Capítulo 10

Dos semanas habían pasado desde que empezara a estudiar y aprender sobre Lizzy.

Dos semanas en las que técnicamente no había salido más que para comprar y por la insistencia de Jane para que "tomara el aire" como le había dicho ella.

-Te sentará bien, estas muy pálida. Tanto tiempo aquí encerrada no es bueno.- le insistió cuando se negó al principio. No quería salir, se sentía segura allí dentro, pero con su insistencia al final cedió.

Así que cuando Jane tenía turno de noche, algunos días salían a tomar algo en una cafetería muy acogedora un par de manzanas más arriba de donde vivía.

Mandy, una de los tres ángeles de Charlie, le había estado llamando cuando el móvil seguía apagado, tenía varias decenas de llamadas tanto de ella como de Jess y Lily.

Cuando le volvió a llamar, le contó una historia de que había estado enferma y no había recordado cargar la batería por eso no había podido ponerse en contacto con ellas, algo que tampoco era mentira, pero la verdad es que se había olvidado de ellas, tenía demasiadas cosas en las que pensar. Le había preguntado si quería irse de fiesta con ellas, cosa que rechazó tan amablemente como pudo y diciéndole que todavía estaba recuperándose, algo que si lo pensaba tampoco era mentira, se sentía casi como nueva pero de vez en cuando había días en los que estaba deprimida y agotada, pero Jane le había dicho que estaba recuperándose muy bien y que el estar en su casa, relajándose (si supiera la verdad…) le había ayudado mucho.

Mandy insistió un poco más pero viendo que seguía diciéndole que no al final lo dejó y le dijo que cuando se recuperara le llamara y ya quedarían.

Había indagado un poco sobre ellas en la red, y parecían estar tan perdidas y alocadas como Lizzy lo había estado. Le sabia mal, pero no eran el tipo de amigas que le hacían ningún bien a Lizzy y mucho menos el tipo de amigas que ella tenía, por un momento pensó en todos ellos, incluido James, y casi se echa a llorar. Quizás podía ingeniárselas para entablar amistad con él, pero tras aquella conversación y como habían ido las cosas cuando estuvo en su antiguo piso… Suspiró.

Quizás podría ayudar a estas tres jóvenes, no terminarían bien, Lizzy era un claro ejemplo de lo que tarde o temprano les acabaría pasando a esas chicas si seguían con ese ritmo de vida. Ya vería que haría, ahora tenía bastante con intentar encarrilar y estabilizar su vida ahora.

-O&P-

Después de mucho meditarlo y de varias conversaciones con Jane (sabía que su relación con su padre estaba bastante mal, por no decir casi inexistente, aunque no había entrado en detalles) había decidido ir hablar con él, no había pasado nada, ni nadie le había dicho nada por el dinero que había estado gastando pero para lo que tenía en mente necesitaba consultarlo con él, ellos no lo sabían pero no era Lizzy y se sentía fatal gastando el dinero de otras personas.

Lo había pensado y lo más lógico o lo que debería hacer en su situación, creía que sería intentar ser Lizzy lo más fielmente posible, pero ni aún en el hipotético caso de que si no seguía la vida de Lizzy tal como la vivía ella le caería un rayo y la enviaría al infierno sería capaz de vivir así. Con lo que había llegado a la conclusión de que iba a ser Lizzy, pero sin dejar de ser Alice, lo que no había podido hacer Lizzy en vida, lo haría ella, les daría una vida mejor a las dos.

Lo primero era ir (de nuevo, pensó deprimiéndose) a la universidad, no pensaba vivir del cuento y de los millones del padre de Jane y Lizzy, tal como había hecho la joven hasta entonces, y también era una forma de empezar a tomar las riendas de SU vida, con lo que debía ponerse a trabajar o estudiar, y teniendo en cuenta que Lizzy no tenía nada y no parecía saber hacer nada a parte de ir de fiesta… lo mejor era volver a la universidad.

Tenía claro que iba a estudiar diseño de nuevo, no sabía bien que había estado estudiando Lizzy, si debía hacer caso a los comentarios y rumores de la red esta chica necesitaba clones para poder asistir a todas sus carreras y eso que no estuvo ni un año en la universidad. Así que diseño sería, si se las ingeniaba podría acabar antes, podría intentar hacer asignaturas de los primeros años del primer ciclo en un mismo curso ya que ella TODO eso ya lo había hecho, contaba con ventaja y le resultaría más fácil que a los jóvenes estudiantes nuevos y así no perder tanto tiempo en una carrera que ya tenía.

