.Link
Arrojándome a sus brazos, la silencié con un beso. Ella estaba nerviosa, realmente nerviosa, aunque yo también.
-¿Estás segura de esto?
-Sí...
Quedamos unos segundos sin hacer nada, pensando lo que nos esperaba y que realmente ninguna sabía bien qué había que hacer tras esto sin ser muy lanzado u osado. La otra vez que recordaba no había sido tan complicado e incómodo. Besé sus labios de nuevo, algo más decidido. Ella correspondió, rodeándome con sus brazos. Con cuidado, me aparté y le quité la camisa que llevaba puesta. Parecía avergonzada, pero ella hizo lo mismo conmigo. Poco a poco quedamos desnudos, y aunque en la oscuridad apenas podía verla, sí sentía su calor emanar de ella. Tras quitarle los pantalones, la tumbé en cama y me puse sobre ella, besando su cuello mientras sostenía su cintura con una mano y me apoyaba con la otra.
-Li-Link... Espera un momento.
-¿Qué pasa? ¿No quieres?
-No es eso. Es solo qué la anterior vez... Bueno. Fuimos demasiado rápido, por lo que, bueno, acabé bastante dolida...y... eso... Así que si podemos ir con calma...
-Tenemos toda la noche en adelante. Tú no te preocupes por eso- Sonreí, consiguiendo que ella también sonriera- así que tú simplemente relájate.
Introduje mi mano en su ropa interior, tocando su sexo. Zelda se cubrió la cara con las manos, avergonzada. Simplemente era adorable. Acaricié aquellos pliegues, mientras ella a veces se estremecía debajo mío. Después de un par de minutos, introduje un dedo en su vagina. Ella pareció sorprendida por el cambio repentino, mas no se quejó y dejó que siguiera.
-Si te molesta algo, avísame.
-Sí.
Agarró mi rostro y lo acercó a ella, para poder besarme. Aquellos besos se intensificaron cada vez más, hasta que comencé a sentir que no aguantaba más mis deseos.
-¿Puedo?
La joven monarca asintió, sin antes levantarse, tumbarme y subirse sobre mí. Me sorprendió tal osado acto, sobre todo porque hacía poco ella estaba completamente avergonzada.
Bajó mis pantalones y con algo de miedo se sentó sobre mi sexo. Yo no me moví por miedo a hacerle daño, y como parecía decida, la dejé hacer. Tomó un tiempo, pero cuando terminó de entrar, parecía más calmada.
Quedamos unos segundos sin hacer nada. Yo esperando a su próximo movimiento y ella supongo que lo mismo. Dejándome llevar, comencé a mover mi pelvis hacia delante y hacia atrás, despacio. Zelda se inclinó hacia mí y seguimos compartiendo besos y caricias. Todos esos gestos aumentaban mi excitación y aumenté la velocidad de mis movimientos, mientras nuestras respiraciones aumentaban a la par que los gemidos. Acaricié toda su piel mientras me fue posible, con la idea de que en cualquier momento ella desaparecería de nuevo. Su piel era demasiado suave.
La joven monarca al cabo de unos minutos comenzó a sincronizar sus movimientos con los míos. Sujeté a Zelda de la espalda, haciendo que se inclinara hacia mí para poder volver a probar el sabor de sus labios. Un escalofrío recorrió mi espalda, dando a entender que estaba llegando al clímax. Ella susurró unas palabras dulces cerca de mi oído, más no pude escuchar. Aquella sensación de placer me había nublado los sentidos.
Nos separamos y dejamos caer sobre el colchón, rendidos ante aquella acción anterior. Besé sus labios una vez más, de una forma más cariñosa que pasional.
Sin decirnos palabra alguna, decidimos dormir. Apoyó su cabeza en mi pecho y yo la abracé, deseando que al despertar ella siguiera ahí.
El sonido del reloj de pared hizo que abriera los ojos. Eran las seis. Apenas había dormido pero me notaba descansado. A mi lado, Zelda dormía.
Zarandee un poco a la joven para despertarla. Iba a ser la hora de partir junto con Midna.
La monarca abrió los ojos, cansada, aunque pudo dedicarme una sonrisa igualmente.
-Buenos días.
-¿Qué hora es?
-Hora de levantarse. Deberías... ponerte algo de ropa.
Zelda se levantó, quedándose sentada en la cama. No dejaba de bostezar. Era adorable cada ves que bostezaba.
-¿Dónde está mi ropa?
Salió de la cama y se estiró completamente. No pude evitar fijarme en su deslumbrante cuerpo.
-Ya la he encontrado- me miró-. No me mires con esos ojos. Me hace sentir vergüenza.
-¿No pudo apreciar tu figura?
Ella se rio y comenzó a vestirse la ropa de la noche anterior.
-Yo he de irme a mi habitación...
-Espera.
Me levanté de la cama y la besé. Ella correspondió, para después esbozar una sincera sonrisa solo para mí. No hizo falta decir más.
Poco después de media hora, llamaron a la puerta de la habitación donde estaba. De buena gana, irformé de mí estado, despierto. Tras aquella noche, pude centrarme en el tema que realmente era el importante: encontrar a Zant y acabar con él.
