¡Listo! Uno más :) Este es largo. El más largo hasta ahora, aunque de tanto leerlo se me hace corto. Espero sus comentarios que siempre me alegran y animan a seguir. Aprovecho para decirles que espero que todos hayan tenido una bonita navidad y que tengan un grandioso 2013! :D
Ah, por cierto. En un comentario del capitulo nueve Alejhandora me preguntó sobre el físico de Helga. Mi respuesta es que Helga sigue siendo la misma, sabemos gracias a algunos capítulos de la serie que ella no es fea, pero tampoco tiene una belleza despampanante, sin embargo a pesar de que sigue teniendo una sola ceja en mi historia ella es bonita, sus compañeros de repente no lo notan ya que llevan junto a ella toooda la vida por eso no hago tanto énfasis en que se sorprendan con su look... Al menos no hasta ahora ;)
¡Gracias por leer! :)


Helga fue rápida, en menos de dos segundos se apartó para poder vomitar y con eso el cosquilleo en su estomago desapareció.

-Debo recostarme…-dijo abriendo la puerta de su casa

-Sí, creo que sí. Nos vemos el lunes.- y le dio un beso en la mejilla.

Helga entró a su casa. Se sentía mareada. Se sostuvo con fuerza del barandal de la escalera y poco a poco con mucho cuidado subió hasta su habitación.

Se aventó a su cama y durmió.

Alguien le estaba dando martillazos en la cabeza.

Toc toc.

Abrió los ojos.

Toc toc.

-¿Qué? -preguntó Helga Pataki con voz ronca.

-Helga querida, es muy tarde. Tu desayuno se está enfriando.-dijo Miriam desde afuera de la recamara.

¿Desayuno? ¿Comida? Qué asco.

-No tienes por qué gritar…No tengo hambre.

Revisó su celular. Eran las once de la mañana. No era tan tarde para ser domingo.

-Tienes que comer algo. Le he insistido a tu padre para que te esperemos para desayunar juntos. Está molesto. Baja y come un poco, Helga.

Escuchar gritar a Bob no mejoraría las cosas.

-Sí sí ya voy.

No tenía ganas de nada. Mucho menos de comer. Se incorporó, todo a su alrededor dio vueltas. No estaba bien.

Aun llevaba la ropa de la noche anterior. Se puso su pijama. Le dolía la cabeza. Se dirigió al baño, se lavó los dientes y la cara. Seguía sintiéndose muy mal.

Iba a matar a ese Jason.

Bajó con cuidado las escaleras. Llegó al comedor y encontró a Bob leyendo el periódico.

-Esos idiotas del diario no han puesto el anuncio que esperaba. –dijo poniéndolo a un lado- Ya llegó la niña. ¿Podemos comer de una buena vez?

-¡No grites, Bob!-exclamó Helga tocándose la frente.

-¿Gritar? ¿Y quién está gritando? ¿A qué hora llegaste anoche, señorita?

-Temprano.-contestó sentándose.

Bob bufó y empezó a comer.

-¿Querida, te sientes bien?-preguntó Miriam.

-Sí.-dijo cortante. Empezó a jugar con su comida, moviendo de un lado a otro lo que había en el plato. Hasta olerlo le caía mal.

Fue por un vaso de agua a la cocina.

-Aquí había jugo, Helga.

-No tengo ganas de jugo.

Terminó su vaso de agua, jugó con la comida pero no ingirió nada. Y agradeció que como siempre sus padres no prestaran atención. Después del desayuno sus padres fueron a hablar con el editor del periódico para quejarse.

-¿Qué rayos es esto, Miriam?-escuchó gritando a Bob desde afuera

-Oh, no lo sé Bob…Probablemente alguien que se sintió mal…

-¡Algún vagabundo alcohólico! ¡Gente estúpida!

Se fueron y Helga aprovechó y buscó en el botiquín algo que tomar para no sentirse tan mal. Encontró antiácido en pastillas efervescentes. Puso dos en un vaso con agua.

Alguien tocó a la puerta. Sin mucho ánimo se dirigió a abrir, mientras tomaba el medicamento. Probablemente algún vendedor, al que ni ganas tenía de gritarle. Y esa cosa sabia espantoso.

Abrió.

-Buenos días, Helga.

-¿Arnold? Quiero decir, ¿Qué rayos haces en mi casa, cabeza de balón?

-¿Puedo pasar?

-¿Qué? ¡No, no puedes! ¿Qué haces aquí?

-Quiero hablar contigo un momento.

Helga vio a su alrededor y se percató del desastre que había provocado la noche anterior en su pórtico.

-Pasa entonces…

Se acomodaron en la sala.

-¿Y? ¿Qué quieres?

-La verdad solo quería saber si habías llegado bien.

-¿Eh?

-Tu amigo o lo que sea Jason, no me da buena espina.

-¿Ah, sí? ¿Por qué?

