¡Hola! Aquí les dejo un nuevo capitulo. Perdón por hacerl s esperar tanto pero espero que disfruten este capitulo y que me dejen sus comentarios y sugerencias.

Gracias por leer.

Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Esta historia esta creada con fines de entretenimiento y cualquier parecido con la realidad es coincidencia.


—¿Estas segura de lo que quieres hacer, querida? — Pregunto el Sr. Gold a su hija.

Regina estaba sentada en el sofá abrazándose sus piernas pegadas al pecho y su padre estaba sentado frente a ella con la mano apoyada en el bastón.

—No puedo seguir con el papá… Algo está pasando con Graham — Respondió Regina.

—Es tu esposo Regina, tienes un compromiso con él. No es alguien a quien puedes desechar como uno de tus noviecitos de preparatoria.

—¿Por qué no puedes entenderme papá?

—Porque ni siquiera me has explicado que es lo que está pasando. Solo llego a casa y estas aquí diciéndome que te vas a divorciar de un hombre que lleva más de 8 años a tu lado por ninguna razón lógica — El sr. Gold se levantó del sofá y comenzó a caminar alrededor de la habitación — Vas a ir a tu casa y vas a arreglar las cosas con Graham… Se pueden tener malos días hija, tú debes de saberlo, pero una sola discusión no es suficiente para un divorcio… Así que cuando tú decidas arreglar las cosas es cuando se van a arreglar. Ahora, levántate, vístete y habla con tu esposo.

Regina miro a su padre abandonar la habitación y se preguntó cómo podía explicarle que ya no amaba a Graham porque quería a alguien más que no había visto en toda su vida. Y mucho menos sabía cómo decirle que a esa mujer la escuchaba en su cabeza y veía a través de sus ojos. Su padre pensaría que estaba loca.

Regina sabía que tenía que enfrentar a Graham tarde o temprano, pero no quería hacerlo aún, no se sentía preparada mucho menos con la fuerza para otra discusión.


Ya era su tercera copa de vino y la botella comenzaba a vaciarse rápidamente y su cuerpo comenzaba a sentir los efectos. Sus músculos se relajaban y el calor de su cuerpo aumentaba. Decidió quitarse la ropa y andar solo en el conjunto de ropa interior blanco de encaje que estaba utilizando. La casa de su padre estaba sola, no había absolutamente nadie pero aun así cerró la puerta de su habitación con llave y se dejó caer en su cama para seguir disfrutando de la botella de vino.

Su mirada se perdía en el techo y con la vista borrosa podía ver la cara de Emma y solo podía pensar en su cabello rubio y ojos azules, su rostro daba vueltas por su cabeza una y otra vez.

Pero, ¿Por qué se la imaginaba si podía escucharla y pedirle que se pusiera frente a un espejo para ver su cara?

Regina cerró los ojos, respiro profundo y durante unos segundos pensó que se quedaría dormida, pero pudo sentir a Emma conectada a ella y sonrió.

—Hola linda — Saludo la morena.

Regina, ¿Estas bien? — Emma comenzó a sentirse mareada y su vista se volvió más borrosa de lo normal. Era como si estuviera ebria. Pero luego comprendió que la que estaba ebria era la mujer al otro lado de la línea.

—Estoy perfectamente bien — Regina arrastraba las palabras y su voz sonaba ronca.

¿Estas segura? Porque a mí no me parece que sea así — Dijo la rubia arqueando una ceja.

Se levantó de su escritorio en la comisaria y decidió ir al baño antes de que alguien notara que estaba hablando aparentemente sola. Trato de caminar sin sentir los efectos de todo el alcohol que Regina había ingerido y en cuanto entro al sanitario cerró la puerta con seguro.

—¿Por qué lo dices?

Porque parece que te bebiste una licorería.

—No es para tanto, solo me he tomado unas cuantas copas… Y no dejaba de pensar en ti.

¿Segura que no pasa nada? No es normal que tu tomes hasta este punto — La voz de Emma sonaba preocupada.

—Es mi padre —Respondió Regina en un suspiro — No quiere que me separe de Graham, dice que una pelea no cambia nada… Y la verdad no tengo el valor de explicarle por qué fue la pelea.

Entonces no lo hagas, tu eres una mujer adulta que debe tomar sus propias decisiones y sin dar explicación alguna.

—Es que no lo entiendes Emma. Si mi padre no me apoya no tengo un lugar en donde refugiarme.

Regina, escúchame… Tu padre te va a apoyar, tal vez no en el divorcio, pero no va a dejar que su hija viva en la calle. Él te ama y tú hermano igual.

—Tienes razón… Pero aun así tengo miedo — Regina se incorporó lentamente y se sentó en la cama.

Tranquila, yo voy estar siempre contigo — Susurro la rubia recargando su espalda en la puerta del baño.

Regina se levantó de la cama lentamente y se detuvo frente al espejo de cuerpo completo que tenía frente a ella.

—Te necesito Emma — Susurro la morena.

