Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen. Son propiedad de Hajime Isayama.
— Capítulo 11 —
Para bien o para mal
La explosión que generó la ruptura de las puertas de la muralla Rose desató el pánico de los habitantes de Trost y de quienes vivían en las inmediaciones del muro, al otro lado del distrito. Un gran número de civiles y soldados perecieron producto de los escombros que arrojó la onda explosiva, con la potencia suficiente para llegar hasta la mitad del distrito, remeciéndolo todo. Rivaille había protegido a Eren con su capa, por un acto reflejo al ver la polvareda levantada generada por el estallido. Y en el momento que el humo y el polvo se disiparon, vieron a los rebeldes ingresar al distrito luego de volar la puerta con cañones diseñados especialmente para disparos de largo alcance y capaces de destrozar las puertas de las murallas pues estas eran sus puntos débiles; eran las únicas estructuras lo suficientemente vulnerables como para ser destruidas con un ataque certero y bien calculado.
Los soldados que sobrevivieron no dudaron en hacerles frente a los rebeldes que, en su mayoría, habían pertenecido alguna vez a la legión de reconocimiento. Y si bien se les conocían como traidores, ellos se impulsaban por un ideal, el cual era su necesidad por obtener un territorio libre de muros que el estado de María imponía con su terreno por mandato del rey. Las habilidades de estos soldados renegados eran sólidas y representaban una verdadera amenaza en combate y un riesgo para la tropa estacionaria y los pocos soldados de la legión de reconocimiento que, fieles a la corona, no dudaban en defender los tres estados con sus vidas.
Eren vio el caos generado tras el estallido de las puertas. Sus ojos se impregnaron de los cuerpos de quienes fallecieron y sus oídos fueron calados por los gritos desgarradores de quienes sobrevivieron, entregados al pánico. En su niñez le había tocado presenciar la cruda realidad de la guerra en Shiganshina, pero de eso poco era lo que recordaba; ahora, la realidad lo remecía violentamente.
Rivaille se levantó y observó la situación.
—¿Qué sucederá ahora? —se atrevió a preguntar Eren, levantándose de igual manera sin apartar la mirada de la muralla.
—Tú regresarás a María.
Eren se sobresaltó clavó sus ojos en Rivaille.
—Un momento, ¿qué quiere decir con eso?
—Es obvio —dijo Rivaille, embonando dos hojas de acero en los dispositivos de control de su equipo de maniobras—. Esos idiotas quieren llegar a María.
—¿Significa que no va a regresar conmigo?
—Los planes han cambiado.
—¡¿Entonces piensa pelear?!
—¿Ves otra alternativa?
—¡Claro que sí! ¡Se supone que nos iríamos juntos!
Rivaille lo vio fijamente sin variar su expresión.
—Es en situaciones como estas cuando demuestras tu inmadurez. ¿No te das cuenta la gravedad de la situación? Si no detenemos a esos rebeldes será cuestión de tiempo para que lleguen a María. Si eso ocurre, todo lo que conoces desaparecerá. —Eren se estremeció inevitablemente. Sabía perfectamente lo que significaban esas palabras, porque lo había vivido en carne propia. —Soy un soldado del estado —añadió Rivaille—, no puedo fugarme contigo como un adolescente caprichoso; tengo responsabilidades.
—Pero...
—Ahora, da media vuelta y regresa por tu cuenta a María. No tendrás problemas porque el comandante del distrito dio la autorización.
—¡No lo haré! —exclamó Eren enérgicamente—. ¡No pienso dejarlo! ¡No me iré sin usted!
—Si quieres quedarte será tu decisión; no puedo forzarte a obedecer. Es claro que no coincidiremos porque nuestros criterios son distintos y hemos vivido de manera distinta. Y sin importar qué elección tomes, nadie sabrá, para bien o para mal, el resultado que esta mostrará.
Nuevos disparos y detonaciones provenientes de los cañones en la muralla Rose generaron un estridente sonido que repercutió por todo Trost.
Eren bajó la mirada con frustración. No podía aceptar marcharse sin Rivaille porque al otro lado de Trost no le esperaba nada.
—Todos tenemos responsabilidades —continuó Rivaille—; la mía está aquí. Además, no es primera vez que participo en una batalla.
Eren asintió sin alzar el rostro. Rivaille le tomó de la barbilla y le obligó a que lo viese a los ojos.
—Me iré contigo una vez que me deshaga de esos idiotas.
—¿Lo promete?
Rivaille soltó a Eren y le dio la espalda para ver lo que sucedía en la muralla.
—Nunca hago promesas que no aseguro cumplir.
