Capítulo 10

–Ya está despertando – escuché decir.

Cuando abrí los ojos, me topé con una lámpara en un techo blanco, molestaba un poco así que enseguida volví a cerrarlos.

– ¿Cómo te sientes Sakura? –era Ino.

–Me duele todo – alcancé a murmurar – ¿Cuánto llevo aquí?

Volví abrir los ojos y vi que estaba Konan e Ino.

–Sasuke… – volví a hablar mientras me inclinaba un poco hacia delante.

–No te levantes – ordenó Konan mientras se acercaba a mí – estas aun delicada.

Observé mi brazo y estaba vendado.

– ¿Qué me sucedió?

–Cálmate frentona – se acercó Ino – hace casi una semana que estas en cama – me dijo tranquila y sin prisa –cumplimos la orden de retirar el chip.

– ¿Qué? – dije medio alarmada.

–Si – Konan me tendió la mano y vi en su palma un diminuto cuadro – Sasuke ordenó que una vez terminado todo esto se retirara el chip. Descuida – dijo al verme con los ojos como plato – Los únicos testigos de esto somos Naruto, Ino y yo. Tú eres la dueña de esto, puedes hacer lo que quieras.

Tomé el chip entre mis manos y lo observé. Esa diminuta porquería era por lo que me habían condenado, esa cosa me había separado de Sasuke por cuatro años y ahora… La puerta de la habitación se abrió dejando pasar a Naruto. Lucía algo preocupado, se acercó a Konan y le susurró algo, ella sólo asintió y salió de la habitación sin decir nada dando paso a Hinata.

–En dos días te daremos de alta – me informó Hinata con una sonrisa. – Ino, me puedes acompañar, aun necesito terminar el papeleo.

–De acuerdo, bien frentona, más te vale cuidarte – me guiño el ojo mientras me daba un apretón en la mano.

Hinata se acercó y me dio un abrazo sorpresivo, se acercó a Naruto y le tomó la mano, él asintió, Ino y Hinata salieron de la habitación dejando paso al silencio. Naruto se acercó y tomó asiento en una de las sillas.

– ¿Cómo te sientes? – preguntó.

–Eso es lo de menos…

–Tengo tres noticias que darte…

–Habla – ordené prácticamente y él suspiró.

–Eres la nueva cabeza de la Guardia Nacional – casi iba protestar y él siguió – tal vez no te lo haya dicho él pero… la familia Haruno y la familia Uchiha siempre han tenido nexos con la política pero sobre todo siempre se han encargado de la dirección de la Sala Directiva y la Guardia Nacional. Tus abuelos fueron los últimos en dirigir, después Orochimaru tomó cargo… antes de morir tu abuela, había proclamado a tu padre, aparte de ser encargado de la parte de inteligencia y tecnología con tu madre, jefe de la Guardia pero Orochimaru entró en acción y bueno… ya sabes el resto – calló y dejó un rato de silencio.

–Me rehúso – dije al fin.

–No puedes – contraatacó – prácticamente es un puesto heredado, no puedes negarte, eres la líder legitima, sería como deshonrar la memoria de tu abuela y de tus padres.

–Entonces… – me mordí el labio pensando en cómo librarme de esto, lo miré pero él desvió la mirada, no había de otra – Entonces te dejo a cargo a ti.

– ¡No puedes hacer eso! – Se sobresaltó – Sakura, entiende, no puedes y mucho menos pienses en disolverla…

–Naruto – lo callé y él me observó atento pero dispuesto a repelar – Hazte cargo, si quieres tómame como consejera personal o lo que quieres, ya tengo suficiente de esto.

–Pero Sakura…

–Por favor – supliqué – ya no quiero más… – apreté las sabanas con mis manos – tomaré las ordenes importantes, puedo servir como tu apoyo, pero no me pidas hacerme cargo de esto, quiero al menos tener una vida fuera de balas y asuntos nacionales…

Es que simplemente no podía… odiaba todo esto, odié la Guardia desde que tuve conocimiento de eso. Estoy simplemente asqueada, a lo mejor la mayoría de ahí me veía como la esperanza, el renacimiento de la auténtica Guardia Nacional, pero yo ya no podía, me sentía débil, me sentía impotente de poder llevar el mando.

–Me haré cargo – dijo después de meditarlo un poco – Serás mi consejera y tu serás la primera en enterarte de los asuntos de nivel crítico y Nacional, no dejaras de ser la cabeza… supongo que Hinata me podrá ayudar en eso…

–No lo dudo – terminé su discurso – cuál es la segunda.

–Bueno – titubeaba un poco – la verdad no sé por dónde empezar…

–Sólo dilo – me temía lo peor.