Bajé hasta la sala del trono, esperando encontrarme con la Reina del Crepúsculo. Lo único que encontré fue a Midna sentada en trono. La misma que había conocido hacía tiempo.
Hizo un gesto de saludo hacia mí y siguió con los papeles que tenía apoyados en las rodillas. Unos minutos después, apartó el montón y se apoyó en un brazo.
-¿Ocurre algo?
-Quería preguntar algo respecto a nuestra "misión".
-¿De qué se trata?
- Has mencionado que lo encontraríamos, pero realmente sabes dónde está? Es decir, simplemente sabemos que podría ser por los alrededores del espejo, si no se ha movido ya. El Reino del Crepúsculo es demasiado vasto y repetitivo, sin mencionar lo complicado que es transportarse de un lugar a otro. Realmente creo que no sabemos a donde ir. ¿Qué vamos a hacer?
Midna junto las manos y apoyó el mentón sobre estas. Recapacitó unos segundos.
-En el Reino las zonas afectadas por la oscuridad son altamente notables. Cada monstruo irradia esa sensación. Creo que debería ser notable el lugar cuando estemos cerca.
-¿Y si ya han salido por el espejo? Antes simplemente tanteó el terreno. Ahora quizás se sienta seguro para atacar con todo.
-He establecido tropas rodeando espejo. No Creo que hayan abandonado este lugar. Además, fuera les esperan vuestros hombres. Zant no es poderoso como antes. Sin Ganondorf, solo tiene una cuarta parte menos del que llegó a tener, por lo que sus tropas serán reducidas.
-Cuando nos tendió la emboscada, eran suficientes.
-Te aseguro que tiene poco poder. No te martirices más.
Asentí, algo molesto todavía. Supuse que Midna sabía con quien tratábamos y abandoné la sala. Zelda pasó a mi lado, y sin decir nada, cada uno siguió su camino. Nuestras manos se buscaron y rozaron en un momento, consiguiendo que ambos nos sintiéramos más reconfortados. Vi su ligera sonrisa desde atrás.
Realmente temía lo que Zant podía llegar a hacer, mas no el mayor temor era la incertidumbre. No sabíamos su paradero, cuan poderoso era o cuantos de nosotros moriríamos en batalla, pero sobre todo, el sentimiento de no saber cuando sería la inminente batalla.
La primera carta llegó poco después de haber mantenido aquella conversación con Midna. En aquella carta aparecían las intenciones de Zant, escrita por su propio puño y letra, y donde deberíamos ir para tratar de detenerlo. Obviamente, la princesa del crepúsculo pensó que era una estratagema para caer en sus redes.
La segunda carta llegó dos días después, algo más amenazante. Deseaba que nos enfrentáramos cara a cara con su ejército y así terminar con todo aquello. Midna estaba indecisa.
–¿No crees que deberíamos ir? Somos muchos más que ellos por lo que tú habías dicho.
–Pero su arrogancia... Me hace pensar que no todo es como pensaba.
–¿Entonces que hacemos? ¿Quedarnos aquí encerrados esperando a algo que no sabemos que es? Porque yo no sé que buscas.
–No busco nada, simplemente temo a que nos maten, que os maten. El reino del Crepúsculo perdió a demasiadas personas.
–Y perderá más si nos quedamos aquí plantados. Quieres darle tiempo a que reúna fuerzas y conseguir un mayor ejército.
Midna endureció su mirada. Una parte de mí estaba arrepentido de haber dicho aquello. La otra no.
–Está bien. Marchemos pues. Tus hombres se encargarán del asunto ya que no quieres darme tiempo para pensar en algo.
–¿Qué diablos te pasa?
–Es su presencia. Cada vez me nubla más. Noto su oscuridad rezumando por todos los rincones desde hace días. No duermo debido a eso.
–Más razón para salir ya.
Todo el equipo estaba dispuesto, armado y concentrado. Por el bando de nuestros aliados, los soldados del crepúsculo se organizaron también. Estaban todos seguros y sin inseguridad en su mirada. Zelda vio hacia mí, algo decaída. Temía por esa batalla, por ver morir a más gente, o incluso a mí. Lo único que pude hacer fue reconfortarla.
–Piensa que cuando todo esto termine estaremos ambos juntos en el castillo, siendo una relación.
Agarré sus manos con firmeza, entrelazando nuestros dedos.
–Eso es lo que más ansio.
–Entonces solo puedo pedirte que en esta batalla no mueras– sonreí–. Es una promesa, ¿de acuerdo?
Ella me sonrió de vuelta y acercó mis manos a su rostro. Noté como lloraba.
–¿Desde cuando estás tan asustada? En aquella batalla no temías a nada. ¿Ocurre algo?
–Desde hace unos días, no sé muy bien con qué exactitud. Midna quizás me pasó estos pensamientos negativos.
Ahí fue cuando comprendí el plan de Zant.
...ooooooooo...oooooooooooooo..
Siento anunciar que el próximo capítulo lo más seguro será que tarde en publicarse por, bueno, escasez de ideas. Prefiero no forzar el asunto más de lo que a veces lo fuerzo así que mis más sinceras disculpas y espero actualizar pronto...
PD: al final, como habréis notado, ganó el poner contenido explícito. *mirada pervertida*
¡Hasta la próxima!
