No goodbyes - Dua Lipa

Hinata

Olor a agua mentolada inunda mi olfato antes de ser depositada sobre una superficie mullida. Abro los ojos y me encuentro en un lugar desconocido. Un apartamento poco recargado de muebles oscuros y de colores fríos, blanco y negro, moderno, grandes espacios y ventanales de piso a techo cubiertos por blancas cortinas de gaza. Me enderezo y miro alrededor sintiendo mi cabeza punzar por el dolor, me quejo y entonces percibo que no me encuentro sola.

Él está sentado en el sofá del frente, sus ojos brillan en la poca iluminación y su ceño está fruncido. Mi mirada se desvía a los nudillos de su puño derecho queriendo creer que todo lo que sucedió solo sea un sueño, pero al verlos enrojecidos me doy cuenta de que no es así. Las frases crueles de Toneri no desaparecen de mi cabeza y se repiten como una oración.

Mis ojos se llenan de lagrimas y sí... ese fue el momento en el que me rompí.

Me mordí el labio tan fuerte hasta que sentí el sabor de mi propia sangre, pero es inútil pues mis sollozos son tan desgarradores que no hay nada que pueda impedir que llore con toda la ira, el sentimiento de traición y decepción circulando por mis venas.

Mi madre me vendió.

¿Puede existir algo más denigrante que eso?

Me cubro el rostro con las manos sintiéndome más miserable que en toda mi vida ¿qué hubiese pasado si Naruto no aparecía? ¿Dónde hubiese ido a parar si ese tipo lograba su cometido?

Eso solo me hizo llorar con más fuerza.

―Shhh, mi amor, ya no llores, te lo suplico ―Siento sus brazos rodearme y aunque sé que debería agradecerle por salvarme, algo dentro de mí se rehúsa a aceptar su cercanía y su consuelo. Me retuerzo gritando que no me toque y golpeo su pecho. Estoy harta, cansada, agotada de que las personas que se supone que deben amarme me traicionen, me apuñalen el pecho y la espalda de la forma más sucia que existe.

― ¡Suéltame! ―grito, pataleando para que me suelte. Naruto me acuesta en el sofá a la fuerza y no se como consigue meterse entre mis piernas y dejarse caer sobre mí. Ya estoy cansada de luchar, ya no puedo más con esto. He llegado a mi limite.

Lo abrazo, hundo mi cabeza en su hombro y me echo a llorar como una niña pequeña. Estoy cansada de nadar contra corriente, de luchar contra la marea, de estar sola, de sentirme sola y vacía. Necesito tanto de este abrazo que reconocerlo hace que se me apriete la garganta y que una nueva ola de sollozos y lágrimas me atraviesen.

― ¡Estoy cansada! ―chillo y él besa mi cuello abrazándome más―. ¡Estoy harta de sentirme así! Tan rota, tan vacía... ¡¿Por qué?! ―hipeo y lo estrecho más contra mí―. ¿Por qué a mí? ¡¿Qué hice para merecer que nadie me quiera?! ¡¿Qué hice para que me pase todo esto?!

Él levanta su cabeza y me mira con sus ojos llenos de lágrimas. Sollozo y trato de limpiar mi rostro, pero simplemente es imposible porque el nudo de mi garganta se aprieta con más fuerza. No pienso mencionar lo humillada que me siento al saber que mi madre me entregó como pago de una deuda. Eso más el plus de que él hombre que me sostiene juró años atrás que me amaría y cuidaría hace que solloce con más ganas.

―T-Tu... juraste que me amabas... prometiste que estarías siempre conmigo y ¡me dejaste! ―sollozo y él cierra sus ojos, pero no dice nada y sé que está dejando que me desahogue―. Me abandonaste cuando más te necesitaba, Naruto... ¿Por qué?

―Lo siento tanto, nena, sé que no quieres escucharlo, pero no tuve opción.