–Sakura – se rascó la cabeza algo ansioso – bueno, la segunda… estas embarazada.

– ¿Qué?

–Lo sé, te sorprendes, y yo igual, aunque bueno supongo que su reencuentro subió de tono… – sonrió pero de una forma melancólica – el día que se te hizo la operación – señaló mi brazo con un gesto de cabeza – también se te hicieron varios estudios para comprobar que estabas bien y que no te había hecho nada la serpiente, tras confirmar con un análisis de sangre y un ultrasonido, Konan dio positivo a tu estado.

Me llevé una mano al vientre de forma automática, no lo podía creer. Era un hijo de Sasuke y mío. Sin contenerme, mis lágrimas salieron y a mi cabeza vinieron las palabras de Sasuke: quiero formar una familia. Después del hoyo negro, al fin una pequeña esperanza se asomaba y pude visualizarme otra vez esa imagen, un hijo de Sasuke en mis brazos mientras que él nos observaba.

–Él… ¿él ya sabe? – tartamudeé por la emoción de la noticia.

–Esa es la tercera noticia…

Naruto se levantó de aquella silla, su semblante se ensombreció y llegué a mi conclusión… lo negaba una y mil veces pero los recuerdos de aquel día me invadieron a tal punto que sentí que lo presenciaba en vivo y en directo, como si fuera una espectadora en el cine, provocándome vértigos, dolor de cabeza y un tremendo nudo en mi corazón. Naruto se acercó y me tomó de la mano y la apretó de forma comprensiva, lucía abatido y pude percatarme de aquellas ojeras que tenía debajo de los ojos.

–No está muerto – me dijo lentamente – su estado es crítico, perdió mucha sangre y uno de sus órganos vitales fue dañado severamente. Ahora Konan está con él, lo ha inducido en coma para reducir riesgos.

– ¡Quiero verlo! – pedí

–Debes descansar – dijo lentamente.

–Déjame verlo, por favor – imploré

–Ustedes siempre me complican las cosas– dijo mientras se removía el cabello inquieto y suspiraba – hablaré con Konan, no te prometo nada, por ahora descansa, cualquier cosa te avisare en cuanto antes.

Naruto salió de la habitación mi cabeza estaba totalmente absorta de la realidad. Sasuke al borde de la muerte mientras que dentro de mí, afloraba un brote de vida. Me sentí extraña, me sentía vacía pero a la vez me sentía como ser capaz de hacer cualquier cosa, me sentía feliz pero desdichada al saber que Sasuke no estaba consciente de lo que pasaba. Dios, este es un buen momento para saber si existes o no.

Pasaron tres días para que me dejaran ver a Sasuke. Estaba conectado a varias máquinas y a un respirador. Se veía tan frágil y débil. Konan me dijo que tuvieron que hacerle un trasplante y varias transfusiones, a pesar del éxito aun su nivel era crítico, me dijo que no le daba muchas posibilidades. Su semblante era decaído, sus respiraciones eran acompasadas, tocar su mano fría me daba miedo. Sentía que lo perdía a cada segundo, solo en silencio lloraba y rogaba para que no se fuera de mi lado. Trataba de no despegarme de su lado, únicamente lo hacía cuando los doctores entraban a revisarlo y suministrarle medicamento.

Las horas, los días, las semanas y los meses fueron pasando. Estaba mejor pero aun no abría sus ojos, ya no tenía tantas maquinas conectadas, ahora solo dormía profundamente. Nadie sabía con certeza cuando despertaría y mucho menos si tendría secuelas por los daños que tuvo.

Naruto se hacía cargo de Guardia Nacional junto con Hinata, mientras que de la Sala Directiva estaba Ino junto con Sasori. Hacían muy bien su trabajo y eran muy pocas las veces que me hablaban para que diera mi opinión o para pedir algún consejo, creo que ellos de antemano sabían que no respondería con muchos ánimos.

Tenía que cuidarme y más porque ahora había una vida de por medio. Era difícil, me dejaba deprimir muy fácilmente pero al menos sabía que todo iba bien pues aun tendido en cama y en coma estaba vivo y eso era lo que contaba.

A los nueve meses di a luz a un pequeño varón. Tenía el cabello de Sasuke y sus lindos ojos. Su piel era tan clara como la de él y puedo jurar que en carácter seria idéntico a su padre, pues cuando algo no le gustaba hacia un puchero y lo rechazaba. Claro el pequeño mocoso tenía que obedecer pues yo era la que mandaba, soy su madre después de todo. Su nombre, Itachi. Sonará medio masoquista, pero al menos era un pequeño homenaje a su familia. Jamás tuve el placer de conocerlos, aunque de ante mano sabría que a Sasuke le gustaría.

