El sonido del viento al sacudir los árboles y el frio le indicaron que aún era de noche cuando despertó. Podía oler el polvo y la humedad en el aire pero su cabeza palpitaba con el solo hecho de pensar en abrir los ojos.
- Oye, parece que nuestra bella durmiente ha despertado – dijo la misma voz femenina que había escuchado justo antes de perder el conocimiento.
Dean logró abrir lentamente los ojos agradeciendo la luz mortecina que apenas iluminaba el lugar. Notó que se encontraba en una especie de apestoso granero y que los rostros de un hombre y una mujer se hallaban inclinados muy cerca del suyo. Intentó moverse mas se dio cuenta de que sus manos y pies estaban atados a la misma silla en la que estaba sentado.
- Qué demonios ¿Quiénes son ustedes? – intentó en vano no sonar aterrado.
- ¿No lo sabes? ¿Acaso Papi no te ha hablado de nosotros? – la mujer que aparentaba unos cuarenta años le sonrió, enseñándole un par de largos y afilados dientes brotando de sus encías.
- ¡Vampiros! – gritó sintiendo el pánico crecer.
- Pero mírate, si estás a punto de hacerte pis en tus pantalones, pensaba que Sam Winchester al ser el hijo de un cazador sería un poco más valiente.
Entonces se dio cuenta de que la razón por la que estaba allí era debido a que los vampiros le habían confundido con Sam, sin embargo no intentó corregirles.
- Oye Kim ¿estás segura de que este chico es Sam Winchester?- dijo el otro vampiro cuya presencia apenas era notoria al lado de la mujer, levantando la barbilla de Dean con sus fríos dedos.
- Dudo que alguien más viva en este maldito lugar ¿Quién más iba a ser este chico sino Sam Winchester?
- Los Winchester son famosos por ser unos cazadores temibles. Por lo que he oído, incluso el chico a su corta edad ha logrado asesinar por lo menos a una docena de los nuestros, y mira esto, este chico está temblando de miedo.
Kim pareció reflexionar unos instantes y luego volvió su cabeza hacia Dean.
- Dinos quien eres, muchacho, y tal vez tengamos compasión de ti.
- ….
- ¡Maldita sea! ¿¡Cuál es tu puto nombre!? – gritó la mujer tirando con fuerza de los cortos cabellos del chico.
- ….
- Comételo Martin.
Entonces le empujó en dirección al otro vampiro, quien lo atrapó ágilmente antes de caer al suelo.
- Dean, mi nombre es Dean – respondió al fin, al sentir los colmillos del hombre tan cerca de su cuello.
- Dean – repitió el otro, pensativo – el hijo de Bobby Singer ¿verdad?
- ….
- Seguro nos será igual de útil que el Winchester.
- ¿Entonces lo dejarán? –preguntó Dean.
- Sólo si no interfiere.
- ¿Qué quieren de mí?
- ¿De ti? Nada – dijo la mujer con tono burlón – sólo eres mercancía intercambiable.
- ¿Tienes su teléfono? – preguntó el vampiro a su compañera – llama a Bobby Singer.
Kim obedeció sin preámbulo.
- Dean ¿está todo bien? Ahora mismo estoy ocupado – se escuchó la respuesta al otro lado de la línea.
- ¿Y se puede saber qué te tiene tan ocupado, Papi? – respondió Kim con una sonrisa satisfecha.
- ¿Quién habla? ¿Qué le has hecho a Dean?
- No te preocupes, tu chico está bien. Por ahora – Bobby suspiró lleno de alivio.
- ¿Qué quieres?
- Sabes perfectamente qué es lo que quiero. Si traes el Colt antes de la media noche, te devolveré a tu hijo en una pieza, de no ser así ya sabes lo que pasará, entonces ¿tenemos un trato?
- ¿Cómo sé que Dean está en realidad contigo?
La mujer sonrió, enseñando sus sucios dientes y aun sosteniendo el móvil en la mano se acercó al chico atado a la silla.
- Dean, cariño, Papi quiere hablarte –dijo acercando el móvil a sus labios, pero el adolescente ni siquiera mostro señales de querer hablar- Habla, chico, no tengo todo el tiempo del mundo.
- ….