― ¡No quiero escucharte! ¡Te fuiste sin mirar atrás cuando yo te amaba tanto, cuando había dejado todo por ti! ―grito convulsionándome en lagrimas y sollozos―. ¡Ya no sé qué hacer conmigo! Estuve tanto tiempo congelada y de repente apareces y... lo revolucionas todo, pones mi vida patas arriba, me enciendes, me haces actuar como una maldita adolescente y quiero alejarte al mismo tiempo que muero por besarte ¡Soy una estúpida!

Listo, lo dejé salir todo. Ya no podía seguir conteniendo los verdaderos sentimientos que fluyen como lava dentro de mí.

―No eres estúpida, solamente actuaste impulsivamente porque amas a un imbécil que te hizo daño y quieres alejarlo de cualquier manera. Solo eso.

― ¡Ya no te amo! ―repito esa maldita frase que ya no significa nada―. ¡Y mi madre me vendió!

Mis manos vuelan a mis ojos y me cubro con ellas, incapaz de seguir viendo las hermosas facciones maduras de su cara. Se nota que ya no es aquel chico, ahora es un hombre que despierta todo tipo de hormonas dentro de mí. Mis lagrimas no dejan de salir y yo solo quiero hacerme un ovillo en su pecho, en el pecho del hombre que usó mi corazón de alfombra. Las mujeres somos tan extrañas, que a veces solo encontramos consuelo en las mismas personas que nos causaron dolor.

―Tu madre es una hija de perra, eso está claro, pero tienes que aceptar que todavía me amas, no lo niegues más, por favor ―susurra con voz ronca apartando mis manos. Mis ojos pican y sorbo de mi nariz.

―No, no lo hago ―miento―. Solamente quiero besarte hasta quedarme sin labios, quiero volver a sentirme viva, olvidar toda esta mierda y fingir por una noche que nunca te fuiste, que nunca me traicionaste y que nada más existe. Quiero deshacerme entre tus brazos, que repitas todas esas hermosas mentiras que solías decirme, quiero volver a sentir que... me amas, aunque sea una mentira.

Inspiro con fuerza.

―Hazme sentir viva otra vez, te lo suplico ―Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas.

Él se queda en un silencio sepulcral que me pone los vellos de punta. Sus pupilas se dilatan al punto de consumir casi por completo su iris azul. La lujuria atraviesa sus rasgos cuando su mirada se fija en mis labios. No quiero pensar, no quiero que piense. No quiero que pronuncie una sola palabra. Solo quiero que nos amemos como solíamos hacerlo antes, solo quiero pretender que todo está bien, que nunca se fue. ¿Pueden ver lo patética que estoy siendo? Estoy rogando por un poco de cariño. Soy ese perro callejero al que patean y menea la cola porque lo acarician después.

Pero necesito tanto esto.

Necesito sentir que soy una mujer, necesito volver a sentirme viva.

Naruto gime cuando tiro de su cabello ocasionando que mis labios y los suyos choquen bruscamente. Una danza primitiva inicia en el momento que mi lengua y la suya se enredan dentro de nuestras bocas y yo me siento tan bien... tanto que no recuerdo la ultima vez que me sentí así. Viva. Mujer. Esta sensación bienvenida y familiar, no tenía idea cuanto extrañaba sentirme así de deseada.

Él me abraza, yo lo abrazo. Elevo mis piernas y abrazo sus caderas al mismo tiempo que paso mis manos por toda su espalda. Una mordida es su respuesta y yo gimo cuando siento la dureza que hay dentro de sus pantalones restregarse contra mí, ocasionando que todas las zonas erógenas de mi cuerpo despierten y vuelvan a la vida. Estoy entregándome de la manera más completa que lo hice jamás en mi vida y sollozo cuando siento unas pequeñas gotas caer en mis mejillas.

Sus lágrimas.

Pero las ignoro. No quiero reparar en su significado.

Sus manos toman mis mejillas y él profundiza más este beso inyectado de adrenalina, gruñendo, jadeando. ¿Pensar? ¿Qué significa esa palabra? En estos instantes lo único que quiero es que me reviva con sus labios, que moldeé mi cuerpo como si yo fuese su mayor tesoro.

