Lazos de Odio

Katekyo Hitman Reborn © Akira Amano

Lazos de Odio© Violet Winspear


Capítulo 11:

Haru se sentía mareada, su cabeza comenzó a darle vueltas mientras atravesaban las puertas dobles en mitad del pasillo y las cerraba con el pie de un golpe seco.

Una habitación enorme, lujosa, y muy silenciosa. El único sonido era el de los latidos de su pecho.

Una amplia alfombra azul ahumado cubría el suelo como el reflejo del océano que se extendía al otro lado de los amplios ventanales. Los muebles eran pocos pero exquisitos seleccionadamente, y entre ellos destacaba el enorme lecho que parecía una invitación.

—Si no te importa, puedes dejarme en el suelo—dijo ella con una serenidad que no sentía—. Ahora ya no tenemos público.

—Debes estar agotada ¿No?

Haru no lo miro. En sus brazos era demasiado vulnerable.

— ¡No tanto! ¡Por favor, déjame de una vez!—repitió ella con rabia que le sirvió para ocultar su temor e incertidumbre que la embargaba cerca de él.

En lugar de responder, Tsuna se dirigió con ella en brazos lentamente hacia la cama. Está cubierta por una exquisita colcha de encaje hecha a mano y decorada con hermosos pétalos de rosas y otras flores exquisitas. En el centro, un único tulipán rojo esperaba la llegada de la novia.

—Como quieras, cara—musito cada palabra lenta cerca de su oído con una voz tan ronca que despertó temor en ella y un suave cosquilleo recorrió su cuerpo.

Tsuna la deposito sobre la cama, como una hermosa sirena en el océano de pasiones que desatarían en la cama.

Así que ya estaba en el santuario de mistero, la villa donde pasaría su luna de miel; esos días en que el romanticismos de descubrimientos que, a veces, llenaban de alegría y a otros, de desilusión para los recién casados enamorados.

Haru miro muy a su pesar sus ojos recorrieron la cama. Sus líneas modernas diseñadas para una ropa menos tradicional que el usual y conservador juego de sabanas de algodón y encaje que la cubrían. Quizás satén, pensó. Claras y suaves.

Miro al hombre delante tan implacable y con una mirada burlona brillo en los ojos de Tsuna, cuando ella no pudo controlar el impulso de mirar a otro sitio.

—Traída supongo de un harén, ¿No?—comento con desdén.

Su situación empeoraba a cada minuto.

Tsuna se quedó contemplando la puerta cerrada del cuarto de baño e intento relajar la tensión de los músculos. Las palmas de sus manos aun recordaban su forma femenina, y aun podía respirar su aroma fragante y tentadora. Pero debía aguantar, se sentía a punto de estallar.

¡Estaba excitado! Tanto que le dolía. Y la causante no era otra que su esposa, la mujer que pronto estaría dando suspiros de placer solo para él. Primero lo excito al sentirla en sus brazos tanto en el yate como ahora en la entrada en sus brazos, pero lo que le encanto aún más fue verla delante de él plantándole cara sin temor y descubrir su deseo en los destellos oscuros de sus ojos que descubriría pronto y la califico de magnifico.

Desde el primer momento lo había desafiado con su orgullo y la valentía de una reina amazona por su padre y tratar de zafarse de él, y a él en lugar de enfurecerlo lo excitaba aún más. Nunca había vivido una escena tan sexy.

Incluso el cabello negro cayéndole sobre los hombros, servía para realzar su belleza y esplendor, y para recordarle que bajo la usual indignación se hallaba escondida una sensualidad muy ardiente…Muy ardiente.

La oleada de atracción y deseo ascendía de forma exponencial, y aunque ella le odiara, él lo consideraba un reto…

Quito el brillo de sus labios con una servilleta para que no resaltaran mucho en sus labios para que no resaltaran mucho en su rostro pálido. Había quedado sola desde hacía tiempo y decidió descolgar su vestido claro con destellos plateados, debido a los hermosos bordados de piedras.

Metió los pies en el vestido y lo subió cubriendo su cuerpo y después cerro la cremallera oculta en un costado, donde pequeños broches destellantes en forma de flores, recogían su cabello en un moño alto y suave y, luego de un momento de dudas se colocó las joyas que uso el día de su boda…joyas que parecían lágrimas, pensó, acariciándolas.