- ¡Te he dicho que hables! – le dio entonces una fuerte bofetada que le hizo maldecir y gemir de dolor.
- Ahí lo tienes – dijo la mujer satisfecha.
- ¡Dean! no te preocupes, todo va a estar bien, no permitiré que te haga daño ¿escuchaste?
- Bobby, estaré bien, no tienes que hacer lo que dicen.
- Suficiente, ya sabes que hacer –dijo la mujer al cazador antes de finalizar la llamada.
No teniendo más opción que esperar, los vampiros se dedicaron a vigilar al muchacho, caminando en círculos alrededor de la silla a la que estaba atado.
- ¿Para qué quieren el arma? – preguntó Dean, después de un largo silencio.
- ¿Desde cuando eres quien hace las preguntas?
- Ustedes fueron quienes me golpearon y me secuestraron, tengo derecho al menos a una pregunta ¿no?
- Te has vuelto muy valiente de repente, chico.
- Tal vez porque ahora sé que no pueden matarme.
- No estés tan seguro.
En realidad el corazón de Dean golpeaba fuertemente contra su pecho, sin embargo debía mantener distraídos a los vampiros mientras intentaba cortar la cuerda con la navaja que disimuladamente había logrado extraer de su pantalón.
- Si me matas no habrá trato y en lugar del revólver conseguirán sólo una bala en sus cráneos.
- Aún nos queda Sam.
- Cómo ha dicho ya tu amigo, Sam es un cazador temible, si ha matado a tantos de los suyos no tendrá problema con unos cuantos más.
- Sobreestimas a tu amigo, Dean, no olvides que Sam no es un superhéroe, es sólo un adolescente.
- Creo que son ustedes quienes le subestiman.
La mujer estaba a punto de refutar cuando una explosión se escuchó a lo lejos. Ambos vampiros inmediatamente se pusieron alerta y Dean sintió que su corazón saltaría fuera de su pecho.
- Parece que han llegado y no muy dispuestos a negociar, Martin ve a ver qué sucede y si se ponen agresivos no dudes en matarlos.
El otro vampiro se marchó en dirección a donde se había escuchado aquella explosión. Al parecer Bobby no había tardado mucho, pero ¿por qué habría de hacer una entrada tan ruidosa? Seguramente debía tratarse de una trampa para los vampiros. Dean nunca había sido creyente pero en silencio rezó para que todo saliera bien.
La mujer permaneció alerta con la mirada fija en la enorme puerta del granero, afuera no se escuchaba ningún ruido y eso era lo suficientemente alarmante. Dean había logrado ya cortar la cuerda que ataba sus manos, sin embargo aún faltaban sus pies por desatar. No era posible cortar la cuerda sin que la mujer se diese cuenta, tendría que distraerla o hacer que se acercase lo suficiente como para atacarla, quizá si la apuñalaba en un ojo provocaría el daño suficiente para mantenerla fuera de combate por unos segundos.
- Tu amigo está tardado – comenzó Dean – deberías ir a comprobar que su cabeza siga unida a su cuello.
- ¿Y dejarte solo? ¿Crees que soy tan tonta?
- ¿Enserio quieres que responda?
Y allí estaba la reacción esperada, mucho más fácil y pronto de lo que Dean había esperado.
- Escucha bien, niño – la mujer se dio la vuelta hacia Dean, tirando fuertemente de su cabello, obligándole a mirarla – ahora que tu papi ha roto el trato, no hay nada que me impida matarte ¿sabes?
- ¿Entonces por qué no lo has hecho ya?
- Tú lo has pedido.
Kim enseñó sus feos colmillos y se abalanzó sobre el cuello de Dean, el chico pudo sentir como sus colmillos se clavaban en su piel como cientos de agujas y la extraña sensación de la succión y la pérdida de sangre. Sintió la navaja deslizarse de sus manos, sin fuerzas o quizá sin valor para atacar, no podía saberlo, sin embargo no pasó mucho tiempo hasta que otra explosión volvió a escucharse a lo lejos.
- No te muevas, no iré muy lejos – la mujer se limpió los restos de sangre con el dorso de la mano y se alejó, sabiendo que afuera algo marchaba mal.