Eren comprendió el significado de aquellas palabras: en una batalla nunca era seguro salir de ella con vida.
—Regresa a María y espérame allí —dijo Rivaille—. Mientras... piensa la manera de decirle a Irvin que lo vas a abandonar. Tendrás que ser convincente o no te lo permitirá.
Eren asintió sin mayores protestos. Y aunque deseaba despedirse de Rivaille con un beso, se sorprendiendo en la cornisa del tejado y, conteniendo las lágrimas, disparó los ganchos del equipo de maniobras. Una vez alejado del peligro se atrevió a volver el rostro y vio a Rivaille bajando del tejado para ir al corazón de la batalla. Eren vaciló en ese momento y pensó en devolverse para detenerle, pero en medio del caos y el humo de los cañones, la imagen de Rivaille se desvaneció.
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Irvin llegó a los límites de la muralla Rose, descubriendo el desastre desencadenado en el lugar.
—Subestimamos al enemigo —murmuró cuando vio la brecha en la muralla. Reiner no le había informado del arma diseñada para destruir las puertas de los muros; tal vez porque ni siquiera estaba enterado. Reiner era un peón más en los planes de los rebeldes, y cuya única función era saber las estrategias militares que Irvin poseía.
—Comandante —dijo Gunter, señalando los puntos descubiertos del muro.
Irvin se concentró en ello y desenvainó sus armas. Si desplegaba un grupo para ingresar por la puerta demolida lograría llamar la atención de los rebeldes. Mientras, él y su equipo de elite encabezarían el ataque directo una vez que lograran ingresar al distrito. El plan debía ser evitar que detonaran la puerta de Trost e invadieran a María.
—¡El destino de María y Trost se decidirá en esta batalla! ¡Recuperemos el control de Trost y restauremos la paz que todos merecemos! ¡Ofrezcamos nuestros corazones por la humanidad!
Un "Sí" al unísono y potente repercutió en el escuadrón y desplegaron sus armas, dispuestos a entregar sus vidas con tal de proteger el distrito y las personas que vivían en él.
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Eren se desplazaba entre los edificios mientras los gritos de pánico de la población de Trost que escapaba hacia los botes disponibles para refugiarse en Rose llenaban cada rincón del distrito. Eren viajaba en sentido contrario, viendo el horror desatado a medida que los rebeldes se abrían paso y lo destruían todo. Sabía que nada bueno traían las guerras, y sabía que pocos lograrían sobrevivir a esta, porque ser parte de una marcaba de por vida. Sufrir de hambre, de frío y perder la seguridad que brindaba un techo y una cama caliente era lo que terminaba matando paulatinamente a las personas. Pero Eren había logrado sobrevivir aún siendo un niño, teniendo que conocer el dolor y presenciar la muerte de quienes había conocido y compartido durante sus días de paz en Shiganshina. Odiaba las guerras, pero odiaba más a los que la causaban.
Al acercarse a la iglesia del distrito, intentó evadir la torre donde se alzaba la campana pero, al ser incapaz de dominar en su totalidad el equipo de maniobras, los cables del equipo se enredaron en uno de los mástiles del edificio y sufrió un tirón que lo aventó contra el suelo. Ante la fuerza del impacto, su cuerpo aterrizó duramente y derrapó unos metros hasta detenerse frente la muralla de una casa abandonada.
El dolor de la caída le aturdió unos segundos, pero se incorporó sin mayor dificultad de la que hubo aterrizado y trató de abrirse camino entre la gente que escapaba hacia los botes emplazados en el río que vadeaba un costado el distrito. Comprendía la situación en la que estaban. Los rebeldes habían tomado el control de Trost y era cuestión de tiempo para que invadieran María por la necesidad de destruir los muros en busca de libertad. De algún modo entendía el objetivo de los rebeldes por querer vivir en un mundo sin barreras, pero nada justificaba destruir vidas y familias enteras por un deseo que, muchas veces, pecaba de egoísta. Pero incluso en medio de su reflexión y el bullicio a su alrededor pensó en Rivaille y en la última mirada que le dedicó. Debía confiar en él y aguardar por su regreso para irse juntos.
