Bueno, para no hacer el cuento largo... he aqui otro capitulo... solamente he de decir... Lo siento! (baja la cabeza avergonzada y sonrojada) mi caracter Dobynnizado no me deja hacer mas... espero sepan perdonarme...
Saludos a mis hermanas del Club Slytherin Semper Perversis, a mi amiga Mary Yanzca y a Martina Malfoy Lestrange quien se une a mis locuras, las cuales me leen y no me abandonan... besos...
Disclaimer: Nada del universo Potteriano me pertenece, todo es de JK... y lo que sigue... aunque algunos personajes son de mi cabecita loca...
Vivan los Sly!
Enjoy!
DESCUBRIENDO VERDADES
La semana fue pasando lentamente. Lo que al principio fue una sensación constante por la novedad que representaba estar en un lugar desconocido, fue dando paso al más absoluto aburrimiento. Las clases se hacían cada vez más pesadas, como si los profesores gozaran de un extraño placer originado de esclavizar y torturar a los alumnos, en especial el profesor Snape, quien cada vez que podía, que era en cada clase, se ensañaba con los Gryffindor, en especial con el llamado "trío dorado" acarreando la atención de más de uno, incluida la de Altair.
Había sido una verdadera suerte que el haber coincidido en varias clases con su rubia amiga de Ravenclaw, con quien gustaba de sentarse a pesar de las miradas que le enviaban sus compañeros de casa, quienes no entendían cómo era posible que ella se dejara ver junto a la rara Lunática, muchas veces habían querido reclamarle por rebajarse al nivel de una traidora a la sangre, pero el recuerdo de las palabras no dichas de su Príncipe les hacía morderse la lengua y tragarse su veneno.
Pov Altair:
Luna caminaba, no, mejor dicho, saltaba junto a mí mientras hablaba y hablaba sobre sus criaturas mágicas. La verdad ella era muy entretenida y me caía muy bien, pero sinceramente a veces no le entendía nada, por lo que por quinta o sexta vez en el día desconecté mi cerebro hacia mejores pensamientos.
Sinceramente no entendía la actitud de Theodore hacia mí. Me ignoraba olímpicamente cuando pasaba a su lado entre clases, y cuando por las noches nos reuníamos todos en grupo, no dejaba de observarme de reojo mientras conversaba con Draco y Parkinson sobre mi vida en Salem. Mas de una vez le había sorprendido observándome fijamente, pero lo único que el hacía era voltear de inmediato hacia el tablero que tenía frente a sí, mientras Greengrass me miraba con rabia.
Ya me estaba cansando el jueguito de te veo y no, y decidí que iba a enfrentarle, después de todo, no iba a perder nada, aunque… bueno, si sería un golpe muy fuerte a mi ego si fueran solamente imaginaciones mías.
No quería reconocer mis sentimientos por él, porque lo que estaba sintiendo nunca antes lo había sentido, era como si cientos de mariposas bailaran en mi estómago, mi corazón saltaba cada vez que escuchaba su voz profunda, como si de un maratón se tratara, la sangre en mis venas ardía y mis piernas se convertían en masas temblorosas. En mi fuero interno, sabía que estaba irremediablemente enamorada de él.
De improviso, me sentí empujada hacia atrás, cerré los ojos y caí de espaldas, golpeándome la cabeza sobre el suelo, a mis oídos llegó el sonido de varias risas, mientras escuchaba la voz de Luna preguntar con preocupación sobre mi estado.
La inconciencia me estaba atrapando hasta que me vi levantada del suelo por una Luna tambaleante que apenas podía sostenernos en pie. Sentí un dolor agudo acudir a mi cabeza, mientras percibía un líquido caliente bajar por mi cuello. Traté de enfocar bien la vista hasta que ví a Mulciber y sus secuaces riéndose a todo pulmón de nosotras.
-Vaya, vaya, así que las traidoras a la sangre si se ayudan mutuamente, que cómico-dijo entre risas.
-Cual…-tragué saliva pesadamente- ¡¿Cuál es tu maldito problema, idiota?- dije llena de ira.
La vista se me nublaba a ratos y sentía cómo la magia en mi interior comenzaba a expandirse, suspiré lentamente mientras trataba de calmarme, pero la vista de la sangre que manaba de la sien derecha de Luna me distrajo de mi cometido y lentamente, la oscuridad en mi interior fue emanando, buscando las grietas que había construido a base de paciencia, como el dique de una presa que amenazaba con romperse y llevarse todo a su paso.