Era el único recuerdo en ella de su boda, después de que Tsuna le había quitado la ropa en el yate y las llevaba esa noche, como si fuera el último respiro de su vida, como era.

Viper, la misma doncella que estaba en el Palazzo en Florencia, entro en la habitación con la taza de té que Haru ordeno. Ella misma había puesto un paquete de te ingles en la maleta, le pareció de buen gusto tanto como el japonés y también un pequeño paquete de chocolate, además sin su bebida favorita no podía sobrevivir dos semanas.

El chocolate le gustaba, pero la dejaba aun sedienta, y por eso prefería una buena taza de té. Acepto la taza humeante, expresando su agradecimiento en un murmullo.

Sabía que Viper, hablaba italiano e inglés, y quizás algún otro idioma… ¿Japonés? Así que si trataban de mejorar su relación sería mejor. Ella con anterioridad le había dicho que trabajaba para uno de los signores que Vivian en Sicilia, pero como regalo de bodas la atendería en las próximas semanas.

Estaba cubierta por una leve capucha que no ocultaba la belleza de sus ojos violetas y su cabello que combinaba con ellos de piel clara, una belleza innata en su cabello amarrado en un moño a un lado; llevaba un vestido con mangas blancas y un delantal blanco, escarolado.

Allí en el baño que parecía un hermoso salón de mármol entraba y salía mientras Haru se relajaba en la bañera, y tal vez lo hacía con intención de verla salir del agua, cubierta de burbujas aromáticas color melocotón.

Haru la había engañado. Pidiendo el té, sabiendo que tardaría en encontrar algún recipiente con té y prepararlo de forma adecuada. Sonrío mientras bebía el humeante líquido. Como estaba acostumbrada a trabajar, a bañarse y vestirse rápidamente, para alcanzar el autobús, cada mañana.

Noto que ella la miraba. Su vestido, como el resto de su guardarropa, tenía un corte perfecto, en un estilo y color que era acorde al tono de piel de Haru.

Disfruto de la libertad del baño. Tsuna le había informado que tenía un sauna y una piscina, y más allá el mar, donde sería bienvenida si deseaba reunirse con él, por las mañanas. Acariciando su vientre plano mientras hablaba, dando a entender que pretendía permanecer así.

—Tiene una hermosa ropa, signora—comento la joven mientras revisaba el armario y las telas crujían al mover los vestidos y trajes, casuales e informales. Volviéndose de nuevo para ver a Haru. Y sus violetas se entrecerraron, pensativos.

—Nadie, sabía que el Décimo se casaría. Fue una gran sorpresa para su madre—pronuncio la mujer cada palabra en su acento italiano, de forma deliberada, lo que parecía tener un doble sentido para Haru.

—Espero…que la señora Sawada no estuviera muy disgustada—contesto.

Viper encogió los hombros y aparto el arqueado cabello entre su cara.

—El Décimo es todo lo que tiene. Esa noche lloro, cuando recibió la noticia que traía el mensajero del yate para traer provisiones y la correspondencia a la isla.

— ¿Ah sí?—Haru revolvió su té con la pequeña cucharilla y deseo poder ver el futuro, como Kurokawa Hana. Y encontrar alguna esperanza en relación a este matrimonio que Tsunayoshi obligaba a aceptarlo, tanto a ella como a su madre.

—Siento que esa noticia le haiga causado un disgusto. Debió haber sido inesperado, pero fue muy gentil conmigo en la iglesia. Tengo la impresión de que la signora Sawada es una buena mujer.

—Es una mujer muy italiana—comento Viper deliberadamente.

—Eso quiere decir que prefería a que su hijo se casara con una italiana—observo Haru, esperando que sus rasgos estuvieran aún más calmados que sus sentimientos, los cuales trataba de mantenerlos en quietud todo el día—Entiendo que como se siente la signora Sawada. Se enteró de la noticia de forma muy brusca.

Ahora sabia y deseaba ardientemente no haber juzgado antes a Tsuna durante su entrevista en el club, cuando el incesante ruido de la lluvia había alterado sus nervios, tensa desde que su padre le había informado sobre lo que hacía en el club, hundiéndose cada vez más en su deuda, al tratar de recuperar lo que perdió, hasta que el fraude alcanzo tales dimensiones, que ya no podía seguir alterando las cifras.