-Por lo que he escuchado. No parece buena persona. Ha reprobado materias, le gusta ir a lugares como al que anoche te llevó. Parece que no quiere seguir estudiando. Y en mi opinión es alguien muy grosero.

Helga volteó los ojos. Deseaba acabar de beber esa cosa y dormir.

-¿Terminaste?-le preguntó- Si tanto te interesa anoche lo pasé muy bien. Realmente me divertí. Solo porque él es diferente a ti no significa que sea "peligroso" o algo así, Arnoldo.

-No pero…

-Además aquí estoy. Entera, sana y salva.

-Y estás tomando un antiácido a las doce del día en domingo después de haber ido a un bar. Eso dice mucho. ¿Cuánto tomaste anoche?

-¿Qué te importa? Él no me hizo nada malo. Al contrario, según recuerdo fue muy amable y caballeroso. Se preocupó por dejarme en la puerta de mi casa, literalmente.

-¿"Según recuerdas"? Es decir que hay cosas que ni siquiera recuerdas

-¿Qué te importa Arnold? ¡Criminy! Deja de meterte. Nadie te está preguntando cómo te fue en el cine, o si llegaste completo, o a qué hora llegaste o cuantas palomitas comiste…

-Es diferente…

-Y en ese caso yo también tengo bastante que decir sobre Amanda. Y no te conviene.

-Lo dudo. Ella no tiene nada de malo. No es idiota como tu amigo… Supongo cada quien encuentra su tal para cual.

Helga se quedó pasmada. ¿De verdad Arnold le había dicho aquello?

-Vete de mi casa, Arnoldo.

-Helga, lo siento, yo no me refería…

-No me importa a que te referías. ¡Ni lo que pienses de mí! Te he dejado en paz así que tú también déjame a mí en paz. Vete de una buena vez.

Arnold abandonó la sala de los Pataki, segundos después Helga escuchó como cerraba la puerta de su casa.

Terminó de tomarse aquella cosa y subió a su habitación.

Durmió por casi cuatro horas hasta que su celular la despertó.

-¿Qué pasa Phoebs?

-Te he estado llamando, Helga. Estaba por ir a tu casa. Cuéntame como te fue anoche…

-…Bien-contestó aun adormilada

-¿Estabas dormida?

-Estaba, hasta que me despertaste, chica...

-Oh, lo siento…

-Sí, deberías.

-Pero cuéntame. ¿A dónde fueron?

-Me llevó a un bar…

-¿A un bar? Cielos Helga. ¿Y te dejaron entrar?

-Sí, me dejaron entrar. No sé de qué te sorprendes. Incluso la princesa Rhonda estaba ahí. Y antes de entrar nos encontramos con Arnold…

-¿Arnold estaba ahí?

-Iba al cine con la linda señorita Amanda… Me dijo que no le gustaba que yo fuera con Jason a esos lugares…

-¿Eso dijo?

-Pero lo ignoré.

-¿Qué mas pasó?

Helga le contó el resto de la noche. Las cosas que recordaba, al menos.

-… Y llegué a mi casa y me dormí al instante…

-¿Y ya? ¿No se besaron?

-¡¿Estás demente?! ¿Qué pasa contigo?

-Suena a una linda cita, Helga… Creí que te acompañaría a la puerta de tu casa y se besarían

-Phoebe… Vomité en la puerta de mi casa ¿Y tú piensas que tenía ganas de besar a un tipo?

-¿Vomitaste afuera de tu casa?

-Sí sí. Me sentía mareada ¿Qué remedio me quedaba?

-¿Cuánto tomaste?

-Poco… Ya pareces Arnold.

-¿Qué tiene que ver él ahora? Deja de meterlo en cada conversación.

-El cabeza de balón vino hace rato.

-¿De verdad? ¿A qué?

-A lo mismo… A ver si había llegado completa porque para él Jason es "peligroso" o algo así… Yo creo que él es el que tiene problemas, debería dejar de meterse en la vida de todos…

Guardaron silencio un momento.

-Creí que estarías con Geraldo…- soltó Helga.

-Sí, vino hace un rato, pero ya se fue.

-Cielos, bonita relación que tienen.

-Helga…-reprochó Phoebe

-¿Qué? Es la verdad. Creo que solo se ven en clases…

-Encontraremos una manera…

-Si tú dices… Creo que iré a comer algo. Hasta mañana, Phoebs.

-Hasta mañana Helga.


El lunes aun se sentía cansada, aunque el mareo había pasado. Llegó hasta su lugar. El profesor estaba demorado, ya toda la clase se encontraba en el aula

-¡Hola Helga! ¿Te pasa algo?

-No tengo humor para soportarte Eugene…

-Lo siento, solo intentaba ser amable…

Helga gruñó. Se había despertado con hambre, el día anterior a penas y había comido algo por la tarde.

-No te preocupes, Eugene, estoy segura que Helga no ha tenido una buena mañana-puntualizó Lila.