Era injusto, todo lo que sabía, los conocimientos, la experiencia, títulos, cursos… como si no existiera, aunque si pensaba positivamente podría usarlo en su provecho, pero aun dolía pensar todos los años que había invertido en hacer y conseguir cosas para que ahora se esfumaran en la nada. Deprimirse por esto no iba a cambiar nada, y se recordó de nuevo que las cosas "paso a paso". Y si lo pensaba, de una forma extraña había rejuvenecido y retrocedido cinco años al acabar siendo una joven de 22, tenía cinco años más que antes no tenía para hacer cosas, volver a la universidad podría ser una de ellas, podría ser divertido, era mejor verlo así que deprimirse.

Con lo que allí se encontraba en el edificio donde tenía el señor Bennet su despacho, un edificio de oficinas donde Jane le había dicho que técnicamente vivía desde hacía años, tenía hasta una habitación anexa a su despacho con todas las comodidades que necesitaba, ella le había preguntado sutilmente y sin dejar ver que no sabía nada, porque no iba a su casa, con su mujer y sus hijas a pasar el tiempo con su familia, pero por la expresión de Jane era un tema incómodo y del que prefería no hablar, así que no insistió cuando con una sonrisa que no le llegó a los ojos le dijo que estaba muy volcado en su trabajo.

Había visto alguna que otra vez en el edificio donde ella trabajaba al señor Bennet, pero no pasaba mucho por allí, solía estar siempre en el edificio donde residían sus oficinas y desde donde junto al señor Darcy controlaban todos sus negocios.

No podía negar que estaba nerviosa, pero con resolución entró y preguntó en recepción por el Señor Bennet.

-¿Tiene usted una cita?- le preguntó la joven sin levantar la mirada de la pantalla donde estaba trabajando.

-No, pero…-

-Si no tiene usted una cita, no hay nada que hacer, el Señor Bennet es un hombre muy ocupado.- la despachó sin siquiera mirarle. Frunció el ceño y cruzó los brazos, pero no se movió de allí.

-Mire, señorita. Entiendo que el Señor Bennet es un hombre muy ocupado y que usted está solo haciendo su trabajo, pero NECESITO hablar con el señor Bennet, así que por favor llámele o lo que sea que tenga que hacer para hablar con él y dígale que su hija necesita verle.- con la palabra clave aquí siendo "hija", algo que utilizó deliberadamente, llamó toda su atención. Pero de sus cinco hijas estaba casi segura que a ella era a la última que esperaba ver.

-Señorita Bennet, un segundo ahora mismo aviso al señor Bennet para ver si puede recibirla.- dijo con el teléfono en mano.

-Lo siento, su padre está muy ocupado, tendrá que volver otro día.- volvió a fruncir, Jane le había comentado algo sobre su tensa relación con su padre y que seguramente no querría verla, según ella hacia bastante tiempo desde la última vez que hablaron (y no terminaron en los mejores términos), pero no iba a desistir, esto era importante y quería ingresar y terminar con todo el papeleo de la universidad que con ayuda de Jane había dejado listo para simplemente entregar y realizar el pago antes de que empezara el curso y terminara el plazo de ingreso. No quería dejarlo para el año siguiente o tener que estar liada con más y más papeleo para poder entrar con el curso empezado.

-Dígale que es urgente.-

-Señorita ya se lo he dicho, su padre...-

-Le he oído perfectamente, pero esto es muy importante y necesito verle HOY.- insistió, sabía que no estaba siendo muy amigable, pero no podía ir retrasándolo más, solo quedaba una semana para que terminara el plazo de ingreso, no tenía tiempo que perder con riñas pasadas que ni sabia y no era precisamente momento de tratar. – Disculpe, sé que no es culpa suya pero una de dos, o le dice al señor Bennet que me reciba o le monto un escándalo aquí y subo por mi cuenta y que sus "seguratas" me echen si quieren.- dijo mirando hacia los hombres de seguridad apostados en los laterales de la entrada del edificio. No tenía pensado hacer nada de eso, además de ser un golpe bajo, sabía que Lizzy ya había montado más escándalos que estrellas en una noche estrellada podía vislumbrar, pero esperaba que con esto su padre le atendiera de una vez.

-Un momento, espere, voy a intentar hablar de nuevo a ver si…- dijo marcando nerviosa. Pobre, esperaba que no le creara problemas en su trabajo con esto, tenía que empezar a pensar antes de hablar o actuar en situaciones así, luego terminaba metida en más problemas o peor, les causaba problemas a otras personas. –Puede subir, el señor Bennet le atenderá ahora.- dijo con tirantez.

