CAPITULO XI

Sería en vano recordar con los años lo sucedido a continuación, de un momento a otro estaba a lado de su marido compartiendo la cena con sus sorpresivas huéspedes. Buena mancuerna eran aquellas mujeres, la tía abuela no dejaba de parlotear, mientras que la hermana Claide apenas solía asentar con la cabeza. Fue una de aquellas superfluas charlas con las que irritaba a Terrence, que atrajo su atención.

* ¿Anthony? ¿Ha dicho Anthony?

* Sí. –Dijo tajante. –He dicho toda la noche que mi destino es España, ayudaré a Sara con los preparativos.

* Pero Eliza contraería nupcias con el Infante de Borbón. –Pronunció claramente asombrada.

* Tu tío ha roto tal compromiso. Al parecer existen impedimentos, ciertamente retorcidos, que harían poco probable una sana descendencia.

* Estoy seriamente sorprendido. –Declaro. –Al parecer, aun existen familias que no venden su honra por un título.

El comentario del castaño fue menos que grato para la anciana, quien prefirió terminar sus alimentos en silencio.

Candy agradecía no estar casada con un hombre convencional, a Terry poco le importaba la opinión ajena y la formal etiqueta. Fue así que evitó la acostumbrada estancia en el cuarto de té y pudo disfrutar de la tranquilidad que brindaba su alcoba. Exhaustos por un ajetreado día, pronto conciliaron el sueño.

El intenso frío que se percibe antes del amanecer, no fue lo suficiente tentador para preferir su letargo, tenía que hablar con él antes de su partida.

* Terry…

* ¿Qué sucede? –Pregunto integrado.

* Nada en especial. Solo deseo pedirle un favor… La presencia de mi tía abuela... –Trataba de darle sentido a su petición.

* Entiendo… Estaré aquí.

Esa insulsa frase tenía un gran significado, y agradecía que él lo entendiera.

La mañana pasaba lenta, miraba por el gran ventanal de la lujosa sala y se imaginaba lo que en ese momento podría estar haciendo, no pudo reprimir un hondo suspiro de añoranza. De cierta manera agradecía la presencia de la hermana Claide, quien escuchaba con agrado las repetitivas conversaciones de la tía abuela, sabía que el fin de estás era dejar claro que Archie tenía una vida feliz y dichosa a lado de Anne, quien esperaba a su primogénito "mi pequeña Ann, siendo siempre tan delicada, ya está en cinta, esta por demás decir que Archivald está sumamente enamorado de ella, la procura a cada instante" Vaya frase, Candy se preguntaba cuantas veces la había ensayado en su mente.

Cuando el tema le resultaba demasiado prolongado, acudía a los deseos y expectativas que tenía en el futuro del enlace Brown-Leegan, ciertamente jamás había tenido una buena relación con la familia de su tía Sara, exceptuando en algunas ocasiones con su tío, sus primos siempre la habían tratado con menosprecio por su sangre irlandesa y por el hecho de ser huérfana. Eliza, una joven hermosa, no podía negarlo, era caprichosa, altanera y se atrevía a decir, envidiosa, desde la infancia dejo claro que le atraía inmensamente su primo Anthony, el joven siempre gentil, toleraba sus rabietas como ningún otro, pero nunca dio indicio de sentir algo más allá que un sentimiento fraternal. La noticia le había impactado, no imaginaba al dulce Anthony con alguien como Eliza.

Después de la hora del té la joven pareja se retiro a la biblioteca, Terry revisaba los libros de contabilidad mientras la rubia leía pasiblemente una vieja novela, el ambiente era armonioso, el único ruido provenía del crispar de las llamas en la chimenea. El inglés observo con alegría a su compañera, quien se había aflojado el corsé y retirado las botas para acomodarse en el ventanal, Candy lo llenaba de paz y tranquilidad.

**Flash back.

Estaba irritado, la conversación había sobrepasado los límites de su tolerancia, no le veía gran problema, y si en algún momento hubiera podido cambiar su decisión, el ver la reacción de su amada, lo convenció de no hacerlo.

* ¡No entiendo! No tiene lógica.

* Esta conversación es la que no tiene lógica, te he dado motivos suficientes para que lo entiendas, si no lo haces, es tu problema, no el mío.

* ¿Cómo puedes decir eso? El poco tiempo que pasamos juntos…

* Paso la mayor parte de mi tiempo entre el viñedo y tu casa. Aunque con esta clase de rabietas estoy pensando en…

* ¡No, Terrence! No fue mi deseo el hacerte pasar un mal rato, es que… Tengo miedo de perderte, de que me olvides y te enamores de ella.

* Susana…

Antes de terminar la oración tenía los brazos de la joven alrededor de su cuello, besándole con desesperación y cierta devoción.