Estaba a punto de estallar, mientras sentía mis ojos nublarse y quien sabe que hubiera pasado cuando escuché las palabras que brotaron de la boca de esos idiotas.
-Se parece a la loca de Bellatrix Lestrange…-dijo Montesquieu burlándose.
-¡Cállate idiota!, ¿no sabes que es tía de Malfoy?- dijo Mulciber.
-¿De Malfoy? No lo sabía…-
-Sí… Bellatrix Lestrange y Narcissa Malfoy son hermanas… eso he escuchado- dijo otro de los idiotas amigos de Mulciber, un tal Crenshaw.
-Es cierto… aunque según mi madre, tuvieron la desgracia de emparentar con el tal Sirius Black, el asesino de los Potter…-
¿Han sentido alguna vez como si todo quedara en silencio de pronto?
¿Cómo si la vida frente a sus ojos perdiera sentido?
¿Cómo si el color, el olor, el tacto de las cosas desapareciera?
Eso mismo sentí cuando escuché las palabras de esa sarta de imbéciles. Mi cerebro trabajó a marchas forzadas liando las palabras y el significado detrás de éstas.
No sabía quién era Bellatrix Lestrange, pero si quien era Narcissa Malfoy, la madre de Draco, y si Bellatrix y Narcissa eran hermanas y ambas eran familiares de mi padre…
Draco Malfoy era… era…
¡Por la varita de Morgana!
Draco Malfoy era mi familia.
MI familia…
¡Por Circe bendita!
Sentí el escozor de las lágrimas en mis ojos, mientras un profundo sollozo brotaba de mi garganta sin poder detenerlo.
Por fin había encontrado la forma de recuperar mi vida, la parte de mí que gritaba con ansias poder encontrar. Ahora me daba cuenta el porqué de mi fascinación con Malfoy.
Draco era mi sangre. Mi familia. Era mi primo, mi hermano.
Las lágrimas brotaron como un río de mis ojos, sin poder detenerlas. Un nudo en mi garganta me hacía imposible respirar y las piernas me temblaban tanto que tuve que sostenerme de la pared.
La voz grave de Draco me sacó de mi ensueño, y la sonrisa de felicidad acudió a mi rostro cuando se acercó corriendo preocupado por mi estado.
-¿Altair que te pasó? ¿Estás bien?- dijo mientras pasaba sus manos por mis brazos y cabeza- ¡Por Merlín, estás sangrando! ¿Quién demonios…? Vamos a la enfermería-
-Luna…-dije débilmente.
-¿Qué…? Ah, si, la Lunát… digo Lovegood- suspiró- Blaise, tráela, ¿Puedes caminar?-
Hice el intento por hacerlo, pero me tambalee torpemente sobre mis piernas. Me cargó entre sus brazos, encaminándose hacia la enfermería, mientras yo intentaba con todas mis fuerzas no caer en la inconciencia, bizqueando para enfocar su rostro pálido y preocupado, concentrándome en la sensación de vuelo que sentía al ir entre sus brazos.
Llegamos prontamente a la enfermería, donde fuimos recostadas sobre blancas y mullidas camas, mientras Madame Pomfrey revoloteaba a nuestro alrededor curando nuestras heridas, las cuales se veían más escandalosas de lo que eran.
Draco se mantuvo a mi lado mientras la enfermera me revisaba, atento a cualquier cosa. Un sopor me invadió lentamente mientras mis ojos se cerraban, siendo los ojos grises de Draco, llenos de preocupación, lo último que ví antes de caer inconsciente.
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Narrador:
Después de algunas horas, la enfermera les permitió irse con la condición de descansar para que pudieran reponerse, y después de beber una poción de mal color y peor sabor, abandonaron la enfermería.
Draco le pidió a Blaise que llevara a Luna a su sala común, mientras él y Altair se dirigían a las mazmorras. Durante todo el camino permanecieron callados, hasta que al llegar frente a la entrada de la serpiente, la tomó del brazo y casi le obligó a decirle quien les había atacado. Altair no tuvo más remedio que decirle la verdad.
-Fue Mulciber y sus amigos…-dijo quedamente.