-¿En qué planta?- la joven le miro extrañada porque no supiera la planta a la que debía ir pero simplemente le contesto con un "la última planta" y volvió a su ordenador.-Gracias y… perdón por las molestias.- la joven negó con la cabeza levantando la vista hacia ella, pero no le devolvió la sonrisa, tenía esa expresión que también había visto en el encargado aquel día en la tienda, esa expresión de "vaya niñata pija y malcriada que siempre tenía que salirse con la suya por tener dinero y ser la hija de quien era". Suponía que no podía cambiar como todo el mundo parecía ver a Lizzy simplemente por el hecho de que ya no era la misma persona, tenía que hacerlo poco a poco y por su cuenta, tenía que demostrarlo. Y esperaba que esto, ir hablar con su padre, decidir ir a la universidad, no ir a esas fiestas y demás, quizás fuera el primer paso para que todo el mundo viera que era una nueva Lizzy, claro, sin dejar de ser Elizabeth Bennet, no debía olvidarlo, ella ahora era Elizabeth Irina Bennet.

Entró al ascensor y empezó a subir poniéndose más y más nerviosa con cada planta que subía, tras unas cuantas paradas de gente que bajaba y subía a diferentes pisos llego al último.

Un recibidor amplio, por no decir enorme estaba solamente ocupado por unas cuantas plantas y cuadros y un par de mesas, suponía, ocupadas por sendas secretarias del señor Bennet y Darcy, y unas cuantas sillas vacías a cada lado de la pared cerca de las dos mujeres.

Se acercó al centro sin acercase a ninguna de ellas, no sabía quién era secretaria de quien.

-Vengo a ver al señor Be… mi padre.- se corrigió en el último momento, por muy mal que estuvieran las cosas no creía que dirigirse tan formalmente a él fuera lo normal, o quizás si… Demasiado tarde.

-El señor Bennet le espera en su despacho.- habló una mujer mayor a su derecha con un pelo negro tintado aquí y allá con unas canas blancas dándole un aire muy sofisticado y serio, también pudo ver la mirada curiosa y de desaprobación de las dos mujeres antes de llamar con los nudillos a la puerta y entrar tras escuchar un seco "pasa".

No sabía lo que esperar pero tampoco pensaba que fuera a encontrar al Señor Bennet reunido con el Señor Darcy.

Los dos hombres por separado imponían, pero juntos con esas silenciosas y condenadoras miradas… Ella no había hecho nada, pero sentía la necesidad de disculparse si con eso dejaban de mirarle así.

-Bueno, nos vemos luego Ed.- dijo pasando por su lado murmurando un "Elizabeth" y un ligero asentimiento de cabeza.

¿Es que esta chica tenía problemas con todo el mundo? Se sentía agotada y acababa de llegar, no quería saber cómo estaría cuando terminara de hablar con el Señor Bennet, antes de que su resolución tomara una decisión por ella: salir corriendo de allí y olvidarse de todo o dar un paso adelante y seguir con lo que había venido hacer, su voz fría y ronca tomó la decisión por ella.

-Que quieres.- irradiaba tal hostilidad que le puso el vello de punta. Se acercó y se sentó antes de mirar al que ahora era su padre. No había tenido un padre desde que le abandonó el suyo cuando era una niña, toda esta situación era un poco rara e incómoda.

-Hola. Yo… necesitaba hablar con usted.-

-Eso me han comentado o más bien debería decir que has amenazado con montar un espectáculo si no te atendía, no me ha quedado más remedio.- dijo con amargura.

-No he hecho bien, pero necesitaba hablar con usted y sabía que si no insistía y volvía otro día seguiría sin recibirme.-

-Veo que al menos sigues igual de avispada que siempre, pero a la vez igual de egoísta donde tienes que salirte siempre con la tuya.-

-Entiendo la hostilidad, sé que las cosas entre vo… nosotros no estaban en su mejor momento.- no sabía en realidad nada más que lo que Jane le había dicho, que no era mucho, así que estaba caminando sobre aguas pantanosas y esperaba no hundirse hasta el fondo antes de poder llegar al menos a un símil de tregua.