Recordaba también sus medicamentos, el médico le había pedido que mantuviera su medicación para la amnesia y que evitara los momentos de estrés sin forzar a los recuerdos…¡¿Pero que podía ahora recordar?! ¡Los recuerdos la golpeaban desde que conoció a Sawada Tsunayoshi!

El estrés de salvar a su padre de un arresto "Injusto" y el pago de una deuda para ayudarle a escapar…Su padre estaba tan seguro de que le arrestarían, suplicándole a ella que detuviera la furia tan implacable de Tsuna.

Haru miro su mano derecha, donde brillaba el anillo; era tan nuevo y esplendido, como si solo estuviera para exhibirse y recordarle siempre que estaba casada.

Pero a cada instante desde el barco, desde conocerle aún más sus recuerdos desde el incidente venían nuevamente una y otra vez; tal vez podría…

La voz de viper interrumpió sus pensamientos.

—Sabemos que en Inglaterra las personas se casan sin que la duración del compromiso dure mucho.

—Si—Haru miro a la domestica y, de pronto entendió lo que trataba de decir…Tsuna era un Italiano rico, codiciado por muchas mujeres como esposo para vivir bien. Tener hermosas ropas, sin mencionar las costosas joyas que podrían adornarla.

La suposición que poco a poco se tornó en una verdad provoco que la ira iluminara sus ojos, que brillaron como las estrellas; una respuesta con tantas palabras llenas de ira le hacían temblar sus labios, cuando se abrieron las puertas de la habitación y apareció Tsuna, un poco más alto que ella e imponente con un traje de etiqueta, una camisa reluciendo y acentuando su tez bronceada a pesar de su piel clara.

—Vine por ti para ir a cenar, cara…Ah, veo que ya estas vestida y lista.

Sus ojos examinaron su cabello negro brillante hasta las puntas de sus zapatos, asomándose bajo el claro vestido.

—Esta esplendida—le tendió una mano—. Pareces una hermosa y galante diosa, cara.

La ira que crecía había animado a Haru. Se dio cuenta de eso al cruzar la habitación para reunirse con Tsuna. Las piedras de su vestido lanzaban destellos, al bajar por las escaleras a su lado, sintió un leve temblor en su cuerpo y piernas.

Sin duda, Viper había servido a la signora Sawada y quizás se había acostumbrado a servirle, pero Haru no veía sentido para que estuviera con ella. No deseaba ganarse como enemiga a Viper, pero tenía que darle a entender que no quería que fuera su doncella personal.

Era verdad que Haru había crecido en un hogar donde no consentía la servidumbre y que era ganado por esfuerzo propio.

—Tsuna—dijo—, no necesito una doncella. ¿Por qué no le das unas vacaciones a Viper, para que regrese a Sicilia?

—Eso ofendería a uno de mis invitados—la miro con un brillo de sorna y curiosidad, deteniéndose junto a la entrada del pasillo, sobre la que pendía una enorme lámpara que iluminaba el lugar—. Viper es un regalo de un amigo para servirte y, como puedo verlo en tu leve apariencia, lo hice muy bien.

—Yo me vestí sola—espeto secamente—. No necesito una doncella y, además…

El frunció el ceño cuando Haru se quedo en silencio, mientras se mordía el labio inferior

—¿Te ha dicho algo fuera de lugar?—pregunto Tsuna.

—No me gustan los chismes—Haru irguió la barbilla, y un estremecimiento de ira resplandeció en sus ojos—. Tus empleados piensan que me ha casado contigo por tu fortuna. ¡Si vieran la verdad!

—¿Era eso?—comento con burla—¡Que bajo ha caído mi orgullo! Yo había esperado que pensaran que te casaste conmigo por mis encantos.

—Tsuna, está bien que te lo tomes a broma, pero a mí no me gusta que me crean una caza fortuna.

—No importa porque te tomen, cara mía, tu hermosa apariencia compensa cualquier molestia—tomo una de sus manos y la beso con suavidad sobre ella y levanto su mirada que emitía una sentencia: "Aquí termina esta conversación"—. Ven, cuando hayas cenado, te sentirás más relajada y darás menos importancia a lo que digan sobre nosotros.