Nunca había visto refulgir los ojos de alguien de esa manera, con un brillo vengativo bailando en el fondo de sus ojos grisáceos, ligeramente más claros que los suyos. Le acompañó hasta uno de los sillones de la amplia sala de descanso de su Sala Común, sentándose a su lado en silencio.
Cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos, rodeados de un silencio que no era para nada incómodo, sino solamente el silencio que acompaña a dos personas que no necesitan decirse nada.
Altair pensaba en todo lo que había ocurrido y se sentía muy confundida. Ahora entendía el porque se sentía en constante conexión con el chico, y una nostalgia infinita le inundó pues le dolía mucho haberse perdido esa parte de su vida, en la que Draco habría podido acompañar sus primeros años. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, sin poder contenerlas, y aun menos pudo contener los sollozos que se escapaban de su garganta.
Draco, sorprendido, la acunó entre sus brazos mientras pensaba en el motivo de su llanto. Las lágrimas cayeron de sus ojos durante lo que parecieron horas, mientras un Draco totalmente inútil solamente atinaba a darle palmaditas en la espalda, sin saber que hacer que disminuyera el torrente de agua salina que fluía sin cesar de los hermosos ojos grisáceos de su compañera.
No alcanzaba a comprender que había sido lo que le había afectado en realidad, pues por más que pensaba, nada en lo que había pasado ameritaba que se pusiera asi. Había hablado con la Ravenclaw cuando Altair se había dormido y la conversación que habían tenido no apuntaba a alguna cosa que pudiera haberle hecho daño. Se sentía como un verdadero imbécil sin saber que hacer.
Maldecía internamente al estúpido de Mulciber por haber lastimado a la chica. Si, era cierto que no era nada conveniente para un Slytherin que los demás le vieran en compañía de una Ravenclaw, mucho menos si era la chica lunática y rara de la escuela. Pero Altair era una Slytherin de pies a cabeza y no debía ser tratada de otra forma.
Asi que mientras la chica mojaba con su llanto su pulcra túnica hasta quedarse dormida entre sus brazos, el maquinaba la mejor forma de vengarse de Mulciber y sus amigotes, de manera que nunca olvidara a quien debía sus lealtades, sin percatarse de la imagen que ofrecía sentado en medio de su Sala Común con la chica dormida entre sus brazos, mientras acariciaba su largo y suave cabello oscuro.
Y sin percatarse también que dos pares de ojos azulinos los observaban fijamente, ambos brillando bajo el fuego de los celos, aunque desde distintos lugares.
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Cuando Altair despertó, bien entrada la noche, se sintió desorientada al no saber donde se encontraba. Murmuró un "luminisce" (1) y con un movimiento suave de su mano derecha una pequeña bola de luz brilló en medio de la habitación. No pudo reconocer ninguno de los muebles que se encontraban alrededor de la amplia cama donde reposaba, pero el aroma inconfundible a menta le hizo comprender que estaba en la habitación de Draco.
Volteó a ver a ambos lados, buscando la figura del rubio, pero solamente encontró el vacío. Seguramente habría ido a algún lugar donde pudiera pensar claramente. Decidió buscarlo en su Sala Común, tal vez estuviera ahí.
Se envolvió en su túnica escolar mientras buscaba sus zapatos. Ya con la ropa compuesta se dirigió a la salida, bajando con cuidado los escalones que conducían a la Sala Común, donde el fuego verde que salía de la chimenea poco podía hacer para iluminar el lugar. Encontró una figura sentada en uno de los sillones, pero para su sorpresa no era a quien buscaba.
-¿Buscas a Malfoy?- inquirió la voz de Theodore Nott desde la semipenumbra.
-Si… ¿le has visto?-dijo un poco incómoda.
-Salió a caminar, probablemente esta en la torre de Astronomía-dijo secamente mientras se ponía de pie, encaminándose hacia las habitaciones de los varones.
-Gracias…-dijo quedamente, mientras la idea que le había estado rondando toda la tarde iluminaba su mente- Theodore…- le llamó, era ese el momento propicio para hablar con él.
-¿Si?- contestó el con brusquedad.
-Nada…-dijo ella, sintiéndose tonta por haber siquiera pensado que él sentiría algo por ella, por como la trataba, era seguro que la quería a millones de kilómetros de distancia.