-¿Hostilidad?- dijo con sorna.- No te doy más que lo que esperas de mí. Quedó todo bien claro tras la última vez que tuviste la decencia de hablar conmigo seriamente y sobria, y como bien te dije, yo iba a cumplir si tú cumplías también. Nada de escándalos desorbitados, aunque por desgracia tenga que seguir viendo como desperdicias tu vida en tus devaneos, y no te acercabas a estas oficinas y yo te dejaba vivir, a ver si recuerdo tus palabras exactas.- tomó una pose pensativa y burlesca. Empezaba a notar como le sudaban las manos, esta no era la forma en la que había imaginado el curso de la conversación.- ¡Ah! Si, "déjame vivir mi vida en paz, ya soy mayorcita, hago lo que quiero, ocúpate de tu propia mierda antes de atreverte a intentar hacer de padre cuando en su día no hiciste una puta mierda, dame dinero como has hecho siempre y desentiéndete de mí, eso es lo que mejor sabes hacer." Un recuerdo realmente enternecedor.- terminó levantándose bruscamente de su sillón tras esa enorme mesa. Se acercó al enorme ventanal que ocupaba toda la pared y observó el exterior como si ella no existiera, pero el ligero temblor de las manos cerradas en puños que tenía apretados tras su espalda decía otra cosa.

Suspiró, esto era peor de lo que se había imaginado, pero claro, casi todo lo relacionado con esta chica había resultado ser más de lo que se había imaginado.

- Mira, sé que no quiere que este aquí, pero necesitaba, no, quería consultar esto con usted, ya que me siento incomoda gastando tal cantidad de dinero para…- la risa del hombre le detuvo en mitad de su discurso.

-¿Incomoda gastando mi dinero? ¿Estas borracha o drogada, las dos cosas?- le vino a la mente lo que Jane le dijo por teléfono en aquel hotel, la miró fugazmente sobre el hombro, como intentado averiguarlo por sí mismo pero ella no se dejó ofender y se mantuvo calmada y serena, no iba a permitir que le irritara y le hiciera decir cosas que no debía, él veía a su hija, tal como había sido durante los últimos años, aunque de forma incomprensible le dolía al pensar que tanto su hermana y su padre la veían como si fuera ya un caso perdido, ¿no eran conscientes de que esto no le había ayudado en nada a Lizzy? Al menos Jane había sido comprensiva, le había ofrecido su mano y estaba ahora allí para ella. Si tenía suerte también podría arreglar las cosas con el padre.

-Mira…- empezó ignorando su pregunta, con la mirada baja y sintiéndose como si toda la energía de su cuerpo le hubiera abandonado de sopetón.

-No, mira tú, ¿Qué haces aquí? Acordamos que no volverías a poner un pie en este sitio.- dijo con amargura siguiendo con la vista el bullicioso paisaje urbano que había tras el otro lado del cristal, todavía no le había mirado más que de reojo desde que había entrado.

No sabía de qué le hablaba y Jane o no lo sabía o era un tema que no quería hablar, pero así no iba a conseguir nada, así que decidió hablar sin más.

-Me disculpo por aquel… incidente.- no podía preguntarle sobre ello por mucha curiosidad que sintiera, y esperaba que su disculpa sirviera para al menos poder hablar de algo que no fuera lo que se dijo o lo que paso…, él se giró para mirarle como si no se creyera ni una sola palabra, pero también vio algo más, dolor, pena, ¿decepción? y unos ojos muy cansados ¿a causa de ella? Antes de sentir pena por ese hombre cansado y dolido siguió hablando. – Me gustaría una tregua, por un segundo dejemos el pasado a un lado, por favor, solo quiero que me escuche y luego me puede echar de aquí con una patada si es lo que desea.- El alzó una ceja apoyándose sobre el cristal y cruzando los brazos sin decir una sola palabra, parecía interesado aunque algo reticente. Algo es algo. Con las manos sobre su regazo le miró con determinación teniendo que alzar la cabeza ya que seguía sentada sin apenas haberse movido desde que entró aunque los nervios y una parte de su cerebro, suponía su parte racional, le decía que saliera corriendo de allí.- Me he dado cuenta de que hay cosas, demasiadas cosas en mi vida que necesitan cambiar, no pretendo que de un día para otro todo sea maravilloso y lo que ella… digo, lo que yo hice y he hecho quede olvidado, sé que no es tan fácil, no soy tan ilusa.- abrió la boca para decir algo.- Ahórrese el comentario, déjeme terminar .- le espetó, él solo mostró su sorpresa abriendo los ojos ligeramente algo más y apretando más sus brazos cruzados pero tal como le había pedido no dijo nada. El pequeño discurso que había ensayado en su apartamento antes de venir con lo que iba a decirle había quedado en el olvido, sin darse cuentas las palabras fluían por si solas como un torrente.- Podría considerar que tengo mucha desfachatez por venir a pedirle nada después de como terminaron las cosas en nuestra última… conversación, pero…- se levantó y empezó a caminar de un lado a otro de la habitación nerviosa cabizbaja sin saber cómo seguir y sin darse cuenta de que él la observaba fijamente con confusión y un extraño brillo en los ojos, se paró de golpe y le miró momento en el que cambio a una expresión de indiferencia.- ¡No tengo nada!- él le miró confuso.- Todo lo que tengo, en realidad es suyo: el dinero, esta ropa.- dijo abarcando con un movimiento descendente toda su longitud.- el apartamento, todo, absolutamente todo.- terminó en un murmullo.