—Viper me hablo del gran disgusto de tu madre cuando supo de nuestro matrimonio…

—Supongo, pero ella no es así— la llevo al elegante comedor—, pero viste la amabilidad que tuvo contigo en la iglesia, ¿No? Mi madre es japonesa, por lo tanto, una mujer que acepta el destino y los designios de Dios.

—Lo que ves ahora, Tsunayoshi, es lo que provocaste—replico—Estoy aquí porque así lo ordenaste, y tú lo sabes bien.

—Tal vez—Retiro una silla del respaldo alto de la mesa preparada exclusivamente para dos invitándola a sentarse. Le obedeció, Tsuna inclino la cabeza y rozo su rostro con los labios—. Tienes unas hermosas mejillas sonrosadas ¿Sabes?—su aliento tibio acaricio la piel de Haru; ella trato de aplacar los estremecimientos en su cuerpo, y mantener la calma observando fijamente un hermoso ramo de tulipanes, en el centro de la mesa— ¿No te gustan los halagos? Oh, si…ya recuerdo—sonrío y tomo asiento frente a ella; el arreglo floral no le impedía verla fijamente.

Ella hizo una mueca sonrojada y desviando la mirada.

—Parece que consideras que debes hacerlo—replico, en un susurro y distante—. Creo que tienes mucha práctica en eso de conquistar a las mujeres.

Sonrío, temía que se le soltara una carcajada.

— ¡Ah! ¿Eso es lo que hago, cara? Creí que me comportaba como cualquier hombre en su luna de miel.

Sintió las mejillas aun más calientes, y una vergüenza que le recorría el cuerpo, pero no se mostraba en su interior. No pudo evitar mirar a Tsuna; no había duda de que poseyera una presencia ineludible y una sobresaliente masculinidad a pesar de su tamaño. Dominaba las artes de lo sofisticado y sensual.

Nadie reconocería al perdedor del que otros se burlaban, y al que incluso cuestionaron por la pérdida de su padre. Haru trato de pensar en ese joven blanco de cabello castaño, pálido, de ojos castaños y tristes. Esta noche, era el hombre que estaba sentado mirándola posesivamente.

—Mañana podre enseñarte lo que hace de maravilloso a mistero—dijo—Hay muchas huellas de mis antepasados e invasores de los reinos sicilianos. En cada uno de nosotros hay rastros de razas y culturas olvidadas, si miras en eso, un momento.

Durante la cena, Tsunayoshi callaba y Haru agradeció literalmente su silencio. Se dio cuenta entonces de porque se le conocía como un excelente hombre de negocios y uno de los más brillantes.

El vino de color carmesí, hizo que Haru se sintiera más relajada. Reconocía que Tsuna lograba llenar su imaginación, aunque no sabía porque razón. Cuando terminaron el postre, un delicioso helado de chocolate mezclado con café y nueces tostadas, fueron a tomar el café a un salón claro que Haru no dejo de admirar.

Un suelo cubierto de una alfombra con algunas hojas y flores de primavera y en el techo, candiles de cristal en forma de campanas y frágiles flores. Los muebles de madera decorada en caoba y dorado, en tonos claros, sillones tapizados con terciopelo beis y cortinas de color blanco, cubriendo las ventanas por las que entraban un aroma muy familiar…

—Esto no puede ser…—murmuro—Estas flores no crecen en Sicilia ¿verdad?

—Ahora sí, cara—comento Tsuna—. Las mande a traer del jardín en Japón y se plantaron aquí, detrás de los arboles cerca de la ventana, para que el sol no las quemara desde la raíz. Parece que funciono ¿no?

Haru se volvió para verlo con sus ojos abiertos.

—¡Increíble!

—¿Porque?—Arqueo una ceja—.¿Tengo tan poca imaginación?

—Pues…esa es la impresión que das—se sentó de espaldas a el. El olor que aspiraba le recordaba a Japón y a las Nicocianas de Inglaterra, su perfil, curvo, se proyectaba en el respaldo alado del sillón.

—¿También te doy esa impresión esta noche?—pregunto.

Tenía las piernas estiradas sobre la alfombra de lino, con diseño de hojas y flores de distintos colores y formas; era una hermosa obra del arte del tejido.

