Título: Passion.
Rating: T.
Advertencias: Si la memoria no me falla, algunos pequeños spoilers de 2x15, «Sexy». De lo contrario, sepan disculpar; problemas de la edad.
Playlist: Ooh La Hot Love by The Fratellis.
«Switch me on, turn me up; just wanna touch you».
Blaine cree que Kurt no entiende nada. Quizás él mismo había llegado a pensar que no tenía ninguna idea de cuánto podía disfrutar del contacto físico con otra persona, porque jamás había deseado intentarlo. Jamás, en toda su adolescencia, había pensado que algo tan simple como tocar a alguien o ser tocado pudiera hacerle perder la razón. Jamás había pensado que desearía tanto estirar un poco más su brazo y alcanzar una porción de piel que se encontraba tentadoramente a su alcance, pero, a la vez, tan platónicamente lejos.
Jamás había sentido tantas emociones juntas —por lo menos, hasta que había conocido a Blaine. Su mundo se había puesto de cabeza desde el primer día en que se habían visto, y todos sus «nunca» se habían transformado en temibles «siempre», que lo asaltaban incluso en las situaciones más inesperadas y menos oportunas.
Y es Blaine quien no entiende nada. No puede comprender que Kurt está asustado. Su miedo es desmedido, pero de ninguna forma tiene que ver con lo que su compañero cree. Kurt no tiene miedo de hablar de sexo, ni mucho menos de saber de qué va o cómo debería ser para alguien con su entereza y sentido del romanticismo. No. Kurt tiene miedo de activar esa pequeña parte de su cerebro que se encuentra reprimida y atrapada a la fuerza dentro de su cuerpo. Teme que, comenzando a conocer, desee saber más, continuar con su aprendizaje a otro nivel. Y sabe perfectamente que, de todas las personas en el mundo, sólo podría concederle a una el derecho de llevar la teoría a la práctica.
Y tiene miedo. Tiene miedo porque sabe que todo lo que está conteniendo deberá salir en algún momento. Porque sabe que, tarde o temprano, todos esos sentimientos desconocidos necesitarán, mínimamente, ser acallados por una sumisa porción de todo lo que reclaman. Algo real. Algo que va mucho más allá de los roces casuales y los gestos amistosos.
—Kurt, ¿en verdad está todo bien? —repite Blaine.
El aludido lo observa distraídamente, asintiendo. Ha sido pescado demasiadas veces perdido en sus pensamientos, aunque su compañero cree fervientemente que aún se encuentra molesto por la pequeña charla que ha tenido con su padre.
Blaine le toma la mano ansiosamente y le pide que lo siga por los corredores de Dalton, para su usual café en Lima Bean y el infaltable e insustancial cotilleo. Los dedos de Blaine se entrelazan con los suyos y Kurt siente la calidez viajar desde las puntas de los mismos hasta cada rincón de su cuerpo. Y en todo lo que puede pensar es en tirar de la mano que su compañero le ofrece y obligarlo a acercarse más.
Y se sonroja. No entiende. No quiere entender qué sucede. Prefiere prensar que esos sentimientos morirán allí, mientras pelea con sus propias manos para evitar que estas tomen a Blaine, lo empujen contra su pecho y den rienda suelta a la complacencia de su torturada y no tan ingenua mente.