Dean suspiró aliviado al no sentir más la extraña sensación de que su vida estaba siendo succionada y se inclinó para desatar sus piernas tratando de ignorar el mareo y la visión aun borrosa.
- Dean – escuchó que alguien susurró su nombre desde la puerta, así que levantó el rostro para encontrar aquellos pequeños ojos avellana mirándole llenos de preocupación.
- ¡Sam! ¿estás loco? ¡qué demonios haces aquí! – exclamó en voz baja.
- Qué crees que estoy haciendo, Dean, date prisa y vámonos.
Dean se debatía entre sentirse aliviado o enfadado, puesto que era demasiado arriesgado para Sam presentarse solo ante un par de vampiros que idiotas o no, seguían siendo peligrosos, aun así no había tiempo para decir nada al respecto por lo que reunió todas las fuerzas que le quedaban para correr hacia él. Sam, le tomó de la mano para guiarlo silenciosamente hacia la salida mientas que Dean se aferraba fuertemente al otro, intentando seguir sus ágiles pasos, procurando callar sus fuertes jadeos, pensando que en definitiva se hallaba fuera de forma, pues tan sólo había perdido un poco de sangre y ya su cuerpo sentía las consecuencias.
Por otro lado, Sam, luchaba contra el impulso de inspeccionar el cuerpo de su amigo y cerciorarse de que se encontrara bien, puesto que se veía pálido y agotado. Probablemente el otro no fuese consiente pero Sam podía ver la sangre seca en su cien izquierda, la mejilla levemente magullada y una enorme marca de mordida en su pálido cuello y se preguntó cuanta sangre habría perdido. Sin embargo tendría que esperar, puesto que los vampiros poco tardarían en notar que su rehén había escapado y considerando sus sentidos sobrehumanos del oído, la vista y el olfato, no tardarían en encontrarlos.
Ambos corrían tan rápido como sus piernas se lo permitían, ocultos entre los árboles, viendo el sucio y abandonado granero desaparecer a lo lejos, pero de pronto, Sam se detuvo en seco, haciendo que Dean casi chocara con su espalda. El rubio se congeló cuando vio la razón por la cual el otro se había detenido.
- ¿En serio pensaron que podrían escapar? ¿no son adorables? – allí estaba Kim en frente de Sam, con su molesto tono de voz – pensaba que era Bobby Singer quien había roto el trato, pero mira, resulta que sólo es un niño que no sabe apreciar su miserable y corta vida.
- Era a mí a quien querían desde un principio – comenzó Sam – así que si dejan ir a Dean, les prometo que me quedaré, sin trucos ni trampas, sólo me quedaré.
- Lo siento Sammy, pero ahora no puedo dejar que ninguno de los dos escape.
- ¡Sam!
Sam sintió como un par de manos fuertes apartaban a Dean de su lado. Ahora Martin aprisionaba a Dean entre sus brazos.
- ¡Dean! –gritó, intentando correr en su rescate, pero Kim aprovechó la oportunidad para atrapar también a Sam.
- Lo siento muchacho, pero me temo que es demasiado arriesgado dejarte con vida, sabemos de lo que son capaz los Wínchester.
Dicho esto clavó sus afilados dientes en la delicada piel de Sam y comenzó a succionar su sangre tan rápido como su hambre se lo pedía.
- ¡Sam!… ¡déjalo en paz, maldita bruja! Prometiste que no le harías daño – gritó Dean en la desesperación, sintiéndose impotente en los brazos del vampiro.
Pero Kim ni siquiera apartó la cara del cuello de Sam, saboreando lo dulce de su sangre. Los brazos de Sam pronto se volvieron flácidos en su agarre y su respiración se tornó rápida e irregular, pareciera que el Winchester estuviera perdiendo el conocimiento pero en realidad podía sentir claramente el dolor palpitante en su cuello y su cabeza debido a la rapidez con que la sangre abandonaba su cuerpo y podía también escuchar los gritos desesperados de Dean y el miedo en su voz.
- Deja de moverte, chico, no me obligues a hacerte lo mismo que a tu amigo – Sam escuchó decir al otro vampiro mientras intentaba difícilmente lidiar con los movimientos de Dean.