Hoy, como desde hace cinco meses que nació Itachi, visitamos a Sasuke. A veces Itachi se ponía inquieto y tenía que dejarlo en la guardería del hospital, pero hoy, como era algo tarde y tener un permiso especial de visita no quedo de otra más que llevarlo conmigo. Lo dejé en la cama y el pequeño diablito intento escalar a su padre pero no lo permití, así que lo hizo a un lado llegando hasta el rostro de su padre. Iba a detenerlo pero él lo hizo solo. Observaba fijamente a Sasuke, casi me reí al ver como fruncía su pequeño ceño. Levantó su manita y la azotó contra la mejilla de su padre. Al ver eso lo cargué de inmediato.

– ¿Qué te sucede? – Le reclamé – es tu padre y está enfermo, no debes hacer eso.

El pequeño volvió a mirarlo y volvió a fruncir el ceño, me miró y casi pude jurar que se iba a poner a llorar.

–Ya, ya, no vayas a llorar – le di un beso en su cabecita – será mejor que te lleve con Ino, tal vez no le molestaría cuidarte.

Al darme la vuelta, sentí que algo jalaba del pequeño Itachi y este al sentir eso dio una pequeña risa.

– ¿Con que te atoraste? – lo miré divertida y este me devolvió la sonrisa.

Dirigí mi vista hacia su piecito y había una mano que lo sujetaba.

–Hacen mucho escandalo – dijo débilmente con los ojos cerrados.

Me acerqué nuevamente y puse a Itachi en la cama, oprimí el botón rojo para llamar a una enfermera. Simplemente no lo podía creer.

–Sasuke… Sasuke, abre los ojos.

Mis lágrimas salían por la felicidad. Sasuke abrió sus ojos y se topó con el rostro de su hijo.

– ¿Tú quién eres? – Susurró débilmente, estaba confundido pero eso no basto para que Itachi le sonriera y le diera otro manotazo en su cara – ¿fuiste tú?– Itachi rió.

– ¿Qué sucede? – entró Konan exaltada a la habitación y yo solamente le dije con la mirada que pasaba. – Dios…

Se acercó a ellos dos que ahora parecía que estaban en trance, quitó al niño y me lo entregó, por vez primera Sasuke me vio, simule una sonrisa mientras desviaba la mirada a Itachi. Sasuke sin comprender aun estuvo a punto de hablar pero Konan lo impidió.

–Te pido que salgas Sakura…

– ¿Qué? – dije mirando a Konan sin comprender.

–Ahora…

Miré a Sasuke y sin más tuve que salir de la habitación. Miré a Itachi y él seguía sonriendo como si hubiera hecho una travesura.

–Sabes, para ser nuestro hijo eres muy raro – Itachi sonrió – eres nuestra felicidad perdida.

Me quedé a fuera unos largos minutos, seguramente Konan le diría a Sasuke lo que pasaba y era mejor, yo me quedaría sin habla al momento de explicarle. En mi cabeza simulaba una rápida conversación, pero no pasaba de un ¿cómo estás? Tanto tiempo sin hablar con él y me sentía extraña, el único vinculo que podía resurgir eso estaba sobre mis piernas jugando con mis dedos de la mano.

–Sakura – era Konan que salía de la habitación – ya puedes pasar.

– ¿Cómo está?

–Al parecer está bien, mañana le haré los estudios correspondientes, si todo sale bien podrá salir en una semana. Es demasiado extraño, está muy sereno, claro que le impacto un poco ver a su hijo pero esta bien.

No espere más, y con mi niño en brazos me adentré a la habitación de nueva cuenta. Sasuke nos miraba curioso, como si se tratara de un sueño. Me acerqué a él lentamente con Itachi, lo puse a él en la cama y yo me senté en la silla que había. Ninguno de los dos decía algo, los balbuceos de Itachi era lo único que se escuchaba.

–Yo…

–Él es… – Sasuke tomó la manita de Itachi y él junto su otra manita a la de su padre.

–Es Itachi… nuestro hijo.

–Itachi… – como pudo lo cargo, dejando a vista completa y lo escudriño con la mirada – así que fuiste tú ¿no? – El pequeño emitió una risa y Sasuke suspiró – siento… haberte dejado sola.

–Me asustaste mucho, pensé que me dejarías…– me levanté del asiento y me acerqué a él – ¡eres un idiota! – Lo abofeteé – ¿sabes al menos lo preocupada que estaba? Estuve al borde del colapso nervioso.

–Dije que lo sentía – me reclamó llevando su mano a su mejilla – no iba permitir que ese idiota te pusiera un dedo encima.

Me acerqué más y rechacé los pucheros sonoros Itachi. Mis lágrimas caían pero eso no evitó para que lo besara.