Le sorprendía lo rápido que habían sucedido las cosas y lo rápido que se había enamorado de la persona que no había sido planeada para su vida. Sus días en Shiganshina eran tranquilos, normales y sin nada relevante de lo cual enorgullecerse, salvo las ocasiones en las que lograba vencer a los bravucones con los que se peleaba. Pero desde que había salido de casa para convertirse en el consorte de Irvin, su mundo había dejado de ser el mismo. Nada de lo que había en él era igual o se asemejaba a su vida en el distrito más pobre del estado. Ahora Irvin le daba todo lo que necesitaba o creía necesitar, pero era Rivaille quien había logrado llegar a su corazón de una manera que no creía posible. Lo que en un principio había sido temor y un irracional desprecio, ahora era una pasión descontrolada que encendía cada célula de su cuerpo. Porque lo que habían vivido desde que se conocieron se había consumado en el bosque, cuando dejaron que sus sentimientos reprimidos tomaran el control de sus cuerpos para reconocerse por primera vez, más allá de besos y miradas, que habían sido finalmente los detonantes de aquel encuentro. Lo que Eren experimentó en aquel momento no se comparaba a las ocasiones en las que intimaba con Irvin. Su cuerpo lo había notado. Las manos de Rivaille poseían un calor y una textura distinta a las de Irvin. Incluso la manera en la que le había tocado resultaba diferente. Y eran tan notorias esas diferencias, que hasta ahora podía sentir en su piel los residuos de aquel encuentro bajo la sombra del arce, como si Rivaille lo hubiese marcado.
"sin importar qué elección tomes, nadie sabrá, para bien o para mal, el resultado que esta mostrará."
Las palabras de Rivaille de pronto le hicieron eco en la cabeza. Como si él estuviese una vez más a su lado, su voz resonó y repitió con esa parsimonia tan inherente en él el concepto de causa y efecto que producía cada una de las decisiones que se tomaban a lo largo de la vida.
Eren lo supo entonces...
"Tomé la decisión equivocada", pensó, deteniéndose en medio del tropel de personas que le golpeaban en su carrera por escapar de Trost y abordar los barcos que zarpaban a Rose. "Escogí seguir a Rivaille e irme con él. Pero lo abandoné". Dio media vuelta y vio hacia el sitio del cual vino, notando cómo sus ojos comenzaban a escocer producto de las lágrimas. "Escuché sus palabras y no confié en mi decisión de quedarme con él hasta el final". Su caminata fue aumentando paulatinamente hasta convertirla en una carrera enérgica y desesperada al darse cuenta del error que había cometido. "Me equivoqué, ¡me equivoqué! ¡Quiero estar con él! No puedo regresar a María sin Rivaille. Elegí quedarme a su lado; ¡no puedo irme sin él!".
Abriéndose paso entre la horda de personas, Eren emprendió su regreso a la muralla Rose para volver con Rivaille, aun cuando él le pidió que regresase a María y le esperase sano y salvo.
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Luego que el plan de Irvin fuese llevado a cabo, él y su tropa lograron ingresar a Trost, poniendo orden y retrasando el avance de los rebeldes a la puerta del distrito.
—¡No permitan que escapen! ¡Demuestren de qué están hechos los soldados de María! —gritó mientras se abría paso en su caballo y derribaba a los rebeldes que intentaban atacarle.
La infantería estacionaria del lugar daba la lucha, pero no eran rivales para los rebeldes que poseían un conocimiento bélico excepcional. Rose y Trost se encontraba desprotegido sin su grupo especializado en batalla luego que estos le dieran la espalda a la corona para volverse rebeldes, por eso Irvin y su tropa eran aceptados sin la mayor restricción.
Al momento de llegar con el comandante Pixis, Irvin ordenó a su tropa asistir a los soldados estacionarios en la base de la muralla.
—Me alegro que haya llegado finalmente, comandante Smith —saludó Pixis desde la cima de la muralla Rose. No parecía preocupado, pero su determinación para desplegar a sus soldados a cargo había sido rigurosa—. Tenemos un gran problema que atender.
—Estoy aquí para ayudar.
—Me alegro, porque necesitaremos toda la ayuda que nos sea posible. Esto también perjudicará el estado de María si esos insubordinados se atreven a salir de Trost. El sargento Rivaille me lo advirtió momentos antes de que volaran las puertas.
—¿Rivaille estuvo aquí?
—Sí. No parecía interesado en ayudar; solo quería sacar a su consorte de aquí, comandante.
Irvin se relajó al tener noticias de Eren. Parecía había haber pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vio.
—Sé que Eren está en buenas manos —dijo—. Por ahora necesito que escuche atentamente el plan que tengo en mente. Será arriesgado, pero asegurará la victoria del distrito.
Pixis sonrió complacido.
—Cualquier cosa servirá con tal de detener a esos rebeldes.
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Eren buscaba con desesperación a Rivaille. Se adentró entre las calles del distrito intentando dar con su paradero, pero lo único que veía era cuerpos mutilados —tanto de soldados como de rebeldes y civiles—, destrucción y caos. Pero aun cuando el horror lastimaba sus ojos, no desistió de buscar a Rivaille ni perdió la esperanza de encontrarlo con vida. Sabía que él no sería derrotado tan fácilmente y que, una vez que todo terminara, se irían juntos.
