Título: Sinestesia
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu.
Notas: Universo Alterno. Spoilers hasta el EP7.
Rating: T y posiblemente M después.
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Simbólica
Tema: 29. Grito


Battler se sorprendió de lo dolorosamente familiar que le parecía el edificio blanco, con sendas letras doradas en la entrada, que rezaba 'Instituto Psiquiátrico de Niijima'. Su naturaleza optimista siempre le había proveído de excusas para no aprenderse el nombre de la calle, mucho menos la localización exacta, porque se decía a sí mismo que Yasu saldría pronto y el recuerdo de aquella fantasmal construcción pronto quedaría en el olvido, sin embargo, nada estaba más lejos de la realidad y los segundos separados compusieron días, semanas, meses y ahora, quizás por esos días —no, más bien ése día, ¿a quién quería engañar?— Yasu cumplía un año de estar internada, sin vistas de mejora.

Él iba a visitarla siempre que podía, siempre que Natsuhi o su padre le daban permiso y cuando iba, cuando sus pasos ligeros como los de todos los chicos de su edad se perdían entre la gravilla de los jardínes solitarios y tristes del lugar, no podía evitar pensar en lo horroroso que era ese lugar. En lo mucho que a Yasu le hacía daño estar ahí sola —porque empeoraba, siempre empeoraba—, lo mucho que necesitaba a Beatrice en esas paredes blancas, vacías, en lugar de desecharla.

—Hola —saludó, vacilante al encontrar a la niña en los jardínes, sentada leyendo el mismo libro de siempre, ése que él le había conseguido de la biblioteca y que ya llevaba casi dos años de pasada su fecha de devolución—. Yasu, ¿cómo estás? —Battler siempre era cuidadoso de parecer alegre, siempre ocultaba su desagrado por ese lugar, el dolor que latía en su pecho cuando veía a los enfermos y la solitaria figura que era su amiga entre ellos, hablando sola.

—¡Battler! —la niña cerró el libro de golpe y dirigió sus ojos brillantes hacia el chico, que de inmediato reconoció que ese día no trataba con la muchacha tímida, sino con la magnífica bruja Beatrice. El sólo hecho de no usar honoríficos, la sonrisa traviesa en sus labios, el deje de desdén en su rostro, todo se lo indicaba. Y él no sabía si reír o llorar—. ¡Ushiromiya Battler! Oh, veo que te has dignado a hacerme una visita.

—Sí, es que tenía ganas de verte —todavía sin estar seguro de si había dicho algo correcto, pues era Yasu quien oía sus palabras inexpertas de amor, Battler permaneció impasible al lado de la silla de ruedas de la bruja, mesándose los cabellos hasta ponérselos en punta, sin duda nervioso y aprensivo por la atmósfera tan extraña.

Beatrice se quedó callada, haciendo que el pelirrojo temiera uno de sus ataques de ira, donde se ponía a gritar a todo mundo que iba a matarlos, que ella era una bruja y la misma cantaleta de siempre, que le valía un pase directo a los sedantes y prohibir las visitas durante dos semanas. No obstante, el miedo de Battler se disolvió cuando escuchó a Beatrice reír entre dientes, con las mejillas ligeramente sonrojadas —¿cómo podía cambiar tanto de personalidad?— para pedirle con ademanes que se acercara un poco más a ella.

—Dime, Ushiromiya Battler —la mano de Yasu jaló ligeramente la corbata que usaba el chico y que era obligatoria en el uniforme de la secundaria, Beatrice se sentía juguetona y le contagió un poco esa sonrisa nerviosa a Battler, que nunca había estado tan cerca de su amiga, al menos no de la manera en la que Beatrice lo jalaba—. ¿Cómo te gustan las chicas, Battler? ¿Eh?

La pregunta era demasiado directa y el joven no pudo evitar ponerse un poco a la defensiva, soltándose del agarre de la bruja, que sólo atinó a seguirse riendo suavemente como si todo aquello le pareciera sumamente agradable. Battler le había prometido algo a Yasu, algo que él bien sabía, conforme pasaban los días, era algo más que una amistad, una simple promesa entre mejores amigos. Él la quería y por cómo ella se sonrojaba, por cómo ella lo miraba cuando estaba en sus cinco sentidos, el sentimiento era mutuo... Entonces, ¿por qué tenía que hacerle preguntas tan embarazosas?

—Rubias —contestó él, lanzándole una clara indirecta a su cabello, que ahora le rozaba los hombros volviéndola aún más bonita en la flor de su pubertad—. Me gustan las chicas rubias con cabello largo. Y divertidas y que les gusten las novelas de misterio.

—¡Muy bien, Ushiromiya Battler! —exclamó entre aplausos y breves carcajadas, rompiendo la quietud de esa tarde, en la cual los árboles se mecían perezosamente al compás del viento y algunos cuantos pacientes andaban dando vueltas por ahí—. ¿Has oído, maestra? A Battler le gustan las mujeres rubias.

Mientras Beatrice reía y jugaba con el aire, donde supuestamente estaba su maestra, Battler suspiró. ¿Se curaría algún día Yasu? Aún sin saber la respuesta, aún cuando se sentía un poco incómodo saludando al aire —como cuando Beatrice le presentó a Virgilia, su maestra en el arte de la brujería—, él sabía que iba a seguir queriéndola y no estaba seguro si eso les hacía algún bien a ninguno de los dos.