Haru rehusó mirarlo aunque sentía los ojos de Tsuna esperando su atención.

—Es parte de tu personalidad…no serias Sawada Tsunayoshi si permitieras que tu corazón dominara tu razón.

—Así que, por fin tengo corazón ¿eh?

— ¿acaso no lo tenemos todos?—hizo un esfuerzo por sonar fría y desinteresada; aun deseaba conservar la apariencia fría que siempre había mantenido alejados a los amigos de su padre, alguno que otro joven alocado que no dejaba huella alguna en su corazón.

Después de todo aun faltaba parte de su memoria y eso aun la mantenía a raya de alguna relación, pero por extraño que pareciera había sido libre mientras trabajaba o arreglaba las pequeñas flores de sus materas. Ningún joven la inquietaba…a diferencia del hombre siciliano y de tez clara semi-bronceada que la había hecho su propiedad, en esa iglesia de Florencia, donde los adornos y los hermosos contrastes del lugar con el aroma alucinante de algún tipo de flor, la perturbaban.

La ceremonia de su matrimonio, aun estaba recién en su cabeza; no siquiera el aroma de las flores la había hecho olvidar…flores que habían crecido aquí en esta isla misteriosa italiana, donde estaba aislada, a pesar de los que trabajaban en la propiedad. Para ellos, ella era extraña y ajena a todo esto…una mujer fría y luchadora que debía caer rendida y derretida en los brazos fuertes y en la piel de su signor.

De pronto se dio cuenta de que él había cruzado la habitación y estaba de pie detrás suyo. Tenía la agilidad casi silenciosa de los felinos; quizás había aprendido durante su trabajo en Italia durante su juventud dura e insaciable de dolor.

Se puso tensa mientras el acariciaba su cuello y toco las joyas con los dedos.

—Me alegro de que las lleves puestas esta noche—se inclino sobre ella y su aliento rozar su cuello hizo flotar su cabello—. Me recuerdan tu belleza, esta mañana, en la iglesia, ¿Sientes que eres una esposa, primavera?

El pulso en su cuello latió más rápido bajo la presión de sus manos…la posesividad de un marido.

—No hagas eso—llena de pánico, Haru se puso de pie rápidamente y se aparto de el, como si estuviese amenazada. Sus ojos abiertos y dilatados, llenas de una sombra, una sombra de amenaza que proyectaba Tsunayoshi.

—¿Me estás diciendo que no me acerque a ti?—Hablo con un poco de decepción, y permaneció allí, callado, desilusionado, con la mirada fija en el rostro pálido tanto como las perlas del collar—. Vamos, Haru, ¿No es demasiado pedir para un recién casado?

—Tú sabes lo que siento por ti—no suplicaría, no se humillaría, así que hizo lo único que podía y eso era huir, cruzando las puertas que estaban abiertas para dejar entrar las brisas de la noche, donde la luna y el fuerte aroma de las flores bañaban el ambiente. Atravesó rápidamente la terraza, elevando la falda del vestido al bajar los escalones en dirección al jardín.

Sabía que no podía escapar, pero, por lo menos, demostrarle que podía resistirle que no quería estar cerca de el. Quizás, si tenía algo de orgullo, no la forzaría a aceptar su presencia.

Sin conocer el jardín, no sabía hacia donde ir y pronto encontró un hermoso patio, donde las pálidas sombras de estatuas y torres, se dibujaban entre los árboles. Parecía como si fuesen fantasmas merodeando el jardín y en otra ocasión se hubiese asustado un poco, o quizás estuviera más fascinada.

Se detuvo frente a una estatua de hombre, cuyo rostro había desaparecido en la penumbra de los siglos, y eso permitió que Tsuna la alcanzara; lanzo un grito ahogado cuando sus manos se posaron sobre sus hombros y la hizo girar para mirarlo. Los rayos de la luna iluminaban el azabache de cabello, haciendo más pálida su piel; allí estuvo atrapada entre sus manos, esperando que hiciera lo que deseaba entre las piedras frías y endebles estatuas.

Sus dedos se apretaron como si leyera sus ojos.