Su toque se desliza por mi cuello, toma el frente de mi vestido y lo arranca con dureza. Agarro su camiseta y tire de ella hacia arriba, quitándosela y pasando mis manos por todo su abdomen y cincelado pecho adornado por un collar de material frío que cayó sobre mi piel. Un gemido es su respuesta y siento como aprieta mis pechos que despiertan ansiosos por sentirlo más. Un brazo pasa por debajo de mi cintura y de repente estoy a horcajadas sobre su regazo mientras Naruto tira de mi vestido hacia arriba, apretando mi trasero tan dolorosamente que estoy segura dejara marcas tatuadas en mi piel.

Siento que voy a morir de un paro cardiaco por lo bien que se siente.

Lo atraigo por la nuca y abro más mi boca para tomar todo de él, dándole lo mismo a cambio.

¿A quién quiero engañar?

Este hombre que me sostiene y me hace suya de la manera más salvaje que existe aun está metido debajo de mi piel. ¿No lo amo? No hay mentira más absurda que esa porque lo amo, probablemente nunca dejé de hacerlo a pesar de que lo odio a partes iguales.

Solo que en estos momentos estoy demasiado excitada como para pararme a pensar en todo el dolor que soporté por seis años.

Mañana probablemente me arrepienta, pero eso no es relevante en esta noche. Esta noche no me importan las profundidades de mi mente.

Naruto se pone de pie y yo me aferro a su cuerpo con manos y piernas. Echa a andar por un pasillo y estoy segura de que me está llevando a su habitación, por lo que muerdo su labio y paso mi lengua por su mejilla. Él, al contrario, mete su nariz en mi cuello e inhala de mi perfume con fuerza. Siento el vértigo de la caída antes de aterrizar sobre una cama suave, pero la sensación de frío y soledad no dura mucho antes de tenerlo de nueva cuenta sobre mí.

Mi vestido sale volando y gimo con fuerza cuando siento sus dientes en el pezón de mi seno izquierdo. La calidez de su boca y la humedad de su saliva hace a mi cabeza dar vueltas alocadas haciéndome perder el sentido de todo lo que podría ocurrir después de esto. Araño su espalda porque simplemente no puedo soportarlo más y corcoveo mis caderas cuando él besa mi ombligo y tira del elástico de mis bragas con sus dientes.

―Naruto... ya no puedo más ―suplico como la imbécil desesperada que soy.

Siento como su mano se aferra a un lado de mis bragas y luego tira con tanta fuerza que siento que me hace daño, pero no me importa. El sonido de la tela desgarrada es música para mis oídos. Necesito esto ya, necesito sentirlo como antes. Mis dedos se cierran sobre su bóxer, pero él los aparta y se los saca con desesperación.

La noción del tiempo se hace nula dentro de esta habitación, ajenos al mundo y a lo terriblemente mal que estamos haciendo. Me concentro en lo fascinada que me siento cuando vuelve a meterse entre mis piernas y grito de placer ante el simple roce de nuestras intimidades. Hacia tanto tiempo que nadie me tocaba allí que sé que no duraré mucho tiempo.

Su gesto se contorsiona en una mueca torturada, luego cierra sus parpados y sus labios emiten un gemido adolorido que nunca le escuché en todo el tiempo que vivimos juntos. Esto es nuevo, más fuerte, más intenso.

―No voy a aguantar mucho, Hina ―Lo tomo de su cuello y gimo sobre sus labios, empujándolo con mis piernas más cerca de mí.

―Naruto... por favor...

Entonces, sin alinearse, se hunde dentro de mí y juro que ambos gritamos de placer. Entierro mis uñas en su piel y él hunde su lengua en mi boca con nuestros jadeos alcanzando un mayor volumen. Mi carne palpitante alrededor de su miembro se siente como estar en el cielo y yo no quiero caer de allí. La maravilla de que cada parte de nuestros cuerpos esté tocándose envía corrientes de electricidad hasta la punta de mis dedos.