-Claro que no Lila. Pero estoy segura que Helga tuvo una gran noche el sábado-dijo Rhonda con un tono de voz que aseguraba que todos habían escuchado.

-¿A qué te refieres?-preguntó la pelirroja.

-Oh… Bueno digamos que me encontré a nuestra querida compañera Pataki en un bar… Nada más y nada menos que con Jason…

-¡Cállate Rhonda! ¡Si no quieres encontrarte con mis golpes!

-¿Quién es Jason?- preguntó Harold confundido.

-Es un chico de último grado. Muy guapo, por cierto-respondió Amanda.

-Y no solo eso. Estaban divirtiéndose mucho. Salieron muy juntos y cariñosos.

Todo el salón estaba a la expectativa. Automáticamente Helga buscó a Arnold con la mirada, sorpresivamente él la miró también. Rompieron con el contacto visual al momento en que el rubio dirigió su atención hacia su cuaderno para escribir al parecer algo más interesante que aquello.

-¿Quién lo iba a decir? Helga Pataki teniendo una cita con un chico encantador el sábado por la noche.-dijo Sid.

-Creí que mis ojos nunca verían eso.-opinó Stinky.

-Técnicamente tus ojos no lo vieron, Stinky-corrigió Phoebe- Lo correcto sería decir…

-¡¿A quién le importa?!-estalló Helga- ¡Dejen de meterse en MI vida si no quieren que meta ambos puños en sus caras!

-Anoche se veía tan bonita…Cualquiera diría que una cita la haría más femenina ¿No es así?- dijo Amanda al aire.

Lo cual provocó tensión en sus compañeros. No era buena idea contestarle a Helga Pataki.

Helga se levantó de su asiento, dispuesta a llegar a donde se encontraba su compañera.

-¡Tranquila Pataki!-dijo Gerald deteniéndola.

-¡Déjame en paz, cepillo con patas!

-Lamento el retraso…- el profesor acababa de llegar- ¿Qué pasa aquí? ¿Pataki? ¿Johanssen?

-Nada, señor no pasa nada-contestó Gerald.

-A sus lugares entonces que ya perdimos tiempo.


-¿Quién se cree esa Amanda?- era su hora de descanso, estaban en el patio Helga disfrutaba del emparedado que le había quitado a Harold- Si no hubiera sido por tu noviecito…

-Hola… -le dijo una voz en el oído lo cual provocó un grito de la rubia.

-¡¿Estás loco?!

-Jajaja a veces. Sí.-contestó Jason.

-¡No vuelvas a hablarme al oído!

-Iré con Gerald, Helga…-anunció su amiga.

-¿Cómo amaneciste ayer?

-¿A qué te refieres?

-Bueno, estaba preocupado. Te iba a llamar pero no tengo tu celular y me daba pena marcar a tu casa.

-¿Y porqué estabas preocupado…?

Ahora los compañeros de Helga pasaban y los señalaban. Descubriendo que aquel era el famoso Jason.

-Bueno… Esa noche te sentiste mal y además…

-Espera ven conmigo- le tomó la mano al chico un segundo para guiarlo, pero se arrepintió en seguida- Solo sígueme…

Se dirigieron hacia el salón de Helga quien cerró la puerta.

-Ahora sí. ¿Cuál es el problema, chico?

Jason rió.

-Ninguno.

-¿Entonces qué quieres?-preguntó extrañada.

-Saber cómo estás.

-Bien ¿No ves?- dijo volteando los ojos.

-Sí… Pero ¿Acaso no recuerdas como terminó la noche?

-Sí, lo recuerdo. Y ayer sí quería matarte…

-Sí, lo supuse…

-Bien salgamos de aquí…-dijo dándose vuelta pero Jason la detuvo- ¿Ahora qué?

-Entonces sí recuerdas como acabó todo…

-Que sí- contestó con fastidio.

-Y… ¿Recuerdas como casi termina?

Jason le miró los labios, se acercaba lentamente al mismo tiempo que Helga se hacía para atrás hasta topar con la pared.

La puerta se abrió.

-¡Arnold!

-¿Helga? ¿Qué ocurre?

-Nada que te importe, viejo- contestó molesto Jason mientras se apartaba de la chica.

-Lo siento no quería interrumpir- dijo y al instante dio media vuelta y se fue.

-Entiendo porque no lo soportas-dijo Jason-luego nos vemos, Hel.

Bajó para buscar a Phoebe pero justo al final de la escalera encontró a Arnold hablando con Gerald. ¿Qué tan malo era espiar?

-¿Crees que se iban a besar?-preguntaba el moreno.

-¿Besar? ¿Helga besando a alguien?

-Por lo que dices así parece…

-Pues sí, pero ese tipo era el que quería. Ella no. Pasaran siglos antes de que veamos a Helga besar a alguien

Gerald rió.

