NOTA: El preview a el final alternativo de Avatar a partir de la roca, si arruinan algo lo corregiré aquí, homenaje a cierta película sobre cierta ciudad llena de cierto pecado basado en cierto comic. A los libros que ando leyendo (GRAX Ailiniel) y a una batalla que no me causo lo que según causa pero que es hartamente citable, con un toque de los cuentos perdidos de Tolkien. Oh si ando multihomenajeador hoy.

Las llamas finalmente se calman. Los maestros fuego de nuestro lado lo empiezan a dispersar. El humo toma mas tiempo. Me asusto por lo que vero sin duda, Ty Lee esta en el piso, inconciente, pero al acercarme logro ver sus perfectos pechos moviéndose para ver que respira. Jin esta de pie; sostiene las espadas firmemente sus puños escurren sangre, la mayoría no es suya. Tiene una extraña sonrisa en sus labios cuando me acerco.

-Lee.-Alcanzo a oir, pero no veo movimiento en su boca, y de hecho, mirando todo su cuerpo, noto que esta paralizado, (Sus pechos que no piden nada a Ty Lee están fijos, sus piernas, sus brazos demasiado firmes) Huele a carne quemada, hay tales señas en su espalda, su cabello extrañamente no ha sufrido mucho, aunque ha perdido el timido arreglo que tenía y ahora flota libre al viento. La pintura de su rostro se ha corrido un poco.

Cuando Ty Lee se levanta pesadamente las dos nos quedamos mirando concientes de lo que tenemos frente a nosotros.

-Jin, tanto quisiste probarle a Lee que podías igualar nuestra hazaña en este balcón?-No puedo evitar preguntarlo aunque se que jamás obtendré la respuesta.

Los ojos de Ty Lee se llenan de lagrimas. Yo bajo la cabeza.-Termino la batalla de la Roca Hirviente.-Digo en voz alta y orgullosa, cuando volteo a ver a los hombres que están postrados frente a Jin.

Yo no puedo entenderlo, no soy victima del folclor de mi pueblo, yo vi en la pintura de su rostro una imitación de la mascara de Zuko. Pero ellos, ellos vieron a su salvadora. Para ellos allí esta un Avatar de la Dama Pintada.

Ty Lee y yo nos alejamos, un poco de humo queda a los pies de Jin agregándole misticismo.

Un fantasma es ahora, para ellos siempre será un fantasma venido con el solo propósito de ayudarlos a salir. Ty Lee llama al guardia y la otra chica para que avancen. Muchos avanzan mirando a Jin aun de pie, firme como una roca.

Avanzan lentamente los que pasan mas cerca tocan las espadas se saben indignos de tocar la piel de la chica del Reino Tierra.

-Ty Lee.-En otra época a un Avatar de un Santo del mundo de los espíritus se le encerraría en una capa de piedra, o hielo. No tenemos ese lujo, dime que hacer.

Los ojos de Ty Lee aun están profundamente cristalinos.

-No lo se.-Contesta perdida en ella misma. Por alguna razón en ese momento encuentro la respuesta.

No deberíamos tomarnos tanto tiempo. Pero Ty Lee llama a los guardias mas fuertes. Arrastran un congelador no instalado. Y Ty Lee y yo colocamos cuidadosamente a Jin en el. Uno de ellos que es maestro fuego marca el piso con los signos, no los quiero leer ahora.

Llevamos el congelador bien sellado hasta el lago, pero lleno de algún químico para que el cuerpo se conserve un poco mas y para que pese suficiente para que se hunda.

Jin se pierde en el lago hirviente.

Y ya imagino las leyendas que habrá sobre la Dama Jin. Esta prisión será un lugar mas difícil en los días que vendrán.

Imagino como el grito de batalla se escuchara en cada tumulto.

Si esto sigue siendo una carcel por supuesto.

Si perdemos esta guerra, solo si la perdemos.

Si ganamos nadie volverá al lago.

Salvo Azula.

Solo ella, si sobrevive por supuesto.

Esos pensamientos me quedan hasta llegar a los barcos viejos en el circulo exterior.

Abordamos uno, los que hemos decidido pelear en el cometa. Esperando no llegar muy tarde.

Los otros pueden dispersarse.

Los que solo eran ladrones los que volverán a la cárcel eventualmente.

Mirando el cielo rojo en la nave de los traidores se muy bien que el camino no es suficientemente largo, un par de horas. Solo un par de horas guardo una de las agujas que Jin guardo para mi.

-Lee.-Resuena el nombre en mi mente. Aunque no pude haberlo escuchado. Y sin embargo lo escuche.

Golpeo la aguja contra la baranda y creo escuchar a Jin peleando de nuevo.

Y el sonido de sus espadas sonara por última vez en los salones del Palacio.