Entonces vio la oportunidad. Ambos vampiros estaban distraídos, así que sacó el machete que llevaba oculto entre sus pantalones. Al sentir a Sam volver a moverse entre sus brazos, la mujer apartó sus labios de su piel para ver lo que le sucedía, encontrándose con el filo del machete atravesando su propio cuello.
Dean continuó sacudiéndose violentamente, pensando que perdería a Sam mientras que él se encontraba impotente en manos de los vampiros, incapaz de protegerlo, y todo sería su culpa. Sin embargo, sus movimientos se detuvieron al ver lleno de horror como la cabeza de la mujer rodaba hasta sus pies y ahora Sam sostenía un machete ensangrentado en sus manos, con su pálido rostro salpicado de sangre, respirando con dificultad y apenas sosteniéndose en pie.
- ¡Dean! ¡hazlo! – Sam gritó, lanzándole el arma.
Dean, atrapó el arma en el aire y levantó su brazo tembloroso para acabar con el trabajo, pero no podía ignorar el hecho de que la cabeza de Kim se hallaba descansando junto a sus botas y su cuerpo sin vida, cubierto de sangre yacía a un par de metros a los pies de Sam. Quería poder ver sólo al par de vampiros que le habían secuestrado y que estuvieron a punto de matar a Sam, pero por alguna razón sólo pudo ver el cuerpo inerte y despedazado de su madre en su lugar. Su cerebro insistía en reproducir la imagen del asesinato de sus padres que había presenciado años atrás y que le había quitado el habla por la mitad de lo que llevaba de vida.
-¡Maldición, Dean! ¡Reacciona! – gritó Sam llenándose de pánico al ver que Dean se había quedado congelado, con sólo el terror reflejándose en sus ojos verdes.
Ambos sintieron aún más terror cuando el vampiro arrebató fácilmente el arma de las manos de Dean y la levantó a la altura de su cabeza.
¡No! ¡Dean! – Sam intentó correr en su ayuda, esperando poder llegar a tiempo para salvarlo, mas se detuvo abruptamente ante el sonido de un fuerte disparo. El chico por reflejo cerró los ojos y se cubrió la cabeza con los brazos y por unos largos segundos no volvió a escuchar nada más.
Por un momento todo se llenó una inquietante calma, hasta que Sam volvió a abrir los ojos, sorprendiéndose al ver el cuerpo del vampiro sin vida en el suelo con una bala entre sus ojos.
- Parece que el colt es auténtico después de todo – Sam se dio la vuelta para ver a su padre sosteniendo el revólver en sus manos y aun apuntando a la cabeza del vampiro.
- ¡Dean! ¿estás bien? Reacciona, muchacho – Bobby corrió en su dirección y le sacudió por los hombros.
- ¿Bobby? …estoy bien - dijo sonando aun aturdido.
- ¿Qué hay de ti, Sam? – el castaño asintió con la cabeza, aun incapaz de hablar.
- Vamos a casa, no es seguro aquí.
Los cuatro se dirigieron a la cabaña de John luego de quemar los cuerpos, Bobby caminaba adelante sosteniendo los hombros de Dean, preocupado por cómo estaría tomando la situación. Sam y John caminaban detrás sin decir una sola palabra. Sam quería hablar a su padre, decirle que lo sentía, que todo había sido su culpa en primer lugar, pero sabía por la rigidez en los hombros del mayor y su profundo ceño fruncido, que no era el mejor momento para hablarle.
- Dean ¿estás seguro de que no te sucede nada? – insistió de nuevo Bobby, al ver como su hijo no despegaba la mirada del suelo y no pronunciaba palabra alguna, justo como cuando era niño y recién lo había llevado a casa. John siempre le había amonestado por ser sobreprotector, pero él nunca podría comprender que luego de que Dean recuperara el habla, uno de sus más grandes temores desde entonces había sido que el chico regresara a su estado semi-catátonico.
- Estoy bien Bobby, en realidad estoy estupendo, acabo de ser secuestrado por un par de vampiros que estuvieron a punto de matarnos a Sam y a mí ¿por qué habría de sentirme mal? – respondió al fin con tono sarcástico.