-Estoy de acuerdo, hermano. Pero entonces, ¿Me estás diciendo que ese tal Jason quiere salir con Pataki?

-No lo sé. Eso parece.

La carcajada de Gerald no se hizo esperar. Helga gruñó. ¿Qué se creían esos dos para hablar de su vida?

-Eso sí no te lo creo…¡Pobre imbécil! ¿De qué se enamoró? ¿De su ceja? ¿O su ternura?

-¡Gerald!

-¿Qué? En serio, Arnold. ¿Quién se enamoraría de ella?

-Es lo que preocupa… No confío en ese tipo. Y honestamente enamorarse de Helga pues…es difícil.

-Corrección: Imposible…

-No lo sé. Me da miedo que la busque con otro objetivo…

-¿Y qué? No podemos hacer nada. Tu ya le dijiste muchas veces… Déjalos. Además, está la esperanza de que Jason sea sordo y medio ciego…

El timbre sonó.


Estúpido Arnold. Estúpido Gerald. Estúpido Jason.

¿Besarla? No, no podía ser. Jason se le había acercado mucho pero debía haber otra explicación… Nunca se había puesto a pensar en tener una relación con alguien que no fuera Arnold. Y mucho menos que alguien quisiera salir con ella… ¿Helga Pataki teniendo un novio que no fuera Arnold? No… Ella solo buscaba alguien con quien pasar el rato, alguien divertido, un amigo quizás. Pero nunca un novio o algo parecido. Por más guapo que fuera.


El jueves Rhonda interceptó a todos antes de la salida de clases.

-¡Un momento por favor! Yo sé que todos tienen cosas que hacer. Pero esto también es importante.

-Como todo lo que sale de tu boca, querida-dijo Curly

-Curly, no seas cínico-le dijo Helga con tranquilidad- tienes novia.

-Bueno… como decía. En este momento estoy pasando a sus lugares a entregarles la invitación para mi fiesta del viernes.

-¿Fiesta? ¿Mañana? ¿Con qué motivo?-preguntó Peapod.

-Es solo una pequeña reunión, por el inicio de clases. Entiendo que es en mi casa pero esmérense en ir vestidos muy presentables… Nada de jeans ni playeras…Espero que TODOS puedan asistir- aclaró al tiempo en que le entregaba a Helga un sobre.

-¿Me estás invitando?

-Eso parece…

-¿Aun después de lo que pasó en tu última fiesta?

-Aun así… Además mi primo no estará presente…

Helga desconfió. Después del puñetazo del año anterior al chico Lloyd no parecía lógico ser invitada.

-Gracias, princesa. Pero yo paso.

-¿Qué? Inaceptable. Tendrás que ir.

-¿Por qué tanta insistencia?

-Creí que podrías llevar un invitado… Digamos tu amigo Jason.

-NO. Nunca. Olvídalo.

-Nadie rechaza ir a una fiesta de Rhonda Lloyd, Helga. Pregúntale a Jason, quizás el quiera ir.

-De ninguna manera. Ni le diré.

-Ups. Me parece que yo le di invitación esta mañana… Y se notaba muy entusiasmado en acompañarte…

-¿¡Qué!?


-No. Ni loca.

-Creí que sería divertido.

-Pues olvídalo, viejo. Yo no iré a ninguna fiesta el viernes.

Jason acompañaba a Helga camino a a su clase de repostería.

-Vamos, Helga. Te iba a enseñar a divertirte.

-Pues no me están agradando tus métodos. Además para mí eso no es diversión. Prefiero lanzar rocas al lago o quedarme en casa a ver televisión…

-¿Es esa tu última palabra?

-Sí, es esa.

Jason suspiró.

-Muy bien. Luego hablamos.

Dio media vuelta y se fue.

¡Pero qué tipo tan pesado! La rubia se sentó en el piso del pasillo frente al salón. Aun tenía tiempo y no había nadie. Bostezó.

-¿Helga?

-¿Qué haces aquí, cabeza de balón?-dijo sobresaltada.

-Hoy tengo tutoría en este edificio…

-Pues felicidades…

-No pude evitar escuchar tu conversación…

-¡¿Me estabas espiando, Arnoldo?!-dijo mientras se ponía de pie.

-No… Solo que… Bueno, me alegra mucho que me hayas hecho caso y hayas rechazado ir con Jason a la fiesta de Rhonda.

-¿Hacerte caso?

-Sí. Bueno, sabes que no confío mucho en él. Y realmente creo que estás haciendo lo correcto.

-¿Lo correcto? ¿Hacerte caso? Escucha, Arnoldo-dijo señalándolo- No hago esto POR TI. Yo decido con que amigos salir y cuando salir. Y lo que yo haga NO ES TU PROBLEMA. Así que déjame en paz- dicho esto dio media vuelta y entró a su salón.