Se sentía tan vulnerable, todo lo que había conseguido durante tantos años, trabajar hasta acabar reventada para poder pagar sus estudios y tener un porvenir, criar a sus hermanos mientras intentaba mantenerlos en la ignorancia en lo que los problemas de sus padres se refería para que pudieran tener una infancia lo más normal posible algo que a ella se le negó, labrarse un futuro… TODO perdido, no tenía nada, se sentía como una niña que vivía de nuevo bajo el control y la voluntad de otros, como había hecho la borracha de su madre. Y ahora todo eso había salido a la superficie, el miedo sumado a lo desconocido de todo este caos en el que se había despertado, se creía más fuerte pero en el fondo era una persona, la burbuja tenía que acabar explotando tarde o temprano.

-Yo solo quiero, necesito empezar poco a poco, de nuevo, tomar las riendas y realmente empezar a vivir. Lo que hacía antes… no era vida.- dijo en un susurro con la cabeza baja para que no pudiera notar las lágrimas acumulándose en sus ojos intentando resistirse y no llorar.

-Y se puede saber porque has venido aquí. ¿Qué quieres?- su frialdad le heló la sangre. Fue a replicar con la fuerza de toda su ira, por Dios, era su padre como podía… pero al levantar la mirada y con la vista borrosa por las lágrimas que seguía conteniendo a duras penas se sorprendió al verlo más viejo y cansado que hacia tan solo unos instantes, pero intentando mantener un porte desentendido e impasible.

Suspiró. Para poder arreglar las cosas entre Lizzy y su padre iba a necesitar mucho tiempo, mucho más que unas simples palabras y promesas como con Jane, necesitaba hechos. Además tenía la sensación de que esto iba mucho más allá que la discusión que él dijo que tuvieron y los escándalos de la joven, podía notar desde esa distancia el dolor del Señor Bennet, era casi tangible, ¿sería igual para Lizzy?, ¿su orgullo se habría interpuesto entre ellos creando una brecha casi insalvable llegando al punto en el que estaban ahora?

Como deseaba en estos momentos poder hablar con Lizzy, tener sus recuerdos, ¡Algo, lo que fuera! Volvió a pasearse por el despacho sin mirarlo, le daba tanta pena ese pobre hombre a pesar de sus gélidas palabras, pero su rabia, frustración y quizás también su orgullo parecían tener otra cosa en mente. No pensaba suplicar para seguir recibiendo ese trato y le pisoteara como si fuera basura, Lizzy habría cometido muchos errores, no lo iba a negar, pero también tenían que darle una oportunidad para poder cambiar, no le extrañaba que la joven siguiera esa vida autodestructiva hasta ese fatídico final si tenía que lidiar constantemente con este desprecio y desinterés, como si no ya no fuera alguien por quien valiera la pena perder el tiempo ni el aliento. Se detuvo y le miró sin amedrentarse, con un brillo y fuego que contenía toda su rabia en los ojos que habían perdido todo rastro de lágrimas parpadeando con fuerza para hacer que desaparecieran sin permitir que ni una sola se derramara.

-Esto no nos lleva a ninguna parte, si sin importar lo que le diga solo me va a lanzar dagas hirientes no tiene ningún sentido que siga aquí. En una conversación deben tomar parte dos personas. –cerró los puños conteniendo su rabia, menos mal que era una persona adulta, tenía la sensación de que trataba con un niño, ni siquiera se dignaba a darle una oportunidad, no sabía que había pasado entre los dos, pero, ¡era su padre!, debería al menos escucharla.- Ya encontraré la forma, porque no pienso usar su dinero, no más. Bastante he abusado y he vivido del cuento ya, y si quiero realmente demostrarles a todos que estoy intentando cambiar y que pretendo cambiar quizás esta sea la mejor forma.- dijo apretando los puños dolorosamente.- Ha sido un error venir aquí, supongo que usted es más sabio que yo.-se giró hacia la puerta.