Bobby en otras circunstancias se habría ofendido por el tono tan altanero que su hijo acababa de usar, pero se limitó a suspirar, aliviado de que al menos el chico aún conservara su voz. No podía pasar por alto la forma en que el miedo se había reflejado en su rostro cuando Sam le había ordenado cortarle la cabeza al vampiro, como su brazo temblaba en el aire incapaz de realizar su trabajo. Bobby lo sabía desde el principio, Dean no estaba listo aún para la caza y quizás nunca lo estaría.
- ¡Benny!
La voz de Dean le sacó de sus pensamientos. Reaccionó para ver como el chico corría hacia los brazos de un hombre rubio de unos treinta y tantos años, usando una gabardina negra, un hombre que nunca había visto en su vida, de hecho se sorprendió, puesto que Dean nunca había sido físicamente afectuoso, ni siquiera con él, que era su padre.
- Dean ¿estás bien? ¿qué fue lo que sucedió?
- ¿Y quién demonios es este? – preguntó Bobby con recelo.
Entonces Dean recordó la presencia de su padre y los Winchester tras su espalda y se separó de Benny intentando ocultar su sonrojo.
- Él es Benny Lafitte, es un profesor, Bobby…
- Eso no explica qué está haciendo aquí.
- Yo lo llamé - intervino Sam, aunque eso no quería decir que no se sentía tan molesto como Bobby o quizás aún más. En primer lugar Dean le había prometido que no volvería a buscar a Benny, y también estaba el hecho de que era él quien había rescatado a Dean, mientas que Benny era quien se llevaba los abrazos y la devoción del chico. Sabía que era un pensamiento estúpido e infantil pero no podía dejar de sentir celos.
- ¿y por qué lo has llamado a él en lugar de nosotros, Sam? - está vez fue su padre quién preguntó con suspicacia. Conocía a Sam y sabía cuándo mentía.
- Fue antes de saber que había sido secuestrado. Habíamos discutido y Dean se marchó enfadado, no podía encontrarlo así que llamé a Benny en busca de ayuda ya que pensé que tú te enfadarías.
- ¿Es eso cierto, Dean? – el chico asintió sin atreverse a mirar a ninguno de ellos a los ojos - creí haberte dicho que no salieras de la casa.
- Lo siento, señor.
- Papá, es mi culpa, fui yo quien dijo cosas que no debería.
- Vamos a discutir esto adentro ¿les parece? – intervino Bobby – gracias por venir, profesor, pero creo que ya no es necesaria su ayuda.
- No hay problema, me alegra saber que el asunto no pasó a mayores, cuídense chicos.
- Lo siento, Benny – susurró Dean mientras Benny se alejaba.
Una vez dentro los dos adultos tomaron asiento, cansados.
- ¿entonces que tienen para decir, muchachos? – comenzó John, cruzándose de brazos, aun con la tensión dibujada en su rostro y en sus hombros, moviendo la pierna insistentemente en espera de una explicación.
- No hay nada que explicar, señor Winchester – dijo Dean – Fui descuidado y las cosas salieron mal.
- Alguien pudo haber muerto esta noche, Dean.
- Lo sé… y lo siento.
- Chicos, vayan a su habitación, ha sido una noche larga y deben estar tan cansados como nosotros – Bobby interrumpió lo que pensó sería una larga discusión con el mayor de los Winchester – ocúpense de limpiar sus heridas ¿de acuerdo?
Ambos chicos asintieron y subieron en silencio a su habitación, reconociendo que ambos adultos necesitaban tiempo a solas para discutir entre ellos. Nuevamente Dean sintió la vergüenza y la culpa por los acontecimientos de la noche; había hecho que por poco Bobby y el padre de Sam perdieran el arma que tanto trabajo les había costado conseguir, casi había causado también la muerte de Sam o la suya propia y por si fuera poco estuvo a punto de meter a Benny en problemas con Bobby. No se suponía que debiera llamar a Benny, no cuando había prometido a Sam que no volvería a buscarlo. Eso sólo añadía un punto más a la lista de razones por las que Sam debería estar enfadado.
- Sammy…. Siento mucho lo que pasó hoy, de verdad – intentó Dean una vez entraron en la seguridad de la habitación, pero Sam no respondió, se dirigió a su armario para extraer su botiquín como si Dean no hubiese pronunciado palabra alguna.
Gracias por leer, les deseo una feliz navidad! =^.^=