-Hoy haremos mousse de piña colada con una base de genoise de vainilla. Ya saben lo que sigue. A trabajar.-

-¿Qué rayos es un genoise?-preguntó Helga por lo bajo mientras abría su recetario.

-Un bizcocho delgado. Simple y útil.-le contestó Tom.

-Como sea. Empecemos con esto.

El genoise estaba en el horno.

-¿Qué tal van las cosas con Jason?- le preguntó Tom mientras preparaban los ingredientes del mousse.

-¿Cuáles cosas?

-Su relación.

-¿Relación?

Tom la miró.

-¿Sabes que él quiere algo más que amistad contigo no?

Helga lo vio un momento a los ojos para después reír.

-¡Claro que no! No seas idiota.

-Pataki, creí que eras más lista… -ella le lanzó una mirada amenazante-Bueno, las mujeres suelen darse cuenta cuando un chico quiere ser más que un amigo…

-Pues yo no. A mi realmente solo me interesa tener amigos. No ando pensando en quien se fija en mí o quién no.-dijo al tiempo que agregaba crema de coco y jugo de piña a una cacerola.

Tom le sonrió.

-¿Cómo se llama?

-¿Quién?

-El tipo que te gusta.

-¿Eh?

-Debe haber alguien que te interese lo suficiente para que no prestes atención a nadie más.

-¡Qué estupidez! A Helga Pataki no le interesa ningún idiota.

-¿Sabes? No te creo.

-¿Sabes? No me importa. Ahora ponte a trabajar con el merengue.

-Jason es un buen sujeto y lo veo ilusionado contigo… No pierdes nada en darle una oportunidad. Y si no al menos tendrás un nuevo amigo.

-Delicioso. Realmente están haciendo un gran trabajo.-los felicitó la maestra Victoria al finalizar la clase.-Y el detalle del caramelo como decoración muestra interés de su parte.

Helga volteó los ojos, aquello había sido idea de Tom.

-Gracias-contestó el chico.

-Ya pueden retirarse.

Salieron del aula.

-¡Nos vemos luego, Helga!-se despidió Tom acelerando el paso.

La rubia se sentó en una banca del patio. Esperaba a Phoebe.

A lo mejor Tom tenía razón. Ir con Jason a la fiesta no significaría que fueran novios. Ni ir esa fiesta era lo peor que podía pasar. Incluso si Arnold asistía con Amanda ¿Cuántas veces ese tonto cabezón no se había equivocado de chica?

¡Qué rayos! Iría.


El viernes por la tarde Helga le abrió la puerta de su casa a Phoebe a las seis y media en punto.

-¿Qué haces aquí?

-Creí que nos arreglaríamos en tu casa…

-Rayos, Phoebs. Son las 6.30, la fiesta es a las nueve…

-Tenemos el tiempo exacto-dijo su amiga al tiempo que entraba a la casa.

-¡Ni siquiera me he duchado!

Subieron a la recamara de Helga.

-Pues estamos justo a tiempo. ¿Qué vas a usar?

-No lo sé. ¿Eso qué importa?

-Yo tengo aquí el vestido que usare-dijo Phoebe abriendo una caja que llevaba.

Era un lindo vestido, azul, sencillo, de tirantes anchos.

-Sí, se ve bien… ¿Ahora puedo continuar leyendo mi libro?

-Sería mejor que te bañaras… ¿Realmente no tienes idea de que ponerte?

-No sé….Unos jeans y cualquier blusa.

-Rhonda pidió que fuéramos un poco más formales.

-Y probablemente en algún momento pidió un unicornio pero no lo tiene…

-Helga…

-Vamos, Phoebs, esa es una estupidez.

-Quizás. Pero nada te cuesta usar un vestido. Antes los usabas todo el tiempo

-Ya no tengo vestidos.-dijo abriendo los brazos

-Seguro que sí. Tú dúchate y yo buscare algo.

Sin ganas y arrastrando los pies Helga se dirigió a su baño. Al menos ahí no escucharía a Phoebe.

Se tomó su tiempo y salió media hora más tarde.

-No no no. No usare eso, hermana. –dijo al entrar a su habitación y ver un vestido sobre su cama

-A mi me parece muy lindo

-Pero es de Olga…

-Pero es lindo ¿No crees?

Helga gruñó. El vestido no estaba tan mal, era rosa, strapless, con la falda en forma de globo y un listón blanco en la cintura que formaba un delicado moño.

-Si tú lo dices…

-Solo úsalo, Helga.

La rubia miró a su amiga con fastidio. Phoebe le sonrió.

-De acuerdo…

Phoebe se arregló y se vistió primero. Después ayudó a Helga a pintarse levemente los ojos.

Ambas dejaron su cabello suelto.

-Te dije que era demasiado temprano. A penas son 8.45-dijo Helga mientras se recostaba en su cama y tomaba una revista de historietas.

-Bueno Helga, creo que me equivoqué. Llamaré a Gerald para que pase por nosotras. No creo que sea tan malo llegar temprano.