— ¿Me odias tanto?—pregunto—. Puedo entenderlo, pero no tengo la intención de pasar mi noche de bodas en una cama solitaria. Este es un derecho, un privilegio de un esposo, las noches de soledad se terminaron y aquí, viéndote a la luz de la luna, tus ojos son un libro que puedo ver y tus labios una fuente de agua de la que deseo beber. Ven, amore, ven a mis brazos y seamos uno. Olvídate de todo y solo se mía.

Olvidar… ¿Acaso no había perdido parte de sus recuerdos y este hombre le había comprado, era parte de sus posesiones, igual que esta isla y su hogar, resguardada entre el jardín resguardado y soleado?

Un suspiro surgió en su garganta, ahogando un grito cuando Tsuna la tomo en sus brazos, cruzando el jardín y subiendo las escaleras; no era una estatua de piedra, sino un ser humano, lleno de una atracción apasionada, tibio, fuerte y determinado.

Deseo luchar contra él, pero era muy fuerte y aunque sus intentos parecieran vanos ella seguiría intentándolo, Tsuna le rozo la boca. Fue un beso lento, intenso y provocador. Una caricia maestra que, mezclada con su masculino aroma inundo sus sentidos, envolviéndola en una confusa nube de rabia y deseo.

Abrió los ojos al sentir el placer de su caricia; una chispa de instinto primitivo femenino, una oleada de placer le hizo arder la sangre. Desconociéndose inmediatamente aplasto la sensación, ignorando el crepitar de un inesperado placer al sentir las palmas masculinas en la cintura.

Con desesperación trato de apartarse, pero todos sus esfuerzos eran en vano. Esa intimidad compartida con Tsuna negaba todos sus sentidos por completo los sentidos hasta hacerla perder el sentido de donde estaba excepto el calor que emanaba de su cuerpo fuerte y potente y la corriente del deseo que amenazaba arrastrarla finalmente con ella.

Por fin el levanto la cabeza y ella miro perpleja a Tsuna. No había esperado que la besara, y que este le afectara tan profundamente. ¿Cómo podía haber reaccionado así a un hombre por el que solo sentía repulsión?

Sus ojos ámbar la estudiaban a su vez, sujetando con delicadeza su barbilla con una de sus manos al dejarla en el suelo.

—Ya tendrás mucho tiempo de mirar, cara—le susurro con voz ronca.

A Haru se le cayó el alma a los pies. Las palabras de Tsuna le hicieron darse cuenta de que ya no había vuelta atrás.

Al instante, tomo su rostro con sus manos y acaricio su labio con el pulgar, presionando para obligarla a separar los labios. Aterrorizada, Haru lo miro a los ojos, tratando de buscar un escape, pero en vez de eso sintió el sabor salado de su piel masculina en su labio inferior, que entreabrió bajo la presión del dedo.

Haru vio el destello ámbar en los ojos masculinos que no eran distantes e indiferentes sino febriles, llenos de un deseo y una urgencia incapaz de ocultar. Y en seguida lo vio bajar la cabeza, y acercarse más a ella, hasta rozar su pecho con el suyo.

—Tu me das este derecho al mirarme así, cara—respondió el en un susurro, con voz ronca y suave.

— ¡Basta!—espeto ella temblorosa—Entérate de una vez ¡que no te quiero cerca de mí!

El no pareció inmutarse y no se movió ni un centímetro, tocando su rostro y al ver el pulso que latía en la garganta junto a su agitada respiracion. Muy a su pesar, los ojos de Haru recorrieron la cama. Líneas modernas diseñadas para una ropa de cama menos tradicional que el algodón tradicional y encaje que la cubrían. Satén, pensó. Claras. La imagen de Tsunayoshi desnudo sobre la tela negra apareció ante sus ojos con una nitidez que… ¿Qué le estaba pasando? Se sintió extraña y desconocida, trato de apartar el rostro de sus manos pero este la agarro del delicado mentón y le hizo mirarlo.

Un maremoto de deseos ocultos y emociones la embargaban rápidamente. Haru respiro hondamente y deseo no haberlo hecho. Olía a una fragancia de campos, una sutil colonia un hombre vivo y seductor y tuvo que dar un paso atrás pero Tsunayoshi la mantuvo cerca.

Haru sintió con más fuerza sus latidos, por primera vez desde que había llegado a la adolescencia, no tendría intimidad en su cuarto. Ahora Tsuna tenía todo el derecho de entrar y salir si lo deseaba. Podía mirarla, si quería. Podía…era su esposo.