** Fin de flash back.

La sonrisa de Candy lo saco de sus pensamientos, le agradaba tanto su sonrisa, tan sincera y dulce, inevitable no responderle de la misma manera… Los días posteriores no tendrían mayor cambio o trascendencia, la joven pareja actuaba de manera natural o eso creyeron.

Lo cierto era, que la matriarca había observado meticulosamente su comportamiento, sus gestos y movimientos, fue así que una duda se sembró en su interior, por el bien de su sobrina deseaba estar equivocada, aunque pocas veces lo estaba, dispersaría su duda y no le importaría el método para lograrlo. La fecha de su partida se aproximaba y le alegraba haber recibido la breve carta que tenía en sus manos, al parecer no era la única preocupada por el tema, ese mismo papel fue el que la alentó a tomar aquella difícil decisión.

Tenía una extra sensación, pero estaba tan feliz que no le dio la mayor importancia, las dos semanas de su incomoda visita llegaban a su fin, la tía abuela se despidió la noche anterior de Terrence y partía a medio día, eso le daría oportunidad de pasar la tarde en los viñedos, añoraba andar por ellos y charla con los trabajadores. Tal y como lo esperaba, la última frase no serían palabras de afecto pero jamás creyó que esta fuera "espero no visitarte en cuanto me vaya" Esa frase tan ilógica, cobraría un gran y doloroso significado.

Esa mujer no le agradaba del todo, pero tenían un mismo propósito, un solo fin. El verla en su despacho no fue una sorpresa, escucharla no fue fácil, disimular el enfado que en poco tiempo se convirtió en ira lo fue aun menos, procesaba cada palabra y lo relacionaba con pequeñas escenas que pasaban por su mente, la visita no se prolongo más de lo debido, después de intercambiar sus respectivos puntos de vista se despidieron educadamente.

* Entenderá mi lord, que la responsabilidad no es del todo de mi sobrina. Su hijo debe ser más que un caballero, debe ser un verdadero hombre.

Le fue imposible emitir una sola palabra, aunque esta no fue necesaria, la inesperada visita se había retirado, aunque la suya apenas empezaba.

Esperaba tranquilamente en el pequeño despacho, le ironizaba cuantas veces había estado ahí con su buen amigo, una melancólica sonrisa se dibujo en su boca al saberlo mejor muerto, que ver en lo que se había convertido su amada familia.

* ¿Mi lord, desea algo de tomar?

* Solo deseo ver a Terrence… Y que ambas dejen la casa. –Exigió a la señora Marlow.

* Claro mi lord, lo que usted desee.

La puerta se cerró pero no tardo en abrirse de nuevo, su hijo estaba disgustado por la obvia intromisión, pero su molestia no se comparaba con la suya. Fue engañado y hasta humillado, pesé a tener un trato con él, había osado desafiarlo, pero la indulgencia llego a su fin, la buena voluntad que le brindo terminaba en ese preciso momento.

* ¡Que grata sorpresa! ¿A que debemos el gran hon…?

Un fuerte puñetazo le impidió terminar su pregunta, no es que fuese el primero que recibía de su parte, pero era totalmente diferente a cualquier otro antes propinado. Su mirada estaba llena de coraje y algo que se negaba a creer, decepción.

* Eres un estúpido…

* ¿Me puede decir, mi lord, a que taberna le debo tal apelativo? –Pronunció mientras se limpiaba la sangre.

* Deja tu cinismo Terrence, que nunca me han escandalizado tus acciones. La fiel prueba de ello es esta casa, misma que venderé lo antes posible.

* ¿Acaso tendremos que mudarnos?

* No, tu no… Solo tu amante y su madre.

Sus facciones se descompusieron en un segundo pero antes de poder objetar tal decisión, el mozo del Duque entro haciendo un leve asentamiento de cabeza.

* Creí que aun tenías la capacidad de darme una paliza por ti solo.

* Claro que aun la tengo… Hamiltton solo está aquí para acompañar a las Marlow hasta la diligencia, después de todo yo sé honrar mi palabra.

* ¿De qué demonios hablas? –Exclamo golpeando el viejo escritorio.

* ¿De qué demonios hablo? ¿De qué demonios hablo? ¿Osas preguntármelo? ¡Deja tu cinismo Terrence, sé un caballero! Admite que te has burlado de mí, de tu padre, quien lo único que te pidió es que le dieras un digno descendiente.

La sangre se congelo, el aire dejo de llegar a sus pulmones y todo su ser colapso. Un único pensamiento cruzaba por su mente ¿Cómo se entero? ¡¿Cómo?!

* Padre… no puedes enviarla lejos.

* Claro que puedo. Nuestro convenio llego a su fin.

* ¡Si su maldita necedad por querer casarme con esa estúpida mujer…!