-En cuanto más rápido acabe, mejor. Supongo que tu noviecito no estará muy feliz de que yo vaya con ustedes.

-No creo que le importe. Esta muy entusiasmado por que su padre le prestó el auto.

Veinte minutos más tarde Phoebe recibió un mensaje de Gerald avisándole que estaba afuera de la casa esperándolas.

-Pudiste haber timbrado, cepillo con patas-lo saludó Helga al entrar al coche.

-Y tú puedes irte caminando si prefieres….

-¡Ambos dejen de discutir! No llevan ni dos segundos juntos y ya están peleando…-los regañó Phoebe.

Helga cruzó los brazos.

-Te ves muy bien…-le dijo Gerald a su novia para después darle un beso.

-Tú también-dijo esta sonrojándose.

El chico llevaba una camisa lila, un pantalón negro y zapatos del mismo color.


-Gerald, Phoebe, Helga bienvenidos…-saludó Rhonda una vez que estuvieron dentro- Llegaron temprano.

-¿Somos los primeros?-preguntó el chico.

-No, también han llegado Nadine, Eugene, Stinky y Sheena.

-Suena a pura diversión…-comentó Helga con sarcasmo.

-¿Y Jason?

-Probablemente llegue más tarde…

-Fantástico. Lindo vestido por cierto, pero… si no me equivoco creo que tu hermana utilizó exactamente el mismo la navidad pasada en una aparición para el periódico…

-Sí, es de Olga. ¿Qué más da?

-Pues bueno, pónganse cómodos. En la barra les prepararan cualquier bebida que deseen. Aunque recuerden que embriagarse no es de gente elegante…-dijo Rhonda-Más tarde llegará el DJ.

La casa amplia de los Lloyd era perfecta para fiestas. Y en cuanto a bebida, comida y música nadie les ganaba.

-Cariño, ¿Quieres tomar algo?

-Una piña colada estaría bien-contestó Phoebe sonriendo- Pero cuida que no contenga mucho alcohol.

-Lo sé… Helga, tu puedes ir por tu bebida ¿No?

-No te preocupes, Geraldo…

Phoebe y Helga tomaron asiento en un sofá.

-No te excedas esta vez con el alcohol…-dijo Phoebe de repente.

-¿Qué me estás tratando de decir?

-La semana pasada me contaste como vomitaste afuera de tu casa.

-Fue diferente, estaba afuera con un tipo y yo solo pensaba en…

-¿En…?

-En nada. Iré por algo de tomar. Al no estar el primo de Rhonda no corro peligro…

Más gente llegó. Comenzaron a tomar y la fiesta empezó a tener forma cuando el DJ llegó a las diez y media. Al mismo tiempo que Jason.

-Hola, Hel.-saludó- Phoebe y…?

-Gerald, mucho gusto-contestó este.

-¿Qué hay? ¿Es eso cerveza?-le preguntó a Helga.

-Eso espero, a menos que me hayan mentido y ya voy en la tercera.

-Vamos, Hel, tu eres más sofisticada que cerveza…

Helga lo miró extrañada.

-Es lo que quiero tomar ahora…

-De acuerdo… ¿Me acompañas a la barra?

-Por favor. Estoy harta de ver este par coquetear.

Pasaron entre la gente. Había muchos que Helga no conocía, probablemente del club deportivo al que Rhonda asistía. Incluso creyó ver a los mismos sujetos con los que la había encontrado la semana anterior.

-Un sunset-pidió Jason al barman- Te ves bien, Hel.

Helga gruñó.

-¡Deja de llamarme así, chico!

Jason rió.

-¿A qué hora llegaron?

-Hace como una hora.

-Muy temprano.-dijo al momento en que le entregaban su bebida-¿Buscamos donde sentarnos?

-Claro.

Encontraron un par de sillas cerca de la entrada.

-No me has dicho que te hizo cambiar de opinión sobre venir.

-Pues… nada. Solo lo decidí.

El chico la miró como si no le creyera.

-¿Segura?

-¡De acuerdo! Tom me hizo ver que no podía ser lo peor…

-¿Tom? ¿Cuándo hablaste con él?-preguntó confundido.

-Tengo clases de repostería con él, creo que pudo ser ahí…

-Oh cierto… Lo había olvidado. ¿Te llevas bien con él?

-Somos equipo. Es un buen sujeto. Nada del otro mundo.

Helga dio el último trago a su tercera cerveza de la noche.

-¡Oh pero si es Helga Pataki!-esa voz a sus espaldas les anunció la llegada de Harold Berman.

-¿Qué quieres gordinflón?-preguntó Helga toscamente.

Sid y Stinky llegaron al instante para ver el espectáculo. Al mismo tiempo en que Arnold y Amanda entraban a la fiesta.

-Dudaba si eras tú, Pataki, porque desde el sexto grado no usas vestido… Pero después al ver tu gran ceja supe que no me equivocaba-se burló Harold.

