.

—En la vida hay que arriesgarse —le dijo.

—Lo sé. —Bajó la vista para mirarse las manos.

Shaoran alargó las suyas y se las cogió.

—Mírame. —Sakura obedeció—. Da igual lo que suceda, siempre te querré. Siempre te hequerido, y nada va a cambiar eso.

A Sakura le temblaron los labios.

—Es demasiado peligroso.

Shaoran depositó un beso en las manos cerradas de ella.

—No lo es; nada es demasiado peligroso cuando hay amor de por medio.

Sakura se sentía dividida. Le quería; llevaba años queriéndole, pero sabía que no podía decírselo... no dejaría que lo olvidara. Tampoco es que lo quisiera, lo único que deseaba era saber que Shaoran estaba a salvo, aunque ello significara tener que apartarse de él.

—Hazme el amor —le susurró.

Shaoran respiró hondo.

— ¿Eso es lo que quieres?

—Sí.

Y se aferró con fuerza a las manos de él.

Shaoran se inclinó sobre ella y la besó, golpeándole el labio inferior con la lengua. Metió las manos por debajo de la camiseta de Sakura y encontró sus pechos desnudos. La recostó sobre el sofá y le levantó la camiseta.

Hundió la cabeza para probarle el pezón, que se metió en la boca y se puso a succionar antes de hacer lo mismo con el otro. Introdujo las manos en la cintura de las braguitas de Sakura y le acarició el coño con su cálida mano.

Separó los labios de los de ella y se arrancó la ropa; Sakura le ayudó como pudo, levantándole el jersey para poder juguetear y saborear sus pezoncillos marrones. En cuestión de segundos, Shaoran estaba desnudo y dispuesto a conseguir lo mismo de ella.

Le abrió las piernas todo lo que pudo y colocó los labios sobre el palpitante chocho; halló el clítoris con los labios y se lo chupó como le había chupado los pezones. Le introdujo dos dedos en el agujero de placer, y un tercero en el ano. Sakura gritó y trató de apartarse, pero Shaoran no la dejó, agarrándola más fuerte.

Abrió la boca para recibirla. Metió y sacó los dedos hasta que Sakura chorreó de deseo. Le levantó las caderas y le lamió el ano, humedeciéndolo, para después introducirle dos dedos.

Sakura gritó cuando la sacudió un orgasmo, haciendo que sus jugos manaran de su coño, que recogió Shaoran con la lengua.

— ¡Oh, sí, Shaoran! —gritó.

—Di que me quieres —exigió, y sus labios y palabras vibraron contra el coño de ella.

Sakura se resistió salvajemente bajo él.

—No —consiguió decir.

—Sí —dijo él, lamiéndola desde el clítoris hasta el ano—. Dilo.

— ¡Por favor, Shaoran, fóllame!

—Te follaré. Te follaré hasta que sólo reconozcas mis caricias.

Trepó por el cuerpo de ella, tirando de sus piernas para que le rodearan la cintura. Sakura cruzó los tobillos tras él y gritó cuando Shaoran la penetró con un solo movimiento de caderas.

Bombeó dentro de ella, estirándola y llenándola hasta que Sakura no pudo hacer nada más. Daba con la cabeza en los cojines, moviéndose y retorciéndose al ritmo de los empellones de él.

Soltando una palabrota, Shaoran se apartó. La giró y la penetró por detrás. Sakura vio las estrellas cuando sintió que la penetraba mucho más hondo de lo que hubiera llegado nunca. La montó, golpeándole el coño y las piernas con las pelotas. Sakura se movió con él, buscando cada nuevo empellón como si fuera a ser el último.

—Oh, Dios, Shaoran, me encanta sentirte —jadeó.

—Me gusta lo prieta y cachonda que estás —dijo, mordiéndole el hombro—. Eres húmeda y sedosa.

El cuerpo de Sakura se estremeció.

Shaoran la penetró más y más fuerte, y Sakura gritó mientras experimentaba el orgasmo más explosivo de su vida. Segundos más tarde, Shaoran la siguió, gruñendo y jadeando mientras bombeaba su semen en el cuerpo de ella.

Shaoran se puso en pie y la levantó del sofá. Dejó que le rodeara la cintura con las piernas y la penetró de pie. Se la llevó hasta la habitación y la tumbó con él sobre la cama. Se movió suavemente dentro de ella, con calma, medio empalmado y cariñoso con el cuerpo aún tembloroso de ella.

Se quedaron allí tumbados, sus cuerpos húmedos unidos, y justo antes de que el sueño le consumiera oyó el susurro suave y vacilante de Sakura:

—Te quiero, Shaoran. Te quiero mucho, mucho.

Shaoran se durmió con una sonrisa en los labios.

Cuando se despertó, Sakura no estaba. Se había marchado de Clow S.A. Lejos de él. Maldijo en voz alta y se puso en pie para vestirse para la batalla.