Rivaille peleaba tenazmente, y aunque no había oponente que estuviera a su altura, era él contra rebeldes que llegaban atraídos por su fuerza con el deseo de derrotarle. No obstante, aun siendo capaz de pelear sin la posibilidad de ser derrotado, sus fuerzas se estaban agotando. Su mente se encontraba ocupada con Eren y lo visualizaba cruzando las puertas de Trost, lejos del peligro que se cernía en el lugar. Aún procesaba la información de los últimos acontecimientos, pero en particular, la declaración de Eren y su decisión de marcharse con él. No esperaba su determinación porque lo creía más cobarde e indeciso para traicionar a Irvin, pero le había sorprendido, como siempre lo hacía, y se había dado cuenta de sus sentimientos y su capacidad de determinación para saber lo que en realidad deseaba.
Aún podía sentir el calor y la suavidad de su piel; aún podía escuchar sus gemidos y saborear la humedad de su boca derritiéndose en la propia. Desde hacía mucho había deseado sentirlo de esa manera, pero se había reprimido sin darse cuenta del daño que ambos estaban experimentando. Finalmente, los sentimientos y sensaciones habían emergido, luego de llevar demasiado tiempo acumulándose, y la fuerza con la que habían estallado había sido suficiente para darse cuenta que no podían estar lejos el uno del otro, y que sin importar los daños colaterales que sus decisiones generaran, estaban dispuestos a llegar hasta el final.
Y fue por ese pensamiento, que bastó un segundo de desconcentración para que un rebelde perteneciente a la legión de reconocimiento asestase un golpe contra Rivaille, generándole un corte en la pierna izquierda. Rivaille no vaciló y, aunque no era de gravedad la herida, sí le había reducido la movilidad, lo que permitió la oportunidad de su contendiente para atacarle.
—¡No te atrevas!
Se escuchó de pronto el grito de Eren, que deslizó las cuchillas de su equipo contra el rebelde, generándole dos profundos cortes que lo mataron al instante. Había llegado desde el aire, utilizando su equipo de maniobras en su búsqueda de Rivaille. Y lo había visto en aquel momento, a punto de ser atacado, pero eso había bastado para liquidar sin vacilación al rebelde que pretendía matar a Rivaille. Era la primera vez que asesinaba a alguien, y no le había importado.
Rivaille vio a Eren y no pareció contento; por el contrario.
—¿Está bien? —preguntó Eren, sonriéndole, pero el gesto se le borró rápidamente del rostro al ver la expresión de Rivaille.
—¿No te ordené que regresaras a María?
—No pude hacerlo —dijo Eren, acercándosele—. No pude irme sin ti.
—Eres necio y estúpido —dijo Rivaille sin pasar por alto las lágrimas agolpadas en los ojos de Eren—. Tuviste la oportunidad de largarte.
—¡Pero no puedo dejarte! —gritó Eren—. Tomé una mala decisión al abandonarte, por eso volví, porque jamás podría haberme perdonado regresar a María sin ti. Además, estoy tan capacitado como tú para pelear.
—¿Capacitado? —repitió Rivaille con incredulidad—. ¿Solo porque te di un par de lecciones te sientes capacitado?
—Te acabo de salvar la vida.
—No seas majadero. No lo hiciste.
—¡¿Cómo que no?!
Hubo una explosión no muy cerca del lugar en el que se encontraban, lo que interrumpió su discusión.
Nuevos rebeldes aparecieron para hacerle frente a Rivaille, pero Eren, esta vez, estaba con él.
—Dejemos la discusión para después —le dijo a Rivaille—. Voy a ayudarte te guste o no.
Rivaille no respondió en ese momento. Se alejó un poco y luego dijo:
—No se te ocurra dejar que te maten. No quiero que el haberme metido en todo este lío haya sido en vano.
Eren asintió contento y no dudó en ayudar a Rivaille para enfrentar a los rebeldes que llegaban uno tras otro. Para sorpresa de Rivaille, los dos hacían un buen trabajo en equipo. Eren no era en lo absoluto débil y podía pelear sin mayores dificultades; o quizás era el nivel bajo de los rebeldes con los que se enfrentaba. Pero lo que a Rivaille le sorprendía era la capacidad de Eren para atacar y herir, incluso de matar, sin remordimiento ni titubeos. Desconocía qué clase de vida había llevado Eren en Shiganshina, pero para alguien que no había sido entrenado en el ejército, él resultaba ser muy violento y valiente.