-Elizabeth, detente.- le dijo apartándose del ventanal donde seguía apoyado.

-¡No, para que!, ¿para que pueda seguir tratándome como si no fuera más que una insignificante mosca revoloteando a su alrededor molestando con el incesante zumbido que intenta ignorar?- se giró y se paró tan súbitamente que casi se choca con él, no se había dado cuenta que había andando hasta ella. La cogió del brazo y la miró fijamente, se quedó conteniendo el aire, la miraba tan serio…

-Dime ahora mismo que te has tomado, ¿sabe Jane que has venido aquí en tu estado?- soltó el aire de una bocanada, eso era lo último que había esperado que le dijera, se había quedado pálida y al momento siguiente estaba roja de ira, tantas emociones se debatían en su interior que no sabía cuál tomaría el control, se quedó sin habla mirándole con incredulidad.

-¡Suéltame!- le dijo reaccionando al fin arrancando el brazo de su agarre y dando unos ligeros pasos atrás para no caerse del culo.- Como… como se atreve. ¡Es que todos en lo único que piensa es que Lizzy está siempre borracha y drogada!, ¡así siempre justifican todo en lo concerniente a ella! no me extraña que lo hiciera, si es como si todo el mundo fuera lo único que esperaba de ella. –tragó aire sin parpadear mirándole con tal odio que por un momento sintió miedo por un sentimiento tan malo y fuerte a la vez.- Por un momento sentí pena por usted, podía ver lo dolido que estaba, pero han debido ser imaginaciones mías, ¡es usted tan despreciable como cualquiera de esas personas que no hacen más que hablar de Lizzy como si no valiera nada! Esta mejor sin un padre que con alguien como usted, ya conseguí salir adelante sola con aquellas pocas personas que de verdad me querían y estaban allí para mí. Lo conseguiré de nuevo y entonces seré yo quien les haga tener que tragarse sus palabras y su desprecio y tengan que arrodillarse suplicándome perdón. –tomó aire y se intentó serenar.- Le desearía un buen día Señor Bennet, pero mentiría si lo hiciera.- se volvió a girar sin darle tiempo al hombre mayor a decir nada más y salió dando un portazo sin importarle lo que esas dos mujeres pensaran, ya que seguramente habían escuchado todos sus gritos conforme iba alzando más y más la voz, pero no iba a darles la satisfacción, a ninguna, de ver lo dolida y derrotada que se sentía para que luego se lo contaran a ese hombre al que tenía que llamar padre, así que con la cabeza bien alta fue hacia el ascensor para salir de ese odioso lugar.

Mientras bajaba por el ascensor se apoyó en la pared y se dijo que para tener un padre así, mejor no tener ninguno y seguir viviendo con los pocos (buenos) recuerdos que tenia del suyo.

Quiso llorar por lo sola que se sentía, siempre se había dado de joven independiente y solitaria, pero siempre tenía allí a sus amigos, sus hermanos (cuando no se comportaban como unos imbéciles los dos), el recuerdo de su padre, a James y su novio… No era consciente de lo que tenía y no lo había valorado en su totalidad hasta ahora. Esto, esto era totalmente diferente, estaba completa y totalmente sola, al menos tenía a Jane, una mujer, hermana, amiga que había llegado a querer en tan poco tiempo como si realmente fuera de su familia, ya no pudo contener las lágrimas y lloró a lagrima viva.

Para cuando llegó a recepción estaba más calmada, aunque tuviera los ojos rojos e hinchados no iba agachar la cabeza. Con los puños apretados se despidió de la recepcionista como si nada fuera de lo normal hubiera pasado, vio el brillo de regocijo en los ojos de la joven, como si estuviera celebrando lo que le hubiera dejado los ojos como dos tomates y disfrutara con ello, como si se lo mereciera, apretando más los puños puso su espalda lo más recta que pudo y salió como si fuera una reina. No iba a permitir que le destrozaran y se pensaran que iba a esconderse en su cueva como un animal herido para ir a curarse sus heridas. No iba a ser como Lizzy, no iba a dejar que esto le superara. Como bien dijo Nietzsche "Lo que no te mata, te hace más fuerte", ya había muerto una vez y aquí estaba ella, así que tenía incluso más fuerza y motivos para no permitir que nada ni nadie acabara con ella, ni siquiera el Señor Bennet, su padre.