Un golpe de mayor fuerza le fue propinado hasta doblarlo al suelo.

* Esa "estúpida" mujer se mofa de nuestro apellido.

* No sé… a… que… se refiere…

* ¿Sabes la vergüenza que he tenido que soportar al escuchar que mi único hijo no ha sido capaz de ser un hombre? ¿Qué pongan entredicho su hombría, e incluso tal vez la mía?

* Quieres decir que…

* Quiero decir que tu esposa tiene más honra de la puedas imaginar. Que no soporto más, y confesó que no ha sido tocada por su marido. Que se pregunta el motivo y le inquieta el no poder, pesé a desearlo, cumplir con su deber y engendrar un digno heredero de la casa Grandchester… Una total desconocida a nuestra herencia, tiene mayor convicción de la que tú tendrás en toda tu asquerosa vida.

* Mi lord… –Interrumpió cautelosamente. –Disculpe, pero es mi deber recordarle la cena que tiene con el Coronel Patrick.

* No te disculpes por tus deberes, Hamilton.

* No permitiré que te la lleves. –Desafió el castaño.

* Terrence… ya va camino a Francia.

La vida era tan gentil con ella, se sentía tan dichosa, volver a los viñedos, a las charlas y las risas sin gran motivo. Incluso la lluvia que caía con gran fuerza le era grata, no tenía la intensión de resguardarse de ella, en el poco tiempo que llevaba en esa tierra, había aprendido a amarla con todo y sus tormentas, lamentaba que en algunos meses le diría adiós para siempre. Entrar a su hogar y ser recibida con tanto cariño, también sería algo que sin duda extrañaría.

* ¿Mi lady, tuvo un buen día? –Preguntaba curiosa mientras le ayudaba a ponerse el camisón.

* Si que lo tuve…

Lo que sería un alegre relato, quedó suspendido en el limbo, su cuerpo se helo por completo al verlas nuevamente ahí.

* Retírate Dorothy. –Exigió sin ninguna emoción.

La pelirroja dudo en irse, temía por su amiga pero esta logro calmarla con una grata sonrisa.

* Si mi lady desea algo…

* Eso no será necesario. Retírate a tus aposentos. –Ordeno la anciana.

La tía abuela tomó asiento y espero hasta no escuchar los sutiles pasos de la doncella.

* ¿Ha decidido atrasar su viaje? –Se aventuro a preguntar.

* ¿Decidido? Me he visto obligada a atrasarlo.

* Pediré que alisten las habitaciones…

* Deja las cortesías Candice, no regrese para instalarme de nuevo. He presenciado lo suficiente.

* No comprendo.

* Mi visita tenía un único fin, y me fue insólito tanto como vergonzoso, el saber que lamentablemente no me había equivocado. Sospeche desde hace meses lo que en este viaje confirme…

* Tía abuela, no sé que ha podido observar en este tiempo pero le aseguro que mi comportamiento no ha sido indebido o indecoroso.

* ¡Deja la falsa ingenuidad!

* Le aseguro que mis palabras no tienen tal procedencia, pues realmente no sé a qué se refiera.

* ¿Te atreves a decirme que no tienes nada que esconder?

* Yo… yo…

* ¡Claro que no! No puedes decirme que has cumplido con tu deber de mujer por que no es así. Ha transcurrido medio año desde tus nupcias y sigues tan virginal como el día en que te parieron.

* Yo… no… –Temblaba sin poder contenerse, pero encontró aplomo al recordar la promesa que le hiciera a cierto caballero. –Si bien es cierto que mi esposo no demanda mi compañía todas las noches, también lo es que he intimado con él.

La tolerancia de Elroy Marie Ardley se esfumo en ese preciso momento, la insolencia aunada a la mentira era demasiado para ella. Un simple gesto a la monja fue suficiente para que está tomara por la espalda a la joven, quien poco pudo hacer ante el profano tacto en su intimidad por parte de la tía abuela. El cuerpo de Candy comenzó a temblar presintiendo lo que sucedería…

En cuestión de segundos había sido doblegada y atada al dosel de la cama, descubrieron su camisón dejando expuesta la espalda. Pudo sentir el dolor antes de recibir el primer azote, antes de la primera herida. Imploró que se detuvieran, deseo perder la conciencia pero ninguna sucedió. El tiempo no tuvo mayor importancia hasta el término de la lección, de las pocas palabras pronunciadas poco pudo entender, pequeñas frases y palabras sonaban en su cabeza "no lo lamento, porque era necesario" "espero no tener que volver hacerlo" pero una en peculiar la perturbo en extremo "el Duque sigue apoyándote, me encargue de ello"

Con gran ahínco se puso de pie y se dirigió al ventanal para ver partir el elegante carruaje. Algo le decía que lo ocurrido solo era el comienzo.