Eren estaba impresionado por la velocidad con la que Rivaille atacaba y derrotaba a los rebeldes. Era admirable. Lo había descubierto la ocasión en la que lo entrenó, pero ahora se confirmaba: el título de "el hombre más fuerte de la humanidad" le sentaba perfectamente, porque no había quién se le igualara en velocidad y fuerza.
A medida que iban derrotando rebeldes, fueron avanzando hacia la muralla Rose. Eren aún no dominaba en su totalidad el equipo de maniobras, por lo que quedaba rezagado mientras Rivaille se abría camino. Desconocía la tecnología que habían usado los rebeldes para volar la puerta de la muralla, pero estaba seguro que si no los detenía serían capaces de llegar hasta la puerta de Trost e invadir María.
Desplegaron el equipo de maniobras para desplazarse más rápido, pero Eren se vio enfrentado a un grupo de rebeldes y, debido a su mal manejo del equipo, cayó en un tejado. Sus lesiones eran menores incluso después de haberse estrellado. El entrenamiento al que le había sometido Rivaille tiempo atrás daba buenos resultados incluso en esta situación. Pero ahora no era un entrenamiento al que se enfrentaba, sino a la realidad donde el enemigo no desestimaría en lastimarle y darle muerte ante el menor descuido.
Eren advirtió de pronto a uno de los rebeldes que participó en su secuestro. Recordó entonces la tortura a la que le sometieron y la rudeza con la que le trataron. Y supo entonces que ahora era su oportunidad de devolverle el favor.
—Creí que habías ido a esconderte a tu mugroso estado —dijo el sujeto al reconocer a Eren.
—Ahora podré devolverte el favor, bastardo —respondió Eren.
El sujeto que le había despertado en el subterráneo disparó los ganchos de su equipo y brincó del techo; sabía que Eren no podría vencerle si luchaban en el aire, y aun cuando Eren estaba consciente de eso, no dudó en seguirle. Poco le importaba si caía o si el soldado le vencía; solo le interesaba derrotarlo y vengarse por todo lo que había hecho. Pero cuando iba emprendiendo el vuelo, Rivaille lo atajó y alejó rápidamente del lugar.
—¡Pero qué...! ¡¿Qué hace?! —exclamó Eren mientras Rivaille le soltaba para que le siguiera con el equipo de maniobras.
—Reñirte como un pandillero no es prioridad en estos momentos —dijo Rivaille, desplazándose entre los edificios rumbo a la muralla Rose, como era el objetivo desde el principio.
—¡Pero ese tipo es uno de los que incendiaron las viñas de la hacienda y me retuvieron a la fuerza!
—Mientras él te ataque desde el aire te será imposible vencerlo. Toma en cuenta la apreciación de la situación. Irvin debe encontrarse en estos momentos en la entrada de la muralla. Apostaré a que tiene un plan para detener a los rebeldes sin causar más daños de los que ya se han generado.
Eren no replicó; se dio cuenta que reñir como lo hizo alguna vez en Shiganshina no era posible. Ya no era un niño, no estaba en su antiguo hogar y esto era una verdadera batalla, no una simple reyerta callejera. Lo que tenía al frente eran soldados entrenados, guerreros dispuestos a matar sin la más mínima consideración. Atacarles con simple bravura no funcionaría ni le aseguraría la victoria.
En medio de su reflexión divisó a Irvin. Él encabezaba un escuadrón en la puerta de la muralla, deteniendo a todo rebelde que intentaba ingresar al distrito. Al verlo sintió un vuelco el corazón e instintivamente se palpó el dedo en el portaba el anillo de matrimonio; ya se había acostumbrado a la sensación de la argolla en el dedo, y ahora, al no encontrarlo en el momento que veía a Irvin, se sentía desnudo.
Irvin vio a Eren en el momento que éste y Rivaille llegaron, y no dudó en acercársele.
—¡Eren! —exclamó sujetándole del rostro—. Estás herido —dijo al notar los rasguños que presentaba.
—No es nada —respondió Eren, restándole importancia a las lesiones que había adquirido mientras peleaba junto a Rivaille, instantes atrás.
—Gracias por rescatarlo —dijo Irvin a Rivaille, que se encontraba a un costado de Eren—. Creí que ambos estarían en María. —Tras una pausa agregó—: Eren, no deberías estar aquí. Es muy peligroso.
—Es que yo... —Eren iba a explicar la verdad de la situación, pero Pixis, que se encontraba al frente del escuadrón estacionario, junto a Irvin, reconoció a Rivaille.