La primera embestida hizo que mis ojos giraran hacia atrás, me había olvidado de lo extremadamente maravillosos que se sentía tenerlo dentro de mí. Nuestros jadeos se convierten en gemidos escandalosos y puedo sentir como ambos rompemos a sudar exageradamente por lo calientes que estamos. Naruto acelera golpeando fuerte, duro y yo siento que estoy a punto de volverme loca. La humedad que se desprende allá donde nuestros cuerpos están unidos, desciende por mi piel hasta manchar las sabanas. Nunca en mi vida había llegado a un nivel de excitación comparado a este.

Sus manos se entrelazan con las mías y ambos nos quedamos mirándonos, diciéndonos con los ojos lo que con la boca jamás podríamos expresar. Él hace un circulo con sus caderas y eso fue suficiente para alcanzar un clímax fulgurante que estremeció todo mi cuerpo.

Mis piernas tiemblan como nunca lo han hecho.

Naruto aprieta sus parpados y deja salir un grito gutural moviéndose cada vez más rápido, más fuerte hasta que puedo sentirlo hincharse dentro de mí y convulsionarse apretándome fuerte entre sus brazos.

Mis dedos aflojan su agarre y siento como se resbalan por su espalda húmeda, besos son depositados en mi cuello y entonces las lagrimas vuelven a derramarse por los costados de mi cara. Él parece sentirlas porque alza su cabeza y yo me maravillo con la visión de su pelo húmedo de sudor, sus mejillas encendidas y sus labios hinchados.

¿Por qué mierda tengo que seguir amando a este hombre?

―Eso no fue fingir ―susurra limpiando mis lágrimas. Muerdo mi labio porque se mueve solo un centímetro dentro de mí, duro enterrado hasta lo más profundo y siento como la excitación crece apresuradamente.

―S-Solo... cierra la boca.

―No, no puedo hacerlo más, mi amor, tienes que escucharme ―suplica.

―Lo haré ―digo con los labios temblando―, pero no hoy, hoy no... hoy... ―Vuelvo a sollozar.

Su boca silencia lo que sea que fuera a decir y agradezco devolviéndole el beso con todas mis ganas, su lengua desciende por mi cuello describiendo círculos suaves hasta llegar a mi clavícula.

―Te amo tan jodidamente tanto, nena. Tanto que no creo que amar a alguien de esta forma sea posible ―dice y vuelve a mecerse dentro mí, esta vez más lento, más suave. Una táctica completamente diferente de la de hace unos minutos y sé lo que significa.

Está haciéndome el amor.

Una euforia explosiva recorre cada poro que conforma mi cuerpo y me dejo llevar ante la posibilidad de que posiblemente si me quiera ¿Es posible que de verdad lo haga? Cuando el destello de aquellas fotos hace eco en mi mente, aparto esos pensamientos porque no los necesito. Necesito de estos minutos cargados de amor y pasión, regocijo y cariño, de entrega y significado. Necesito recibir esto, así sea fingido.

Nuestras lenguas melancólicas vuelven a unirse en un baile meticuloso donde nos exploramos a consciencia y siento como se me acelera el corazón. El clímax va construyéndose rápidamente dentro de mí, noto como el velo de sudor en su frente se hace más denso y sé que está tratando de controlar lo que su cuerpo le exige.

―Jesús ―exclama y coge un ritmo nuevo, más acelerado, con mis manos y las suyas unidas y decido acompañarlo elevando mis caderas y recibiendo sus embates. Veo como clava los dientes en su labio inferior, gruñendo de placer―. Mierda, no aguanto.

Gimo con fuerza cuando toca ese punto dulce dentro de mí que hace que mis músculos interiores se convulsionen abrazando su miembro. Él gimotea, afincando sus piernas y golpeando hasta que el sonido del choque húmedo de nuestros cuerpos es tan excitante que me eriza la piel.