Esta vez el volvió a tomarla con fuerza en un beso voraz que la llevo a una nueva tormenta de deseo y pasión incontrolable. Tsuna acallo sus protestas con los labios. La sorpresa la mantuvo inmóvil, pero cuando trato de reaccionar la había desarmado con una caricia lenta. La acaricio con los labios y con la lengua, y después deslizando una mano por la espalda la atrajo con firmeza contra su cuerpo.

Un estremecimiento surgió del cuerpo de Haru y bebió los besos que el le ofrecía, devolviéndolos con fervor y pasión desconocida en ella. Aquello era real y único. El cuerpo de Tsuna tan cerca del suyo. Su boca, un instrumento de placer. Haru tomo su mandíbula entre las manos y sintió un estremecimiento de el contra ella.

Los ojos de Haru lo miraban perpleja. Tenía los labios un poco hinchados y enrojecidos de sus besos, sus mejillas sonrosadas, una evidencia de la pasión que resguardaba aun a pesar de su odio.

—Haru…

Era un susurro cargado de sensuales promesas, una orden.

De repente ella estaba junto a el, más cerca quitándole las pajaritas de su traje con sus manos. Su cuerpo se tenso al verla, era un intenso torbellino que actuaba mientras levantaba la cabeza y el tomaba sus labios con sensual delicadeza. Sin embargo sentir sus manos desnudándolo lo excito aun mas. Con un gran esfuerzo la acaricio delicadamente y dejando que todo ocurriera con su tiempo.

Abrió su camisa deslizándola por los hombros. Bajando sus manos por su dorso desnudo, rozando su piel y tratando de contener una exclamación. Ardiendo como nunca y menos con tal delicadeza era una situación increíblemente excitante y su deseo se multiplico por mil, convirtiéndose en una fuerza explosiva impulsada por un hambre voraz. Lo único que importaba era que Haru era suya, era más primario y elemental, más que el deseo, era…

El terciopelo de la cintura era exquisitamente suave, pero no tanto como su piel. Mejor estaría desnuda.

Ella le planto un beso con la boca abierta en la garganta estremeciéndose. Haru deslizo sus manos por el pecho y rozo sus pezones con las uñas. Tsuna se sintió al borde de perder el control antes aquel inesperado cataclismo de sensaciones. Era una exquisita tortura y la dejo continuar mientras deslizaba la corredera por su espalda y ella desabrochaba el cinturón buscando la cremallera con dedos dubitativos.

Tsuna levanto una de sus manos desabrochando su cabello del moño alto y elegante, luego la observo a la luz de las lámparas, ella tenía una pureza casi hechizante, su piel junto a su cabello parecía mezclarse muy bien en su vestido, la mirada en sus ojos era la de una chica cuya experiencia y curiosidad era mínima, y ahora estaba a punto de enfrentar los misterios mas ocultos de la vida.

—De verdad eres hermosa, cara.

Tsuna no dejo de mirarla mientras ella caía rendida sentada en la cama e inclino y una a una quito las zapatillas, mientras las acariciaba besando los pies con sus labios suavemente. Lo había hechizado, era la única explicación. Cada vez le costaba pensar con claridad y luego inmovilizándola sobre la cama con una rodilla, mientras llevo una de sus manos por sus muslos.

Mientras el terciopelo de su vestido era levantado y luego cayó al suelo conteniendo la respiración. Bajo sus manos apoyándose en la cama contemplándola. Era perfecta. Su piel como la luz de la luna, pálida y luminosa, tanto que la deseaba tocar. Los senos firmes y turgentes, la cintura estrecha y delicada, las caderas se redondeaban en una erótica invitación.

Con los mechones negros lizos deslizandose por su pecho y regado sobre la cama, tenía el aspecto de una sirena, una Venus, un ángel.

Llevaba simple algodón, de color crema que contrastaba su piel blanca y hermosa.

—Mírame, Haru.

Ella levanto la cabeza. Los labios sensuales curvas rosáceas y su rostro sonrosado, con un brillo en sus ojos negros. A Tsuna le llevo un momento darse cuenta de que era la imagen del deseo. Que la tensión en la mandibula era un reto y a la vez una invitacion. Sus manos deslizándose aun mas hasta llegar a la comisura de sus nalgas atrayéndola mas a el.