—Oh... creí haber escuchado que quería largarse de aquí cuanto antes.
—Cambié de planes —respondió.
—Una ayuda extra no nos viene nada mal —dijo Pixis, complacido con la presencia de Rivaille.
Nuevas detonaciones, no muy lejos del lugar en el que se encontraban, repercutieron con un estruendoso y demoledor sonido.
—El objetivo de los rebeldes es invadir María —dijo Irvin, viendo hacia la muralla Trost—. Creo que podríamos cumplir su deseo.
Eren vio a Irvin sin entender sus palabras.
—Puede ser algo arriesgado —comentó Pixis. Parecía haber interpretado perfectamente las palabras de Irvin.
—Pero es una alternativa que nos podría asegurar la victoria. —Irvin vio a Rivaille y dijo—: Rivaille, voy a necesitar de tu ayuda.
En ese momento, las miradas de Rivaille y Eren se encontraron fugazmente. Irvin explicó el plan que tenía en mente luego de subir a la muralla Rose y así organizar paso a paso la propuesta. Iba a ser arriesgado, pero María y Trost estaban en juego, y era la única vía para asegurar la victoria de ambos territorios.
—Eren, ven conmigo —dijo Irvin luego que todo fuese dicho y dispuesto. Pero Eren no se movió. En una actitud de complicidad silenciosa, él y Rivaille se vieron fijamente. No quería dejar a Rivaille; ya lo había hecho anteriormente y no deseaba volver a hacerlo. Pero cuando intentó decir algo, Irvin le tomó la mano y le obligó a romper el contacto visual sostenido con Rivaille.
—Debemos irnos.
—Pero el sargento. Será muy arriesgado —se quejó Eren—. ¡No podemos dejarlo aquí!
Rivaille debía quedarse y actuar como carnada para los rebeldes tal como lo había estipulado Irvin.
—Eren, él está capacitado para haces este tipo de cosas. Solo deberá llamar la atención de los rebeldes.
—¡Pero...!
—Irvin —interrumpió Rivaille—. Váyanse de una vez.
Eren vio a Rivaille brincar hacia la puerta de la muralla sin siquiera voltear a mirarle. Su actitud insensible le lastimaba. Pero muy en su interior sabía que lo hacía porque siempre existía la posibilidad de no regresar con vida de una batalla.
Irvin hizo que Eren usara el equipo de maniobras y le siguiera hasta la muralla Trost en compañía de los soldados estacionarios y Pixis. Pero Eren no quería marcharse sin Rivaille; ya lo había hecho una vez y se había devuelto precisamente para estar con él, pero ni siquiera ahora había sido capaz de detener a Irvin y decirle la verdad. Solo había callado y seguido su voluntad, tal como lo venía haciendo desde que se conocieron.
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Rivaille se encargó de retener por unos momentos a los rebeldes en las ya inexistentes puertas de la muralla Rose para que Irvin tuviera tiempo de preparar la trampa que les tendría una vez que se atrevieran a cruzar la muralla Trost. Le pesaba no haberse despedido de Eren, mucho más de no mirarle; pero de haberlo hecho se habría negado a la petición de Irvin y le habría dicho que Eren ya no le pertenecía. Pero había resuelto guardar silencio y acatar su petitoria en un acto que él consideraba de cobardía, o quizá porque no era el momento propicio para decirle a su hermano que había tocado a su consorte y que ya no le pertenecía.
Luchó con más fuerza que en anteriores ocasiones, diluyendo toda la frustración que arrastraba, y con la esperanza de ir con Eren una vez que todo finalizara. Su principal motivación era regresar con él e iniciar juntos una nueva vida lejos de los muros.
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Eren fue prácticamente obligado a seguir a Irvin y aguardar por Rivaille en la muralla Trost. Ni siquiera se había dado cuenta que estaba a solo un palmo de María, pero incluso sentirse tan cerca de su hogar le resultaba indiferente; su principal interés y preocupación era Rivaille. Había decidido huir con él, pero Irvin le había apartado de su lado, ignorando sus verdaderos sentimientos y acentuando el temor de perderlo para siempre.
En la espera a la llegada de los rebeldes pensaba en las palabras que le diría a Irvin una vez que se marchara con Rivaille. No quería irse sin siquiera darle una explicación, pero por más que buscaba las palabras apropiadas, estas no llegaban.