–No me vuelvas a dejar, por favor… – supliqué mientras lo abrazaba y él cómo pudo correspondió mi abrazo.

– ¿Cómo lo haría? Además – miró a Itachi que nos veía curioso – este pequeño creo que no me dejara.

–Y no será el único – lo volví a besar.

Siguieron los estudios, lo dieron de alta y fuimos a casa. Con Itachi seguía viviendo en aquel lugar que me habían asignado tiempo atrás, pero ahora con Sasuke regresamos a nuestro verdadero hogar. Pasado un mes Sasuke decidió regresar al mando de la Sala Directiva, por órdenes supremas mías, le dije que no se viera enredado en balas, en cambio yo me hice cargo del área de investigación de la Guardia Nacional. Yo era jefa inmediata pero Naruto estaba a cargo. Para Itachi, él pasaba en la guardería toda la mañana y parte de la tarde. Ya pasada las cuatro de la tarde iba por él y después íbamos a buscar a Sasuke. A Itachi le gustaba mucho ir a la Sala Directiva, se sentía importante e inflaba su pequeño orgullo cosa que a su padre le daba gracia pero algo de lo que también presumía. Sasuke quería mucho a su hijo y pasaba mucho tiempo con él, ya sea jugando o enseñándole algunas cosas, estaba feliz de gastar su tiempo y compensar el tiempo perdido. Cuando dijo su primera palabra se emocionó demasiado, incluso más que yo. Somos una familia, con defectos y errores como todos. Pero somos muy felices.

¿Agrandar la familia? Es lo más probable, lo hablé con Sasuke, a lo mejor dos o tres hijos más. Después de todo, la familia Uchiha y Haruno se unen para ser una sola y crecer.

¿El chip? Digamos que las investigaciones médicas salieron a la luz poco a poco, pero el chip aún guarda bastante información, ahora entiendo la locura de la serpiente por poseerlo, el chip está en un lugar que solo Sasuke y yo sabemos y que hasta el día de nuestra muerte, nuestros hijos se enterarán.

–Deja de verlo – Estábamos en la terraza de nuestra ahora nueva casa, era de noche y había cielo estrellado – si tanto te confunde ya sabes que hacer.

–Si lo hago será renunciar a lo único que tengo de mis padres.

–No te aferres al pasado – me abrazó por la espalda y pude sentir su calidez – mi hermano a veces decía que si quieres avanzar no hay voltear atrás.

–Eso todo mundo lo dice – repliqué con ironía.

–Y si lo sabes por qué sigues viéndolo.

–Esto será como mi amuleto.

– ¿Amuleto?

–Sí, toda la información la tengo en mi cabeza, junto con algunos archivos que tengo en el área de informática tanto en la Sala como en la Guardia, lo demás no lo necesitamos. No quiero crear guerra, quiero crear paz, quiero vivir tranquila, con mi familia, con las personas que amo. No quiero volver a pasar por el mismo sufrimiento otra vez.

–Si eso es lo que quieres está bien, yo siempre te protegeré.

–No digas eso – me acurruqué más a él – yo lo que quiero es que estés conmigo a mi lado, que luchemos juntos y estemos juntos así como ahora.

–Tu lado sentimental ha despertado – se burló de mí.

–Si quieres que este de amargada toda la vida dímelo – lo alenté – únicamente le diré a mis hijos que los amo, contigo me comportare como un robot.

– ¿Estás loca? – Me haló hacia la cama, ve aventó en ella y se posiciono sobre mí – cuando te conocí por mi cabeza cruzó que eras una mujer muy sensual por toda la seriedad, la madurez que demostrabas junto con ese toque infantil que profesabas, y créeme aun lo sigo pensando, pero cuando sacas todo lo que piensas y sientes eres como una diosa a la cual debo profesarle mi amor y protección incondicional. Sé que nos cuesta trabajo decir lo que sentimos, pero Sakura, te pido que conmigo nunca lo hagas, nunca me quites lo que por años perdí. No me castigues de esa forma.

Aun odiando la Sala y la Guardia, ¿Qué podía hacer? Esos dos lugares nos quitaron cosas muy preciadas, pero también nos dieron cosas muy buenas, estuve a punto de perder lo poco que tenia de nuevo por mis descuidos, pero eso no volverá a pasar, porque de nosotros dependerá hasta donde queremos llegar y lo que queremos para nosotros y nuestro futuro, con nuestra familia y con todo. Me siento orgullosa de lo que hemos formado. Pese a los tramos amargos, la vida nos ha sabido compensar y es cuando más lo disfruto. No está mal estar bajo la mira del jefe de la Sala Directiva.