-Buenas noches-
El castaño se dirigió hacia su habitación, mientras Altair sentía que algo dentro de su pecho se quebraba. Las lágrimas acudieron a sus ojos, pero como Slytherin que era, se obligó a contenerlas, mientras se dirigía hacia la entrada, dispuesta a buscar a Draco.
No se percató que escondido tras una pared, Theodore Nott maldecía su suerte y a Draco Malfoy, pues pensaba que Altair había sucumbido ante sus artimañas, y él, el había perdido sin siquiera comenzar a luchar.
Mientras tanto, Altair caminaba con sigilo por los oscuros pasillos del edificio, buscando hacer el menor ruido posible para evitar ser descubierta por el temible Filch y su gata. Llegó a las escaleras de la torre de Astronomía y comenzó a subir despacio, deseando encontrar a Draco y evitar dar más vueltas alrededor del castillo.
Lo encontró justamente donde había pensado. Recargado contra uno de los barandales de la torre de Astronomía, mientras fumaba un cigarrillo y las volutas de humo viajaban por el aire frío de esa noche cerrada, con el flequillo rubio ocultando sus atormentados ojos grises.
Sus pasos se dirigieron inexorablemente hasta su posición, tomando asiento junto a él en silencio. Los minutos pasaron lentamente, mientras respetaba el silencio del rubio. El aire estaba cargado de nostalgia y tristeza, como si la noche sintiera precisamente lo mismo que ellos cargaban en su alma.
Después de algunos minutos, finalmente se decidió a hablar.
-Draco, ¿Qué ocurre?-dijo, poniendo su pequeña mano sobre la pálida y enorme mano de él, tratando de trasmitirle consuelo.
Los minutos transcurrieron sin que ninguno de los dos dijera nada más. Cuando pasó el tiempo suficiente para saber que él no diría nada, Altair comenzó a ponerse de pie, entendiendo que el rubio no pensaba hablarle. Sin embargo, la fría mano de Draco la devolvió a su sitio, mientras él jugaba con los pequeños dedos de ella, en una clara muestra de nerviosismo, impropia en él.
-Hay… algunas cosas que me preocupan… pero… no se…- dijo él sin mirarla a los ojos, ocultando los suyos propios con su flequillo.
-Lo que sea que quieras decir… puedes confiar en mi Draco, no te defraudaré- le dijo con toda la seguridad brillando en sus ojos.
Malfoy le observó fijamente durante algunos segundos, evaluando el grado de sinceridad en sus palabras, hasta que finalmente se decidió a hablar. Las palabras brotaban a borbotones de su boca, y mientras hablaba el peso en sus hombros se hacía cada vez más pequeño. Los ojos de Altair se abrían más y más mientras escuchaba, y algunas lágrimas iban cayendo de sus ojos.
Realmente los sentimientos que cargaba en su interior eran bastante dolorosos, mientras el chico hablaba iba comprendiendo poco a poco el porqué de sus actos, dándose cuenta que no era más que un chiquillo que trataba de complacer a toda costa a su padre, que cargaba con el resentimiento que le producía el hecho de ser siempre el segundo después de Harry Potter, y que además, vivía día a día con la pesada carga de cumplir lo que como heredero de la familia Malfoy se le había impuesto como deber.
La soledad que escuchó como trasfondo en su voz le produjo una tristeza infinita, dándose cuenta que compartían la misma necesidad, necesidad de ser queridos y necesitados por otra persona que no fueran las que debían quererlos.
Y lloró, lloró entre los brazos de Draco Malfoy, hijo de Mortífago, sangre limpia, niño mimado y arrogante, pero que guardaba algo en su interior, algo limpio y puro que solamente le estaba mostrando a ella. Y deseó con todas sus fuerzas poder decirle, gritarle a todo pulmón quien era ella, y que jamás le dejaría solo.
Y la noche dio paso al día, sorprendiéndoles la mañana uno en brazos del otro, sintiendo ambos que un poquito de esperanza nacía dentro de sus corazones, y que las tinieblas de la soledad habían desaparecido.
(1) "Luminisce" es una variante del "Lumus", el cual no se puede aplicar en ella porque la varita esta "dentro" de ella, asi que aparece en forma de bola de luz que ilumina la habitación donde es conjurada.
Bueno, sin comentarios... solamente... espero que no sean muy duras conmigo... besos y nos vemos en el próximo.
Gracias mil por leer...