Desde la cima de la muralla Trost, Eren observaba las explosiones que ocurrían al otro extremo del distrito, cerca de la muralla Rose y, conforme sucedían los minutos, las detonaciones se acercaban. Un grupo de valientes soldados de la tropa estacionaria, así como también los leales al reino de la legión de reconocimiento luchaban para guiar a los rebeldes a las puertas de Trost tal como lo había pedido Irvin, arriesgándolo todo en ese improvisado plan. Y pronto, los rebeldes llegaron y no dudaron en cruzar las puertas del muro hacia el territorio de María, ignorando la horda de soldados apostados del otro lado y dispuestos a detenerlos. Cuando eso sucedió, el humo producto de la pólvora gatillada de los rifles nubló el paisaje. Pero Eren no prestaba atención a ello; su interés se hallaba en el grupo de soldados que se había encargado de retener y guiar a los rebeldes por todo el distrito. Buscaba a Rivaille pero no lo encontraba.
—¡Revisen a los heridos y capturen a los que escaparon!
Ya en la base de la muralla, Pixis dio la orden cuando advirtió el resultado del plan de Irvin. La mayoría de los rebeldes habían muerto; los restantes se encontraban heridos y algunos buscaban la manera de arrancar de la tropa estacionaria y la legión de reconocimiento, pero finalmente habían logrado detener el avance de los rebeldes y frustraron sus planes. Trost, en conjunto con María, había ganado.
En medio del grupo de soldados y rebeldes en las puertas de la muralla, Eren divisó a Rivaille. Sus ojos se iluminaron al verlo sano y salvo y las esperanzas de irse con él le volvieron al cuerpo.
Irvin se percató de su llegada y salió a recibirle, adelantándose a las intenciones de Eren.
—Hiciste un excelente trabajo, Rivaille.
Él no dijo nada, a cambio, observó a Eren sin que Irvin lo notase.
El resto de los rebeldes sin lesiones graves fueron agrupados y puestos bajo vigilancia. La noticia del ataque al distrito se había esparcido por los tres estados, decretándose de inmediato reforzar la guardia y la seguridad en todas las puertas de las murallas y distritos, principalmente en los aledaños a Rose, donde se concentraban la mayoría de las rebeliones contra la corona.
Eren aguardaba en la plaza de Trost a la espera de que Irvin terminara de dar las respectivas instrucciones a la legión de reconocimiento para que escoltaran al grupo de rebeldes al interior de Sina. Rivaille se encontraba constatando cuántos rebeldes habían capturados vivos para enjuiciarlos por traición a la corona. Esposados, los rebeldes yacían sentados contra la fuente de agua de la plaza, frente al cuartel general del distrito y bajo la custodia de la policía militar y algunos soldados de la tropa estacionaria.
Ansioso, Eren no aguantó estar quieto por tanto tiempo y se atrevió a ir a hablar con Rivaille. Necesitaba saber cómo se sentía y qué harían ahora. Le intrigaba saber lo que sucedería una vez que regresaran a María y tuvieran que enfrentar a Irvin, porque a pesar de la decisión y las circunstancias en las que se habían desarrollado las cosas, a Eren le dolía tener que lastimar a Irvin y abandonarlo. No obstante, era plenamente consciente de que no podía seguir a su lado y engañarle.
Al pasar junto al grupo de rebeldes capturados, uno de ellos le habló.
—Las cosas siempre se invierten, ¿no crees?
Eren, al mirarlo, lo reconoció como el rebelde que le había despertado en el subterráneo de la guarida en Rose y con quien se había enfrentado instantes atrás antes de encontrarse con Irvin.
—Los bastardos nunca ganan —respondió valiéndose de su soberbia que borró la sonrisa del rebelde y continuó su camino.
Pero antes de que pudiera alejarse lo suficiente y llegar hasta Rivaille, el rebelde, a pesar de encontrarse esposado, aprovechó el descuido del soldado que tenía enfrente y le arrebató el rifle, disparando en el acto. Todos los se encontraban cerca se pusieron en alerta y no dudaron en reducir al rebelde. Pero nadie se había percatado del destino del disparo hasta que Rivaille advirtió la aglomeración generada a un costado de la plaza, no muy lejos del lugar en el que se encontraba.
Curioso, se abrió camino entre las personas y llegó al centro del grupo.
Lo siguiente que vio fue a Irvin auxiliando en el suelo el cuerpo de Eren, del cual manaba una gran cantidad de sangre y empapaba su camisa y el suelo adoquinado.
—¡Eren! ¡Eren! —Irvin lo llamaba con desesperación—. ¡Traigan un doctor! ¡Rápido!
Rivaille permaneció estático frente a Eren que, a pesar de la agonía que sufría en aquel momento, pudo reconocer a Rivaille y ver sus ojos, los cuales, reservados e impasibles, reflejaban una aguda preocupación. Pero aun así no había sido suficiente para acercarse a Eren y tomar su mano en el momento que la vio mover en un intento vano por alcanzarle.