Hubo risas de algunos que alcanzaron a escuchar sobre la música. Helga se levantó de su asiento.

-¡Escucha, panzón, quizás tengo puesto un vestido pero aun puedo patear tu gordo trasero!

Jason rió y tomó a Helga por los hombros.

-Tranquila-le dijo este al oído.

-¡Ohh pero si trajo a su novio para que la defienda!-gritó Sid.

-¡¿QUÉ?!-exclamó Helga-¡Yo no necesito que nadie me defienda!

La gente se empezaba a acercar.

-Harold, tranquilízate. –intervino Arnold al acercarse lentamente debido a sus muletas.

-No te preocupes, Arnold-dijo Stinky-Parece que Helga ya tiene un defensor individual.

-¿Qué ocurre?-era Rhonda- Oh lo imaginaba… Harold y Helga. ¿Quieren comportarse o irse de la fiesta? Esto no es nada elegante…

Helga volteó los ojos. Harold miró un momento a Rhonda y después avanzó hacia donde estaba Paty.

-Perfecto. Ahora por favor continúen disfrutando de la noche…

La gente se dispersó. A excepción de Helga, Jason, Arnold y Amanda. Ninguno dijo nada un momento.

-¿Jason cierto?-soltó Amanda de repente.

-Sí, hola de nuevo…

-No te había imaginado nunca con vestido, Helga.-dijo la chica mirándola de arriba abajo.

-Pero se ve bien-dijo Jason rodeándola con el brazo.

La rubia gruñó. Arnold llevaba un pantalón negro con camisa azul. Mientras que Amanda usaba un vestido negro, ajustado, con tirantes delgados.

El silencio reinó de nuevo. Y de repente Helga pensó en lo terrible que había sido asistir a la fiesta, deseó salir de ahí. Pero al ver como Amanda tomaba la mano de Arnold luchó en concentrarse que esa… tipa no iba a tener el gusto de verla mal. Algo se le ocurriría.

-Lástima que no puedo decir lo mismo de ustedes-dijo la rubia impulsivamente

-¿Disculpa?-preguntó Amanda quien extrañamente sonreía.

-Necesito otra cerveza- sentencio Helga saliendo de aquella escena

Jason la siguió.

-Realmente odias a ese sujeto ¿Verdad?-le preguntó el chico al llegar a la barra.

-¿Se nota?

-Sí, bastante… ¿Quieres bailar?

-Yo no bailo.

-Eso no fue lo que Phoebe me dijo.

-¿Phoebe? ¿Cuándo hablaste con ella?-preguntó confundida

Jason dudó. Pero la mirada amenazante de Helga lo hizo hablar.

-Pues… La semana pasada, fue ella quien me sugirió que te invitara a salir.

-¿Qué?

-Hay que agradecerle a tu amiga, terminamos pasándola muy bien… Entonces, ¿Bailamos?

-Dije que no. Ahora déjame en paz un rato, chico…

-Pero vine contigo, no puedo dejarte sola.

-Bien, yo te dejo a ti-dicho esto camino hacia la terraza.

Hacia viento afuera. Solamente en un rincón se encontraban Harold y Paty charlando en voz baja, quienes al ver a Helga regresaron al interior de la casa.

-Tontos-dijo la rubia para sí. Había pensado en divertirse un rato molestando a Harold. Aquel lugar le empezaba a resultar aburrido.

Aunque… ¿Qué rayos le pasaba? En realidad estaba en un buen lugar para hacer quedar mal a Amanda. A lo mejor podía emborracharla y lograr que hiciera el ridículo. Que bailara estúpidamente y que Arnold notara como Helga se comportaba de forma adecuada.

Sonrió.

-¿Ahora sí puedo estar contigo?-era Jason que llevaba dos tragos con él.

Helga volteó los ojos.

-Supongo. Te estás emocionando mucho al tomar ¿No?

-Uno es para ti.

-¿Para mí?

-Sí, una margarita.-contestó sonriendo- el sábado pasado te empeñaste en tomar una y ni la disfrutaste.

-¿Ah sí? Pues… Gracias-dijo mientras Jason le entregaba una copa.

Le dio un largo trago. Y empezó a toser. El chico rió

-¿Qué sucede?

-¡Tiene mucho alcohol!

-No tanto… No es como si te diera tequila puro. Aunque admito que para tener 15 años todos en esta fiesta se sienten muy maduros.-dijo dando un trago a su bebida.

-¿A qué te refieres?

-Siguen siendo unos niños y están tomando como si tuvieran mínimo 18… No lo sé, se ve hasta ridículo.

Helga lo miró sorprendida.

-Pues tienes razón. ¿Y entonces porque me das esto?

-Tú eres diferente. Más madura…

-No creo que la madurez tenga que ver con cuanto tomas. Puedes tener 15 y tomar responsablemente, como Phoebe. O tener 20 y ser un idiota al beber.