―Mírame, Hina ―ordena y yo le obedezco, deshaciéndome y flotando en el precipicio del orgasmo que me inunda hasta lo más recóndito de mi ser. Sus mejillas se hinchan y siento las contracciones de su sexo dentro de mí como un latido de corazón. Su orgasmo es inminente y veo como sus brazos le tiemblan mientras se deja ir con todo, cae sobre mí y yo huelo su pelo, deleitándome en su aroma y su pecho sobre los míos.

Cuando tomamos un poco de aire, me aparta el pelo de la cara y besa mis labios. Estoy tan cansada que siento como mis parpados van cerrándose, los besos esta vez son en mi cuello y me regocijo ante ese contacto tan familiar.

―Descansa mi amor, mañana hablaremos.

Por más que luché, mis débiles ojos no hicieron caso a la orden que dio mi cerebro de mantenerme despierta.

Contacto cálido envolvía mi cansado cuerpo, tanto que lo que menos deseaba era despertar. Un aliento mentolado acariciaba mi mejilla fascinando a mis pulmones con su adictivo aroma. Me acurruqué más contra esa fuente de calor tratando de recordar hace cuanto no me sentí así de bien, pero de repente las imágenes de todo lo que pasó el día anterior golpearon mi cabeza con fuerza desmedida y mis ojos se abrieron de par en par dándome cuenta de la estupidez que hice.

Me erguí de golpe, apartando esa poderosa mano que me mantenía sujeta contra él y mordí mi labio ante su imagen delante de mí. Él dormido, con los labios rosados entreabiertos, su expresión relajada y esas pestañas divinas sobre sus mejillas. ¿Cómo alguien capaz de hacer tanto daño puede ser tan hermoso?

Salgo cuidadosamente de la cama con las piernas temblando y gritándome estúpida mentalmente una y otra vez porque volví a caer como la fácil que soy. Mis globos oculares se humedecen y suspiro temblorosamente recogiendo mi vestido.

Olvidé por completo que el hombre con el que pasé la noche me abandonó hace seis años dejándome a un niño en el vientre al que tuve que criar yo sola. El hombre con el que dormí hizo pedazos mi corazón cuando me dejó tirada en aquella cama haciéndome sentir tan sucia como una puta barata. Por él jamás volví a dejar que nadie se acercara a mí, intentara algo. El hombre con el que me acosté mató las esperanzas de que algún día pudiera volver a enamorarme, porque sigo enamorada de él y eso no está bien.

Extrañaba tanto sentirlo que ahora sé que no podré mirarlo y no sentir nada. Hace tantos años que no me siento tan llena de vida, revitalizada, completa y si soy sincera, eso me aterra porque no puedo confiar en él. Haber estado entre sus brazos fue la mejor sensación del mundo y aclaro que no fue solo la simple mecánica de su cuerpo dentro de mí. Fue por la entrega, por la magnitud de mis sentimientos. Fue porque lo que para unos es solo una satisfacción física, para mí es un acto donde entrego corazón y alma. Yo no follo, yo hago el amor y me duele saber que solamente con él lo puedo hacer porque solamente a él le pertenece mi corazón.

El problema es que la incertidumbre, el miedo de permitirle entrar en mi vida y que vuelva a dejarme no me permite quedarme un solo segundo más aquí.

Camino de puntitas hacia la salida, sin embargo, mi mano jamás toca la puerta porque él me retiene abrazándome por la cintura. Mi corazón acelera su ritmo y miro al cielo rogándole a Dios que por favor me ayude a lidiar con esto porque sola ya no puedo. Ya no tengo las fuerzas.

―No vas a ir a ninguna parte ―espeta.

― ¿Dónde y con quien dejaste a Boruto? ―pregunto lo que tuve que haber preguntado anoche. Soy una pésima madre, me dejé llevar por mi propio dolor y poco me preocupé por el paradero de Bolt, que quedó solo con su padre.

―Con Sasuke y Sakura ―Esa respuesta me hace suspirar de alivio.

―Necesito irme, Naruto, tengo que ir por él ―Me revuelvo y él me suelta, cuando me doy la vuelta, suelto un jadeo al verlo desnudo y excitado delante de mí. Aparto mi mirada con las mejillas ardiendo y él deja escapar una pequeña risita. Aunque por el rabillo del ojo veo que se pone su bóxer azul oscuro.