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Cuando Eren despertó, lo primero que notó fue el techo que tenía ante sus ojos. No lograba reconocerlo pero se le hacía muy familiar y reconfortante. Y solo cuando su mente dejó de ser cubierta por una densa niebla que aletargaba incluso sus pensamientos, descubrió que se encontraba en su habitación. Sus recuerdos estaban muy difusos; demasiadas cosas habían sucedido en tan poco tiempo, que su cerebro procesaba todo y nada a la vez nada. Sentía el cuerpo tan pesado y aletargado que hasta respirar le costaba.
—Eren.
La voz de Armin llegó a sus oídos. Giró la cabeza hacia su derecha y se sintió dentro de un torbellino vertiginoso. Cerró los ojos y tras unos minutos volvió a abrirlos. En esta ocasión fue capaz de distinguir a Armin reclinado sobre el respaldo del sillón a un costado de la cama.
—¿Armin?
De inmediato, Armin se levantó del sillón y se aproximó a la cama.
—Me alegra que al fin hayas despertado.
—Siento que viví un sueño muy largo. —Eren intentó moverse y la realidad lo golpeó. Un dolor lacerante le franqueó el pecho, a la altura del pulmón izquierdo. Instintivamente palpó esa zona y reconoció la textura de un prolijo vendaje que envolvía su torso.
—Trata de no moverte —pidió Armin—, la herida podría abrirse.
—¿Qué sucedió? —musitó Eren, notando la boca terriblemente seca.
—¿No recuerdas? Recibiste un disparo. El doctor dijo que tuviste suerte pese a que la bala te atravesó.
Eren se sentía confundido, mareado y cansado.
—Siento el cuerpo muy pesado.
—Es natural, perdiste mucha sangre.
Tras una pausa, en la que Eren pudo recapitular lo que había vivido desde el día del secuestro, su mente dibujó la imagen de Rivaille.
—¿Y el sargento? —se atrevió a preguntar. Ni siquiera había preguntado por Irvin; su único interés y preocupación era saber de Rivaille, pero al ver la expresión de Armin sintió un vuelco en el estómago—. ¿Armin? ¿Dónde está el sargento? ¿Qué le pasó?
Armin seguía en silencio.
—¡Armin, dime!
—Se fue.
Eren abrió ampliamente los ojos, incrédulo ante esa respuesta.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Cómo que se fue? —Intentó nuevamente moverse, pero la herida de bala le recordaba sus limitaciones.
—Luego que te trajeron... él se fue.
—Entonces ve a detenerlo —pidió Eren—. No puede marcharse. ¡Ve, Armin!
—Eren, él... se marchó hace cinco días.
Eren sintió que la sangre —la poca que le quedaba— se le congeló en las venas y que la cama en la que descansaba se había transformado en arena pantanosa.
—Has estado inconsciente desde entonces.
Eren negó sin creerlo.
—No... no es cierto… —Notó que los ojos comenzaron a escocerle y que los latidos de su corazón se aceleraron dolorosamente. —Él no pudo, no puede... él y yo íbamos...
En un impulso frenético, Eren se levantó de golpe, resintiendo en todo su cuerpo el dolor de la herida de bala y el agotamiento físico, lo que terminó por derribarlo en el suelo a pocos pasos de la cama.
—¡Eren!
Incluso en su actual estado, Eren estaba dispuesto a tomar su caballo e ir tras Rivaille, aunque no tuviera idea del lugar al cual se había marchado.
—Eren, por favor. No lo hagas.
—¡Nos iríamos juntos! —exclamó Eren golpeando el suelo con los puños, mientras las lágrimas se derramaban de sus ojos como regueros incontrolables—. ¡Estaba dispuesto a hacerlo! ¡¿Entonces por qué se marchó sin mí?! ¡¿Por qué lo hizo?!
—Eren, no arruines tu vida siguiendo un imposible.
Eren recordó entonces las palabras de Rivaille. En alguna ocasión había escuchado las mismas palabras de sus labios. Y ahora le dolían como un puñal clavándosele en el corazón.
—¿Dejó al menos... un mensaje de... despedida?
Armin negó con la cabeza, compadeciéndose del sufrimiento de Eren al ver que era una víctima de sus propios sentimientos.
Eren entendió que su historia con Rivaille había terminado, y que solo le quedaba aceptar su destino y continuar con su vida tal como había sido planeada junto a Irvin, llevando en la memoria y en el corazón sus sentimientos por Rivaille y su breve historia de "amor".
...Continuará...