Jason rió.

-Quizás tienes razón. Pero además yo aquí estoy para cuidarte…

-No necesito eso. Creo que no entiendes que yo me puedo cuidar.

-A eso me refiero… Eres muy inteligente y autónoma- le dijo el chico acercándose.

Helga le dio otro trago a su margarita.

-Lo que sea. ¿Podemos regresar a la fiesta? Tenía una gran idea para…-se calló un momento.

-¿Para…?

-Para… contarle a Phoebe.

-¿Una gran idea para contarle a Phoebe?-preguntó confundido- ¿Sobre qué?

-¿Qué te importa? ¿Sobre mujeres?

El chico rió.

-De hecho… ¿Te importaría que nos quedáramos aquí un rato más?-preguntó tomándole la mano.

Helga lo vio extrañada.

-¿Para qué?-preguntó soltándose.

-Debo decirte algo. Y lo único que te pido es que no me interrumpas mientras lo hago… Ya después podrás golpearme si quieres.

-¿Qué te pasa?

-Escucha… Sé que nos conocemos poco, pero las veces que hemos salido me he divertido bastante. Tenemos algunas cosas en común. Sin duda desde hace mucho yo ya te veo como amiga. Creo que eres única, Hel. Desde hace tiempo he querido besarte y por una u otra cosa no es posible… Y antes de arriesgarme a otro fallo, prefiero preguntarte si tu ¿Quieres salir conmigo? Ya no como amigos… Sino como novio y novia.

Helga se quedó helada. Abriendo mucho los ojos. Repitió cada palabra en su cabeza. ¿Acaso un tipo quería que fueran novios? ¿Un tipo que no era Arnold? Eso no estaba en sus planes. Debía ser una broma. ¡Claro!

Empezó a reír.

-Deja de bromear y entremos.

Jason volvió a tomar su mano.

-Es en serio.

Alguien abrió la puerta del balcón.

-Oh, lo sentimos.-dijo Gerald volviendo a cerrar la puerta, iba acompañado de Phoebe

Helga gruñó.

-Mira chico, yo… yo no siento eso por ti. Solo buscaba tu amistad. Eres un buen sujeto y nos divertimos. Pero ¡Vaya, no me esperaba esto! Me agradas pero no… No me gustas gustas.

Eso era un golpe bajo, Helga lo sabía. Y no creyó usarlo nunca.

-¿Ni siquiera una oportunidad?

-Mm no lo creo.

Dicho esto ella cruzó la puerta, no supo por qué pero no quería estar ahí con Jason.

Casi todos estaban bailando. Se sentó en un sofá y terminó su margarita. En seguida Phoebe llegó y se sentó junto a ella.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no estás con Jason? Los vimos muy agarraditos de la mano.

-Rechacé al sujeto.

-¿QUÉ? Seguramente fue un error ¿No?

-No, Phoebe. Yo no quiero salir con él.

-No me digas que es por mantecado. Por favor no me digas eso.

-Mmm no. No lo sé. No quiero un novio y ya.

-¿Por qué? Probablemente te ayude a olvidarte de Ar-mantecado. Date una oportunidad.

-¡No saldré con él solo para olvidarme de… de mantecado!

El teléfono de Phoebe sonó.

-Son mis padres. Ya llegaron por mí.

-¿Llegaron? ¿No ibas a regresarte con Geraldo?

-No. No les gusta que regrese en coche de alguien que ha tomado aunque sea Gerald.

-De acuerdo, Phoebs. Nos vemos el lunes.

Helga se quedó ahí sentada. Buscó a Arnold y no lo encontró, ni a Amanda. Gerald después de despedirse de Phoebe comenzó a bailar con Lila. Fue por otra margarita y regresó a su lugar, desde ahí podía ver que Jason seguía solo en la terraza.

Quizás lo mejor sería llamar a un taxi e irse.

La música se detuvo.

-Hola amigos y compañeros-una luz enfocó a Rhonda Lloyd hablando por un micrófono-espero que estén pasando una velada muy agradable… Obviamente, lo he hecho una vez más: He conseguido dar una grandiosa fiesta.-hubo algunas voces d afirmación- Y qué mejor que para dar la bienvenida a nuestros años en preparatoria. Y no solo eso, sino que además tengo el gusto de anunciar de que en mi fiesta se ha formado la probablemente mejor pareja de nuestra generación: Arnold y Amanda.

Hubo aplausos por parte de los invitados.

Helga Pataki buscó hacia donde todos veían y encontró a Arnold y Amanda sonriendo tomados de la mano.

Quizás fue culpa del alcohol, quizás finalmente se desesperó, quizás quería probar que él no era el único, o simplemente lo hizo sin pensar pero Helga se dirigió con paso firme hacia la terraza donde aun se encontraba Jason para sin dudarlo darle un beso en la boca.