Emma parpadeo un par de veces y pudo ver a Regina en lencería blanca. Su cuerpo esbelto y perfectamente torneado, el color de su piel resaltaba con el color de la ropa interior, su pecho subia y bajaba al ritmo de su respiración, su cadera era afilada y sus piernas largas. Todo su cuerpo era hermoso.

Eres hermosa Regina — Las palabras salieron de la boca de Emma sin que ella lo quisiera.

Pero lo que había dicho era de verdad. Regina era la mujer más hermosa que había visto y el cuerpo de Emma le pedía tenerla al lado, poder acariciarla. La rubia levanto una mano, cerró los ojos y se acarició el rostro sabiendo que Regina lo sentiría y siguió el recorrido de su mano por su cuello, después por su pecho y su vientre y volvió a subir al rostro.

Regina sintió las caricias de Emma como si sus manos en verdad la estuvieran tocando y cerró los ojos para disfrutar cada una de ellas. La deseaba, deseaba tenerla a su lado y poder tocarla y que la tocara.

¿A quién quería engañar? La quería, sentía algo por ella y ya n había marcha atrás.

—Emma…

Regina escucho la puerta de la casa cerrarse y corrió hacia la cama para tomar su ropa perdiendo toda conexión con Emma.

Ella estaba agitada, pero no sabía si era por lo que acababa de pasar o porque alguien había llegado a la casa y ella estaba en ropa interior.


A la mañana siguiente, Regina despertó con una resaca realmente horrible, la luz natural hacia que le ardieran los ojos y el ruido en la cocina retumbaba en su cabeza. Se incorporó lentamente y se pasó las manos por la cara y respiro profundo. Observo la habitación con los ojos entrecerrados y se levantó de la cama poniéndose las pantuflas. Olía a café recién hecho, pero antes de bajar necesitaba darse un baño y tomarse un par de aspirinas.

Camino hacía el baño y abrió la regadera dejando salir el agua caliente. Se desnudó y se metió a debajo de la regadera; cerro los ojos y dejo que el agua relajara sus músculos.

Anoche, antes de quedarse dormida por los efectos del alcohol, había decidido ir a recuperar sus cosas de la casa del alcalde. Por más que su padre insistiera, ella ya no iba a seguir con Graham, ya no podía seguir con él y se lo iba a decir en la cara. Además, ya no lo amaba, había dejarlo de hacerlo desde hace tiempo y necesitaba decírselo, necesitaba aclarar las cosas para saber que iba a pasar con su vida.

Su mente divago, y pensó lo único que pasaba por su mente en los últimos días: Emma. Sonrió ante el recuerdo de su rostro y de su sonrisa; volvió a sonreír al recordar las caricias que sintió la noche anterior. Sabía que Emma sentía algo por ella y que era algo más que amistad. Y, de alguna manera, eso ayudaba a Regina a ser fuerte y a enfrentar lo que fuera a pasar ese día al hablar con Graham, al decirle a su padre que se iba a divorciar y a buscar una nueva vida.


Regina se bajó de su auto y observo la gran casa que tenía frente a ella, respiro profundo y comenzó a caminar hacia la puerta con la mayor tranquilidad posible. Se había puesto pantalones de vestir negros y una camisa de manga larga satinada de color gris, todo esto acompañado de sus tradicionales tacones de aguja.

Se detuvo ante la puerta y tomo la perilla dándole vuelta para entrar a la casa. Sus zapatos replicaron en el mármol mientras caminaba por el recibidor. Subió las pequeñas escaleras que llevaban a la sala y se quedó helada el ver a Graham sentado en el sofá.

—¿Qué estás haciendo aquí? — Preguntó ella.

—Creo que soy yo quien debería hacerte esa pregunta. Estas en mi casa —Respondió él levantándose del sofá.

—Solo vine por mis cosas — Regina dio un paso atrás — Creí que no estarías en casa.

—¿Vienes por tus cosas? ¿Crees que esto va a terminar así de fácil Regina? —Graham camino hacia ella quedando separados solo por unos cuantos centímetros — Eres mi esposa, no mi noviecita de secundaria… Se necesita más que solo sacar tus cosas de aquí para separarnos; y además, eres la esposa del alcalde y tenemos una imagen que cuidar.

—¿Es que acaso lo único que te importa es lo que digan los demás? — Preguntó Regina con la voz temblorosa.

—¡Claro que sí! Soy el alcalde… Yo vivo de lo que dicen de mí, y no voy a dejar que arruines mi reputación y todo lo que he construido por una tontería.

—¿Y qué piensas hacer? — Regina se tragó el nudo que tenía en la garganta y se plantó firme frente a Graham.

—¿Yo? Nada, tú harás todo por mí.

—¿De qué hablas?

—Estas a punto de averiguarlo.


Emma no podía borrar esa pequeña sonrisa de su rostro, no podía dejar de recordar a Regina, tan hermosa, frente a aquel espejo.

Henry la había mirado extraño durante todo el camino a la escuela. Cuando llego a la comisaria Killian la miraba arqueando una ceja y varios de sus compañeros se sorprendían ante su buen humor. Pero nada de lo que dijeran o el como la miraran podía quitarle esa sensación de felicidad.