Sintiendo su tibia piel y sus ardientes besos que dejaban un camino ardiente a su paso desde sus tobillos hasta su cabello, acariciando sus muslos mientras ella gemía el besaba uno a uno sus pechos…en los ojos y en su expresión había un destello febril, testimonio de su deseo ¿Estaba preparada para reconocer la fuerza de pasión que había entre ellos?

—Si…—musito en un suspiro ahogado.

Tsuna se estremeció al escucharla, incorporándose ya desnudo al igual que ella tendiéndose le beso el pelo y sus ojos cerrados, recorriendo con sus labios sus orejas mordisqueandolo.

Haru se agito inquieta debajo de el, cuando Tsuna deslizo sus dedos bajo su ropa interior y encontró la prueba de su deseo. Sin rendirse, busco el punto más sensible de su cuerpo y lo acaricio despacio con el dedo.

Ninguna mujer había reaccionado de forma tan enormemente erótica. Tan gratificante y excitante. Haru le sujeto su rostro con las manos y su cuerpo se arqueo hacia el con total abandono como si fuera lo único que daba sentido a su vida.

Haru dejo escapar un gemido de protesta cuando se echo hacia atrás un poco.

—Por favor—dijo en una sensual invitación.

—Paciencia, primavera—dijo besando su frente.

Deslizando la última parte de su ropa interior, jadeando de excitación. Tsuna bajo la cabeza y recorrió con la lengua los rastros de sus dedos, buscando hasta el más intimo de sus secretos. Se coloco el preservativo con urgencia, deslizando su ropa interior por las piernas y cuando ella volvió a mirarlo estaba jadeando de excitación. Ella se estremeció y, sin pensarlo, le sujeto la cabeza con las manos para luego relajarse y abandonarse por completo.

Quería odiar lo que le hacía y despreciarse por sentir la dulce y agobiante necesidad de abandonarse a la voluntad de Tsuna.

Miro sus ojos cuando quedo en el aire, sus ojos ambar la cautivaban y sus caricias la dejaban inmovilizada a su voluntad y después besándola ahogando así un gemido involuntario pudo solo ver una cosa: "No volveré a ser yo misma…Tsuna me ha hecho suya"

—Mírame—susurro el.

Su peso sobre ella, aun mas su respiración agitada.

El empujo hacia adelante, tenso y la penetro.

Tan intensa fue la sensación que luego permaneció tendida entre sus brazos, sentir como la llenaba y la sensación la dejo sin aliento. Le clavo las uñas en la espalda mientras entraba y salía, cada vez más profundamente. Siguiendo su ritmo, y haciendo que su deseo fuera aun mayor. Hasta que le entrego todo el control de su cuerpo, y sintió que no podría soportar aquella sensación mucho mas.

Después, ella lo abrazo murmurando palabras de amor y deseo.

Tsunayoshi no se durmió sino hasta el amanecer, que se asomo suave y fresco a través de las ventanas abiertas. Sus brazos y piernas en un enredo entre dos cuerpos la lleno de calidez.

Haru, escucho la respiración de Tsuna, sintiendo algunos de sus movimientos en sus sueños. Tocaba su piel tibia, aun curiosa por conocer aun más aquel cuerpo atlético y semi-bronceado que la había llevado a la cima del placer antes de la dolorosa posesión. Despertando en ella un extraño y agradable calor en todo su ser, a pesar de haber sido virgen ahora no importaba…

Una suave sonrisa se dibujo en sus labios, cerrando sus parpados cayendo dormida entre los brazos que la rodeaban atándola a el. Ahora era parte de Sawada Tsunayoshi, y lo que era suyo lo resguardaba, con tenacidad capaz de proteger con su vida lo que había forjado con esfuerzo y dedicación.

Y ahora ella, era suya…


Ciao a todos! Bueno aquí está el capítulo de Lazos de odio pues me ha costado tiempo por la pérdida de mi memoria portable y más toco desde cero, pero espero os guste y bueno sed pacientes con cada historia…

Primero pensé en terminar esta historia, y comenzar con las otras ya que he tenido problemas de encontrar la memoria en mi casa.