Dios, está de infarto.

―Él está bien en donde está ―aclara y yo le creo porque son sus mejores amigos―. No pude quedarme tranquilo anoche sabiéndote con ese tipejo.

Lo acontecido la noche anterior con Toneri hace que la vergüenza queme dentro de mí. Fui una estúpida y no quiero hablar de eso. Bastante mal me siento ya.

―Y-Yo... ―vacilo―. Gracias por... salvarme.

Él simplemente se encoge de hombros.

―Es mi deber, eres mía ―Le lanzo una mirada asesina, pero lo dejo pasar y me acerco a la puerta, cuando trato de abrirla descubro que está cerrada con llave. Giro sobre mi eje rápidamente descubriendo su sonrisa de suficiencia. No, no se atrevió...

―Dijiste anoche que me escucharías...

― ¡Abre la maldita puerta! ―exijo levantando la voz y forcejeando con el pestillo. Naruto, ignorándome, abre su closet y registra sus cosas. Debió pasar todo el día de ayer mudándose a este lugar pues todo está pulcramente ordenado.

―Grita todo lo que quieras ―Aparece de nuevo con un CD entre sus manos―. Dijiste que escucharías y haré que cumplas con tu palabra.

―Por favor, déjame ir. Lo que pasó anoche...

―Lo que pasó anoche me demostró que los sentimientos entre nosotros están intactos y que no puedo simplemente ver como sales por esa puerta sin aclarar todo lo sucedido en el pasado.

Intento con todas mis fuerzas evitar que sus palabras me afecten. No estoy preparada para escuchar su versión de los hechos, no quiero que me destroce más de lo que ha hecho. Una risa sin humor escapa de mis labios ante ese pensamiento. Ya estoy destrozada.

¿De verdad sería capaz de salir de aquí y no morirme cada vez que vuelva a verlo? No confío en él, pero... ¿Seré capaz de enterrar mis sentimientos por él? ¿Seré capaz de afrontar el miedo a que se vaya y me abandone otra vez, dejándome peor de lo que estuve? Estoy frustrada conmigo misma y por todos estos sentimientos tan contradictorios. Quiero huir y a la vez quiero quedarme.

Él me mira tan fijamente que por un momento creo que ha adivinado mis pensamientos. Suspira, confirmando mis sospechas y camina hacia la televisión de la esquina, enciende el DVD y coloca el disco en posición, lo introduce, pero no lo reproduce, solo lo deja ahí.

―Todo lo que necesitas saber está ahí ―me indica, nervioso y yo me abrazo sintiendo que no puedo con esta situación ajena a mis manos, pero de igual manera sé que no podré irme sin ver lo que sea que haya preparado.

Da pasos vacilantes hacia mí, con cuidado aparta mi flequillo y besa mi frente.

―Te espero en la sala.

Naruto baja la cabeza, toma sus pantalones del suelo y abre la puerta, cerrándola tras de sí. Con las manos frías y temblando de pies a cabeza, me acerco a la televisión. Me tiemblan las manos cuando coloco mi dedo en el botón de play. Inspiro aire, tratando de aminorar mi frecuencia cardiaca y oprimo con fuerza.

La televisión se enciende y entonces su imagen aparece frente a mí. Su cabello está casi al ras del cráneo, sentado en una silla que podría jurar está en medio del desierto, lleva un uniforme militar, un collar con varias chapas que me hace arquear las cejas y fijarme en la fecha: hace cuatro años. Mi boca se abre y entonces recuerdo el collar de plata que sentí anoche y al cual no le presté atención cuando despertamos.

Mis pensamientos se detienen cuando el video inicia con la voz de quien sostiene la cámara.

―Adelante.

Él toma una buena bocanada de aire y fija sus ojos en la cámara, casi como si estuviese viéndome a mí.

―Es cierto que me fui, Hina, pero no porque no te amara.

Soy demasiado, como decimos aquí, alcahueta con ustedes.