Aunque no había tenido noticias de Regina, pensaba en ella todo el tiempo. Suponía que aún estaba dormida después de todo lo que había tomado la noche anterior. Aunque ya pasaba del medio día, suponía que ella se estaba recuperando de la resaca o simplemente descansando.

Emma tomo su chaqueta del respaldo de la silla y salió de la comisaria. Subio a su peculiar auto amarillo y ni siquiera se molestó en poner las llaves para encenderlo; solo cerró los ojos y trato de entrar en la cabeza de Regina.

Después de varios segundos de intentarlo, abrió los ojos y frunció el ceño. Algo pasaba, no podía alcanzar a Regina. Simplemente sentía algo extraño en su conexión, como si fuera débil o como si algo la estuviera bloqueando. Pero no era como las otras veces cuando Regina evitaba que entrara a su cabeza, esa vez en lugar de sentir como la conexión se cortaba de repente, sentía una barrera, un muro que no la dejaba pasar del otro lado.

La preocupación se hizo presente en Emma, pero se dijo a si misma que tal vez estaba exagerando, tal vez Regina no podía hablar con ella en ese momento o tal vez aun estaría dormida. Pero aun así no dejaba de sentir que algo andaba mal.

La rubia encendió el auto y se dispuso a hacer sus rondas diarias, pero aun así no pudo sacarse de la cabeza a Regina. Algo estaba mal.


Emma caminaba de un lado a otro por la sala de su departamento en espera de Henry. Estaba ansiosa y no había dormido en toda la noche; se había estado despertando de golpe con sueños extraños en donde Regina gritaba que la ayudara y todo se sentía borroso y acelerado. Y aunque en verdad no entendía si era sugestión, le preocupaba soñar eso y sentase así.

—Ya estoy lista mamá — Anunció Henry saliendo de su habitación. Se detuvo y observo a su madre con el ceño fruncido — ¿Te pasa algo?

Emma se detuvo y miro a su hijo, era hora de contarle a Henry lo que pasaba, aunque sabía que estaba arriesgando bastante al hacerlo pero necesitaba contarle todo lo que estaba pasando a alguien, y sentía que Henry era el único en quien podía confiar.

—Siéntate, tengo que decirte algo.

—Llegare tarde a la escuela — Dijo él.

—Por favor Henry.

Emma camino detrás de su hijo hasta al sofá y ambos se sentaron en el uno al lado del otro. La rubia se tomó las manos y después de unos segundos miro a su hijo con nerviosismo.

Emma trato de explicar todo con tranquilidad y lo más claro posible aunque creía que sería lo más confuso que su hijo habría escuchado en la vida a pesar de haber pasado por continuas asesorías de matemáticas.

El rostro de Henry continuaba con el ceño fruncido y trataba de captar y entender cada palabra que su madre le estaba mencionando. Parecía que estaba escuchando la historia de una de las historietas de superhéroes que leía y a la vez parecía como si su madre se hubiera vuelto loca.

—¿Me estás diciendo que esto te había pasado durante toda tu vida y hasta ahora te diste cuenta? — Preguntó él con incredulidad — Además de que recientemente has estado hablando con la mujer con la que tienes esa "conexión" y sientes algo por ella y por eso estas preocupada porque no puedes hablar con ella por tu mente.

—Así es — Respondió Emma — Henry, sé que esto es complicado y no espero que lo entiendas pero ya no sabía que hacer.

—No sé qué es lo que me sorprende más, que puedas hablar mentalmente con otra persona o que te guste una mujer… Aunque debí suponer que por eso no trías chicos a casa.

—¡Oye! Soy tu madre — Lo regaño Emma a pesar de que le daba gusto que Henry no lo hubiera tomado tan mal.

Emma lo miro arqueando una ceja y Henry resoplo y se removió en el sillón. El chico se quedó mirando a su madre y le tomo la mano.

—¿En verdad la quieres?

—Si — Respondió Emma sin dudarlo.

—Entonces ve por ella mamá… Si sientes que algo está pasando solo ve y búscala.

—¿Qué? No creo que eso sea una buena idea. Ella está casada y yo no debo intervenir.

—No vas a intervenir en su matrimonio. Simplemente estas preocupada ella y muestras consternación como su amiga.

—¿Cuándo te volviste tan sabio?

—Creo que entre el cuarto y quinto grado — Respondió Henry con una sonrisa.

—Okey, lo hare… Pero solo si tú vas conmigo.

—¿A mitad del año escolar?

—Vamos, ¿Desde cuándo te importa tanto la escuela.

—Touché.


Emma se sentía cansada de conducir y el trasero le dolia, Henry estaba dormido en el asiento del copiloto con la cabeza recargada en la ventanilla. Emma también tenía sueño y sus ojos comenzaban a sentirlo pero se abrieron al instante al mirar el letrero que le daba la bienvenida a su nueva aventura: "Bienvenidos a Storybrooke".


¿Qué les pareció este capitulo? Las cosas se están poniendo interesantes así que ¿Qué creen que vaya a pasar?