Rose nunca lo había visto en tal facha, el joven al que le servía de su más fino whisky, llevaba dos horas maldiciendo y cuatro botellas de alcohol ingiriendo. A lo largo de su carrera, había visto esa clase de escenas, realmente no le asombraban, pero tenía un especial afecto por Terry y lamenta verle de esa manera. Sabía de quien creía estar enamorado y sabía bien lo afectado que estaba por las medidas de su padre, pero sobretodo sabía que deseaba descargar su ira y frustración ante los hechos, y eso le preocupaba. Quiso disuadirlo, pero tan obstinado como siempre hizo lo que deseaba, irse a casa.

Con gran fuerza de voluntad, Candy arreglo el pequeño desorden de su habitación, con dificultad cambio su manchado camisón, no sin antes colocar un poco de aquel milagroso ungüento. A la vista nadie apreciaría el dolor que recorrí por su cuerpo, ni el temor que le ocasiono el escuchar la llegada de su esposo.

El castaño abrió abruptamente la puerta del dormitorio, inmediatamente su vista se fijo en aquella mujer, la culpable de su pesar.

* Mi lord… ¿Desea tomar un baño?

No obtuvo respuesta, el silencio reinaba en aquella alcoba, sus sentidos le indicaban que debía de temer, trato de tranquilizarlos pero al ver que Terry se acercaba a ella, de inmediato retrocedió un par de pasos. A esa distancia pudo percibir el intenso olor a whisky que emanaba.

* Lo que deseo tomar… es a mi mujer…

* ¿Mi lord?

* Es eso lo que desea. ¿No fue por ello que acudió a mi padre?

* Yo no he acudido a nadie.

* ¡No mienta! Mi padre no tenía ningún otro medio de saber de nuestro acuerdo.

* Mi lord, le juro que no rompí mi palabra.

* ¡Su hipocresía no podrías ser mayor! Si tuviese un poco del honor que mi padre dice poseer, diría la verdad.

No le permitió dar mayor explicación, acorto la distancia para besarla salvajemente, posando bruscamente sus manos sobre su espalda herida. La mezcla de todo, provoco que la joven lanzara con facilidad a su alcoholizado marido.

* Le he dicho la verdad, y ahora le exijo que salga de mis aposentos.

* Nuestros aposentos –Enfatizó. –Y me iré... pero no sin antes tomar lo que se me ha regalado.

Terry se abalanzo sobre ella, pero nunca imaginó que sería golpeado por una figura de porcelana, la ira y la impotencia, aunada a ello, sacó la peor versión de él.

Un fuerte puñetazo se impacto sobre su mejilla, perdió el equilibrio y la percepción de lo que acontecía, al ser arrojada a la cama peleó ferozmente, fue en vano cuando sintió un nuevo golpe, el inconfundible sabor de la sangre embargo su boca a tiempo que era invadida por lengua de Terrence, el respirar no le estaba resultando fácil, y el tenerlo encima no ayudaba en lo absoluto. Esta preocupación paso al olvido, cuando sintió las varoniles manos acariciando sus piernas y arañando sus muslos… En un intento por librarse, mordió sin piedad aquellos labios profanos, el alivio duro poco, pues si bien logro su objetivo, ahora esos labios se encontraban degustando sin pudor su pecho. Sabía lo que ocurriría, y sabía que no podía hacer nada para evitarlo, estaba muy débil para seguir luchado y aplazar lo inevitable, así que hizo lo único que podía. Cerro sus ojos, dejo de gritar, dejo de pelear, y entre sollozos empezó a tararear una vieja canción.

Esa melodía, aquella que escuchara en sus juegos de niño, no solo lo detuvo, lo devolvió a la realidad. Se alejo lo suficiente para ver la escena en la que no solo había participado, sino en la que había hecho de villano. Candy semidesnuda, temblando, llorando sin control y aun así cantando con una hermosa voz… Tomó asiento sobre el borde de la cama, paso las manos sobre su larga cabellera, permaneció en esa posición el tiempo suficiente para darse cuenta de lo que estuvo por hacer. Su padre tenía razón, era poco hombre, un desgraciado.

Arrepentido, pero sobretodo avergonzado, se inclino sobre su esposa, quien con gran temor le veía directo a los ojos…

* Perdóname pecosa.

Una lagrima y un tímido beso, esos serían la firma de una larga despedida.

No sé por qué disculparme primero, si por la tardanza en actualizar o por esta última escena. Espero que puedan entender ambas.

Agradezco enormemente que hayan estado al pendiente de esta historia y los comentarios que me han dejado o hecho llegar a mi correo.

Les deseo felices fiestas, y prometo actualizar en menos de un mes.